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Un famoso bólido en Colombia : el de Santa Rosa de Viterbo

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Un famoso bólido en Colombia : el de Santa Rosa de Viterbo
Misc 1179
UN FAMOSO BOLlDO EN COLOMBIA
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I
Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la Republica, Bogotá-Colombia
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COLOMBIA -
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BOYA CA
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CARLOS C. PRIETO MONT ANES
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Un famoso
bólido en
Colombia
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EL DE SANTA ROSA DE VITERBO
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EDITORIAL BODONI -
BOGOTA -
1936
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la Republica, Bogotá-Colombia
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ES PROPJEDAD
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Digitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la Republica, Bogotá-Colombia
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PREff\CIO
Bogotá, junio 4 de 1930,
•
&ñor Don
Carlos e, Prieto Ms,
Santa Rosa da Viterbo,
Muy estimado señor y amigo:
Lleg6 a mis mano! la fina carta de usted, fechada el
treinta, de mayo, y con ella la capilla de su escrito sobre el
AEROLITO que cayó en esa simpática población, el año de
mil ochocientos diez,
Tarea laudable es la de hacer monografías relativas a curwsidades de esta especie, pues así se evita que les caiga el
manto del olvido y se consigue el estudio científico de ellas,
Siempre me ha interesado aquel Mlido venido del éter
en vísperas de nuestro famoso VEINTE DE JULIO, En mi
libro ApOSTILLAS, publicado en mil novecientos veintiséis,
hictJ relación (página doscientos ochenta y cuatro) de los
datos que existían sobre esa piedra meteórica y de los autores que la habían mencionado, Años antes en el P81'i!Jdico EL NUEVO TIEMPO, donde insel'té varias muestl'as de
un diccionario geográfico colombiano, que tengo inédito, al
tratar de SANTA ROSA DE VITERBO. hice recuerdo de tan
magnífico felllJmeno _ También en mi folleto PEREGRINAOTON DE OMEGA volví a consignar nuevos apuntes respecto de ello, Agrade~oo a usted muc1w el haber prestado at.mci6n al primero de tales escritos, pues aunque no se 'cita
tal publicacirSn se comprende fue consultada previamente,
Ha Iog1'adO su laboriosidad recopilar las noticias que
ex~ten a prop6sito del citado meteoro lito , y le ha quedado
un estudio completo, con lo cual ha hecho eficaz sel'vicio a
los turistas y a 101 investigadores,
Le presento las gracias por las bondadosas (races de
su epfBtola y por la distiltCi6n que me ha hecho al solicita, la presente como prefacio de su obra,
Su amigo afectísimo y s. s.
EDUARDO POSADA
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UN FAMOSO BOL! DO EN COLOMBIA
CAPITULO
I
EN MIL OCHOCIENTOS DIEZ
Quien primero habló, en Colombia, del aerolito de
Santa Rosa de ViterlJo fue el sabio francés Juan Bautista
Boussingault, quien en compañía de Mr. Rivero, químico
del mismo pals, viajó por estas tierras en el año de mil
ochocientos treinta y cinco, y a él se dehe que se hubiese
estimado como tal esa masa motálica. En una de sus me.
morias presentada a la Academia francesa, dicho sabio,
habló as! de nuestro famoso bólido:
"Al llegar a Santa Rosa de Viterbo, pintoresco puehlo situado en el camino de Bogotá para Pamplona, supimos qu~se habla descubierto, en BUS inmediaciones, cierta mina de hi~rro, y que un fra¡rmento de ese mineral
servía de yunque a un herrero. Ese mineral, supuesto,
noera otra cosa que una enorme masa de composición
meteórica, según lo reconocimos, con agradable sorpresa,
luégo que lo vimos. "
Algo de historia: Corría pOrl'3RCOSO el magno año,
en nuestros anales patrios, de mil ochC'cientos diez, cuan.
do, hé ahí, que ya entrada la noche del bello día veinle de abril (Sábado Santo), hallándose simb6licamen-
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UN fAMOSO BOLlDO EN COLOMBIA
te sentada, en los alrededores de su hauitación, como a
eso de las siete y media p. IIJ., una rústica mujer, de
n0'llbre Cecilia Corredor, madre amorosa de algunos pequeñuelos, los cuales, permanecian quietos bien a ~u lado,
en contemplación, tal vez ignota, de algo que presentían, esto, mientras su poure marido, se encontraua en
queaceres del lugar. De repent-a, 611a, alcanza a vislum·
brar (según gráfica expresión 1, algo así como una" llamarada," más grande de otras que con frecuencia en la
apartada colina de "Tocavita," distante un cuarto de legua del pueulo, vejase aparecer, de tiempo en tiempo, allá, por el lado Oriente de la cumbre.
En contemplación siempre del cielo, prosigue estacán·
dida mujer, veía lejanamente crecer de forma y de momento en momento esta visión, hasta tal punto de iluminar con int ... ré" su pequeño n)ncho, o mejor dicho su
bohlo, tOllaV\a indígena, reducido, lIlal construidoydisfor·
me, perJ siempro alegre. D5 repente - al decir de su expresi<ín-déjuse oír un "ruidoso" y 1'1'0longadosilvo, muy
semejante, s<, cree, 01 de nuestros modernas y hien usarlas
sirenas, el que afirmándose Illás y más, ve en lontananza,
hacia el lado de la cumbre anteriormente expresarla, descender, pausadamente, de la atmósfera que la circunda,
una enorllle niasa informe o planetaria, que dada su
rústica creencia y fenómenos rar08 presentados, aunando
la enorme conmoción que diz parece sintió, cre)'6, por el
momento, sin disputa, al decir de su expresi6n, llegado el
Juicio Final."
•
(l
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•
Es de suponer que e~te bólido, antes de caer, esta1l6
en la atmósmera, rompiéndose en pedazos. El ruido parece fuo como el de una detonación formidable, a semejanza de otros que han caldo, siempre proporcionado a la
masa del meteorito. El mencionado de Santa Rosa, a pe·
sal' de que el único, entr~ otros recogido, no P?saba sino
algo más de quince quintales, sin embargo, hIZO pensar
a algunos aldeanos, que los campos se hundlan a consecuencia de la calda.
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EL DE SANTA ROSA DE VITERBO
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Llegando su marido del pueblo, en donde según costumbre siompre pernoctaba hasta bien entradas horas de
In noche, a su vez que hallándose siempre acompañada
de sm pequeños y raquHicos pimpollos, alegría de su
hogar, avanza esta mujel', conmovida y cavizbaja, hacia
h(1 simple consorte, a rezerle punto por punto el pasado
suceso, no sin experimentar, igualmente, cierta dosis de
nmoción y sutileza por este cuidado puesto en lauios tan
vcraces de su fiel compañera.
Finalmente, entrada más y más la noche, por cierto
de aspecto muy obscuro y nebuloso, acuardan, por remal'o, algo lirme entre ambos dos, lo cllal al siguiente
día. por la tnminn:1, va n parar a los oidos compasivos
del huen eepor Cnra del lugar, a la sazón, el PresbftE>ro
~Ianu(·1 Ignacio IIolguln, a su turno, sin hacer mucho
caso do lo ocurrido, en sus cercanlap, y entre gentes de
su grey, no muy veraces más Bi hien "simpleto~ls."
•
•
•
Pasa algún tiempo: En ,I!ll seRu1ado, S~ .iuntan los
hahitautes del puelJ!o pora arrastr&1" aquella llIasa hasta
la plaza mayor, dejándola en el portal de la Casa Municipal, lugar, en dondeperlllan~ció por espacio deocho añOB, y luégo trasladada a la fragua del herrero ya dicho,
por siete años más, hasta la época del viaje del célebre
Boussingault.
En 01 propio lugar de eRte encuentro, algunos
magnates del puehlo, nolaron por estos tiempos, la
enorme excavación que practicaron para saoarla, de
donde Be hallaba enterrada, sin aparecer otra cosa que
una punta, de algunas pulgadas, fuera de la tierra.
CAPITULO
11
LOS METEORITOS
Se estudia que en el término de -un pueblilo de Normandla, llamado L'Aigle, no hace mucho, se precipitó so111" la tierra, UDO de .si08 Mlidos, que antes de caer se
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dividió en unos tres mil fragmentos, cuya explosión fue
acompañada de ráfagas luminosas, en todos sentidos, como rayos que salieran del bólido.
Igualmente se registra otro de estos cuerpos, presAntadoen Madrid (España l, en la fecha del diez de febrero
de mil ochocientos noveinta y seis, despidió una claridad tan prodigiosa como la de un relámpago, esto, a
pesar de qUe el sol radiante, brillaba a la hora de BU caída, bien entrada la mañana, en un cielo diáfano y ein nubes, acompañado siempre de un prolongado trueno, a semej anza de los que se producen durante la tempestad on
un paía montalloso.
N o obstante, aunque el fenómeno de la Ilafda de los aerolitos ha llamado, sin duda, la atellción del hombre,
desde que la hl1manidad existe , só lo desd e los tie mpos modernos s~ les ha concedido la importancia que tienen y se
les ha procurado registrar las fecha s de las caídas y las condiciones en ql1e se han realizado. Estas apariciones de fechas conocirlas, registradas hasta hoy, pasan de setecitlntas, lo cual in,dica que este fenóm eno no es tan raro come
pudiera creerse. Hay que te!ler, además , en cuenta, que pasarán muchas inadvertidas: ora, por realizarse en el mar o
en regiones inhabitadas; ora, porque siendo muy pequeños los fragmentos no se produzcan los ruidos y resplandores apreciables , que con frecuencia van acompañados. No es exagerado afirmar, al respecto, que nuestro
planeta sufre, de continuo, un peligroso bomuardeo, desde los espacios celestes, región, en donde a millares bogan estos meteoritos.
• *•
Geológicamente el terreno de la descrita colina de
"Tocavita," como el de S~nta Rosa, en general, pertenece a una formación arenisca, secundaria, de cOllsideraule exte-nsi6n.
Ahora, « el hierro de esta ciudad e8 de calidad cavernosa, pero ÍJo tiene la apariencia vitrificada, al exterior •
que se observa en otros del mismo origen, del que caDigitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la Republica, Bogotá-Colombia
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rece, igualmente, el hierro meteórico de Zacatecas (México), cuyo peso es de más de veinte quintales, El hierro meteórico de Santa Rosa es maleable, de una estructura granujienta; se deja fácilmente limar, tiene un brillo blanco de plata, su peso especific0 es de 7-3. El volumen de esta masa es de ciento dos decimetros cúbicos y por lo mismo su peso total no excecleria mucho
de mil quinientas libras, o sean quince quintales . "
Es digno de notar que en la época de la aparición
de 6sta masa, se hallaron también otros fragmentos
más pequeños, en varios lugares circunvecinos, y nosotros mismos, en el corto tiempo de nuestra permanencia
alli (el del sabio ya expres!ldo con sus compañeros de estudio), recogimos varios.
También, para hacer ver que este hierro es de calidad idéntica a otros del mismo origen, que diversos via.ieros hun examinado, presentamos, más adelante, los experimentos químicos a que fue sometido.
CAPITULO 111
BOUSSINGAUL T
Be olvida todo ....... Empero, andando el tiempo y
transcurridos varios lustros, aconteció que, hallándose
como Alcalde Mayor, uno de los hijos del pueblo, estudiando por otro lado el asunto, sin más pormenores, y
conmovido con razón, del gran regalo, especial, que del
cielo, en forma rústica de piedra informe y enormemente
pesada es ollsequiada la ciudad ilustre y procera, pro"ede a indagar, repetidas veces, ante sus demás colegali
de mando y acción en la localidad, para que llevados por
el espíritu de conservaci6n !1 de singular curiosidad, que
del siglo les era peculiar, se ordena conducirla, oportunamente, al centro de la plaza y colocarla sollre una
columna de gruesa piedra (orden dórico), que además
llevara grullado, en IU contorno, la siguiente inscripci6n :
Aerolito. Pes1- quillce quintales. Lo hall6 Cecilia CorreI
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dor en la colina de " Tocavita," en el mio de mil oclwcientos diez: Colocado aquí por orden de la Municipalidad
el ocho de septiembre de mil oclwcientos setenta y treBo Siendo Alcalde Emigdio Montañés.
* "*
La Geografía de la Comisión Corográfica, escrita
en la mitad del siglo pasado, consignó, luégo, unas
cuatro lineas sobre esta masa aerolítica, que igualmente la Cosmografía de Roland, editada en Nueva York
el año de mil ochocientos sesenta y seis publicó un grahado del meteórico bloque. Parece que aquí no ha sido
reproducido, hasta hoy, en ningún libro o periódico especial.
Aquel tratado de Astronomía al hablar del aerolito
de Santa Hosa, inserta estas lineas: «Cerca de Bogotá
(Colombia), existla, años atrás, uno de que haula el Barón
de Humboldt, de más de mil cuatrocientas lilJras de peso.
En los alrededores del sitio en donde cayó la masa, se hallaron muchos fragmentos meteorológicos teniendo una
composición análoga a la masa principal, a saber: noventa y dos partes de hierro y ocho de níquel (coure
mineralizado ).» Al respecto, pensamos que el anterior contundió a Humboldt con el naturalista y químico Boussingauh, pues, no hemos visto la narrHción del
aerolito de Santa Rosa en las obras que dejó el sauio prusiano; y, además, éste, visitó nuestro paíi mucho antes de
ser caido este misterioso trozo.
CAPITULO
IV
"LA MECA" BOY ACENSE
Coruo se dijo en el capítulo anterior, colocado en un
simpático monolito de piedra y en lugar vi6toBo de la
plaza principal, asi se contempla por años y años este ~a­
moso mineral , cual curiosidad muy relevante de los dlS.
lintos viajeros, luri.tas entusiastas que con frecuencIa
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(!ruzan estas regiones, los más de 108 cuales, rústicos
peregrinos que en formidaule acopio acuden anualmente
a contemplaci6n de nU~8tras tradicionales fiestas del milagroso Señor de la S~lurt y de la itálica Virgen de yiterha, patronos del lugar, las que son costumure (!eleurar,
Anualmente, con toda pompa y esplendor.
Estos últimos y curioRos aborígones, por una parte,
atraídos al polllado tras el deseo fanático e irl'csistiule,
de cada año dar asomo a esta" Meca" lloyacense, se ven
880mar muy quedos, paso a paso, por 108 di.tintos polos de la urbe, ya por l\¡ tardo de ese sombrío y pálido
atarllecer del día trece de septiembre, precisamente, con
int(mto de hallarse en vísperas de estas solemnidades,
para, luégo, presentarse- como dicen ellos, - " decentemente, " para al siguiente día, muy demañana, sin ese aprieto de las turllas, acercarse al señor Cura, eonsignar
cabizbajos y confiados , la simple cuota por una que otra
"salve" en ro('ompensa al sagrado Cristo, que ellos Haman "muy milagroso," para después, ufanos y satisfe"hos de su obra, ser orientados, de nuevo, aún, con
108 pies maltratados por la fatiga del largo recorrido
-muchas veces de centenares de leguas, - en pos del
ideal, a situarse reverentos, ante la "piedra de cam)lana," tan soñada, como dicen <"lIos; tocar una y más
Tocas su penelrante timbre, contemplarla escrutadora, para luégo, emprender, de nueTo, el desfile, satisfechos,
entre dulcos "cuchicheos, " por la8 mismas calles, caprichosas unas, muy rectas olral, hasta perderse, definiti"amente, en las veras del camino lejano, por donde momentos antes los vieran asomar, conltituyendo, en suma,
el remate de todo aquello que, sencillamente, los conformes visitante. del contorno, ya en BUS respecti"as lierr •• , llaman, con lánla gracia, "haber estado muy alegres y satisfechos en las fiastas de Santa Rosa. "
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UN PAMOSO BOLIDO EN COLOMBIA
CA PIT UL O V
EN MIL NOVECIENTOS DIEZ
En esta simp le pero noto ria conte mpla ción pros igue ,
siem pre tranq uila, asen tada coqu etam ente sobr e su humild e plata form a, nues tra famo sa pied ra, a travé s de
los tiem pos y de las circun~tancias, hasta que, final ment e,
llega do el senti do dla del dos de marz o del prop io año del
mag no cent enar io del sobe rbio grito lanza do en Bogo tá,
en aras de nues tra inde pend enci a nacio nal, de mil nove cient os diez, casi, prec isam ente , en la mism a faust a fecha de su apar ición en la colin a ya desc rita, por TOlunta d del Gobi erno del Quin quen io fue vend ida y destroza da en la atrev ida creen cia de que era depo sitar ia
de fantá stica s rique zas. Desd e ento nces el prec ioso bólido, que al cont acto de otro cuer po arroj aba al aire sus tañido s celic ales, enmu deció para siem pre. Qué casu alida d!
Cllm ple, tamb ién, nues ira reliq uia, su misió n de acom pañarn os a raiz de un cent en8r de años <la repo so y cong ratulac ión, cuya estad ia seme ja: ora, como el celos o
guar dián irrem oTib le; ora, como el vigla muy aten io de la acció n evol utiva y cons tante de las suce8 ivas genera cion es dela urbe , a travé s de los años , siend o tes!i ga, hasta el punt o, de ir prese ncian do, de fecha en fecha ,
el paso qued o, somb rlo, cons tante y triste ment e ama rgo de los mejo res hijos del pobl ado, en su ruta de trans form ación vital y bulli ciosa , de un día, a ser inter roga dos
por la inex orab le Parc a, temi ble y feroz, deján dolo s
pasa r, uno a uno, cnán gran itos de aren a, desp rend idos
grad ualm ente del reloj del tiem po, aun, cont ra todo
quer er, al Cam posa nto.
CA PIT UL O VI
BOGOTA -
CHICAGO
En los dias del golJi erno del Gene ral Reye s, de acuer do con el ento nces Gob erna dor de Tund ama, enco llDigitalizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la Republica, Bogotá-Colombia
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trándose An ésta el amaricano Levy Appel logró a fUllrza
de instancias que el entonces Concejo de la ciudad conviniera en cederle el famoso aerolito en cambio de un
busto de aquél mandatario. Lo trajo a Bogotá, mas, como en ésta algunas personas llamaran la atención sobre
la pérdida que iha a hacer el pais, de esta curiosidad, se
consiguió, por el momento, illlpedir su llevada al extranjero, lo cual, andando el tiempo, al fin se logró.
Despuiís de esta fecha memorable en los fastos de
nuestra historia, que da por definitiva la orden terminante de uno de SUB hijos, la del señor General Rafael Reyes, de acuerdo con varios dirigentes de esta capital, llegadaslas sombras de la noche, de la fecha más adelante
apuntada, en medio de un sigilo aterra(lor, es trasladado
a Bogotá, siendo comisionado, para el efecto, un sellar
Duperly, que de ahl, acto seguido, es enviado, cuidadosallIente, a la gran metrópoli de Chicago, allende el mar,
centro por demás metalúrgico del Norte. Lo cincelan sin
piedad, lo someten al fuego y a mil torturas más, hasta
llevarlo al sacrificio; que, últimamente, dividido en dOI
fragmentos, el uno es dejado ah!, en uno de sus museos especiales, en vía de análisis y de estudio; que, el otro, es
traído a Bogotá, en donde, en la actualidad, a contemplación de todos los colombianos, airoso se ostenta, sobre
una columna de madera, destacada en lugar correspon_
diente del Museo Nacional, pues, el señor Rivero compró
para el salón a que pertenece hoy, la parte restante de 08a masa meteórica, llegada a Colombia, y deberla hacerse
un esfuerzo para poseerla de Duevo esta capital, del antiguo Tundama, como cuna simbólica de su aparición.
Valiosa reliquia, que un tiempo file el regocijo de excursionistas y la admiración de los viandantes, que debido a la desidia del Cabildo de entónces, vino a privar la
población de tan interesante y particular adorno, destacado, como se ha dicho, en la plaza principal.
•
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CAPITULO
VII
RECORDACION FINAL
Según el análisis químico, de la mitad de este bloque,
practicado por el ilustre geólogo y mineralogista colombiano, doctor Ricardo Lleras Codazzi, dio por resultado el
siguiente detalle: Hierro, novecientos treinta gramos;
níquel, sesenta; cobalto, siete; carbón, dos; azufre, fósforo, etc., uno. Total: mil. Peso, cuatrocientos diez y
ocho kilos, o sean, treinta y trea arrobas y once libras .
•••
En la exposición intitulada" Memoria sobre diferentes masas de hierro que se han encontrado en la Cordillera de 1"8 Andes," traducida por el señor J. Acolta, e
insertada en el libro" Viajes científicos a los Andes ecuatoriales, " en la página sesenta y una, el mismo Boussingault habla, asimismo, de otra masa análoga en composición, oncontrada en Rasgatá, pueblo situado a inmediaciones de la salina de Zipaquirá.
•
•
Hoy día, la solitaria y raída columna de piedra, asiento, por un siglo, en esta ciudad, de veneración y 80porte tánto, mutilada ya por la .acción del tiempo que
todo lo devora, conmovida la Municipalidad, para salvarla de una pérdida final, cariñosamente, en la fecha del doce de febrero de mil novt'cientos veintiocho, decretó la
traslación al recinto del parque que circunda el local de
la Escuela Urbana de Varonel, lugar, en donde ahí se
conservará para estudio de nuestros pequeños y como
recordación perpetua de este augurio de los siglos.
CAPITULO
VIII
GENERALIDADES
Viterbo! Admirar en tu seDO lo lejano y nebuloso;
las cumbres, detrás de las cumbres; los cerros, tras los
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cerros; las colinas caprichosas que se desprenden de la
falda y que placentera nos obsequias tus reliquias más
preciada"; los sotos que agrestemente se escalonan; los
collados que se levantan; las innumerallles piedras blanquecinas y enormes por donde, a torrentes, se desprende
nltida y espumosa el agua; en suma: la opulencia de la vegetación, es, sguramente, una de las recreaciones más
puras y más intensamente agradallles. Eso reconcilia y
ennoblece. Cómo no? Quien tenga ante si algún cuadro
grandioso tiene de sentir su influencia, y ante las lejanías, el ánimo como que se difunde, vuela como el ave
que se escapa presurosa de la jaula, y volando .... volando,
gira y se cierne en el espacio.
CARLOS C. PRIETO MONTAÑES -
1936•
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INDICE
Págs.
Prefacio -
Doctor Eduardo Posada . .
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1
...
1
Los meteoritos . • . • • • • . • . • • . . . . . ..
3
Boussingault • • . . • . • • • . . . • . . . . . . .
5
"La Meca" boyacense . • • . . . . .
6
En mil ochocientos diez • • • • . • . . .
En mil novecientos diez . . . . • .•
• •
•
Bogotá - Chicago . • • • • . . . . • . " . . .
. . . . . . . .. . .. . . .
. . • .. . . . . . .. . . . . . . . . .
8
Recordación final •
10
Generalidades
10
lndice . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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