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Mario Benedetti. Ni aún ahora me resigno a creerlo

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Mario Benedetti. Ni aún ahora me resigno a creerlo
Mario Benedetti. Ni aún ahora me resigno a creerlo
Autor: Juanita Conejero | Fuente: CUBARTE | 22 de Mayo 2009
Fue muy triste la noticia. Había muerto un gran poeta, un extraordinario escritor, amigo
de Cuba y de la nobles causas de la Humanidad. ¡Recordé tantas cosas! El primer poema
que cayó en mis manos, escrito desde un pequeñísimo país de América del Sur, pequeño
en territorio, pero grande en historia y sueños acumulados: Urugüay. Allí en Paso de los
Toros, en el año de 1920, nació Mario Benedetti, un hombre que nunca creyó que el
mundo se podía quedar sin utopías, ni que la esperanza era un olvido o el placer una
tristeza.
Me cuesta reconocer que ya no está aquí, para alentarnos, para escribirle al Che
consternado y rabioso: /dicen que te quemaron/ con qué fuego/ van a quemar las buenas
/buenas nuevas/ la irascible ternura/ que trajiste y llevaste/ con tu tos/con tu barro/.
Y no nos acompañas ahora, para confirmar tu presagio, cuando está cayendo el
Comandante, como nube, como lluvia, como estrella, en este mundo plomizo, donde crecen
otros, dignos de recibirlo y mantenerlo vivo.
Me cuesta reconocer que ya no estás aquí, para decirnos, una vez más, y ahora que
celebramos un nuevo aniversario de la Reforma Agraria, que de un campo de nuestra
tierra inmensa salieron estos versos: / en particular las muchachitas que no se detienen
ante ningún /despilfarro de energías/ cantan esta tarde vi llover vi gente correr y no
estabas tú/.
Y no estás tú, que por cierto también estuviste, cuando no sabías qué pasaría en el
surco, con tu cintura, tus versos, tus yugulares, tus ficheros y cartílagos, con tus lecturas
y tu asma, cuando arrancabas las malas hierbas, esas que tú decías que podían
encontrarse lo mismo en arapey, que en Babilonia o en los jardines del Pentágono.
Urugüay, tu gran país te llora y te recuerda, como te llora y te recuerda Cuba, que admira
a tu Artigas, al que tú llamaste profeta certero, que no hizo públicas sus profecías, pero
sí se amargó profundamente con ellas.
Nunca querido poeta, quemaste tus naves, siempre fuimos juntos, compañeros, mirando al
cielo, a la luna, desde adentro o desde el exilio, con la táctica y la estrategia de los
grandes: /mi táctica es/ quedarme en tu recuerdo/no sé cómo ni sé/ con qué pretexto/
pero quedarme en vos/.
Y te has quedado en todos nuestros pueblos. Dicen que eres uno de los escritores más
leídos de nuestra lengua y que tu obra, ha inspirado a muchos artistas, músicos, cineastas
y teatristas.
Y aquí, junto a nosotros, parodiando a nuestro Carlos Puebla, nos decías que podíamos
contar contigo: /aunque sea hasta dos/ aunque sea hasta cinco/no ya para que
acuda/presurosa en mi auxilio/ sino para saber/ a ciencia cierta/ que usted sabe que
puede/ contar conmigo/.
Este año Casa de las Américas celebra el 50 aniversario de su fundación, una Institución
que también es tuya, porque la ayudaste a crecer. La Casa también llora tu ausencia como
lloraste tú a la entrañable Haydeé en aquellos versos memorables:/ayer murió Haydeé
/dijo en el desconcierto de mi oído/ hace cinco años y en aquella plaza /escuchar la
noticia era difícil/imposible ligar esa brutal ausencia/
Y ahora eres tú Benedetti, quién te vas y estoy segura, que Roberto y Adelaida, estarán
siempre ahí, esperando que la alegría tire piedritas contra tu ventana y atenúe el dolor
que inevitablemente pueda conllevarles, tu partida.
Será la misma sensación que hubiera podido sentir Lezama o Fayad Jamis o tantos y tantos
otros que fueron tus amigos, que te admiraron y admiran y que admiraste y que un día
recibieron tus versos, como aquellos que dedicaste a Guillén en su 80 cumpleaños:
/pueblo que te oye bajo tantos cielos/porque has hallado simplemente el modo/ de cantar
nada menos que a los más con tus ochenta y con tus dos abuelos//y tu muchacho
corazón ya todo/ lo tienes Juan con todo Nicolás/.
Confieso, una vez más, que me cuesta reconocer que ya no estás aquí, tú que nos
enseñaste que el Sur también existe, que al futuro hay que ampararlo, que cada ciudad
puede ser otra cuando el amor la transfigura y que la caricia es un lenguajey si ellas nos
hablan, no quisiéramos que se callaran.
Créeme Benedetti, no voy a llorar. Si cada hora viene con su muerte, como tú nos dijiste,
y la vida no es nada más que un blanco móvil, tenemos que seguir cantando contigo, porque
el río está sonando, porque el grito no es bastante y porque tú querido poeta, entrañable
amigo de todo nuestro pueblo agradecido, nos has enseñado, que no podemos permitir
que la canción, tu canción, la canción de todos, se haga ceniza.
Hay que amar con amor para salvarse/ sin luna, sin nostalgia, sin pretextos./Hay que
despilfarrar en una noche/-que puede ser mil y una-el universo/.
Seguiremos cantando. El verso como diría Martí, debe ser una cascada de aguas lujosas
que siempre debe ir cantando, saltando, sobre las piedras del abismo.
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