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MANUAL DE HISTORIA DE SANTO DOMINGO Y OTROS TEMAS

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MANUAL DE HISTORIA DE SANTO DOMINGO Y OTROS TEMAS
CARLOS LARRAZÁBAL BLANCO
Y OTROS TEMAS HISTÓRICOS
Américo Moreta Castillo
CCXXXIX
MANUAL DE HISTORIA DE SANTO DOMINGO
quien casó con Claudia Encarnación Rodríguez
y Francina María Felicia quien casó con Cecilio
Grullón Martínez. La esposa era hija del Lic.
Domingo Rodríguez Montaño, juez presidente
de la Corte de Apelación de Santo Domingo.
Como maestro, Larrazábal Blanco fue
docente en diversas instituciones, desde Escuelas
Primarias hasta llegar a ser Catedrático de la
Universidad de Santo Domingo.
Hombre de ideas avanzadas, nunca militó
en los partidos personalistas de las primeras
décadas del siglo xx; ni fue bolo, ni colúo; y
cuando se produjo la ocupación norteamericana
del territorio nacional en 1916 fue de los
fundadores de la Asociación Independiente
de Jóvenes Dominicanos, defensora del ideal
nacionalista, junto con Viriato Fiallo, Manuel
Arturo Peña Batlle, Ángel Rafael Lamarche y
Juan Isidro Jimenes Grullón.
El profesor Carlos Larrazábal siempre fue
antitrujillista, por eso en 1946 se autoexilió junto
a su familia. Abandonó la casa de la calle 16 de
Agosto, antiguo Camino de San Carlos; vivió por
tres años en la ciudad de Nueva York, luego pasó
a Venezuela donde se radicó definitivamente y
regresó a la República Dominicana en 1973,
luego de veintisiete años; aunque su vinculación
y presencia se mantuvieron permanentemente
con su patria, a través de sus investigaciones, sus
ensayos que aparecían fundamentalmente en la
revista Clío, órgano de la Academia Dominicana
de la Historia.
Archivo General de la Nación
Volumen CCXXXIX
CARLOS LARRAZÁBAL BLANCO
MANUAL DE HISTORIA DE SANTO DOMINGO
Y OTROS TEMAS HISTÓRICOS
ANDRÉS BLANCO DÍAZ
EDITOR
Carlos Vicente Larrazábal Blanco nació
en Santo Domingo el 27 de abril de 1894. Fueron
sus padres el general Wolfang Larrazábal Chipía
y Esther Blanco de Windt. Tuvo hermanos que
nacieron en Santo Domingo y otros fuera del país;
aquí nacieron: Juan Gualberto Lázaro y Esther
María; en Puerto Rico: Felipe; Fabio en Caracas;
Aurora en Curazao y Heraclio en Maiquetía.
Las circunstancias políticas venezolanas
habían traído a los padres de Carlos a la República
Dominicana, así como a Eduardo Scanlan, a los
hermanos Rufino y Horacio Blanco Fombona, a
Manuel Flores Cabrera y tantos otros venezolanos
que hicieron innegables aportes a la sociedad
dominicana.
Sus padres y hermanos partieron del país
cuando Carlos Vicente era un niño, y este quedó
al cuidado de su tía y madrina, María Blanco Vda.
Arvelo, con quien se crió en medio del fragor de
las guerras civiles de la época de Concho Primo.
La enseñanza primaria la recibió en la
Escuela del Carmen que dirigían Amalia, Lupe
y Edelmira Bobadilla Roseller en el barrio de
Navarijo de la ciudad intramuros, y luego de
pasar por otras escuelas primarias, ingresó a la
Escuela Normal, que fundó Eugenio María de
Hostos, donde se graduó de maestro normalista.
Luego entró a estudiar Medicina en la Facultad de
Medicina de la Universidad de Santo Domingo,
carrera que abandonó por la Licenciatura en
Farmacia, de la cual se graduó.
El 20 de abril de 1918, contrajo matrimonio
con María Enriqueta Rodríguez Oca, Quequeta,
con quien procreó siete hijos: María, quien casó
con Pedro Ripley Marín; Carlos Enrique, quien
casó con Elena Larrazábal Otaola; Altagracia
Mercedes Emilia, quien casó con George Antonio
Líster Bircann; Felipe Arístides, quien casó con
Mireya Hernández Ortega; René Osvaldo, quien
casó con Pierena Troche Nadal; Domingo Raúl,
Manual de historia de Santo Domingo
y otros temas históricos
Archivo General de la Nación
Volumen CCXXXIX
Carlos Larrazábal Blanco
Manual de historia de Santo Domingo
y otros temas históricos
Santo Domingo
2015
Cuidado de edición: Andrés Blanco Díaz
Diagramación: Editorial Alas, S.R.L.
Diseño de portada: Editorial Alas, S.R.L.
Motivo de portada: «Cristóbal Colón castiga a los rebeldes de la Española».
Grabado de Theodor de Bry publicado en América Pars, Libro IV, Fráncfort, 1594.
Primera edición, julio de 2015
© Carlos Larrazábal Blanco, 2015
De esta edición
© Archivo General de la Nación (Vol. CCXXXIX)
Departamento de Investigación y Divulgación
Área de Publicaciones
Calle Modesto Díaz Núm. 2, Zona Universitaria,
Santo Domingo, República Dominicana
Tel. 809-362-1111, Fax. 809-362-1110
www.agn.gov.do
ISBN: 978-9945-586-32-9
Impresión:
Impreso en la República Dominicana • Printed in the Dominican Republic
Carlos Larrazábal Blanco.
Contenido
La obra del Lic. Carlos Larrazábal Blanco..................................13
Manual de historia de Santo Domingo
Primer libro (1492-1800)
Capítulo I. El Descubrimiento ....................................................23
Capítulo II. Conquista y colonización.........................................29
Capítulo III. Conquista y colonización.......................................36
Capítulo IV. Gobierno y administración.....................................48
Capítulo V. Organización social..................................................53
Capítulo VI. Sociografía indoespañolense..................................56
Capítulo VII. Santo Domingo centro de expediciones.............77
Capítulo VIII. La vida económica................................................97
Capítulo IX. Demografía..............................................................106
Capítulo X. Desacuerdos, protestas, banderías, ideologías.......120
Capítulo XI. Las razas oprimidas en luchas de libertad............133
Capítulo XII. Piraterías, incursiones, invasiones........................141
Capítulo XIII. La Iglesia...............................................................146
9
10 Contenido
Otros temas históricos
A los miembros del Honorable Congreso Nacional..................155
Un peligroso espía........................................................................159
Apuntes..........................................................................................163
Errores en la Historia Universal de Lavisse...................................179
Ciencia indohaitiana....................................................................185
Presentación del Dr. Roque Vilardell..........................................197
La última batalla del Libertador..................................................201
Farmacopea indiana.....................................................................205
Ideario españolense del siglo xvi.................................................213
Loor a Duarte................................................................................231
A través de las ideas liberales de los fundadores
de la Española............................................................................237
La República Dominicana y el doctor Felipe Larrazábal..........261
Estudio histórico...........................................................................273
Discurso.........................................................................................289
Pbro. Rafael García Tejera...........................................................297
Bibliografía colonial.....................................................................307
Felipe Fernández de Castro y la ocupación haitiana.................401
Una familia fundadora de San Rafael.........................................407
Páginas dominicanas olvidadas
(Raimundo Rendón Sarmiento, por X X X)..........................411
Páginas dominicanas olvidadas
(José María de Rojas, por Ramón de Azpurúa)......................423
La primera gestión de Núñez de Cáceres en Venezuela...........441
Noticias de la independencia dominicana en Venezuela..........445
Apuntes acerca de algunos estudiantes y graduados en la
Universidad de Caracas.............................................................451
El reverso de los grandes hombres..............................................467
El emperador Augusto.................................................................471
Emilio Tejera Bonetti...................................................................479
Papeles relativos a Juan Pablo Duarte y su familia.....................481
Federico Henríquez y Carvajal....................................................495
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
11
Documentos duartianos...............................................................503
Viejas universidades y viejos estudiantes.....................................509
Documentos duartianos...............................................................517
Archivo de Duarte
Introducción.................................................................................525
I. La Reforma................................................................................532
II. Conspiración trinitaria............................................................538
III. La Independencia..................................................................546
IV. La Restauración.......................................................................576
V. Carta del exilio..........................................................................631
Índice onomástico........................................................................637
La obra del Lic. Carlos Larrazábal Blanco
Por Américo Moreta Castillo
S
i observamos la página ciento treinta y siete del libro La
República Dominicana: directorio y guía general, publicado por
Enrique Deschamps en 1907, vemos una fotografía de un niño
que aparece en primer plano en el parque Colón; otros juegan
alrededor de la estatua del Almirante, y detrás, la presencia solemne de la Catedral Primada con su antiguo reloj sobre el salón
del Cabildo Catedralicio. El niño que parece inclinarse para mirar el pavimento, que tiene sombrero y que ya viste pantalones
largos es Carlos Larrazábal Blanco. Es simbólica esta fotografía,
pues la misma refleja su presencia desde los primeros años en
la tierra de la cual estaría ausente largo tiempo, y la Catedral de
Santa María de la Encarnación por su fachada norte presenta el
lugar donde él estuvo tantas horas investigando, pues precisamente en esos salones de la planta alta del edificio gótico-isabelino fue donde el Arzobispo Nouel hizo depositar los Archivos
Eclesiásticos en los cuales Larrazábal Blanco pasó a realizar la
obra que le ganaría la inmortalidad y el agradecimiento eterno
de los dominicanos: su monumental Familias dominicanas.
Afable, conversador, de indiscutible buen humor, siempre
dispuesto a enseñar, a guiar y educar, sencillo y humilde, recuerdo a don Carlos con su pelo blanco, sus gafas ya permanentes,
su tez algo trigueña, alto y delgado, casi frágil, su letra era
13
14 Carlos Larrazábal Blanco
temblorosa, pero siempre cordial y receptivo. Estuve presente en
la última conferencia que dictó un domingo por la tarde en la
Casa, Biblioteca y Museo del Maestro, don Federico Henríquez
y Carvajal, en la calle Sánchez. Entre el selecto público presente
estaban don Enriquillo Henríquez y el profesor Ernesto Suncar
Méndez, frente a aquellos libros que nos rodeaban, el busto
martiano y tantos detalles históricos de aquella casa-museo, don
Carlos hacía su reencuentro con Santo Domingo, ese Santo
Domingo que había quedado en sus recuerdos y que de seguro evoca cuando dijo en su Discurso de Ingreso a la Academia
Dominicana de la Lengua:
Siempre he leído con especial interés y simpatía las
obras dominicanas que desarrollan temas de ambiente
vernacular; lo tradicional me atrae singularmente. Lo
criollo, con su pequeña historia, su pequeña sociología,
su específica sicología, bulle del campo, de la aldea, de
la ciudad, de la familia, con sus hombres y mujeres en
sus manifestaciones de vida. Pero esas pequeñeces, una
a una, paso a paso, a través de los tiempos trascienden.
[…] Yo me siento atraído por estas cosas quizá como se
siente el niño atraído por el regazo materno. Con todos
sus avatares, y a pesar de ellos, el ambiente donde uno
se desenvuelve desde que nace hasta llegar a la adultez
le nutre con verdadero alimento espiritual, de tal modo
que lo vigoriza y conforma. De aquí nace el amor al terruño. Todo emocional. El terruño se hace patria que es
vivencia espiritual y es deber.
Carlos Vicente Larrazábal Blanco nació en Santo Domingo
el 27 de abril de 1894. Fueron sus padres el general Wolfang
Larrazábal Chipía y Esther Blanco de Windt. Tuvo hermanos
que nacieron en Santo Domingo y otros fuera del país; aquí
nacieron: Juan Gualberto Lázaro y Esther María; en Puerto
Rico: Felipe; Fabio en Caracas; Aurora en Curazao y Heraclio
en Maiquetía.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
15
Las circunstancias políticas venezolanas habían traído a los
padres de Carlos a la República Dominicana, así como a Eduardo
Scanlan, a los hermanos Rufino y Horacio Blanco Fombona, a
Manuel Flores Cabrera y tantos otros venezolanos que hicieron
innegables aportes a la sociedad dominicana.
Sus padres y hermanos partieron del país cuando Carlos
Vicente era un niño, y este quedó al cuidado de su tía y madrina,
María Blanco Vda. Arvelo, con quien se crió en medio del fragor
de las guerras civiles de la época de Concho Primo.
La enseñanza primaria la recibió en la Escuela del Carmen
que dirigían Amalia, Lupe y Edelmira Bobadilla Roseller en el
barrio de Navarijo de la ciudad intramuros, y luego de pasar
por otras escuelas primarias, ingresó a la Escuela Normal, que
fundó Eugenio María de Hostos, donde se graduó de maestro
normalista. Luego entró a estudiar Medicina en la Facultad de
Medicina de la Universidad de Santo Domingo, carrera que
abandonó por la Licenciatura en Farmacia, de la cual se graduó. El 20 de abril de 1918, contrajo matrimonio con María
Enriqueta Rodríguez Oca (Quequeta), con quien procreó siete
hijos: María, quien casó con Pedro Ripley Marín; Carlos Enrique,
quien casó con Elena Larrazábal Otaola; Altagracia Mercedes
Emilia, quien casó con George Antonio Líster Bircann; Felipe
Arístides, quien casó con Mireya Hernández Ortega; René
Osvaldo, quien casó con Pierena Troche Nadal; Domingo Raúl,
quien casó con Claudia Encarnación Rodríguez y Francina María
Felicia quien casó con Cecilio Grullón Martínez. La esposa era
hija del Lic. Domingo Rodríguez Montaño, juez presidente de la
Corte de Apelación de Santo Domingo.
Como maestro, Larrazábal Blanco fue docente en diversas instituciones, desde Escuelas Primarias hasta llegar a ser
Catedrático de la Universidad de Santo Domingo.
Hombre de ideas avanzadas, nunca militó en los partidos
personalistas de las primeras décadas del siglo XX; ni fue bolo, ni
colúo; y cuando se produjo la ocupación norteamericana del territorio nacional en 1916 fue de los fundadores de la Asociación
Independiente de Jóvenes Dominicanos, defensora del ideal
16 Carlos Larrazábal Blanco
nacionalista, junto con Viriato Fiallo, Manuel Arturo Peña Batlle,
Ángel Rafael Lamarche y Juan Isidro Jimenes Grullón.
El profesor Carlos Larrazábal siempre fue antitrujillista, por
eso en 1946 se autoexilió junto a su familia. Abandonó la casa de
la calle 16 de Agosto, antiguo Camino de San Carlos; vivió por
tres años en la ciudad de Nueva York, luego pasó a Venezuela
donde se radicó definitivamente y regresó a la República
Dominicana en 1973, luego de veintisiete años; aunque su vinculación y presencia se mantuvieron permanentemente con su
patria, a través de sus investigaciones, sus ensayos que aparecían
fundamentalmente en la revista Clío, órgano de la Academia
Dominicana de la Historia.
El 4 de diciembre de 1938 ingresó como Miembro de
Número a la Academia Dominicana de la Historia. Su discurso
de entrada lo tituló: «A través de las ideas liberales de los fundadores de la Española», el cual fue publicado en el número 32 de
la mencionada revista Clío, correspondiente al mismo año. Con
este tema demostró un particular interés por la llamada Historia
de las Ideas o de las Mentalidades. En este mismo sentido publicó: «Ideario españolense del siglo xvi» (Clío, 2, 1934) y «Las
luchas por la libertad», ensayo póstumo (Clío, 146, 1989).
Antes de partir al exilio publicó, por entregas, en la Revista
de Educación, entre 1937 y 1939, parte de un Manual de historia de
Santo Domingo, y desde Caracas siempre estuvo atento a todo detalle que tuviera relación con el país y sus próceres enviando colaboraciones como sus «Apuntes acerca de algunos estudiantes
y graduados en la Universidad de Caracas» (Clío, 118-119, 19611962), donde aborda aspectos de la vida académica de Pedro
Celestino Arroyo Pichardo, Carlos Arvelo, Manuel Antonio Diez,
Juan Pablo Diez, Mariano Diez, Prudencio Diez, Manuel Durán,
Manuel González Regalado, Arístides, Miguel y Francisco López
Umeres, Pedro Emilio de Marchena, Antonio María Pineda,
Manuel Ponce de León, Santiago Ponce de León, Manuel María
Valverde y Juan Dionisio de Vialis. En la sesión pública de la Academia Dominicana de la
Historia celebrada la noche del 30 de diciembre de 1939 leyó su
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
17
ensayo «Estudio histórico» en honor a la misión cultural de la
Universidad de Puerto Rico, presidida por el Dr. Rafael Ramírez
de Arellano (Clío, 8, 1940). También publicó su «Bibliografía
colonial, Fray Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias» (9,
1941; 10, 1942).
Contribuyó al rescate de los archivos del Padre de la Patria,
publicando el «Archivo de Duarte», con edición y notas suyas, por
medio de la reunión de una colección de manuscritos conservados por Juan Pablo Duarte y luego por sus hermanas Francisca y
Rosa. Esto ha sido un aporte inmenso a la memoria de nuestro
Padre Fundador.1 Además, como homenaje al Patricio, el 15
de julio de 1935 dictó una charla por radio en «Broadcasting
Caracas» de Venezuela, bajo el título: «Loor a Duarte», recogida
en Clío, 3, 1935. Como lo demuestran sus posteriores colaboraciones al Instituto Duartiano, Carlos Larrazábal Blanco fue un
permanente estudioso de la vida del Patricio Juan Pablo Duarte.
En el Boletín número 8 de ese Instituto (enero-diciembre de
1972) publicó: «Los Duarte y los Diez» y «Documentos duartianos»; en este último artículo hace precisiones sobre la casa donde murió Duarte y sobre su ausencia de descendencia. También
en el número preparado con motivo de celebrarse el centenario
del fallecimiento de Duarte se reproduce su «Genealogía duartiana», fragmentos del tomo tercero de Familias dominicanas
(Boletín del Instituto Duartiano, julio-diciembre de 1976, enerojunio de 1977).
En 1939 publicó «La República Dominicana y el Dr. Felipe
Larrazábal» (Clío, 7, 1939), sobre este venezolano que tanto apoyo dio a los dominicanos de su tiempo y a las luchas por nuestras
las libertades patrias.
En la iglesia parroquial de San Carlos, barrio donde residía
con su familia, la noche del 4 de mayo de 1941 leyó su discurso
con motivo del centenario del nacimiento del presbítero Rafael
Dichas contribuciones crítico-documentales fueron recogidas en la obra
conjunta de Emilio Rodríguez Demorizi, Carlos Larrazábal Blanco y Vetilio
Alfau Durán, publicada en 1970 por el Instituto Duartiano con el título:
Apuntes de Rosa Duarte. Archivo y versos de Juan Pablo Duarte.
1
18 Carlos Larrazábal Blanco
García Tejera (Clío, 10, 1942). Ya había publicado otro discurso con motivo de celebrarse el centenario del nacimiento de
Emiliano Tejera (Clío, 9, 1941). En 1969 escribiría en Clío con
motivo del fallecimiento de Emilio Tejera Bonetti (1880-1968),
hijo del prócer anterior, autor de Palabras indígenas (Clío, 37,
1969). Sobre Felipe Dávila Fernández de Castro, publicó «Felipe
Fernández de Castro y la ocupación haitiana» (Clío, 19, 1951).
Y sobre Raimundo Rendón Sarmiento, Ramón Azpurúa y José
María de Rojas, publicó: «Páginas dominicanas olvidadas», colección y notas (Clío, 20, 1952). En 1954 apareció su trabajo:
«Noticias de la independencia dominicana en Venezuela» y también: «La primera gestión de Núñez de Cáceres en Venezuela».
En 1967, en la Colección Pensamiento Dominicano dirigida
por don Julio Postigo, se publicó su obra Los negros y la esclavitud
en Santo Domingo, pionera del tema de la historia de la negritud
en nuestro país, siendo el número treinta y cinco de esa colección que llenó una época en la cultura dominicana.
Como precursor de los estudios genealógicos en la
República Dominicana, Carlos Larrazábal Blanco publicó
«Papeles de familia» (Clío, 13, 1945), en este trabajo reflexiona
sobre los papeles que en el diario ajetreo se producen, y afirma:
«no son solo los reyes, los obispos, los presidentes y generales
los que hacen historia en sus obligadas funciones oficiales, sino
también la hacen el hombre común, el padre de familia, historia
que nos puede esclarecer los hábitos y costumbres del pasado».
Con esta reflexión interrelaciona nuestro autor la genealogía y
la historia con la llamada historia de la vida cotidiana.
En 1952 publica: «Una familia fundadora de San Rafael»
(Clío, 20, 1952). Luego aparecen: «Familias de Santo Domingo:
Mella y Sánchez» (Clío, 23, 1955; 24, 1956).
Pero su obra cumbre en el campo de la Genealogía son los
nueve tomos de Familias dominicanas, investigación colosal que,
como ya se ha dicho, se hizo en los Libros del Archivo de la
Catedral, en una época en que no existían los ordenadores, y
se trabajaba sólo a base de memoria y de fichas. De esta obra,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
19
insuperable hasta el momento, apareció en 1967 el primer
tomo; 1969 el segundo, ambos enviados en fichas desde Caracas.
En 1975 se publicó el tercer tomo; en 1978 aparecieron los tomos cuarto, quinto y sexto; en 1979 circuló el tomo séptimo y
en 1980 salieron los tomos octavo y noveno. En 1974 publicó su
opúsculo Origen hispano-dominicano de algunas familias caraqueñas.
Carlos Larrazábal Blanco fue miembro de número del
Instituto Venezolano de Genealogía y presidente de honor del
Instituto Dominicano de Genealogía.
Pero los aportes de Carlos Larrazábal Blanco a la historiografía dominicana también abarcan materias inéditas para
muchos estudiosos de la historia local, como es el caso de su
Toponimia, editada en 1972 por la Sociedad Dominicana de
Geografía, donde recoge, junto a topónimos americanos y colombinos, los nombres de lugares de la República Dominicana
con diversas clasificaciones.
Editora Taller publicó en 1974 su libro de cuentos Guerra
civil, relato intimista en que narra episodios de su niñez en Santo
Domingo.
En el ámbito de las letras, presentó su discurso de ingreso
a la Academia Dominicana de la Lengua el 4 de abril de 1975
sobre Tulio Manuel Cestero (1877-1954), el autor de Ciudad
romántica, La sangre y Sangre solar, tríptico de novelas de la época
del dictador Ulises Heureaux (Lilís).
El 27 de febrero de 1973 murió su esposa y compañera de
toda la vida, María Enriqueta Rodríguez Oca, y viudo, para compensar su soledad y acompañar a su hija Emilia Larrazábal de
Líster quien vivía en el país, viene a impulsar su labor editorial y
a culminarla con la publicación de Familias dominicanas. El profesor don Carlos Larrazábal Blanco falleció en Caracas
el 25 de marzo de 1989 a los noventa y cinco años de edad. Sus
aportes a la genealogía y a la historiografía dominicanas son
imperecederos. Fue un dominicano ilustre, y su presencia constituye otro vínculo con el hermano país de Bolívar y de Páez.
20 Carlos Larrazábal Blanco
Bibliografía
Boletín del Instituto Duartiano, números 8 y 14.
Cabral Mejía, Tobías, Índice de Clío y del Boletín del Archivo
General de la Nación. Academia Dominicana de la Historia,
Santo Domingo, Editora del Caribe, 1972.
Clío, órgano de la Academia Dominicana de la Historia (varios
números).
Larrazábal Blanco, Carlos, «Discurso de Ingreso del
Académico de Número Profesor Carlos Larrazábal Blanco»,
Boletín de la Academia Dominicana de la Lengua, Tercera época, número 1 (enero-abril de 1980).
Larrazábal Blanco Carlos, Familias dominicanas (tomos
I-IX), Academia Dominicana de la Historia, Santo Domingo,
Editora del Caribe, 1967-1980.
Larrazábal Blanco, Carlos, Guerra civil (Cuentos), Santo
Domingo, Editora Taller, 1974.
Larrazábal Blanco, Carlos, Los negros y la esclavitud en
Santo Domingo, Colección Pensamiento Dominicano, Julio
D. Postigo e Hijos editores, Santo Domingo, Amigo del
Hogar, segunda edición, 1975.
Larrazábal Blanco, Carlos, Origen hispano-dominicano
de algunas familias caraqueñas, Caracas, Italgráfica, 1974
(Separata del Boletín del Instituto Venezolano de Genealogía).
Larrazábal Blanco, Carlos, Toponimia, Sociedad Dominicana de Geografía, Santo Domingo, Editora del Caribe, 1972.
Ventura, Juan, Autores de Historia de Santo Domingo, Santo
Domingo, Editora Cantera Gráfica, 1997.
Manual de historia de Santo Domingo*
1
* Publicado en la Revista de Educación, Años IX-XI, Núms. 39-53 (mayo de
1937-octubre de 1939). En la primera entrega del Manual, que cubría los
capítulos I y II, Larrazábal Blanco, entonces profesor y subdirector de la
Escuela Normal, sugirió lo siguiente:
Lecturas, ejercicios y sugestiones:
Croquis del itinerario de Colón por la costa norte de Samaná.
Lectura de algunos trozos de la capitulación de Colón con los Reyes Católicos.
Lectura de algunas cartas de Colón, la dirigida al aya del Príncipe don Juan, entre ellas.
Lectura y comentario oral y escrito de trozos literarios referentes al Descubrimiento:
poesías, comentarios, tradiciones y leyendas («El junco verde» de José Joaquín Pérez).
(Nota del editor).
Primer libro
1492-1800
Capítulo I
El Descubrimiento
1. Antes del año de 1492 nuestra Isla de Santo Domingo,
así como la mayor parte de América, era desconocida para los
habitantes de Europa. Parte de Groenlandia, la península de
Labrador y una pequeña porción de los Estados Unidos habían
sido descubiertas y exploradas someramente mucho tiempo antes por marinos escandinavos.
Colón y su idea
2. Cristóbal Colón fue un marino muy experto. Desde niño
anduvo navegando por el mar Mediterráneo, y más tarde se
aventuró en los mares del Norte, donde, llegando hasta Islandia,
con toda seguridad, adquiriría noticias ciertas de las tierras descubiertas por los escandinavos. Ya hombre maduro tuvo la idea
de encontrar un camino más corto para llegar a la India y a las
islas de la Especiería navegando hacia el Oeste, concepto que
fue acogido por la generalidad de las personas sensatas como
verdadero descabellamiento, pues no se compadecía bien con
las tradiciones y consejas que respecto a los mares desconocidos
23
24 Carlos Larrazábal Blanco
corrían por aquellos lejanos tiempos ni con los cánones científicos provenientes de sabios y de padres de la Iglesia. Sin embargo, Colón insistió tanto en sus propósitos, con tal seguridad
y tal sinceridad, que bien cabe sospechar el almirante sabía la
existencia de semejante camino o tenía serias sospechas de su
realización.
Competencia comercial
3. Una potencia marítima tenía acaparado el comercio
europeo con la India y las islas de la Especiería: la República
de Venecia. Portugal fue el primer país que quiso disputar a los
venecianos el monopolio comercial y trabajó con éxito la vía del
Cabo de la Buena Esperanza. Colón, al mismo tiempo, brindó
a Isabel, reina de España, su imaginado camino y esta, inspirada quizá en los mismos propósitos de competición comercial,
aceptó y dio todo su apoyo moral a la futura empresa y hasta
manifestó que estaría en disposición de empeñar sus prendas
para conseguir dineros suficientes, cosa que no llegó a efectuar
pues su tesorero, Luis de Santángel, aprontó un millón de
maravedises.
Preliminares. Martín Alonso
4. Colón, una vez aceptados sus proyectos y aceptadas sus
exigencias, que fueron no pocas, logró armar una expedición
con tres carabelas y unos tantos hombres en Palos de Moguer. En
esta empresa fue muy eficazmente ayudado por un marino inteligente: Martín Alonso Pinzón. Quizá fue este el factor principal
en hacer cosa práctica la salida de la armada descubridora, dada
su experiencia, igual por lo menos a la del mismo Almirante,
y teniendo en cuenta sus simpatías personales entre gentes de
mar, y sus haberes, muy superior en ambas cosas al Descubridor.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
25
Descubrimiento
5. Las tres carabelas que componían la armada, la Niña, la
Pinta y la Santa María, zarparon del puerto de Palos de Moguer
el día 3 de agosto de 1492. A los dos meses y unos días, el 12
de octubre, se descubrieron las primeras tierras de América,
una de las islas del archipiélago de las Lucayas. El 28 de octubre
se descubrió la isla de Cuba y el 5 de diciembre nuestra isla de
Santo Domingo. La primera tierra dominicana vista fue la que se
llama hoy Mole de San Nicolás, nombre que se conserva desde
que el mismo Colón lo puso. Siguiendo rumbo al Oeste, sobre
nuestra costa norte, el día 6 descubrió la expedición la isla de la
Tortuga, nombre dádole por el Almirante. Cerca del puerto de
San Nicolás había visto este las vegas más hermosas del mundo y
casi semejantes a las de Castilla, por lo que bautizó lo descubierto con el nombre de la Española.
La naturaleza
6. El 13 de diciembre hizo el Almirante bajar a tierra unos
nueve hombres para que, acompañados de algunos indios y
guiados por estos, se internaran un poco y vieran si había algo
de provecho en aquellos lugares. Estos, que quizá fueron los
primeros europeos que pisaron nuestra isla, al regresar se manifestaron encantados de todo lo que habían visto. Según refiere
el mismo Colón, estos exploradores informaron que la gente
era de más hermosura y condición que las hasta allí vistas; que
la hermosura de las tierras no tenían comparación con las de
Castilla. Dijéronle también que todos los árboles estaban verdes
y llenos de frutas, las yerbas todas florecidas y muy altas; que los
caminos eran anchos y buenos; que los aires eran como los de
abril en Castilla y cantaban en las florestas el ruiseñor y otros
pajaritos como en España en el mismo mes; que por las noches
algunas avecitas cantaban suavemente y se oía el croar de las
ranas y el chirrido del grillo.
26 Carlos Larrazábal Blanco
Pérdida de la Santa María. Fundación de la Navidad
7. El 25 de diciembre, día de Navidad, por un descuido,
se perdió la carabela capitana, la Santa María. Vino a suceder
que el Almirante, como había pasado algunas noches en vela,
se sintió en disposición de descanso y yéndose a dormir dejó la
atención del gobernalle a un marinero, pero este, estando la mar
tranquila y bonancible el tiempo puso el gobierno de la nave en
manos de un muchacho grumete, que inexperto, no se percató
que insensiblemente la corriente iba lanzando la embarcación a
un banco de arena, donde finalmente encalló.
Con el maderamen de la nao zozobrada el Almirante resolvió construir una fortaleza y una torre rodeadas de un profundo foso, no porque creyese que la hostilidad de los indios
la necesitasen, pues hasta aquel momento se habían mostrado
cobardes o amistosos, sino como símbolo de posesión por los
Reyes Católicos de todas las tierras descubiertas y como significación de propósitos de colonización y conquistas futuras.
Se nombró a Diego de Arana jefe de la fortaleza que quedó
allí con unos cuarenta hombres, entre ellos un platero, un
cirujano, un bachiller y unos cuantos pícaros y maleantes que
se hicieron descubridores de América por huir de las cárceles
españolas.
Encuentro con Martín Alonso Pinzón
8. El 2 de enero de 1493 dejó Colón la Navidad no sin antes
recomendar a los que había dejado por principales que todo
fuera regido y gobernado tanto como conviniera al servicio de
Dios y de sus altezas los reyes Fernando e Isabel. El día 4 descubrió el Morro de Monte Cristi al que puso ese nombre, las
isletas de los Siete Hermanos y la bahía de Manzanillo. El día 6
se encontró con Martín Alonso Pinzón.
Este, bien por causas ajenas a su voluntad, bien de mala fe,
se había separado del Almirante, en su carabela la Pinta, cerca
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
27
de las costas de Cuba, de manera que Pinzón y sus compañeros
no vinieron a ser descubridores de la isla. Al ocurrir el encuentro Martín Alonso presentó a Colón excusas para justificar su
proceder y este las aceptó, aunque a regañadientes, pues nunca
creyó el Almirante en la veracidad de ellas.
Este acontecimiento ha dado por origen a que se sospeche
de que el primero en descubrir la isla fuese Cristóbal Colón atribuyéndosele esta primicia a su compañero Pinzón, pero es difícil
decidirse por esta última tesis, pues las pruebas que pueden presentarse no son claras ni desligadas de interés particular y solo
podemos adjudicar a Pinzón la primacía en el descubrimiento
local de las islitas Sietes Hermanos, pues de seguro tenemos que
llegó a ellas antes que el Almirante.
Itinerario
9. Hasta llegar a la bahía de Samaná, Colón siguió este itinerario, e hizo los siguientes descubrimientos, a partir del día 4:
a) b) c) d) e) f) g) h) i) j) k) Punta Rucia, a la que llamó Cabo Becerro;
cabo Isabela, que llamó Punta Roja;
puerto de Gracia, que llamó Río de Gracia;
cabo Belprado y cabo de Ángel (denominaciones de Colón);
monte Isabel de Torres, que llamó Monte de Plata
(11 de enero);
punta Sosúa, que puso por nombre punta Seca;
punta Macorís, que nombró Punta de Hierro;
cabo La Roca, que nombró Cabo Redondo;
Cabo Francés Viejo;
bahía Escocesa y península de Samaná;
bahía de Samaná, que descubre y entra en ella el día 12.
28 Carlos Larrazábal Blanco
Escaramuza de Samaná
10. En Samaná ocurrió la primera acción guerrera entre españoles e indios. Siete españoles bajaron a tierra y unos cincuenta
indios arremetieron contra ellos armados de flechas, macanas y
largas cuerdas. Apercibidos los descubridores dieron contra la
indiada acuchillando a uno por la región glútea y asaeteando a
otro por el pecho. Los ciguayos, que así se llamaban estos indios de
Samaná, al ver el sesgo que tomaron los sucesos echaron a correr
despavoridos. A este incidente han dado luego en llamar con el
pomposo nombre de Batalla de las Flechas, pero ya se comprende
el desacierto y lo ridículo de tal calificación. Esto ocurrió el 13 de
enero, y el 16 dejó el Almirante la bahía e hizo rumbo a España.
Los errores de Colón
11. Descubierta la América, o mejor dicho, las tierras nuevas que más tarde se dio en llamar así, Colón creyó cumplida una
parte de su misión. Creyó haber llegado al Asia, no precisamente
a la India y las islas de la Especiería, pero sí a los poderosos, pero
más bien fabulosos, imperios de Cipango y de Catay (Japón y
China), y murió en esta creencia. Cometió este grande hombre
dos errores: 1ro. creer que el camino más corto a las Indias se
podía encontrar por donde él se propuso; 2do. creer que las
tierras descubiertas eran parte de Asia. El descubrimiento de
América, pues, se debe a equivocaciones del Primer Almirante,
pero también a su genio intrépido, emprendedor y soñador.
A estos errores fue inducido porque no conocía a cabalidad
la circunferencia de la Tierra, a pesar de haber sido calculada
con sorprendente aproximación por algunos sabios de la antigua Grecia. Creía en la curvatura del globo terráqueo, pero
imaginaba su circunferencia más pequeña, y hasta ignoraba o
dudaba de su forma esferoidal, pues en ocasión del descubrimiento de la América del Sur, asentó la hipótesis de que nuestro
planeta tuviera la forma de una pera.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
29
Capítulo II
Conquista y colonización
Primero
1. En septiembre de 1493 salió Colón en su segundo viaje al
Nuevo Mundo. En esta ocasión descubrió algunas de las Antillas
de Barlovento: Dominica, Marigalante, Guadalupe, Monserrat,
Antigua, San Martín, Islas Vírgenes. También descubrió a Puerto
Rico al que nombró isla de San Juan Bautista.
Destrucción de la Navidad
2. Llegó el Almirante a la Navidad el 27 de noviembre, pero
la fortaleza no existía ya. No se sabe a ciencia cierta lo que allí
pasó porque no quedó un solo español vivo para que lo refiriese.
Fueron los indios mismos que informaron que Caonabo, señor
de la Maguana, y el nitaíno Mairení los habían muerto y habían
incendiado la fortaleza, pues los españoles les tomaron sus mujeres y que algunos tenían hasta tres y cuatro, por donde se vino
a caer en la cuenta de «que el mal que les vino fue por celos»
como dijo el doctor Chanca, médico de la expedición. Con la
muerte del desdichado Diego de Arana y sus cuarenta hombres
se derramó la primera sangre de cristianos en América, como se
había derramado anteriormente la primera sangre de indios en
Samaná.
La mayor parte de esta gente, como ya se ha dado a entender, no era de buenas costumbres, más bien, en su mayor
parte, eran maleantes, pícaros, vagos o espadachines y rufianes
que vinieron a descubrir con el Almirante prevalidos por una
provisión real que mandaba a suspender los negocios y causas
criminales pendientes contra los individuos que se alistaran en
la expedición descubridora, suspensión que alcanzaba hasta dos
meses después de haber regresado a sus hogares, por lo que
30 Carlos Larrazábal Blanco
muchos quedarían muy gustosos en la Navidad. Como es fácil
comprender esto se hizo por lo difícil que fue allegar gente para
una empresa que unos juzgaban dudosa, otros muy peligrosa y
los más completamente loca.
Así, pues, es fácil suponer que estas personas no llevaran
vida honorable, cometieran desmanes con los indios, se internaran tierra adentro en busca de oro y alimentos, se robaran las
mujeres, y contra lo que Colón les recomendó nada hicieran en
servicio de Dios y de sus altezas.
Fundación de La Isabela
3. El Almirante abandonó aquel nefasto lugar de la Navidad
y navegó hacia el Este. Como el tiempo no le fue propicio, hizo
tierra donde mejor pudo, que fue en un lugar donde había un
buen puerto y buena pesquería y cerca del cual corría un río importante, el Bajabonico. Aquí se comenzó a edificar la primera
ciudad del Nuevo Mundo: La Isabela. La mitad de ella quedaba
cercada de agua con una barranca de peña tajada que la hacía
por allí inexpugnable; la otra mitad la rodeaba un espeso bosque.
La ciudad debió haberse comenzado a edificar quizá por fines
de diciembre de 1493. Sus tierras eran fértiles, pero malsanas, y
andando el tiempo muchos de sus moradores caían enfermos y
morían, lo que fue parte para sembrar el descontento, la falta
de fe, y la maledicencia que dieron mal resultado a la colonia
recién fundada. Probablemente fueron el paludismo y el tifo lo
que diezmaron la población.
Reconocimiento del Cibao
4. Con la fundación de La Isabela comenzó en firme la conquista y colonización de la isla y se iniciaron, con Colón mismo,
los nuevos descubrimientos y reconocimientos de otras tierras
de América. Las dos primeras expediciones que partieron de La
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
31
Isabela para el reconocimiento del interior del país fueron la
de Ginés de Gorvalán y la de Alonso de Ojeda, cada uno con 25
hombres, que después de algunos días de ausencia regresaron
satisfechos de la riqueza y feracidad de las tierras. Ambos rescataron un poco de oro. Pueden considerarse Gorvalán y Ojeda
los primeros españoles que pisaron tierras del Cibao y por tanto
sus descubridores.
El segundo en reconocer el Cibao fue el propio Almirante.
Al ver el valle quedó maravillado y lo bautizó con el nombre de
Vega Real. Entusiasmado comparó estas tierras con el paraíso
terrenal. A orillas del Jánico fundó la fortaleza de Santo Tomás
que antes de salir a su viaje de reconocimiento de la isla de Cuba,
descubrimiento de Jamaica y rodeo de la Isla Española, dejó al
mando de Mosén Pedro Margarite, jefe de las fuerzas de tierra.
Malestar de la Colonia
5. Las cosas en La Isabela desde un principio no anduvieron
bien. Las enfermedades por una parte y la escasez de alimento
por otra infundieron desaliento general y aún en los más significados como el padre Bernardo Boil, el primer sacerdote que
vino a América y que dijo en La Isabela la primera misa en el
Nuevo Mundo, y M. Pedro Margarite, que no pudiendo soportar
más embarcáronse violentamente para España. La colonia al año
de haberse fundado no producía nada para su sustento y todo
tenía que venir de España. Cuando las provisiones se acababan y
no habían venido nuevas embarcaciones se sentían necesidades
y hasta se pasaba hambre. Los productos del país, yuca, casabe,
batata, ajes, maíz, no daban abasto. En cierta ocasión se embarcaron en España con destino a La Isabela estos efectos para el
diario sustento: 180 cahices de trigo y 50 de cebada, 60 toneladas
de vino, 10 de vinagre y 6 de aceite; 650 tocinos, 50 quintales
de higos, 30,000 maravedises en pescado salado, 30 cahices de
habas y garbanzos, 360 quintales de galletas, 40,000 maravedises
de arroz, almendras y azúcar.
32 Carlos Larrazábal Blanco
Como la Metrópoli atendía a todo, en esa misma ocasión
fueron enviados para fines pecuarios: 6 yeguas, 4 asnos y 2 asnas,
4 becerros y 2 becerras, 100 cabezas de ganado menor (ovejas
y cabras), 200 gallinas, 100 puercos: 80 hembras y 20 machos;
algunos carneros y vacas. Además llegaron también en la misma
oportunidad diez o doce labradores, un experto en hacer ballestas, otro en hacer molinos, mineros, un médico, un cirujano, un
boticario, dos toneleros, un herrador, hortelanos, pescadores.
Dominio del Cibao. Tributo
6. Con objeto de dominar el Cibao, Colón había hecho fundar algunas fortalezas, no solamente la citada de Santo Tomás.
Los indios comprendieron que no estaban seguros y comenzaron a molestar. El Almirante en persona fue a esa región y empeñó una seria batalla con las mesnadas indias a dos jornadas de La
Isabela, la llamada batalla de La Vega Real, en la que quedaron
completamente derrotados los indios. Probablemente no fue
un solo pleito lo que libraron los españoles con los indios antes
y después de esta jornada, sino varios que culminaron con la
prisión de Caonabo y en que figuraron la acción del Santo Cerro
y el milagro de la Cruz que ya dilucidaremos en otro lugar. La
caída de Caonabo fue determinante de la paz en toda La Vega
Real en beneficio de los españoles, y pudo Colón efectuar la organización del tributo, que fue la siguiente: los indios cercanos
a las minas del Cibao debían entregar un cascabel de oro; los de
La Vega, que eran agricultores, los comprometieron a hacer una
labranza de yuca, ñame y maíz, desde La Isabela hasta el extremo
sur de la isla; los demás indios debían entregar veinticinco libras
de algodón. Todas las entregas debían ser por cabeza y las harían
efectivas todos los individuos mayores de catorce años, cada tres
meses. Fue la imposición del tributo el primer acto político de
poderío con que se manifestó España en América.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
33
Bartolomé Colón. Oro. Santo Domingo
7. Debido a las intrigas que en la Corte urdieron Pedro
Margarite y el padre Boil y la consiguiente llegado de Juan de
Aguado a La Isabela en condiciones de comisionado especial
para investigar sobre la conducta de Colón, este partió para
España y dejó a su hermano Bartolomé en el gobierno de la isla,
que siguió la labor de consolidación de dominio español: cobró
los tributos, sojuzgó insurrecciones, fundó fortalezas y pueblos.
El oro había sido buscado con ansias por el Primer Almirante
pero no había podido conseguirse sino alguno que se lavaba en
las arenas de los ríos y otro de baja ley que suministraban los
indios llamado «guanín», pero por ventura fueron descubiertas
las minas de Haina. Tras esto fundose el fuerte de San Cristóbal y
más tarde la ciudad de Santo Domingo de Guzmán en la margen
oriental del río Ozama. El descubrimiento de estas minas trajo
por consecuencia que el núcleo principal de la colonia fuera
desarrollándose en el Sur y no en el Norte, y que por tanto La
Isabela vieja fuera languideciendo y la Nueva Isabela fuera prosperando; así como también que una explotación agrícola del
valle feracísimo de La Vega Real fuera suplantado por el laboreo
de las minas que al fin y a la postre acabaron por agotarse.
Roldán
8. En 1498 Colón estaba ya de regreso en la Española. Era
su tercer viaje y había descubierto Costa Firme y la isla Trinidad.
Entró y asentó en la región fundada Santo Domingo. La colonización no había progresado. La rebelión de Roldán era una verdadera rémora. Los roldanistas se andaban por montes y despoblados haciendo daños a indios y a españoles pacíficos. Los quitaban
de sus labores, interrumpíanse las cosechas, pobres de suyo, o se
las apropiaban, y trataban siempre de allegar a su partida cuanto
ocioso o haragán hubiese en la colonia. Colón no pudo dominar
la situación ni por las buenas razones ni usando de rigor.
34 Carlos Larrazábal Blanco
Bobadilla
9. A esta calamidad vino a juntarse otra y fue la llegada
de Francisco de Bobadilla en calidad de juez pesquisidor y de
gobernador mandado por los Reyes para tratar de remediar la
colonia. Pero el nuevo mandatario más bien empeoró la situación por la parcialidad que mostró con los revolvedores de la
colonia y su enemistad contra los Colón. El Almirante y sus hermanos fueron encarcelados y enviados presos a España. Roldán
y los suyos estuvieron libres de todo cuidado judicial y vivieron
muy regalados y honrados en sus casas. Rebajó a todos el tanto
por ciento que tenían que entregar sobre las cantidades de oro
que recogiesen; consentía todo abuso hecho en perjuicio de los
indios y los entregaba para que trabajasen. Dice el padre Las
Casas que Bobadilla decía a los colonos: «aprovechaos cuanto
pudiereis, porque no sabéis cuánto este tiempo os durará».
Personalidad de Colón
10. Al irse el Almirante preso a España desaparece del escenario de la historia dominicana. Es verdad que gobernando
Ovando llega a nuestras costas, pide guarida por una tormenta
que se acercaba y se le niega puerto en Santo Domingo, pero en
esta ocasión no es factor de trascendencia en el desarrollo de
acontecimientos. Hablemos pues de su personalidad.
Colón nació en Génova. En estos últimos años se ha dado
en atribuirle nacionalidad española, pero mientras tanto haya
un criterio definido a este respecto es bueno respetar las mismas
palabras de Colón que en un codicilo refiriéndose a la ciudad de
Génova dice: «pues de ella salí y en ella nací».
El Almirante era alto de estatura, de cara larga y ceño
autoritario. La nariz era aguileña, azules los ojos, la tez blanca
tirando a colorada y salpicada de pecas. De joven su barba y sus
cabellos eran rubios, pero tornándose blancos con los años. Era
de conversación animada y con gracia, y cuando de negocios
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
35
se trataba, elocuente. Con los extraños era afable, con los suyos
suave y complaciente. Su persona denotaba autoridad y dignidad e inspiraba respeto y reverencia. Era sobrio en el comer y
beber así como en el vestir.
Su fe en la religión católica era muy grande. Siempre que
comenzaba a hacer una cosa invocaba el nombre de la Santísima
Trinidad. Ayunaba los días de precepto, confesaba y comulgaba
a menudo así como rezaba todas las horas canónicas. No blasfemaba ni juraba en vano. Para dar fuerza a alguna aseveración o
infundir credulidad exclamaba: «¡juro por San Fernando!» Era
muy devoto de la Virgen María y de San Francisco.
Por otra parte tenía muy desarrollado el espíritu mercantil.
El descubrimiento lo efectuó a base de negocio, y las exigencias
que hizo fueron muchas y de peso; había de ser virrey de todas las
tierras que descubriera, tener una gran parte en las gananciales
de todo lo que ellas produjeran, y a su muerte todo debía pasar a
sus herederos. Los Reyes en principio aceptaron, pero más tarde
por razón de Estado fuerza fue llevar estas preeminencias a un
plano diferente mermándolas.
Colón era un ambicioso de gloria y de riquezas. Amaba
el oro y siempre se desvivió por encontrarlo a manos llenas.
Es verdad que tenía pensado con parte de él rescatar el Santo
Sepulcro que estaba en manos de infieles, es decir, de los turcos.
Una cualidad que probablemente no lo hacía simpático era su
falta de franqueza, su habitual temperamento reservado, esto
todo acompañado de una espontánea y natural desconfianza
para tratar a los hombres.
Su inteligencia era muy viva, muy perspicaz. Fue un gran
apasionado. Apasionado de su religión hasta el misticismo; apasionado de la gloria hasta lo heroico; apasionado de las riquezas
hasta el mercantilismo más vulgar; apasionado de la belleza de
la naturaleza de las tierras que descubría hasta hacerse artista.
Su imaginación era la de un verdadero poeta. En sus cartas y
relaciones cuando habla de los indios y sus costumbres, o pinta,
los paisajes recién descubiertos parece que escribe, no un jefe de
armada en expedición, ni un marino; ni el hombre de ciencia
36 Carlos Larrazábal Blanco
que tiene interés en informar oficialmente, sino un poeta inspirado en las bellezas de estas tierras.
Murió Colón en Valladolid en el año de 1506
Capítulo III
Conquista y colonización
Segundo
Medidas de población
1. El desarrollo de la colonización, como se ha visto, ha sido
difícil en La Isabela. La villa no se bastaba a sí misma. No solo
de la Metrópoli había de enviarse el diario sustento sino que
este había de administrarse con tino de manera que cada colono
tuviera su tasa o ración fija. Les fue necesario a los Reyes, para
acallar a los disgustados, dictar en 1495 una cédula que permitía
a Colón dejar regresar a España a todos los que quisieran y que
excedieran de los quinientos que se juzgaba necesarios para la
conquista y civilización de estas tierras.
En este estado las cosas nadie pensaría en la Península pasar
a la Española, pues fue necesario a los monarcas tomar medidas
para la población de la isla. Como preparativos para el tercer
viaje del Primer Almirante se faculta a este para tomar a sueldo
trescientas personas. En fecha posterior se dirige una carta patente a todos los ministros de justicia para que los delincuentes
que hubieren de desterrar lo hicieran para la Isla Española. Casi
al tiempo de esta ordenanza una pragmática real indulta a todos
los súbditos y naturales del Reino con tal fueran a servir en persona a sus expensas y en todo lo que el Almirante les mandare.
Delincuencia y población
2. Estas disposiciones han traído descrédito sobre nuestros
orígenes históricos y se las han visto como influyendo en nuestro
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
37
desenvolvimiento sociológico, pero es bueno reaccionar contra
esas tendencias y tratar de llevar las cosas a su justo valor. No
sabemos a ciencia cierta hasta dónde se cumplieron la cédula y
la pragmática citadas, por una parte, y por otra, es bueno saber
que no todo delito era indultable. No estaban inducidos en la
pragmática los crímenes de herejía, los de lesa majestad, traición, muerte segura producida con fuego o con saeta, el crimen
de falsa moneda y otros. Claro está, pues, que si vinieron a nuestra isla delincuentes amparados en las disposiciones reales pudo
haber sido por los delitos llamados de simple policía, y sobre
todo los que cometían el delito de ser malos pagadores, pues
por aquellos tiempos los que en lengua vernácula llamamos
«malapagas», iban a la cárcel. Un caso concreto de criminal, que
como tal vino a la Española, conocemos, y es el de Sebastián
de Ocampo, el que reconoció a la isla Cuba como tal, que por
haber dado muerte a un sujeto fue condenado a la pena capital,
pero le fue conmutada por la de destierro perpetuo en esta isla.
Pero Ocampo era persona de cierta distinción, y para hacer esto
los Reyes dictaron una provisión especial fechada en Granada
en 1501.
Labor de Luis de Arriaga
3. Mejor medida que la de traer delincuentes fue la concesión de permiso acordádale a Luis de Arriaga para que trajese
doscientas familias, de las cuales no se pudieron juntar sino
cuarenta que, mezclándose con la población que existía, no
hicieron nada de lo pactado, y como la generalidad, buscaron
riquezas en el oro del Haina y de La Vega, y no en la agricultura.
Se concedió a Luis de Arriaga, hidalgo sevillano que ya había estado con el Almirante en la isla, la facultad de fundar cuatro villas para fines de explotación agrícola conservando el rey
la jurisdicción civil y criminal. Por cinco años estarían exentos
los nuevos pobladores de la imposición de todo nuevo tributo o
derecho, excepto de los diezmos y primicias que ya pertenecían
38 Carlos Larrazábal Blanco
al rey. Con todo el brasil que consiguiesen y la mitad del oro
encontrado debían acudir al soberano así como con la tercera
parte de las cosas cultivadas por los indios, de quienes, además,
se les prohibía rescatar oro. Fue merced especial el que en las
villas que fundaran no debían vivir ni morar personas que de
Castilla se desterrasen a la isla. Los nuevos colonos, además, debían en todo someterse al gobernador y obedecerle y, en caso
de alzamiento de indios o rebeldía de españoles debían hacer la
guerra a sus expensas propias. En fin, los colonos podían a los
cinco años regresar a España, pero pasando al rey todo lo que
por razón de vecindad habían conseguido. Esto tiene importancia en la historia pues fue de los primeros tanteos que se hicieron
para el implantamiento del régimen rural español en América.
Los términos del contrato de Arriaga fueron extendidos a todas
las personas que quisieran parar a la isla.
Repartimientos de tierra
4. Los Reyes autorizaron al Almirante, en fecha 2 de julio de
1497 (preparativos del tercer viaje), para que repartiera tierras
entre aquellos que pudieran sembrar trigo y otras semillas, plantar huertas, algodón, lino, viñas, árboles, cañaverales y edificaran
casas, molinos e ingenios, con la sola condición de que permanecieran en la isla por lo menos cuatro años a partir de la donación.
Todo lo que produjeran las tierras eran del usufructo completo
de sus poseedores excepto el brasil y los metales. Quería pues,
la Metrópoli, y fue a lo primero que atendió, el desarrollo de la
agricultura, el implantamiento de un régimen rural. Esta providencia dio resultados buenos, aunque, en la práctica hubo injusticia social por cuanto, por lo general, los más favorecidos fueron
las personas influyentes de la colonia y no las personas pobres y
los verdaderos agricultores, además de que la distribución luego
se hacía, no en pequeños lotes, sino en grandes porciones de terreno que denominaron «amparos reales» y fueron la fuente, andando el tiempo, de la propiedad territorial dominicana actual.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
39
Llegada de Ovando
5. El 15 de abril de 1502 llegó al puerto de Santo Domingo
como gobernador, en reemplazo de Bobadilla, el comendador
Nicolás de Ovando. La flota en que vino la componían una
treintena de navíos, y pasajeros; en ella arribaron unas dos mil
quinientas personas siendo las más nobles, caballeros y gente
principal. La llegada de Ovando es de mucha importancia,
históricamente, para Santo Domingo. La influencia de las dos
mil quinientas personas fue trascendental. Ese fue el núcleo
alrededor del cual se desarrolló en firme la colonia en todos
sus aspectos, no alrededor de aquellos trescientos del tiempo de
Bobadilla, que al quitarle Ovando, como se las quitó, las preeminencias que aquel gobernador les había acordado quedaron
en desamparo y llevaron desde entonces vida de hambreados y
desharrapados.
Con Ovando la vida cultural nace, así como también se da
impulso a la agricultura. La colonia despierta y hasta demuestra
cierto sentido político-social. La verdadera génesis de nuestro
pueblo hay que buscarla en esa época, en ese gobierno y dentro
de ese núcleo de hombres que con el Gobernador vinieron, y
que fueron los primeros forjadores de nuestra nacionalidad.
Primera campaña contra los higüeyanos
6. Ovando no solo impulsó la colonización, sino también
la conquista. Acabó con el poco de libertad de que gozaban
los indios, pero consolidó en esta isla el dominio y la soberanía
españoles.
En este sentido dos hechos de singular importancia llevó a
cabo: la conquista de Higüey y la conquista de Jaragua.
El gobernador, con muy buen sentido, había pensado fundar y poblar una villa en el Norte de la isla, al pie del Monte
de Plata donde un vecino de Santiago tenía ya establecida una
granja con muy buena crianza de puercos y gallinas. Pensaba
40 Carlos Larrazábal Blanco
que un puerto en aquella región cercano a las poblaciones ya
fundadas de Santiago y la Concepción, y cercano a las minas de
oro del Cibao, redundaría en provecho de la colonia, máxime
cuando además presentaría menos dificultades para la arribada
de embarcaciones que provinieran de España que el de Santo
Domingo. Así fue que, pasado el ciclón de 1502, envió con estos
fines de fundación a un grupo de hombres que por su mala ventura arribaron a la Saona, pues al poner pie en tierra ocho de
ellos, los indios, apercibidos, los asaltaron y mataron.
Este crimen fue una venganza. La isla Saona proveía de
yuca y casabe a Santo Domingo, y a menudo iban embarcaciones a cargar. En cierta oportunidad un español, por chanza,
azuzó contra un indio al perro que tenía asido por la cadena,
pero como el animal era robusto y ágil el amo no pudo tenerlo, cayó sobre el indio y lo destripó. Se cuenta que el infeliz
corría dejando tras sí los intestinos que el perro agarraba por
su boca.
Sabida por el Comendador la muerte de sus hombres juntó las milicias de las únicas poblaciones que existían: Santiago,
La Vega, Bonao y Santo Domingo, y allegando hasta unos 300
o 400 infantes, nombroles por capitán al caballero sevillano
Juan de Esquivel y los envió a la región de Higüey en actitud
guerrera.
Como es natural, los indios se vieron acosados y les fue forzoso hacer paces. Convinieron en cultivar una labranza grande
de yuca a cambio de que los españoles no los obligasen a ir a
servir a la ciudad de Santo Domingo. Como prueba de paz y
símbolo de estrecha amistad, Cotubanamá, que era el cacique
de esa región, cambió su nombre por el de Juan Esquivel y así
se hacía llamar por sus vasallos, y el capitán Esquivel había de
llamarse Cotubanamá, y desde entonces los higüeyanos lo llamaron de esa manera. Se hizo construir una fortaleza de maderas
en pueblo de indios algo cercano al mar, pero tierra adentro, y
quedándose por capitán de ella Martín de Villamán con nueve
hombres, volviose Esquivel para Santo Domingo.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
41
Conquista de Jaragua
7. La conquista de Jaragua fue emprendida por Ovando en
persona con la eficaz ayuda de sus capitanes Diego de Velázquez,
futuro conquistador de Cuba, y Rodrigo Mejía Trillo.
Como a mediados de 1503, consumada la primera campaña de Higüey y comenzado el nuevo asiento de la ciudad de
Santo Domingo, Ovando, con 300 hombres de a pie y 70 de a
caballo, partió para el cacicato aludido entonces gobernado por
Anacaona, mujer singular, instigadora principal de los indios
contra los españoles. La personalidad y renombre de esta reina,
la estada en aquellas tierras de unos cuantos colonos del tiempo
de Roldán y de su banda con quienes los indios no tenían por qué
estar bien avenidos, quizá fueron parte para que el Comendador
tomara la resolución de la partida.
De una manera ostensible los españoles fueron bien recibidos, pero probablemente Anacaona tenía otros designios. En
cierta ocasión allegó gran número de indios con el pretexto de
celebrar grandes fiestas en honor de sus huéspedes, y en aumento, quizá, las sospechas o recelos de Ovando, un día, domingo en
la tarde, el fijado para el regocijo, hizo de improviso arremeter
contra los jaragüeños y se consumó una cruel matanza. Fueron
vilmente asesinados unos ochenta nitaínos y la propia Anacaona
fue ahorcada en sus mismos dominios. Esto aconteció siete u
ocho meses después de Ovando estar en Jaragua. Ese acontecimiento, cualquiera que haya sido la causa que lo engendrara,
ha sido, con razón, muy vilipendiado por los historiadores y hay
que considerarlo como una mancha en la historia política del
Comendador.
Algunos indios huyeron de su patria y otros se quedaron alzados en franca rebelión. Entre los primeros, Hatuey, que pasó a
la isla de Cuba y ahí murió, más tarde, por la libertad de su raza.
Entre los otros, un sobrino de Anacaona llamado Guarocuya
y el señor de Haniguayagua, provincia la más occidental de la
isla, por la región del cabo Tiburón. Guarocuya, según Juan de
Castellanos, «hacía mil asaltos con gentes y poder nada sencillo»,
42 Carlos Larrazábal Blanco
mientras Las Casas lo hace un simple y cobarde fugitivo en las
lomas de Baoruco.
Ovando entonces encomendó la persecución y completa
pacificación a los citados Diego de Velázquez y Mejía Trillo.
El primero fue designado para la provincia de Haniguayagua,
el segundo para la de Guahaba. Guarocuya y el señor de
Haniguayagua perecieron ahorcados y muertos en distintas formas gran número de indios.
Fundación de villas
8. Como consecuencia de estos hechos, para asegurar la
conquista efectuada y comenzar la explotación agrícola de
aquellas tierras Ovando hizo fundar algunas poblaciones. Una
la Vera Paz, en la propia capital indiana del cacicazgo, la principal simbólicamente, como su nombre y su sitio lo indican. Las
demás fueron: Salvatierra de la Sabana fundada por Velázquez
en los dominios por él sojuzgados y donde está asentada hoy
día la población de Los Cayos; Villa Nueva de Yáquimo también
poblada por Velázquez, donde está hoy Jacmel; San Juan de la
Maguana, asiento de Caonabo; Azua de Compostela poblada
por el comendador Gallego que ya de viejo tenía asiento en esa
región. De estas cinco villas fue nombrado teniente el propio
Velázquez, y Rodrigo Mejía lo fue de dos por él fundadas en el
Norte: Puertorreal y Lares de Guahaba.
Segunda campaña higüeyana
9. Mientras los acontecimientos de Jaragua se desarrollaron
las cosas de Higüey no anduvieron bien. Villamán y los suyos faltaron a los indios. Contra lo pactado los hicieron traer alimentos
a Santo Domingo y los pusieron a trabajar en esta ciudad, además de que la conducta con las indias los hicieron caer en celos.
Por todo, pues, resolvieron los higüeyanos salir de semejante
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
43
tiranía, atacaron el fuerte, lo incendiaron y dieron muerte a los
españoles. Solo uno pudo salvarse que regresó a Santo Domingo
y refirió al gobernador lo sucedido.
Entonces se reunieron de nuevo las milicias, se nombró
al mismo Esquivel por su capitán y partieron para Oriente a
vengar las ofensas inferidas por los indios, que parece, y como
pasa siempre con los débiles, no tenían derecho, sino a soportarlo todo. En esta ocasión figura como capitán de las milicias
de Santo Domingo el futuro conquistador de Puerto Rico y
descubridor de la Florida, Juan Ponce de León. Las tropas se
juntaron en la provincia de Icayagua donde los indios estaban
mejor avenidos con los españoles, y hasta fueron sus aliados en
esta campaña contra los higüeyanos, más altivos y amantes de
su libertad que los icayagüenses. La guerra, siempre desigual,
a veces una verdadera cacería de hombres, no favoreció sino a
los españoles.
Cotubanamá huyó a la Saona y allí fue perseguido por
Esquivel en persona, cayó prisionero, y traído a Santo Domingo
se le ahorcó en una plaza pública.
Repartimiento de tierras
10. Sabedora la reina Isabel de que a pesar de sus deseos de
libertad para los indios estos andaban huyendo, apartados del
trato de los cristianos y negados a trabajar, ni aun pagándoseles, dio provisión al gobernador Ovando para que compeliera y
apremiara los naturales a que tratasen a los cristianos y hablasen
con ellos, a que trabajasen en sus edificios, labranzas y laboreo
de oro, pagándoseles por ello el jornal justo. Debía también el
gobernador ordenar que cada cacique tuviera a su cargo un
número de indios para que los enviara a sus labores y además
para que los días de fiesta los enviara para adoctrinárseles en
las cosas de la fe cristiana. Los indios, por otra parte, debían
ser bien tratados, no debiendo consentirse se les hiciese daño
alguno so pena de una multa de diez mil maravedises.
44 Carlos Larrazábal Blanco
Esta provisión real no fue sino la organización oficial de
un «repartimiento», sistema que ya existía. Los indios no gozaban de ninguna libertad. Tanto los primitivos pobladores como
Bobadilla los ponían a trabajar, lo que hacía se huyeran del
trato de los que así los tiranizaban. No estaban acostumbrados
al trabajo, mucho menos al que luego se les sometía, demasiado fuerte para sus habituales esfuerzos físicos y su inveterada
holgazanería, trabajo que, por otra parte, era necesarísimo a
los españoles pues no había mano de obra suficiente para el
laboreo de la tierra, granjeo de minas, construcción de caminos
y edificios.
Las intenciones de los gobernantes españoles muchas veces
fueron buenas y de elevados conceptos culturales, religiosos y
de humanidad, pero los colonos, y aun los gobernadores, se encargaban de no interpretarlas sino al acomodo de sus intereses.
La Reina quiso incorporar los indios salvajes a la civilización de
la época por medio de la enseñanza de las primeras letras, del
trabajo honesto y justamente remunerado, y de la religión, pero
la aplicación de esta voluntad real no dio los resultados que
debieron. Los indios, hombres, mujeres, niños, debían trabajar,
recibir malos tratos, mala comida, rendir buena labor, y todo sin
recibir salario alguno.
La obra y la personalidad de Ovando
11.La isla, bajo el gobierno de Ovando, quedó completamente sojuzgada y su colonización tomó un rumbo firme. En
nueve años de gobierno cumple a cabalidad su misión de conquistador y su personalidad queda abrillantada con excelentes
dotes de colonizador. Tuvo la feliz visión del fomento del Norte
de la isla con la fundación de Puerto de Plata, que, quizá, dada
la riqueza de aquellas regiones y de las aledañas del valle del
Cibao hubiera conducido a una explotación agrícola como lo
fundamental del desarrollo de la colonia contra el laboreo de las
minas del Sur que más bien retrasó el progreso.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
45
Al dejar el gobierno el adelanto del país se traducía por
la existencia de varios núcleos de población, a saber: Santo
Domingo, Buenaventura, Arbolgordo, Bonao, La Concepción,
Santiago, Puerto de Plata, Puertorreal, Lares de Guahaba, San
Juan de la Maguana, Verapaz, Yáquimo, Salvatierra de la Sabana,
Salvaleón de Higüey y Santa Cruz de Icayagua. Estas dos últimas fueron fundadas después de la segunda campaña contra
Cotubanamá. Arbolgordo y Buenaventura surgieron por el laboreo de las minas de oro.
El traslado de Santo Domingo al lugar donde hoy está asentado lo motivó no tanto el ciclón de 1502, ni plaga alguna de
hormigas, sino el ser el Ozama un impedimento para el despacho de los asuntos con las poblaciones de antiguo fundadas pues
sus caminos reales todos daban a la margen occidental. Con esto
se formalizó la construcción de la más vieja ciudad del Nuevo
Mundo. La ciudad fue dividida en solares y repartidos sin distinción, entre ricos y pobres, medida de verdadera justicia social
que después fue desacreditada y abolida con el pretexto de que
era obstáculo al progreso de las construcciones una vez que los
pobres no podían edificar.
Nicolás de Ovando, primero comendador de Lares de la
orden de Alcántara y más tarde comendador mayor de la misma,
era físicamente de baja estatura y de barba rubia. A pesar de ser
muy joven, pues no tenía treinta años cuando vino al gobierno,
era hombre prudente, de mucha autoridad, honesto de obras y
de palabras. Siempre enemigo de la codicia y de la avaricia, y mejor era humilde. Cuando se le sustituyó tuvo que pedir dineros
prestados para embarcarse. En el arreglo de su casa, en el comer,
en el vestir siempre se mantuvo en comedimiento, y tanto en
su conversación familiar y en público se condujo con respeto y
gravedad.
Sin embargo, algunas pasiones solían anidar en su pecho.
En cierta ocasión se enemistó con Francisco de Garay, o porque la
casa que este construyera (la Casa del Cordón) era más suntuosa
que las que él había construido en la calle de la Fortaleza, junto
al río, o porque le precedió en la empresa de construcciones.
46 Carlos Larrazábal Blanco
El tesorero Santaclara no rindió buenas cuentas, y a todas luces
se veía que no podía rendirlas dada la vida holgada, fastuosa
y de fiestas en que se había enfrascado a vista de todos, tanto
así que, en una comida que celebró, en vez de sal molida los
saleros contenían oro en polvo de las minas de la colonia. Como
era de esperarse, el tesorero tuvo que dejar el cargo y pagar lo
adeudado, para lo cual se pusieron en pública almoneda todos
sus bienes. Ovando en persona asistía a las subastas y ofreciendo
a las concurrentes dulcísimas piñas de las primeras que se cosechaban en la isla trataba de levantar las pujas a más altas sumas.
A poco de llegar a España, después de haber sido sustituido
por don Diego Colón, falleció el segundo fundador de la ciudad
de Santo Domingo de Guzmán.
Los conquistadores
12.Los conquistadores españoles de la América ocupan en
la historia de la humanidad un lugar de importancia por cuanto
contribuyeron con su esfuerzo a hacer más grande el mundo, a
darle a Europa nuevas fuentes de riqueza y poderío, a progresar
de una manera visible el estudio de la Geografía en todos sus
aspectos, y a crear, al correr de los siglos, nuevas naciones libres
dotadas de sus características especiales.
Muy conocidos son los nombres de Pizarro, conquistador
del Perú; Hernán Cortés, conquistador de México; Diego de
Velázquez, conquistador de Cuba; Juan Ponce de León, conquistador de Puerto Rico; Vasco Núñez de Balboa, conquistador del Istmo de Panamá; Pedro de Alvarado, conquistador de
Guatemala, para citar solamente los que en nuestra Isla de Santo
Domingo vivieron, tuvieron tierras e indios, fundaron villas, sojuzgaron pueblos e iniciaron su vida de proezas y ambiciones.
De todos ellos se habrá leído que fueron crueles, tiranos,
violentos, sedientos de oro, y en verdad, muchas veces no estaban lejos de estos defectos. Los conquistadores cometieron
muchas crueldades, unas veces por espíritu de conservación,
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puesto que otras tantas vieron peligrar sus vidas; otras por necesidad política o imperiosa obligación militar; pero otras también
sin necesidad alguna. Mucho podía en todos, desde el capitán
general hasta el más humilde infante, el estar lejos de su patria
y del hogar, alejados del cariño de los suyos y de las leyes de
su nación, y sobre todo, el estar continuamente en peligro de
muerte inminente. Todo esto hace que en el hombre común
broten pasiones, vicios; tendencias que en una vida tranquila, de
trabajo, de disciplina social no hubieran brotado nunca. De ahí
sus maldades, sus errores y también sus heroísmos.
Pero no todos los conquistadores eran de la misma catadura moral. Unos eran simples aventureros, que se embarcaban
para América en busca de novedades, de emociones fuertes a
veces no sospechadas y de oro para sus bolsillos. Todo lo hacían
por la razón de la fuerza, la guerra fue siempre su medio de
acción, a veces también el crimen. Otros vinieron de España en
la noble misión de predicar la fe de Cristo en las nuevas tierras
descubiertas y ganar los indios para la religión católica que era
ganarlos para la civilización de la época, y fueron sacerdotes,
por lo general frailes. Y por fin el otro tipo de conquistador fue
el que no vino al Nuevo Mundo sino como explotación de un
personal asunto de comercio, obtener ganancias, hacerse ricos.
Estaban alejados de la sed avariciosa y desordenada de oro de los
primeros y del espíritu apostólico de los segundos.
Tres personas que han intervenido en la historia de Santo
Domingo representan estos tres tipos de conquistadores: Alonso
de Ojeda, rudo, cruel, valentísimo, atrevido, de espíritu heroico,
pendenciero, descubridor del Cibao y sojuzgador de Caonabo;
descubridor de parte de Venezuela y de Curazao; Bartolomé de
las Casas, llamado el Protector de los Indios, infatigable, emprendedor, apasionadísimo de su ideología en favor de la raza oprimida; Rodrigo de Bastidas, fundador de la ciudad de Santa Marta
en Colombia, que vivió en Santo Domingo, fundó ingenios, tuvo
la concesión de los derechos de aduana y aquí fundó mayorazgo.
Las tres especies de conquistadores reúnen muchas condiciones de que todos los dominicanos nos debemos sentir
48 Carlos Larrazábal Blanco
orgullosos, es decir, constancia, espíritu luchador, espíritu de
sacrificio y por tanto tendencia al heroísmo, tenaz empeño en
empresas grandes y difíciles, visión amplia de humanidad, espíritu universal, valor personal a toda prueba.
Capítulo IV
Gobierno y administración
El primer gobernador
1. El primero que en la isla gobernó y administró fue el
propio descubridor, y esta autoridad le provino del título que los
Reyes, al venir a estas tierras en el primer viaje, le habían dado
de Almirante, Virrey y Gobernador de las islas y tierra firme que
descubriera, título confirmado en fecha posterior después del
descubrimiento y antes de emprender el segundo viaje. En esta
ocasión su autoridad fue aumentada por cuanto se le autorizó
a nombrar gobernadores en las nuevas tierras descubiertas, lo
mismo que, en ocasión de ausencia, designar su sustituto.
Amparado en esta providencia cuando salió para Cuba dejó
encargado de la colonia a su hermano Diego Colón asesorado
por una junta o consejo compuesto por el padre Boil, Pedro
Hernández Coronel, Antonio Sánchez Carvajal y Juan de Luján,
personas todas de muchos valimientos. Así mismo cuando partió
por segunda vez para España dejó en el gobierno de la isla a su
otro hermano Bartolomé Colón, de quien hemos tenido ocasión
de hablar.
El Cabildo
2. El principal organismo político-social fue el Cabildo.
Colón recibió autorización de los Reyes, cuando vino en
su segundo viaje, para nombrar hasta tres regidores en las
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49
poblaciones que fundara. Esto fue una concesión especial quizá
por la constancia de tratarse de una empresa política nueva que
estaría puntualmente prevista en las leyes españolas, porque, en
verdad, no era la forma habitual del típico Cabildo español. Más
tarde se instituyeron estos Cabildos siguiendo poco más o menos
la pauta de los castellanos.
Los españoles eran muy apegados a la vida municipal y fue
siempre el Cabildo la expresión viva de la fuerza político-social
del pueblo español. El Cabildo era como una célula en el organismo nacional; y en el organismo colonial hispano.
Los fundadores, antes que la futura villa o ciudad tuviera
su aspecto material urbano, lo primero que hacían era elegir
los regidores que habían de formar el Cabildo. Podía no haber
plazas, ni calles, ni edificios, pero había ya gobierno municipal,
es decir, había ley, había justicia.
Los Cabildos tenían por atribuciones el manejo de los
fondos de la comunidad, el abastecimiento de provisiones, la
atención al ornato y la higiene, la administración de justicia en
primera instancia y el derecho de convocar al pueblo para deliberar sobre cuestiones de interés común y de cierta trascendencia.
Una vez instalado un Cabildo los regidores se distribuían los
cargos que tenían que desempeñar de acuerdo a las funciones
que les estaban encomendadas y arriba hemos hecho mención.
Los cargos más significativos eran los de síndico, procurador y alcalde.
A los regidores les provenía su función de dos maneras:
unos eran nombrados por el Rey, otros eran designados por el
mismo Cabildo. Entre ellos los había en perpetuidad.
Juntas de Procuradores
3. Una actividad de los municipios de la isla que merece
atención especial es la formación de Juntas de Procuradores.
En Santo Domingo se celebraron algunas, pero, quizá la más
importante fue la del año 1518 convocada por los Padres
50 Carlos Larrazábal Blanco
Jerónimos con motivo del envío de un procurador a España
para que pidiese al Rey mercedes para la isla. Efectuaron sus
«elecciones» para nombrar su procurador local y para formular peticiones las villas y ciudades siguientes: Santo Domingo,
La Vega, Santiago, El Bonao, Buenaventura, San Juan, Puerto
Plata, Azua, Higüey, Puerto Real, La Yaguana, Salvatierra de la
Sabana. Lares de Guahaba se juntó para este objeto con Puerto
Real, y no aparecen mencionadas El Seibo y Yáquimo porque
esas poblaciones se habían juntado con las de Buenaventura y La
Yaguana respectivamente. Los delegados de estas villas y ciudades se reunieron en Santo Domingo y deliberaron con libertad,
únicamente dirigidos por sus ideas de bienestar colonial y por
los intereses personalistas de la época que tenían dividida la
colonia en banderías. De todo esto ha de tratarse más adelante,
solamente hemos querido notar la fuerza de vida municipal que
luego trascendía a la vida que podríamos llamar «nacional», es
decir a los intereses de la isla toda.
Es bueno advertir que esto pasó a la tradición política de
nuestro pueblo. La Convención de Bondillo, en la Guerra de la
Reconquista por Juan Sánchez Ramírez, fue formada por representantes de ciudades; los diputados dominicanos al Congreso
haitiano representaban la Parte Este de la isla por ciudades;
nuestros primeros constituyentes, en el año 1844, fueron representantes de ciudades; los constituyentes de Moca, revolución de
julio de 1857, representaban también ciudades.
La Real Audiencia
4,- Otro organismo esencialísimo del régimen colonial
era la Real Audiencia. Los asuntos de justicia estuvieron en un
principio en manos de un alcalde mayor. En La Isabela ejerció
tal función el célebre Francisco Roldán. Más tarde, ya fundada
la ciudad de Santo Domingo, lo fue Alonso Maldonado, pero
la colonia prosperó un poco con Ovando, se fundaron varias
villas y fue necesario nombrar otro alcalde mayor y dividir la isla
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
51
en dos jurisdicciones, una al Norte, con asiento en La Vega, y
otra al Sur, con asiento en Santo Domingo. Más tarde fueron
nombrados tres jueces de apelación y en 1511 fue creada la Real
Audiencia, la primera de América.
En sus comienzos funcionó la Audiencia con solo tres jueces, pero más tarde fue modificada y se constituyó con un presidente, cuatro oidores, un fiscal, un alguacil mayor y un teniente
de canciller. El presidente lo era el gobernador.
La Audiencia, además de su jurisdicción civil y criminal,
tenía facultad de conocer todo lo concerniente al orden político
y administrativo. A la muerte del gobernador la Audiencia se
hacía cargo del gobierno o nombraba al oidor decano mientras
venía el titular.
Este tribunal fue una gran autoridad en la Colonia y cuando sus procedimientos fueron honestos, honrados y enérgicos
resultó ser un eficaz contrapeso a los abusos y extralimitaciones
de las autoridades, pero cuando estaba dirigido por oidores venales y corrompidos, como algunas veces aconteció, cooperó a
las malas prácticas de gobierno de las autoridades malas y a la
producción de escándalos en desdoro del Gobierno español y
en perjuicio de la Colonia.
La Audiencia del Nuevo Mundo
5. Al principio la Audiencia de Santo Domingo tenía jurisdicción en toda la América. No era, pues, solo la Real Audiencia
de nuestra isla, sino la Real Audiencia del Nuevo Mundo. Pero
a medida que otras conquistas fueron prosperando nuestro territorio político-judicial fue mermando. El primer desmembramiento fue el de Nueva España, pues dieciséis años después de
fundada la nuestra fue creada la Audiencia de México. Después
siguieron Panamá, Guatemala, Perú, Nueva Granada y por último Venezuela, en 1787.
En todos estos territorios tuvo la Audiencia de Santo
Domingo que intervenir, no solo para conocer asuntos de
52 Carlos Larrazábal Blanco
justicia sino también de orden político y social. Nombraba
gobernadores interinos a la muerte de los titulares; nombraba
jueces de residencia y visitadores con atribuciones especiales y
determinadas, con objeto de investigar las actuaciones de tal o
cual gobernante; oía quejas contra las autoridades y trataba de
poner remedio.
Dos ejemplos bastan por ahora: la actuación de nuestra
Audiencia en las desavenencias entre Almagro y Pizarro en el
Perú y las diligencias practicadas para meter en paces a Cortés
y Narváez en México. En el primer caso, como las gestiones diplomáticas, dada la distancia, no lograban nada, el presidente
gobernador, Fuenmayor, envió a su hermano con gente, dinero
y pertrechos de guerra. En el segundo caso envió la Audiencia
al oidor Lucas Vázquez de Ayllón para evitar una ruptura entre
ambos capitanes, Narváez y Cortés, pero como el primero notase
que el oidor españolense quería parcializarse por el segundo,
sin ningún respeto a la autoridad que representaba lo hizo preso
y lo embarcó para Cuba, a donde Velázquez, cosa que nuestro
oidor evadió logrando que el capitán de la nao lo condujera
mejor a Santo Domingo.
El gobernador
6. La autoridad suprema de la isla fue el gobernador, que en
sus comienzos tuvo también autoridad judicial. El gobernador
representaba la autoridad del Rey y solamente era responsable
de su gestión ante este.
Pero los gobernadores estaban sujetos a las llamadas
«residencias» que consistían en el envío, por parte de la
Metrópoli, de un individuo que venía con poderes suficientes para hacer pesquisas sobre sus actuaciones. Si resultaban
de esto cargos de importancia podía ser sustituido y aun castigado severamente.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
53
Los oficiales reales
7. Como representantes del fisco existían los oficiales reales que eran el tesorero, el contador, el factor, el veedor, todos
nombrados por el Rey. El cargo de tesorero era de mucha importancia y por las preeminencias que daba se hizo muy célebre
Miguel de Pasamonte que estuvo muchos años en el disfrute de
esa real oficialía.
El contador llevaba cuenta de todo lo que se debía pagar y
cobrar a nombre del Rey; el tesorero hacía efectivos esos cobros
y pagos y también verificaba el cargamento de los barcos que entraban y salían para fijar la suma que se debía pagar en virtud de
un impuesto de 7.5%; el veedor inspeccionaba las fundiciones
de oro y separaba el quinto para el rey; el factor intervenía en
asuntos de comercio.
Capítulo V
Organización social
El espíritu de la empresa de España en América
1. El descubrimiento, la conquista, la colonización y gobierno de la isla fue tomado por España como una «empresa
nacional», y así actuó en toda la América. Otras naciones adjudicaban esta empresa al mejor postor. España, en tanto, la tomó a
su cargo como una obra de interés nacional. La Madre Patria, en
esencia, no se apoderó materialmente de estas tierras sino que
las incorporó a su organismo, tanto en lo civil, como en lo político y en lo religioso. España en América se reprodujo, como lo
han hecho notar ya notables historiadores y escritores. España se
transplantó a América, lo que no quiere decir que no existieran
leyes especiales que pedían el medio y sus necesidades.
54 Carlos Larrazábal Blanco
Diferencias sociales
2. Un criollo era legalmente un español, con iguales derechos, y legalmente lo era también el mismo indio. Desde luego,
y como era natural, hubo sus diferencias sociales y el español de
España se creía superior al nacido en el Nuevo Mundo, y este a
su vez se creía superior al mestizo, así como este creía valer más
que el indio o el negro puros. Todavía había más: los nacidos en
América se creían por muy superiores cuando eran descendientes de descubridores, conquistadores o fundadores de villas.
A pesar de la igualdad legal los criollos, sin embargo, no
figuraron mucho en los principales cargos. Nunca hubo un solo
gobernador de Santo Domingo que fuese criollo, aunque sí figuraron como oidores, contadores, tesoreros, sobre todo en las
postrimerías de siglo xviii.
Mestizaje indoespañol
3. Por lo general los conquistadores y colonizadores tomaron por mujeres, legítimamente o no, a las indias, de manera
que desde un principio se procedió a la fusión de las dos razas.
Hombres de otros pueblos no habían de proceder de esta manera, por ejemplo los ingleses, de espíritu más egoísta que el
español, menos universal.
En 1514, año del repartimiento de los indios, en La Vega,
un 10%, poco más o menos de los varones adultos estaban casados con indias. Es de suponer que entre los varones solteros y
que tenían sus mujeres en Castilla existirían muchos unidos con
indias ilegítimamente, de suerte que el tanto por ciento de uniones debería ser superior. En Higüey los enlaces legítimos indoespañoles alcanzaban un 25%, en Santiago 12%, en Puerto Plata
27%, en Santo Domingo 2%, en Azua 13%, en Buenaventura
10%, en El Bonao 10%, en Puerto Real 5%, en La Yaguana 10%,
en Salvatierra 18%, en Yáquimo 3%. Solamente de las villas que
figuran en el repartimiento de 1514 Lares de Guahaba y San
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Juan de la Maguana no aparecen con enlaces mixtos y teniendo
en cuenta eso puede calcularse un 10% de promedio de uniones legítimas en toda la isla. Años más tarde el padre Las Casas
apreció que de 60 a 80 vecinos españoles con que contaba La
Yaguana la mayor parte estaban casados con mujeres jaragüeñas,
y hace notar que había muchos matrimonios mixtos en La Vega
y Santiago.
La esclavitud
4. La preocupación principal de España en América no
fue solamente la de explotar sus riquezas sino la de civilizarla e
implantar la religión católica. Siempre vio ella en la conquista y
colonización un lado espiritual, un aspecto idealista. Los medios
de que se valió para todo esto fueron varios, medios militares y
de fuerza, económicos, legislativos, todos reforzados o sirviéndoles de contralor el procedimiento más civilizador de que podían
echar manos en aquella época, es decir, la religión.
La esclavitud, sin disputa, fue un procedimiento que implantaron los españoles y de que hicieron constante uso y abuso,
pero era una costumbre de la época y que venía de muy lejos.
No hicieron ellos, pues, nada nuevo, no inventaron nada sino
que aplicaron los principios sociales y morales de la época en
que vivían. Sin embargo, la esclavitud de los indios, no la de los
negros que practicaron los portugueses primero que los españoles, produjo discusiones y banderías tanto en la Colonia como
en la Metrópoli. El padre Montesinos, antes de Las Casas, combatió, gobernando Diego Colón, la esclavitud de los naturales,
y la libertad de esta raza fue bandera de los frailes dominicos.
Los mismos Reyes Católicos, Fernando e Isabel, sobre todo esta
última, no estuvieron nunca de acuerdo con esta esclavitud.
Los españoles, por lo general, creían que el negro y el indio
son personas tales como ellos, concepto que no era de la mente
de otros europeos por más sabios, filósofos y estadistas que fuesen, y a la práctica esclavista los condujo en América imperiosa
56 Carlos Larrazábal Blanco
necesidad de orden económico: la necesidad urgente de mano
de obra barata, pero desde luego en contra del espíritu y de
la letra de las célebres Leyes de Indias, y corrió solamente por
cuenta de los colonos ayudados muchas veces por la debilidad,
conveniencia propia o venialidad de gobernadores, oidores y
oficiales reales.
Capítulo VI
Sociografía indoespañolense
Síntesis de civilización
1. Los indios que encontró Colón en la Isla Española, y en
las demás Antillas que descubrió, vivían en estado de civilización
muy rudimentaria.
No usaban prendas de vestir. Acaso las mujeres casadas se
cubrían con enaguas muy cortas hechas de ciertas hojas, de productos vegetales secos y de tejidos de algodón.
No moraban en cavernas sino en chozas; conocían el fuego
que producían frotando trozos de madera de guásima; no sabían
valerse del hierro, pero fabricaban utensilios de cerámica, y para
usos de guerra, de caza, de pesca trabajados a base de piedra,
madera, oro, fibras vegetales.
No sabían contar sino hasta veinte y con palabras no designaban sino hasta diez. Para decir doce juntaban las dos manos
y apartaban dos dedos de los pies, y para decir veinte juntaban
ambas manos y ambos pies.
Poseían los indios ideas religiosas, tradiciones, leyendas,
mitos; prácticas sociales, políticas y agrícolas.
Razas
2. Tres tipos de raza, de características definidas, han formado los estrados raciales de las Antillas: taínos, caribes y siboneyes.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
57
En la época del descubrimiento las tres razas convivían, la primera en todas las Antillas Mayores, la segunda en las Menores y la
tercera en Cuba.
La que marcaba el ritmo habitual de la civilización era la
raza taína amenazada seriamente por los caribes que probablemente, al no ocurrir el descubrimiento, se hubiera enseñoreado
de todo el archipiélago antillano dada su vocación guerrera muy
desarrollada.
La raza siboney la encontraron los españoles confirmada
en Cuba, pero investigaciones practicadas en estos últimos años
han descubierto en las cuevas de la bahía de Samaná huellas de
siboneyes.
Esta última raza era la más atrasada. Moraban en chozas,
no empleaban metales, ni fabricaban objetos de cerámica, pero
los hacían de conchas marinas. Vivían de la caza y la pesca, construían canoas, pero no practicaban nunca la agricultura. Una
raza de tipo más atrasado estaba localizada, en la época de la
conquista, al oeste de Cuba; moraba en cuevas y no se alimentaban sino de tortugas y peces. Eran los guanacaribes, quizás,
anteriores a los siboneyes.
Esta raza siboney fue suplantada por la taína que había
alcanzado un grado superior de cultura pues se dedicaban a la
agricultura, pulían la piedra y hacían trabajos de alfarería. Es importante notar que esta raza hizo progresos en las Antillas pues
se ha considerado su cerámica superior a la que esa misma raza
había desarrollado en su patria de origen.
Razas de la Española
3. Cuando los españoles arribaron a nuestra isla encontraron un tipo común de raza, los taínos, y dos más, los macoriges
y los ciguayos.
Por su cerámica, por sus cultivos (principalmente yuca,
maíz), por sus armas, por su idioma, los sabios hacen provenir la
raza taína de las orillas del Orinoco.
58 Carlos Larrazábal Blanco
Esta raza dominó la isla y procedía directamente de
Boriquen quizás empujada por la caribe, también proveniente
de Suramérica.
Los taínos no solo se consolidaron en la Española, sino
que pasaron a Cuba unos cincuenta o cien años antes del descubrimiento y sojuzgaron y esclavizaron los naturales de esa
isla a quienes llamaron exbuneyes. Por eso cuando Higüey,
huyendo de Ovando, llegó a Cuba, no fue acogido como
extranjero.
4. Los macoriges habitaban la región de Monte Cristi y la de
La Vega Real y los españoles los distinguieron geográficamente
en indios de Macorix abajo (Monte Cristi) e indios de Macorix
arriba (Vega Real) porque se distinguían por el idioma que eran
diferentes, de suerte que fueron tres las lenguas habladas en la
Española con la «general de la isla» más elegante, abundante
de vocabularios, más dulce de sonido, cualidades todas que en
Jaragua llegaron a su máxima perfección.
5. Los ciguayos eran de otra raza, probablemente descendientes de los primitivos siboneyes, y como los caribes y los de
Cuba, usaban el cabello largo, que recogían hacia atrás en redecillas hechas de plumas de papagayo. No hablaban la «lengua
general» sino otra que no sabemos si fuera la misma de una de
las tribus macoriges. Es el caso que al «oro» llamaban tuob mientras en el resto de la isla era caona.
Caracteres somáticos
6. Los indios tenían la piel cobriza, aunque llamó mucho la
atención de los españoles encontrar algunos con la tez bastante
blanca, entre ellos mujeres. El cabello era cerdoso, lacio y negro,
pero algunas veces, en la infancia, castaño, la frente «cuadrada
y llana», los ojos un poco rasgados, salientes ligeramente los pómulos. La nariz era gruesa y achatada.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
59
No eran ni muy gruesos ni muy delgados, sino entre «magrez y gordura», «las venas no del todo sumidas ni muy levantadas sobre la carne». Eran bien proporcionados de cuerpo y de
estatura más bien baja, y sus sentidos corporales estaban muy
desarrollados.
Como vivían desnudos, eran fuertes a las inclemencias del
tiempo, pero cualquier enfermedad les hacía gran daño.
Se han encontrado cráneos de indios que poseen el «hueso
del inca» que es un hueso que articula con el occipital y con
ambos parietales.
Temperamento y facultades
7. Por lo general los indios eran de natural simple, bonachón, de carácter dulce y amable. No se peleaban unos con otros
y cuando lo hacían se golpeaban con los codos y los hombros y
como con miedo de hacerse daño. No eran ladrones ni tenían
vicios nefandos. El robo más insignificante era castigado severamente. Respetaban a las mujeres y existía la prohibición de la
unión matrimonial con la hermana.
Sin embargo, hay historiadores que les atribuyen vicios
nefandos y señalaban lo livianas que fueron las mujeres con los
conquistadores.
No proferían palabras descompuestas y el mayor insulto era
entre ellos decirse «ojos azules», «ojos negros» y «mahite» que
traducido al lenguaje vernáculo quiere decir «dientemenos».
Con suma facilidad reían o lloraban como si fueran niños y los colores chillones les llamaban mucho la atención. Su
candidez era tan grande que entregaban oro a los españoles a
cambio de cascabeles, pedazos de vidrio, un jubón o cualquier
otra baratija.
Sin embargo, los indios tenían facilidad para aprender bien
pronto los oficios manuales de los españoles, como la platería, por
ejemplo, y resultaron ser buenos memorizadores de los rezos que les
enseñaban, no solo en su propia lengua, sino en latín y en español.
60 Carlos Larrazábal Blanco
La casa
8. La casa que fabricaban llamábase «bohío», que era hecho
de estacas redondas clavadas en tierra y entrelazadas con varas
largas. Lo cobijaban con cana, guano o yaguas y tenía por lo
general una forma cónica con lo que se escurría mejor el agua
llovediza. El que dedicaban al cacique o para usos religiosos era
de construcción más esmerada con una como enramada delante
y dando por lo general a una plaza llamada «batey». Una sola
pieza constituía la casa de los indios donde por sillas tenían unos
asientos de madera llamados «dujos», por camas, hamacas, o
barbacoas.
Como no conocían el hierro, los clavos y las bisagras eran
reemplazados por bejucos que hacían de cuerdas de amarre. En
cada bohío podían alojarse hasta 10 o 15 personas.
Alimentación
9. Los indios no eran de una actividad de vida definida, sino
que tenían algo de pueblo cazador, algo de pescador y algo de
sedentario. Por tanto para la consecución de su sustento cazaban,
pescaban y cultivaban. Entre las piezas de caza no solamente se
contaban las aves, sino también las jutías y otros roedores que comían cocidos, pero sin despojarlos de las entrañas. Solo quitaban
los pelos. Las carnes las secaban al sol y los pescados los conservaban en yaguas. También comían iguanas, cangrejos y mariscos.
Eran hábiles pescadores. Usaban redes muy bien tejidas,
anzuelos de huesos de pescado y flechas para los peces más grandes. Utilizaban también para estos fines su gran habilidad que
tenían para nadar y sus canoas construidas de un solo tronco de
árbol y a veces tan grandes que tenían capacidad para 50 y para
100 hombres. Para obtener sal evaporaban el agua del mar.
Como alimentación vegetal tenían la yuca, de la que preparaban el casabe; la guáyiga, de que también hacían una especie
de pan, los ajes y batatas, el maíz que comían asado o tierno.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
61
10. Cultivaban también lerenes y maníes probablemente
para fines alimenticios. Con la guáyiga rallada y preparada llevaban la precaución de dejarla a la intemperie hasta cuando se
cundiera de gusanos, lo que efectuado ponían el producto en
condiciones de ser asado en el burén. En efecto, la presencia de
gusanos indicaba una fermentación que anunciaba la transformación de los principios venenosos de este vegetal en productos
inofensivos. Les gustaba comer la batata asada, pero antes la
ponían a la intemperie cubierta de cierta hoja grande y solo la
llevaban a las brasas cuando el tubérculo rezumaba una especie
de resina.
Dos cosas para condimentar tenían: el ají picante, que era
objeto de cultivo, y el «jien», que era un líquido que resultaba
del lavado de yuca rallada, sumamente venenoso, que puesto a
fermentar se transformaba en especie de vinagre. Con el «jien»
sin transformar solían suicidarse los indios después que los españoles vinieron.
11. Después de la cosecha de yuca los naturales preparaban el casabe, cosa que tenía mucho interés. Generalmente se
reunían varias personas para su fabricación, hombres y mujeres,
y estas amenizaban el acto con bailes y cantos. Rallaban la raíz
en una piedra áspera llamada «guariquitén», luego metían el
producto dentro del «cibucán», que era un colador grande, y
echando abundante cantidad de agua lo exprimían con fuerza,
por lo que siempre eran los hombres los encargados de esta
operación. Después el producto del colador lo pasaban por un
cedazo para obtener un polvo más fino que lo llevaban al burén
para someterlo a la acción del fuego.
El casabe preparado en estas condiciones era el de tipo
corriente y tenía un espesor como de medio dedo, pero fabricaban otro de granos más finos y más delgado que llamaban
casabe «jaujau», destinado a los caciques y personas principales.
Resultaba de una variante en la fabricación del anterior que
consistía en volver a rallar en una piedra cubierta con piel de
pescado el producto tamizado por el cedazo.
62 Carlos Larrazábal Blanco
12. No tenían los naturales horas fijas y reglamentarias para
comer. Lo hacían en pequeñas cantidades y a cada rato. Daban
la sensación de que no eran glotones, de que comían poco. A veces después de cena, sobre todo, se llevaban a la boca una hierba
especial en forma de hoja de lechuga que antes marchitaban un
poco al fuego y cubrían de ceniza, y no bien la saboreaban vomitaban cuanto habían comido para después seguir comiendo
de nuevo.
13. Desde luego, los indios necesitaban para su cocina del
fuego y lo obtenían por frotación del ya citado palo de guásima,
pero una manera especial tenían y era la siguiente: con los pies
sostenían un pedazo de la madera aludida al que se le había
abierto un pequeño agujero. En este le introducían un trozo
cilíndrico más delgado y con ambas manos se le impartía un
movimiento de taladro cada vez más rápido y violento hasta que
brotaba el fuego deseado, quizá el movimiento que se le imparte
al molinillo cuando se prepara en nuestras casas el chocolate.
Vida social
14. Los indios se constituían en vida de familia y el grupo
padre, madre e hijos tenía un valor preponderante en la vida
social. El padre cultivaba, cazaba, pescaba, construía el bohío,
fabricaba canoas, armas, iba a la guerra. La madre cuidaba la
prole, cocinaba el pan, intervenía en los cultivos, iba por agua al
río, hilaba el algodón, tejía enaguas, mantas, hamacas, se ocupaba en la cerámica. Los papás instruían en sus oficios a sus hijos,
así como en sus costumbres y ritos, y los iniciaban en su religión
y culto divino.
Después que los hijos crecían y ayudaban a sus padres, los
casaban. El matrimonio era monoexogámico, quiere decir casaban los hombres con una sola mujer fuera de su linaje. Solo los
caciques eran polígamos. Se dijo que Boechío tuvo 30 mujeres.
Lo principal del matrimonio era la compra que el novio hacía
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
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de la mujer que iba a desposar, siendo el precio sartas de cuentas
de piedras u hojas de guanín, un oro de mala ley, que luego
colgaban de las orejas como adorno las mujeres. No casaban con
hermanas, como los egipcios lo hacían.
El matrimonio de los caciques era tan indisoluble que por
lo general no se admitía la viudez de las mujeres: ellas debían
enterrarse vivas con el esposo muerto.
15. Multiplicándose las familias crecían los linajes y de
muchos se formaba un barrio. «Barrios, dice Las Casas, es una
parentela que ha crecido y héchose de unos muchos y pobládose
muchas casas y constituídose una vecindad de hijos y nietos».
En la Española los indios se congregaban en pueblos grandes porque no solo una familia formaba un barrio y linaje, sino
que a veces se juntaban varios barrios. Las villas eran de ciento,
doscientos y quinientos bohíos y moraban en cada uno de ellos
diez y quince personas.
Las casas no estaban ordenadas por calles, pero había una
plaza, el batey, donde se jugaba pelota, que era frontera al bohío
del cacique, casa más vistosa que las demás.
Los sitios para sus poblados y casas eran bien escogidos y
daba buena impresión su limpieza y adorno, pero sin embargo,
el doctor Chanca critica lo contrario, pues le sorprendió que
las casas que vio fueran sucias, estuviesen en sitios malsanos y
cubiertas de malezas en su derredor, lo cual bien pudo provenir
de su afán de buscar sitios difíciles para huir de los españoles de
la Navidad.
16. La esclavitud no existía sino en favor de los caciques y
señores. La estructura económica de la sociedad era colectivista.
El trabajo se fundaba en un reparto equitativo de sus utilidades.
Los naborias no eran esclavos propiamente tales, sino individuos
que por su inferior condición mental venían a ser sirvientes.
17. La herencia no existía en propiedad, o mejor no caía en
pocas manos, pues había de distribuirse por igual entre todos los
64 Carlos Larrazábal Blanco
miembros de un linaje, barrio o poblado, a la muerte de quien
era el único que podía dejar algunos bienes muebles, es decir,
el cacique, o quizás también a la muerte de algún otro señor.
No había herencia cuando junto con el difunto enterraban sus
bienes, como solía suceder. Entre los indios, pues, no era posible
acumulación de riquezas.
18. No hay noticia de que los indios de la Española comerciasen con los de las demás islas y aun dentro de la misma isla no
se sentía ese necesidad, pero sí se sabe que algunas veces cambalachaban ciertas cosas, pero lo que no constituía, a la verdad,
verdadero comercio.
El cacicato
19. Los indios se gobernaban por medio de reyes llamados
«caciques», que eran la más alta representación política y social.
El gobierno del cacique era absoluto. Las leyes eran las costumbres y las tradiciones. El poblado tenía una importancia política
grande, pues representaba la más alta organización colectivista
entre los indios.
El cargo de cacique era hereditario, pero no pasaba a los
hijos, sino a las hijas de las hermanas. A la muerte de Boechío
lo heredó en el gobierno Anacaona que convienen los historiadores primitivos de Indias era hermana del rey difunto, lo que
hace pensar dos cosas: o que se equivocaron los historiadores y
Anacaona no era hermana, sino sobrina, o se equivocó Las Casas
y no solo heredaban la corona real los hijos de hermanas, sino
también las hermanas mismas. La razón que tenían para arreglar la sucesión de esta manera era que no tenían los caciques
por tan ciertos sus propios hijos como los hijos de sus hermanas,
estas eran ciertamente sus hermanas por cuanto eran hijas de su
madre. De manera que encontramos en nuestra Isla Española
una verídica reminiscencia de una forma de sistema político matriarcal muy lejano y que no es novedad alguna en civilizaciones
primitivas.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
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El cacique debía vivir en la casa mejor construida, ordenaba
la caza, la pesca, la siembra, la labranza y organizaba las fiestas,
los areítos, la cohoba. Al cacique se le prohibía heredar otra cosa
que no fuera el gobierno sobre sus súbditos y le estaba vedado el
intervenir en la caza y la pesca de otro cacicazgo vecino, pues de
lo contrario se suscitaban las guerras.
20. El gobierno, a pesar de ser absoluto, no era tiránico,
sino patriarcal. El pueblo era obediente y sumiso, y el gobernante consentía relaciones de familiaridad con sus súbditos, asistía
con ellos a las fiestas, al juego de pelota, a la cohoba, comían
juntos, y no solo en un mismo sitio, sino del mismo plato.
21. Seguía en categoría al cacique el nitaíno que, además de
ser un capitán de guerra, asumía funciones judiciales. De igual
categoría que este se consideraba al behíque.
Existían en el cacicato diferencias sociales que iban del cacique hasta el naboria. Tres tratamientos distinguían a las personas principales: goaxerí, que equivalía al tratamiento de «usted»;
baharí, que equivalía a «su señoría»; y matunherí, que era el más
elevado tratamiento, como decir «vuestra alteza».
Agricultura
22. De dos maneras sembraban los indios, por estacas y por
semillas. Por el primer procedimiento sembraban la yuca, los
ajes y batatas, por el segundo el maíz.
La yucubía era la planta más notable de los indios y la que
merecía las atenciones de un cultivo muy cuidadoso y especial,
puesto que de sus raíces, la yuca, hacían su pan favorito, el casabe.
Los plantíos de yucubía, que se llamaban «conucos», estaban formados por hileras de mil, dos mil y hasta diez mil pies en longitud
de montículos de tierra distanciados unos de otros dos o tres pies.
En esos montículos enterraban los cujes de yucubía. Todo el sembrado lo mantenían siempre limpio, y acostumbraban a hacer la
66 Carlos Larrazábal Blanco
plantación para la luna nueva. Los ajes y batatas acostumbraban
a sembrarlos de manera y forma parecidas.
El cultivo del maíz también les era muy útil, pues le servía
esta semilla de alimento y probablemente preparaban chicha
por fermentación. Cultivaban varias clases de maíz:, blanco,
rojo, morado y amarillo. También sembraban los indios lerenes,
maní, ají y una planta medicinal, purgativa, que los españoles
llamaron «el arbolillo de las manzanillas».
Guerras
23. Los indios practicaban la guerra unos contra otros, pero
ni duraban mucho tiempo ni eran muy sangrientas. La causa
de la guerra era, por lo general, o porque un cacique daba en
matrimonio su hija a otro en perjuicio del primero a quien la
había ofrecido, o porque se invadía jurisdicción ajena en la caza
de la jutía, o se usaban ríos de otro cacique para la pesca.
Las armas eran flechas, varas y macanas. Hacían las flechas
de cogollos de ciertas cañas y en la punta les ponían espinas de
pescados. A veces las empozoñaban. La vara era un arma peligrosa que tenía por lanzadera otro palo que se asía fuertemente
por una empuñadura que se entraba hasta la muñeca. En el otro
extremo de la lanzadera había una muesca donde se sujetaba la
vara para ser lanzada al aire con cierto impulso y movimiento
que había de hacerse. Las macanas eran palos largos, unos algo
planos, otros en forma de bastos.
Para ir a la guerra, los indios se pintaban el cuerpo y los
caciques se amarraban a la cabeza un cemí. Usaban caracoles
sonoros y armaban siempre grandes griteríos.
Cerámica y arte lítico
24. La cerámica indoespañolense presenta una gran variedad de formas y ha sido clasificada por el doctor Reiney, de la
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Universidad de Yale, en dos tipos principales, aplicables a toda
la alfarería antillana: el «Meillac» y el «Carrier», nombres que
corresponden a sitios de excavación en nuestra isla. Las figuras
zoomórficas y antropomórficas, que son elementos característicos de la cultura taína, se han desarrollado entre los indios de la
Española hasta llegar a una forma superior a la desarrollada en
los probables orígenes suramericanos de la raza y su arte.
25. Los objetos más comunes de cerámica son vasos, jarras y
ollas; y de arte lítico hachas, cemíes, collares.
Hay dos formas de industria de la piedra, una más antigua y
otra más moderna, caribe, o de influencia caribe, que disminuye
su frecuencia comúnmente. Las hachas amigdaloides, hechas
de piedra dura (serpentina, diorita) son de origen caribe. Las
hay con figuras humanas como una encontrada en la Española.
Existen otras que son de tipo redondo y parecen más azuelas
que hachas.
Un objeto lítico muy típico es el collar de piedra de una sola
pieza y como de 50 centímetros de eje mayor. Estos collares, los
ídolos de tres puntas y las máscaras constituyen las formas más
interesantes de la escultura taína desarrollada en la Isla Española
y las demás Antillas Mayores.
Religión
26. Parece ser que los indios de la Española tenían una idea
un poco vaga y confusa de la existencia de un solo Dios que
residía en el cielo, pero que tenía madre y un hermano.
Lo esencial de la religión indiana era el culto de los antepasados y de las potencias ocultas de la naturaleza. Reverenciaban
mucho a sus antecesores y sus huesos los conservaban, a veces,
en estatuas de madera. Estas eran consultadas y respondían a
las preguntas que se les hacían. En cierta ocasión dieron, unos
españoles, con un oráculo de estos en una población de indios
y como uno del grupo no creyese que la voz era de la propia
68 Carlos Larrazábal Blanco
estatua, arremetió contra ella y la derribó de un puntapié. Cuál
no sería la sorpresa de esos individuos al percatarse que debajo
de la estatua había un hombre que por medio de una especie
de bocina hablaba todo lo que la gente, llena de admiración,
escuchaba.
Las potencias de la naturaleza las representaban en sus cemíes que constituían la parte principal del culto. Había cemíes
que traían la lluvia, que hacían salir el sol en beneficio de las
cosechas; los había para dar hijos, para producir bienes. Unos
producían el rayo, otros las enfermedades, etc. Ciertos cemíes
adquirían mucha importancia y ese era objeto de un culto muy
especial y le dedicaban fiestas y ofrendas. Esas ofrendas consistían en llevar en procesión encabezada por el cacique, al son
de música y cantos, parte de sus cosechas de yuca, ajes y batatas,
maíz, como primicias, así también como casabe que el cacique
repartía después que llegaba la procesión a la casa donde estaba
el cemí. Un cemí existió que según decían los indios en cierta
guerra fue quemado y que lavándolo con zumo de yuca le crecieron los brazos y le salieron otra vez los ojos y creció todo él.
Este cemí producía enfermedades a los hombres, y cuando les
aquejaba la dolencia producida por este cemí acudían adonde
el behíque que bien podía decirle, por ejemplo, que el mal le
había venido porque se había descuidado en traer casabe y otras
cosas de comer o había olvidado la limpieza del oratorio. Como
práctica religiosa no solo tenían las ofrendas, sino también los
ayunos hasta de siete días con solo probar el zumo de cierta
planta.
La cohoba
27. Los indios, tanto los principales como los del pueblo,
acudían al behíque en casos de importancia. Sabían por su mediación si les había de venir algún bien o algún mal, si debían
hacer o no la guerra, o cualquier otra cosa que tuviera interés
particular o general. Estas consultas no se hacían al behíque,
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sino en actos especiales que celebraban con toda dignidad y
respeto que se llaman «la cohoba», y consistían en lo siguiente:
El behíque, en presencia de todos los que comparecían
al acto, se sentaba en dujo color negro, asiento bien labrado y
reluciente. En un plato, ligeramente combo y también negro,
traíanle unos polvos vegetales que absorbía por medio de un instrumento largo, hueco, también de color negro y que terminaba
en dos tubitos cortos para adaptar cada uno a la ventana de la
nariz correspondiente. Después de un rato el behíque caía en
un estado somnoliento y entonces era cuando vaticinaba el porvenir, contestaba a las preguntas que se le hacían, daba consejos,
pero todo con palabras entrecortadas y confusas.
La cohoba también se celebraba, con permiso del cacique
y del behíque, para cualquier asunto y por iniciativa particular y
parece que entonces varias personas absorbían los polvos, pero
siempre comenzando el cacique. El que absorbía los polvos
quedaba un rato con la cabeza vuelta hacia un lado y los brazos
sobre las rodillas, después los alzaba hacia al cielo y comenzaba a
hablar o hacer oración, a lo que todos los presentes contestaban
a coro como diciendo amén. Después de esto refería la visión
que había tenido.
Mitos y leyendas
28. El mito del origen del hombre y la población de la tierra: Los
hombres y las mujeres estaban encerrados en una cueva custodiada de noche por Marocael que un buen día descuidó su
obligación, el Sol se lo llevó y no regresó más. Algunos quisieron
salir de la cueva, pero fueron transformados en árboles de jobo.
Otro hizo salir a un compañero para que buscara una hierba
útil para limpiarse el cuerpo, pero este fue transformado en
pájaro. Guagujioma, que fue el que mandó a buscar la hierba,
salió de la cueva y se llevó todas las mujeres. Como era natural,
los que quedaron se desesperaron por la partida de las mujeres
y siempre que llovía iban tras sus huellas. Una vez, ya fuera de
70 Carlos Larrazábal Blanco
la cueva, a tiempo que se bañaban, notaron que de algunos árboles pendían cierta especie de objetos que no eran ni hombres
ni mujeres y al irlas a coger estas «especies de personas», como
dice fray Ramón Pané, huyeron precipitadamente. Entonces los
hombres pidieron a sus caciques les suministraran indios caracoles, es decir hombres como leprosos que con las manos ásperas y
corrugadas podían asir fácilmente a aquellos seres. En efecto así
sucedió, aquellos seres vinieron a poder de los hombres y con la
ayuda del pájaro Inriri, que los picó, quedaron convertidos en
mujeres.
29. El mito del diluvio. Jayael quiso matar a su padre Jaya,
pero este lo desterró y después le quitó la vida. Entonces tomó
los huesos del hijo muerto y los encerró en una calabaza que
colgó del techo de su bohío.
Cierto día Jaya quiso abrir la calabaza y llamó a su mujer
y notó que dentro había mucha agua y numerosos peces. La
noticia se extendió y cuatro hermanos gemelos quisieron, en
desobediencia de lo recomendado, ver dentro de la calabaza y
al uno de ellos tomarla cayó al suelo saliendo abundantísima
cantidad de agua que anegó toda la tierra y la pobló de infinito
número de peces.
El mito del diluvio es común a todas las civilizaciones
primitivas.
30. Leyenda que profetiza la llegada de los españoles. Una leyenda
que tiene cierto interés es la siguiente: cierto cacique ayunó en
loor al «Señor Grande que vive en el Cielo» por espacio de seis
o siete días al cabo de los cuales entabló conversación con un
cemí llamado Yocahuguama, el que le comunicó que, después
de acaecida su muerte, pocos de los que quedasen vivos gozarían
de sus tierras y sus casas porque una gente vestida se enseñorearía de toda ella y todos morirían.
Los indios no entendieron el vaticino, y como sus enemigos
más cercanos eran los caribes, sus ciudadanos se redoblaron
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contra esta raza cuyo fin, a la verdad, era el dominar las Antillas
todas como ya lo habían en las Menores y como siempre lo pretendieron con Puerto Rico que sufrió sus ataques aún mucho
después de la conquista.
31. Cuidado de enfermos y costumbres mortuorias. Los indios
cuidaban bien de sus enfermos pero cuando eran personas ancianas o habían contraído enfermedad, al parecer incurable, o
los estrangulaban con permiso del cacique, o los transportaban
a un sitio solitario, les ponían al lado un poco de agua y algo de
comer y allí lo abandonaban. Algunas veces iban a visitarlo para
bañarlo porque les gustaba mucho el baño. Cuando el cacique
estaba para morir por respeto lo ahogaban estrangulándolo
porque él no debía hacerlo como uno cualquiera. Después, o
lo enterraban en una caverna con una higüera de agua o casabe
al lado, o lo incineraban, o le abrían el cuerpo, lo secaban al
fuego y lo conservaban. Por lo general, los parientes entonaban
músicas, cantos y bailaban. Las mujeres lo envolvían con bandas
de tejidos de algodón.
32. Los indios creían que cuando uno moría su espíritu o
alma aparecía a los vivos y por eso tenían miedo a la oscuridad y
a la soledad. Según algunos indios, estas «hupías» habitaban las
altas montañas y bajaban a los valles a comer mamey, por esto no
les gustaba comer esta fruta. Creían que existía un lugar donde
iban las personas buenas después que morían.
33. Quien ejercía la medicina era el behíque y es interesante la manera como actuaba. Hasta cierto punto, en la práctica
corriente tienen que despersonalizarse identificándose con el
enfermo. Así, guarda la misma dieta, se purga con él y toma la
cara de tal.
Si el enfermo acudía a casa del behíque, todo el tratamiento consistía en un purgante, dieta y acaso la aplicación de un
vomitivo, régimen que debía el médico seguir al pie de la letra,
pues había la creencia de que el buen o mal éxito de la cura
72 Carlos Larrazábal Blanco
dependía en gran parte de si el behíque seguía o no con rigor el
régimen aconsejando a su enfermo.
Si el médico iba a casa del enfermo el tratamiento variaba,
pues parece se trataba de un caso difícil. El behíque, toda la cara
tiznada de negro, entraba al bohío que debía estar en silencio
y solamente con dos o tres personas de las principales. Se tomaban ciertas hojas y entonando una canción le extraían su jugo.
Luego se acercaba el behíque al enfermo, le palpaba las piernas
a manera de masaje, gesticulaba como si destrozara algo tirando
fuertemente, salía a la puerta del bohío y diciendo algunas palabras incomprensibles hacía que soplaba alguna cosa. Entonces
volvía hacia el enfermo con las manos juntas y temblorosas, las
soplaba y comenzaba a chuparle el cuerpo acabado lo cual, entre toses y gestos desagradables, sacaba de la boca algún objeto
que de antemano se había introducido en ella. Este objeto de
piedra, de hueso o de madera, representaba el mal que tenía y
que le había producido el cemí. Este objeto también adquiría la
propiedad de cemí.
34. La enfermedad más común entre los indios era la buba,
que sabían curar con una pócima preparada a base de madera
de guayacán.
35. Cuando un individuo moría se practicaba la ceremonia
de la interrogación. Reuníanse alrededor del cadáver y le cortaban las uñas y el pelo que reducidos a polvo lo mezclaban con
jugo de ciertas plantas con el objeto de preparar una bebida que
vertían en la boca del difunto. Entonces comenzaba el interrogatorio que se refería a si el behíque había cumplido bien con
sus obligaciones como médico y si había ayunado lo suficiente.
También había otra prueba, que era echar al muerto dentro
de una gran hoguera y tapándolo luego con tierra hacían las
interrogaciones. Con esto se quería saber quién era el culpable
de la muerte, si el enfermo o su médico. Si este resultaba ser el
responsable, los familiares se iban donde el behíque, lo vapuleaban hasta darlo por muerto. Si no moría era porque los cemíes
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
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lo habían ayudado en forma de culebras blancas, negras y verdes
y de nuevo lo atacaban cuidando entonces de sacarle los ojos y
hacerle otras mutilaciones.
Aderezo personal
36. Ya hemos visto que los indios vivían, por lo general,
desnudos. Las mujeres casadas poníanse unas falditas cortas, las
enaguas, de material diverso, pero que las fabricaban también
de tejido de algodón. Por lo general llegaban hasta encima de
la rodilla, pero las mujeres de significación podían usarlas largas
hasta los pies. Otra pieza que fabricaban de algodón eran mantas
que con toda seguridad las usaban en actos especiales o personas
de condición superior.
Las mujeres se horadaban las orejas para colgarse planchas
de guanín que colgaban hasta los hombros y usaban, también
como adorno, collares de sartas de piedras y collares de hueso.
Estos estaban constituidos por unas 60 o 70 piedrecitas entretejidas por hilos de algodón muy bien lebradas. En la porción que
daba al pecho pendía con joyel, todo engastado en pedacitos de
hueso de pescado con piedrecitas de color interpuestas, representando una cara humana muy fea. Estos collares los usaban
también los caciques y señores para ponerlos en la cabeza. Los
collares monolíticos de que hemos hablado eran también para
su aderezo.
Otra prenda de su atuendo personal eran los cinturones,
anchos, como de tres dedos, adornados también de huesecillos
con labores blancas y coloradas y con engastes de pedacitos de
oro y entretejido todo por hilos de algodón.
Las personas de significación usaban en algunas ocasiones
cierta clase de calzados llamados «cotaras» que no eran sino,
poco más o menos, lo que nuestros campesinos de ahora llaman
«soletas», y también hechas de piel.
Acostumbraban los indios pintarse el cuerpo con diversas
sustancias. Unas veces era para ir a la guerra, otras para asistir
74 Carlos Larrazábal Blanco
a la cohoba y a los areítos, para asistir a sus actos de magia que
hacían con los enfermos, y a veces para evitar las picaduras de
los insectos. Había ocasiones en que pintarrajeaban la cara de
tal suerte que horrorizaban a los niños y parecían verdaderos demonios. La bija era una sustancia muy favorecida por este arte.
Juego de pelota
El juego de la pelota era muy interesante. En una cancha
llamada «batey», que también era el nombre de la pelota y del
juego, se distribuían dos bandos de 20 a 30 individuos cada uno
frente a otro. Un jugador lanzaba la pelota al grupo de enfrente
del cual otro jugador debía hacerla rebotar con los hombros si
venía por alto, o con la región glútea, poniendo la mano derecha en tierra, si la pelota venía más baja. Las mujeres también
jugaban pero hacían rebatir la pelota con los puños y con las
rodillas. De esta manera la pelota iba y venía de un bando a otro
hasta que un jugador cometía falta. Fabricaban las pelotas de
zumos de planta, y eran bastante grandes y rebotaban mucho.
No jugaban los indios desinteresadamente, sino que siempre
ponían algo a ganar o perder, y después que los españoles arribaron hasta objetos propios de estos como sayos y paños.
Areítos
Era la fiesta más típica y original. Una especie de canto y
baile a base de tradición y leyenda. Servía para conmemorar
los hechos importantes, faustos y nefastos, como la muerte de
un cacique. La fiesta que Anacaona le dedicó a Ovando fue un
areíto. Mayobanex no quiso entregar a Guarionex al Adelantado
Bartolomé Colón y entre las causas que adujo fue que le estaba
muy agradecido pues les había enseñado, a él y a su esposa, el
«areíto de la Maguá», esto es, le había enseñado a «bailar los
bailes de La Vega», «que no se tenía ni estimaba en poco».
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
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El areíto era dirigido por un jefe, el «tequina», que entonaba una leyenda llevando el compás de instrumentos musicales y
de canciones y haciendo figuras con el cuerpo. Todos los asistentes, las manos o los brazos entrelazados, imitaban la actitud del
tequina. La fiesta duraba horas y a veces se amanecía hasta que
acababa en postración general, en parte, debido a las bebidas
alcohólicas que tomaban. En este estado el tequina luego hacía
el elogio del cacique o proponía cuestiones que tenían algún
interés. Los instrumentos usados eran tambores, maracas, marimbas, el guamo o caracol sonoro.
Los grandes cacicazgos
Por lo general se conviene en que la isla, a la llegada de los
españoles, estaba dividida en cinco cacicazgos: Marién, Maguá,
Higüey, Maguana y Jaragua, y que fueron sus reyes principales:
Guacanagarix, de Marién; Guarionex, de Maguá; Higuanama
y Cotubanamá, de Higüey; Caonabo, de Maguana; Boechío
y Anacaona, de Jaragua. Pero no es bueno comprender estas
cosas como si en realidad hubiesen sido así exactamente. Estos
cacicazgos no eran como Estados independientes, porque de ser
así los caminos hubiesen sido más numerosos, perfectos y transitados, el comercio se hubiera desarrollado, hubiesen existido
fronteras y las guerras hubieran sido más frecuentes y grandes.
Tampoco hay que pensar en una forma federativa, aunque algunos pueblos ayudasen a otros en ciertas ocasiones.
Un cacique no era sino el cabeza de un pueblo de indios
con influencia inmediata y directa sobre ese pueblo, nada más.
Si este pueblo era grande, y los podía haber hasta de dos mil
personas y más, su influencia irradiaba hacia centros más pequeños o «barrios» apartados y sobre hogares dispersos. Los cinco
«grandes reyes o señores» no fueron, pues, sino jefes de grandes
centros de población.
Los españoles primitivos vieron claro en esto y llamaban
«cacique» al jefe de un pueblo.
76 Carlos Larrazábal Blanco
La unidad de los cacicazgos es dudosa. Las Casas, que quiso entrever instituciones políticas bien determinadas, fuerza le
fue dudar de que Mayobanex, cacique entre los ciguayos, fuese
subalterno de Guarionex, y que Haniguayagua formara cuerpo
político con Jaragua. Además de las dudas de Las Casas existen
de evidencia estas otras cuestiones:
Caonabo se movía, en sus campañas contra los españoles,
independiente de fronteras y de toda noción de derecho internacional. Así hizo desplazándose, cuando fue necesario, hacia
Marién y hacia Maguá. Guacanagarix contribuyó con los indios a
la conquista del Cibao moviéndose hacia Maguá. Cotubanamá no
era sino señor de la Saona y tierras aledañas al sur de Salvaleón;
la india Catalina era cabeza principal en las regiones del Nizao;
los indios de Icayagua tenían su señor y ayudaron a Esquivel en
la conquista de Higüey, luego es dudosa la existencia de un cacicato de Higüey desde cabo Engaño hasta Haina.
Provincias
Además de esta división en cinco grandes cacicazgos la isla
comprendía varias provincias, unas treinta, según cuentan historiadores clásicos. Estas regiones tomaban algunas veces nombres
(o así las designaban los españoles) de un cacique, o del pueblo
de indios en ellas asentados: Haniguayabá y Bonao, por ejemplo,
eran nombres de caciques; Baoruco nombre de pueblo. Estas
regiones tenían más importancia en lo que podríamos llamar división política de la isla que los llamados cacicazgos porque eran,
las más, sedes de poblaciones de importancia y ya sabemos era
el pueblo de indios el verdadero cacicato y la fuerza principal
política y social. El ataque al pueblo fue lo esencial en la caída
de la raza india.
Los españoles unas veces fundaron cerca de poblaciones
indias para mejor control y hacerlas trabajar para su sustento;
otras en un pueblo adrede destruido y dispersado. La Navidad
se fundó cerca de la sede de Guacanagarix. Después, La Isabela,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
77
Santo Tomás, la Concepción se fundaron cerca de poblaciones,
o en ellas mismas. La Magdalena se instaló en el pueblo del cacique Guatiguaná, El Bonao en asiento del cacique del mismo
nombre, y así se procedió con Higüey y Azua, y probablemente,
Lares de Guahaba y Salvatierra de la Sabana se fundaron en los
asientos de los caciques de Guahaba y Haniguayabá.
Capítulo VII
Santo Domingo centro de expediciones
La Cuna de América
1. Una vez los españoles se asentaron definitivamente en
la Isla Española se hizo esta centro de expediciones para nuevos descubrimientos, nuevas conquistas y empresas nuevas de
colonización. Santo Domingo fue entonces el centro y la sede
principal del poder civil, político y militar de la Madre Patria en
las recién ganadas tierras, así como también el poderío espiritual
del cristianismo. Por esta razón bien merecido se tiene nuestra
isla el sugestivo dictado de Cuna de América.
Viaje de Colón a Cuba
2. La primera expedición que salió fue comandada por el
propio Primer Almirante que se hizo a la vela en La Isabela, en
el año de 1494, con la intención de percatarse de si la tierra por
él llamada Juana, en su primer viaje de descubrimiento, era isla
o porción continental.
Colón bojeó a Cuba por el Sur, anduvo por los Jardines
de la Reina y concluyó en favor de su carácter de continente.
En esta oportunidad descubrió el Almirante a Jamaica, a la
que llamó Santiago, y costeó toda la porción sur de nuestra
isla descubriendo y reconociendo: el cabo San Miguel, hoy
78 Carlos Larrazábal Blanco
Tiburón, las islas Alta Vela y Beata, las tierras de la cacica
Catalina, regadas por el Nizao; las islas de Santa Catalina y
de La Bella Savonesa que siempre se dijo Saona. Al norte de
esta isla, en el estrecho y bajo canal que la separa de la isla
mayor, pasó Colón el primer ciclón que registran los anales de
nuestra historia.
Los nombres asignados a estos lugares descubiertos los
impuso el propio Almirante, y el primero de San Miguel, al
cabo Tiburón, y el sugestivo de La Bella Savonesa los dedicó a
un buen amigo que con él viajaba en esta oportunidad, natural
de Savona o Saona, en Italia, Miguel Cuneo. ¿No tocará esto,
aunque sea ligeramente, sobre la italianidad del Almirante? ¿No
habla esto, aunque fuere para sugerir, sobre el temperamento
«poético» que se le atribuye al Descubridor?
Una vez el azote del huracán pasó, Colón llegó hasta la isla
Amona de donde, enfermo de gravedad, hizo rumbo directo a
La Isabela. Había efectuado un derrotero que tuvo su importancia geográfica y política: amplió las lindes del piélago antillano,
aumentó tierras al imperio español y cristalizó el concepto de
isla como la entidad geográfica de la Española.
Viaje de Sebastián de Ocampo
3. El error que Colón cometió con su apreciación geográfica sobre Cuba fue dilucidado por Sebastián de Ocampo, hidalgo
gallego, criado de la Reina Católica, que, según hemos hecho
mención, estaba en la Española condenado a destierro perpetuo
de la Madre Patria por delito de homicidio. Salió Ocampo en
1508 enviado por el gobernador Ovando, estuvo en el puerto
de La Habana y montando el cabo de San Antonio, extremo
occidental de Cuba, bojeó por el Sur quedando la certeza de la
naturaleza insular de Juana.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
79
Expedición de Diego Velázquez
4. Lo que no hizo Ocampo, es decir, la conquista de la isla por
él determinada como tal, cúpole hacerlo a Diego de Velázquez.
En 1511, patrocinada por don Diego Colón, entonces en el gobierno de la Española y en el virreinado de todas las Indias, salió
Velázquez de Salvatierra de la Sabana, en la costa sur, con una
expedición de trescientos hombres con el deliberado propósito
de establecerse en Cuba. En esta tropa se alistaron dos grandes
capitanes de la conquista de América: Hernán Cortés, notario
en Azua, y Pedro de Alvarado que llevaba en la Española vida
miserable hasta tener que esconder, por no mancillarla, la cruz
de Santiago a que tenía derecho por ser caballero de tal orden.
La expedición llegó a Baracoa y allí estableciose. Comenzó
la conquista bien pronto, pero no fue tan sangrienta ni cruel
como la de la Española. Los indios cubanos eran mansos, pacíficos, no estaban acostumbrados a la guerra, y fácil fue el vencerlos.
El héroe indiano fue Hatuey, indio jaragüeño o marienés, que
cuando la conquista de Jaragua por Ovando pudo escapar de la
matanza e irse a Cuba. El invicto cacique murió quemado vivo,
quedando, con este trágico hecho, consumada la conquista de la
isla hermana. Santo Domingo ha dado a la historia de Cuba, en
esta época, dos contradicciones a la vez: el conquistador español
y el héroe mártir de la raza abatida, anverso y reverso de una
misma medalla: la conquista.
La isla de Puerto Rico
5. El gobernador Ovando, además de haber mandado a
Sebastián de Ocampo explorar a Cuba, envió a Juan Ponce de
León con igual misión a Puerto Rico. Este llenó su cometido, dio
sus informes y fue entonces comisionado para que se asentase
en esa isla. Armó un carabelón, metió unos cuantos españoles e
indios y allá se fue. El primer cacique con que se tropezó se hizo
su amigo y lo ayudó mucho a reconocer el país y ganarse adeptos
80 Carlos Larrazábal Blanco
entre las indiadas de Borinquen hasta llegar a la región donde
se asienta hoy San Juan. Cerca de esta ciudad fundó el primer
pueblo de españoles, Caparra.
Juan Ponce llegó a ser nombrado por el Rey, gobernador de
aquella isla; pero al llegar el virrey don Diego Colón, valiéndose
de sus atribuciones de gobernador de Santo Domingo y de las
Indias, nombró en su lugar a Juan Cerón.
Diego Velázquez en Cuba había logrado librarse de la
tutela política del virrey que lo mandó a conquistar, y sus
trabajos fueron reconocidos como su obra personal y fue
nombrado gobernador por la Metrópoli directamente. Cosa
similar ocurrió en Puerto Rico, pero no en vida de don Diego,
sino después de muerto. Fueron nombrados por Diego Colón
gobernadores de Puerto Rico, además de Cerón, el comendador Rodrigo de Moscoso, que vino con él a la Española y en
el repartimiento del año 1514 le asignaron más de una centena de indios en San Juan de la Maguana; Cristóbal Mendoza,
Pedro Moreno, en dos ocasiones, y el obispo de San Juan,
Alonso Manso.
Jamaica
6. Diego Colón, en su afán de hacer efectivo su virreinato
de Indias, quiso completar su dominio antillano con la conquista de la isla llamada por su padre Santiago y por los naturales
de Jamaica. Para esta empresa escogió a Juan de Esquivel, ya
adiestrado en estas empresas por los tiempos de Ovando en
su conquista de Higüey. Este capitán no halló en Jamaica un
Cotubanamá con quien contender y se posesionó de la tierra
encomendádale sin fragor de guerra ni derramamiento de sangre. Esquivel fundó la ciudad de Nueva Sevilla donde comenzó
su asiento.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
81
A la conquista de los Estados Unidos
7. Las islas Lucayas fueron pasto, así como las Caribes y
las costas de Paria, de la ambición de las empresas esclavistas
españolenses. En virtud de esto los oidores Lucas Vázquez de
Ayllón, el licenciado Matienzo y el secretario Diego Caballero
armaron a su costa dos carabelas que por ventura descubrieron
nuevas tierras más al norte de la Florida, en lo que hoy se llama
Carolina.
El oidor Ayllón pasó a España y logró que se concluyeran
capitulaciones que lo obligaron a armar los buques que fueron
necesarios, así como a reconocer y describir si lo que descubriese fuere un estrecho que comunicara con el océano Pacífico (ya
en esta época el gobierno español se ocupaba en descubrir un
paso que comunicara ambos océanos). En recompensa Ayllón
era designado Adelantado de las nuevas tierras.
El presunto conquistador debía efectuar su trabajo en el
lapso de tres años, pero la expedición no estuvo lista hasta el año
1526, año en que 500 hombres, en seis embarcaciones, salieron
de Puerto Plata con destino a Chicora, que así llamaban a las
nuevas tierras. Llegado que hubo la expedición españolense se
asentó en la desembocadura de un río, fundó la villa de San
Miguel de Guadalupe, reconoció las costas y parte del interior,
pero como las provisiones fueron escaseando y no encontraban
alimento sino con muchas dificultades, el suelo de la villa era
pantanoso, el frío iba apretando, muchos expedicionarios vinieron a enfermar y a morir, entre ellos el propio oidor adelantado
don Lucas Vázquez de Ayllón.
Quedando San Miguel de Guadalupe sin su principal animador sobrevinieron nuevas desgracias y desazones. Se hizo cargo del mando el capitán Francisco Gómez, pero no fue acatado
unánimemente puesto que otros aspiraban también el cargo, y
fue necesario que el capitán usase de rigor. Por otra parte, los
indios, aprovechando todas estas desventuras, mataron a muchos de los colonos. De quinientos que salieron de la villa de
Puerto de Plata, en flamante expedición, solo quedaron ciento
82 Carlos Larrazábal Blanco
cincuenta que tomaron la decisión de dejar esa inhospitalaria
tierra, y se vinieron a Santo Domingo o pasaron a Puerto Rico.
Paria
8. Los gobernantes y moradores de la Española dilataron
un poco la colonización de Venezuela a pesar de ser muy visitada
por los pescadores de perlas de Cubagua y Margarita y por los
que se acercaban a sus costas para saltear individuos que esclavizar. Ya por el año de 1500 se habían asentado españoles en
Cubagua y fundaron a Nueva Cádiz que tuvo su esplendor que
bien pronto decayó, y los buscadores de perlas se tornaron en
buscadores de indios para vender en Santo Domingo.
En el año de 1514 frailes dominicos, salidos de la ciudad de
Santo Domingo, estableciéronse con intenciones de pacífica y
cristiana penetración en las costas orientales de Venezuela y fundaron cerca de la actual Cumaná un convento. Una expedición
de propósitos esclavistas, sin embargo, dio al traste con la fundación porque habiendo sido, como de costumbre, ofendidos los
indios, tomaron venganza en los frailes y tuvo fin sangriento la
misión.
Los frailes, sin embargo, volvieron a su propósito, no solo
dominicos sino también franciscanos, pero la sed de venganza
de los cumanagotos vino por el año 1520 a poner de nuevo fin
trágico a esta noble empresa.
Entonces la Real Audiencia envió una expedición comandada por el capitán Gonzalo de Ocampo con trescientos hombres que llegó a Paria, esclavizó indios, rescató perlas y fundó la
villa de Nuevo Toledo.
Gonzalo de Ocampo tuvo que ceder su fundación a
Bartolomé de las Casas que había capitulado con el Rey una vasta
conquista bajo un sistema de colonización pacífica y catequista,
pero no le prestó ayuda y el capitán y su gente dejaron solo al
padre que tuvo que regresar a Santo Domingo en petición de
ayuda y auxilio.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
83
En su ausencia los indios atacaron a Nuevo Toledo, mataron a unos y otros se dieron a la fuga.
Sin embargo, creyó conveniente la Audiencia mantener la
fundación hecha por Ovando y vigilar la costa de Paria y envió a Jacomé Castellón que refundó la ciudad con el nombre
de Nueva Córdoba, castigó a los indios de Cubagua y Cumaná
matando a muchos y esclavizando a otros. En 1530 destruyó la
ciudad un terremoto.
Todas las fundaciones de Paria estaban sometidas en cierta
forma a la autoridad de Nueva Cádiz, en Cubagua, esta era fragánea, en lo civil y militar, de la Real Audiencia de Santo Domingo.
La isla Margarita
9. El licenciado Marcelo de Villalobos, oidor de la Real
Audiencia en 1525, obtuvo del Rey la población y gobierno de la
isla Margarita, ratificada poco tiempo después, en su hija doña
Aldonza de quien Juan de Castellanos dice: «Aquella merítisima
doña Aldonza Manrique señora generosa. De mucho más honor
merecedora y para gobernar más alta cosa». Estuvo gobernando
largos años, primero con su esposo don Pedro Ortiz de Sandoval,
después con su yerno don Juan Sarmiento de Villadrando, que
gobernaba para 1594.
Gobernación de Venezuela
10. La fundación de la gobernación de Venezuela tuvo su
origen en Juan de Ampiés, factor de la Isla de Santo Domingo.
La fundación de la ciudad de Santa Ana de Coro y la sujeción y
amistad del cacique Manaure constituyen los comienzos de esta
gobernación, que Carlos V cedió a la campaña comercial alemana de los Welser, Ampiés hubo de conformarse con el usufructo
de la isla de Curazao que le dieron en compensación.
84 Carlos Larrazábal Blanco
Expediciones de socorro
11. No solo expediciones de conquista, colonización, evangelización, esclavistas o contra indieros salieron de los puertos
de la Isla Española, sino también de socorro.
Tal se puede titular la de Diego Fuenmayor al Perú. En 1536
se recibió carta de Pizarro, donde participaban al Gobierno españolense que los indios del Cusco se habían alzado y que si no
se le proveía de gente, caballos y armas no podría sostenerse.
Atendiendo a estos términos se dispuso inmediatamente una expedición compuesta de trescientos hombres, 200 caballos, armas
y municiones que se encomendó a la jefatura del citado Diego
de Fuenmayor, hermano del gobernador y arzobispo Alonso de
Fuenmayor.
Llegado que hubo el capitán al Perú los indios abandonaron
su rebelde actitud, pero halló a Almagro apoderado del Cusco
y en prisión un hermano de Pizarro, por lo cual ambos conquistadores estaban a punto de romper en guerra civil. Fuenmayor
llevaba además instrucciones de la Real Audiencia para si había
discordias entre capitanes por la posesión de Cusco, interviniera
en el sentido que se determinó. Fuenmayor no logró nada y se
fue para España siendo portador del oro que Pizarro había reunido para el Rey.
Expediciones de tránsito
12. Entre muchas expediciones que tenían su origen y comienzo en España acababan de armarse en Santo Domingo. De
las más singulares fueron las de Diego de Nicuesa y las de Alonso
de Ojeda.
Diego de Nicuesa, que vivió en La Vega, y allí, sacando oro,
se había hecho de un capital de 5,000 a 6,000 peso oro, pudo
conseguir que se le nombrara gobernador de Veragua. Por otra
parte, el obispo Fonseca, gran enemigo de Cristóbal Colón,
gestionaba para Alonso de Ojeda la gobernación de las tierras
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
85
aledañas al golfo de Urabá, que al fin consiguió. La gobernación de Nicuesa se llamó Castilla del Oro, la de Ojeda Nueva
Andalucía, que comprendía desde el cabo de Vela hasta la mitad
del golfo de Urabá, pues la zona de Nicuesa comprendía desde
aquí hasta el cabo de Gracias a Dios. Ambos debían tomar a
Jamaica como lugar de abastecimiento.
Los presuntos gobernadores se encontraron en la ciudad de
Santo Domingo, y discutieron sobre los límites de sus respectivas
gobernaciones. Pero ocurrieron algunos incidentes iniciales.
El gobernador de Santo Domingo, que lo era don Diego
Colón, se sintió herido por estos arreglos, pues tanto Jamaica
como Veragua habían sido descubrimientos de su padre, así fue
que resolvió hacer la conquista y colonización de Jamaica. Juan
de Esquivel con un puñado de sesenta hombres se hizo cargo
de esta empresa, en contra del parecer de Ojeda, quien ofreció
cortarle la cabeza.
Las cosas entre ambos gobernadores se agriaron de tal
manera que en cierta ocasión desenvainaron sus espadas para
acometerse, pero oportuna intervención de vecinos o de interesados puso paz entre ambos contendores.
Ojeda era pobre y había sido ayudado por Juan de la Cosa,
uno de los descubridores de nuestra isla, que armó en España dos
o tres naves y allegó 200 hombres, pero como no era suficiente,
sobre todo si se comparaba esta armada con la de Nicuesa, más
flamante y mejor pertrechada. Ojeda recibió la ayuda del bachiller Martín Fernández de Enciso que entonces era abogado en
Santo Domingo, y había ganado algunos castellanos de oro, y la
expedición pudo partir. Nicuesa salió después porque como se
metió en muchas deudas, don Diego Colón y los suyos pusieron
obstáculos por esta vía hasta en cierta ocasión sacarlo de su nave
ya parte de la flota las velas levantadas, pero un fiador salvó los
inconvenientes y Nicuesa fue a posesionarse de su anhelada
Castilla del Oro.
Ambas expediciones tuvieron un fin desastroso. El cartógrafo Juan de la Cosa pereció a manos de los indios; Ojeda pasó infinitas penalidades, una de ellas el andar perdido en la Ciénaga
86 Carlos Larrazábal Blanco
de Zapata, en Cuba, habiéndole sacado de esta isla Pánfilo de
Narváez, enviado desde Jamaica por Juan de Esquivel, que lo recibió y alojó en su propia casa tratándolo a cuerpo de rey. Ojeda
pasó luego a Santo Domingo donde al cabo de un año murió.
De Diego de Nicuesa no se supo jamás.
Como complemento de la expedición de Ojeda salió otra
de Santo Domingo comandada por el citado bachiller Enciso.
Este fue el origen de la gobernación de Panamá y del descubrimiento del océano Pacífico y conquista del Perú. Enciso encontró en Urabá a Francisco Pizarro que había sido dejado allí
por Ojeda, y Vasco Núñez se fue en la armada de polizón. Vivía
en Salvatierra de la Sabana y cargado de deudas, perseguido a
cada rato por culpa de ellas, no encontró mejor solución a tanta
intranquilidad que salir en la expedición de Enciso a escondidas
dentro de un tonel.
Personalidad de Ojeda
El conquistador Alonso de Ojeda, que tanto atañe a la historia de Santo Domingo, era un tipo especial de conquistador
útil para destruir, pero de perfecta incapacidad para construir,
por eso nunca llegó a ser capitán. Díscolo, intransigente, de mal
carácter, demasiado puntilloso y pendenciero, no podía captarse buenas voluntades. Como era valientísimo hasta lo heroico,
intrépido hasta la inconciencia, y de una impiedad asombrosa,
hubo quienes lo alentaron y ayudaron en sus empresas de que
siempre salió más pobre de lo que entró y donde más de cien
veces estuvo a punto perecer.
En cierto sentido el destino le contradijo. Amaba el oro
como todos, pero murió sin un castellano en los bolsillos de su
jubón. No tuvo jamás miedo al peligro, parecía destinado a morir de un flechazo indiano, de una estocada de algún compañero
ofendido, de una marejada de huracán, sin embargo, vino a morir de muerte natural, físicamente tranquilo, aunque quizá con
la conciencia triturada por sus muchas injusticias. No fue nunca
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
87
un caballero, la tradicional hidalguía castellana jamás albergó
en su pecho, sin embargo, recordemos que la usó a manos llenas
otro andaluz, Juan de Esquivel.
Sin embargo, aquel espíritu de vital reciedumbre, árido
como cálido desierto, tenía su oasis: la religión. Devoto de la
Virgen María siempre andaba con su imagen colgada al pecho.
En sus grandes contratiempos la invocaba con fe verdadera y
católica. Algún día hubo de desprenderse de ella y fue cuando
su paso por la Ciénaga de Zapata donde a veces dormía con el
lodo al pecho sobre manglares y se alimentaba como es de imaginarse en tales circunstancias. Entonces ofreció desprenderse
de la imagen que toda la vida lo había acompañado, para con
ella hacer un oratorio en el primer bohío que topase al salir de
tal peligro, y así lo hizo. Su muerte misma fue la de un cristiano
viejo y hasta pidió que se le enterrase en San Francisco en sitio
donde todo el mundo al entrar pisara su tumba. Y en sitio tal
fueron hallados los despojos mortales de tan gran pecador que
ahora reposan en la iglesia del ex-Convento Dominico.
Los negros*
2
Procedencia
1. Desde el gobierno de Ovando hay negros en Santo
Domingo. En 1502 este gobernador protestó de la introducción
de africanos, que, por otra parte, se iban haciendo tanto más
necesarios cuanto más escaseaban los indios y aumentaban las
labores agrícolas y mineras de la colonia.
Procedían los negros de las costas de Guinea y de las regiones de Mandinga, el Congo y Angola, principalmente. Aunque
todos pertenecían a un mismo tipo racial, sin embargo, existían
diferencias entre grupos que se distinguían por su inteligencia,
* Nota: Para este estudio sucinto sobre los negros, el autor ha seguido y dejádose influir por el conocido autor negroafricanista Delafosse.
88 Carlos Larrazábal Blanco
o por su contextura física. Los negros mandigas, por ejemplo,
eran diferentes a los negros congos y, por lo general, también
pertenecían a un estado de civilización superior a la de estos.
Al mercado negrero de Santo Domingo llegaban negros
que eran calificados con diferentes nombres.
Para 1600 vivían negros zapes, negros branes, negros monicongos, negros biafras, negros yolofes, negros mandingas; y
en los libros del archivo de nuestra Santa Basílica pueden leerse
partidas bautismales de esclavos africanos a quienes se les califica por «razas» o se les dice «negro tal o cual», por ejemplo:
«raza boruca», «raza carabalí», «raza bambará», «negro mandinga», «negro de Angola», «negro mina». Estas designaciones
no denotan siempre diferencias o modalidades raciales, sino
diferencias de calidad que afectaban al negro como cosa objeto
de comercio, o aludían simplemente a la factoría negrera de
donde procedían. Los términos «mandinga» y «congo» denotan
modalidades de la raza negra; «mina» alude a la factoría portuguesa de Elmina, la más poderosa por muchos años; «biafra» es
un toponímico africano que ha pasado también a la toponimia
dominicana.
Los negreros iban a las costas africanas y allí compraban
los esclavos en factorías, a reyezuelos locales, o los tomaban por
la fuerza. Como animales eran transportados los negros en las
bodegas de las embarcaciones donde eran mal alimentados y
castigados rudamente. Dado el caso que una tempestad sorprendiera a la nave y fuera necesario aligerarla, al grito de «¡ébano
al agua!» lanzaban toda la negrada, o parte de ella, a la furia de
las olas.
Trato que recibían
2. Cuando los negros llegaban al puerto de Santo
Domingo los llevaban a un mercado especial que por mucho
tiempo se llamó «La Negreta», a donde acudían los interesados para comprarlos. Una vez en plena servidumbre, bien en
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
89
los hatos, los ingenios, las labranzas, el trato que recibían era
por lo regular muy duro. Dormían en barracones que a veces
estaban divididos en dos partes, una para los hombres, otra
para las mujeres con una sola puerta para que el capataz pudiera entrar cuando quisiera. Este, por lo general, los trataba
con rudeza, y los castigos que se les imponían eran crueles.
Unas veces se les azotaba las espaldas hasta producirles sangre,
otras iban al cepo donde se les apresaban la cabeza y las manos; otras se les ponían esposas y grillos o se les amarraba con
cadenas en calabozos oscuros.
En 1568 escribía el oidor Echagoyan al Rey que la mayor
población de la ciudad de Santo Domingo y de otros lugares
estaba constituida por negros, alojados en gran cantidad en los
ingenios y estancias, y que a pesar de eso no había sacerdote
que administrase los Santísimos Sacramentos y les enseñara la
doctrina cristiana y morían muchos sin bautismo y sin confesión;
y también decía el oidor que no solamente eran muy maltratados sino que el trabajo era mucho, y no dormían de noche y
andaban desnudos los más.
En 1518 el Lic. Alonso Zuazo, persona de mucha significación y que estuvo en el gobierno interino de la isla, escribía:
«Yo hallé al venir aquí algunos negros ladrones; otros huidos a
monte; azoté a unos, corté las orejas a otros, y ya no ha venido
más queja».
El negocio
3. Las autoridades de la isla, en 1518, pedían a la Metrópoli
licencia general para poder traer negros bozales de la calidad
que convenían a estas tierras y que para el efecto se admitiese
que se armaran embarcaciones en Santo Domingo o en España
para que fueran a las Islas de Cabo Verde o a la Guinea a buscarlos, que esto vendría en provecho de los habitantes y de las rentas de Sus Altezas y de los mismos indios porque serían ayudados
y relevados en el trabajo, lo que resultaría beneficioso para sus
90 Carlos Larrazábal Blanco
almas y su multiplicación precisamente en una época en que se
estaban juntando en pueblos de doscientos o trescientos para
que no andaran vagos sino en policía, se casaran, tuvieran sus
haciendas, pesquerías, monterías, etc. Hay que fijar la atención
detenidamente en esto: en 1518 las autoridades españolenses
patrocinaban la inmigración negra por motivos de orden económico y por motivos piadosos: la protección de los indios. Pero
más o menos por esta misma época el Padre Las Casas pedía la
misma cosa en la Corte.
En realidad, para la introducción de negros se requería
una licencia especial y había que pagar derechos de dos ducados por cabeza a la Casa de la Contratación de Sevilla, más
pagar el almojarifazgo en Santo Domingo. El Rey hizo merced
a cierto personaje flamenco para introducir en ocho años cuatro mil negros en esta isla y en Tierrafirme sin la obligación
de pagar ambos impuestos. El tal personaje vendió su contrato en 25,000 ducados. Los derechos de los esclavos hubieran
producido 28,000 y esto, como es natural, atentaba contra el
fisco y contra la idea de una licencia general que todos andaban
buscando. (Esto pasaba por 1519). No se consiguió esta sino el
que se derogara la exclusiva introducción de que arriba hacemos mención volviéndose al estanco, prohibición de venta libre
de negros, o lo que es lo mismo, en este caso, prohibición de
introducción libre. Mas sin embargo tanto se pidió que en 1526
se concedió licencia general para introducir 1,400 negros que
seguramente se introdujeron.
El precio de los negros variaba, como varían los precios de
las mercancías, según la oferta y la demanda. Cuando se autorizó
a los Welzer, compañía alemana que se había hecho cargo de la
conquista y colonización de Venezuela, a introducir 4,000 negros
se les obligó a venderlos a 45 castellanos. Pero en 1539, habiendo necesidad, llegaron a valer hasta 80 y 90 castellanos aquí en
Santo Domingo. Los vecinos protestaron, la Audiencia intervino
y fijó un precio hasta 65 castellanos mientras Su Majestad resolviera sobre el asunto.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
91
Aspecto físico y social
4. Hemos tratado sobre las costumbres, religión y estado
social de los indios, ahora vamos a intentar lo mismo con los
africanos aunque el teatro de acción tenga que variar, porque es
necesario trasladarnos a la misma África y sobre todo a la costa
occidental desde Cabo Blanco hasta Cabo Negro, lindes entre
los que se extienden las regiones conocidas con los nombres
de Cacheo, Senegal, Mandinga, Costa de Oro, Costa de Marfil,
Costa de los Esclavos, Guinea, Benín, Biafra, Congo, etc.
Físicamente el negro se distingue por estas características:
cabellos crespos, barba delgada, ventana de la nariz ancha, labios
gruesos, dientes fuertes, olor característico de la piel, piel negra
o bronceada como la de los indios, separación de los dedos pulgares del pie, propensión a una risa ruidosa (los indios también
reían mucho).
5. El fundamento social de los negros es el colectivismo. En
esta sociedad el individuo no es nada. Tampoco tiene la familia el valor que tiene entre los blancos. La familia negra forma
parte de una colectividad, y esa colectividad se engendra en un
antepasado poco más o menos lejano, de ahí el respeto religioso
que los negros (como los indios) tienen por sus antecesores. El
colectivismo es fenómeno muy común en pueblos primitivos, no
es difícil que nuestros indios lo practisen. En la sociedad negra
el individuo no es más que unidad numérica cuyos derechos
particulares están sometidos al interés general y cuyos intereses
particulares no tienen ningún valor a menos que no coincidan
con el interés general. Como consecuencia de este colectivismo,
el matrimonio negro no lo conciertan dos individuos sino dos
familias. El suelo no es objeto de comercio, ni se compran ni se
venden tierras, pues los individuos no pueden poseerlas como
dueños de ellas sino para hacerlas producir en nombre de una
colectividad. Una parcela de terreno se convierte en una especie
de divinidad que por ciertos ritos religiosos (ofrendas, sacrificios) pasa a individuos que representan a una comunidad. El
92 Carlos Larrazábal Blanco
comercio y la industria en grande son también colectivos, bien
de asociaciones o de castas: una canoa será de un grupo de canoeros, pero el trabajo manual particular es individual, es decir
el producido del aceite de palma que se saca es de quien lo ha
sacado.
Con la raza negra se han cometido muchas injusticias. Se les
ha dicho embusteros, pícaros, crueles, como si la mentira, la picardía y la crueldad no fueran comunes a todas las razas. Además
el negro que en momento es pícaro o embustero a cabalidad
en otro momento puede ser muy fiel y muy franco. Es que la
mentalidad del negro y su moralidad son también colectivas. La
pauta legal y moral para ellos es la colectividad, cuando por sus
instintos hacen algo que se salga de ella, y a la vez es reprimible,
el negro miente o engaña, se calla o se hace que no sabe nada,
porque es la parte débil. También el negro es superticioso y vive
con el terror del castigo de las divinidades si falta a ciertas reglas.
El negro si miente, engaña, calla o disimula, si es «marrullero»
no lo hace las más de las veces de mala fe sino porque piensa que
el decir lo que se pregunta, por ejemplo, puede hacer daño a la
colectividad o herir la susceptibilidad de algún antepasado. Así
debían proceder nuestros indios.
A los negros se les ha creído también despreocupados,
pero no debe pensarse que lo han sido tanto, sino lo contrario,
porque su colectivismo les exige ocuparse del interés común.
También se les ha tildado de imprevisores como los indios. Pero
el defecto capital de los negros es la falta de virtud de esfuerzo
continuado: les falta voluntad. Pero esto considerado como colectividad, porque un negro, individualmente, puede ser muy
tenaz y muy perseverante. Una masa de negros puede llegar
hasta el fin en el propósito cualquiera pero tiene que tener el
acicate de una fuerza exterior que los obligue y les enseñe la
virtud del esfuerzo continuado. El indio en esto era igual que el
negro, o peor, porque nuestros indianos no tenían voluntad ni
individual ni colectiva.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
93
Sentido artístico
6. El sentido artístico del negro está muy desarrollado pero
no integralmente. La pintura y la escultura no prosperaron entre
los negros, sobre todo la escultura en grande, porque en pequeño han trabajado ingeniosamente en piedra, madera, marfil, y
con el modelado de la cera, el barro o los metales. No solamente
los negros han sido maestros en el arte religioso sino también
en el industrial, trabajando sobre barro, madera, hierro, cobre,
oro, cuero y textiles, y confeccionando vasijas, cucharas, sillas,
remos, cuchillos, armas arrojadizas, hachas pequeñas, alhajas de
oro, anillos, brazaletes, almohadones, sillas de montar, botas de
cuero, esteras, bordados de algodón, etc.
La habilidad artística que nunca se ha escatimado a los negros es la musical. Todo el mundo sabe que los negros tienen
mucho oído y que llevan muy bien el compás, y estas son, a la
verdad, las habilidades musicales genuinas.
La melodía de la música africana es a veces vulgar, pero
dotada de cierto encanto aun para el oído de los blancos.
Generalmente es triste y dulce más que alegre, pero a veces suele
ser fuerte y hasta fiera en sus cantos guerreros y en sus alabanzas
a los héroes muertos. Pero el tema de la melodía negro-africana
es muy corto e invariable. Es un tema sencillo, breve, corto que
se repite una y mil veces hasta embriagar como un vaso de licor.
Religión
7. Los africanos son fetichistas. Un fetiche es un objeto fabricado por el hombre y reputado como dotado de poderes mágicos
provenientes de los ritos que han presidido su fabricación o su
consagración. Un cemí no era otra cosa que un fetiche, pero este
no era el fondo espiritual de la religión de los negro-africanos,
como no lo era el cemí entre los indios. Tampoco constituyó el
fondo principal de la religión negro-africana el totemismo, que si
lo practicaron fue en épocas remotísimas. Un tótem es un animal
94 Carlos Larrazábal Blanco
que tiene vínculos muy estrechos con una tribu por ser descendiente de un antepasado común. En Dahomey existe el culto a
la serpiente sagrada, de que actualmente hay una reproducción
cierta en Haití, pero no es totémico porque no se considera a
la serpiente como descendiente de un antepasado común. Esta
serpiente no es sino símbolo de una divinidad local, regional.
Los negros mandigas, que tanto abundaron en Santo
Domingo un Dios creador, pero no era un concepto religioso
sino más bien filosófico o cosmogónico. Este Dios de los negros
y los indios no desempeña el papel de Providencia, ni se le rinde
culto.
La verdadera religión de los negros es el animismo. Todas
las cosas animadas tienen un alma de la misma esencia. El aspecto exterior de las cosas o de los fenómenos que lo hacen
patente a los sentidos, no tienen que ver con esta alma que está
dotada de una personalidad propia y distinta, de pensamiento y
de voluntad.
Los negros mandingas, que tanto abundaron en Santo
Domingo, llaman a esta alma nia. Todo animal tiene su nia lo
mismo que toda planta y subsiste aun después de la muerte.
También tienen su nia la montaña, el río, la piedra, todo accidente natural. La tierra, el agua, la atmósfera tienen su nia, o
mejor dicho sus nias, porque tienen tantos como manifestaciones
localizadas puedan tener. Cada parcela de terreno, cada bosque,
cada valle tiene su nia propio. Además de este principio los seres
vivos –hombres, animales y plantas– tienen otro principio que
no tiene voluntad, ni pensamiento y que es impersonal, que en
lengua mandiga se llama dia y que es intermediario entre el nia
que manda y ordena y el cuerpo material que ejecuta. Para los
negros el nia de un difunto es una fuerza atendible y respetable
porque está libre de cuerpo sobre que actuar. De ahí el culto a
las almas de los difuntos y sobre todo a las almas de difuntos que
hace más tiempo han muerto porque así ya los despojos materiales se han consumido más.
Los negros han practicado entre sus ritos religiosos los
sacrificios humanos. No parece que los indios españolenses los
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
95
practicaran. La persona sacrificada puede ser un miembro de la
familia, el hijo del patriarca o el hijo de su primogénito, o bien
un esclavo, de preferencia una doncella. Sacrificaban también
animales: una ternera, una oveja, una cabra, una perra, una
gallina, o los machos de uno de estos animales; también usaban para el sacrificio un huevo. Las ofrendas podían consistir
en parte de la carne de sus víctimas o en sangre, sus pelos, sus
plumas o el contenido del huevo o las cáscaras; podían consistir
en libaciones de vino de palma u otra bebida fermentada.
La religión de los negros no posee templos propiamente dichos. Las ceremonias se celebran donde se cree reside la divinidad que se quiere reverenciar. El alma del antepasado se invoca
en la casa o en su tumba o en el lugar que murió violentamente;
el alma de la tierra se invoca en el bosque, en una roca; la del
cielo en un lugar que haya caído un rayo, etc. Pero nunca dejan
de haber altares. A veces es un banco de arcilla o una piedra lisa,
otras una roca, o la entrada de una gruta, o la parte inferior de
un tronco de árbol o una estaca plantada en tierra terminando
en horquilla de tres ramas.
La religión entre los negros es puramente familiar y el
sacerdote es necesariamente el patriarca, el jefe de la familia,
pero hay cultos que se han generalizado a muchas familias. La
religión, como todo, es de espíritu y práctica colectivos, no se
preocupa de los intereses particulares y el patriarca no interviene sino cuando el interés de la comunidad lo requiere. Pero
como el individualismo instintivo no puede desaparecer los
negros practican la magia, la hechicería, la brujería y en lo que
han llegado a ser verdaderos peritos. Cuando quieren hacer
daño a un individuo, por algún sentimiento personalista, como
la religión no lo ayuda en su propósito, practican la brujería. La
brujería se parece a la religión en que pretende hacer intervenir
poderes ocultos, pero es individual mientras que aquella es colectiva y la practica el patriarca. Los negros poseen también una
serie infinita de creencias y de supersticiones y obedecen a prohibiciones o tabús. Creen en la existencia de hombres-panteras,
hombres-hienas y ogros aun recordados en nuestro folklore con
96 Carlos Larrazábal Blanco
los nombres de «cuco», «macarapanda», etc. Su vida a veces no
discurre libre porque creen que si algo hacen o algo comen puede provenir tal o cual malestar individual o colectivo.
Nuestros indios indiscutiblemente practicaban la magia,
basta solo recordar los misterios de la cohoba para darnos cuenta de ello así como las prácticas curativas que hacían.
8. Esa vida llevaban y esas costumbres o ideas tenían los
negros, poco más o menos, cuando llegaron de esclavos a
Santo Domingo. Al encontrarse aquí con los españoles de raza
diferente, y viviendo bajo el dominio y potestad de ellos tuvieron que experimentar en sus espíritus una conmoción muy
fuerte porque hubieron de adaptarse a un género de vida muy
diferente y a una manera de pensar y de sentir muy diferentes,
pero en el fondo conservaron mucho de lo propio. Los negros
llegaron a rezar, por ejemplo, a ser devotos de la Virgen, a hablar el español, pero en el fondo conservaron su mentalidad
y su espiritualidad. Siempre seguían siendo animistas y colectivistas, aunque la esclavitud los desarticulara de la familia y
del clan, y tan individualistas, que al lado del culto superficial
de la Virgen practicaban la magia y la brujería, y todo a pesar
de la sociedad en que vivían y de la manera que vivían y de
la religión católica que se les hacía adoptar. El negro tenía
más fuerza espiritual que el indio, no solo más robustez física,
por eso, si es verdad que sufrió influencias también es verdad
que el negro africano la ejerció en la sociedad que vivía. En
nuestras costumbres, en nuestro folklore, no queda nada del
indio, débil de espíritu y de cuerpo sucumbió y no dejó tras de
sí sino alguna escasa huella.
Un fondo indiscutible, evidente queda en nuestra sociedad
que nos viene de África, que ha perdurado a través de siglos a
pesar del cruzamiento de las razas, y que perdurará por mucho
tiempo, solamente que en vez de ocultarlo como pecado o de
echarlo a menos debemos tenerlo en cuenta para hacerlo factor
positivo en nuestro progreso social, cultural y racial.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
97
Capítulo VIII
La vida económica
Oro
1. La principal riqueza de la isla fue, en un principio, el oro.
Las célebres minas del Haina y de La Vega fueron descubiertas
antes de 1500. Se beneficiaron por algún tiempo, pero al fin
se abandonaron por dificultades en la explotación. En 1518 ya
se pedía que se abrieran ciertas minas, y en 1568 el oro que se
fundía era de lavadero.
El oro fundido en el primer semestre del año 1517 montó a
unos 118,074 pesos. De esta suma hubo de rebajarse los derechos
del fundidor y el quinto, que pertenecía a los Reyes, con lo que
la suma arriba expresada quedó reducida, aproximadamente, a
93,767 pesos para el tesoro colonial.
Una de las cosas que por esos años mermó mucho el laboreo del oro fue la falta de brazos, pues por entonces sobrevino
una fuerte epidemia de viruelas que atacó especialmente a los
indios y si antes se podía producir del rico metal hasta 150,000
pesos de oro, después de la epidemia no se lograban ni 30,000.
Azúcar
2. Acabada la epidemia citada, se comenzó, en tiempos de
los Padres Jerónimos, el fomento de los ingenios de azúcar con
lo que los pocos que trabajaban en las minas iban abandonándolas. En esta virtud los interesados tuvieron a mal la siembra de
caña de azúcar y el que se pidiera licencias de introducción de
negros para la labor de las minas de oro.
La caña de azúcar se sembró por primera vez en La Isabela.
Más tarde en La Vega se sembró y hasta se preparó un poco de
azúcar. El bachiller Vellosa, hombre al parecer poco amigo de
minas, quiso fundar una factoría para moler caña. Así lo hizo
a orillas del Nigua, trajo peritos y sacó azúcar. El bachiller se
98 Carlos Larrazábal Blanco
asoció a los Tapias, Francisco, que era alcalde de la Fortaleza, y
Cristóbal, veedor, pero al fin a la postre el bachiller disgustóse
con estos socios, vendió su parte y más tarde el ingenio vino a
quedar en manos del Alcalde. Este fue el primer ingenio y su
primera historia, después se fundaron otros muchos y resultó
el azúcar una poderosa riqueza de la colonia, pero fueron los
Padres Jerónimos los que dieron un gran impulso a esta industria azucarera.
Algunos ingenios aprovecharon la fuerza de los ríos para
mover sus trapiches, pero otros eran movidos por caballos. La
mayor parte de ellos, pues, estuvieron emplazados a orillas de
ríos: Cepicepi, Ocoa, Nigua, Haina, Casuí, Sanate, etc. Estas factorías se multiplicaron mucho porque la Real Hacienda prestaba
dineros para su fomento, así también como para otras empresas,
de modo que en el gobierno de los Jerónimos llegaron a unas
cuarenta las factorías azucareras. Uno de los más poderosos ingenios de esta época fue el del licenciado Alonso Zuazo a orillas
del Ocoa, y le producía de renta anual unos seis mil ducados de
oro. Sin embargo, la industria decayó al correr de los tiempos:
en 1600 existían en los términos de la ciudad de Santo Domingo
unos doce ingenios; en 1746, en toda la isla solo había veinte
movidos por fuerza hidráulica y cuatro de trapiches movidos por
caballos.
Los hatos
3. Fueron los hatos factor de importancia en el desarrollo
económico de la Isla. Desde los primeros años hatos diversos
suministraban para consumo doméstico leche y carne, y para
exportar pieles.
Se lee en Oviedo: «En lo que dije de los ganados, hay hombres e vecinos desta ciudad de a 7 y de a 8 y de a 10 y 12 mil cabezas de vacas y tal de a 18 e 20 mil cabezas y más y aun 25, y 32 y si
dijese 42, hay quien las tiene, que es una dueña, viuda, honrada
hijadalgo, llamada María de Arana, mujer de un hidalgo que se
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
99
decía Diego Solano, que ha poco tiempo que murió». Esto era
alrededor del año 1550. Para 1600 los hatos se distribuían así: de
vacas, 181; de cabras y ovejas, 8; de ganado de cerda, 4.
La toponimia muestra la generalización de hatos por todo
el país en épocas remotas, pues varios son los lugares que llevan
los nombres de El Hatico, Hatoviejo, Hatonuevo, Hatomayor,
Hatillo, Hatogrande, Hatoquemado, así como otros con los
nombres particulares de Hatillopalma, Hatos de Jura, Hato de
Florimón, Hato del Yaque, Hato del Bonao, etc.
Otras producciones
4. Los españoles desde un principio comprendieron la utilidad de la yuca y del maíz y fomentaron siempre un cultivo tan
necesario para el diario sustento, de indios y blancos. El plátano,
sin embargo, no ocupó un puesto prominente en la alimentación
y no fue cultivado de manera extensa y especial. Por ser alimento
favorito de la raza negra vino más tarde a tener su importancia.
Pero más importancia comercial que los que acabamos de hablar tuvo la cañafístula por los primeros años de la vida colonial,
pues mientras aquellos eran puramente de índole doméstica,
esta leguminosa era exportada. También tuvo su importancia el
cultivo del jengibre. Por el año de 1606 el censo de estancias de
cultivos era el siguiente:
Estancias de jengibre (Santo Domingo) ................................... 99
Estancias de yuca, maíz y legumbres ....................................... 186
Estancias de yuca, maíz y tabaco (Santiago) ............................. 95
Estancias de yuca y jengibre (Bayaguana) ................................ 44
Nótese desde cuándo data el cultivo del tabaco en nuestro país.
100 Carlos Larrazábal Blanco
Comercio
5. El comercio, desde un principio, fue completamente restringido. Se fundó en Sevilla la llamada Casa de la Contratación.
Todas las mercaderías venían a la Española debían pasar por allí,
así como todas las que partían de la Española para la Metrópoli,
de manera que el comercio exterior solo era posible entre
Sevilla y Santo Domingo. La Colonia no podía comerciar con
otro puerto español ni con uno cualquiera de las demás colonias
de América. Muy poco tiempo después de fundada la Casa de
Contratación de Sevilla se fundó la correspondiente de Santo
Domingo.
Contra esta falta de libertad de la Colonia en materia de
comercio exterior protestaron varias veces los colonos españolenses. En la administración comercial de América hubo tres
cosas que, indiscutiblemente, impedían el verdadero progreso
económico: establecimiento de monopolios, como fueron los
de la introducción de negros, de la introducción de jabón, de
la concesión del almojarifazgo, por ejemplo; prohibición de
comerciar con extranjeros y la citada restricción de no comerciar con puertos españoles, excepto Sevilla, y con los de las otras
colonias americanas.
Sin embargo, hubo concesiones particulares, sobre todo en
beneficio de portugueses. En 1568 la villa de Cotuí mandaba a
Tierra Firme cueros, cañafístulas y azúcar, y ya en 1514 Higüey
mandaba ganado a Puerto Rico, y parece que esto se hacía como
cosa permitida. Monte Cristi y Puerto Plata, andando el tiempo,
gozaron, por cierto lapso, de esta preeminencia.
Pago de derechos. El almojarifazgo
6. Todas las mercancías que llegaban a la Española o salían de ella, así como las que llegaban a Sevilla y salían de allí,
pagaban impuestos que gravaban mucho el comercio. Estos
impuestos constituían el almojarifazgo. También debían pagar
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
101
derechos las mercancías que iban de una villa a otra, lo que constituía el derecho de alcabala.
Las rentas del almojarifazgo fueron vendidas en el año 1519
a Rodrigo de Bastidas por treinta y un mil pesos de oro, pero
en 1521 el almojarife mayor hizo probanza e información de
servicios de donde se leen las circunstancias adversas por que
pasó el almojarifazgo que traducían circunstancias adversas en
la vida económica de la colonia, a saber:
a.
b.
c.
d.
e.
f.
g.
h.
al tiempo del arrendamiento la isla estaba muy poblada, de
gente de los reinos de Castilla como de indios que compraban mucha mercancía, y además se sacaba mucho oro;
después que tuvo el arrendamiento ocurrió una gran mortandad de indios motivado a una gran epidemia de viruelas;
a la llegada de los Padres Jerónimos se comenzó el fomento
activo de los ingenios de azúcar, los indios que quedaron vivos no quisieron ir a las minas sino trabajar en los ingenios;
a causa de la mortandad de indios y de la cesación del laboreo de las minas de oro de la isla se despobló de muchos
vecinos y de comerciantes;
antes, en una demora de seis y siete meses se cogían hasta
ciento cincuenta mil pesos de oro, pero después de la mortandad no se cogían ni treinta mil en todo un año;
teniendo necesidad el emperador Carlos V de preparar una
gran armada para Levante, fue necesario tomar su abastecimiento de varias ciudades y villas y prohibir la salida para
Indias de efectos de comercio, aun de primera necesidad,
como la harina. Además se requisaron todas las embarcaciones de los puertos de Castilla y aun las que acostumbraban
venir a América;
hubo en 1519 una gran epidemia que atacó las villas de
Sanlúcar de Barrameda, la ciudad de Jerez, el Puerto de
Santa María y en el reino de Portugal, por lo cual dejaron
de venir mercancías y negros a la isla;
otra armada del citado emperador, cuando se fue a coronar, trajo desnivel en las rentas aduaneras, puesto que esta,
102 Carlos Larrazábal Blanco
como la anterior, acaparó todo el bizcocho, harina, vino y
otros mantenimientos que a estas partes solían venir;
i. concesión del emperador al gobernador de Bresa, Lorenzo
de Grosover, para que en el lapso de cuatro años introdujese 4,000 negros, con lo que las rentas aduanales se perjudicaban (los negros pagaban derechos como las mercancías),
puesto que los comerciantes coloniales se vieron prohibidos
de introducir esclavos;
j. el emperador hizo merced y se sacaron de España ochenta
mil cahices de trigo, lo cual trajo por consecuencias el que
por algún tiempo no se introdujese ni trigo ni harina y que
subiese mucho el precio de esas mercancías de primera
necesidad;
k. a causa de la merma del oro de minas el oro como moneda
fue bajo de ley, mucho menos de cuatrocientos cincuenta
maravedís el castellano; muchos comerciantes, pues, dejaron de traer mercancías y muchos maestros, de fletar navíos
pues se les pagaba en oro bajo a razón de 450 maravedís,
valor del castellano de oro de ley;
l. al descubrirse el Yucatán y otras tierras los mercaderes fletaban navíos para aquellas tierras y dejaban de traer mercancías a Santo Domingo;
m. la alteración de las comunidades de Castilla trajo trastornos
y las autoridades locales prohibieron sacar para las Indias
harina, trigo y otras clases de bastimentos, y además fueron
embargadas las cargas para esta isla destinadas;
n. en el gobierno de Figueroa se pregonó que todos los casados con sus mujeres en Castilla debían irse para esos reinos
con lo que, la mayor parte, mercaderes, despoblaron la isla.
Contrabando
7. Pero lo que más hería de muerte al almojarifazgo era el
contrabando. En efecto, este impuesto, el de alcabala, la necesidad de proveerse de efectos a más bajos precios o que no venían
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
103
de España, la necesidad de dar salida a productos que no debían
perderse por falta de mercado, tales como azúcares y cueros,
hicieron que el colono españolense cayese, casi por necesidad,
en el pecado de defraudar al fisco, practicando comercio ilícito
con ingleses, franceses, portugueses y holandeses.
El contrabando fue ejercido muy intensamente por la costa
norte. Puerto Plata, Monte Cristi, Puerto Real, fueron centros
muy importantes, lo mismo que la Yaguana al Oeste y Azua al
Sur. A comienzos del siglo xvii, como medida para evitar y castigar el comercio contrabandista, se tomó la disposición más drástica y descabellada, es decir, la destrucción de las poblaciones
de Puerto Plata, Monte Cristi, Bayajá, La Yaguana, y San Juan de
la Maguana y la transportación de sus habitantes y de sus hatos
incluso los hatos de la banda de Neiba. Entonces nacieron las
villas de Monte Plata y Bayaguana. La consecuencia inmediata
de esta medida fue que toda la costa norte y oeste se quedaron
desamparadas, quedaran muchos ganados alzados en los montes
y se criaran especies cimarronas, y el que hubiera sublevaciones
de negros y blancos, como en otro lugar explicaremos. Pero lo
más trascendental, históricamente hablando, fue que al correr
del tiempo los filibusteros aprovechasen estas soledades y esos
ganados montaraces y pusieran los fundamentos de la Colonia
Francesa de Occidente, más tarde Haití.
Para esta época eran muchos los hatos de vacas que existían
así como las estancias de yuca y jengibre, pero la industria azucarera había decaído.
Las peticiones a favor de la economía colonial
8. Desde un principio los que venían a esta Isla, conocedores prácticos de las necesidades de ella, hacían peticiones en beneficio de mejoras que afectaban a lo económico. Tanto algunos
gobernadores, las juntas de procuradores, la Real Audiencia,
como los particulares pedían mercedes, a veces contrarias a las
propias leyes de la Metrópoli y a sus intereses políticos, o a lo que
se entendía por ellos.
104 Carlos Larrazábal Blanco
Los Padres Jeronimos se preocuparon mucho por el
fomento de la agricultura y de la industria azucarera y desde
que llegaron pidieron la fundación de haciendas y plantíos de
trigo, algodón, caña de azúcar, cañafístulas, vides y otras plantas.
Atribuían la falta de cultivos al poco número de habitantes de
la Isla y a su pobreza, «que no tenían manera para, dejando de
entender en el oro, poderse dar a estas granjerías».
Autoridades y colonos se ocuparon, en un lapso de dos
años, de 1517 a 1519, en pedir estas cosas: licencia general para
traer negros bozales; libertad de comerciar no solo con Sevilla
sino con cualquier puerto de España y de América; facilidad a
personas que quisiesen ocuparse en trabajos agrícolas; donación
de islas baldías y de caribes a personas que quisiesen fomentarlas
para futuro intercambio comercial con ellas; introducción de
carneros y ovejas de finas razas para el esquile de la lana; libertad
de comercio aun con extranjeros; no arrendamiento del almojarifazgo; acuñación de la moneda de oro en la propia isla; subir
el oro a su valor o a más; franquicia de derechos para los frutos
de la Isla; disminuir los derechos del oro y franquicia para la sal;
distribución de tierras para usufructo de los Ayuntamientos, etc.
De las cosas que a la verdad más perjudicaban la buena
marcha de la colonia eran las tantas mercedes particulares que
concedían los Reyes, y en oposición a ellas, en fecha 20 de mayo
de 1519, los oficiales reales escribieron al Rey estas palabras que
puestas en español actual han de leerse así: «Las franquicias y
libertades pueblan las tierras, hágalas Vuestra Alteza a esta que
bien las necesita, y mayores aun que a esos reinos, y déjese de
semejantes mercedes que no sirven más que para oprimir a los
vecinos y despoblar la Isla».
De fines del siglo XVI en adelante
9. A pesar de la continua despoblación, pudo la Española
enviar a España, en 1587, 48 quintales de cañafístula, 50 quintales de zarzaparrilla, 134 quintales de brasil, 1,796 quintales de
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
105
azúcar y 35,444 cueros de res, las principales riquezas del país.
Pero como la despoblación seguía y todo el siglo xvii lo fue de
pobreza y hasta de miseria que se extendieron hasta la mitad
poco más o menos, del siglo siguiente, el país llegó a no producir ni para pagar sus empleados y las únicas entradas de la Real
Hacienda llegaron a constituirlas la venta de papel sellado. Fue
necesario que el gobierno español, en vista de esta situación,
hiciera venir de México, de cuando en cuando, la suma de dinero indispensable para el pago de los haberes de gobernador,
oidores, oficiales reales y demás empleados de la Administración
Pública. A esta suma llamaban «situado» y su llegada era motivo
de contento para los moradores.
Años adelante se estableció la colonia francesa de Occidente
que se dedicó activamente al fomento de la agricultura. Prosperó,
se hizo más rica que la colonia española, llegó a ser fuente de
riqueza para Francia, mientras Santo Domingo fue carga para
España. Sin embargo esta prosperidad de la vecina colonia hizo
que la vida económica de la parte oriental tomara un poco de
animación. Mientras los franceses se dedicaron a la agricultura
el dominicano siempre tuvo vocación por el hato, el ganado,
así fue que al necesitar aquellos ganado vivo, carne y queso, el
hato dominicano fue el proveedor y salvó la vida económica de
la Española por aquellos días. Este comercio intrainsular pudo
sostenerse y perdurar bastante, y traer animación y bienestar en
la colonia. La ciudad de Santo Domingo remozóse un poco con
la reconstrucción de casas en ruinas abandonadas y olvidadas
por sus dueños, y la terminación de algunos templos; se fundaron algunos pueblos con inmigración de isleños canarios, se
concedió libertad de comercio a Puerto Plata y Monte Cristi por
diez años, etc.
El corso
10. Pero no solo contribuyó a este resurgimiento económico la aludida riqueza del vecino de Occidente sino también la
106 Carlos Larrazábal Blanco
implantación del corso. El comercio con Haití, al fin, fue libre,
pero generalmente con otros países e islas era fraudulento
porque en este la Metrópoli no cejaba. Para evitar esto, que era
fuente de riqueza para el pueblo, pero no para el Fisco, se apeló
a la medida de admitir el corso, lo que, sin matar la otra fuente,
vino a convertirse en otra útil y provechosa porque los corsarios
dominicanos, que se hicieron famosos por su valor e intrepidez,
de luego en luego regresaban a Santo Domingo con las bodegas
de las embarcaciones repletas de rico botín. Estos corsarios fueron también útiles porque sirvieron a España cuando esta entraba en guerra con otra nación. El más famoso pirata de aquellos
días fue Lorenzo Daniel, pero no era dominicano sino italiano,
de Génova, y que casó en 1752 con mujer de Santo Domingo.
Capítulo IX
Demografía
Indios
1. El número de indios que poblaban la Isla de Santo
Domingo no fue nunca determinado con justeza. El propio
Colón calculó un millón y medio, pero, como asevera Las Casas,
este cálculo lo hizo tomando como base los indios del Cibao,
pues no había visitado el Almirante las regiones de Jaragua y
de Higüey, por lo cual el citado historiador fija el número de
indios en tres millones. Asevera asimismo, que a la llegada de
Pasamonte, tesorero real, había 60,000 y que pocos años después, cuando llegó don Diego Colón, ya solamente 40,000. En el
año 1514 fueron repartidos de trece a catorce mil indios. Estos
datos, sin embargo, deben admitirse con reservas y es ya algo
difícil pronunciarse por un número fijo o siquiera aproximado.
Lo que sí es cierto es que los indios, a partir de la conquista,
fueron mermando hasta desaparecer. Los coeficientes de natalidad y mortalidad, entre los indios, variaron mucho, disminuyendo el primero y aumentando el segundo, a pesar de haberse
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
107
introducido habitantes de las Lucayas, de Tierra Firme y las otras
islas, en número de cuarenta mil, en el corto espacio de cuatro
o cinco años.
La cantidad de españoles que comenzaron la conquista de
la Isla y su colonización fue alrededor de cuatrocientos, pero
cuando llegó Bobadilla solo había unos trescientos. Más tarde,
con la llegada de Ovando, aumentó la población en cantidad y
calidad ya que los trescientos de Bobadilla no eran, en su mayor
parte, sino los revoltistas de Roldán. Ovando llegó con dos mil
quinientas personas y con ellas, como se ha visto, se continuó y
terminó la conquista, se organizó la colonización y se orientó
la vida económica, administrativa, religiosa y cultural de la colonia. Cuando Ovando abandonó el cargo existían las ciudades
de Santo Domingo, Santiago, La Concepción de la Vega, Puerto
Plata, Santa Cruz de Icayagua, Salvaleón de Higüey, Azua, San
Juan de la Maguana, Puerto Real, Lares de Guahaba, Verapaz,
Yáquimo, Salvatierra de la Sabana, Buenaventura, Arbolgordo
y Bonao.
Datos para 1514
Extractados del documento en que consta el repartimiento de indios del año 1514 apuntamos a continuación los datos
siguientes:
Número de vecinos:
Santo Domingo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203
La Vega. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69
Buenaventura. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
Verapaz. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
Santiago. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Higüey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
San Juan de la Maguana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Bonao. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
108 Carlos Larrazábal Blanco
Puerto Real. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
Yáquimo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
Azua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
Lares de Guahaba . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
Salvatierra de la Sabana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Puerto Plata. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18
Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 707
Casados. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 200
Mujeres solas o cabeza de familia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
Negros libres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Distribución de vecinos por oficios y profesiones:
Funcionarios y empleados públicos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
Médicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
Boticarios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2
Escribanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10
Alguaciles. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2
Bachilleres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
Maestros de escuela. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Pregoneros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Comerciantes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Militares. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Albañiles. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
Sastres. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
Barberos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Mineros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
Hortelanos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Cerrajeros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Herreros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
Carpinteros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Herradores. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
Zapateros, calceteros y borceguiceros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
Dulceros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Pescadores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Caleros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Pilotos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Calafates. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Jornaleros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
109
1
1
1
1
1
1
Estos cuadros no han de ser interpretados al pie de la letra,
sino como cosa aproximativa. Se trata solamente de personas
que recibieron indios en encomienda y como esto solía traer
ciertas responsabilidades, claro está que aquellas personas que
no podían mantener los indios y eran absolutamente insolventes
no tendrían encomiendas. Muchos oficios eran desempeñados
por mujeres, por indios o negros, por eso no aparece el ejercicio
de la panadería.
El número exacto de habitantes de la Isla no son los setecientos siete, pues solo aparecen los que recibieron encomiendas. Faltan los hijos de familia, las esposas y los frailes, puesto
que las encomiendas estaban a nombre de los conventos. Para
los doscientos casados, sin embargo, no hay que contar igual
número de esposas, puesto que muchos las tenían en Castilla.
Nótese que no aparecen ni Arbolgordo, ni Santa Cruz de
Icayagua (El Seibo).
El número de habitantes, para esta época, en verdad no era
apreciable.
Datos para 1518
En este mismo año de 1518 se verificó en la Española una
junta de procuradores y se convocaron para ello doce ciudades y
villas. Para subvenir a sus gastos se propusieron seiscientos pesos
que fueron distribuidos en partes proporcionales al número de
vecinos o a las riquezas de ellos, o no sabemos a ciencia cierta,
de la siguiente manera:
110 Carlos Larrazábal Blanco
Santo Domingo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 200 pesos
Santiago. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 pesos
Buenaventura. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 72 pesos
La Vega. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65 pesos
Puerto Real y Lares. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33 pesos
Bonao. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30 pesos
Azua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28 pesos
La Yaguana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24 pesos
San Juan. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23 pesos
Puerto Plata. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20 pesos
Higüey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20 pesos
Salvatierra. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10 pesos
Nótese: no aparece tampoco Arbolgordo, que no vuelve a
nombrarse más como villa; no aparece El Seibo, que ya se había refundido con Buenaventura; no aparece Yáquimo, cuyos
habitantes se habían juntado con los de Verapaz y formado una
población nueva: Santa María del Puerto de la Yaguana; Puerto
Real y Lares de Guahaba se cotizaron juntas y acabaron por fundirse en una sola población.
En este año de 1518 existía un asiento de villa en Haina.
Los Padres Jerónimos llegaron en 1518 con órdenes expresas de juntar los indios en villas, y fundaron, o tuvieron el propósito de fundar hasta treinta, pero la epidemia de viruelas diezmó
tanto a la ya diezmada población indígena que solo tenemos la
certeza de que en Cotuí, Lares y Puerto Real se hicieron estas
concentraciones de indios, y según parece no eran realmente
fundaciones, sino que se aprovecharon centros de poblaciones
ya de viejo existentes y empobrecidos.
En esta misma época, y por los mismos Jerónimos, se comienzan a fundar ingenios de azúcar con lo que la población
negro-africana aumenta y la blanca de las poblaciones se esparce
en ellos, así como sucedía en las estancias y en las minas, lugares
donde solía la población ser hasta más numerosa que en las mismas villas. Cotuí, que ahora aparece como villa con el nombre
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
111
de la Mejorada, es de suponer que fuera un núcleo de población
alrededor de las minas de cobre de aquellos lugares, explotadas
ya desde 1514. Muchas veces se hablaba de despoblación, pero
los colonos por convenir a sus intereses solo ponían de manifiesto la de las villas y ciudades y callaban los núcleos fuertes de
población alrededor de los centros mineros, azucareros y los que
moraban en las estancias ricas.
En 1518 escribía el licenciado Alonso Zuazo a un cierto
personaje político de España lo siguiente: «Y puesto que allá suenan mucho las Indias, quiero desengañar a Vuestra Ilustrísima
Señoría que si no es de esta ciudad de Santo Domingo, donde
hay casas de piedra y buenos edificios y vecindad, todo lo demás
son casas de paja y pueblos de muy poquita vecindad, de a veinte
o treinta vecinos y no más, como un pobre villaje de España, y
todo lo que se hace en estas partes no es otra cosa sino por los
indios».
Datos para 1568
En la relación de la Isla Española por el oidor Echagoyan,
escrita según opinión de personas eruditas en 1568, se leen estos
datos:
Santo Domingo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 500 vecinos
La Yaguana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100 vecinos
El Cotuí. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100 vecinos
Santiago. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20 o 30 vecinos
La Vega. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Monte Cristi. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20 vecinos
Puerto Plata. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30 o 40 vecinos
Buenaventura. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . sin vecinos
Puerto Real. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20 vecinos
112 Carlos Larrazábal Blanco
Notas: La Yaguana producía cañafístolas y en sus alrededores
se habían fundado hasta treinta ingenios; Santiago desde 1518
tenía la tendencia a juntarse con Puerto Plata; La Vega acababa
en 1562, de ser destruida por un terremoto; Cotuí, como se ve,
estaba próspero y traficaba en azúcar, cuero y cañafístola; Monte
Cristi había sido fundado alrededor de 1533, según algunos;
Puerto Plata tenía en sus campos aledaños unos cuatro o cinco
ingenios; no cita el oidor a Salvatierra de la Sabana, San Juan de
la Maguana, ni a Higüey; San Juan existía en 1533, pero a fines
del siglo ya hacía tiempo estaba despoblado de nuevo, tanto
que se escogió como asiento de los negros alzados del Baoruco
cuando los sometió pacíficamente el capitán Antonio de Ovalle.
Datos para 1606
Las variantes ocurridas en los finales del siglo xvi se advertirán en los cuadros siguientes, deducidos de un censo y catastro
verificados en 1606:
Vecinos:
Santo Domingo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 660
Santiago. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160
Bayaguana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115
Monte Plata . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 87
Azua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 46
La Vega. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
Cotuí. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
Higüey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Boyá . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
Seibo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Total de vecinos libres. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,169
Esclavos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9,648
Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10,807
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
113
Los 1,169 vecinos se distribuyen así:
Varones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 920
Mujeres. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 249
Viudas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 132
Extranjeros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
Negros y mulatos libres. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
Clasificación de vecino por profesionales y oficios:
Funcionarios y empleados públicos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83
Militares. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Abogados. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
Médicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
Boticarios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2
Maestros de escuela. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
Escribanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
Alguaciles. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Sacerdotes (sin contar los frailes) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
Comerciantes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 46
Carpinteros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
Sastres. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
Barberos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
Zapateros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
Herreros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
Plateros. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 14
Panaderos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Albañiles. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
Calafates. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
Espaderos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
Pescadores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
Otros oficios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
114 Carlos Larrazábal Blanco
Observaciones a los cuadros anteriores:
a) Hemos visto en otro lugar que motivado al comercio de
contrabando se procedió a la despoblación de Puerto Plata,
Monte Cristi, Bayajá, La Yaguana, San Juan de la Maguana y
los Hatos de Neiba y la fundación de Monte Plata (habitantes
de Monte Cristi y Puerto Plata) y Bayaguana. (Hay constancia
de que en el censo de Bayaguana aparecen muchas personas
que eran vecinos de San Juan de la Maguana antes de 1606,
entre ellas el regidor Bartolomé Farfán de los Godos).
b) Boyá existía antes de la Paz de Enriquillo y era el único
pueblo de indios que había en la Isla, a la fecha, y probablemente databa de la época de los Padres Jerónimos o del gobernador Figueroa. En tiempos de la guerra con Enriquillo
tenía como vecinos unos dieciocho indios y quince indias,
de los cuales unos ocho sirvieron en el Baoruco por mandato de la Real Audiencia.
c) Debe tenerse en cuenta que el número total que aparece
solamente se refiere, casi en su mayor parte, a cabezas de
familia, hombres y mujeres, y que por tanto no están contados ni las esposas, ni los hijos, ni otros miembros de familia
bajo un mismo techo. Por ejemplo, con respecto a la ciudad
de Santo Domingo tenemos lo siguiente:
Total de vecinos 660, de los cuales:
Varones con mujer y familia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 242
Varones con mujer solamente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Varones o mujeres con hijos y familia solamente. . . . . . 268
Por tanto el número de habitantes supera con creces al número que se ha dado. Un número cierto habría que agregar:
el correspondiente a las esposas, doscientos cincuenta y tres
(253). De modo que es fácil suponer que Santo Domingo
tuviese unos dos mil habitantes. Además no se cuentan los
frailes mercedarios, franciscanos y dominicos.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
115
d) En cuanto a los oficios y profesiones hay que decir: todos los
fabricantes de pan eran mujeres; no aparecen hacendados,
estancieros, rentistas puesto que estos eran funcionarios o
empleados públicos; tampoco aparecen los mayordomos de
haciendas y hatos, pastores, ordeñadores, curtidores, etc.; los
comprendidos en la frase «otros oficios» se refieren a oficios
que se ejercían en las ciudades por uno o dos individuos, tales
como los de herrador, sillero, velero, ollero y otros.
La relación del arzobispo Fernández
de Navarrete en 1681
De la relación que de la isla hizo el arzobispo Domingo
Fernández de Navarrete por orden del Rey se extractan estos datos:
Número de habitantes (personas de confesión):
Santo Domingo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2,977
Santiago. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,313
Azua . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 582
La Vega. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 434
El Seibo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 300
Guaba. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 182
Higüey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 144
Bayaguana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140
Cotuí. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100
Monte Plata . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97
Boyá . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6,312
Clasificación por razas:
Blancos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2,434
Negros y mulatos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3,835
116 Carlos Larrazábal Blanco
Indios y mestizos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6,312
Clasificación social:
Blancos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2,434
Esclavos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,106
Negros y mulatos libres. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2,729
Indios y mestizos libres. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6,312
Habitaciones:
Bohíos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 332
Casas bajas techadas de tejas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 354
Nacimientos, óbitos y matrimonios en la ciudad de Santo
Domingo en el lapso de tres años y siete meses:
Nacimientos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 638
Fallecimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 780
Matrimonios. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 288
Notas:
a) El censo no es exacto porque solo se refiere a las personas
de confesión.
b) El censo de libres y esclavos es también aproximado porque
muchas veces aparecen en el documento formando un mismo número.
c) En el número de habitaciones no están incluidas las casas
de piedra y los bohíos de la ciudad de Santo Domingo.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
117
Inmigraciones
La poca población de la colonia de Santo Domingo era
manifiesta en este año de 1681, y su miseria, según se desprende
del cuadro anterior, era grande, pues no eran sino bohíos, en su
mayor parte miserables, los que albergaban la mayor parte de
la corta población. Era tal la pobreza que en la ciudad de Santo
Domingo se calculaba que una tercera parte de su población no
podía ir a misa por falta de ropa.
Durante la mayor parte del siglo xvii no tuvo incremento
la población, ni la blanca, ni la negra, a pesar de que negros
fugitivos de la colonia francesa de la parte occidental de la isla
venían a aumentar la población libre de color. En Guaba todos
los libres eran negros franceses fugitivos, y por los años 1676 a
1677 se fundó el poblado de San Lorenzo de los Negros Minas,
hoy simplemente Los Minas, con negros que huyeron de la parte
francesa.
En 1666 ocurrió una gran epidemia de viruelas complicada
con sarampión y disentería que mermó mucho la población,
sobre todo la negra. A comienzos del siglo existían cerca de diez
mil esclavos y cerca de tres mil negros y mulatos libres. Estos
datos denotan una paralización de la trata de negros por falta de
actividad económica, en cuanto a la disminución de esclavos, y
aun quizá también el aumento de negros libres.
De modo que aun a pesar de la inmigración de esclavos
franceses fugitivos la población de la colonia no aumentó notablemente ni aun en ese aspecto negroafricano.
El mejor esfuerzo que se hizo por el aumento de la población, y que fue un factor positivo, fue la inmigración de naturales de las islas Canarias que se inició en este siglo y continuó en
el siguiente.
Las causas de la inmigración fueron varias. En 1680 se hizo
en aquellas islas una leva de mil soldados que se destinaban a
las plazas de América en compensación de ciertos bienes que
América había hecho a estas islas. Por otra parte, en esa misma
época ocurrió que una plaga de langostas y una fuerte sequía
118 Carlos Larrazábal Blanco
acabaron con la riqueza agrícola de los isleños, vinieron a caer
en completa miseria y viéronse obligados a venir a América.
Parece ser que de 1680 a 1684 vinieron algunas familias y
probablemente se extendieron por los campos, sobre todo por
Baní. Pero es completamente cierto que a fines de 1684 y comienzo de 1685 numerosas familias salieron de Tenerife para
Santo Domingo. Al llegar se les dio por asiento cercano a los términos de la ciudad y a orillas del Ozama, pero como el lugar era
poco saludable muchos enfermaron y murieron, principalmente
niños. Por este motivo fue necesario buscar nuevo asiento y se
escogieron para ello terrenos del ejido al noroeste de la ciudad,
y se fundó el pueblo de San Carlos de Tenerife, San Carlos en
honor al rey Carlos II, y Tenerife en honor y recuerdo del lugar
solariego de donde habían salido los isleños. Entre las familias
pobladoras de San Carlos, existieron de apellido, Alonso, Arvelo,
Martín de Abreu, Martínez Fajardo, Rodríguez de Mota, Díaz de
Peña, Delgado, Bello, Ravelo, García, Pereyra, Fiallo, González,
Bentancourt, Herrera, Alfonso, etc.
En 1718 el rey Felipe V aprobó un reglamento de comercio
entre las islas Canarias y las Indias Occidentales, por el cual los
isleños podían introducir en Santo Domingo hasta mil toneladas
de carga al año con el compromiso de trasladar a la vez cincuenta
familias de cinco personas todos los años. Con estas inmigraciones se refundan Puerto Plata, Monte Cristi, que se denominaron
en primer término San Felipe, por el citado Rey, y San Fernando
por el entonces príncipe de Asturias Fernando, que más tarde
fue el sexto rey de su nombre. También fueron fundaciones de
isleños: Samaná, que se denominó Santa Bárbara en honor a
doña Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, y Sabana de
la Mar.
En los libros del Archivo de la Arquidiócesis de Santo
Domingo queda constancia de que vinieron familias canarias en
1687 (fam. Rodríguez-Rodríguez), 1713 (fam. Sosa-Rodríguez,
Cayetano, Casañas), 1753 (del Pino-de Castro, para la fundación
de Monte Cristi), 1756 (fam. García-Bernal).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
119
La visita pastoral del arzobispo Álvarez de Abreu
De la visita pastoral que en 1739 giró por toda la colonia
el arzobispo Álvarez de Abreu y que este informó al Rey en una
Compendiosa noticia de la Isla de Santo Domingo, etc. se deducen
estos datos:
Habitantes:
Santo Domingo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,800
San Carlos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 822
Curatos de las estancias del Haina. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,030
Curato de Baní. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 525
Curato y villa de Azua. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 500
Bánica. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 400
Hincha. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 500
Puerto Plata. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100
Santiago. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,300
La Vega. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3,000
Cotuí. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 146
Seibo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1,113
Higüey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 318
Bayaguana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 380
Monte Plata . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 220
Los Minas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105
Total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12,259
Anotaciones:
De la propia compendiosa noticia se colige:
a) La mayor parte de la población la constituían negros, sobre
todo libres. Solo en la ciudad capital moraban unas pocas
familias blancas, de las cuales las principales eran doce o
quince. La pobreza las había extinguido.
120 Carlos Larrazábal Blanco
b) Puerto Plata estaba recién fundada con familias canarias
llegadas en 1537.
c) De los habitantes de La Vega se dice que eran todos tan
pobres como Job.
d) En los cálculos se incluye no solo la población urbana sino
la de los campos aledaños.
Progresos después de 1739
Motivado al progreso económico de la colonia francesa,
como se ha señalado ya, la colonia española progresa y sus
centros de población aumentan con otros nuevos, mientras los
viejos, como es natural, incrementan sus moradores. Los centros
principales son: Santo Domingo, Santiago, La Vega, Cotuí, los
campos y oratorios de Ámina y Macorís, Dajabón, Los Minas, el
curato de Santa Rosa que comprendía los restos de la antigua
población de Buenaventura y la de los ingenios y fundaciones
del llano de Santa Rosa, el curato de los ingenios (entre el Nizao
y el Nigua), Baní y su jurisdicción entre el Nizao y el Ocoa, Azua,
San Juan, Bánica con Las Caobas y los oratorios de Pedro Corto
y Farfán, Hincha con las parroquias de San Rafael y San Miguel
de reciente fundación, Monte Plata, Boyá, Bayaguana, El Seibo,
Higüey, Samaná y Sabana de la Mar, San Carlos. Se calculaba la
población total de 90,000 a 100,000 habitantes.
Capítulo X
Desacuerdos, protestas, banderías, ideologías
Bernal Díaz de Pisa
1. Las primeras desavenencias entre los colonizadores comenzaron en La Isabela y el primer desavenido fue el contador
Bernal Díaz de Pisa. Parece que las privaciones a que estaban
sometidos y la autoridad del Almirante no agradaron a muchos
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
121
y fue creando un estado de disgusto con justos deseos de volver
a España. Como es natural el Almirante debía velar por el principio de autoridad que representaba, e indiscutiblemente algunas
medidas disciplinarias debió haber tomado, que como ocurre
siempre en estos casos, serían antipáticas.
En La Isabela se produjeron enfermedades, los cultivos
no eran suficientes y las provisiones que mandaban de España
había que repartirlas por raciones. Todo esto, como es natural,
era motivo de malestar. El clamor de protesta general halló en
Bernal Díaz de Pisa el hombre que podía darle dirección, pero
toda su actuación se redujo a querer tomar las naves que había
en puerto e irse para España, que era el vivo anhelo de los más
al ver quizá, que el oro y las riquezas no estaban tan a las manos
como creían. El plan fue descubierto y Bernal Díaz hecho preso. Después los Reyes autorizaron a Colón a que lo mandara a
España.
Mosén Pedro Margarite y el Padre Boil
2. Al partir Colón para explorar a Cuba dejó encargado de
las fuerzas militares a Mosén Pedro Margarite con la misión de
que hiciera una exploración por todo el Cibao. Parece ser que
el militar se desentendió de su verdadero trabajo y descuidó sus
deberes al punto que Diego Colón, el hermano del Almirante, le
llamara la atención. De aquí provino una total desavenencia entre
él y don Diego. Ya el Padre Boil no estaba en muy buena armonía
con el Almirante por no se sabe qué motivos, y en esta ocasión se
alió a Margarite, lo apoyó, y entre los dos concertaron tomar a la
fuerza las naves que estaban en puerto para irse a España.
Comisión de Aguado
3. En esta ocasión no fracasó el plan. Así lo hicieron. Al
llegar a la Metrópoli rindieron informes sobre Colón y sobre
122 Carlos Larrazábal Blanco
la colonia y hay que suponer que tendrían que decir cosas que
fueron en perjuicio de su enemigo y sirvieron de justificación
a la actitud que acababa de asumir. Fue el caso que los Reyes
pusieron atención a las denuncias que recibieron, y ordenaron
al obispo Fonseca, en 9 de abril de 1495, que se escogiera una
persona apropiada para que pasara a la Española y en ausencia
del Almirante interviniera en el gobierno de la colonia y aun
presente pusiera remedio en las cosas que lo requirieran, así
como que se tomara informes de cómo desempeñaban sus cargos los que abandonaron La Isabela. Por todo esto se ve que, en
realidad, los Reyes fueron informados de cosas tocantes a Colón
y a La Isabela y que pudieron atribuir a las ausencias de aquel los
desórdenes ocurridos. Así también sospechaban de los mismos
informadores, pues pedían referencias sobre el desempeño de
sus funciones. Los Reyes, pues, parece, obraron con cordura.
En esta misma ocasión otra cédula de los Reyes dirigida a Colón
le advierte que dé permiso para que fueran a España los que
más necesidad tenían de ir; otra le encarga de que no faltaran
mantenimientos a la gente de la Española, que debían distribuirse de acuerdo a la tasa que se mandó, así como que no se
consintiera que a ninguno se le dejara de dar aunque hubiera
cometido algún delito. Por estas advertencias se ve que pudo
Colón haber negado permiso para que algunos españoles se fueran a su patria, de ahí los dos planes que hemos visto de tomar
las naves violentamente; así como también pudo, por razones de
economía, haber aminorado la ración alimenticia en castigo de
comisión de delitos.
El escogido por el Obispo Fonseca fue Juan de Aguado, que
había venido en el segundo viaje con el Almirante muy recomendado por los Reyes, pues era su repostero y por su buena conducta, entonces, mereció los elogios y una recomendación del
propio Almirante. Llegó Aguado a La Isabela y desde su primer
momento se parcializó en contra del Descubridor. Este creyó
oportuno ir a España a sincerarse con los Reyes o dar explicaciones, y así lo hizo en la misma nave en que Aguado se embarcó.
Todo parece que fue arreglado a su favor, pues inmediatamente
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
123
de llegar comienzan las gestiones para un tercer viaje. Juan de
Castellanos, en sus Elegías de varones ilustres dice de Aguado que
recibió del rey «copioso poder para las causas» al dársele sus
cartas de creencias; que llegando a La Isabela pregonó sus reales
provisiones y «otros bastantísimos recados»; que fue obedecido
de todos, así de libres como de culpables; que hizo con rectitud
sus informaciones con hombres buenos y desapasionados, y que
«el Juan Aguado, visto que le daña / a Cristóbal Colón algún
mal seso / mandó que se partiese para España / y en corte se
presente como preso»; que esta determinación fue motivo de
«pasión extraña» por parte del bando de Colón. Que llegados
a España tuvieron Colón y sus contrarios muchos «dares y tomares» delante del rey Fernando, que Colón fue reprendido y
restituido a su «primer honor».
Sin embargo no están contestes los historiadores clásicos
sobre la ida de Colón a España en condición de preso en esta
oportunidad.
Rebelión de Roldán
4. Estando Colón en España en aprestos de su tercer viaje
ocurrió la más grande rebelión de aquella época, encabezada
por Francisco Roldán. Este era el Alcalde Mayor de la colonia y
tuvo rozamientos y desavenencias con don Bartolomé que había
quedado al frente del gobierno en ausencia de su hermano el
Almirante. Con las cosas que ya habían pasado los pobladores
y los Colón estaban totalmente distanciados. La autoridad de
los Colón era realmente antipática y ellos no sabían encauzarla por otro camino. Se puede decir que la mayor parte de los
pobladores eran adversos a los Colón y hay que suponer que
alguna razón habría para favorecer este espíritu. Por lo menos,
indiscutiblemente les faltaba tacto al querer gobernar y dirigir
como si lo hubieran hecho en España. No se dieron cuenta que
el ambiente cambió por completo y que había que atemperarse
a las circunstancias dejando pasar por inadvertidas faltas que en
124 Carlos Larrazábal Blanco
España no hubieran cometido los Colones. La autoridad de don
Bartolomé se hacía caer pesada, a la verdad. Espíritu emprendedor y de lucha exploró casi todo el país, impuso tributos a los
indios de Jaragua, peleó con los de La Vega y con los ciguayos,
fundó El Bonao y a Santo Domingo y quiso siempre mantener a
raya el espíritu inconforme, de protesta e indisciplinado, de los
Colones. El rompimiento definitivo entre el Adelantado y Roldán
parece que se originó porque estando al primero en Jaragua, el
segundo, prevaliéndose de su condición de Alcalde Mayor, reunió gente con el pretexto de haber ocurrido un levantamiento
de indios en La Vega Real. En cierta ocasión, yéndose a un gran
conuco, hizo fabricar mucho casabe y repartió a los menesterosos. Todo esto parece hirió la susceptibilidad del Adelantado
que al saber estas y otras cosas dijo: «Otro gobernador hay en la
isla que recoge las gentes y las estancias y gobierna; yo iré allá y
le cortaré la cabeza, y a otros más de ocho». Entonces corrió a
La Isabela, sacó todas las armas y municiones y las repartió entre
los suyos. Después Roldán se acercó a La Concepción llamado
por don Bartolomé pero no pudieron llegar a un entendido.
Roldan tenía a su lado unos 200 o 300 hombres con los que
pudo haber tomado fortalezas o villas y hasta depuesto al propio
Bartolomé, mientras otra cosa disponían los Reyes, como entre
otras partes de América se hizo con otras autoridades, pero lo
que hizo fue mantenerse como a la defensiva mientras los suyos
cometían toda clase de depredaciones con los indios o trataban
de ganarse adeptos dentro de sus compatriotas. No se alcanza
a comprender cómo Roldán, que tenía armas y contaba con el
favor popular, no aspiró a otra cosa sino a que lo dejaran irse a
España.
Cuando llegó el Almirante, en su tercer viaje, quiso, desde
luego, acabar con este estado de cosas y envió un emisario al
Bonao, donde a la sazón estaba Roldán. El jefe de la fortaleza
de La Concepción, Miguel Ballester, con este motivo y habiendo asistido a las entrevistas del comisionado y del rebelde, le
escribió al Almirante una carta muy discreta y juiciosa donde le
aconsejaba que se concertara con los alzados de todas maneras,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
125
especialmente en lo que pedían de irse para Castilla, porque de
otra manera no podría lograrse lo que el propio Almirante querría porque muchos se pasaban a su bando y todos acabarían por
pasarse excepto algunos hidalgos y gente de pro que a su lado
estaban. Y acaba el íntegro y leal Ballester su carta así: «conviene
al estado de V. S. concierte su ida de una manera u otra, pues
ellos lo piden; y quien otra cosa a V. S. aconsejare, no querrá su
servicio o vivirá engañado; y si en algo de lo dicho he errado, será
por dolerme del estado de V. S. viéndolo en tan gran peligro,
no haciendo iguala con esta gente; y quedo rogando a Nuestro
Señor dé seso y saber a V. S. que las cosas se hagan a su santo
servicio y con acrecentamiento y dura del estado de V. S.» Este
documento es elocuente. En pocas palabras pinta el verdadero
estado de la rebelión de Roldán que, a la verdad, si no se alzó
con la isla, sería por pusilánime o por demasiado respeto a la
autoridad de los Reyes, respeto que no tuvieron ni Vasco Núñez
en Panamá, ni Cortés ni Velázquez con Diego Colón. Roldán
pudo haber sido el continuador de la conquista y la colonización de la isla pero parece era hombre que, aunque amaba la
libertad, no estaba hecho para las grandes rebeldías, sino para
las de poco peso moral; parece que no estaba preparado para
empresas grandes y de trascendencia sino para la pequeñez de
intrigas puramente personalistas sin idealismos y sin visión.
Al fin advino un primer entendido, pero como ambos,
Almirante y Alcalde Mayor, desconfiaban el uno del otro, el primero comete la falta de política de pregonar en El Bonao y La
Vega que todos los hombres debían presentarse ante él, so pena
de ser sometidos a la justicia, lo cual puso en guardia a los rebeldes y dudaron de la buena fe de Colón. Pero las cosas siguieron
encaminándose a un convenio de paz. Al principio los rebeldes
pedían que los dejaran partir para España, que les pagaran sus
sueldos a todos, pero el pacto final fue otro porque Roldán se
quedó siendo Alcalde Mayor, a los suyos se les repartieron tierras
que cultivar y en 1500 el mismo Roldán recibe la misión de hacer
que Alonso de Ojeda, que quería desembarcar por la costa sur
de Jaragua, desalojara la colonia. Parece que Roldán era hombre
126 Carlos Larrazábal Blanco
valiente, decidido y astuto porque para vencer a Ojeda como lo
hizo eran necesarias esas tres condiciones, que indiscutiblemente puso en juego en esta ocasión a decir de los historiadores. En
esta oportunidad no sólo se comportó como un valiente sino
como leal servidor del Almirante, pues por su enemistad personal bien pudo haberse compuesto con Ojeda, que por otra parte
hizo todo lo posible por ganárselo a él y a los suyos. Apartado
que se hubo Ojeda de las costas de la Española tuvo Roldán que
afrontar los desórdenes de Hernando de Guevara y Adrián de
Mojica en Jaragua. Estos fueron sus compañeros de pocos días
antes, pero ahora Roldán representaba el orden y la autoridad
y con lealtad llenó su cometido. Guevara fue hecho preso y más
tarde lo fue Adrián de Mojica a quien dieron muerte por mandato judicial.
Bobadilla
5. Todo esto trajo por consecuencia que de España se
enviara a Francisco de Bobadilla como gobernador. Bobadilla,
desde un primer momento, se parcializó contra los Colón y
parece que de las pasadas revueltas no encontrara más culpable que a estos que los mandó presos a España. En cambio se
entregó en brazos de Roldán y de los demás compañeros, y
para congraciarse con todas aquellas gentes ya habituadas al
libertinaje que le había impuesto la vida de rebelión les dio
franquicia de todo género, es decir, tierras, indios, y hasta
se atrevió a aumentar el tanto por ciento en la obtención de
oro, cosa para lo que no estaba autorizado. Este mal gobierno
de Bobadilla hizo pronto eco en la Metrópoli y los Reyes lo
sustituyeron por Ovando. Bobadilla entonces embarcó para
España, así como también Roldán, pero tuvieron la desdicha
de perecer en un naufragio por las costas de Higüey, en 1502,
mientras ya se habían dado satisfacciones a Colón y se le había
permitido hacer un cuarto viaje, pero en el cual no debía tocar
en Santo Domingo.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
127
Estas rencillas perduraron mucho tiempo en la colonia
agravadas por la enemistad que en España sentían por todo lo
que fuera acepto a los Colón, el ya citado obispo Fonseca y otros
personajes de la corte que los seguían. Ya Roldán había desaparecido pero quedaron en la colonia todos sus secuaces que eran
los más, unos se dedicaron a vivir bajo la ley y el orden impuestos
por Ovando, tal Diego de Escobar que sirvió a este gobernador
y hasta en cierta ocasión llevó socorros de Ovando a Colón, que
estaba perdido en Jamaica,; Lope de Olano que fue capitán general de la armada de Nicuesa y otros, pero eso no fue bastante
para que olvidaran unos y otros sus viejas rencillas, dispuestas a
salir en cualquier ocasión.
Banderías
6. Todo esto se puso de manifiesto cuando llegó por gobernador el hijo del Almirante, don Almirante, don Diego, pues
la colonia se dividió en dos bandos compuestos de los amigos
de don Diego el uno y de los enemigos, el otro. Estos estaban
encabezados por aquel de quien dijo Juan de Castellanos: «Y a
quien nunca jamás fue buen tercero / Miguel de Pasamonte,
tesorero». Las intrigas en esta época se cebaban en don Diego a
más no poder. No podía hacer ni ordenar nada que no fuera mal
interpretado y no se pusiera en conocimiento del rey Fernando
que no era tan adicto a los Colón como la reina Isabel, ya difunta, tanto que muchas veces procedía de acuerdo a estas noticias
llenas de pasión. Por su parte don Diego y los suyos se defendían
y atacaban como podían y gran parte de las energías de los hombres principales de aquella época se perdió en estas banderías.
Los pasamontistas llamaron a los amigos de don Diego «deservidores del Rey» y se denominaron así mismos «servidores del
Rey», como si el célebre tesorero no hubiera hecho tantos deservicios a la causa del soberano como los que hubieran hecho los
demás, con sus parcialidades y pasiones mal encaminadas.
128 Carlos Larrazábal Blanco
Junta de Procuradores
7. En 1518, gobernando los Padres Jerónimos, se pusieron
en juego esas pasiones políticas personalistas tan enraizadas
en nuestro pueblo, y es bueno volver a hacer hincapié en ello
porque pone claramente de manifiesto la psicología cívica y la
mentalidad política de los fundadores de nuestro pueblo. Es el
caso, y ya lo hemos dicho, en ese año hubo elecciones en todos
los Ayuntamientos con el objeto de mandar un representante
a la Metrópoli para pedir algunas cosas para el bien de la isla.
Parece que la proposición provino de los pasamontistas y los
Padres Jerónimos, que al principio no vieron la urgencia de esto,
al fin accedieron e hicieron la convocatoria. Todos los cabildos
eligieron sus diputados y se reunieron en Santo Domingo para
deliberar.
Las violencias comenzaron por Pasamonte que siendo a la
vez regidor y principal «leader» del ayuntamiento anuló el nombramiento que Santo Domingo había hecho en la persona de
Lope de Bardeci, «dieguista», e hizo nombrar al bachiller Juan
Roldán, pero este atropello no fue aceptado por los demás diputados. A la hora de elegir el procurador que debía ir a España, se
alzó la voz reposada de Juan de Villoria, diputado por La Vega,
al parecer del partido de don Diego, y expuso que no se debía
elegir ningún procurador porque en la Corte estaban uno de
los Padres Jerónimo –fray Bernardino de Manzanedo– el propio
Almirante don Diego y el padre Las Casas que de seguro pedirían mercedes para la isla. A esto, como es natural, se opusieron
los pasamontistas y al fin se elegió el procurador. Los «dieguistas» eligieron a Lope de Bardeci y los otros a Lucas Vázquez de
Ayllón que obtuvo mayoría de votos. Esto así, Alonzo de Zuazo,
que compartía las responsabilidades del gobierno con los Padres
y que en su virtud de juez de residencia había hecho suspender
la Real Audiencia, y muy del partido de don Diego, abusando
de su autoridad se incautó de las actas de las sesiones y de todos
los papeles de la Junta de Procuradores. Pero los contrincantes, que no dormían y que eran peritos en el arte de la intriga,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
129
escribieron al Rey y este ordenó a Zuazo que entregara todos los
papeles que indebidamente confiscó.
Ideología de los Colones
8. Las cosas que esta Junta resolvió es bueno transcribir porque tras de ellas se comprenden muchas cosas relativas al estado
de la colonia en aquella remotísima época y ponen de manifiesto las ideas y aspiraciones de los fundadores de la Española.
Cada villa y ciudad formuló sus peticiones, y es justo confesar que si algo trascendía a espíritu de bandería y contrario a los
intereses de don Diego Colón, en general todos esos acuerdos
tomados propendían al bien común, al bienestar y progreso de
la Isla, y podemos decir que fueron las primeras manifestaciones
de verdadero patriotismo de nuestro pueblo y de sus anhelos de
libertad.
Estas cosas pedidas fueron:
a.
Que no fuera perpetuo el gobernador.
Esto iba contra los intereses de don Diego, pero fue una
medida política y socialmente cuerda, justa.
b. Que volviera la Real Audiencia.
Zuazo la había suspendido, es de suponer que por justos
motivos, pero la petición fue acertada.
c. Residencia de los obispos en la Isla.
ch. Libertad general de comercio con todos los pueblos de
España y de América, aun con extranjeros.
d. Que no hubiera más jurisdicción que la del Rey y que se
quitara la del Almirante.
e. No arrendamiento del almojarifazgo por los abusos en el
avalamiento de los derechos.
La Junta aquí se muestra en contra de monopolios.
f. Franquicias a cualquiera que viniera a poblar con respecto
a lo que necesitaren para sus casas.
g. Acuñación de moneda de oro en la propia Isla.
130 Carlos Larrazábal Blanco
h. Licencia para traer esclavos a los indios caribes y por naborias a los de las Lucayas, Curazao y otras islas inútiles.
i. Licencias para traer negros bozales, libres de todo derecho.
j. Subida del valor del oro a su justo precio o a más.
k. Perpetuidad de los repartimientos.
l. Franquicia de derechos para los productos de la Isla, tanto
al salir de ella como al llegar a España.
m. Libertad a los extranjeros para avecinarse en la Isla excepto
a los genoveses y a los franceses.
n. Disminución de los derechos de oro, derechos del fundidor, derechos de los clérigos.
ñ. Merced de los derechos de escobilla y de relave para los
hospitales. («Escobilla» es la «tierra y polvo que se barre en
las oficinas donde se trabaja la plata y el oro, y que contiene
algunas partículas de estos metales» (Acad.). Relave es el
oro que sale lavado de un segundo lavado de las arenas
auríferas.)
o. Disponer de tierras para propios, es decir tierras para ser
cultivadas por los Ayuntamientos para sufragar sus gastos.
p. Que no tuvieran indios ningún ausente, ni gobernador, ni
oficial real, ni sus familias respectivas, salvo si fueran vecinos
para permanecer en la isla y casados.
q. Esto atentaba contra la costumbre establecida en el repartimiento de Alburquerque y Pasamonte y contra todos,
«dieguistas y pasamontistas».
r. Tomar residencia al gobernador cada tres años y visitar la
Audiencia.
s. Que no tomen parte, en armadas para traer indios esclavos,
ni el gobernador ni los oficiales reales. (Es de suponerse
que incluirían también los oidores).
t. Obligación de todo vecino casado de traer a su mujer.
Esta medida fue, seguramente, para evitar el público
concubinato.
u. Franquicia y mercedes para los que vinieron a poblar y
permanecieren siquiera cinco años y premios para los que
hicieran nuevas grangerías.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
131
v. Libertad de salir de la Isla a otras o a España.
w. Libertad de reunirse los procuradores de la Isla sin intervención de gobernador ni Audiencia.
x. Elección por cada pueblo de su alguacil y fiel.
y. Suspensión de las mercedes de escribanías, pues sobraban y
eran causa de pleitos y revueltas.
z. No enajenación de la Isla ni de parte de ella.
Además de estas peticiones que fueron hechas por la ciudad
de Santo Domingo y apoyadas por las villas de Haina, Higüey y
Buenaventura, Santiago pidió, entre otras cosas estas, dos: Que
los regidores no fueran perpetuos porque tiranizaban la república, y que los gobernadores y jueces residieran en La Vega y no
en Santo Domingo, porque estaba la primera en mitad de la Isla.
Destrucción de pueblos
9. Ya hemos visto cómo, para evitar el comercio de contrabando que se hacía por la Banda Norte de la Isla y por la Yaguana,
un gobernador resolvió la destrucción de Monte Cristi, Puerto
Plata, Bayajá y Yaguana y la mudanza de hatos de los terrenos de
Neiba y San Juan de la Maguana, a principios del siglo xvii.
Los vecinos y los ganados y esclavos debían ser transportados a otros lugares ya poblados u otros que debían poblar. Pero
es el caso que medida tan grave, que tanto lesionaba los intereses
de esos moradores, no tuvo buena acogida y dio lugar a rebeliones de negros y de blancos.
Los vecinos de la Yaguana al recibir la orden de traslado
no obedecieron. Unos sesenta, con sus familias, se embarcaron
para Cuba asentándose en Bayamo. La Real Audiencia mandó
enseguida un oidor para hacerlos prisioneros y enjuiciarlos,
pero obtuvieron el perdón con tal de regresar a la Española y
alojarse en el sitio que le habían destinado.
Ya antes de la destrucción de las ciudades citadas, andaban
alzados unos doscientos hombres, en 1603, que eran perseguidos
132 Carlos Larrazábal Blanco
por el gobierno colonial por ejercer el contrabando. Parece que
hubo oportunidad de someterlos por vía mansa y el arzobispo
de aquella época, Fray Agustín Dávila Padilla, logró para ellos el
perdón pero al fin el gobernador hubo de arrepentirse y parece
que se usó del rigor hasta después de consumada la destrucción,
pues no solo se hizo uso de la fuerza para Hernando Montoro,
en el valle de Guaba, sino también por todas partes que fuera necesario y donde anduvieran blancos o negros en son de protesta.
Hernando Montoro que fue hecho prisionero, ahorcado y
después descuartizado. Los cuartos se pusieron en los caminos
públicos y las manos y la cabeza fueron llevadas a Santo Domingo
y puestas en pública exhibición.
Los encargados de esa misión la cumplieron con todo rigor. Hicieron muchos presos que enviaron a Santo Domingo y
a otros los ahorcaron en el sitio, sobre todo si eran negros o
mulatos. El capitán Juan Rivas Martín fue designado a los terrenos de San Juan y de la Yaguana y de Guaba, el alférez Juan
de Céspedes Durango a los terrenos de Bayajá, Monte Cristi y
Puerto Plata; para el término de Gonaïves y otros el sargento
Juan Pérez Martín.
Bayaguana y Monte Plata
10. A reserva de en otro lugar volver a tratar de este mismo
interesante asunto, daremos fin a lo que vamos diciendo sobre
la destrucción de las villas citadas con la enumeración de las
primeras autoridades, los primeros cabildos y por tanto de los
principales fundadores de las ciudades de Bayaguana y Monte
Plata, hijas de aquellas villas destruidas de Monte Cristi, Puerto
Plata, Bayajá, Yaguana y San Juan de la Maguana.
San Juan Bautista de Bayaguana: capitán Francisco Luis
Carvallo, alcalde ordinario; Diego de Guzmán, alcalde ordinario;
Pedro de Guadarrama Abansa, regidor; Bartolomé Farfán de los
Godos, regidor; Miguel de Luzón, regidor; Melchor de Valespina
Reinoso, regidor; Pedro de Brea Cerón, regidor; Gaspar Ravelo,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
133
regidor; Cristóbal Méndez de Sotomayor, escribano púbico y de
cabildo; Diego Osorio, escribano público y de cabildo; Francisco
Enríquez, alcalde de la Hermandad. Además figuran entre los
primeros pobladores Bartolomé de Rivera, Pedro Sedeño y
Bartolomé de Cozar, que se habían alzado en armas y sometidos
a la obediencia. Muchas de estas personas eran gentes de San
Juan de la Maguana.
San Antonio de Monte Plata: Andrés de Savallos, acalde ordinario; Francisco Rodríguez Terreros, alcalde ordinario; el capitán Juan Fernández de Estrada; Álvaro Mejía de Cárdenas, alguacil mayor; Álvaro López Ravelo, regidor; Miguel Pérez Vanero,
escribano público; Diego Estévez, alcalde de la Hermandad; el
capitán Francisco Jiménez.
Capítulo XI
Las razas oprimidas en luchas de libertad
Caonabo
1. Como se ha podido notar, los indios no aceptaron la tutela
española sin antes protestar por medio de la guerra, el incendio
y la matanza. Fuera que tuvieran intuición de la pérdida total de
su libertad, de sus costumbres, de su cultura y civilización muy
en cierne, o de sus tierras, ellos procedieron como verdaderos
patriotas, y fue necesario el poder moral, cultural y material de
la raza blanca europea para someterlos. Pero como les pasa a
algunas aves cuando pierden su libertad al enjaularlas, ellos desaparecieron totalmente como raza. Se cumplió a maravilla lo de
«primero muertos que esclavos».
Esta conducta de actividad y celo patriótico la manifestaron,
por primera vez, con la actitud hostil de los indios de Samaná
que ocasionó la ligera escaramuza conocida con el impropio altisonante nombre de «Batalla de las Flechas». Después, Caonabo,
según todas las versiones, atacó la Navidad, la destruyó y mató
todos los españoles que en ella estaban. Al posesionarse los
134 Carlos Larrazábal Blanco
conquistadores del valle de la Vega Real los indios se confabularon contra ellos y comenzaron una lucha seria que se concretó
a escaramuzas y al ataque a las fortalezas ya fundadas en esos
parajes. Ocurrió una batalla a dos jornadas de La Isabela que si
es la que llaman de La Vega Real no fue, por lo tanto, en el Santo
Cerro, se plantó, con toda seguridad, como signo de dominio espiritual de la cristiandad sobre aquellos lugares que se divisaban
desde la loma citada, y que, por otra parte, no era lugar propio
para los españoles empeñar una batalla porque estos, como era
natural, hubieran preferido el campo raso donde poder hacer
maniobrar su caballería, espanto de los indios.
De las acciones principales que se libraron una fue el asedio, durante unos cuarenta días, a la fortaleza de Jánico (Santo
Tomás) mandada por el célebre Alonso de Ojeda. Los españoles
pasaron zozobras y estuvieron en peligro de perecer todos, de
tal suerte que Ojeda mandó proponer paces a Caonabo, heroico campeón del patriotismo indiano. El cacique aceptó, quizás
porque creyó que los españoles abandonarían el fuerte para entonces él poder aniquilarlos a campo abierto. Pero Ojeda, que
no era hombre de muchos escrúpulos, con unos cien soldados
salió del fuerte, dio alcance a los indios, que iban en ánimo de
retirada, y arremetió contra ellos con todo ímpetu y valor de
que él era capaz, hasta ponerlos en derrota y hacer prisioneros a
Caonabo y Uxmatex.
Ya en capítulo anterior hemos hecho referencia a la prisión
de Caonabo y allí asentamos la especie más socorrida a estos respectos, pero esta que aquí insertamos tiene más visos de histórica
que aquella, a pesar de haber sido referida por historiadores clásicos de Indias. Caonabo no era hombre de dejarse seducir de la
manera que se cuenta, y mucho menos creer que las esposas que
le ponían eran algún honor. El que destruye la Navidad, que une
a todos los indios del Cibao, Jaragua y Marién, que da pleitos de
importancia en La Vega Real y asedia a la fortaleza de Jánico, no
era para dejarse prender tan fácilmente. En esta nueva versión
vemos al héroe caer como lo que había sido siempre, como un
valiente peleando contra los españoles.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
135
También Ojeda sale ganando. El engaño siempre existió,
pero no fue de la catadura del que se cuenta siempre. Esto pudo
pasar como un ardid de guerra, poco escrupuloso a la verdad;
aquello hubiera sido una villanía.
Anacaona
2. En idéntico plano moral de patriotismo hay que situar
el alzamiento de Cotubanamá en Higüey, que ya también conocemos, y el triste fin de Anacaona. Los españoles sabían que tan
principal cacica había tenido una parte importante en las actividades guerreras de Caonabo y que tenía mucha preponderancia
en la Isla, por lo que se hacía peligrosa. Cuando la prisión de
Caonabo se fue para Jaragua a la corte de su hermano Boechío,
y al morir este vino ella a ser la reina de Jaragua, posición en la
cual se hizo más peligrosa todavía. Ovando, ya se ha dicho, cometió una iniquidad, procedió con artería, infamemente, pero
Anacaona no murió exenta de culpabilidad, y esto sea dicho
en su honor. Ella siempre trató de socavar el poderío español
y muerto o desaparecido Caonabo, su esposo, representaba y
alimentaba los ideales de este.
Si recibió a Ovando con todo agasajo y complacencia no
quería esto decir que estaba sometida. Quizá quiso hacer una
manifestación de fuerza al reunir tantos indios en aquella recepción; quizá también tuvo el siniestro plan de acabar con los
españoles, y sospechado todo esto se determinaría la actitud
de Ovando, que no pudo sino haber tenido su razón de ser, su
fundamento lógico, porque los hechos históricos, por más descabellados que nos parezcan, no son sino determinados por circunstancias actuales, o poco más o menos lejanas, fueren justas
o injustas.
136 Carlos Larrazábal Blanco
Enriquillo
3. La más famosa rebelión india fue encabezada por
Enriquillo. Este había sido criado por los padres franciscanos
en la Yaguana, de manera que había adquirido cierta cultura
cristiana; sabía leer, escribir y hablar el español y seguramente
conocía la doctrina cristiana.
Era señor de la región de Baoruco, por lo cual se le llama en
algunos documentos antiguos Enrique del Baoruco.
En el repartimiento de 1514 se encomendaron más de cien
de sus vasallos, cuarenta y seis, y los hijos menores que tuvieren,
al regidor de la villa de San Juan, Francisco de Valenzuela; treinta y seis, y los hijos menores que tuvieren, más de diez viejos y
niños al también regidor de la misma villa Francisco Hernández.
De manera que el tal señorío del cacique se reducía a unos cuantos indios de cuyos trabajos y buen comportamiento debía ser
responsable, y para colmo debía serlo ante dos amos diferentes,
lo cual era condición todavía. (Es bueno recordar que hay error
cuando se cree que encomienda es esclavitud. Los indios eran
libres, legalmente, pero, poco inteligentes e inhábiles, habíase,
legalmente, que acostumbrarlos al trabajo y al trato con los blancos. De ahí la encomienda).
Tiempo adelante muere el regidor Valenzuela y queda en
posesión de sus bienes y encomienda un hijo. Este, parece que
mozo de malos cascos, tiranizaba a los indios y Enriquillo se vio
vejado por él, primero, porque de los pocos bienes que tenía le
quitó una yegua y después le faltó el respeto a Mencía, casada
con el desdichado cacique. Hubo de quejarse a la autoridad
local, que lo era el regidor Pedro de Vadillo, a la vez también
que teniente de gobernador, que no le hizo justicia. Después
vino personalmente a Santo Domingo y presentó querella ante
la Real Audiencia que lo reenvió a la jurisdicción del citado
Vadillo. Al verse, pues, desamparado intentó hacer justicia por
su misma mano y recogiendo unos cuantos de sus esclavizados
vasallos se fue a las sierras del Baoruco, según parece su patria
originaria. Valenzuela mismo lo persiguió pero el indignado
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
137
cacique arremetió contra él y los suyos, le mató dos y el encomendero tuvo que emprender la retirada hacia San Juan herido
en lo más profundo de su orgullo. Desde entonces se declaró
una lucha entre las dos razas, la blanca y la india, lucha entre
oprimidos y opresores. Los indios desertaban de sus encomiendas e iban para donde el nuevo campeón del espíritu de la raza,
personificado antes por Caonabo y después por Anacaona. El
cacique no tenía armas, por tanto una de sus primeras precauciones fue la de conseguirlas dando órdenes a los suyos para que
se las quitasen a los españoles que pudieran coger, de manera
que el soldado quedase con vida y en libertad, pero sin armas. El
espíritu del cacique era naturalmente bueno y por tanto cuando mataba había de serlo en combate. Una vez una partida de
españoles, huyendo de otra de indios, resolvieron hacer fuego
en la boca de la caverna para que todos perecieran, pero sabido
por el cacique prohibió esta crueldad y solamente ordenó que se
les quitasen las armas. Uno de estos perseguidos cuando llegó a
Santo Domingo se metió a fraile dominico, tal parece había sido
la promesa al salir con bien de tan mal trance. La actitud guerrera de estos indios consistía solo en defenderse de las partidas
de españoles que los perseguían, para lo cual tenía un sistema
de espionaje que descubría las trazas de enemigos, vinieran por
tierra o por mar. Una vez que había de librarse pelea apartábase
a un lugar muy escondido las mujeres, los niños, los viejos y los
enfermos, luego demandaba a un teniente de confianza a oponerse a los españoles, y entonces reforzaba el mismo cacique con
otra partida si era necesario. La vigilancia de este era extrema,
apenas dormía y siempre lo hacía entre dos pajes o edecanes de
confianza y sus armas al lado. Por temor a que el ladrido de los
perros o el cantar de los gallos descubrieran sus escondrijos o
puntos estratégicos también los tenían en lugar muy apartado
y oculto. La Audiencia tomó muy en serio la reducción de esta
indiada rebelde y mandó varios capitanes con mucha tropa –
doscientos o trescientos hombres– para reducir por la guerra a
Enriquillo, pero todo fue inútil. San Juan de la Maguana se convirtió en un verdadero centro de operaciones contra Baoruco.
138 Carlos Larrazábal Blanco
La Audiencia envió desde San Juan, por capitán de guerra, al
nombrado Pedro de Vadillo, luego a Pedro Ortiz de Matienzo,
a un tal Muñoz y por último a Hernando de San Miguel, muy
antiguo en la isla y vecino del Bonao, pero todos fracasaron, a
pesar de haber pasado en ciertas ocasiones a la citada población
el propio licenciado Alonso de Zuazo, para atender en todo lo
de la guerra. Un fray Remigio se prestó a ir solo para ver si reducía al cacique por las buenas, pero no bien los indios se dieron
cuenta de su presencia lo cogieron y le quitaron el hábito sabido
lo cual por Enriquillo le dio muchas excusas, pero no se redujo.
Después de la frustrada expedición de San Miguel no se volvieron a ocupar de Enriquillo las autoridades, por algunos años,
pero como era asunto que había de resolverse de alguna manera, el emperador Carlos V envió con Francisco Barrionuevo, que
venía de gobernante de Castilla del Oro, una carta al cacique
para reducirle por esta vía a una paz definitiva. Barrionuevo así
lo hizo y vista la carta por el Señor del Baoruco concertó paces
después de trece años de andar rebelde por las asperezas y por
creer que las esposas que le ponían eran algún honor. El indio
que era hombre de dejarse seducir a la manera que se cuenta, y
mucho más era hombre de muchos escrúpulos, con unos cien
hombres salió del fuerte, soledades de las sierras. Esto pasaba
por el año 1533. El cacique Enrique y los suyos se fueron a vivir
libres, es decir, fuera de encomiendas, a la región de Boyá. Las
libertas de los indios, quiere decir, el estar desencomendados,
fue entonces un hecho, aunque ya existía un pueblo de indios
libres, bien fundado por los Padres Jerónimos o por el gobernador Figueroa, pero ya era raza aniquilada, gastada, cansada y allí
se consumió.
Ciguayo y Tamayo
Otras insurrecciones de indios fueron las encabezadas por
Ciguayo y por Tamayo. El primero, a juzgar por su nombre, era de
Samaná y con una lanza y una espada que consiguió se compuso
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
139
con unos doce indios, comenzó a saltear los hatos, las estancias
y las minas, y dondequiera que hubiera españoles descuidados
mataba los que podía. Perseguido por una partida de españoles,
fue alcanzado y atravesado por una lanza, «y atravesado peleaba
como un Héctor» dice el padre Las Casas.
Muerto Ciguayo se alzó Tamayo. Este estaba encomendado a un tal Alonso de Sotomayor, vecino de San Juan de la
Maguana, en 1514. Hizo mucho daño y mató muchas personas
y aun hasta mujeres. Cuando Enriquillo tuvo noticias de estos
sucesos, le mandó un emisario a la región de Puerto Real y Lares
de Guahaba, donde entonces estaba, y lo invitó a que se fuera
con los suyos a la sierra del Baoruco. Tamayo aceptó, con lo que
se hizo un bien a los españoles, pues sabemos el carácter poco
acometivo y sí muy defensivo de la guerra de Enriquillo, y por
tanto las depredaciones del Tamayo cesaron inmediatamente.
Los negros de La Isabela
La primera insurrección de negros ocurrió en diciembre
de 1522. Parece que la asonada comenzó por un ingenio que
tenía el almirante y gobernador Diego Colón a orillas del río
Isabela de cuyo ingenio tomó el río el nombre. Algunos daños
hicieron los negros, y dieron muerte a unos cuantos españoles.
Sabido esto por el Gobernador ordenó una expedición a la que
fue él personalmente, para perseguir los negros sublevados.
Encontráronse con ellos en Nizao, donde a pesar de la defensa
que hicieron, fueron vencidos. Don Diego hizo ahorcar a los
negros más comprometidos.
Los negros en el Baoruco. Lemba
A fines del siglo xvi hubo un alzamiento de negros que tomaron por guarida la misma de Enriquillo, es decir, la sierra del
Baoruco. De aquí los sacó por vías pacíficas el capitán Antonio
140 Carlos Larrazábal Blanco
de Ovalle, y se les asignó para vivir libremente a San Juan de la
Maguana que ya estaba para esa fecha totalmente despoblada.
No sabemos si es esta u otra diferente la insurrección a que se
refiere Juan de Castellanos, capitaneada por un tal Lemba que
juntó unos cuatrocientos negros. El citado autor dice del negro
Lemba así:
Fue negro de perversos pensamientos,
atrevido, sagaz, fuerte, valiente,
y en su rebelión de muchos años
la tierra padeció notables daños.
Persona mal sabida, recatada,
en todas sus astucias otro Davo,
en el asalto de cualquier entrada
diligente, feroz, cruel y bravo...
También cita el mismo autor otra insurrección de un tal
Juan Vaquero.
Los negros del Maniel
7. La serranía de Ocoa fue también teatro de las protestas y
aspiraciones de libertad de la raza negra. En 1562 existía en una
región llamada Maniel, hoy también con ese mismo nombre,
pero con aditamento, Maniel de los Negros, vivía una partida
de negros con sus familias huidos de la esclavitud. Tenían su
gobierno local, usaban por armas flechas y además unas espadas
anchas que algunos miembros de ella hacían de pedazos de hierro y acero que compraban a los negros de la ciudad.
Cultivaban estos africanos, la tierra para su sustento, lavaban oro en los ríos y con eso compraban ropas de vestir en las
villas y ciudades. Si algún negro cometía algún delito grave el
jefe lo hacía despeñar desde lo alto de una roca. No hacían gran
daño porque no hacían incursiones sino para robar mujeres,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
141
pero el peligro consistía en que aceptaban a todo esclavo que se
fugase. Mientras este estado de cosas existiera el amo no estaba
seguro de que su esclavo permaneciera fiel, por tanto había que
resolver ese problema, y se resolvió enviando al capitán Juan
Villalobos que acabó completamente con esta especie de estado libre negroafricano. «Ladronera de bárbaros» llamó a esta
negrada un arzobispo. A este hecho no puede referirse la insurrección de Lemba ni la de Juan Vaquero, estas fueron mucho
antes. Los negros manieleros fueron sometidos en el año 1666
y la primera parte de la obra de Castellanos en que se habla de
aquellos acontecimientos se publicó en 1589.
Capítulo XII
Piraterías, incursiones, invasiones
1. Han sido célebres en la historia dominicana la incursión
de Drake, acto de piratería; la invasión de Penn y Venables, acto
político del dictador inglés Oliverio Cromwell, y la incursión de
filibusteros en la isla Tortuga, que por sus trascendentales consecuencias merece que aparezca en capítulo aparte.
La primera incursión
2. La primera incursión que registra nuestra historia ocurre
en el 1538. El primero de febrero de ese año llegaron a Puerto
Hermoso una nao francesa de 150 toneladas y un patache con
unos cien hombres. Tomaron tres bajales y mataron a sus maestres, robaron el ingenio Ocoa, del oidor Alonso de Zuazo, y
otro de las cercanías de Azua, llevándose por todo como 750
quintales de azúcar y 15 esclavos. Al saberse esta incursión, el
gobierno colonial armó una expedición de setenta hombres de
a caballo y cincuenta de a pie, pero ya los franceses se retiraban y
solamente pudieron dar muerte a seis de ellos. Por mar se armó
142 Carlos Larrazábal Blanco
una carabela con doscientos hombres que logró alcanzar al enemigo en una isla como a 25 leguas, probablemente la Beata, de
donde se pudo ahuyentarlos. Los franceses siguieron para la isla
de Cuba, donde hicieron algunos daños.
Otras piraterías francesas
Años más tarde, en 1550, 1553 y 1555, los franceses repiten
sus actos de piratería. En el 50 saquean a Puerto Plata, en el 53
entran en la Yaguana, la toman y se están en posesión de ella
todo un mes, y en el 55, Guillermo Mermi toma a Puerto Plata
para luego dirigirse a La Habana que había acabado de ser castigada por otro pirata francés, Jacques Sores. De estas incursiones
se tienen, hasta ahora, muy pocas noticias.
Francis Drake
La más famosa incursión del siglo xvi fue la del pirata Francis
Drake, en 1586. El día 9 de enero comenzaron a dividirse algunas naves y se juntaron al otro día otras más. Gente desembarcó
por Haina y el día 11 cayó la ciudad de Santo Domingo en poder
del enemigo. Las autoridades y familias principales huyeron en
tropel hacia los campos vecinos y pudo Drake enseñorearse de
la ciudad un mes. En este lapso los ingleses robaron y quemaron
monasterios e iglesias y muchos edificios particulares, salvándose solamente del incendio unas trescientas casas, la Catedral, el
monasterio e iglesia de Santo Domingo, la fortaleza de las casas
reales, las atarazanas, las casas del Cabildo. Para evitar mayores
desastres, los vecinos y autoridades en derrota ofrecieron un
rescate, y Drake lo exigió de 25,000 ducados. Como Inglaterra
no estaba de guerra con España, Drake había enarbolado la
bandera portuguesa. La expedición consistió en treinta velanaos
gruesas, pataches, lanchas y barcas, con una dotación de 1,200
hombres.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
143
Para completar el cuadro de desgracias que cayeron sobre la
ciudad se hubo de registrar el asesinato, por parte de la soldadesca inglesa, de dos frailes dominicos, ancianos y achacosos, que
no quisieron abandonar sus celdas. Los infelices fueron sacados
de sus habitaciones y ahorcados en unos árboles que por allí
había. Estos desventurados frailes se llamaban Juan de Zaravia
y Juan Illanes. Desde entonces la calle que hoy se llama Duarte
se llamó Calle de los Mártires, nombre con que la conocieron
nuestros abuelos.
Penn y Venables
Después de esta incursión de Drake otras piraterías e intentonas se efectuaron por ingleses, franceses y holandeses, pero de
todas la de más trascendencia y la más conocida es la invasión de
Penn y Venables, ocurrida en el año 1655.
La escuadra llegó al Placer de los Estudios a fines de abril
y se componía de unas cincuenta y seis naves. Ya se sabía que
venía hacia la ciudad por noticias que se recibieron del puesto
de vigilancia costeña que se tenía en cabo Caucedo y por tanto,
desde este momento, el Conde de Peñalva, que gobernaba a la
sazón, comenzó a hacer los preparativos del caso, resuelto, parece, a que no pasara como acaeció en la ocasión de Drake, que
cobardemente se abandonó la ciudad al enemigo.
Al comienzo se creyó que el enemigo invadiría por Haina,
por lo que inmediatamente salieron, primero, el capitán Álvaro
Garabito, reforzado después por el capitán Damián del Castillo
Vaca, que fue designado mayor general, y más tarde con tropas
del maestre de campo Juan de Morfa. Pero el enemigo no desembarcó por Haina sino por la playa de Najayo con un ejército
de 7,000 a 9,000 hombres, por lo que los españoles tuvieron que
retirarse a Haina y de aquí a la ciudad porque la desproporción
numérica era muy grande, pero, sin embargo, no lo hicieron
antes de coger algún espía que les diera cuenta y razón de las
intenciones del enemigo y sus fuerzas. El enemigo ya estaba el
144 Carlos Larrazábal Blanco
27 de abril, se puede decir, a las puertas de la ciudad, pero el
cañoneo de los fuertes de la ciudad y de San Jerónimo hicieron
que se retirara a Haina, de donde, volviendo por el camino de
La Esperilla, se tropezaron con la emboscada que les tenía preparada Damián del Castillo, lo que les produjo la pérdida de
muchos soldados y una derrota completa. Quisieron reponerse
los ingleses, pero ya, diezmados por el hambre, la sed, las enfermedades y perdida la moral completamente, todo fue inútil y
tuvieron que embarcarse de nuevo.
Esta victoria es una victoria dominicana. La mayor parte
de las tropas estaba compuesta de blancos, mulatos y negros
dominicanos, y los mismos jefes, en su mayor parte, eran también dominicanos. La táctica empleada en los pleitos de La
Esperilla, y que confundió mucho a los ingleses, consistió en
ataques fuertes al arma blanca, antecedidos de un fuego nutrido de la fusilería. Se dice que el número de muertos ingleses
pasó de mil, y se tomaron muchos prisioneros que quedaron y
luego bautizáronse católicos. Se dijo que los soldados ingleses
estaban tan desmoralizados después de las derrotas que luego
se atemorizaron del ruido que hacían las hojas de los árboles
y del que producían los cangrejos, cosa que dio motivo a la
tradición de que esos animalitos habían derrotado y hecho
embarcar a los ingleses, cuando fueron el valor, patriotismo
y capacidad de los dominicanos, unidos probablemente a la
impericia del general Venables, al poco conocimiento del terreno que pisaron y al clima, aunque en verdad la expedición
había tomado soldados en las islas de Barlovento ya acostumbrados a los trópicos, lo que determinó tan rotundo triunfo
españolense.
De aquí la expedición salió para Jamaica, que también
pertenecía a España desde que de Santo Domingo don Diego
Colón mandó a Juan de Esquivel a conquistarla y poblarla. Su
gobernador, Antonio Sasi, no pudo defenderse y Jamaica se
perdió para siempre. Sin embargo, esta acción no compensó
el disgusto que produjo a Cromwell el fracaso de la toma de
Santo Domingo y Venables, que estaba encargado de la fuerza
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
145
de tierra, pues Penn fungía de almirante, fue hecho preso y solamente se vio en libertad cuando renunció a todos sus grados
y empleos.
Más detalles sobre la invasión anterior
Es bueno conocer algunos detalles más respecto de este
asunto ya que existen documentos orientadores. Las tropas
dominicanas ascendían a unos cuatrocientos hombres y no solamente de la ciudad capital y sus contornos, sino del interior:
Monte Plata, Bayaguana, El Seibo e Higüey. Azua mandó dos
contingentes de cien hombres cada uno, el primero al mando
del capitán Luis López Tirado, y el segundo al mando del capitán Fernando Carballo.
El Rey envió como premio a los que habían intervenido
en tan brillante triunfo 6,000 pesos para que fueran repartidos
entre 300 lanceros que en verdad resultaron ser 400, por lo que
les tocaron a cada uno 15 pesos. Entre estos lanceros apareció
una mujer a reclamar su paga, Juana de Sotomayor, que había
peleado con el valor de cualquier hombre y desempeñando la
comisión de espía.
Este premio fue un acto injusto e inmoral. Injusto porque
lo exiguo de la suma no correspondía al máximo esfuerzo hecho
por los lanceros, si es que estos hechos pueden pesarse en dinero, e inmoral porque, además de injusto, es bueno entender que
los hechos patrióticos son de tal índole moral que el único premio personal debe ser la satisfacción del deber cumplido, y nada
más. Por la actitud de la ciudad de Santo Domingo, concedió el
Rey además varias mercedes, a saber:
a.
Suspensión por doce años de los derechos de alcabala sobre
los frutos de labranza y crianza.
b. Cumplimiento de la merced que se había hecho de que
la mitad de las condenaciones que se cursaran por cuatro
años se aplicasen a las obras de la ciudad.
146 Carlos Larrazábal Blanco
c. Merced por seis años de los derechos de la alcabala del
viento (que eran los derechos que pagaba el forastero por
vender sus mercancías) para aplicarse a las fortificaciones
de la ciudad y en armas para su defensa.
d. «Que por seis años no se beneficien las licencias que se hubieren de conocer para ir a aquella isla, que en cada una de
ellas vayan dos navíos y permisión con mercaderías y frutos
de cuaresma, y que la ciudad haga los nombramientos de
los bajeles que sean de naturales para que presentándose
con ellos en el Consejo se les mande dar graciosamente la
aprobación».
Capítulo XIII
La Iglesia
El espíritu católico de la conquista
Los Reyes Católicos, que dirigieron la conquista de América
y la llevaron a efecto, no solo habían procedido en España a efectuar la unidad política, sino también la unidad religiosa. Con sus
auspicios, y para el cabal logro de esta finalidad, se expulsaron
a los judíos de la península, así como a los moriscos; se obligó a
los más débiles de espíritu, a los más pobres de bienes terrenales,
o a los más interesados en su bienestar personal a abjurar de sus
creencias y hacerse católicos, y se fundó la Inquisición, tribunal
católico que se ocupó en perseguir a todos los que no profesaban rectamente los principios de la religión de Roma.
Claro está, pues, que el espíritu de catolicidad hubo de
llenar plenamente la conquista y la colonización del Nuevo
Mundo. Al lado del estandarte y de la espada, la cruz de Cristo
siempre. En efecto, desde el segundo viaje del descubridor comienza en la Isla y en América la actividad católica, y en verdad,
al lado de intereses materiales un sincero sentimiento religioso
existió con la conquista, un sincero propósito de ganar nuevos
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
147
prosélitos a la fe cristiana. Al lado del oro enriquecedor la cruz
de Cristo siempre. Mientras unos apañaban riquezas, o mataban,
o robaban, los otros bautizaban, hacían rezar e ingenuamente
enseñaban a los desnudos habitantes de inteligencia primitiva
los fundamentos morales del dogma católico.
Eso hacían unos, los sacerdotes, los frailes, los ermitaños, los
misioneros; los otros, los rudos capitanes, los soldados soeces, los
encomenderos tiranos, los prepotentes oidores y oficiales reales,
que flagelaban las espaldas de los indios para que trabajasen,
que los salteaban en las islas vecinas y tierra firme y los hacían
morir mal alimentados, estos, imbuidos de espíritu de fe ciega y
cerrada, burlábanse de las simples creencias de los indios, bruscamente derribaban sus ídolos de los altares o se los destruían
a puntapiés, mientras los domingos les enseñaban la señal de la
cruz y les hacían rezar padrenuestros y avemarías. Nada de creer
en lo que no fuera católico. Superchería y engaños llamaban los
españoles a las prácticas religiosas de los indios.
Los primeros religiosos
En el segundo viaje del Almirante vino a la Isla Española con
carácter de vicario apostólico fray Bernardo Boil, quizá fuera él
quien dijera la primera misa solemne en el Nuevo Mundo. Poca
fue su labor evangelizadora porque disgustándose de Colón partió violentamente para España, como ya sabemos.
Ramón Pané vino en este viaje. Se utilizaron los servicios
de este ermitaño jeronimita enviándosele tierra adentro de la
isla. Hizo labor de catequización, estudió las costumbres de
los indios y a él debemos la noticia acerca de las tres lenguas
que hablaban los naturales, así como el conocimiento de los
principales mitos indianos: el del diluvio, el de la creación de
la especie humana y el de la población de la tierra. Otros sacerdotes vinieron con Boil y se quedaron, entre ellos Juan Infante,
mercedario, que los historiadores hacen figurar en la batalla del
Santo Cerro.
148 Carlos Larrazábal Blanco
Los franciscanos, formando congregación, vinieron después, en tiempos de Bobadilla, y entre ellos, no solamente españoles sino flamencos, franceses e ingleses. En 1502 se fundó la
orden franciscana en Santo Domingo, la primera en establecerse.
Los obispados de Santo Domingo y La Vega
En 1504, por bula del papa Julio II, se instituyó una iglesia
metropolitana en la ciudad de Santo Domingo y obispado que
comprendían las regiones de Maguá y Bainoa, pero no se llevó a
la práctica este propósito y por otra bula posterior se crearon los
obispados de Santo Domingo, en Burgos, y su primer obispo fue
fray García de Padilla, quien murió sin hacerse cargo de su sede.
Alejandro Geraldini lo sustituyó, tomó posesión del obispado y
en él murió años más tarde.
El primer obispo de La Vega, y el único residente por un
tiempo en la Isla, fue fray Pedro Suárez Deza. Muerto este, el
obispo de Santo Domingo se hizo cargo de la silla vacante hasta
cuando fue suprimida años más tarde. Quiere decir que ambos
obispados, el de Santo Domingo y el de La Vega, estuvieron un
tiempo separados, pero dirigidos por un mismo obispo.
En 1546, el obispado de Santo Domingo fue elevado
a la categoría de arzobispado, es decir, fue elevado a Silla
Metropolitana. De esta provincia eclesiástica de Santo
Domingo fueron sufragáneos los obispados de San Juan de
Puerto Rico, Santiago de Cuba, Coro, Santa Marta y Cartagena,
Trujillo (Honduras), Guayana (Venezuela) que más tarde fueron separándose. Así mismo pertenecieron a esta provincia
Cumaná y la abadía de Jamaica. El obispado de La Vega Real
quedó en la misma forma que hemos visto hasta que a principios del siglo xvii, en su primera década, fue prácticamente
suprimido, pues ya a fines del siglo anterior había sido medida
recomendada por Felipe II.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
149
Frailes y monjas
Además de la orden franciscana, ya establecida, vinieron en
1510 los frailes dominicos. Los franciscanos fundaron en Santo
Domingo su convento e iglesia, hoy ruinas de San Francisco y
manicomio Padre Billini, pero también hicieron fundaciones en
otros lugares.
Los dominicos fundaron el convento e iglesia de Santo
Domingo y se establecieron también en Puerto Plata y más tarde
en Monte Plata.
En 1514 ya estaban aquí los frailes mercedarios que fundaron su convento e iglesia (Regina Angelorum, en terrenos
cedidos por una dama muy rica, doña María de Arana), y en
1552 habían instaládose las monjas de Santa Clara, cuya primera
abadesa llevaba el nombre de sor Mayor Benavides. Las monjas
de Santa Clara y de Regina Angelorum fueron fundadoras de
conventos de sus órdenes en Venezuela.
Los frailes y la esclavitud de los indios
Los frailes, en un comienzo no apreciaron de una misma
manera el asunto de la esclavitud de los indios. Los franciscanos
la aceptaron y la defendieron, en cambio los dominicos la atacaron, aunque siempre mantuvieron esclavos en sus conventos.
El corifeo principal de la defensa de los indios fue fray Antón
de Montesinos, verdadero precursor del padre de Las Casas.
Montesinos, apoyado por sus cofrades, públicamente enrostró a
todos los españoles, desde el gobernador hasta el más humilde,
el pecado en que caían con la esclavitud de los indios. La campaña que estos frailes comenzaron en la isla continuó en la misma
España. Allí una junta compuesta por miembros del Consejo de
Indias y algunos teólogos resolvieron para mejorar la situación,
estas cosas en que es bueno hacer hincapié: que no se obligaran
a las mujeres seguir a las minas a sus maridos sino cuando estos
las quisieran llevar; que no se las compeliera a trabajar en las
150 Carlos Larrazábal Blanco
labranzas sino pagándoles jornales y que no se impusiera trabajo
a las que estuvieran para tener hijos; que los niños menores de
catorce años no trabajasen sino en pequeños menesteres, tales
como desyerbar las labranzas, y que los mayores de esa edad
debían trabajar al cuidado de sus padres u otra persona, pagándoles jornal, sin menoscabo del adoctrinamiento y teniendo la
libertad de escoger el aprendizaje de su oficio, y en fin, que los
indios no debían trabajar sino nueve meses al año, debiendo
los otros tres dedicarlos al cultivo de sus propios conucos o en
haciendas de españoles, a jornal. Esto pasaba en 1513, al año
siguiente ocurrió el repartimiento de indios de Alburquerque.
Sin embargo, las diferencias de criterio entre franciscanos y
dominicos nunca fueron tan fuertes, pues frailes de esas órdenes
escribieron, pocos años después, juntos y de común acuerdo,
una carta al cardenal Jiménez de Cisneros, que entonces gobernaba en la Madre Patria, donde exponían los grandes males que
en estas tierras se hacían contra los indios.
Ya hemos visto, en el capítulo VII, cómo los frailes y el padre
Las Casas comenzaron en Paria una labor pacífica de penetración para lograr una más feliz catequización, y sabemos también
el fin desastroso que tuvieron esos propósitos.
Sínodos
Con el propósito de coadyuvar al gobierno de la diócesis,
al sostenimiento y progreso del espíritu de la religión católica
y velar por los intereses todos de la provincia, los arzobispos
convocaban reuniones llamadas sínodos, que eran diocesanos
o provinciales. Los primeros eran locales, es decir, de la diócesis, y los segundos de toda la provincia eclesiástica de Santo
Domingo, que como sabemos, comprendía más allá de la isla, a
Puerto Rico, Cuba, parte de Venezuela, Jamaica, Santa Marta y
Cartagena y Trujillo (Honduras).
El primer sínodo fue celebrado gobernando Fuenmayor
que a la vez era el arzobispo. El único sínodo provincial fue el
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
151
cuarto y al que asistió Bernardo de Balbuena, obispo de Puerto
Rico, y celebrado autor de El Bernardo, obra clásica en la literatura española. El séptimo sínodo, o sea, el último de las cuatro
centurias de historia que estamos compendiando, se celebró
siendo prelado fray Domingo Fernández de Navarrete, sínodo
que fue impugnado por el propio Cabildo eclesiástico, herido
en su susceptibilidad, puesto que en él se trataron ciertos asuntos que tocaban de cerca a ciertas corrupciones y costumbres de
viejo existentes.
Devociones populares
La devoción más antigua en la isla es la de Nuestra Señora
de las Mercedes. Seguramente que los frailes mercedarios introdujeron a los feligreses a su universal devoción. Quizá la primera
etapa de esta actividad mercedaria estuvo en la visión que algunos tuvieron de una mujer de Castilla vestida de blanco con un
niño en los brazos, que apareció sentada en una cruz plantada
en el Santo Cerro, visión que se originó en un combate entre
españoles e indios en La Vega Real, y que, como interpretación
mercedaria, fue a todas luces la Virgen de las Mercedes.
Una vez la fe fue prendiendo en los espíritus la Virgen se fue
haciendo más milagrosa, y la tradición recoge muchos milagros
y los documentos de los frailes de la Merced los anotan con celo
y amor, y por esto surge el Patronato de la isla que tuvo efecto el
8 de septiembre de 1617, con gran esplendor y manifiesta sincera devoción. Asistió a este acontecimiento el gran clásico de la
literatura española, fray Gabriel Téllez, es decir, Tirso de Molina,
que era fraile de la Merced.
Otra devoción muy antigua fue la de Nuestra Señora de
Altagracia: parece que nació en la ciudad de Santo Domingo,
pues fue tradición, dentro de las centurias que estamos historiando, que desde los tiempos de Ovando existió capilla dedicada al culto de esta devoción, en el mismo sitio donde siempre
hubo altar para tal fin y se levanta hoy la moderna iglesia. Más
152 Carlos Larrazábal Blanco
tarde el culto tuvo su asiento principal y esplendor en Higüey
con celebración anual todos los 15 de agosto. En 1691, al ocurrir
la batalla entre españolenses y franceses, en Sabana Real, como
acudieron a ella seibanos e higüeyanos, y el machete, arma que
estos manejaban con destrezas, jugó principal papel en esta
función de guerra, dieron los orientales en celebrar cada 21 de
enero, fecha de la batalla, el triunfo obtenido con especial dedicación a la Virgen a cuya influencia lo atribuyeron.
Otro aspecto de la vida religiosa del pueblo que pone de
manifiesto las diversas devociones y prácticas piadosas o religiosas fueron las hermandades y cofradías de las cuales existieron
en la isla alrededor de sesenta. Entre ellas citamos: la más antigua
que fue la Cofradía de la Pura y Limpia Concepción de María,
con asiento en la iglesia de San Nicolás; la Cofradía de San Juan
Bautista, compuesta de negros criollos; la Hermandad de los
Marinos, que fundó la capilla hoy en ruinas en la margen oriental del Ozama; la Cofradía del Santo Entierro y de la Soledad,
llamada Escuela de Cristo, compuesta de militares y otras más.
Otros temas históricos
A los miembros del Honorable
Congreso Nacional
Ciudadanos Representantes del Pueblo:
La Asociación de Estudiantes de la República, constituida
por los alumnos de las diversas Facultades Universitarias, tiene el
honor de dirigirse al Congreso Nacional, en virtud del derecho
de petición, acordado por el artículo 6, acápite décimocuarto de
la Constitución Política, en resguardo de sus intereses profundamente lesionados, en respetuoso acatamiento a la majestad de las
leyes y al prestigio y brillo con que deben rodearse los estudios
profesionales, no solo por un alto espíritu de noble emulación,
sino por el crédito con que debe mantenerse patrióticamente el
nombre intelectual del país.
Es el caso, Honorables Representantes del Pueblo, que tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, cursan
sendas mociones, conducentes la una a autorizar la investidura
con el grado de Licenciado en Derecho, previa presentación de
Tesis, tanto a los postulantes como a los Procuradores Fiscales
y Jueces de Instrucción, y con el de Licenciado en Derecho
Público, previa presentación igualmente de tesis, a los actuales
senadores y diputados.
Tan insólita proposición, desquiciadora de los legítimos
fueros de la enseñanza en la República, ha venido a sacudir, en
155
156 Carlos Larrazábal Blanco
protesta unánime, a cuantos, indiferentes al debate pasional de
la política, no pueden, sin embargo, asentir con la pasiva complicidad del silencio al acto que se pretende consumar en desdoro
y mengua de las instituciones.
Afortunadamente el encendido celo patriótico que priva
en el ánimo de los representantes del pueblo; la rectitud de
propósitos que inspira, en el ejercicio del mandato constitucional, a ambas Cámaras, y el respeto al nombre individual de sus
miembros y al concepto colectivo de los Cuerpos Legisladores,
habrán de ser insuperable valladar a la absurda pretensión que
combatimos.
En vano se invoca, por lo que hace a los postulantes, la
existencia de derechos adquiridos. Aparte de que el artículo
1181 del Código de Educación Común confiere al rector de la
Universidad la facultad de resolver sobre derechos adquiridos
no previstos en dicho Código, los postulantes no pueden invocar, porque no los tienen, derechos adquiridos.
La ley, en efecto, dictada por el Congreso Nacional, en fecha 18 de abril de 1912, autorizó a los postulantes a presentar
examen parcial, dentro de los términos del artículo 72 de la Ley
de Organización Judicial, prorrogando el plazo para los que hubiesen rendido algunos exámenes y modificando en ese sentido
el mencionado artículo 72. Era preciso, pues, comprobar, por
medio de un examen, la capacidad requerida para optar el grado académico, y era igualmente necesario que el aspirante estuviese dentro del plazo legal. Solo así –con el concurso de las dos
circunstancias del examen y del plazo– quedaban consagrados
los derechos adquiridos; pero en el caso actual faltan una y otra
circunstancia, y por consiguiente no hay derechos adquiridos.
En cuanto a los Procuradores Fiscales y Jueces de
Instrucción, la base en que descansa la moción es más deleznable: no se trata ya de hacer prosperar un tortuoso concepto
sobre derechos adquiridos, sino de crear estos derechos, y darle
un carácter retroactivo contrario al principio constitucional que
sólo, en materia penal, consagra, en determiados casos, la retroactividad de las leyes.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
157
Por lo que hace a la disciplina del Derecho Público, el artículo 2 de la cuestionada moción crea un privilegio tan odioso,
instituye un monopolio tan irritante, vulnera tan hondamente
los principios que sirven de base al sistema representativo –la
igualdad de los ciudadanos ante la ley– que no es ni remotamente posible la hipótesis de que pueda ser votado.
Ocioso parece, Honorables Representantes del Pueblo,
continuar aduciendo argumentos contra las dos nociones que
cursan actualmente en el seno del Congreso Nacional, cuando
son, en el orden moral como en el orden jurídico, de tan irresistible evidencia los fundamentos en que descansa la presente
petición.
La Asociación de Estudiantes de la República os pide respetuosamente, Ciudadanos Representantes, que rechacéis las dos
mociones aludidas, confiando en vuestro patriotismo acrisolado,
en vuestro celo por la cultura intelectual del país y en el eminente espíritu de justicia con que llenáis el mandato que os ha
conferido para bien de la sociedad el pueblo dominicano.
Así, como es de justicia, se os pide en la ciudad de Santo
Domingo, a los catorce días del mes de abril del año mil novecientos diez y seis.
Manuel Martínez Boog
Presidente
Carlos Larrazábal B.
Vicepresidente
José Joaquín Pérez P.
Secretario de Correspondencia
Amado A. Camilo
Secretario de Actas
Héctor Read
Tesorero
Luis Napoleón Beras
Bibliotecario
Hoja suelta, Imprenta de Santo Domingo,
14 de abril de 1916.
Un peligroso espía
A
Francisco de Lizaor, ex-secretario del célebre don Nicolás
de Ovando y ex-contador de la isla de San Juan, poco le importaban los intereses que por estas partes traían en continua intranquilidad a sus compatriotas los Caballeros, Ledesmas, Bardecis,
Ayllones y Pasamontes. Así pues, nuestro don Francisco, no
andaba en diligencias para que le repartieran indios; no armaba
navíos para buscar perlas a la isla Margarita o esclavos a Tierra
Firme y las Lucayas; no mostraba apetito por las pingües ganancias de los ingenios de azúcar; no buscaba, codicioso, pepitas de
oro en las arenas de los ríos ni gangas de este precioso metal en
las entrañas de la tierra. En seis meses, ninguna actividad tomó
ni siquiera para sembrar jengibre, y se estaba en Santo Domingo
de la Española sin meter el mínimo ruido.
Esta inacostumbrada pasividad en un español de aquella
época, para el cual poner una pica en Flandes era una nonada,
dio por resultado el que se desconfiara del ex-contador dándose
varios vecinos a la tarea de investigar su vida y milagros. Y tal fue
el celo que tomaron en esta empresa, y tal, según parece, la mala
voluntad que se granjeó, que bien pronto los Padres Jerónimos y
el licenciado Zuazo –que compartía con aquellos las obligaciones
del gobierno– estaban en conocimiento de que el malmirado era
nada menos que un espía de cierto libro donde llevaba nota de
una porción de cosas para informar en Países Bajos.
159
160 Carlos Larrazábal Blanco
Pero por esto no se crea que Lizaor traicionaba a su patria
haciendo planos de fortalezas y puertos, o tomando apuntaciones políticas o militares. No, esas notas obedecían a una finalidad: informaban a algunos privados del emperador y rey Carlos
V de diversas canonjías y empresas lucrativas de la Española que
deberían ser pedidas en meced por ellos.
Bien se ve que los que atisbaban a Lizaor y sufrían con la presencia y conducta se preocupaban mucho por los almojarifazgos,
tratas de esclavos, azúcares y cañafístolas, y a cada paso verían bélicas regiones en lo que no era sino mesnadas de indefensas ovejas.
¿Qué habría de cierto en estas imputaciones? ¿Iban en verdad los trabajos de Lizaor contra los intereses de los magnates y
paniaguados de esta isla? ¿Era nuestro hombre capaz de actitudes de trastienda en contra de los compatriotas que con él varios
años compartieron bienandanzas y vicisitudes?
Se sabe que en una cierta ocasión, deseando Pedro de
Ledesma la secretaría de la Real Audiencia, puso algunos ducados en manos de Lizaor para que este moviera resortes en la
Metrópoli en consecución de ese fin. Ledesma logró el puesto.
¿Qué demostraría esta diligencia a favor o en contra de la honorabilidad del hombre de esta historia?
Sea lo que fuere, es el caso, que el célebre ex-secretario, al
ver la polvareda que se había levantado en su derredor, resolvió
tomar las calzas de Villadiego y aprovechando que en puerto
había una nave al izar las velas, allí metiose. Pero para su mala
ventura, ya los Jerónimos y Zuazo habían resuelto «que no era
razón que tal hombre se pasase sin castigo», y el señor juez de
residencia entró en la nave, registró papeles y equipajes, acabando por llevárselo preso, a pesar de no haber encontrado, ni por
asomo, el célebre libro de apuntes. Y valiose para esta prisión de
que en cierta ocasión, siendo contador Lizaor, fue favorablemente sentenciado en un pleito que hubo lugar, la cual sentencia se
le antojaba ahora a Zuazo contra todo derecho.
Siete meses pasó recluido en la cárcel don Francisco ignorando la Historia todos los azares, que en libertad, correría su
vida de aventurero.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
161
***
¡Oh tiempos! ¡Cómo hilvanaban su vida social y política
nuestros abuelos, y cuán eterna ha sido! Zuazo, uno de los hombres más ilustres de aquella época, no para mientes en atropellar a un individuo, y solo debido, quizá, a que ya tendría en
comienzos su gran ingenio de Ocoa, que al correr de los tiempos
prodújole buenos castellanos de oro.
Intrigas como estas producíanse de rato en rato en la
Española dando a la sociedad de entonces un aspecto de anarquía completa, sobre todo en la fecha de nuestro cuento –1517–
en que aún las eternas pendencias de servidores y deservidores
tenían en continua agitación los ánimos. Acaso nuestra constitución social y política moderna no sea sino un triste remedo de
ese pasado turbulento y sumido en la ignorancia.
Claridad, Año I, Núm. 1 (31 de diciembre de 1922).
Apuntes
Medicina y Ciencias Naturales de la Isla Española
a través de los historiadores clásicos de Indias
El guayacán y la curación de las bubas
Descripción de la planta
El árbol que se llama guayacán en lengua desta Isla, la sílaba
postrera luenga, cuya agua se toma para sanar de la enfermedad
de las bubas, es árbol bien grande, como nogal pero más lindo;
la hoja parece que será como la del pernal de Castilla y más clara, verde, y más chica, el tronco principal y las ramas son como
plateadas y doradas entreveradas de dos o tres colores […]
Preparación de un cocimiento
[...] para sacar el agua se ha de cortar la madera y hacer dos o tres almozadas de pedacitos muy menuditos
y echarlos a remojar en agua de río, que haya cuatro
azumbres,1 cinco y seis días más, después cocellos que
mengüen los tres azumbres y quede solo el uno.
Asumbre: Medida de líquidos igual a dos litros. (Nota del autor).
1
163
164 Carlos Larrazábal Blanco
Modos de administración y dosis
Ha de tener, el que lo toma, muy gran dieta, sin comer
sino un par de yemas de huevo, y de tres a cuatro días,
un cuartillo de una polla con unos bizcochillos, y más
delicado y sano, y para esta cura más provechoso, creo
que es el casabí xabxao, que no los bizcochos de pan
de trigo; no ha de beber, todo el tiempo que determina
tomarlo, agua ni vino, sino solamente aquella agua del
palo, que no es menos amarga que hieles o acíbar; desta
manera lo han tomado mucho tiempo en esta Isla, pero
ya hay más experiencia en la manera que hay que tener,
especialmente en Castilla; todavía, digo, que requiere
sobre todo extrema dieta y no beber otra cosa sino
aquella agua. Acostumbróse a tomar en esta Isla de esta
manera, que tomándola con mucha dieta, después de
pasados los 9 o 15 días o más días que la determinaban
tomar, tenían una olla, como dicen, podrida,2 y comían
mucho de todo lo que en ella estaba, y como el estómago estaba tan delgado de la dieta pasada, purgaba todo
el humor malo, y así quedaban del todo muy sanos, y yo
tuve dello experiencia, que lo vide y también lo oí haber
acaecido a algunos […]
Otros probables usos
Tengo por cierto, que no solo para las bubas, pero para
cualquiera enfermedad que proceda del humor frío, tomándola, será cierta la sanidad, y cuando acaece del mal
de las bubas o de otro alguno con ella no sanar es porque procede de humor caliente, y esto tengo por cierto
días ha; el palo de la isla de San Juan se tiene por mejor,
no sé si es de la misma especie de los desta Isla o de otra
que difiere en cualidad, al cual llaman los españoles el
Olla podrida: «Cocido compuesto de muchas especies de carne, como gallina, vaca, carnero, perdices, chorizos, jamón, etc.» (Nota del autor).
2
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
165
palo santo. (Fray Bartolomé de las Casas, Historia de las
Indias, Ed. de 1876, t. V, Apéndice, pp. 321-322).
He aquí la medicina clásica de los indios de Santo Domingo
para la curación de las bubas, al decir del padre Las Casas, específica. Los conquistadores, al inficionarse de este mal se la aplicaron con eficiencia, y no solo cuando de él se trataba, sino también para cuando sufrían males sifilíticos se tenía la seguridad.
En casi toda la América era común el remedio, pero la
manera de preparar la medicina, su administración, y el tratamiento, variaban según las localidades. El de nuestro texto era
puramente hispanolense. Veamos uno de aquellos métodos:
Ramas de guaiacum officinale se reducían a virutas, y en una
olla de barro se hacían cocer en agua un tiempo conveniente.
Preparada esta decocción, dábasele a tomar al enfermo en dosis
fraccionadas mañana y tarde. Como era de imprescindible necesidad sudar mucho, echábase mano de medios brutales como la
carrera, trabajos en las minas, saltos, manejos de armas, etc., y a
efectuar una de estas cosas poníase al paciente, que como era de
esperar, bien pronto su cuerpo estaba bañado de copioso sudor.
Después, un pequeño refrigerio, muda de ropas y tomar agua
de lluvia.
Con este sistema, que tenía el inconveniente de durar unos
50 o 60 días, es fama que desaparecían hasta los rumores de
los huesos. Un tal Van Hutten asevera haberse curado por este
procedimiento, y tanta fue su admiración que publicó una obra
ensalzándola de las virtudes curativas del guayacán.
Esta zigofileácea fue introducida en España –se dice– en
el año de 1508, y ya para este año entraría en la Metrópoli con
buenas cartas de recomendación, pues no solo Las Casas, sino
los primeros conquistadores todos, estaban maravillados con la
planta. De ahí el nombre que le dieran a una de sus variedades:
palo santo.
Nótese lo que en el texto dice el Obispo de Chiapa: «Tengo
por cierto que no solo para las bubas, pero para cualquiera enfermedad que proceda del humor frío, tomándola, será cierta la
166 Carlos Larrazábal Blanco
sanidad…» Y con efecto, años adelante se preconizó el guayaco
–y se preconiza todavía– para la gota y el reumatismo crónico,
quizá si debido a sus propiedades estimulantes y diaferéticas
reconocidas.
Sarcopsylla penetrans
Lo otro, que afligió algunos españoles a los principios,
fue las que llamaban los indios niguas; estas son cierta
especie de pulgas, y así saltan como pulgas, y son tan
chiquitas que apenas pueden ser vistas. Engéndranse
del polvo de la tierra, y para que no las haya, o se críen
menos, requiérese tener siempre la casa muy barrida,
regada y limpia; estas se meten comúnmente en las
cumbres de los dedos de los pies, junto a la uña, y van
comiendo y cavando todo el cuerpo hasta la carne, y
allí paran; cuando comen causa la comezón como de
los aradores, y algo más vehemente y más penosa. Ella
ya metida en la carne, allí, poco a poco, dentro de un
día o dos, se corrompe y deja de ser pulga, y hácese una
bolsita blanca de un cuero u hollejo delgado, de la hechura de una lenteja y de su tamaño, y si la olvidan siete
u ocho días crece a ser poco menos que un garbanzo;
parece propia como una perlita de aljofar. Esta bolsita
está llena de liendres muy blancas, y que terná dentro
de sí, por chica que sea, más de ciento, y en cierto tiempo todas viven y se tornan negras como fue la madre y
son otras tantas niguas.
Extirpación
Hanse de sacar con un alfiler apartando el cuerpo del
dedo muy sutilmente y poco a poco, porque no reviente
o se quiebre, porque, si revienta, las liendres se desparecen, y otras quedan en el agujero que deja, el cual es
tamaño cuanto ella es gorda, y no pueden bien todas
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
167
sacar, y por esto luego las liendres que allí quedan se
hacen niguas, y se convierten en otras bolsas llenas de
aquella simiente; así que, apartando el cuero poco a
poco con el alfiler, después con los dos pulgares de las
manos apretando como quien quisiese sacar la podre
de un divieso o granillo, luego sale la bolsa toda entera,
según dije, como un grano de aljofar o perla. Ella fuera,
hinchan el agujero, que deja hecho, de ceniza y luego
suelda, a ella echalla en el fuego o molella entre dos
piedras porque mueren todas las liendres, y para que no
entren más en aquel agujero es bien henchirlo de aceite; son muy más penosas de sacar antes que la pulguilla
se corrompa y haga la bolsilla, y cuando la bolsa es más
grande menos pena dan sacándolas.
Cómo adquirían niguas los españoles
Y como en aquellos tiempos primeros andaban los nuestros españoles monteando… calzados con alpargates, y
no sabían lo que las niguas eran, ni sacarlas, olvidábanse
en los pies y pudríanse en ellos, y escupían infinitas liendres, con las cuales se cundían en otros muchos lugares,
y así padecíanse mucha manquedad, aflicción y trabajos. Dije calzados con alpargates porque allí se esconden
aquellas pulguillas más que en otro calzado, quien anda
calzado con calzas y zapatos, y mejor si con borceguíes,
por maravilla le puede entrar alguna; los indios dellas
recibían poco daño, aunque andaban descalzos, lo uno
por la limpieza de se lavar muchas veces, y lo otro porque tienen diligencia en luego como las sienten sacarla;
lléganse mucho a la suciedad, y porque los negros son
sucios y no se acostumbran a lavar, o también porque
quizás su carnadura es más que otra dispuesta para ellas,
son dellas más fatigados. (Fray Bartolomé de las Casas,
Historia de las Indias, Ed. de 1876, t. V., pp. 349-351).
168 Carlos Larrazábal Blanco
Sífilis
Dos cosas hubo y hay en esta Isla, que en los principios
fueron a los españoles muy penosas: la una es la enfermedad de las bubas, que en Italia llaman el mal francés,
estas sepan por verdad que fue desta Isla, o cuando los
primeros indios fueron cuando volvió el almirante don
Cristóbal Colón con las nuevas del descubrimiento destas Indias, los cuales yo luego vide en Sevilla, y estos la
pudieron pegar en España, inficionando el aire o por
otra vía, o cuando fueron algunos españoles, ya con el
mal dellas, en los primeros tornaviajes a Castilla, y esto
pudo ser el año de 1494 hasta el de 1496; y porque en
este tiempo pasó con un gran ejército en Italia, para tomar a Nápoles, el rey Carlos de Francia que llamaron el
Cabezudo, y fue aquel mal contagioso en aquel ejército;
por esta razón estimaron los italianos que de aquellos
se les había pegado, y de allí en adelante lo llamaron
el mal francés. Yo hice algunas veces diligencia en preguntar a los indios desta Isla si era en ella muy antiguo
este mal, y respondían que sí, antes que los cristianos
a ella viniesen sin haber de su origen memoria, desto
ninguno debe dudar; y bien parece también, pues la
Divina Providencia le proveyó de su propia medicina,
que es como arriba en el Cap. 14 dijimos, el árbol del
guayacán. Es cosa muy averiguada que todos los españoles incontinentes, que en esta Isla no tuvieron la virtud
de la castidad, fueron contaminados dellas, y de cierto
no se escapaba quizás uno sino era cuando la otra parte
nunca las había tenido; los indios, hombres o mujeres,
que las tenían eran muy poco dellas afligidos, y cuasi
no más que si tuvieran viruelas, pero a los españoles les
eran los dolores dellas grande y continuo tormento.
(Las Casas, Historia de las Indias, t. V, Ed. de 1876, p.
349).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
169
1. Henos aquí en presencia de un pasaje del historiador Las
Casas que ha dado margen a la creencia, que corre inserta
en libros serios, de que el origen de la sífilis es americano, y
aún más, dominicano, como hemos visto en una obra norteamericana cuyos nombre y autor tenemos olvidados.
2. No está en los límites de nuestro trabajo rebatir esta mala tesis. Gangolphe y otros hablan de cráneos prehistóricos con
lesiones avarióticas, mientras algunos han desentrañado de
los cronicones médicos de Hipócrates o Celso, ejemplos de
lesiones que podríamos diagnosticar fracastorianas. En los
primeros moradores de la isla pudo existir la sífilis. Estamos
con aquella ironía del célebre Voltaire: «La vérole est comme
les Beaux-Arts, on ignore quel en été l’inventeur.»
3. Las casas hizo una errada coordinación de dos hechos indiscutibles: la enfermedad de las tropas de Carlos VIII el
Afable en el sitio de Nápoles (1495), y la enfermedad de los
indios.
4. Parece que el autor conocía las obras de Gerónimo
Fracastor, celebrado varonés médico, poeta, astrónomo y
filósofo, que en 1546 habló por primera vez de la sífilis en
su obra De morbis contagiosis y cantó en clásicos versos ese
mal venéreo en su poema Syphilis sive morbos gallicus.
5. La enfermedad del ejército del citado rey francés era hasta
entonces desconocida, según asienta Fracastor (y esto favorece en algo el aserto de Las Casas), y los síntomas de
ella descritos por el sabio de Verona coinciden con las manifestaciones que la ciencia médica moderna atribuye a la
sífilis desde la aparición del chancro. Luego, la enfermedad
precitada no era la buba.
Fracastor tenía cuando el sitio de Nápoles 12 años de edad y
pudo darse cuenta, por sí mismo, del morbo ocurrido entre
los franceses, si creemos en la precocidad de que hablan las
biografías: a los 19 años era profesor de filosofía.
6. Habla el Obispo de Chiapa de la enfermedad de las bubas y
cabe preguntar si la dolencia que describe bajo este nombre, innata en los indios y transmisible a los españoles, era
170 Carlos Larrazábal Blanco
realmente pian o era verdadera sífilis. Pudieron haber existido ambos males en nuestra isla.
7. Para una conclusión falta el dato chancro de que Las Casas
no habla. Su descripción nos deja en ayunas. El dato viruela
nada dilucida.
8. Es interesante el detalle de la benignidad del mal en los
indios (¿algo de inmunidad adquirida?), y el malestar que
ocasionaba en los españoles (¿actividad de virulencia por
diferencia racial?)
Algunas plantas notables
1.Jobo. Spondias Lutea (L) (terebiácea)
[…] Otra fruta hay que se llama hovos, propios como ciruelas, sino que son amarillos y tienen los cuescos grandes y poca
carne, pero lo que tienen es muy sabroso mezclado con un poco
de agro, y sobre todo es muy odorífero, y no hay cosa que más
coman los puercos, y vayan 10 leguas al olor por buscalla; los
árboles son muy grandes y altos y graciosos a la vista, la hoja es no
del toda redonda, del tamaño de un real de plata, verde clara;
cocida en agua es muy buena para lavar las piernas los que las
tienen malas…
2.Tuna. Opuntia tuna (Mill) (cactácea)
En las riberas de la mar hay una fruta que llamaban los
indios tunas, de hechura de las bolsas en que están las adormideras, pero son verdes claras y llenas de cáscaras de unas espinitas delgadas, a trechos por orden bien puestas; nacen en unos
arbolillos de hasta a cuatro palmos poco más altos del suelo,
todos espinosos y fieros; lo que tiene dentro esta fructa, quitada
la cáscara, es de zumo y carne como lo de las moras de nuestra
tierra; comiéndola todo va a parar a la orina, y a los principios,
cuando no sabíamos qué era, la comieron algunos, no sin gran
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
171
miedo, creyendo que era la sangre lo que salía y que se debían
haber rompido todas las venas.
3.Guao. Comveladia iliufolia (Sw); C. dentada (Jack)
(terebintácea)
Otro árbol hay, principalmente en la provincia de Higüey,
hacia la costa de la mar, y más cantidad en la isla de la Saona y
por aquellas isletas, que los indios llamaban guao, la primera
sílaba luenga, el cual será, el más alto, de estado y medio de un
hombre, que con sus ramas no hace mucho bulto, árbol seco y
estéril, y así no se halla sino entre peñas, cuya hoja es como la
coscoja o carrasco que queman en los hornos en Castilla, con sus
espinitas alrededor de la hoja, y también tiene algunas por las
ramas y todo él (a lo que creo, porque ha días que no lo vide); la
leche deste árbol es ponzoñosa, y della y de otras cosas hacen los
indios la yerba que ponen en las flechas con que matan.
Andando por estos montes destos árboles, como son espesos y bajos y con caminos angostos, tocando las ramas en la cara,
con las espinillas, parece que salpica la leche, y luego se hincha
la cara y abrasa como si se cubriese de la que llamamos del monte, y por muchos días no se quita y amansa, y esto comúnmente
hace daño a las caras de los hombres que son muy blancos y
delicados y flemáticos, a los coléricos y que tiran en el pelo a
zaheños y a los bermejos ningún daño hace; y a mí me dieron las
ramas muchas veces en la cara y nunca me hizo mal, porque no
soy de los muy blancos ni flemático. Fuera de las provincias tierra que dije, por toda esta Isla no hay este árbol guao, sino uno
de cuando en cuando, porque toda la tierra, fuera de aquella
que es estéril, en esta Isla es fertilísima, que sean montes o valles.
4. El árbol del bálsamo. ¿Hedwigia balsamifera (Sw)?
(abei hembra)
Hay otro árbol de que se hace artificiosamente el bálsamo,
que llaman en esta Isla bálsamo; este árbol será como pequeños
172 Carlos Larrazábal Blanco
naranjos, la hoja tiene verde oscura, del tamaño de medio real
o poco más, casi es de la forma de un corazón; donde yo lo he
visto es en el monte, una legua pasando de la villa de Santiago,
yendo camino de Puerto Plata y por los montes por allí adelante.
Hácese por arte de esta manera: Que los palos o rejas de él se
cortan muy menuditos con una hacha (y mejor es azuela, porque cuanto más menudos se cortaren mejor es); estas cortaduras, en cantidad de dos celemines o tres, échanse en un lebrillo
grande que quepan dos arrobas y aun media más lleno de agua,
y así, con esta proporción más o menos según la cantidad de
la madera el agua proporcionable; déjase así estar remojando
ocho días, después, en una caldera muy limpia, pónese a cocer,
y mengua de cuatro las tres partes; cocido y menguado así, en
muchas escudillas se echa y reparte, poniéndolo al sol dos o tres
días, el cual se espesa como miel y pasa de color de arrope o
de miel algo oscura, y olor de cobre algo suave. Yo lo he hecho
hacer por este modo y salió mucho bueno, y obra de un cuartillo
o poco más que envié a Castilla a cierta persona, en el año 28 a
30, lo vendió, según supe, por 20 ducados. La experiencia que deste
licor se tiene hoy es, que para cualquiera herida donde salga sangre, o
donde no haya miembro o nervio o casco cortado, puesto en ella caliente,
bien empapada y atada, no es menester más de una vez curarla.
5.
El arbolillo de las manzanillas. ¿Javicpha multifeda?
(piñón de España)
[…] Ninguna fruta ni árbol, los indios de esta Isla y aun de
las demás islas, tenían cuidado sembrar ni plantar después de su
pan y ajes y batatas, y el ají, que es la pimienta, y el maíz y las otras
raíces que se han dicho, sino solos arbolillos de las manzanillas, con
que cuando se sentían enfermos se purgaban, y nosotros acá, desde que
lo supimos, nos purgábamos, y aún agora en Castilla mezclan los médicos en purgas que dan. Estos arbolillos plantaban junto a sus
casas, como cosa que mucho estimaban, y otras yerbas, como
lechugas grandes, medicinales o purgativas, como abajo diré.
Este arbolillo de las manzanillas no es mayor ni crece más de
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
173
hasta estado y medio; tiene pocas ramas y poco bulto, la hoja es
muy hermosa, casi es como la de la yuca, de que se hace el pan
casabí, como una gran mano los dedos esparcidos o abiertos;
la fruta es casi como avellanas, y así blancas, es la que llaman
los médicos ben, de la manera que está escrita, y hace mención
de ella la medicina; es de gran eficacia para purgar, de cólera principalmente, según se cree por los no médicos por lo que se ha
visto por la experiencia. Con ella nos purgábamos antiguamente
solo mascándolas como si mascáramos avellanas, y como no iban
molidas, sino en pedacitos enteros, pasábamos gran trabajo en
los vómitos y grandes arcadas, las cuales no cesaban mientras los
pedacitos no se deshacían y despegaban de las tripas; después
caímos al cabo de muchos años en tostarlas y molerlas, y así no
daban tanta pena, pero después que vinieron a esta Isla médicos
usaron de ellas como debían, preparándolas y confeccionándolas con otras convenientes medicinas, porque dicen que estas
manzanillas son, no purga sino punta de purga en medicina;
finalmente, la leche de ellas, que es muy blanca como de almendras, es la que tiene la virtud purgativa.
6.
Bejuco. ¿…?
Otra cosa para purgar, no sé para qué enfermedades, hay en
esta Isla, y sospecho que debe ser para males de flema, y esta una
correa o raíz no porque está debajo de tierra, sino que tiene su
raíz debajo de ella y encarámase por los árboles de la manera de
la hiedra, y así parece algo, no en la hoja, porque no la tiene,
sino en parecer correa y encaramarse como la hiedra: llamábanla los indios bejuco, la penúltima sílaba luenga.
7.Bija. Bixa orellana (L) (bixácea)
Hay también unos arbolitos tan altos como estado y medio,
que producen unos capullos que tienen por de fuera como vello, y son de la hechura de una almendra que está en árbol, aunque no de aquel color ni gordor porque son delgados y huecos:
174 Carlos Larrazábal Blanco
tienen dentro unos apartamientos o venas, y estos están llenos
de unos granos colorados pegajosos como cera muy tierna o
viscosa. De estos hacían los indios unas pelotillas, y con ellas
se untaban y hacían coloradas las caras y los cuerpos, a jirones
con la otra tinta negra, para cuando iban a sus guerras; también
aprieta esta color las carnes. Tírase también con dificultad, tiene un color penetrativo y no bueno; llamaban esta color los
indios bixa.
8.Guáyiga. Zamia integrifolia (L); Z. media (Jacq.);
Z. debilis (Art); Z. furfurácea (cicadeáceas). (Moscoso).
Los indios higüeyanos hacían de esta planta un ejemplar
de importancia en la flora de la región oriental de la Isla, por
cuanto de la médula amilácea de ella fabricaban una especie de
casabe que era comida favorita de ellos. La confección de este
pan era la siguiente: la médula citada la rayaban encima de piedras ásperas y hacían luego una masa que dividían en pedazos
redondos. En el lapso de uno, dos o tres días estos pedazos eran
puestos al sol y hasta cuando se cubrieran completamente de
gusanos y tomara el conjunto una coloración pardinegra. En estas condiciones les daban forma de tortillas y poníanlas a tostar
en especiales recipientes de barro a manera de calderos, hecho
lo cual podíanse comer. La presencia de los gusanos era indispensable para la buena condición del potaje, porque claro está
era cuando la transformación de los principios venenosos de la
guáyiga se había cumplido. El almidón de guáyiga que preparan
actualmente nuestros campesinos es el producto de lixiviación
de la médula de esta zamia rallada.
La descripción que hace Las Casas de esta planta es la siguiente: «Por todas las dichas mesas de lajas o peñas, y entre ellas
se crían unas raíces que no las hay en toda esta isla; estas raíces
se llaman guáyigas, y hacen de ellas el pan que comían por toda
esta provincia los indios; las raíces son como cebollas gruesas
albarranas, las ramillas y hojas que salen fuera de la tierra de
ellas obra de dos o tres palmos, parece algo como de palmito
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
175
de los que hay en Andalucía, puesto que son más angostas y más
lisas y delicadas que la de los palmitos.
9.Yuca. Manihot utilíssima (Pohl) (euforbiácea)
Esta era la planta más notable entre los indios, pues servía
para la fabricación del casabe, el mejor pan que creía Las Casas
haber en el mundo después del de trigo. Yuca era entre los indios
el tubérculo, porque a la planta la llamaban yucabia. Conuco era
un plantío de yucabias. Cultivaban en los conucos esta planta de
la manera siguiente: a distancia de dos o tres pies y en hileras
de mil, dos mil y hasta diez mil pies hacían unos montículos de
tierra de nueve a doce de contorno. En estos montones hincaban varios pedazos de tallo de yucabia, las yemas hacia arriba,
dejando fuera de tierra unos dos dedos. Esta siembra se hacía
en tiempo de seca. «Cuando esta labranza es ya de cuatro o cinco
meses, que hace copa la hoja, es tan hermosa de ver de lejos y de cerca,
que ni nuestras viñas por mayo ni junio, ni otra alguna huerta ni labranza, puede parecer más hermosa». Las Casas describe la raíz y sus
propiedades venenosas de la siguiente manera: «La color de las
raíces es como leonada oscura, una tez que tienen muy delgada
por encima; pero quitada o raspada con una concha como de
almeja, aquella tez, todo lo demás es blanco como la nieve, al
menos más blanco que un nabo raído; esta yuca o raíces de que
hacen el pan es tal, que quien las comiese así cruda moriría…»
Al zumo venenoso de la yuca le llamaban los indios hien,
que no tenían inconveniente tomar con estoicismo cuando querían morir. Algunas veces no lo desechaban sino que lo hervían
y entonces se transformaba en una especie de vinagre, usado
como condimento hasta por los mismos españoles. Se han separado de la yuca estos principios: la manihotina, el ácido manihótico, la manihotoxina y el ácido cianhídrico. La presencia de
este último compuesto basta para darle al hien sus propiedades
venenosas, pero este, como los demás principios, son fácilmente
separables por lixiviación. La guáyiga, de que hemos hablado,
debe contener también HCN y principios parecidos a los de la
176 Carlos Larrazábal Blanco
yuca, transformables por fermentación (recuérdese la presencia
de gusanos en la torta de los indios de Higüey) y fácilmente separables por lixiviación.
Los indios fabricaban el casabe de la siguiente manera: las
yucas cogidas después del primer año las rayaban en una piedra áspera, el guariquitén, y luego, cubierto con hojas, dejaban
hasta el otro día la masa rayada. Inmediatamente después de
transcurrido el tiempo necesario esta masa la metían dentro del
cibucán, especie de colador grande, donde por medio de palos
y con ayuda de varias personas la exprimían con mucha fuerza
para después pasarla por un cedazo llamado híbiz con lo que
salía una harina más menuda. Entonces era cuando estaba en
condiciones de ir al burén, plato grande de barro que ponían
sobre tres piedras. De esta manera fabricaban nuestros indios
el casabe corriente y era como de medio dedo de grueso, pero
fabricaban otro especial para las personas principales, más delgado, y que llamaban xabxao. Era un pan de granos más finos
por cuanto que la masa que pulverizaban en el híbiz la volvían a
rayar sobre un aparato que consistía en una piedra tapizada con
cuero de pescado. Este aparato se llamaba libuza. Las mujeres
amenizaban esta fabricación con bailes y canciones.
10. Ajes y batatas
Cultivaban los indios, de la misma manera que la yuca,
una planta que llamaban yucaba, cuyos tubérculos, comestibles,
nombraban ajes y batatas. Con los datos que podemos sacar de
Las Casas no podemos hacer luz definitiva sobre si los ajes y batatas pertenecen a dos familias diferentes o si son dos especies
de una misma familia. Podría llamar la atención el que los indios
dieran un mismo nombre a las dos plantas, pero, ¿obedeció ese
nombre a un mismo o parecido aspecto externo, o a la común
propiedad alimenticia de ambos tubérculos?
Para algunos autores el aje corresponde a la batata y
para otros al ñame. Puede leerse en el Diccionario de plantas
de Colmeiro: «ajes de los hist. prim. de Amér., Batatas edulcis
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
177
(Chois)». Humboldt, sin embargo, confunde los ajes con el
ñame (veáse el Diccionario de Colmeiro). En el Diario de Colón
(Nav., t. III) puede leerse: «Dijeron los cristianos que después
que ya estaban sin temor iban todos a sus casas, y cada unas raíces, como rábanos grandes…» Correspondiendo a esta cita hay
una nota que dice: «niames o ñames», eran los ajes, especies de
batatas. El historiador Oviedo (nos parece, pues no tenemos el
texto a la mano para la reconsulta), también dice de la identidad
de aje y ñame.
Veamos, ahora, la cita de Las Casas:
Hay otras raíces que llamaron los indios ajes y batatas, y
son especies de ellas; estas postreras son más delicadas
y de más noble naturaleza en su especie; siémbranse de
planta en montones de la manera que de la yuca se ha
dicho; pero la planta es diversa. La planta de estas raíces
es a la manera de las calabazas de nuestra tierra, pero es
muy más hermosa y delicada; no tiene aquellas como espinitas que la planta de la calabaza tiene, sino más suave,
delgada, limpia o lisa, y las hojas del tamaño, y así arpadas y tan lisas, suaves y hermosas, como la de las vides o
viñas de Castilla. Estas, a cuatro y a cinco meses después
de plantadas a ser comestibles vienen. Plántanse en los
montones dichos un palmo o dos de aquellas ramillas,
o como correas, la mitad dentro de la tierra, en cinco o
seis partes de la corona del montón, y por la orden de
la planta de la yuca que está dicha, las cuales luego con
el sol se amortiguan y marchitan como que se mueren,
pero fácilmente prenden y reviven, y tanto crecen las
raíces que crían dentro de la tierra, cuanto la planta por
la tierra cunde, y como la de las calabazas se extiende; no
son mayores que nabos grandes o zanahorias pequeñas.
Llámase la dicha planta yucaba, la media sílaba luenga;
cómese cocida como espinacas o acelgas con aceite y
vinagre, y crudas son buenas también para los puercos.
Estas raíces de ajes y batatas no tienen cosa de ponzoña,
178 Carlos Larrazábal Blanco
y puédanse comer crudas, asadas y cocidas, pero asadas
son más buenas, y para que sean muy mucho buenas, las
batatas especialmente que son de más delicada naturaleza, hanlas de poner 8 o 10 días al sol, rociadas primero
y aun lavadas una escudilla de salmuera, más agua que
sal, y cubiertas por encima de rara yerba porque no les
dé todo el sol, lo cual hecho, las que se quieren comer
asadas, metidas en el rescoldo del fuego hasta que ellas
estén tiernas salen enmeladas como si las sacasen de un
bote de conserva; y si las quieren cocidas hinchan una
olla de ellas y echan dentro una escudilla de agua, no
para cocellas, sino porque la olla, estando seca en el
principio, no se quiebre, y cubren la olla con hojas de la
planta de ellas, o de vides o de otras hojas buenas, para
que no salga el vaho fuera, porque no han menester
mucho tiempo, embébese aquella agua y sale otra tanta
miel o almíbar, y ellas todas enmeladas como si fuesen
una conserva, pero harto más sabrosas que otra cosa
muy buena.
De esta larga y harto confusa cita solo podemos ver claro
las prácticas culinarias, una diferencia entre las dos plantas o
los dos tubérculos no se descubre con facilidad a no ser aquello
de «son dos especies diferentes dellas; estas postreras (las batatas) son más delicadas y de más noble naturaleza…» (Las Casas,
Apologética historia).
Si se llegara a fijar que el aje es el ñame (y esta es la opinión
más corriente) u otra especie botánica cualquiera, llamaríamos
al ñame o esta especie yucaba aje, y a la batata, nuestra batata, la
especie más dominicana nombraríamos yucaba batata.
Sería de desear, en botánica, una tecnología dominicana
para lo estrictamente dominicano.
La Tribuna Médica, Núms. 3, 4, 8, 10 (agosto-septiembre
de 1923; enero-marzo de 1924; enero-febrero de 1927).
Errores en la Historia Universal de Lavisse
Carta que se dirige al traductor de la edición española
Santo Domingo, República Dominicana,
16 de noviembre de 1925.
Señor
Don José Delito y Piñuela
Catedrático de la Universidad de Valencia
España.
Muy distinguido señor:
Con el fin de que fuera adoptada como libro de texto en la
escuela Hostos, me fue recomendada por mi amigo el profesor
doctor Parmenio Troncoso de la Concha, la Historia Universal de
E. Lavisse traducida por usted y por usted adaptada a las escuelas
españolas.
He visto con detenido examen esa obrita y puedo decir que
la encuentro excelente. Exposición clara y concisa, unidad, plan
adecuado y una apreciación, en conjunto, de la historia, digna
de encomio.
Pero un lunar tiene. Y me apresuro en llamar su atención
para que así no tenga inconvenientes la adopción oficial, en este
país, de tan interesante libro.
179
180 Carlos Larrazábal Blanco
En el capítulo titulado «América contemporánea», se lee:
«XV-HAITÍ-129-Haití, colonizada primero por los españoles,
pasó más tarde a poder de Francia (1795)-130. Los negros, que
abundaban en el país, promovieron varias rebeliones y matanzas contra los blancos, dueños del territorio, hicieron de él una
República (1804). Esta se dividió luego en dos (1844) República
Dominicana y República de Haití».
Más adelante, en el resumen, se apunta: «XV. La isla de
Haití se emancipó de Francia (1804), y formó dos repúblicas de
negros (1844)».
En todo esto hay muchas falsedades, y como creo no conviene a la verdad histórica, ni al buen nombre del director de
la Escuela Normal de París, ni al catedrático de la Universidad
de Valencia, ni a los pueblos dominicano y haitiano, paso a darle ciertas explicaciones, por lo cual ante todo pido a usted mil
perdones si molesto un momento siquiera sus habituales ocupaciones intelectuales.
1.
La Isla de Santo Domingo o Haití fue descubierta por don
Cristóbal Colón el 5 de diciembre de 1492. Le puso por
nombre la Española. En ese mismo año comenzóse su colonización y conquista.
2. En 1632 un grupo de aventureros de diversas nacionalidades (holandeses, ingleses, franceses, portugueses) se estableció en la islita Tortuga al norte de la Española. Pasaron
luego a la Isla Grande, por su parte occidental, que estaba
despoblada. Poco a poco fueron organizándose hasta que
al fin se pusieron bajo la protección y vasallaje del rey de
Francia.
3. A mediados del siglo xvii estaba la isla dividida en dos colonias: una en su parte occidental que obedecía a Francia,
otra en su parte oriental, española, que desde entonces se
llamó Santo Domingo del nombre de su capital y ciudad
principal.
4. Siempre han convenido los historiadores dominicanos,
haitianos y algunos extranjeros que en virtud del Tratado
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
181
de Ryswick (20 de septiembre de 1697) España reconoció a
Francia la posesión de la parte occidental de la isla. Un historiógrafo dominicano sostiene que el tal tratado no hace
expresa mención de este asunto.
Es el caso, que el 3 de julio de 1777 se firma el Tratado de
Aranjuez entre España y Francia donde se fijan detenidamente y en definitiva los límites entre ambas colonias.
El 22 de julio de 1795 por el Tratado de Basilea España cede
a Francia la parte oriental de la isla (Santo Domingo). Toda
ella, pues, fue colonia francesa. Ya lo era hacía tiempo su
parte occidental.
El año 1802 tomó posesión de la parte española de la isla
cedida a Francia, el general Kerverseau.
El 1 de enero de 1804 Juan Jacobo Dessalines proclama la
independencia de la parte francesa y llama Haití, nombre
que daban los indios a una parte del centro de la isla, en
el Cibao (República Dominicana) y que se extendió a toda
ella. Dessalines se tituló emperador siendo más tarde cuando vino a fundarse la República.
En 1808 una revolución urdida por los naturales de la
parte española (dominicanos) capitaneados por don Juan
Sánchez Ramírez devolvió a España lo que ella había cedido en Basilea. En el 30 de mayo de 1814, en un tratado
que se firmó en París, Francia devolvió a España la colonia
reconquistada.
El 1 de diciembre de 1821, por una revolución parece que
falta de preparación, de ambiente y de sentido político, cuyo
corifeo fue el doctor don José Núñez de Cáceres, se desligó
Santo Domingo de España, uniéndose a la Gran Colonia, a
todas veras sin previo acuerdo con esta República.
En febrero de 1822 Haití, ya convertido en república en
1807, invadió la parte española ya revolucionada. Haití dominó en Santo Domingo una veintena de años.
El 27 de febrero de 1844 estalló una revolución en la parte
española de la isla (o sea la parte oriental, Santo Domingo)
dominada por la República de Haití (o simplemente Haití,
182 Carlos Larrazábal Blanco
13.
14.
15.
16.
17.
o parte occidental, o parte francesa). Esta revolución, bien
preparada, con ambiente propicio y con exacto sentido
político dio por resultado la fundación de la República
Dominicana. Esto fue obra de la juventud dominicana cuyo
paladín se llamó Juan Pablo Duarte.
En 1861, el general dominicano Pedro Santana, por un
acto antipatriótico pero no absolutamente escaso de sentido político, incorporó la República Dominicana a España,
y el 18 de marzo se enarboló el pabellón español en Santo
Domingo.
El 11 de julio de 1865 volvió Santo Domingo a su independencia y soberanía después de algunos años de sangrienta
lucha con la Madre Patria, y se fundó la segunda República
Dominicana.
El 27 de julio de 1915 fuerzas de los Estados Unidos de
América desembarcaron en Puerto Príncipe, capital de la
República de Haití, y perdió esta nación su soberanía, hasta
la fecha.
El 15 de mayo de 1916 fuerzas de la misma nación tomaron la ciudad de Santo Domingo, capital de la República
Dominicana, al no aceptar el presidente de los dominicanos, doctor Francisco Henríquez y Carvajal, condiciones
que degradaban la soberanía del Estado, fue derrocado
del poder por los marinos norteamericanos y declarada
oficialmente, el 29 de noviembre de aquel mismo año, la
Ocupación Militar de la República Dominicana.
El 12 de julio de 1924, retiradas las tropas norteamericanas,
fue instaurada la tercera República Dominicana.
Resumida de esta manera la historia de las dos naciones
que comparten el dominio de la Isla de Santo Domingo o Haití
hace cerca de 300 años, creo que usted comprenderá en qué
consisten sus errores en la Historia de Lavisse.
Otro punto: Trata la Historia traducida, enmendada y aumentada por usted de que los negros de Haití «promovieron
varias rebeliones y matanzas contra los blancos».
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
183
Esto es verdad, pero el lector poco avezado ni por asomo
verá que se trató de una formal guerra de independencia en
la que una clase oprimida, vilipendiada, explotada tuvo la bella
aspiración de su libertad y la sabiduría y el valor de conquistarla. Los héroes de esta gesta heroica, Toussaint Louverture,
Dessalines y otros tantos, a pesar de ser negros y de su manifiesto
antidominicanismo, son tan héroes y tan libertadores como se
nos antoja a los blancos lo son Bolívar, Washington, Máximo
Gómez, Daoiz, Valverde y ciento y mil más.
El pueblo haitiano fue el primer pueblo de América que
abolió la esclavitud, antes, mucho antes que los pueblos libertados por Simón Bolívar, lo hicieran; y antes, mucho más antes
todavía que en los Estados Unidos, donde este paso dado por
Abraham Lincoln costó una larga y sangrienta guerra civil. Hay
más, Petion, el fundador de la República de Haití, hizo que
Bolívar le prometiera la libertad de los esclavos de las colonias
españolas que aquel iba a libertar. Siempre fieles los haitianos a
estos principios cuando invadieron a Santo Domingo igualmente abolieron la esclavitud en esta país, cosa que no hizo el doctor
Núñez de Cáceres meses antes, cuando su efímero mandato, con
lo que queda muy desairado ante el concepto de la Historia.
Los antiguos colonos españoles y franceses de la isla se
dieron a la tarea de importar esclavos africanos. Por lo tanto la
raza negra se generalizó por toda ella, y aún subsiste como es
de suponer. Pero mientras en Haití hubo matanzas de blancos
e importaciones nuevas de negros de África, en Santo Domingo
nunca hubo aquella triste necesidad y la introducción de negros
se terminó o se mermó notablemente a principios del siglo xviii.
Así, la raza negra en Haití ha conservado su tipo racial característico mientras que en la República Dominicana se ha perdido
casi completamente, tanto que sería difícil distinguir un cráneo
español de uno negro dominicano. La raza española ha impreso
en el negro dominicano sus características y ha borrado el africanismo puro. Además en nuestra República Dominicana existen
núcleos blancos sin mezclas con la raza negra; núcleos en los
que ni por asomo se supone haya habido antecesores negros;
184 Carlos Larrazábal Blanco
y núcleos que se les denominan negros y mulatos por el color
oscuro de la piel o el ensortijamiento de los cabellos, pero jamás
con las características etnológicas de los negros de África. Por
esto, pues, hay que considerar que la raza blanca ha tenido un
predominio en Santo Domingo.
Esto ha sido considerado así. El secretario de Estado norteamericano en 1845, Mr. Calhoum, decía al plenipotenciario
español en Washington don A. Calderón de la Barca, que él
y los demás secretarios de Estado (estaban muy inclinados a
reconocer la independencia del nuevo Estado «la República
Dominicana) porque la consideraban un medio de contener el
progresivo incremento y la perniciosa prepotencia de la raza de
color en este hemisferio». (Carta de A. Calderón de la Barca al
ministro de Estado español. Documentos relativos a la cuestión de
Santo Domingo).
Con la esperanza de que usted tome a bien esta carta, se
suscribe de usted con toda consideración y respeto,
C. Larrazábal Blanco
Listín Diario, Año XXXVII, Núm. 11,051
(13 de diciembre de 1925).
Ciencia indohaitiana
E
ntre los naturales de la Isla Española la suma sabiduría era
poseída por aquellos que parecían como dominadores de lo
misterioso y sobrenatural, porque conversaban con los cemíes,
interpretaban sus deseos y apaciguaban sus iras, o en la cohoba
hablaban sobre los hechos actuales y vaticinaban los futuros.
Estos eran sacerdotes, filósofos, profetas hechiceros y médicos, y
en la lengua natural de esta isla se llamaban behíques y también
buhitíos.
Tiene el behíque desde luego una personalidad múltiple y
cualquiera de sus facetas estudiada con ecuanimidad y sabiduría
presenta verdadero y científico interés. No es un embaucador,
un farsante. El behíque es un sabio, pero no en la acepción de
poseedor de diferentes conocimientos poco más o menos bien
catalogados en el cerebro, ni tampoco en la de una perfecta y
minuciosa posesión de alguna disciplina intelectual, sino sabio
porque posee una grande intuición: la grande intuición de la
Naturaleza, que le permite interpretarla aun en sus más recónditos aspectos.
Si fuéramos a dar crédito a historiadores ilustres, a antropólogos insignes, a notables geógrafos y a la mayor parte de
cuantos de una manera directa o indirecta han tenido que tratar
de nuestros indios o de algún otro pueblo primitivo de la Tierra,
fuerza es confesar que tuviéramos a sus sabios por briganes
185
186 Carlos Larrazábal Blanco
soeces y canallas dignos de la horca o de las pailas infernales.
Pero ¡cuán equivocados están y cuán cortos de intelecto se muestran al juzgar de esa manera cosas de civilizaciones primitivas y
pasadas con criterio de civilizaciones modernas y posteriores!...
El jeronimita Ramón Pané fue el primer español que en
la Isla de Santo Domingo estuvo por varios años en contacto
directo material y espiritual con los indios. No estuvo entre
ellos a título de dueño de esclavos sino como conquistador espiritual por medio de la religión católica, y para aprender sus
costumbres y modos de habla. Después, el ínclito padre Las
Casas, más inteligente y más instruido que el anterior, los trató
de cerca pero no discrepa en nada de Pané y son iguales los
conceptos de ambos con respecto al behíque: tanto el corte de
luces de Ramón Pané como el inteligente Las Casas no vieron
en el behíque ejerciendo de médico y todo les pareció grotesco,
falso, incomprensible, demostrando ambos falta absoluta de penetración en la verdad de las cosas enfrascados como estaban en
ideas y prácticas loables en verdad, y aplicando procedimientos
y apreciaciones intelectuales de una civilización muy diferente a
la de los naturales de América.
Debe saltar a cada rato en la mente de los hombres la idea
de si nuestra civilización actual es la civilización por excelencia
que en el mundo haya habido, de dónde procede y a dónde
irá. Que el cosmos es cosmos, lo ha sido y lo será son cosas que
racionamos, y estando siempre dentro de lo que sentimos y presentimos. Pero cuándo fue hecho el cosmos y cuándo dejará de
serlo son ideas que están fuera de nuestros alcances intelectuales
tanto que no podemos precisar algo aritmético a este respecto.
Y es entonces cuando nace en nuestro espíritu el concepto de
lo eterno y de lo infinito, y no solamente con relación al cosmos
sino también con relación al hombre. Es pues muy posible que
a través de esta eternidad e infinitud sicocósmicas otras civilizaciones, otras culturas, se hayan desarrollado superiores a esta, y
donde la verdadera sapiencia sería como un legado inconsciente
y espontáneo de la naturaleza, sería el homo sapiens verdadero.
Lo que poseemos ahora y lo que no podemos poseer, quizás,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
187
si hombres hubo que ya lo han poseído a tal grado que para
esos las palabras misterioso y sobrenatural no existirían en sus
léxicos por cuanto todo sería natural. Ellos eran la naturaleza la
naturaleza misma que se comprendía a sí misma.
La civilización moderna, decimos y creemos, parte de
otra civilización que llamamos primitiva, pero ¿es la primitiva
la primera civilización del hombre habida cuenta la eternidad
y la infinidad sicocósmica de que hemos hablado? Claro está
que dentro de ese concepto no comprendemos a la civilización
primitiva sino acaso como un eslabón entre una civilización
que fue y otra que será o a lo sumo que comienza a ser. El
hombre en ella se ha apartado un poco de la naturaleza, pero
todavía posee una parte de la ciencia de ella, su sabiduría es
entonces mítica o mágica. La ciencia mítica la poseen todos,
la mágica solo aquellos que por un esfuerzo consciente de su
espíritu van hacia la naturaleza. La gran caída del hombre fue
aquel solemne comienzo, que ocupó tiempo y espacio, en que
se creyó cosa diferente a la naturaleza y a la naturaleza la creyó
cosa diferente a él.
Hechas las anteriores digresiones, expongamos la ciencia
indohaitiana.
El mito del origen del hombre
y la población de la Tierra
Los hombres y las mujeres estaban encerrados en la cueva Cacibajagua, custodiada de noche por Marocael que un día
descuidó su obligación, el Sol se lo llevó y no volvió más. Otros
quisieron salir de la cueva y fueron transformados en árboles
de jobo. Guagujiona ordenó a Jadruvaba que fuera a buscar
una yerba llamada digo que servía para limpiarse el cuerpo.
El Sol cogió a Jadruvaba y lo transformó en el pájaro llamado
Jiahuba Bajiael. Guagujioma entonces quiso salir de la cueva, y
salió con todas las mujeres hacia la isla Matinino. Los de la cueva
Cacibajagua se desesperaron por no tener mujeres y siempre
188 Carlos Larrazábal Blanco
que llovía iban tras sus huellas. Una vez, ya fuera de la cueva,
a tiempo que se bañaban y teniendo muchos deseos de poseer
sus mujeres notaron que de algunos árboles caían «cierta especie de personas» que no eran ni hombres ni mujeres. Fueron a
cogerlas, pero estos seres huyeron precipitadamente. Entonces
pidieron a sus caciques les suministraran unos indios caracoles,
que teniendo las manos ásperas por cierta enfermedad podrían
agarrarlas. Cogieron pues las «especies de personas» y como no
tenían sexos buscaron al pájaro Inriri que con su pico agujereó
de tal manera a aquellos seres que pronto quedaron convertidas
en mujeres.
Estudiando sucintamente el mito que acabamos de narrar
vemos que nuestros indios daban a la tierra el papel de madre
creadora del hombre, y esta idea es común a muchos pueblos
primitivos. El mito habla de hombres y mujeres dentro de una
cueva, pero claro está que esto indica simplemente una existencia anterior a la existencia verdadera, un estado de preexistencia
que suponen todas las cosas que existen. La cueva es la Madre
Tierra, una entidad ultra filosófica, la causa primera de este gran
fenómeno de la naturaleza: el hombre.
La aparición del hombre en el mundo terrenal está explicada en el mito por la salida de los habitantes de la cueva
en busca de sus mujeres y después de las lluvias. Esta aparición
para nuestros indios no fue repentina como el rayo o como un
huracán, sino por lo contrario, fue lenta, larga, laboriosa, pasaron primero muchas cosas: la salida de Marocael y su muerte, la
salida de queaba en busca de la yerba digo y su desaparición, la
salida de otros fueron a pescar y se convirtieron en árboles de
jobo, la huida de Guagujiona, con las mujeres intraterrenas. Esto
último lleva en sí el gran motivo de la aparición del hombre. La
aparición del hombre en la tierra no fue caprichosa sino obedeciendo a un gran motivo, a una gran necesidad que en el mito
indohaitiano es la mujer. El hombre apareció en la tierra, diría
un behíque, porque sintió la gran necesidad de tener mujer. Las
leyes inmanentes de la Naturaleza que crearon al hombre están
representadas, pues, en el mito de la nuestra isla, por la mujer.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
189
¡Nada más bellamente hermoso, nada más profundamente filosófico y científico!...
Para terminar esta ojeada sobre el mito de la aparición del
hombre, fijémosno en el empeño de Guagujiona en buscar la
yerba digo que servía para limpiar el cuerpo: el hombre, a su
aparición en la tierra estaba limpio de todo pecado.
El mito del diluvio
Jaya era padre de Jayael, Jayael quiso matar a su padre Jaya,
pero este lo desterró y después lo mató. Jaya puso los huesos de
su hijo dentro de una calabaza y la colgó del techo de su bohío.
Un día dijo Jaya a su mujer que quería ver a su hijo, y abrieron la
calabaza y salieron de ella muchos peces. Días después, estando
Jaya en su conuco, fueron a su casa cuatro hijos gemelos nacidos de una mujer llamada Itiva Tahuvava, de los cuales uno era
caracol, es decir, como leproso. Quisieron coger la calabaza y el
hermano caracol que se llamaba Dimiván, la cogió y abriéndola
todos se hartaron de peces. Cuando en esto estaban llegó Jaya;
todos se hartaron de peces. Cuando en esto estaban llegó Jaya;
todos se espantaron, y de tal manera, que al volver a colocar la
calabaza en su lugar, cayó al suelo y se rompió. Entonces salió
tanta agua de la calabaza rota que desde entonces hubo mares.
No podía faltar el mito del diluvio entre los indios de Haití
y helo ahí casi textualmente igual en la forma al de otros pueblos
salvajes: una calabaza que se rompe y produce abundantísima
cantidad de agua. En el fondo nuestro mito y el mito bíblico
tienen su parentesco: la maldad de los hombres es la causa del
diluvio en aquel mito y en este. La maldad aquí está representada por la muerte que el padre da al hijo, motivada a la que el hijo
quiso dar al padre. La presencia del enfermo Dimiván completa
el cuadro de maldades, miserias, corrupción y precisamente, la
calabaza propiedad del malvado Jaya se rompe por mediación
del indio caracol.
190 Carlos Larrazábal Blanco
La cohoba
Los indios, tanto los principales como los del pueblo, acudían al behíque en casos de importancia. Sabían por su mediación si les había de venir algún bien o algún mal, si debían hacer
o no tal o cual guerra, y así por el estilo sabían toda otra cosa que
tuviera algún interés particular o general… No se consultaba al
behíque en todo momento, sino en actos especiales que se celebraban con toda solemnidad y respeto. Estos actos constituían la
cohoba, y veamos en qué consistían:
El behíque se sienta en una especie de taburete bajo, de
madera bien ladrada, llamado dúho. En un plato ligeramente
combo, de madera casi negra y reluciente, le traen unos polvos
preparados de ciertas hojas secas. Por medio de un instrumento,
hueco y largo que en su extremo superior es en forma de letra V,
el behíque sorbe por las narices aquellos polvos y a poco queda
sumido como en un sueño. En este estado es cuando juzga los
hechos actuales, vaticina el porvenir, contesta a las consultas y da
oportunos consejos, pero todo por medio de palabras confusas
y entrecortadas.
Esta práctica recuerda no solo la de muchos pueblos incultos, sino también la de pueblos cultos. La antigua Grecia sabía
de estas prácticas ocultísticas. Allá el behíque era generalmente
una mujer, la pitonisa, y el acto era envuelto en el mismo misterio y encerrando quizá la misma intención de ciencia.
En Delfos era un sahumerio de plantas aromáticas lo que
adormecía a la vidente, aquí es una mezcla de hojas secas pulverizadas. La pitonisa habla a ratos, como en monosílabos; el behíque habla «como en algarabía, o como alemanes confusamente,
no sé qué cosa y palabras», como dice Las Casas.
Hay que relacionar los misterios de la cohoba con los misterios de la Grecia sabia y pagana y con los misterios del antiguo
Egipto y de la India del nirvana, en cuyos misterios se supo atesorar
un precioso caudal de ciencia mítica y de ciencia mágica y donde
campeaba un verdadero e intenso trabajo cerebral que culminaba
con fenómenos de telepatía, hipnotismo, sugestión, etc.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
191
Medicina
Si el behíque estaba en posesión de lo mítico y lo mágico,
pues claro está que el pueblo lo creyera con capacidad para curar enfermedades. Y, en efecto, el behíque era también médico,
destinado sobre todo a curar casos difíciles, pues es de suponer
que los indios, conocedores de unas cuantas plantas medicinales
y de sus propiedades curativas, supieran aplicarse remedios sin
la intervención del behíque en unas cuantas enfermedades muy
conocidas. Sabemos que usaban el guayacán para la curación de
las bubas o las sífilis; las hojas de jobo para ciertas enfermedades
cutáneas de las piernas, probablemente lo que vulgarmente llamamos ñáñaras, malditas, etc.; el «arbolillo de las manzanillas»
nunca faltaba cerca del bohío y era el purgante más usual aun
entre los mismos españoles que primero vinieron a la isla; el
«bexuco» era otra planta medicinal que se usaba como purgante
en los «males de flema», según sospechó Las Casas.
Pero, ¿qué concepto tenía el indio de lo que era enfermedad? No hay que pensar en que el indio supiera de miasmas y ni
mucho menos de microbios; el indio tenía de la enfermedad un
concepto puramente mágico: la enfermedad era producida por
un mal que un cemí había introducido en el cuerpo humano…
Pero cabe preguntar si consideraban este origen en todos los
casos patológicos, o solamente en aquellos en que acudían al
behíque. No creemos que los indios tuvieran dos clases de enfermedades, las producidas por los cemíes y las no producidas por
vía mágica; todas tendrían el mismo origen, pero tal vez unas podían ser conjuradas por ellos mismos o sus familiares y amigos,
y otras en las que no era suficiente esto y por tanto, solo el behíque, que sabe ciencia mítica y en los misterios de la cohoba es
un mago, está capacitado para vencer las recalcitrancias del mal,
practicando, con toda seguridad, actos de sugestión autosugestión e hipnotismo, combinado con un régimen purgodietético.
Es por demás curiosa e interesante la manera cómo el
behíque ejercía la medicina. Hasta cierto punto, en la práctica
corriente, él tiene que despersonalizarse, identificándose con el
192 Carlos Larrazábal Blanco
enfermo. Así él guarda la misma dieta del enfermo, se purga
como el enfermo y como el enfermo lleva la cara de tal. Esto es
muy importante y es el fundamento de su manera de actuar, bien
en su casa cuando da consultas, o bien en casa del enfermo…
Hagamos relación de cómo atendía el behíque a un cliente:
Si el enfermo acudía a casa del behíque, todo el tratamiento
consistía en purgante y dieta, y acaso un vomitivo (el «arbolillo
de las manzanillas» tenía también propiedades vomitivas), régimen que debía el médico seguir al pie de la letra, pues había
la creencia de que el buen o mal éxito de la cura dependía en
gran parte de si el behíque observaba o no con rigor el régimen
purgodietético aconsejado al enfermo.
Si el behíque asistía a casa del enfermo, la cosa entonces
cambiaba; estaba en presencia de un caso difícil. Veamos:
Entra el médico a la casa silenciosamente y con la cara pintada de negro; el bohío está en silencio, los muchachos y la mayor
parte de las personas mayores lo han abandonado, excepto una o
dos, las principales. Todos se sientan y, guardando el más severo
silencio, toman ciertas hojas y, entonando una canción, hacen luz
y extraen jugo de las hojas. Después de un momento de quietud
el behíque se levanta, va hacia el enfermo que está sentado en
medio del bohío, le da dos vueltas alrededor y, poniéndose delante de él, le palpa las piernas a manera de masaje, gesticula como si
destrozara algo tirando fuertemente, sale a la puerta del bohío, y
diciendo algunas palabras incomprensibles como si soplara algo.
Vuelve hacia el enfermo con las manos juntas y temblorosas, las
sopla con su propia boca, como si chupara este mismo soplo, y
luego va chupando al enfermo por todo el cuerpo, acabado lo
cual, en medio de toses y gestos desagradables, escupe en mano
algún objeto que antes de llegar a la casa se había metido en la
boca, lo muestra el enfermo y le advierte que ha comido algo que
le ha hecho mal, y que ese mal se lo había metido en el cuerpo
un cemí que por algún motivo estaba ofendido contra él. Si el
objeto es una piedra, el enfermo, curado o mejorado, la guarda
bien y acaba por adorarla como a un cemí que tiene, entre otras
virtudes, la de ayudar a bien parir a las mujeres.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
193
Esta es, pues, la manera de tratar ciertas enfermedades los
behíques. Parece ser que esto lo practicaban después que el tratamiento de consulta fracasaba, es decir, el que recomendaba
el behíque cuando se le consultaba en su casa. Textualmente
no aparece aquí el régimen purgodietético, porque somos fieles
al texto de Ramón Pané, que dicho sea de paso en honor a la
verdad hizo mal las cosas, pero es de suponer, que el jugo que se
extraía con tanta ceremonia no era otra cosa que un purgante
destinado al enfermo y, por tanto, al behíque, una vez que la
purga y la dieta anteriores no habían dado resultado.
Los españoles no vieron en estas prácticas sino supercherías
y no tomaron a estos médicos sino por unos farsantes. Pero no
había ni tal falsa ni tal superchería; el behíque actuaba de buena
fe y tras estas apariencias ridículas hay que ver otra cosa que no
el vulgar engaño.
Para juzgar sobre estas cosas es necesario ponerse dentro
de la civilización de nuestros indios. Todavía tenían mucho de la
civilización más primitiva donde lo mágico era lo fundamental
en el mundo. Groebner señala a la cultura tasmaniana como de
este tipo y cita esta práctica magomédica como existente entre
los habitantes de la isla de Tasmania, como también la citan
otros con respecto a diversos pueblos de la tierra. (Veáse, por ej.,
J. Lubbock, Los orígenes de la civilización).
La idea de la identidad entre el médico y el enfermo es
interesante. ¿Qué originaría esta manera de pensar? Quizás si
el behíque, en su manera de concebir las cosas, pensaría que al
ser la enfermedad producida por un mal que había introducido
un cemí en el cuerpo, para él tener capacidad de sacar ese mal,
tendría que estar físicamente preparado para que el mal se le
transmitiera con facilidad, cosa que no pasaría en caso contrario,
por cuanto el mal no podía pasar de un medio a otro diferente… El seguir el behíque el mismo régimen dietético y purgativo
que recomendaba a su enfermo y el poner la cara triste no era
lo esencial en la identificación, eso era lo aparente y exterior
del asunto. El punto capital de la identidad se practicaba en el
mismo momento en que el mal tenía que pasar del cuerpo del
194 Carlos Larrazábal Blanco
enfermo al cuerpo del behíque; momento solemne, de intensa
abstracción mental, en que el médico perdía su propia personalidad en una especie de nirvana en que todo él parecía para él
mismo como perdido y confundido con la personalidad del otro.
Entonces «pone las manos juntas, cierra la boca y le tiemblan
las manos como cuando hace gran frío», como dice el eremita
Ramón Pané.
Inmediatamente después aparece el mal en la boca del behíque en forma de piedra, huesecillo, astilla de madera u otra
cosa. Para las civilizaciones primitivas, y aun para las más avanzadas, las ideas mortales, o abstractas, o de las primeras causas, no
tienen representación en abstracto sino material.
Así han nacido los fetiches, los cemíes, la estatuaria griega,
la adoración de los astros, etc. Entre nuestros indios, verbigracia, si llovía podía ser porque un cemí así lo quería; si soplaban
vientos era porque otro cemí lo deseaba y, por lo tanto, existían
cemíes para las lluvias, cemíes para los vientos, que no eran otra
cosa que los representantes materiales de las causas de la lluvia
y del viento.
En el caso de que tratamos hay la causa de la enfermedad,
si el behíque hace desaparecer del enfermo esta causa, que no
es otra cosa que un mal que ha echado un cemí, es de lógica primitiva, para una fácil comprensión, que esta idea abstracta tenga
una representación material que es la piedra, hueso o astilla que
el sabio se ha introducido de antemano en la boca y en lo cual
no hay superchería. El médico aquí ha actuado como un mago
poseedor de lo misterioso, también poseedor de prácticas que
solo los behíques conocen. El enfermo mira la piedra que sale
de la boca del buhitío como el mismo mal que le han echado, y
el buhitío la mira de la misma manera, pero solo él sabe que el
mal pasó del cuerpo del enfermo a su propio cuerpo y de aquí
a la piedra, hueso o astilla que momentos antes, para este fin, se
había echado en la boca.
Suponemos que la buena fe existía entre todos (behíque,
enfer­mo y los familiares de este), pero a vista de la no curación
de un enfermo, saltaba la duda a la mente de los indios. ¿Quién
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
195
había sido el causante del fracaso, el médico o el enfermo? El
mismo behíque, que era tan respetado y reverenciado en los misterios de la cohoba, si actuando como médico era culpado por la
muerte de alguien, se atrevían contra él los parientes y allegados
del difunto (¡la misma costumbre en la humanidad a través de
todos los tiempos y de todas las civilizaciones!)
Después de las prácticas médicas de que hemos hecho
mención, el enfermo, como es axiomático pensar, o sanaba, o
seguía quebranta­do, o moría. Si el asunto no era muy grave,
claro está que solamente la dieta y el purgante eran suficientes,
puesto que sabemos que muchos quebrantos son curables con
este procedimiento; si no sanaba pronto y la enfermedad era
de esas que duran mucho si el individuo tiene mucha resistencia física, al aproximarse la muerte el enfermo era expuesto en
parte alejada de la población, donde moría sin ningún auxilio
personal de los suyos (¿se trataría en este caso de enfermedades
contagiosas o de ancianos enfermos?) Pero había casos en que
no se procedía así sino que muerto el enfermo que era atendido
por un behíque, se procedía a una investigación para saber de
quién era la culpa de la muerte, si del behíque o del enfermo,
y se procedía así siempre que el difunto fuera algún personaje
social de importancia o que tuviera muchos parientes. No es fácil saber a ciencia cierta cómo era la averiguación, porque nada
claro saca uno de lo que a este respecto dice Ramón Pané; pues,
o no interpretó bien (como muchas veces le pasa) lo que los
indios le explicaron, o bien estos refirieron alguna congoja muy
vieja que confundían con prácticas e ideas de otros tiempos, de
otras civilizaciones y de otros pueblos. He aquí la manera de
reconocer el culpable de una defunción, según cuenta Pané le
refirieron los indios:
Cortadas las uñas y los cabellos de la frente del difunto, se
pulverizaban bien entre dos piedras, mezclándose luego estos
polvos con zumo de hojas de una planta llamada gueio y también
zachon. Esta mezcla se la daban a beber al muerto por la boca o
las narices y entonces le preguntaban muchas veces si él había
muerto por no haber el buhitío guardado bien la dieta o porque
196 Carlos Larrazábal Blanco
él no se atuvo a las indicaciones del buhitío. Otra manera había
de indagar este asunto, y era esta: Haciendo una gran hoguera
con leña, dizque echaban el muerto dentro de ella y lo tapaban
todo con tierra haciéndole después las preguntas rituales. Como
quiera que esto fuera, puesto que los cuentos de Ramón Pané
no tienen vuelta de hojas, es cierto que los indios investigaban
quién era el culpable de la muerte de ciertos individuos, si el médico o si el enfermo; que averiguado esto por cualquier manera
que fuera, si el culpable resultaba ser el behíque, los familiares
y allegados del difunto se iban donde él y lo vapuleaban miserablemente hasta dejarlo por muerto. Si acaso el behíque no
moría de esta tunda era porque los cemíes habían venido en su
ayuda en forma de culebras blancas, negras y verdes, y de nuevo
le atacaban otra vez, cuidando en esta ocasión de sacarle los ojos
y los testículos, en cuyos órganos radicaba la vida de un behíque.
La Tribuna Médica, Año II, Núms. 2 y 3
(mayo-junio de 1926).
Presentación del Dr. Roque Vilardell*
3
Señores:
Me ha cabido, en esta oportunidad, un honor singular
y que harto se comprende no merezco: la de presentar ante
vosotros a un cubano distinguido, el doctor Roque Vilardell y
Arteaga.
A decir verdad, nuestro conferencista no es fácilmente
asequible a un sicólogo. Su espíritu es de estructura polivalente. Parece, visto muy exteriormente, un gran indiferente o un
gran preocupado, cuando no se experimenta la sensación de
que está simplemente ocupado en exceso. Lo que sí es cierto,
de toda certeza, es que Vilardell es un volcán de entusiasmo y
de ensueños. Muchas veces cuando lo oímos soñar en alta voz o
romper en estruendosas carcajadas infantiles, nos damos perfecta cuenta de que él no puede comprender a cabalidad la técnica
del mundo, y nos explicamos por qué el mundo no entiende su
técnica personal, muy original y a las veces extraña. Él, como
muchos, vive al margen de lo actual y de lo práctico. Siempre
que pensamos en este hombre, por cierta asociación de idas
que no es del caso externar, nos vienen a las mientes las figuras
* Palabras para introducir la conferencia del Dr. Roque Vilardell, secretario
de la Legación de Cuba en Santo Domingo, pronunciadas en la Casa de
España el 11 de abril de 1930. (Nota del editor).
197
198 Carlos Larrazábal Blanco
de algunos incomprendidos de la literatura cubana: Julián del
Casal, Plácido y otros tantos.
De una psiquis intranquila, Vilardell, en el mundo de
la cultura, se ha manifestado polimorfo periodista en Cuba,
conferencista en Guatemala y Uruguay, diplomático, jurisconsulto, historiógrafo. Pero la debilidad del doctor Vilardell es la
Egiptología. Quizás no haya quien conozca, como él, el Egipto
antiguo y misterioso, el Egipto de las pirámides y de las momias,
de la cultura matemática y astronómica, el Egipto de la idolatría,
tan manifiestamente totémica y que tan extravagante nos parece
ahora.
Sin embargo, el aspecto que más nos agrada en Vilardell
y que agradará a todos, es ese dominicanismo tan sincero y tan
brioso que posee. Gran parte del dinamismo de su espíritu está
dirigido hacia Santo Domingo. Acaba de fundar la Sociedad
Dominicana de Geografía e Historia. Todas las tardes con la
sencilla y la buena fe más acendradas da clases de Historia y de
Enseñanza Cívica en el Colegio Santa Teresa. Ambas cosas, a la
verdad, son prendas de un buen dominicanismo.
El doctor Vilardell, señores, con esa característica humildad que prohíjan el verdadero valor espiritual y la mentalidad
sana, va a hablaros de Cuba, esa isla magnífica a la cual nuestra
Patria, nuestra pobre Patria que anda todavía a ciegas buscando
su camino de Damasco, dio las primicias de su espíritu soñador,
ardoroso y heroico, en estas dos figuras epónimas de la historia
de América: Hatuey y Máximo Gómez. Y he pronunciado, señores, los dos nombres en los que adrede hemos sintetizado la
contribución moral y espiritual de Santo Domingo para Cuba,
porque bien sabemos que tanto en lo cruento de una batalla
como en lo beatífico del sacerdocio, en la mágica delectación
de la poesía y de la pintura como en los párrafos lapidarios de
las buenas gentes, allí donde hay franca manifestación de vida
genuinamente cubana, allí un glóbulo rojo dominicano, una célula nerviosa dominicana, una hormona dominicana han actuado maravillosamente. La misma implantación de la civilización
hispana en Cuba fue en su principio dominicana, o para mejor
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
199
decir, españolense, pues de esta Isla Española salieron Velázquez,
el conquistador, acompañado de su gente, todos caldeados, años
ha, por el mismo sol que brillara en las espaldas bronceadas de
Caonabo y Cotubanamá.
Esta conferencia, pues, ha de interesaros. Se trata de Cuba
que ya sabemos es algo muy nuestro, tanto, que el amor que a
ella tenemos ha bajado ya a los más negros rincones de nuestra
subconsciencia. Cuba siempre nos ha de interesar. Sus millones
de habitantes, sus millones presupuestales, sus obras públicas,
sus manifestaciones todas de vida cultural nos hacen ver que
ella, sacudido que haya resabios ancestrales hispanoamericanos,
bien pronto dictará la pauta, en muchas cosas, a algunos pueblos
de América.
Listín Diario, Año XLI, Núm. 12,881
(14 de abril de 1930).
La última batalla del Libertador
S
imón Bolívar, aquel que fue grande por sus ideales, admirable por las dinámicas de su espíritu y sublime en sus delirios,
trepó una vez el Monte Aventino, el monte de las libertades del
pueblo romano, y juró la independencia de su patria.
Corren los años… Simón Bolívar escribe el manifiesto de
Cartagena y la carta de Jamaica, dicta pautas en el Congreso de
Angostura, escala las altiplanicies de los Andes inmensos donde
sus ideales se confunden con las nubes y las nieves perpetuas, salta de un cráter a otro cráter, de un pantano a otro pantano, atraviesa los ríos, los bosques y las pampas para señalar con la punta
de su espada a las mesnadas libertadoras el camino del triunfo
en Boyacá, Carabobo, Pichincha, Bomboná, Junín, Ayacucho…
¡Loor a Simón Bolívar, aquel que fue grande por los ideales,
admirable por las fuerzas dinámicas de su espíritu, sublime en
sus delirios…!
***
A veces el Libertador cae, tropieza, parece perdido en un
fracaso vulgar, se ve desdeñado, traicionado, incomprendido.
Otras muchas yerra el hombre, yerra el político, yerra el estadista, yerra el militar, pero tantas otras veces se levanta muy por
201
202 Carlos Larrazábal Blanco
encima de todo como un gigante, y se hace superior a sus fracasos, a sus enemigos, a sus errores, a sus derrotas.
Simón Bolívar firma el estupendo decreto de guerra a muerte, a veces salta por encima de él y perdona, pero otras lo hace
cumplir estricta y severamente. No perdona a Piar, y el héroe de
San Félix muere fusilado. Sin embargo Bolívar no es cruel. En
otras circunstancias hubiera siempre amado a su prójimo como a
sí mismo. Fue hombre de carácter y llevó a efecto con entereza y
responsabilidad actos de rigor que de buena fe él creyó necesarios.
¡Loor a Simón Bolívar, hombre de fe, hombre fuerte, grande
en las desventuras y en las crudezas de su misión libertadora…!
***
A pesar de la brega cotidiana del combate con su humo que
asfixia y con su sangre que espanta; a pesar de artículos y párrafos de leyes, reglamentos y constituciones que siempre ponen
cerrojo a toda espiritualidad, Simón Bolívar ama la Música, la
Poesía, la Ciencia, la Educación. Delira en el Chimborazo, habla
de los clásicos latinos, critica a Olmedo. Espíritu soñador, corazón ardiente, ama con todas las potencias de su alma el Bien, la
Gloria y la Mujer. El Amor se hizo para el Hombre y Bolívar fue
siempre hombre…
¡Por los siglos de los siglos sea loado Simón Bolívar!...
***
Un día, Simón Bolívar, como cristiano viejo, hace testamento y se confiesa. El 17 de diciembre de 1830, a mitad del día, a
pleno sol, el héroe de contextura hispana y de entorno homérico, el sublime soñador de alientos tropicales, Simón Bolívar, el
grande, el fuerte, el glorioso, exhaló su último suspiro…
¡Aleluya!... ¡Aleluya!... Simón Bolívar ha muerto… El
Libertador ha ganado su último combate… Simón Bolívar ha
ganado su más brillante batalla, ha escrito la más sabia constitución… ¡Simón Bolívar se ha libertado!...
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
203
No se advierte el ruidoso galopar de los caballos en la pampa; los pajonales no arden; no mueren de frío los hombres y las
bestias en los hielos de los Andes, ni mueren de calor y de sed en
las cálidas sabanas; no brillan las lanzas en las lomas ni chocan
en los llanos, la vocería de la soldadesca no habla de triunfos ni
derrotas, ni se oyen los lamentos de las madres y de los huérfanos… Pero Simón Bolívar ha muerto, el que es grande por
sus ideales, admirable por las fuerzas dinámicas de su espíritu,
sublime en sus delirios… ¡Aleluya!... ¡Aleluya!... Simón Bolívar
ha ganado su más excelsa victoria…
¡Loor a Simón Bolívar, grande, más grande que su propia
obra!...
¡Loor a Simón Bolívar, el hombre, el que amó con todas las
potencias de su espíritu el Bien, la Gloria, la Mujer!…
¡Aleluya!... ¡Aleluya!... ¡Simón Bolívar ha muerto!
Listín Diario, Año XLII, Núm. 18,208
(17 de diciembre de 1930).
Farmacopea indiana
E
s difícil tarea la de precisar cuáles fueron los hábitos médico­
-farmacéuticos de los indios de la Española. Hemos ya hecho
algunas investigaciones publicadas en La Tribuna Médica bajo el
título de «Medicina y Ciencias Naturales a través de los historiadores clásicos de Indias» y «Ciencia indohaitiana». En ellas hemos
hablado del behíque como médico, de cierto número de plantas
medicinales y de la enfermedad de las bubas y su curación por
el guayacán. Las fuentes para estas investigaciones han sido el
eremita Ramón Pané, Las Casas y Oviedo, pero ninguno era físico, ni boticario y sus noticias hay que sopesarlas bien, además de
que no hicieron estudios intencionados de la raza india, excepto
el primero, es decir el «pobre eremita», que a todas veras no
estaba preparado para semejante labor. No sabemos hasta dónde llegaban los conocimientos de los indios con respecto a los
vegetales y sus propiedades medicamento­sas, pero sospechamos
que no fueran tan grandes como los que han tenido otros pueblos salvajes. El behíque, que era médico, adivina­dor, el único
poseedor de ciencia mítica y de ciencia mágica, sería también la
farmacopea, el único poseedor de la farmacopea indiana, el que
guardaría en secreto, como los sacerdotes del antiguo Egipto,
las propiedades curativas de gran número de plantas nobles. Los
principales medicamentos indianos eran purgantes, eméticos y
hemostáticos, y la preparación o extracción de algunos de ellos
205
206 Carlos Larrazábal Blanco
pasó a conocimiento del pueblo. Cuando el behíque era llamado a casa del enfermo, entre las ceremonias a que se sometían
médico, paciente y familiares, estaba la extracción al compás de
canciones corales, del jugo de ciertas hojas, ¿Qué era este jugo
que de rigor había siempre de prepararse? ¿Algún purgante,
vomitivo o sustancia para masaje?...­
Pero, basta de esta ligera disgresión y vamos a nuestro
ensayito sobre farmacopea indiana, y que Deo volente y mientras hayan libros y papeles viejos que consultar seguiremos
ampliando.
Polvos de cojoba
Polvos preparados con hojas secas de varias plantas.
Tenían propiedades narcóticas y se usaban para «purgante
y otros efectos» según Pané. Esta preparación tenía una
importancia capital entre los indios porque era la sustancia
que, en lo que ya en otra oportunidad hemos nombrado
«misterios de la cojoba», el behíque absorbía por las narices
a manera de rapé para producir ese estado de somnolencia y
semi-inconciencia en que, como la pitonisa griega en Delfos,
vaticinaba el porvenir y daba consejos. Estos polvos eran una
especie de «polvos de Himrod» y si el asma era enfermedad
que existía entre los indios, los sahumerios de cojoba debieron ser usados por ellos para este fin. Es fácil suponer que
algunas solanáceas, entre ellas datureas y hiosceámeas, formarían parte de esta droga.
«Cojoba» o «cohoba» se llamaba a los polvos de que tratamos y también al ceremonial misterioso que presidía el behíque
cuando predecía el porvenir, pero bien por los mismos indios o
por los primitivos españoles, se dio también ese nombre a una
planta, puesto que en la toponimia actual dominicana existe el
término «cojobal».
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
207
Cocimiento de guayacán
Modo de prepararlo: Cortábase cierta cantidad de madera
en pequeños trocitos y poníase en maceración en cuatro azumbres de agua (ocho litros) durante cinco o seis días, después de
lo cual todo se cocía hasta que el volumen se redujera a las tres
cuartas partes. Era este cocimiento el específico indiano para
las guaynaras (bubas). Se tomaba a pequeñas dosis diarias por
espacio de nueve a quince días. La dieta era rigurosa. Los españoles acostumbraban a no beber agua ni vino mientras duraba
el tratamiento, y no comían «sino un par de yemas de huevo, y,
de tres o cuatro días, un cuartillo de una polla con unos bizcochitos», que Las Casas canjeaba de mejor talante por el casabe.
Concluido el azumbre de la tan amarga y saludable pócima se
había de comer un suculento plato de cierto cocido con carnes
diversas (vaca, cerdo, gallina, jamón, chorizos, etc.) que llamaban, o se llama, «olla podrida», y «como el estómago estaba tan
delgado de la dieta pasada (tal dice el padre Las Casas) purgaba
todo el humor malo, y quedaban del todo muy sanos».
En la flora indiana no había una sola especie de guayacán.
Ya Oviedo señalaba dos, uno de los cuales, por la excelencia
de propiedades, llamaron «palo santo». El Lic. Echagoian
llama al guayacán «palo santo» y afirma que sirve para varias
enfermedades.
Hien
Esta terrífica pócima era el agua de lixiviación de la yuca
rayada, y siempre resultaba en la fabricación del casabe. Era el
veneno favorito de los indios y tomándolo se suicidaban cuando
más no podían soportar el trabajo, o cuando el látigo del inclemente capataz o del brutal mayoral había marcado más de cien
veces sus espaldas. El hien hervido perdía todas sus propiedades
mortíferas e indios y españoles lo empleaban entonces como
vinagre.
208 Carlos Larrazábal Blanco
Guáyiga
Esta cicadácea, representada en la flora actual domi­nicana
por varias especies, suministraba a los indios un buen alimento
cuya preparación era la siguiente: rayábase la parte amilácea,
que convertida en una masa se dividía en pedazos redondos;
estos se ponían al sol durante varios días hasta que en la superficie apareciesen gusanos; modelábanse los pedazos en forma
de torta y se cocían en un burén. Como la guáyiga, al igual de
la yuca, tiene principios venenosos, la aparición de los gusanos
es de importancia, pues indica una fermentación que señala la
transformación de los principios venenosos. Este pan era especialidad de las regiones higüeyanas, patria natural de la guáyiga.
Jobo (Spandeas lutea)
Parte empleada: la hoja «... es muy buena (la hoja, del jobo)
para lavar las piernas los que las tienen malas». (La Casas).
Guao
Esta terebintácea entraba en la composición de la sustancia
con que los indios enherbolaban sus flechas. Abundaba mucho,
como la guáyiga, en la región oriental de la isla.
El bálsamo
Lo suministraba un árbol que llamaban los españoles «el
árbol del bálsamo» y que bien puede ser la Hedwigia balsamifera
(Sw); pero no lo damos por cierto. Producía «el bálsamo», un
hemostático apreciable. He aquí su preparación: cortábase en
menudos pedazos la madera del citado árbol hasta cantidad de
dos o tres celemines (de 9 a 14 kg) y poníanse a macerar en unas
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
209
dos arrobas de agua durante ocho días; cocíase todo hasta evaporación de las tres cuartas partes; luego dividíase en pequeñas
porciones que se ponían al sol hasta adquirir la consistencia de
la miel y su mismo color. Las Casas recomienda este remedio,
y dice: «La experiencia que de este licor se tiene hoy es, que
para cualquiera herida donde salga sangre, o donde no haya
miembro o nervio o casco cortado, puesto en ella caliente, bien
empapada y atada, no es menester más de una vez curarla».
El arbolillo de las manzanillas
Arbusto que crece hasta estado y medio (poco más o menos como el tamaño de la higuereta), de pocos ramos y de
hojas grandes parecidas a la de la yuca y la higuereta. Esta
planta y «otras yerbas, como lechugas grandes» eran las únicas
plantas medicinales que cultivaban los indios. Las demás que
usaban las conseguían en los montes, luego, sabían herborizar.
La parte de la planta que se usaba era el fruto, o mejor las semillas, que contienen una sustancia purgativa. Los primitivos
españoles se purgaban comiendo la fruta tal como la cogían
del árbol, a imitación, probablemente de lo que hacían los indios, pero bien pronto cayeron en la cuenta de que mejor era
tostarlas y molerlas. Los médicos de entonces usaban las «manzanillas» mezclándolas a otras sustancias, porque opinaban (y
entre ellos los había tan autorizados como el Lic. Barreda)
que la tal droga no era purga sino «punto de purga». ¿Qué era
«el arbolillo de las manzanillas», el Ricinus communis o alguna
Jatropha? Entre las euforbiáceas de esta última especie hay que
descartar, de acuerdo a la descripción dada, la J. gossipifolium
(tuatúa). Por otra parte el fruto del ricinus (higuereta) no se
puede comer, como se hacía con «las avellanas purgantes»
(que así también­se llamaban) porque un peligro de envenenamiento es inminente dado que el tegumento de sus semillas
produce una albuminosa de efectos mortales, la ricina, que
mata por hemolisis. Nos queda «todavía la posibilidad de
210 Carlos Larrazábal Blanco
que sea la Jatropha curcas, pero esta especie no tiene las hojas
multipartidas como la planta de que tratamos. Queda pues en
pie, la posibilidad de que sea, como en efecto nos parece que
es, la «Jatropha multifida», «piñón de España», «avellanas de
Santo Domingo», que registra Colmeiro en su Diccionario de
plantas y Brehm en su Botánica. Las descripciones de Las Casas
y Brehm se pueden cotejar: «Este arbolillo [. . .] no es mayor ni
crece más de estado y medio» (Las Casas); «arbusto de 10-20
pies de altura» (Brehm); «la hoja es muy hermosa [. . .] como
una gran mano los dedos desparcidos o abiertos» (Las Casas);
«hojas largamente pecioladas, profundamente multi-partidas hasta
la base» (Brehm); «la fruta es cuasi como avellana» (Las Casas);
«ovario triangular» (Brehm).
También en otra parte de América se conoció esta planta.
El padre fray Alonso de Zamora, en su Historia de la Provincia
de San Antonio del Nuevo Reino de Granada (Ed. Parra León
Hermanos, Caracas, 1930), dice: «En las mismas tierras cálidas se dan unos árboles, que llevan por fruto unas almendras
gustosas –en forma de piñones y tienen este nombre–. Se comen algunos, según la facilidad, o resistencia del estómago
de quien los ha menester. Purgan con brevedad la cólera (y
esta era también opinión de Las Casas) y la flema en vómitos,
y otras evacuaciones. Con la misma brevedad se corrigen sus
efectos, y las ansias mortales, que ocasionan, tomando un trago de vino, o de agua caliente. Es el único remedio que se ha
descubierto para el achaque de gota».
Bejuco
Era una planta que los indios usaban como purgante y se
empleaba para los «males de flema». Es trepadora. Después el
vulgo ha llamado «bejuco» a cualquier liana. Existen en la flora
dominicana muchas plantas denominadas «bejuco» pero entre
ellas hay el «bejuco caro» o «de caro», que también existe en
Venezuela con ese nombre, y que llamamos asimismo «bejuco
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
211
de agua» y «bejuco de parra», que usan nuestros campesinos
como purgativo. ¿Será este el bejuco de los indios?
Bija
Con las semillas de la Bija orellana preparaban los íncolas
de Santo Domingo, y a todas veras los de muchas partes de
América, unas masas o papillas colorantes con las que se pintaban el cuerpo cuando a la guerra iban. Esta sustancia tenía, o
tiene, la propiedad de «apretar las carnes». Los indios llamaban
«bija», al menos parece ser, al color de la sustancia o a la sustancia misma, más bien que a la planta. Su uso lo particulariza Las
Casas solamente para casos de guerra, pero bien podían usarlo
para otros fines pacíficos, como los indios de otras regiones. En
efecto, Brehm dice: «Los indios emplean el achiote mezclado
con aceite de ricino o de coco para untarse el cuerpo mañana y
tarde, y sobre todo porque al parecer el sabor de esa sustancia
aleja los insectos como mosquitos y cínifes […]»
La Tribuna Médica, Año VII, Núm. 55
(octubre de 1932).
Ideario españolense del siglo xvi
En el año de 1518, «a pedimiento de la tierra» y gobernando
los Padres Jerónimos, se efectuó en la ciudad de Santo Domingo
una Junta de Procuradores, o hablando en lenguaje político
moderno, un Congreso de Ayuntamientos. Los historiadores
dominicanos no han hecho hincapié en este suceso a pesar de
que es un verdadero filón de oro para la cabal comprensión de
una época de gestación de nuestro pueblo.
La más peculiar fuerza político-social española consistía
en el régimen de los cabildos libres. Para el pueblo el cabildo
representaba la ley, la administración, la justicia, a veces muy por
encima de la ley, la administración y la justicia del rey. España, al
emprender la colonización de América, trasplantó su vida municipal que no constituyó un exponente de absolutismo y tiranía
–que es como se acostumbra ver muchas veces actuaciones de la
Madre Patria en Indias– sino más bien de verdadera libertad administrativa y de rudimentos de cierta vida civil de democracia…
Fue norma siempre de los conquistadores o colonizadores que
al fundar alguna villa debían proceder a la elección del cabildo,
formalidad indispensable para la vida institucional ciudadana
y que habla mucho del espíritu legalista de los españoles de
aquellas lejanas épocas… El primer acto legal de la conquista de
México fue la elección del cabildo de Veracruz bajo cuya égida
se amparó Cortés.
213
214 Carlos Larrazábal Blanco
Muchas veces fue necesario una actitud seria y definida
ante la presencia de un peligro inminente o ante una necesidad
urgente en la vida administrativa colonial, o bien hubo necesidad de levantar protesta o queja relativa a alguna cédula real o
a algún dictamen del Consejo de Indias, y entonces todos los
pueblos, villas o ciudades, elegían sus delegados o diputados y
formaban una Junta de Procuradores que deliberaba y tomaba
acuerdos de índole general. La vida municipal trascendía a la
vida nacional. Los cabildos eran la colonia misma que expresaba
libremente su pidiendo mercedes, protestanto de disposiciones
onerosas, defendiendo los intereses de la comunidad, aunque,
como entre hombres suele suceder, alguna posicioncilla ilegítima, algún interés particular, alguna manifiesta injusticia primaba en alguna que otra disposicón. Tal parece sucedió, y con
creces, en la Junta del año 1518.
Las «elecciones» de aquel año de 18 fueron reñidas, como
reñidos fueron los trabajos de la Junta. Los pobladores de
Santo Domingo estaban divididos en dos bandos: el que tenía
por corifeo «a quien nunca jamás fue buen tercero –Miguel
de Pasamonte, tesorero», y el que se componía de los amigos y
parciales del segundo almirante don Diego Colón, que si bien
no heredó todos los bienes y preeminencias que a su padre pertenecían, en cambio sí recogió toda la inquina de sus enemigos
y desafecos. «Servidores del rey» se llamaron a sí mismos los de
Pasamonte, así como llamaron «deservidores» a los contrarios,
lo que no sirve sino para indicar el estado a que llegaron los
ánimos, al juzgar, o hacer pasar, que las actuaciones de don
Diego y los suyos iban en deservicio del monarca, cosa por cierto de mucha gravedad y peso. Así es que no es para extrañar
todos los incidentes que en la Junta ocurrieron desde que se
instaló el día 20 de abril, en el monasterio de San Francisco,
hasta fines de mayo o principios de junio. Estuvieron presentes
ese día los delegados de Santo Domingo, Santiago, El Bonao,
Buenaventura, San Juan, Puerto Plata, Azua, Higüey, Puerto Real
y Lares y Salvatierra de la Sabana, es decir todos menos el de La
Vega que llegó días después. El Seibo ya había desaparecido y sus
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
215
habitantes se habían juntado con los de Buenaventura. Yáquimo
se había refundido con la Verapaz y formádose la población de
Santa María del Puerto de la Yaguana en lugar distinto.
De los sucesos más notables que acaecieron en la Junta
fueron: el 26 de abril, reunidos los procuradores en la Casa de
la Contratación, discutieron ciertos capítulos que ya habían sido
formulados por los regidores de Santo Domingo, pero no se
pudo llegar a un acuerdo porque «todos andaban muy resabiados… Poco después el cabildo dominicopolitano, dirigido por
Pasamonte, retiró los poderes que ya tenía Lope de Bardeci y
los dio al bachiller Juan Roldán, pero hubo protestas por este
atropello y Bardeci quedó en su curul… Todo esto indujo a los
Padres Jerónimos a nombrar al licenciado Jerónimo Lebrón para
que los aconsejase, y resolver que en lo adelante las reuniones se
celebrasen en presencia de ellos… Juan de Villoria, el esperado
procurador de la Concepción, llegó al fin y propuso que no debía
enviarse ningún procurador a España porque allá estaba uno de
los padres gobernadores con poderes suficientes y que, además,
estaban también el propio Almirante don Diego y el padre Las
Casas que a buen seguro pedirían mercedes para la Isla; y que,
por otra parte, los mismos Jerónimos se habían opuesto, un año
hacía, a que el veedor Cristóbal de Tapia fuese a la Metrópoli
de procurador a su costa. Estas razones no fueron convincentes
para la Junta y se resolvió la elección, resultando favorecido el
licenciado don Lucas Vázquez de Ayllón, «pasamontista», en
oposición a Lope de Bardeci candidato de la facción de Diego
Colón. Los vencidos, como era natural, protestaron y recusaron
al candidato triunfador aduciendo que había sido elegido contra
el mandato de los Padres de que no se eligiese juez ni oficial real,
y que, por otra parte, Ayllón estaba acusado de graves delitos
en la residencia que tenía pendiente tanto del cargo de juez de
apelación como del de alcalde mayor de La Vega. El licenciado
Alonzo Zuazo, que ayudaba en las tareas del gobierno a los jeronimitas, viendo el sesgo que tomaron las cosas, se incautó de
todas las actas y documentos de la Junta, y los retuvo en su poder
hasta que, por virtud de la cédula real hecha en Zaragoza el 24
216 Carlos Larrazábal Blanco
de septiembre de 1518 y en la que el rey se mostraba deservido
por tal proceder, se vio compelido a entregarlos el 4 de marzo
del años siguiente.
Pero todo esto no tiene mucho interés. Es, sencillamente,
el cuadro, algo pintoresco por cierto, y de una tonalidad fuertemente criolla y moderna de un hecho histórico viejo, y cuya
mayor importancia, su patente trascendencia histórica, hay que
buscarla en los acuerdos tomados por esa Junta de Procuradores,
y que vamos a desglosar a continuación:
1. Que el gobernador no fuera perpetuo.
2. Reinstalación de la Real Audiencia.
3. Que no hubiera más jurisdicción que la del rey y que se le
quitara a don Diego Colón la que tenía.
Estos tres apartes van, como se ve, dirigidos contra el
Segundo Almirante. Este, por las capitulaciones de los Reyes
Católicos con su padre, tenía derecho a perpetuidad en el gobierno, preeminencia que ya en España trataban de socavarle. Podía
también el Almirante hacer poblar las islas y Costa Firme, por lo
que, y para poner en práctica sus derechos aun a despecho de
sus enemigos, mandó a Velázquez a Cuba, a Juan de Esquivel a
Jamaica, y ordenó a Juan Cerón y a Miguel Díaz fuesen a hacerse
cargo del gobierno de la isla de San Juan donde gobernaba a la
sazón Juan Ponce de León. Sus poderes eran pues muy extensos,
y su jurisdicción en lo administrativo, lo judicial y civil era muy
grande.
Hasta cuando vino a gobernar don Diego eran los propios
gobernadroes que, ayudados por alcaldes mayores, entendían
en los asuntos de justicia. Pero con el objeto de aminorar la «jurisdicción» del Segundo Almirante se crearon, bajo la influencia
de sus enemigos de aquí y de España, los Jueces de Apelación, y
en 1511 la Real Audiencia, institución que, a pesar de su origen,
dio buenos resultados porque fue en América muchas veces campeón de libertades y contralor de virreyes y gobernadores tiranos,
codiciosos o venales, y que desarrolló una influencia tal y tan
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
217
grande en la evolución de la vida colonial americana que alrededor de ella fueron cristalizándose pueblos que habían de formar,
al correr de los tiempos, las naciones libres hispanoamericanas.
En esta época la Real Audiencia prácticamente no existía
porque el licenciado Alonso Zuazo, que había venido como
juez de residencia con los Padres Jerónimos, había suspendido
de sus funicones a los oidores que la constituían y que lo eran
Lucas Vázquez de Ayllón, Marcelo de Villalobos y Juan Ortiz
de Matienzo. De ahí que la Junta pidiera que «volviera la Real
Audiencia», petición que tenía visos de bandería, pero que en
realidad contribuía al procomún.
4. Libertad general de comercio con todos los pueblos de
España y las Indias, aun con los extranjeros.
Esta medida no podía ser más liberal, ni de mejor y más
sabia política, pero atentaba contra la costumbre establecida:
el monopolio comercial de España con las Indias. Esta práctica
pudo haber nacido de algún concepto administrativo de organización y supervisión, o de algún concepto de política internacional y su política interior y exterior podía pasar por buena,
pero que desde el punto de vista del desarrollo económico de las
colonias del Nuevo Mundo, era práctica completamente mala y
contraproducente. Los que venían a estas partes y se interesaban
por la vida colonial así lo comprendían. En enero de aquel mismo año de 1518 el propio juez de residencia Zuazo escribía al
emperador Carlos V sobre la libertad de comercio y le hablaba
de los grandes inconvenientes de reducir el comercio «al solo
agujero de Sevilla».
Nunca se logró una libertad general, pero sí concesiones
por cierto número de años. En 1513 Fernando V concedió por
cinco años comercio libre con las islas y Tierra Firme y sin pagos
de derechos de aduana. En esa virtud sabemos que Higüey vendía
ganados a Puerto Rico… En 1568 Cotuí vendía en Costa Firme
cueros, cañafístolas y azúcar… En el 1673 el gobernador Ignacio
Zayas Bazán y los señores oidores de la Audiencia aceptaron que
218 Carlos Larrazábal Blanco
un navío portugués estableciera tratos comerciales con los dominicoinsulares, y este hecho fue castigado con imposición de multas… En el siglo xviii, a las refundadas ciudades de Monte Cristi
y Puerto Plata se les favoreció con el ejercicio del comercio libre
por un lapso de diez años… Andando el tiempo la Metrópoli
aceptó el comercio que hacían las colonias española y francesa
de la Isla, pues se comprendió claramente que de ese comercio dependió, y seguiría dependiendo, la prosperidad de Santo
Domingo… Tan inveterada era esta política comercial de España
que aun entrado el siglo xix, cuando ocurre la reincorporación
de Santo Domingo a la corona española mediante los esfuerzos
de los dominicanos (dirigidos por Sánchez Ramírez), como una
gracia concedida a la fidelidad de la colonia, la Metrópoli concedió libertad de comercio por quince años.
5. Franquicias de derechos para los productos de la Isla tanto
al salir de ella como al llegar a España.
Esta petición, como la anterior, encierra ideas avanzadas para la época. Estas franquicias eran necesarias en Santo
Domingo para promover el bienestar de sus moradores, pero en
la propia España existían esos derechos, aun para el comercio
interior.
6. No arrendamiento del almojarifazgo por los abusos en el
avalamiento de los derechos.
Esta Junta se ha mostrado adversa a los mononpolios, concesiones y mercedes, cosas que abundaban mucho por esa época.
En 1519 se concedió a Rodrigo de Bastidas, el adelantado
de Santa Marta, el arrendamiento por tres años y por el pago
de treinta y un mil pesos de oro, de los derechos de aduana, o
sea el almojarifazgo. Esta concesión, así como otras mercedes
otorgadas por los reyes, perjudicaban notablemente la vida de la
colonia. Una merced se concedió a Juan de Sámano, personaje
de la Corte, y que consistió en que se pasaran a él el total de
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
219
las multas impuestas con motivo de la introducción fraudulenta
de oro o plata labrados. Esto movió a que Francisco Pasamonte,
Cristóbal de Tapia y Fernando de Berrío escribieran al rey Carlos
I, en fecha 20 de mayo de 1519, una carta arrogante, altiva, muy
propia del espíritu libérrimo de los españoles de aquellos siglos,
que decía así en su parte final y principal: «Las franquezas y libertades pueblan la tierra; hágalas Vuestra Alteza a esta que bien
la necesita, y mayores aun que esos reinos, y déjese de semejantes mercedes, que no sirven más que para oprimir a los vecinos
y despoblar la Isla».
7. Libertad a los extranjeros para avecindarse en la Isla, excepto a los genoveses y a los franceses.
Esta es otra petición que es contraria al espíritu español
de la época. Desde un principio se prohibió que la Isla comerciara con extranjeros y que se avecindasen en ella, aunque a
veces se concedían licencias especiales. El 17 de noviembre de
1504 una real carta permitió al aragonés Juan Sánchez traer
mercancías a la Española «aunque no era natural de los reinos
de Castilla». Un siglo más tarde, en 1604, solo habían avecindados en la ciudad de Santo Domingo unos trece extranjeros,
portugueses los más.
8. Disminución de los derechos de oro y de los del fundidor;
no pagar licencias por sacar oro; tasa en los derechos de
escribanos, alguaciles, carceleros, etc.; disminución de los
derechos de los clérigos; franquicias en la sal.
9. Merced de los derechos de escobilla y de relave para los
hospitales.
10. Tierras para propios.
Un «propio» era una hacienda o heredad propiedad de
una villa o ciudad, y que servía para ayudarla a cubrir sus gastos
220 Carlos Larrazábal Blanco
públicos, de manera que esta petición tuvo sus miras de bien
municipal.
11. Licencia para traer como esclavos a los indios caribes y por
naborias a los de las Lucayas, Curazao y otras islas inútiles,
así también traer como esclavos a los indios que lo fueran
de otros indios en Costa Firme. Que no tomaran parte en
armadas para traer indios ni el gobernador ni los oficiales
reales.
En 1503 la reina Isabel la Católica había concedido licencia
para cautivar los indios caribes y en 1513 el Rey Católico la concedió para traer los de las islas inútiles. Muchas armadas se hicieron
en la Española para ir a robar indios a Curazao, Cubagua, Paria,
las islas de Barlovento y las Lucayas, que muchas veces fueron
el origen de alguna que otra colonización en Costa Firme y las
islas. Ese origen tuvo un proyecto, puramente españolense, de
conquista y colonización al norte de la Florida… Parece ser que
la Metrópoli insistió en que solamente se esclavizaran los indios
caribes, pero para los colonos dominicoinsulanos hasta los muy
mansos de las Lucayas eran de esta condición indeseable.
El que en estas correrías no tomaran parte ni gobernador
ni oficial real fue medida bien aconsejada, pero que a todas
veras no se tuvo muy en cuenta pues en 1520 siete vecinos
de Santo Domingo armaron dos navíos para adquirir indios
en las Bahamas, y entre estos se contaban los oidores Ayllón
–el que más tarde fue jefe de la expedición de colonización y
conquista al norte de la Florida, y donde pereció–, Juan Ortiz
de Matienzo y el secretario Diego Caballero. Es verdad que
la petición no recae con los miembros de la Real Audiencia,
pero es de suponer que ellos, con tanta razón, o mayor, debieron estar incluidos en esta cláusula prohibitiva, salvo que la
no mención obedeciera a que a la fecha de la Junta no había
Audiencia por la suspensión que había hecho Zuazo de sus
oidores, como hemos apuntado.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
221
12. Perpetuidad de los repartimientos y residencia de los indios
en las estancias.
13. Que no tuvieran indios ningún ausente, ni ningún gobernador ni oficial real, ni sus familias.
En cuanto a que los ausentes no tuvieran indios no fue una
novedad, pero sí lo era el quererlo hacer extensivo al gobernador
y a los oficiales reales. El principio era de moralidad, pero atentaba de tal manera contra los intereses creados por los magnates
de la colonia, que cabe dudar de su sinceridad. En el año 1514
se habían encomendado a Miguel de Pasamonte, tesorero, unos
250 indios; a Gil González Dávila, contador, la misma cantidad; a
Cristóbal de Tapia, veedor, alrededor de 200…
Para el año de 1513 se había pedido que no se les repartieran indios a los ausentes en Castilla, y el Rey Católico mismo
aquel año dispuso tal cosa, pero exceptuando al obispo Fonseca,
su capellán mayor; al comendador de Castilla Hernando de la
Vega; a su camarero mosén Juan Cabrero, y a los secretarios
Miguel de Almazán y Lope de Conchillos. En efecto, en el repartimiento del año siguiente estos personajes fueron regalados con un buen número de indios caribes… Parece ser que
estos indios eran peor tratados que los demás por no caer bajo
la vigilancia directa de sus amos sino bajo la mano, las más de
las veces, de impenitentes mayordomos inescrupulosos. Hubo
quejas por eso, aunque en el fondo también latía algún sentimiento de envidia personal o algún principio económico, por
cuanto lo que redituaban los indios de los ausentes no circulaba
en el país cumplidamente y sus dueños tenían buenas ganancias,
mientras discurrían sus vidas en Castilla alejados de las luchas y
sinsabores que también eran primicias que brindaba América a
los que a ella pasaban. Es el caso que el Rey ordenó a los Padres
Jerónimos que quitaran a aquellos individuos ausentes los indios
que tenían, lo que hicieron, y fue el factor Juan de Ampiés, que
en enero de 1518, meses antes de la Junta de Procuradores, se
hizo cargo de ellos.
222 Carlos Larrazábal Blanco
14.- Licencia para traer negros bozales libres de todo derecho.
La introducción de negros comenzó en la Española desde
1502. Desde que los indios comenzaron a mermar los colonos
sintieron la necesidad de brazos que les labraran sus tierras, les
laborasen las minas o les lavaran las arenas de los ríos y por eso
buscaron indios en las islas y Tierra Firme y desearon y practicaron la trata de negros. Pero al auge de este negocio inhumano
no solo contribuyó un interés económico sino de otro orden, y
fue que habiendo los padres dominicos defendido la libertad
de los indios y habiendo triunfado muy a pesar de esa oposición
la causa de la esclavitud, fueron, para alivio de los naturales, inclinándose a la aceptación de la esclavitud de los negros. Estos
frailes parece llegaron hasta a amenazar a los encomenderos
con la no absolución «in extremis» si persistían en sus encomiendas, por lo que en cierta ocasión que el padre Las Casas
se trasladó a España muchos colonos le pidieron que tratara
de conseguir del rey licencia para traer negros para entonces
abrir un poco la mano en lo de los indios. El célebre Obispo de
Chiapas así lo hizo aunque bien pronto hubo de arrepentirse
según su propia confesión.
La Metrópoli acostumbró siempre a dar licencias especiales,
pero lo que siempre pidió la Españoala fue la licencia general,
y en esta ocasión demandaron hasta la abolición de derechos.
En 1518, estando en España el contador Gil González Dávila,
escribió al rey o al Consejo de Indias: «Así que con este y con
que Castila vayan y se dejen llevar negros, se reformará la Isla
para que aun crezca de lo que agora está, que no disminuya». El
22 de enero de ese mismo año el juez de residencia Zuazo, en
carta al emperador Carlos V le recomienda dar licencia general
para traer negros, gente recia para el trabajo, no como los naturales tan débiles que solo podían servir en labores de poca resistencia; y que no debería temerse que se alzasen porque todo
dependía de la manera de gobernarlos. «Yo hallé –agrega– al
venir aquí algunos negros ladrones; otros huidos a monte; azoté
a unos, corté las orejas a otros, y ya no ha venido más queja».
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
223
Pocos días después escribía el mismo Zuazo al Señor de Xevres,
personaje flamento de la corte de Carlos I: «La otra súplica que
hago a Su Alteza es que si la licencia de los negros no se otorga,
por el entrañable deseo que tengo de servir a Su Alteza, me
haga merced de mandar se me dé licencia para poder traer a
esta Isla cien esclavos negros y negras». Por ese mismo tiempo los Padres Jerónimos escribían al rey recordándole que en
cartas anteriores habían solicitado de él algunas mercedes para
el remedio de las Antillas «en especial –decían– que a ellas se
puedan traer negros bozales, y para traerlos sean de la calidad
que sabemos para acá conviene. Que Vuestra Alteza nos mande
enviar facultad para que desde esta isla se arme para ir por ellos
a las islas de Cabo Verde y tierra de Guinea, y que esto se pueda
hacer otra cualquier persona desde esos reinos para traerlos
acá. Y crea Vuestra Alteza que si esto se concede, de más de ser
mucho provecho para los pobladores de estas islas y rentas de
Vuestra Alteza, serlo ha para que estos indios, sus vasallos, sean
ayudados y relevados en el trabajo, y puedan más aprovechar
a sus ánimas y a su multiplicación, mayormente ahora que los
ponemos en pueblos…»
En 1519 se hizo a un personaje flamenco, citado en los
documentos comúnmente con el nombre de «el gobernador
de Bresa», la concesión para la introducción de cuatro mil negros durante ocho años y sin pagar los dos ducados por cabeza
que se debía pagar en la Casa de la Contratación en Sevilla, ni
pagar tampoco el almojarifazgo. Esto como era natural perjudicaba a la colonia porque dejaban de percibirse algunos
miles de ducados por concepto de derechos, amén de que
escasearían los brazos para el laboreo de las minas y los trabajos de ingenios, haciendas y hatos, porque siendo el plazo tan
largo los negros serían introducidos a plazos también largos,
como en efecto sucedió… Los oficiales reales protestaron de
esta concesión y escribieron al Rey diciéndole, entre otras cosas, lo siguiente: «Podría acortarse el término a cuatro años, y
después darse licencia general, como la tienen los otros reinos
de Vuestra Alteza con menos necesidad que estos, o si esto
224 Carlos Larrazábal Blanco
no conviniere, podría desde luego darse licencia general, o
pagarse de los almojarifazgos los 25,000 ducados», es decir –
agregamos nosotros– no esperar el término de la concesión
sino cancelarla inmediatamente y pagar la suma citada de
ducados, valor en que el precitado gobernador de Bresa había
vendido la concesión al tesorero Alonso Gutiérrez, personaje
de prestigio en la Corte. Sobre la suerte de este negocio parece
que da luces el licenciado Figueroa, gobernador que fue de la
Española, cuando en 6 de julio de 1520 escribe al Emperador:
«Negros son muy deseados; ningunos han venido cerca de un
año. Mejor hubiera sido darle los derechos al de Bresa que
poner estanco».
15. Franquicias a todo el que viniere a poblar con respecto a lo
que necesitasen para su casa; y franquicias y mercedes para
los que vinieren a poblar y permanecer siquiera cinco años.
En 1520 escribía el gobernador Figueroa al Emperador:
«Hace 15 días vinieron 37 casas de labradores de los que por
mandato de Su Majestad allegó Berrío; traen sus mujeres, hijos
y mozos, y cayeron todos malos; algunos van convaleciendo…»
Hacía tiempo que la despoblación de las villas y ciudades era un
hecho notorio, tanto que se hicieron probanzas para la demostración de este fenómeno sociológico, que a la verdad, y como nota
el doctor fray Cipriano de Utreera, no probaban mucho porque
no se concretaban sino a demostrar que las poblaciones urbanas
mermaban pero sin referirse a los ingenios y a las minas donde
luego había más habitantes que en las mismas ciudades. Pero
lo cierto era que por aquellas calendas la población autóctona
disminuía, la negroafricana aumentaba y la blanca no crecía, al
menos en coeficientes que contrapesaran aquella disminución
y este aumento, y que, por otra parte, el país estaba despoblado
para su extensión. La Junta, pues, velaba por el bienestar de la
isla al querer tomar medidas para que la inmigración española
fuera en incremento.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
225
16. Obligación de todos los vecinos casados de traer sus respectivas mujeres.
17. Libertad de libre tránsito con respecto a España y a las demás islas, y franquicias de derechos para trasladarse a estas.
18. Supresión de las mercedes de escribanía, pues sobraban y
eran causa de pleitos y revueltas.
19. Tomar residencia al gobernador cada tres años y visitar la
Audiencia.
20. Elección de cada pueblo de su alguacil y de su fiel.
21. Que los obispos residieran en la Isla.
Esta medida miraba, por una parte, a lo puramente espiritual, pues siempre es bueno que el pastor designado, en quien
deben suponerse virtudes y capacidad apaciente directamente
su grey; y por otra parte a lo económico, pues eran los obispos los que debían recoger el diezmo de las cosechas que se
habían asignado a la Isla para la construcción de sus iglesias,
por virtud de la bula del papa Alejandro VI de fecha 16 de
noviembre de 1501. Ya la ausencia de los obispos había traído trastornos. Recuérdese el que produjo el provisor Carlos
de Aragón, enviado de uno de los primeros obispos, al tratar
de refutar en sus sermones las verdades que había asentado
Santo Tomás de Aquino, suceso que corre inserto en Nouel y
del que hemos hablado en trabajo publicado en la revista La
Cuna de América en el año 1921. A los obispos a que se refería
la petición eran Suárez Deza y Alejandro Geraldini de Santo
Domingo, por lo que se cae en cuenta de que ninguno de los
dos estaba en la isla en el 1518, o al menos, de abril a mayo
de aquel año. Los historiógrafos no han estado de acuerdo en
este detalle.
226 Carlos Larrazábal Blanco
22. Que hubiera juez superior de lo eclesiástico en la Isla por lo
molesto que era el tener que apelar a España.
23. Asentar con los obispos que los diezmos de los azúcares
fueran de uno de cincuenta.
24. Acuñación de moneda en la propia isla.
25. Alza del valor del oro a su valor o a más.
26. Libertad de juntarse los procuradores de la Isla sin intervención de gobernador ni Audiencia.
27. «No enajene su alteza esta isla ni parte de ella».
Estas peticiones formuladas por la Junta fueron propuestas
por la ciudad de Santo Domingo. Otras villas y ciudades hicieron
sus propuestas que fueron aceptadas y pasaron a formar parte
del expediente que había de enviarse a España. Higüey solicitó
que las penas de cámara se aplicaran para terrenos que usufructuraran los cabildos y para reparar puentes y caminos. Puerto
Real y Lares, que tenían una sola representación, pidieron que
ya que esos pueblos habían sido designados para asiento de indios, que el obispo o el rey tuvieran a su costa en cada una un
sacerdote. Buenaventura se interesó porque estuvieran abiertas
sus minas de oro y las de La Vega. Las peticiones de Santiago
fueron más numerosas y dignas son de que se transcriban:
1. Que no se pagaran los diezmos en dinero, como se hacía,
sino en frutos y que los de algodón, cañafístola y azúcar
fueran de 1/30 o 1/40, puesto que en Canarias se pagaba
sobre el azúcar 1/20.
2. Que no se consintieran diezmos personales como pretendían los obispos.
3. Que los diezmos y derechos aplicados a las fábricas de las
iglesias se les entregaran a un mayordomo y que «hubiera
limpieza».
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
4.
5.
227
Que no fueran perpetuos los regidores porque «tiranizaban
la república».
La perpetuidad podía ser una tacha en el régimen municipal colonial, pero más lo era la falta de incompatibilidad entre el cargo de regidor y la de oficial real, alcalde
o ejercicio militar en actividad. El cronista de Indias,
Gonzalo Fernández de Oviedo, fue alcaide de la Fortaleza
hasta su muerte y a la vez regidor perpetuo de la ciudad de
Santo Domingo. Pasamonte, siendo tesorero, y Cristóbal
de Tapia, siendo veedor, fueron también regidores de la
misma ciudad. Los ejemplos podrían multiplicarse… Estas
dos máculas engendraron, en cierto sentido, el que la
regiduría fuera, al menos en la práctica, una especie de
patrimonio de familia, por lo cual sería exagerado ver en
los ayuntamientos españolenses, como en los de cualquier
parte de Hispanoamérica, verdadera democracia, pues
esta, por lo general, debe considerarse contraria y opuesta a todo viso de oligarquía. Se puede decir que no faltó
nunca en el cabildo de Santo Domingo algún descendiente de los Bastidas, Dávilas, Fuenmayores u Oviedos. En la
familia Fernández de Castro, entroncada con esas casas,
cuyo apellido nos es familiar y del cual existen legítimos
poseedores antillanos en la actualidad, tenemos que fueron regidores: Antonio, nieto del relator de la Audiencia,
Francisco de Castro, y cuya vida discurrió entre los años
1618 y 1679; Francisco Manuel, hermano del anterior, hijo
de Baltasar Fernández de Castro y Fernández de Oviedo,
su nieto José, hijo que fue del anterior, muerto en 1775,
y nieto por la rama materna del que también fue regidor
Francisco Manuel Meléndez Bazán; Pedro Fernández de
Castro y Coca Landeche (1742), capitán, bisnieto del citado Baltasar y padre del muy conocido don Felipe Dávila
Fernández de Castro.
Que las demoras (o sea el tiempo que los indios pasaban en
las minas) se redujeran de nueve a seis meses.
228 Carlos Larrazábal Blanco
6. Que hubiera un visitador cada año nombrado por el cabildo de cada pueblo para el buen tratamiento de los indios, y
que se les tomara residencia.
7. Que los gobernadores y jueces no residieran en Santo
Domingo que estaba en un extremo de la isla, sino en La
Vega que estaba en el medio.
En todo lo que antecede hemos estado escuchando los latidos del corazón de un pueblo que nace. Ideologías, pasiones
humanas, actuaciones políticas, necesidades e intereses sociales,
necesidades e intereses personales, anhelos de bien común,
están allí mezclados pugnando por formar un conjunto, por
delinear un esbozo, por precisar un perfil. Aquellos hombres,
los primeros forjadores del pueblo dominicano, sin dejar de ser
españoles ni apartarse mucho del ambiente de la época en que
discurrieron sus vidas, luchan por la felicidad de lo que ya es
su patria chica: quieren conservar y aumentar la libertad de sus
municipios, limitar y pesquisar la gestión de sus gobernadores,
evitar que estos, los jueces y los oficiales reales intervengan en
cosas que puedan comprometer la pulcritud del ejercicio de sus
funciones… Aquellos hombres han creado ya intereses materiales
y espirituales: el hogar y la lucha. Se sienten afincados a la tierra
en la que trabajan, en que luchan, en que sufren, en que gozan;
se sienten afincados a una tierra que lo es de promisión, y por
esto sueñan, anhelan…
Quieren un porvenir feliz, llenas las arcas, tranquilo el hogar con el asegurado pan de cada día; desean que el subsuelo
y las arenas de los ríos les brinden sus primicias doradas y los
cañaverales todo su jugo; desean que las ubres de sus vacas les
filtren la más blanca leche, y esta les produzca el más sabroso
requesón; quieren a diario ver montar la Torrecilla, rumbo a
Sevilla, las pesadas naos cargadas de azúcar, jengibre, cañafístola,
brasil, corambre…; quieren que a las solitarias costas se acerquen
holandeses, franceses, ingleses o portugueses para, a escondidas
del Rey, trocar sus productos por los de aquellos; quieren también, ver aquí y allá, en su casa, en la hacienda, en el hato, en
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
229
la mina, en el cañaveral al robusto brazo de ébano afanándose,
bajo el látigo del soez capataz, porque ellos cumplan sus sueños
de ventura… Y entonces claman: «No enajene su alteza esta isla
ni parte de ella», primer grito consciente de un pueblo que se
lanza al rudo batallar de lo porvenir.
Santo Domingo, marzo de 1934.
Bibliografía
Colección de documentos inéditos, 1865, t. I:
«Relación de la Isla Española enviada al Rey D. Felipe II por
el licenciado Echagoian».
«Repartimiento de la Isla Española».
«Capítulos de carta del licenciado Alonso de Zuazo al
Emperador, etc.»
«Al Emperador Carlos V.- Los Padres Jerónimos, etc.», p.
298.
«Al muy ilustre Monsieur de Xevres el licenciado Zuazo,
etc.», p. 304.
«Relación de Gil González Dávila, etc. etc.», p. 332.
«Al muy alto y muy poderoso Rey de España.- Los Padres
Jerónimos, etc.», p. 347.
«Relación de lo obrado en la Isla de Santo Domingo de resultas del llamamiento que hicieron los Padres Jerónimos»,
p. 357.
«Al Rey nuestro señor.- Los oficiales reales, etc.», p. 371.
«Información hecha a petición de la ciudad de Santo
Domingo sobre la despoblación, etc. etc.», p. 386.
«Al emperador príncipe e rey.- El licenciado Figueroa, etc.
etc.», p. 417.
Colección de documentos inéditos, etc., 1864, t. II: «Información de los
servicios del adelantado Rodrigo de Bastidas, etc.», p. 366.
Fray Cipriano de Utrera, Santo Domingo. Dilucidaciones históricas,
t. I.
230 Carlos Larrazábal Blanco
Bartolomé de las Casas, Historia de Indias.
José Gabriel García, Historia de Santo Domingo, t. III.
Emiliano Tejera, «Documentos antiguos», Revista Cuna de
América, 1914.
Clío, Fascículo 4, Núm. 10
(julio-agosto de 1934).
Loor a Duarte
Disertación transmitida la noche del 15 de julio de 1935
por Broadcasting Caracas de Venezuela.
E
l día 15 de julio de 1876 murió en Caracas Juan Pablo
Duarte, fundador de la República Dominicana, y con motivo
de este luctuoso aniversario es que, debido a la gentileza del Sr.
Edgard Anzola, de la Broadcasting Caracas, me permito echar a
volar por los cuatro vientos de Venezuela la heroica mi humilde
voz para contribuir a que sus nobles hijos conozcan, aunque sucintamente, la figura conspicua, egregia y siempre ecuánime del
más ilustre prócer de la patria dominicana.
Juan Pablo Duarte, entre la pléyade de libertadores de
pueblos y fundadores de nacionalidades, esplende y fulge con
luz propia. Por aspectos sicológicos tiene de Miranda, de San
Martín, de Martí. No fue un andariego ilustrado y consciente
como fuera el Precursor. No fue un militar de la talla epónima
del segundo. No tuvo la brillantez y pulimento mental del egregio cubano. Pero como los tres tuvo la sinceridad de sus ideales
patrios, la firme convicción de sus concepciones republicanas y
separatistas, la hombría de darse todo entero en aras de lo que
creía bueno y santo para su patria.
231
232 Carlos Larrazábal Blanco
Nació Duarte para el sacrificio. Nació Duarte para el martirio. Pero su martirio no habría de ser de sangre como el de su
hermano Martí. Su martirio más bien se parece al de sus hermanos Miranda y San Martín. ¡Terrible destino el de esos hombres
que se quedan vivos por un tiempo para ver cómo las gotas caen
lentamente y cavan la piedra…!
Aventura y tragedia de Juan Pablo Duarte titulara yo también
una obra a la manera de Nucete Sardi. La vida de Duarte, en
efecto, no es sino una tragedia. Tragedia interior, que se afinca
hasta en lo subconsciente. La tragedia de todos los fracasados,
de todos los derrotados de la vida, de todos los incomprendidos,
de todos los que aran en el mar y predican por los desiertos
del mundo. Pero esas tragedias no hay que estudiarlas y comprenderlas, al pie de la letra, en las actuaciones de la vida, en el
mundo exterior, en el escenario de las sociedades. Son tragedias
sicológicas. Duarte, debiendo ser el primero, fue el último, o
mejor, no tuvo lugar; habiendo amado mucho, cayó en desamor
y hasta en misoginia; fue maestro y quísose convertirlo en pupilo; fue padre y se le arrancó la criatura.
Duarte anduvo de muchacho por Europa. Se educó en
España. Regresó a su país y llevó ideas extrañas en la cabeza
y sentimientos nobles en su corazón. Un lema: «Dios, Patria
y Libertad»; y una enseña: una cruz blanca que divide cuatro
cuarteles en rojo y azul alternados, que viera, quizás, en un
regimiento de París, fueron cosas que aclimató en su espíritu.
Comenzó su labor revolucionaria en el seno de la juventud, sin
distingos de razas ni de clases sociales. Fundó una sociedad llamada La Trinitaria, en el año 1838. Esta sociedad fue secreta y
bien organizada, tanto que las dudas que se han suscitado con
respecto al número de miembros y a sus nombres la veo como
una prueba de la eficaz organización. La idea de libertad, en
verdad de verdad, no hay que prohijarla solamente a Duarte,
pues sería rotunda injusticia. La idea de libertad venía, natural
y espontánea, del mismo pueblo. El pueblo dominicano estaba
bajo la tiranía haitiana, y por motivos raciales y de idioma, claro
está el suponer que el dominicano no podía sentirse feliz. Núñez
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
233
de Cáceres, en el año 1821, había exterminado el poder de
España, había proclamado que Santo Domingo formaba parte
de la Gran Colombia, pero los haitianos, parece que ya sobre
aviso, lo invadieron.
Un gran mérito de Duarte consiste en haber hecho, el primero, cosa práctica y viva los ideales dispersos, esporádicos y a las
veces amodorrados, de libertad, y los ideales de república libre,
absolutamente libre y soberana, sin protectorados, sin anexiones, sin convenciones; y es por eso por lo que entre todos los
ilustres próceres de la independencia dominicana, entre todos
los fundadores, fue el más ilustre prócer, el fundador, el Padre
de la Patria.
Todos pensaban en liberarse de los haitianos, pero solo él
enseñó cómo esa patria había de ser libre y para qué debía serlo.
Enseñó la libertad absoluta, la soberanía absoluta. Todos pensaban en libertarse, sí, es muy cierto. Pero todos no tenían igual
fe en la república, y unos pensaban que una vez libre del yugo
haitiano podían pedir el protectorado francés, mientras otros
pensaban en el protectorado español. Había pues «afrancesados» y españolizantes. No quiero tildarlos ahora de antipatriotas,
sino más bien quiero verlos, lo que realmente puede ser, por
muchas circunstancias, como practicando una forma normal de
patriotismo, de dominicanismo, aunque en verdad tocado de
flaquezas.
El 27 de Febrero de 1844, con la toma del fuerte de
San Genaro o Puerta del Conde, se inaugura la República
Dominicana. Los ideales de Duarte querían germinar. Las
enseñanzas de Duarte parece que prendían. Maestro, padre, creador, inventor, Duarte parece haber triunfado. Pero,
primer contratiempo de su espíritu: no estuvo presente ese
memorable día. Había tenido que dejar el país por la persecución del Gobierno haitiano. Y él hubiera querido estar allí, al
lado de sus discípulos, que ponían en práctica sus prédicas y
enseñanzas.
Luego, una serie de acontecimientos pasan rápido como
ante una pantalla: Se forma una junta de gobierno, se va en
234 Carlos Larrazábal Blanco
apoteosis a buscarlo a Curazao. Regresa, actúa, hay que pelear
con los haitianos e irse a morir en las fronteras y se alista en
el ejército patriota. La Junta hace una tontería nombrándolo al
lado de Santana, que se le ha improvisado general, para ser su
asesor, o su segundo, o lo que fuere, situación que nunca debió
aceptar Duarte. La medida no es militar. Santana, que ya lo es,
como es natural dentro de los conceptos de su profesión, toma
esto a mal y se deshace del fundador. Y aquí otro dolor, para
luego seguir otro y otros más.
Ya las tendencias se perfilan: la juventud al lado de Duarte,
los afrancesados y descreídos de otra parte. El Cibao lo proclama presidente de la República. Sufre entonces el espanto de
acontecimientos y de luchas interiores que jamás soñara, pero
no acepta proclamaciones por pronunciamientos. Santana, jefe
del ejército, con la aureola de triunfos que pudieron ser más
brillantes, se ha apoderado de la Junta Gubernativa, y al correr
de los días es el primer presidente de la República, y Bobadilla,
otro descreído, es el organizador del nuevo Estado. Duarte, en
cambio, declarado traidor, hundido, en el exilio. Pero parece
que por sus ideales puros una fuerza extraña, el destino, el
azar, velaban, porque a pesar de las gestiones que se hicieron la
República se mantuvo, en sus primeros tiempos, incólume. Solo
años más tarde, Santana, y ya no a base de protectorado sino de
descarada anexión, la entrega a España.
A esta sazón Duarte vivía en Venezuela. Enfermo va a su
patria a ofrendarse de nuevo, pero el Gobierno dominicano
de Santiago lo despacha para este país con un encargo especial. Ignoro el fallo que dará la historia para este alejamiento del Padre de la Patria del seno de los acontecimientos y
por parte de su propio gobierno, pero no es bueno avanzar
prejuicios. Duarte entonces se queda definitivamente en
Venezuela. Deambula algún tiempo por el interior y viene a
Caracas donde muere el 15 de julio de 1876, como llevo dicho
ya, en la tranquila parroquia de Santa Rosalía, calle debajo
de la misma donde está el asa en que naciera el Libertador,
Simón Bolívar.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
235
La vida de Juan Pablo Duarte en Venezuela es la consecuencia de su gran desilusión. La trágica desilusión de todos
los grandes que forjan fantasías como si fuesen ciclópeas
estatuas que el común de la gente no pudiese prácticamente comprenderla con su vista en su totalidad. El dolor de
Duarte a orillas del Orinoco y en su casita de Santa Rosalía
es el dolor de Bolívar a orillas del Caribe y en la casa de San
Pedro Alejandrino. Es el dolor de San Martín alejado en playas extranjeras rumiando el fracaso de su empresa personal.
Se alejó de la patria, Duarte, y llevó a las selvas venezolanas
la virginidad de sus ideales. No claudicó nunca de ellos.
Nunca cejó. Nunca los manchó. Pudo alternar, o altercar, en
la política diaria y no lo hizo. Pero no fue por débil, sino
todo lo contrario, por fuerte, porque tenía carácter, el que
se necesita para seguir siendo siempre igual a sí mismo, a
pesar de los embates. Quizá si en Duarte, sin darse cuenta
exacta, en el fondo de su subconsciencia había el sublime
orgullo, la noble vanidad de sentirse el fundador, el Padre de
la Patria. No podía pues, por ningún concepto, descender a
las contiendas de hermanos contra hermanos, él, que había
sido padre y maestro. No iba a enlodar su conciencia en el
infierno de pasiones de los hombres, él, que era impoluto. El
humo de la guerrilla en la manigua, que mata y destroza las
propias fuerzas de la patria, no había de asfixiarlo a él, que
respiraba patriotismo grande. La discusión vana, huera, pretenciosa y a las veces mal intencionada de los congresos de la
época, no había de tergiversar la tranquilidad de su mente y
el tono de su palabra, él, que había siempre pensado recto y
hablado con pureza. Se alejó para siempre de la República,
y aquel cúmulo de ideas sin cristalizar, de aspiraciones sin
cumplir, de pensamientos sin externar, se quedaron allá en
el fondo de su grande espíritu, y Duarte fue en las llanuras
y los bosques venezolanos, a orillas del correntoso Orinoco,
extraña flor de escepticismo. Su vida fue la de un ermitaño,
la de un misántropo tocado de filósofo y de místico a fuerza
de sufrir y de sentir.
236 Carlos Larrazábal Blanco
Él quiso entregarse en cuerpo y alma a la patria, ser un sacerdote oficiante en sus altares. En las postrimerías de su vida
no sabía cómo canalizar este sentimiento alto, si dándose a la
Iglesia y estar más cerca de Dios, o dándose a la contemplación
muda de la naturaleza, o a la impávida y triste contemplación
de la fatal derrota de todos sus ideales, sus ensueños e ilusiones.
Clío, Fascículo IV, No. 16
(julio-agosto de 1935).
A través de las ideas liberales
de los fundadores de la Española*
5
Señor presidente de la Academia de la Historia:
Señores académicos:
Damas y caballeros:
No puedo menos que sentirme confundido por estar entre
vosotros en este acto que no soñara mi ambición, ni exigiera
mi temperamento, ni mereciera por virtud de mis capacidades.
Pero, aquí me tenéis, y esto así porque la Academia Dominicana
de la Historia, voluntad poderosa que se impone por su ciencia
y su saber, me ha traído a este lugar a que habéis venido benévolos para presenciar esta mi iniciación en el culto de Clío, en el
discipulado del viejo Heródoto, a presenciar el espaldarazo que
me ordena caballero errante entre la humanidad que se perdió
en el tiempo.
Y aquí me tenéis entre vosotros, sin nada, en cambio, que
ofreceros. Ni diezmos, ni primicias; ni lanzas, ni espadas; ni infolios, ni retortas. El banderín que en dura batalla quisiera antes
ganar con mis manos al enemigo, el viento deshilvanólo en un
*
Discurso leído el 4 de diciembre de 1938, en el acto de su ingreso como
miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia. Las
palabras de bienvenida fueron pronunciadas por el Lic. C. Armando
Rodríguez. (Nota del editor).
237
238 Carlos Larrazábal Blanco
soplo de racha; la lira que, rapsoda trashumante, pulsaba cuerda
a cuerda, para siempre enmudeció; la copla heroica que en mi
pecho se inflara nunca de mis labios mortal alguno escuchó una
estrofa; el verso vivo de amor jamás dejó su remanso del lado
adentro de mi propio corazón. Ni una flor que ofreceros traigo
porque todos los jardines que mis plantas hollaron musitaban
un rosario de silencio…
Sólo en mis alforjas traigo, y os los ofrezco, ensueños,
ideales y propósitos. Amar el estudio, amar la ciencia, como
es el digno ejemplo de la docta Academia que hoy me acoge
en su cálido seno. Seguir la estela de luz propia que dejaron
a su paso por la patria Emiliano Tejera, José Gabriel García,
Del Monte y Tejada, nombres que afincaron en mi espíritu en
los mejores años, en los años de los odres nuevos, y que hoy,
con respeto y admiración, los evoco excelsos y venerandos.
Respetar y admirar la senectud en perfecto estado consciente,
pleno y satisfecho, toda llena de virtud, de corazón, de cerebro, de entusiasmo y alegría; de esa senectud que triunfa airosa de la biología y del tiempo, contra los hombres y las cosas,
y admirar y respetar todo esto en esa enhiesta y procera figura
que es don Federico Henríquez y Carvajal, nuestro presidente
de la Academia, el maestro y patriota de todos. Amar el bien,
amar lo bueno y lo justo, lo adecuado y lo ecuánime, como
hizo en su paso por la vida aquel varón ilustre, aquel prelado
sano de fe y de razón que fue Monseñor Adolfo Alejandro
Nouel y Bobadilla.
Y he nombrado, señores, al preclaro académico cuya silla
voy a ocupar. Yo no voy a hacer la apología de mi grande antecesor. No me atrevería a tanto. Además, ya la Academia en acto
especial, por la palabra atildada, sincera y elocuente de uno de
sus miembros, don Ramón Emilio Jiménez, dijo lo que correspondía. Sólo me resta meditar sobre la enorme responsabilidad
que pesa sobre mí. ¿Cómo hacerme merecedor de ocupar la silla
de Monseñor Nouel? ¿Cómo seguir, huella a huella, la ruta que
él trazara? ¿Cómo no desmerecer, yo, estrella de ínfima magnitud ante este rútilo astro?
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
239
Monseñor Nouel, en la cátedra sagrada convenció por
aquel ademán adecuado, por aquel bien timbrado metal de su
voz, por la sabia urdimbre de sus conceptos, por la forma literaria de su estilo impecable, por el fondo de sincera fe cristiana
que adornaba el dintorno moral de su plática.
Monseñor Nouel se hizo grande porque no amó las riquezas con el morbo de la avaricia; porque no cultivó la envidia, ni
el egoísmo, ni el rencor, ni la soberbia.
Daba, daba mucho el padre Adolfo: daba dineros, pan al
hambriento, agua al sediento, ropa al desnudo, perdón al que
le hacía daño. Prodigaba el Prelado una sonrisa a todos, con
aquel hermoso e ingenuo sonreír que tenía… Y daba Monseñor
amistad… Daba amistad Monseñor… ¡Dar amistad!… ¡Dar
amistad!… ¡Cuán precioso don que debieran poseer todos los
hombres de la Tierra!
Monseñor Nouel se hizo grande por su amor, que era universal: amaba a Dios sobre todas las cosas, amaba a la Patria, amó
a los suyos, y a los niños, y a los ancianos, y a los menesterosos, y
a los pobres de espíritu.
Todos los hombres, en su vida pública y en su vida íntima,
experimentan, de luego en luego, sus tragedias interiores, y van
por el mundo a pesar de ellas, pero sufriéndolas a conciencia,
y sufriendo la incomprensión de los demás. La tragedia de
Monseñor Nouel se inicia con un cataclismo biológico que no
solo afectó a su vida física sino también a la psíquica. Y si él, quizá, no tuvo conciencia plena de su propia tragedia, los demás,
excepcionalmente, sí la comprendimos, y fuimos compasivos, y
todos vimos cómo se podía vivir muriéndose. Pero al verlo pasar ante nosotros nos dimos cuenta cómo de la majestad de su
figura, de su mirar tranquilo y pacífico, de aquella cristiana cruz
que pendía de su pecho, se irradiaba algo que nos lo hizo ver
siempre, astro bueno, noble y grande corazón… Y un buen día,
cuando Dios lo quiso, su alma voló a la mansión de los justos,
advino su muerte física, y entonces, todos entramos en compunción de espíritu, y todos lloramos…
240 Carlos Larrazábal Blanco
***
Y ahora señores, para cumplir con el rito académico voy a
cansaros un tanto haciendo relación de cosas alrededor de los
primeros años del siglo xvi en la Española, a raíz de su descubrimiento. Aquella época es de donde arranca nuestra nacionalidad al engendrarse en aquel crisol la personalidad de nuestro
pueblo, todo lo que se refiere a orígenes, a su fondo sociológico,
a su vida primigenia, hay que irlo a buscar en lo remoto de esos
tiempos, que son como fuente donde debemos todos beber,
como fuente que alienta el rico manantial de nuestra historia, el
correntoso río de nuestra existencia. De allá nos viene la fuerte y
noble habla que hablamos, la religión que profesamos, un fondo
cultural que aún perdura, raigambres sociales y políticas. De allá
nos viene una fauna útil que no existía en la Isla, el desarrollo
económico a base de agricultura y ganadería, en fin toda nuestra
civilización con sus virtudes y sus vicios. Y de allá nos viene algo
que ha solido ser de la médula popular dominicana, algo que es
noble y que es grande: el amor a la libertad.
Los primeros forjadores de la Colonia se convertían al pisar
nuestra tierra isleña en campeones de libertad. Y esto así no solo
por ser españoles, puesto que cada español se siente un hombre libre, sino porque venían de una España tiránica. Los Reyes
Católicos, que han merecido grandes elogios de historiadores
de la época y aun de la posteridad misma, porque hicieron la
unidad española, lanzando al moro intruso de su última guarida,
unificando las ideas religiosas, y porque fundaron un imperio
español por la donación que de sus derechos les hicieran Inés
de Peraza y Diego de Herrera de su señorío de Canarias y por
la casualidad de América. Y esa unidad ha deslumbrado, sin embargo de haber sido un fruto, dentro de la Historia, tempranero,
prematuro quizá, producto tan solo, y paradójicamente considerado así por el ilustre pensador Ortega y Gasset, de una España
débil porque faltaba un fuerte pluralismo sustentado por grandes personalidades de estilo feudal. La unidad nacional, que
parecía un glorioso signo, fue propiamente la consecuencia del
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
241
anterior desmedramiento, agrega el pensador. Y el imperio, una
vez la unidad se había forjado, surgió como un gesto admirable,
insospechado del pueblo español. La única cosa grande que ha
hecho España, y no fue poca sino mucha e ingente, fue por obra
de su pueblo que se dejó a la buena ventura, con la fuerza de su
intuición, de su ímpetu y de sus ansias naturales. Es por lo que,
y dicho sea de paso, no habiendo España cambiado en su idiosincrasia, al correr de los años, siempre se me figura que de la
actual contienda, si algo libremente resultare, puede ser que sea
grande, admirable, si procede del triunfo del pueblo español,
de la masa española, dirigida por su querer intuitivo y soberano,
no de lo que quieran minorías no seleccionadas por el pueblo
mismo, improvisadas y tendenciosas.
Toda la obra de los Reyes Católicos fue a costa de las libertades, la obra buena como la obra mala. Los Reyes Católicos,
fatales instrumentos del fatalismo ancestral de la raza hebrea,
expulsaron a los judíos españoles. «En España, dice un historiador moderno, Lavisse, había judíos desde los tiempos antiguos.
Estos judíos fueron muy numerosos en la Edad Media. Eran
pacíficos y laboriosos. Ejercían el comercio y la medicina, cultivaban las ciencias y la literatura, y poseían grandes riquezas.
Contribuyeron mucho a la cultura de España y uno de sus sabios,
Maimónides, que vivió en el siglo xii, adquirió fama universal».
El historiador español Salcedo dice: «En cuanto a la expulsión
de los judíos fue una medida radical, radicalísima, consecuencia
de la animadversión que inspiraban al pueblo, en parte por odio
religioso, y en parte también por la envidia que inspiraban su
riqueza, y hasta sus talentos». También expulsaron los Reyes a los
moriscos, con todo lo cual, y al fin de cuentas, vino a lastimarse
España en lo económico, porque, con los judíos y los mudéjares
se cayó en perderse un factor de trabajo indispensable y que el
español no podía aportar.
Con el objeto de mantener a raya a los señores inquietos
y revolvedores, y de unificar la religión, se fundaron la Santa
Hermandad y la Inquisición, dos perfectos instrumentos de
crímenes, oprobios, crueldades, injusticias. «En tiempo de los
242 Carlos Larrazábal Blanco
Reyes Católicos, de gloriosa memoria, había tanta severidad en
los jueces que ya parecía crueldad, y era entonces necesaria; y
por esto se hacían muchas carnicerías de hombres, se cortaban
pies y manos y espalda, y cabezas, sin perdonar ni disimular el
rigor de la justicia» (Dr. Villalobos, Problemas políticos, citado por
Salcedo). «Que el malhechor reciba los sacramentos que pudiere recibir como católico cristiano y que muera lo más prestamente que pueda, para que pase más seguramente su ánima»
(Ordenanzas de 1485, citadas por Salcedo). Los Reyes Católicos
fueron duros, crueles, poco perdonadores. Ni aun a los indultados por el Sumo Pontífice, los perdonaban, y hasta llegaron
a escribirle a este que no cejarían aunque dejaran despoblado
el reino (Moreno Espinosa, Compendio de Historia de España).
Esto ya no era gobernar, porque gobernar no es aniquilar sino
construir, gobernar es darle a cada quien lo que le corresponde.
Pero además de la innata tendencia del español a ser libre,
tendencia que es conducida luego a un extremo vicioso por su
vocación manifiesta a la indisciplina, existe otro factor que es necesario tener en cuenta, en el nacimiento del amor a la libertad
entre los españolenses, y en el ambiente mismo que encontraron
al pisar en nuestra tierra venturosa, y el sentirse alejados de los
suyos, de las leyes de su patria y de los cuadrilleros.
Los primeros españoles que convivieron en nuestra tierra
fueron los hombres de la Navidad. En presencia de la tierra nueva y virgen pensarían como nuevos Quijotes en la «dichosa edad
y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre
de dorados», «porque entonces los que en ella vivían ignoraban
estas dos palabras de «tuyo» y «mío», y «eran las cosas comunes». Y se lanzaron en busca del «fácil y ordinario sustento», de
«las claras fuentes» y «corrientes ríos» para que les «brindasen
abundantes, sabrosas y transparentes aguas»; corrieron tras «las
simples y hermosas zagalejas que andaban de valle en valle y de
otero en otero», desnudas, color de breña y oliendo a maleza.
Los solitarios de la Navidad perecieron. No parecen diferentes muerte y amor. Entre los animales y los hombres salvajes
no se diferencia el amor de la lucha, la sangre, la crueldad. El
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
243
jaguar enjaulado que lame la pata de la hembra vecina, cuando
se le pone junto a ella se le arroja al cuello y la mata. El encuentro de hombres con la libre naturaleza no pudo sino traer amor
y muerte. Amor a la vida, al bosque virgen, al esplendente sol del
trópico, al azul del cielo y al azul del mar, a la pudicia de la fuente que mana escondida; amor a la hembra, amor a la libertad, y
muerte por amor de todo.
Más tarde la vida colonial en comienzos de organización
surge la protesta airada de un hombre libre: Francisco Roldán.
Ya no se trata del choque del hombre con la naturaleza y el salvaje, es el choque del hombre blanco con un estado social que
no quiere soportar. Roldán Jiménez ha sido víctima de las injusticias de la Historia porque su gesto ha sido mal enfocado y quizá
su actuación mal informada. Roldán es un típico español que
protesta con razón. Se me antoja un comunero que equivocó
el tiempo y el espacio. La tiranía y mal gobierno de los Colón,
don Cristóbal y don Bartolomé, fueron muy ciertos, primero
por asunto temperamental de ambos hermanos, después por
las circunstancias, pues siendo la vida en la Isabela tan precaria
había forzosamente de llevarse con trabajos y privaciones a que
no estaban habituados los españoles. Roldán cometió desmanes
y desazones que lo han desacreditado, pero en francos alzamiento, desobediencia y indisciplina, había caído en estado de
guerra, y en estas condiciones, aunque las causas sean justas, se
produce siempre maldad.
El Alcalde Mayor de la Isabela, para justificar su conducta,
escribió al Arzobispo de Toledo una carta donde se lee, entre
otras cosas:
En este dicho tiempo, residiendo en la gobernación
el dicho Adelantado, comenzó de gobernar con tanto
rigor que puso a la gente con tanto temor, que le causó
ser de todos desamado, y yo refrenándole algo de sus
cosas, que me parecían indebidas, tomó odio conmigo,
que de su mano hizo otro alcalde para seguir su voluntad, y discurriendo así el tiempo cuantos hombres de
244 Carlos Larrazábal Blanco
pro había a causa del mal tratamiento se enemistaron
con él y se apartaron de su conversación, pareciéndole
mal sus cosas.
Los Colón eran malos gobernantes porque eran duros,
poco concedentes y no sabían amoldarse a las circunstancias. En
cierta oportunidad Roldán se fue a un gran conuco que tenía,
fabricó casabe en cantidad, hasta seiscientas cargas, y las repartió
a los menesterosos. El Adelantado, que estaba en Jaragua, al saber estas y otras cosas dijo: «Otro gobernador hay en la isla que
recoge las gentes y las estancias y gobierna: yo iré allá y le cortaré
la cabeza, y a otros más de ocho». Entonces fue cuando Roldán
se trasladó a la Isabela, se incautó de las armas y siguieron las
cosas que las historias mencionan: entrevista del Adelantado y
Roldán en el fuerte de la Concepción, estada de los rebeldes en
Jaragua, llegada del Almirante y sus negociaciones con los rebeldes, la vida autónoma de estos en la región occidental de la Isla,
servicios prestados a Colón por Roldán contra Ojeda, llegada
de Bobadilla y sus liberalidades con los revolvedores, prisión de
Colón y sus hermanos, muerte de Roldán en el célebre naufragio de julio de 1502.
Los alborotos de Mosén Pedro Margarite, Bernal Díaz de Pisa
y el padre Boil no tuvieron la importancia político-social que la
insurrección de Roldán. Protestaron, con sus razones, y salieron
para España violentamente, puesto que su principal propósito
era dejar el infierno de la Isabela, y una vez allá desacreditaron
al Almirante para dar lugar a la pesquisa de Juan de Aguado, y a
que, por esto, lo de Roldán, y lo reciente de Bobadilla, escribiera
el Descubridor, cuando iba preso a España: «Digo que la fuerza
del maldecir de desconcertados me ha hecho más daño que mis
servicios hecho provecho: mal ejemplo es por el presente y por
lo futuro» (Carta al ama del Príncipe Don Juan).
Las conspiraciones de Hernando de Guevara y de Adrián
de Mojica no parece que tuvieran por causa de fundamento
moral lo que el historiador Washington Irving apunta sobre los
secuaces de Roldán, que, según él «detestaban como magistrado
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
245
al hombre que idolatraban como caudillo» sino que esos movimientos fueron producto del propio ambiente creado por el
estado de rebelión por parte del Alcalde Mayor y falta de adecuada comprensión y oportunas liberalidades, por parte del
Adelantado, hombre parece hecho para la espada y el mando
autoritario, absoluto y fuerte. En cuanto a lo de Guevara, mucha
parte fue obra del amor que la hija de Anacaona despertara en
este y en Roldán Jiménez, aunque el Almirante pasa sobre esto
del amor y simplemente dice:
Este Adrián, según se muestra, tenía enviado a D.
Fernando a Jaragua a allegar a algunos de sus secuaces, y
allá hubo debate con el Alcalde, adonde nació discordia
de muerte; mas no llegó a efecto. El Alcalde le prendió y
a parte de su cuadrilla; y el caso era que él los justiciaba
sin que yo lo proveyere.
La tragedia de Adrián de Mojica la explica el propio
Descubridor así:
Un Adrián en este tiempo probó alzarse otra vez como
de antes, mas nuestro Señor no quiso que llegase a efecto su mal propósito. Yo tenía propuesto en mí de no
tocar el cabello a nadie, y a este por su ingratitud con
lágrimas no se pudo guardar, así como yo lo tenía pensado. A mi hermano no hiciera menos si me quisiera
matar y robar el señorío que mi Rey y Reina me tenían
dado en guarda.
***
No bien los fundadores de la Colonia llegaban a la isla
pensaban con liberalidad y aun con respecto a la esclavitud que
fue factor mundial de economía, en aquel entonces, y hábito
secular de la humanidad. Allá, en la Madre Patria, hubiese sido
otra cosa, aquí les incitaba a tener otra ideología la realidad que
246 Carlos Larrazábal Blanco
tenían por delante, sobre todo aquellos que se afincaban en la
isla, no los aventureros que venían a apañar riquezas para luego
volverse a la Metrópoli a gozar de un bienestar impulsado por
el sudor y la sangre del indio y del negro. Esos no fueron fundadores sino logreros. Hablo de los que llegaron, convivieron
con las necesidades de la Colonia, se afianzaban en amor a la
tierra, procrearon familias, fomentaron industrias, impulsaron
la agricultura y la ganadería. Esos, los Pasamente, los Zuazo,
los Bastidas, los Ayllón, los Villoria, los Caballero, los Bardeci y
tantos otros llegaron a vincularse definitivamente a la tierra, y
a medida que la vinculación era mayor, más fuertes crecían en
ellos nuevas ideas liberales, muchas contrarias a las ideas en que
cívicamente se habían educado. Quizá sí fue cierto que Diego
Colón y María de Toledo, tocados de este hálito, soñaron en realidad con un libre imperio indiano, un gran virreinato con solo
ciertos vínculos políticos con la Madre Patria.
***
Discurría la época que la Iglesia Católica llama del Adviento,
y afanosos los padres dominicos porque el cuarto domingo fuese
solemne, invitaron al señor gobernador don Diego Colón, a los
señores oficiales reales, a todos los letrados y juristas de la colonia porque ese día había de predicarse un sermón que convenía
a todos escuchar. Llegado que hubo el susodicho domingo todos
los convidados asistieron cumplidamente a la iglesia, que llenóse
esa mañana más que lo acostumbrado.
Al tiempo del sermón apareció en la cátedra sagrada un
fraile dominico que «tenía gracia de predicar», «aspérrimo en
reprender vicios, y sobre todo en sus sermones y palabras muy
colérico, eficacísimo», y porque aquel domingo había de cantarse el Evangelio donde refiere el evangelista San Juan: que
enviaron los fariseos a preguntar a San Juan Bautista quién era,
y respondióles Ego vox clamantis in deserto, el padre adoptó este
tema y enrostró a las autoridades todas, así como a los particulares, el pecado de la esclavitud de los indios:
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
247
Para os lo dar a conocer me he subido aquí, yo que soy
voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto, conviene que, con atención, no cualquiera, sino con todo
vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis;
la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más
áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás no
pensásteis oír […]. Esta voz, que todos estáis en pecado
mortal y en el vivís y morís, por la crueldad y tiranía
que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué
derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible
servidumbre estos indios? ¿Con qué autoridad habéis
hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban
en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de
ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin
darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que
de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os
mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los
doctrina, y conozcan a su Dios y criador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? Estos,
¿no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No
sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto
no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta
profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos? Tened
por cierto, que en el estado que estáis, no os podéis más
salvar, que los moros o turcos que carecen y no quieren
la fe de Jesucristo.
Alborotóse la colonia con esta inesperada prédica y pidieron todos a los dominicos retractarse, pero al domingo siguiente
el sermón del padre Montesinos, que así se llamaba el padre predicador, tuvo por lema una sentencia de Job: Repetam scientiam
meam a principio et sermones meos sine mendatio esse probabo. Había
nacido, pues, en la colonia de Santo Domingo una nueva ideología respecto de la libertad de los indios, ideología que, por la
248 Carlos Larrazábal Blanco
mediación de dominicos en pléyade, hijos todos del convento
de San Esteban en Salamanca, Pedro de Córdoba, Montesinos,
Mendoza, Betanzos, Berlanga, se encerró en aquellas celdas
ilustradas por la fe y sabiduría de tantos varones egregios, para
cristalizar, más tarde, hecha doctrina de ciencia de derecho, con
el célebre fray Francisco de Vitoria.
Después de los sermones a que hemos hecho referencia
se suscitaron acaloradas discusiones y desavenencias, tanto en
la colonia como en la Madre Patria; se escribieron razones, se
sopesaron conveniencias de orden económico; se elevaron instancias a los Reyes y a su Real Consejo de Indias; discutieron
los sabios y juristas y se produjeron dictámenes. Quisieron las
autoridades españolenses contraponer fraile contra fraile, y
como Montesinos pasase a España, el fraile franciscano Alonso
del Espinal fue enviado por aquellos para contrarrestar la actitud que pudiera asumir el dominico. Pero, a todas veras, las
diferencias entre los discípulos de Santo Domingo de Guzmán
y los del santo Francisco de Asís no fueron insalvables, pues en
el fondo un cristianismo perfecto los unía, y en efecto por el
año de 1517 los frailes de ambas órdenes, dominicana y franciscana, escribieron a «Reverendissimi domini regnorum hyspanie
dignissimi gubernatores», que lo eran a la sazón los cardenales
Cisneros y Adriano, una carta, en latín, sobre los grandes males
de las tierras nuevas y sus posibles remedios. El estilo, en veces
agresivo y escuetamente real, no se diferencia del conocido de
Montesinos y del usado, con acritud y pasión, por el insigne obispo de Chiapa:
Pasando en silencio lo que en otros lugares ocurrió,
digamos algo de la Isla Española que habitamos ahora.
¿Dónde, reverendísimos señores, dónde están las innumerables gentes que en ella se encontraban? Era tal su
número que alguien los comparaba con el de las yerbas
del campo. Ahora solo quedan diez o doce mil hombres,
macilentos, débiles, a punto de expirar. No los rindió
la esterilidad de la tierra, sino los duros y cruelísimos
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
249
trabajos. ¿Qué espada, qué peste, qué hambre llegó
hasta aquellas gentes miserables y las arrojó de la tierra
de tal modo que ya no se habla de ellas, ni de los hijos,
que no pudieron engendrar, abrumados por el trabajo?
Ni Faraón, ni los egipcios nos ofrecen ejemplo de ensañamiento en los israelitas, ni los perseguidores de los
mártires en los hijos de la Iglesia. Ni perdonaron al débil
sexo femenino, como se acostumbra en todos los pueblos. Estos cristianos, y para decir mejor, no corderos de
Cristo sino crueles enemigos, sometieron a las mujeres
al trabajo lo mismo que los hombres y niños: soportaron
así la desnudez ante el fuego del sol por todo el santo
día y en la intemperie las lluvias reinantes. Y tenían,
ellas como ellos, por remuneración y por descanso de
sus diarias labores, el dormir en la noche sobre la tierra
desnuda, y eran atormentados por el hambre y la sed, y
cuando enfermaban, eran abandonados, despreciados,
peor tratados que las bestias. ¿Quién, después de tantas
fatigas, podía estar apto para propagar la espacie? Solo
quedaría entre aquellas infelices criaturas un solo deseo:
entregar a la madre tierra el cuerpo moribundo» «et non
magis terre matri ipsa jam jam consumere vulenti moribunda
conmendare» (Cartas censorias, Chacón y Calvo).
***
El célebre oidor don Alonzo de Zuazo, que vino poco después de los Padres Jerónimos como juez de residencia y para
ayudarlos en los menesteres del cometido que se les había impuesto, pedía en carta al emperador, que se favoreciese a los
mercaderes dándoles libertad para comerciar con todos los
puertos de España pues eran «grandes los inconvenientes de
reducir la negociación al solo agujero de Sevilla». En ese mismo
documento pedía que se diesen islas baldías a particulares para
que las poblasen y se hiciera comercio entre unas y otras. El
oidor se sintió tan vinculado a su nueva patria chica que en un
250 Carlos Larrazábal Blanco
momento de entusiasmo exclama y profetiza así: «¡Qué islas tan
ricas! ¡Qué fama no ganará V. M.! ¡Qué historias no se escribirán
de su descubrimiento y población!»
El licenciado Zuazo fue hombre combativo y muy combatido. Defendió los intereses de don Diego Colón, es decir, fue de
los deservidores del Rey y enemigo de Miguel de Pasamonte y el
oidor Ayllón. En su cometido más de una vez se mostró parcial
y ejecutivo. Mucho tiempo estuvo la isla sin Audiencia porque
Zuazo suspendió a los oidores que la constituían, hasta que por
mandato real se restableció. Fue oidor, y como tal, gobernó
solo en cierta ocasión. Fuera de Santo Domingo intervino en
los asuntos de Garay y Cortés, y en estas diligencias fue víctima
de un naufragio. Juan de Castellanos canta largamente este desventurado suceso y elogia grandemente la conducta de Zuazo
en esta triste ocasión. Salvóse el licenciado, y como Cortés lo
despachase de sus dominios, volvióse a la Española. En Ocoa había fundado uno de los ingenios más grandes de la isla que fue
robado y destruido por piratas franceses en 1538. Quince negros
y 750 quintales de azúcar sacaron de Ocoa estos piratas. Zuazo
murió viejo el 6 de marzo de 1539, unos veinte años después de
su arribo a la Española.
Las ideas político-sociales de esta época tuvieron su cristalización en la Junta de Procuradores que, gobernando los Padres
Jerónimos, 1518, tuvo lugar en la ciudad de Santo Domingo, y
donde se resolvió pedir, entre otras cosas, lo siguiente: libertad
general de comercio con todos los puertos de España y de Indias;
libertad de comercio con extranjeros; franquicias de derechos
para los productos de la isla tanto al salir de ella como al llegar
a España; libertad para que los extranjeros se avecindasen en la
Isla excepto franceses y genoveses; disminución de los derechos
de oro y de los del fundidor; franquicia en la licencia para sacar
oro; atribución de tierras a los cabildos para que se ayudasen
en sus gastos; franquicia para todo el que quisiese ir a la Isla
a poblar; libertad de libre tránsito de las Indias a España y entre los mismos países de las Indias; elección de cada pueblo de
su aguacil y de su fiel; acuñación de moneda en la misma Isla;
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
251
libertad de juntarse los procuradores sin intervención de gobernador ni Audiencia. La ciudad de Santiago pidió que no fueran
perpetuos los regidores porque «tiranizaban la república».
Esta magna asamblea, cuyos trabajos fueron muy animados
y discutidos, porque el cisma de servidores y deservidores, tenían
la colonia en actividad y intrigas constantes, se sintió tan vinculada a la tierra que entre las peticiones que se hicieron una fue
la de que el Rey no enajenase la Isla ni parte de ella. Esto no era
sino defender la integridad territorial, salvaguardar para la posteridad esta amada tierra. Aquellos hombres fueron los primeros
patriotas dominicanos.
No parece sino que los fundadores de Santo Domingo entrevieron la posibilidad de una vida que dependiese menos de la
Madre Patria, para ir consolidando, no, a la verdad, una nación
desligada políticamente de ella, sino una entidad que se bastara
a sí misma, idea que se estrellaba contra el interés político de la
Metrópoli, que temía se fuera de sus manos para pasar a otras el
producto de sus desvelos.
Muchas de aquellas peticiones que podrían llamarse liberales eran a la verdad atrevidas, estaban llenas de novedad. Es
muy conocida la restricción comercial absoluta en que vivía la
América y lo esquivo que se mostraba el Gobierno con todo lo
que fuera extranjero.
De la Real Cédula de fecha 15 de febrero de 1504, que permite llevar abastos a la Isla Española por término de diez años se
colige la severa política comercial. A la fecha, «por algunas justas
causas» se ordenó «que ningunas personas llevasen mercaderías
ni mantenimientos para las dichas Indias» sin licencia ni mandato real, más allá de lo que cada persona de los pobladores podía
llevar. Y sigue rezando la cédula:
Y porque ahora somos informados que los vecinos y
moradores cristianos de la Isla Española, a causa de lo
susodicho, dejan de ser proveídos de los mantenimientos y mercaderías que han menester para sostenimiento
y acrecentamiento de la población de los cristianos en
252 Carlos Larrazábal Blanco
las dichas islas, así por la falta de los dichos mantenimientos y mercaderías, como porque se venden las que
se llevan a muy caros precios […] por la presente damos
licencia a todos los vecinos y moradores cristianos de la
dicha isla que ahora son y serán de aquí adelante […] y
cualquiera personas de estos nuestros reinos de Castilla
por término de diez años primeros siguientes […] y por
el tiempo que fuere nuestra merced y voluntad, que de
aquí adelante, cada y cuando quisieren, puedan llevar
en navíos de nuestros naturales, y non en otros, a la
dicha Isla Española, todos mantenimientos de comer y
beber y vestidos y calzados y ropa y ganado y bestias de
carga y yeguas y otros animales y plantas y semillas y herramientas y otras cualesquier mercaderías y cosas que
fueren menester para mantenimientos y proveimiento
y trato de los vecinos y moradores cristianos de la dicha
Isla Española.
***
Por aquellos tiempos eran tenidos por extranjeros aun los
propios españoles que no fueran castellanos: los aragoneses, a
pesar de Fernando el Católico, los valencianos, los navarros, los
catalanes, los mallorquines y los menorquines. El 17 de noviembre de 1504 una real carta permitió a Juan Sánchez traer mercancías a la Española «aunque no era natural de los reinos de
Castilla». Sánchez era aragonés. En 1553 se connaturalizan los
navarros, y en cédula de Felipe II dada en Madrid el 13 de enero
de 1596 se comprenden naturalizados a todos los demás y igualados a los castellanos –a quienes se atribuyó la permanencia de
la conquista y colonización– cuando se declara por extranjeros a
los reinos de las Indias y de sus costas, puertos e islas adyacentes,
para no poder estar ni residir en ellas, a los que no fueren naturales de los reinos de Castilla, León, Aragón, Valencia, Cataluña y
Navarra o de las islas de Mallorca y Menorca. Sin embargo la prohibición contra los extranjeros no era tan absoluta pues llenado
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
253
el expediente de una Carta Real de Naturalización podían pasar
a Indias y con otra licencia especial podían comerciar.
Los colonos, a pesar de esto, iban más lejos, querían completa libertad de comercio con los extranjeros y libertad para
que residiesen en estas partes, y si nunca se les concedieron esas
gracias, de manera firme y definitiva, ellos cayeron en prácticas
ilícitas aun con franceses y genoveses, y los admitieron en la colonia. La Metrópoli legalizaba de vez en vez esta situación anómala
por medio del expediente que llamaban de la «composición»
que les era concedida a los extranjeros que residían sin licencia
mediante una suma que abonaban al fisco. También caerían los
colonos en consentir el comercio «por interpósitas personas»
que era facultad de comerciar extranjeros sin carta de naturalización por medio de extranjeros naturalizados; vicio contra el
que reaccionó Felipe II en su cédula dada en el Escorial el 4 de
octubre de 1569 que rezaba así:
de aquí adelante y cada y cuando que las dichas nuestras
flotas llegaren a esos puertos hagáis gran diligencia en
inquirir y saber qué mercaderías van en ellas registradas
o por registrar que sean de personas de extranjeros de
estos nuestros reinos y los envíen por terceras personas
sin tener licencias ni permisión nuestra para ello y las
que así halláreis las tomareis por perdidas y aplicareis
para nuestra camara fisco y procedereis contra las personas en cuya cabeza se hubieron enviado por todo
rigor de justicia.
Pero muy a pesar de todo las infracciones continuaron porque una veintena de años más tarde y en 1608 nuevas cédulas hablan de que solo pueden tratar en las Indias aquellos extranjeros
que lo pueden hacer con sus caudales propios y no con los de
otras personas de sus naciones ni haciendo compañías con ellos.
Fue tal la política española a estos respectos que nunca
logró la Isla una libertad general aunque sí concesiones por
cierto número de años, y ya se ha citado la cédula de 1504
254 Carlos Larrazábal Blanco
sobre proveimiento de abastos por diez años. En 1513 la concesión de Fernando V, para comerciar libremente con las islas y
Tierra Firme, sin pagos de derechos aduanales, en cuya virtud
sabemos Higüey vendía ganados a Puerto Rico el año mismo
de la Junta de Procuradores, 1518. En 1568 Cotuí vendía en
Costa Firme cueros, cañafístolas y azúcar. En el siglo xviii, a
las refundadas ciudades de Monte Cristi y Puerto Plata se les
favoreció con el ejercicio del comercio libre por un lapso de
diez años. Tiempo adelante la Metrópoli sin embargo viose
forzada a consentir el comercio que hacía la colonia española
de Santo Domingo con su vecina la colonia francesa puesto
que se comprendió que de ese comercio dependió, por aquel
entonces, la prosperidad de la colonia, y que de él seguiría
dependiendo.
Tan inveterada era esta política comercial de España,
he dicho ya en trabajo que publicara en la revista Clío,
ahora años, que aun entrado el siglo xix, cuando ocurre
la reincorporación de Santo Domingo a la corona española mediante el esfuerzo de los dominicanos dirigidos
por Juan Sánchez Ramírez, como una gracia concedida
a la fidelidad de la colonia, la Metrópoli concedió libertad de comercio por quince años.
De acuerdo con esos principios sustentados, con las necesidades de la colonia, y, según parece, queriendo legitimar un
estado de cosas ya existente el gobernador Ignacio Zayas Bazán
y los señores oidores de la Real Audiencia aceptaron, en cierta
ocasión, que un navío portugués estableciera tratos comerciales
con los colonos, pero este hecho repugnó tanto a la Metrópoli,
que fue castigado con imposición de multas.
Y si con respecto del comercio y de los extranjeros los colonos se extralimitaron en sus peticiones, pues iban más allá
de lo que se podía conceder, de igual forma procedieron bajo
otros aspectos. Las Franquicias sobre derechos de aduanas no
existían ni en la misma España, pues las mercancías pagaban
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
255
derecho de una ciudad a otra. La libre elección por cada pueblo de su alguacil y fiel o síndico también era excesiva, puesto
que era, nada menos, que retrotraer las cosas a pleno siglo xiii,
e ir contra lo que a fines de él se comenzó: la absorción del poder político de los municipios y el nombramiento por el Rey de
ciertos oficiales municipales (Oliveira Martins). La solicitud de
Santiago que trataba de la no perpetuidad de los regidores afectaba también a la misma médula del ayuntamiento hispano. Sin
embargo, no todos los regidores eran perpetuos, solo algunos
tenían esa preeminencia, y no era esto solo lo que en realidad
debería «tiranizar la república» sino también el que el cargo no
fuera incompatible con cualquiera otra función civil o militar,
puesto que de esta manera eran siempre regidores los que más
intereses creados tenían en la vida política y económica da la
Colonia. Así también «tiranizaría» el que fuera la regiduría, a
través de los años, preeminencia de ciertas familias de arraigo
social.
Un año después de la mencionada Junta de Procuradores,
donde tanto tirios y troyanos, servidores y deservidores, mostraron
interés por su nueva patria intentaron oponerse prematuramente a Aranjuez y Basilea, como presintiendo algo que la política
europea, en que tanto anhelaba Fernando el Católico intervenir,
podía muy bien traer, escribieron los españolenses esta carta:
Al Rey Nuestro Señor. Los oidores y oficiales reales de
Santo Domingo, a 20 de mayo de 1519.
Muy poderoso señor:
Cuando más necesitada de mercedes está esta isla por el
daño que en los indios ha hecho la pestilencia, de que
han muerto la mayor parte, ha venido una merced de
Juan de Sámano de todas las penas en que cualquiera
persona de esta isla haya incurrido por haber traído de
España oro y plata labrada sin licencia. Hemos hecho
que Zuazo sobreseyese en la ejecución para suplicar,
256 Carlos Larrazábal Blanco
porque sin duda, si se hiciera verdadera relación a
Vuestra Majestad, no concediera esta merced. De quince años acá han traído muchísimo oro y plata, unos
con licencia otros sin ella, y ha pasado de unas en otras
manos, de manera que averiguar quién trajo cada cosa
era traer mil pleitos y arruinar la Isla.
Las franquezas y libertades pueblan la tierra; hágalas
Vuestra Alteza a esta que bien la necesita, y mayores
aun que a esos reinos; y déjese de semejantes mercedes,
que no sirven sino para oprimir a los vecinos y despoblar la Isla. Dios, etc. Santo Domingo, a 20 de mayo de
1519. Francisco Vallejo. Fernando Caballero. Miguel
de Pasamonte. Cristóbal de Tapia. Fernando de Berrio,
escribano.
Nada más español que el espíritu que anima esta carta,
por valiente y altiva, y nada más «patriótico» que el hálito que
le insufla ese españolismo dentro de la realidad españolense.
Nada más hispana que la raigambre de donde proceden esas
palabras. Y es que cada uno de los firmantes, allá en el fondo de
su subconsciente, valía tanto como el Rey y todos juntos más que
él, y… «si non, non».
***
Así como los colonos practicaban liberalidades y tenían
gestos de hombres, libres e independientes con respecto de los
Reyes, así las razas oprimidas alzaron más de una vez el pendón
de la rebelión. La primera revuelta de negros ocurrió en 1522,
muy contrario al vaticinio del ilustre Zuazo que decía, pocos
años antes, al Rey:
Es vano el temor de que negros puedan alzarse; viuda
hay en las islas de Portugal, muy sosegada, con ochocientos esclavos; todo está en cómo son gobernados.
Yo hallé al venir aquí algunos negros ladrones; otros
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
257
huidos a monte; azoté a unos, corté las orejas a otros, y
ya no ha venido más queja.
Es por demás muy conocida la protesta del indio Enriquillo,
la de Tamayo, la de Ciguayo. Con respecto del negro Lemba
Juan de Castellanos canta:
De los demás pasados movimientos,
el negro Lemba fue principalmente
que juntó negros más de cuatrocientos,
acaudillándoles varonilmente;
fue negro de perversos sentimientos,
atrevido, sagaz, fuerte, valiente,
y en su rebelión de muchos años
la Tierra padeció notables daños.
persona mal sabida, recatada,
en todas sus astucias otro Davo
en el asalto de cualquier entrada
diligente, feroz, cruel y bravo.
A fines del siglo xvi una madriguera de negros alzados
habitaban las montañas de Baoruco. Sacólos de allí Antonio de
Ovalle y fueron a repoblar a San Juan de la Maguana que casi
estaba en abandono. Los que persistieron en quedarse en las
montañas con el tiempo vinieron a convertirse en «biembienes».
En 1662, negros esclavos, no queriendo serlos más, huidos de sus
amos se internaron en las montañas de Ocoa y allí formaron una
caricatura de gobierno. «Ladronera de bárbaros» les llamaba el
arzobispo Cueva Maldonado aunque no hacían más daño que
robar negras y admitir negros fugitivos.
Al disparate de la destrucción y trasplantación de los pueblos
y hatos de las Bandas Norte, Oeste y Sur de la Isla en los comienzos
del siglo xvii, se oponen todos, blancos y negros, y hasta los propios
animales que se fueron a los montes vírgenes a hacerse cimarrones y montaraces. En esta ocasión rodaron las cabezas de caudillos
negros entre ellos Miguel Brafara y Hernando Montoro, caudillo
258 Carlos Larrazábal Blanco
de la llamada rebelión de Guaba. Familias enteras fugáronse de la
Yaguana hacia Cuba. Algunos de los fundadores de Bayaguana no
fueron sino blancos sometidos a la obediencia.
De modo que al correr de los años vino a formar parte de la
naturaleza cívica del dominicano un fondo de amor a la libertad
y de prácticas de liberalidades, a veces, por falta de contrapeso,
degenerando hacia la indisciplina, la desobediencia y el libertinaje, pero en todo caso con un delineado contorno de protesta
airada y arrogante.
En ese tono modula el españolense en la rota de Penn y
Venables, en la rota de Cusay en Sabana Real el 21 de enero
de 1691, en las continuadas luchas fronterizas de fin de siglo
xviii. En ese tono modula contra las intenciones de Toussaint y
Dessalines, a principios del siglo xix; en el fracaso de las huestes
francesas de Ferrand en Palo Hincado; la noche del 30 de noviembre de 1821. Y en ese mismo tono modula la conciencia nacional dominicana el 16 de julio de 1838, al nacer La Trinitaria,
y el 27 de febrero de 1844, al nacer la República; y en Moca y
en Santiago y en San Juan, las tres tragedias présagas del 16 de
agosto de 1863.
***
Nicolás Estévanez, hombre de temperamento liberal, muy
conocido entre nosotros por su Historia de América, y que figuró
como oficial español en la Guerra de la Restauración, ha dicho
de Santo Domingo: «no hay un pueblo más belicoso en América,
ni quizá en el mundo», y esto se ha repetido una y mil veces,
y si no es absolutamente cierto pues «belicoso» no quiere solo
decir «guerrero» sino también, en sentido figurado, «agresivo»,
«pendenciero», cualidades estas últimas que al pie de la letra no
pueden ser aplicadas al pueblo dominicano, sin duda alguna,
que el juicio de Estévanez encierra, retrata o traduce un aspecto
espiritual de fundamento, que a veces se manifiesta como simple
belicismo, pecaminosas desobediencia o indisciplina, liberalismo, demagogia.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
259
Si consideramos al pueblo dominicano como un individuo,
como pudiera hacerse con cualquier pueblo de la Tierra, y convenimos en que «toda personalidad tiene un aspecto externo,
que es el papel que el individuo representa en el drama de la
vida» como dice Gonzalo Rodríguez Lafora, Santo Domingo
tiene un aspecto externo, su máscara, su prosopon, que no es
otra que lo belicoso, lo indómito, es decir lo que no se puede
domar, lo no domado, lo difícil de sujetar y reprimir, según rezan los diccionarios. Santo Domingo ha sido un pueblo gallardo. La gallardía ha sido su máscara, y era una hermosa manera
de expresión de su personalidad belicosa, además, artística y
espiritual manera. Lo belicoso habla a lo material, de cosas
objetivas; la gallardía habla de estado subjetivo de ánimo, de
bizarría, de arrestos. En lo belicoso hay brazo que empuja, arma
que ataca, voluntad que arrostra. La gallardía es ademán que
advierte y conmina, es el espíritu valiente, heroico, que sale del
lado afuera y se estiliza en una mirada, en un erguir de cabeza,
en un gesto de epopeya.
Ahora bien, hay que tener presente, y siguiendo al filósofo
Jung, que esta personalidad externa no denota sino el centro de
lo consciente, que una personalidad para ser global, unitaria,
íntegra, para llegar al estado que llama de «individuación», tiene
que sufrir la concurrencia de otras energías dispersas, de tendencias contrarias, que constituyen un centro inconsciente que
seguramente sigue de cerca al otro, lo comprueba, lo enmienda,
lo perfila, y que cuando un pueblo, como un ente humano, intuye ese centro, lo busca, lo sorprende, se habrá descubierto a sí
mismo y llegado a la personalidad perfecta.
Admitamos pues, nuestra máscara externa, afiancémonos
en nuestro modo de ser consciente a través de la Historia, pongámonos siempre nuestro prosopon, que somos actores en el
teatro de la patria y del mundo, pero atisbemos nuestra subconsciencia, sorprendamos esa esencia de individuación para que
nuestro pueblo sea cada vez más útil, más fuerte, más bueno y
más sabio.
260 Carlos Larrazábal Blanco
Bibliografía
Colección de documentos inéditos… del Real Archivo de Indias, por
D. Joaquín F. Pacheco, D. Francisco de Cárdenas y D. Luis
Torres de Mendoza.
Historia de España, por Ángel Salcedo.
Varones ilustres de Indias, por Juan de Castellanos.
Compendio de la Historia de España, por Moreno Espinosa.
Historia de América, por Nicolás Estévanez.
Cartas censorias de la Conquista, por José Ma. Chacón y Calvo.
«Los extranjeros y el ejercicio del comercio en Indias», Anales de
la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, T. xvi, Núm.
4 (junio de 1938), por el Dr. Laudelino Moreno, España.
Viaje a las Indias, tomos 1, 2 y 3, por Navarrete.
España invertebrada», por Ortega y Gasset.
Historia de las Indias, por Bartolomé de las Casas.
Santo Domingo. Dilucidaciones históricas, por Fray Cipriano de
Utrera.
Vida y viajes de Cristóbal Colón, por Washington Irving.
«Documentos antiguos», Revista Cuna de América, Año 1914, por
Emiliano Tejera.
«Ideario españolense», tomo I, Revista Clío, fascículo IV (julio y
agosto de 1934), por Carlos Larrazábal Blanco.
«Sobre la personalidad», Universidad de La Habana, Año 3, Núm.
16 (enero-febrero de 1938), por Gonzalo Rodríguez Lafora,
España.
Historia de la civilización ibérica, por J. Oliveira Martins.
Clío, Año VI, No. XXXII
(noviembre y diciembre de 1938).
La República Dominicana
y el doctor Felipe Larrazábal
L
a República Dominicana, que había nacido el año de 1844
por la firme voluntad de su pueblo y bajo el signo de libertad y
soberanía absolutas con que la concibiera Juan Pablo Duarte, su
Padre y Fundador, fue entregada, al correr de pocos años, en los
brazos de la Madre Patria por Pedro Santana, de los fundadores
y sostenedores de la República, pero con un patriotismo descreído, sin fe en lo porvenir, sin ilusiones, con amor de hatero y
campesino por España y sus glorias pretéritas. Haití fue el pretexto, pero la causa hay que buscarla en su innato y acendrado
españolismo –en lo que bien podía tener razón– y en su afán de
perpetuarse sólidamente en el poder, porque era ambicioso. A su
muerte, acaecida por esos mismos años, Marco Antonio Saluzzo,
estigmatizó su nombre, y con plumadas vehementes y sentidas,
coadyuvó a formar en Venezuela y en la América la conciencia
de que Pedro Santana fue un traidor. Otro venezolano, el Padre
Francisco Antonio Pereira, que «las desgracias de su patria habían conducido a playas extranjeras», tocóle en suerte recibir en
la Iglesia de San José de Ocoa, de donde era cura de almas, la
bandera dominicana de aquella población, y en el discurso que
pronunció, bello y sincero, se deslizaron frases de muy elevado
dominicanismo, frases de fuertes ideas republicanas, frases que
261
262 Carlos Larrazábal Blanco
envolvían un deseo fervoroso de libertad y que encerraban una
profecía. El Padre dijo:
Pensad ahora, os ruego, señores, que admito con noble
orgullo y conmovido el encargo de honrarla desde hoy
en el templo que está a mi cuidado; ¿cómo no? Ese pabellón es el símbolo de mil glorias y del honor dominicano
[…] que simboliza también a la generación presente los
estragos funestos de las discordias civiles! Desde hoy,
¡oh tristeza! una faja de luto borra esta República del
catálogo de las naciones […].
Al terminar, después de algunas apreciaciones históricas
y políticas, así como de frases de obligada cortesanía, el padre
Pereira concluye:
[…] pero con actitud reverente y al compás de lloradoras notas coloquemos en su panteón el cadáver de la
nación que ya no existe! Guarde esa tumba y haga sus
milagros el Redentor estandarte de la Cruz […].
Y el milagro fue hecho. A poco de consumada la anexión
de Santo Domingo a España movimientos subversivos intranquilizan al capitán general Pedro Santana, Marqués de las Carreras.
Moca, Neiba, Santiago, se hacen sospechosas al gobierno
español. España no quiere confesar que sean movimientos de
dominicanismo puro, de verdadero patriotismo nacionalista,
y cree, o finge creer, que son movimientos «baecistas» (Báez
era el nombre del contrincante de Santana en la política de la
primera República Dominicana). Pero, es el caso que Eugenio
Perdomo muere en el patíbulo. Francisco del Rosario Sánchez,
Ilustre Prócer de la fundación de la República, muere fusilado
en San Juan de la Maguana. El 16 de agosto de 1863 tiene lugar
el célebre levantamiento de Capotillo, y poco tiempo después ya
los dominicanos toman a Santiago de los Caballeros y fundan un
gobierno provisional.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
263
El doctor Felipe Larrazábal, por esa misma época, era redactor de El Federalista, y desde un principio hizo de este periódico
el vocero portaestandarte de la libertad del pueblo dominicano.
La historia de la Guerra de la Restauración, como se llama en
Santo Domingo, a esta época de gestas heroicas y de acendrado
nacionalismo, se puede seguir, casi literalmente, en este diario.
En él aparecen noticias del Royal Standard, periódico de alguna
Antilla inglesa, que por la impecabilidad del español en que
están escritas y por el estilo se adivina que son traducciones del
propio Larrazábal; se leen cartas de amigos dominicanos de
Saint Thomas y Curazao, noticias de la misma ciudad de Santo
Domingo, artículos de Alejandro Angulo Guridi, que entonces
radicaba en Caracas, un llamamiento de los dominicanos a los
pueblos de América, el acta de Independencia, una carta muy
digna del prócer Eusebio Manzueta al españolizante Abad Alfau,
una proclama de Ramón Mella, Ilustre Fundador. Además, pequeñas, crónicas y noticias favorables a la causa, resoluciones
del gobierno de Santiago, artículos de españoles contrarios a la
anexión, pero que en nada ofenden la delicadeza de los dominicanos, entre ellos uno del propio Emilio Castelar. No hubo
periódico en la América entera que se ocupara más en la causa
de la República Dominicana como El Federalista que redactó el
Dr. Larrazábal desde su primer número en el año 63 hasta el
número 480, de fecha 10 de marzo de 1865.
Veamos algunos párrafos del doctor Larrazábal en pro de
Santo Domingo, que evidencian su temperamento liberal, un
ferviente e ilusorio panamericanismo, un gran amor a las causas
justas y nobles. Su empeño en avivar el entusiasmo de los dominicanos es grande. A veces nos escuece su antiespañolismo, que
si se explicaba en aquella época y en aquellos precisos momentos, ahora nos parece anacrónico:
Es tan justa, es tan legítima la causa de los dominicanos
contra los españoles, que, en la España los hombres
imparciales reprueban la guerra y sostienen con justicia
la independencia de Santo Domingo […]. A despecho
264 Carlos Larrazábal Blanco
de todos los generosos patriotas de Santo Domingo
arrojarán más allá de los mares a sus nuevos dominadores. En su justicia encontrarán recursos; en su amor
patrio robustecerán su valor indómito; sus triunfos les
servirán de aliento y la expectación del mundo les dará
estímulos para alcanzar la independencia, llenándose
de gloria cuando la historia escriba en letras de oro sus
proezas inmortales, y aquella gran palabra: dos veces
libre contra el león de España.
¿Por qué desgracias las repúblicas sudamericanas presencian con despego o sin interés la cruda guerra de
Santo Domingo? ¿Por qué funesta suerte está ella misma, devorada por la guerra intestina, la gran República
del Norte, coloso de poder, astro brillante y sin ocaso de
libertad, que debía ser el amparo de los débiles contra
los fuertes, del pequeño contra el grande, del oprimido
contra el opresor? Si la Francia invade a México; si la
España se apodera de Santo Domingo, si algún poderoso ilusionario piensa arrojar su manto de protectorado
sobre el Ecuador a la contienda se debe que inútilmente gasta y empobrece la República de Washington; a la
desunión, debe atribuirse, a la desunión en que vivimos,
sin pactos que nos liguen, sin tratados que nos unan,
y formen de la América un solo pueblo, como quería
Bolívar: un pueblo que resistiera en masa a las invasiones de Europa y que, fuerte en sus pactos de confederación, irresistible por sus propósitos de libertad, dividiese
al mundo entre la rutina y el progreso, entre las ideas
refregadas y las que vuelan sobre las plumas de los vientos a conquistar los tesoros del porvenir.
Eso dice Larrazábal en El Federalista, de fecha 4 de febrero
de 1864. Claramente se descubre su purísimo ideal panamericano. Se inspira en Bolívar, que siempre fue su estrella. Es corifeo
decidido de esa tesis que sustenta a propósito de la República
Dominicana. Su panamericanismo es sincero, pero se forjó
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
265
ilusiones. Su optimismo era muy grande, su pasión muy viva,
sus buenos deseos muy ardorosos, para poder ser profeta. Ya
volveremos sobre esto más adelante, y cerremos este párrafo,
transcribiendo palabras finales del artículo que glosamos que es
una verdadera agudísima saeta, una flecha indiana enherbolada,
contra la Madre Patria:
Nosotros creemos sinceramente hablando que hay más
deshonra en soportar a Gibraltar que retroceder en
Santo Domingo.
Ya se decía que España no se retiraba de aquella isla por
gusto de honor.
En fecha 13 de agosto de aquel mismo año escribe:
Nosotros, americanos, amigos del principio americano,
que es la estrella de Monroe, tenemos fe en los destinos del Nuevo Mundo. Luchen con valor y esperanza
los bravos dominicanos. Presididos por el inteligente
patriota Benigno Rojas alcanzarán sin duda el triunfo.
El espectáculo de los libres combatiendo contra los conquistadores en el siglo xix, ha interesado ya a la América;
su victoria interesará al mundo. Nuestros hijos leen con
entusiasmo los combates de Maratón, de Salamina y de
Platea; ¿cómo no leerán con arrebato, con fanatismo las
luchas gigantescas de los indomables dominicanos?
En este día Larrazábal se muestra monroiísta. Pero su
«América para los americanos» es doctrina, como se ha querido
interpretar, preservativa de la independencia de todo el continente colombino con respecto de las tendencias imperialistas
de Europa. Pero no adivinó que los Estados Unidos, debido
precisamente a ese poder coloso que él ya veía iba a producirse igualmente imperialista, y que no iba sino a sustituir en la
América de sus ilusiones un imperialismo a otro; no advirtió,
decíamos, que al correr del tiempo, la República del Norte
266 Carlos Larrazábal Blanco
había de convertirse en fuerte contra débil, en grande contra
pequeño, en opresora de oprimidos. El monroísmo, que debió
ser presentador de todos, se convirtió para los Estados Unidos
en un «endomonroísmo», en un monroísmo centrípeto, en un
monroísmo enquistado. Si el doctor Larrazábal hubiese vivido
lo suficiente, cuál no hubiera sido su indignación, su dolor, su
decepción al ver que la República de Washington desarrollaba
en América su política de empréstitos, explotaba las desgracias
de países nuevos y pobres, caía sobre Colombia, sobre Haití,
sobre Nicaragua, y cometía el atropello inaudito, tanto como
los anteriores, de también dejar caer su pesada mano sobre la
propia República Dominicana, de su amor y su pasión, y cuya
libertad tanto defendió. Es que las naciones, aunque parezca
paradójico, cuando alcanzan un grado superior de organización
política interna, y a la vez se hacen ricas, caen, las más de las
veces, en franco imperialismo. Tal el caso, en la antigüedad, de
Roma; ogaño, de Inglaterra, y los Estados Unidos.
Larrazábal sigue, durante ese año de 1864, su campaña
dominicanista. El llamamiento de La Vega a los hermanos de
América ha despertado, como ya se puede haber visto, sus ideas
americanistas.
La revolución de Santo Domingo solo necesita para
completar su triunfo, que los descendientes de los incas, imiten el noble arrojo de los hijos de Anacaona y
Guacanagarix, y que las Repúblicas de América del Sur
le extiendan una mano amiga y protectora.
Pero, inútil, solo el Perú protesta de la anexión, gobernando el presidente general Castilla. Venezuela es un centro de cordial simpatía hacia la República Dominicana. Fórmase una junta
de recolección de fondos de que forman parte los generales José
Rafael Pacheco, Aureliano Alfonso y los señores Ildefonso Riera
Aguinagalde, Mariano Espinal, doctor Guillermo Tell Villegas.
Celébranse mítines en San Francisco: El primero constituye esta
mesa directiva: presidente, Guillermo Iribarren; vicepresidente,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
267
Eduardo Calcaño; secretario, Lino J. Revenga. Nada más en
América. Todavía se está lejos del ideal de solidaridad que soñara
el Libertador. Se estaba lejos del Congreso de Panamá, y aun se
está. La Gran Colombia, de cuyo cielo fue estrella ignota y fugacísima la propia República Dominicana, habíase desquiciado, las
voces que se escaparon del pecho de Simón Bolívar, moribundo,
«unión, unión», corren todavía, a todo correr del Ande al llano, y del llano al Ande, de mar a mar, de pico a pico, saltan las
quebradas y los ríos, pasan por entre los hombres; inadvertidas,
y no saben dónde apacentarse, ni cuándo… Los afanes por buscar estos países hispanoamericanos una forma política interior
sólida los ha alejado de ciertos ideales. Los Estados Unidos, con
su riqueza, su fuerza, su imperialismo, ha sido también factor
negativo.
El dominicano es gentil con el extranjero. El pueblo dominicano es verdaderamente hospitalario. Es pueblo de innata
democracia y de virtudes que bien orientadas le darían, en
América, una personalidad bien definida. Es religioso sin ser
fanático. No es racista, no hay grandes distingos en el ambiente
social. Santo Domingo es un admirable vehículo de gran poder
de ionización social. Allí se han borrado las divergencias entre
negro y blanco, entre judío y cristiano, entre rico y pobre, y hasta entre nacional y extranjero. Los individuos de otras naciones
allí tienen su tierra y su sol que a la verdad es de todos. Allí el
extranjero alterna libremente en la vida de sociedad, en el comercio, hasta en la política. Los extranjeros cuales que fueren,
al cabo de años, se «aplatanan», y cuando salen fuera sienten
verdadera nostalgia dominicana. Santo Domingo es tierra que
da, porque es tierra que ha dado mucho aunque no lo parezca.
Santo Domingo en lejanos días coloniales, administró justicia en
apartados rincones de América, fundó ciudades en Venezuela,
expandió el poder hispano por las Grandes Antillas, patrocinó expediciones lejanas, aumentó el conocimiento geográfico
de América. Por eso se la ha llamado la «Cuna de América».
Dio a Cuba un héroe indiano, Hatuey, y a Máximo Gómez, su
libertador, y el último de los de la América. En su tierra han
268 Carlos Larrazábal Blanco
prosperado en mente, en espíritu y hasta en lo físico personalidades puertorriqueñas, cubanas, venezolanas: Santiago
Marino, Jacinto Pacheco, Carlos Arvelo, Hostos, Martí, etc. Las
actuaciones del doctor Larrazábal, pues, no podían pasar inadvertidas, y el gobierno de Santiago, en fecha 21 de septiembre
de 1864, dictó un decreto que le daba un «voto de gracias por
los servicios que voluntariamente y como distinguido patriota
había prestado a la República Dominicana en su contienda con
la nación española». En esta manifestación fue unido el señor
Blas Bruzual que en su ministerio de Venezuela en Washington
también había prestado servicios estimables a la República. El
doctor Melitón Valverde, ministro dominicano en Caracas, fue
encargado para la entrega del decreto citado, y que se copia a
renglón seguido:
Núm. 796. DECRETO del G. P. dando un voto de gracia
a los señores Dr. Felipe Larrazábal y Blas Bruzual.
Dios, Patria y Libertad
Gobierno de la República Dominicana
Considerando: que es un homenaje a la justicia y un
acto de civilidad expresar la gratitud que se debe por
los servicios voluntarios que se reciben.
Considerando: que los señores doctor Felipe Larrazábal
y Blas Bruzual han prestado en la presente época servicios de importancia a la República Dominicana, por
medio de sus escritos en Caracas, el primero; ya con
su influencia, y como ministro plenipotenciario de la
República de Venezuela y Washington, el segundo.
Considerando: que el Gobierno de la República, estimando esos servicios de republicanismo y de interés por
nuestra patria, cumple hacer la manifestación de que
sabe apreciarlos;
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
269
D E C R E T A:
Artículo único. El gobierno de la República Dominicana
emite un voto de gracias y de expresión de la gratitud
nacional, para los señores doctor Felipe Larrazábal y
Blas Bruzual, por los servicios que han prestado y continúan prestando a esta República, en su actual contienda con la Nación Española; debiéndose trasmitirles el
presente decreto por medio de nuestro ministro plenipotenciario en Caracas, señor doctor Melitón Valverde,
dándosele la publicidad legal.
Dado en la sala del despacho del Gobierno, refrendado
y sellado por nuestro ministro de Relaciones Exteriores
y secretario general, sellado con el sello de la República.
Santiago de los Caballeros a 21 de septiembre de 1864,
21º de la Independencia y 2º de la Restauración. El vicepresidente, Ulises F. Espaillat. El secretario general,
ministro de Relaciones Exteriores, Manuel Ponce de
León. Es copia conforme: el oficial mayor de la sección
de Relaciones Exteriores, D. A. Rodríguez hijo.
En 7 de noviembre el doctor Larrazábal contesta al doctor
Valverde con la siguiente carta, la cual concluye con una cita de
Bolívar que no transcribimos:
Señor:
He tenido la honra de recibir su nota de ayer, y en
ella el decreto del gobierno de la heroica República
Dominicana, en que expresa su voto de gracias y de gratitud nacional a mi persona por los servicios que hago a
la causa de la América en la Independencia y Libertad
de Santo Domingo.
Si algo puede, señor, envanecer a un hombre que no
sabe lo que es orgullo, es esa expresión agradecida
de un pueblo generoso que lucha contra el poder
270 Carlos Larrazábal Blanco
tiránico, y, que se hace cada día más digno del amor
y de la admiración del mundo. Yo he querido solo llenar mi deber, y aun en esto me ha parecido haberme
quedado corto. Eminentes talentos, profundo saber,
y varonil elocuencia son necesarios para sostener
dignamente la causa de los pueblos e ilustrar a los
propios enemigos manifestándoles la senda de la razón y de la justicia que debieran seguir en un siglo de
luces y de emancipación. Así lo hicieron con suceso
en tiempo de nuestra heroica lucha con la España el
abate de Pradt, Arzobispo de Malinas, el honorable
Henry Clay, de la Cámara de Representantes de los
Estados Unidos, el coronel Duane, editor de Aurora de
Filadelfia y otros; pero yo, sí reconozco poseer en mí
aquel propio perseverante anhelo en favor de la independencia del mundo de Colón, no tengo los talentos
necesarios, y apenas puedo alzar mi débil voz. Sin
embargo, la alzaré siempre, cada vez que se ofendan
los derechos de nuestra América, no importa el lugar,
desde el Labrador hasta 1a Tierra del Fuego, y estaré
pronto a condenar la agresión.
La América es una, señor ministro; una debe ser la patria de todos los americanos, y cumpliendo el voto del
Libertador, hemos debido ya apresurarnos con el más
vivo interés a entablar el pacto americano, que formando de todas nuestras Repúblicas un cuerpo político,
presente la América al mundo con un aspecto de majestad y de grandeza sin ejemplo. La América así unida
podrá llamarse la Reina de las Naciones y la madre de
las Repúblicas.
Yo sigo trabajando. Ruego a Ud., se digne decir a su
gobierno, que mi pluma será incansable en la emancipación de Santo Domingo. Sirviendo a los intereses de
aquel heroico pueblo, sirvo a la América; ¡y quién lo
creyera! sirvo también a la España […].
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
271
La tragedia domínico-española sigue. Corre sangre hispana, noble y heroica, de ambos bandos. Los militares españoles
luchan por el honor de su bandera. Los dominicanos luchan
por su libertad republicana y política. El clima castiga. La volante guerrilla en la manigua mata y derrota. Hay días de gloria
para los dominicanos. El capitán general Gándara cree en el
Cid Campeador porque ve pelear al dominicano Juan Suero.
El patriota puro vence del dominicano tránsfuga por conceptos de honor militar cuando el general Tenares mata en batalla
singular al valentísimo general Juan Contreras: es el símbolo del
dominicano superándose a sí mismo. Un niño en la Capital se
pelea con un sargentón español y es herido de sable. Un militar
hispano lo acoge y le dice al oído: «haces bien en pelear porque
nosotros le estamos tirando a tu bandera». (Este noble militar
muere más tarde heroicamente en Cuba por el honor de su bandera española). Al fin parece que se acerca la hora del triunfo.
En Venezuela se dice que Gándara trata con los dominicanos a
base de quedarse España con Samaná. Larrazábal se indigna, y
oponiéndose a tal condición, escribe: «se nos dice que Gándara
consiente, a nombre de la España, en abandonar todos los puntos de la isla, a excepción de Samaná […] Ni Puerto Plata, ni
Monte Cristi, ni Samaná […] Nada, siga la güera y perezca todo,
más bien que consentir en lo que la posteridad llamaría mengua
y deshonra».
Los españoles abandonan a Santo Domingo. El Federalista,
en su número 511, anuncia el magno acontecimiento. Con caracteres grandes, inusitados, titula su editorial de ese día: «Triunfo
de la Libertad. España abandona a Santo Domingo». El texto
termina felicitando al Dr. Larrazábal por el triunfo de la causa
que había defendido con tanta vehemencia. El Dr. Larrazábal ya
no era redactor para la fecha.
Los deseos del padre Pereira, en su discurso del 21 de marzo
de 1861 en San José de Ocoa, se habían cumplido: «Guarde esa
tumba y haga sus milagros el redentor estandarte de la Cruz».
272 Carlos Larrazábal Blanco
Nota del autor:
Este trabajo fue publicado en El Universal de Caracas, en
dos ediciones del mes de junio de 1935.
Hemos creído oportuno, porque completa el relato
que hemos hecho, copiar el decreto por el cual la República
Dominicana expresó sus gracias al Dr. Larrazábal, por su actuación en pro de nuestra independencia.
Otras ligeras modificaciones han sido introducidas que no
afectan el fondo del trabajo.
Clío, Año VII, Núm. 35
(mayo-junio de 1939).
Estudio histórico*
6
Señores:
Secretario de Estado de Justicia, Educación Pública y Bellas
Artes, ad hoc,
Señor Arzobispo de Santo Domingo,
Señores Ramírez de Arellano y demás miembros de la Misión
Cultural de la Universidad de Puerto Rico,
Señores académicos.
Señoras y señores:
Por disciplina y por amor me cabe la singular distinción
de dirigiros la palabra en esta sesión pública de la Academia
Dominicana de la Historia. Por disciplina, digo, porque mi
presencia aquí es mandado del instituto académico al cual pertenezco. Por amor, dije, porque es ventura para un espíritu enamorado de las glorias pasadas de su pueblo y de su raza, hablar
de ellas. De su pueblo, que es español, porque fue la recia estirpe
que lo engendró, y de su raza, la española, que hizo sementeras
por todos los caminos del mundo con su sangre y su pasión.
* Trabajo leído en la sesión pública celebrada por la Academia Dominicana
de la Historia el 30 de diciembre de 1939 en honor a la misión cultural de
la Universidad de Puerto Rico, presidida por el Dr. Rafael W. Ramírez de
Arellano. (Nota del editor).
273
274 Carlos Larrazábal Blanco
He de hablaros, aunque con marcada insuficiencia, de la
época colonial españolense. Sucintamente, he de tocar diversos
asuntos. Voy a efectuar un vuelo panorámico, por encima de la
historia primera de Santo Domingo, pero vuelo que se hace en
un avión de paz. Muchas veces mi catalejo no sabrá descubrir,
pasaré muy alto o con velocidad vertiginosa, se rasgará más de
una vez el ala de la imaginación, el buen juicio faltará y la torpe
razón será el timón que gobierne por rumbos desusados o mal
orientados. Pero me conformaré con que mi nave no sea abatida
por la certeza de los disparos de tierra.
¡Cuidado, que mi nave es de paz!
***
La colonización de la Isla Española comienza en las postrimerías del año 1493 con la fundación de la Villa de La Isabela.
No se descubre desde un principio un plan científico preconcebido y predeterminado. Lo intuitivo impera, la improvisación
campea. La Isabela no resulta, pues, una primera célula colonial
que sirva de patrón.
Llegan las naos como nuevas arcas bíblicas abarrotadas de
especies animales útiles al hombre que no existían en la isla, así
como especies vegetales fundamento de futuros cultivos. Llegan
obreros de todas clases y hombres dispuestos a labrar la tierra.
Pero la mala organización produce sus frutos. Los Colón no
son buenos administradores, enferman los españoles, mueren,
se fugan o se sublevan, y el intento perece. A este cuadro contribuye el descubrimiento de las minas de oro del río Haina.
Después de algunos años, de La Isabela no queda ya sino una, al
parecer, remota tradición. La Isabela envejeció antes de tiempo
en el concepto popular. Los monteros perdidos por las soledades aledañas creían oír sonidos de campanas lejanas, lamentos,
quejidos, y se aparecían a su imaginación consternada, trasgos
y fantasmas. La leyenda de los descabezados de La Isabela ocupó largo tiempo la atención de los primeros colonos: un grupo
de hombres de la corte con sus capas y tocas de caminantes
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
275
establecieron conversación con unos monteros perdidos por
aquellas soledades y al quitarse los sombreros para saludar, las
cabezas de los cortesanos separáronse de los troncos.
***
La fundación de la ciudad de Santo Domingo en 1496 marca la iniciación de una segunda etapa en los ensayos de colonización, pero un problema arduo se presenta y es la insurrección
del alcalde mayor Francisco Roldán. Esto, y el oro, resultan óbice
de importancia que se aúna a la incapacidad de los Colon y del
comendador Bobadilla. Este acogió a los revoltosos roldanistas,
consintió a los desocupados de la Isla, puso mal gobierno en el
acopio de oro y la colonia estuvo casi en las manos de hambreados y desarrapados en lo físico y en lo moral.
***
Los albores del siglo xvi, sin embargo, se presentan prometedores porque viene al gobierno de la Isla un hombre de perfiles de estadista, frey Nicolás de Ovando. Afianza la conquista
de la Isla, aunque, a la verdad, con escaso valor heroico; funda
ciudades en los puertos de mar y en tierra adentro; explora las islas comarcanas; traslada y fomenta la ciudad de Santo Domingo;
interviene en el laboreo metódico de las minas y en el desarrollo
de la agricultura; interviene en el proceso de aumento de población de la Isla de modo que no excediera a la que en realidad
podía sostenerse; se opone a la introducción de negros africanos.
Ovando tiene virtudes raras. A pesar de su mocedad, no
quiere ser el Antonio de la Cleopatra indiana, Anacaona, y al dejar el gobierno de la Isla pide dinero a préstamo para embarcarse.
El esplendor que se inicia con Ovando en la vida colonial lo
pinta el tesorero Santaclara. Este oficial real llevó su vida privada
al mayor grado de bonanza posible en aquella época. Buena y
cómoda casa, buen servicio, buena mesa, con buen pan y excelente vino. Las fiestas se sucedían unas a otras, y en una, la de
276 Carlos Larrazábal Blanco
más fausto, en la mesa, en vez de sal los invitados se sorprendieron con los saleros que no contenían sino oro en polvo de las
minas recién aprovechadas.
Santaclara era muy amigo de Ovando, pero esto no fue obstáculo para que se le tomara residencia, le encontraran culpas
y pecados, se le suspendiera en sus funciones y se le obligara, a
expensas de sus bienes, a reponer la suma que se filtrara por sus
manos de sibarita y gran señor. Cuando sus bienes se pusieron
en pública almoneda, el propio Ovando hacía subir las pujas
ofreciendo el incentivo de dulces piñas, las primeras que se obtenían en las Indias, la piña indiana de que habla la Villana de
Vallecas.
***
La colonización de la Isla Española tiene para la historia de
España y de América singular trascendencia. Todo un régimen
se pone en ensayo. Toda la vida de un pueblo de civilización
secular, de lejana y compleja estructuración histórico-social se
quiere trasplantar a un medio nuevo, a un ambiente extraño y
salvaje, donde la estructura política y social es primitiva, la historia no se ha hecho, y donde la fauna y la flora son nuevas, y
los bosques vírgenes. Pero España trasplanta su civilización, no
funda factorías. En el fondo no es empresa comercial lo que emprende sino empresa superior, empresa espiritual. No explota
para sí la venturosa isla que descubrió el genio de Colón, sino
que, más bien, de sí, y la isla no es sino un jirón de la Madre
Patria. No podía ser de otra manera porque el genio español es
eminentemente espiritual, sincero, leal consigo mismo.
***
Desde los primeros tiempos de Santo Domingo es «llave, puerto y escala de todas las Indias» como dijera Felipe II,
escala, puerto y llave no solo en un sentido directo sino también en el simbólico, en cuanto al orden político, religioso,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
277
jurídico, intelectual, es decir, en cuanto al orden civilizador,
en cuanto al orden filosóficamente histórico. Aquí, en Santo
Domingo, la civilización de América meció su cuna de noble
origen hispano. Mercaderías que van y vienen; bajeles que
llegan de regiones lejanas y bajeles que se van para quizás no
volver jamás; soldados que alancean a los tristes indios; frailes
que rezan y enseñan; trabajadores que sacan de la entraña de
la tierra veneros de oro; que siembran la dulce cañavera o que
andan por los hatos y corrales apacentando ganados, en menesteres de ordeño o preparando requesones; hombres cultos
que tratan de leyes y de los asuntos de la justicia y la política,
del arte y la poesía; ideas que nacen, ideas que se contradicen
y combaten. Todo eso, que es la primera fragua de la civilización hispana en la América, es el calor que irradia en todo el
nuevo continente.
De Santo Domingo parten las expediciones que han de establecer en las demás Antillas y en Tierra Firme, el pendón de los
Reyes Católicos. Parten los religiosos que han de plantar la cruz
de Cristo en nuevas y apartadas regiones, y su Real Audiencia
imparte justicia por todos los ámbitos. Tierra de llanos, al nivel
del mar, se hace, sin embargo, nido de águilas: Juan Ponce de
León, el de la tierra de San Juan Bautista y de la fuente de la
eterna juventud en Biminí; Diego de Velázquez, el fundador de
ciudades que conquistó a Cuba; Hernán Cortés, escribano en
Azua, que destruye un imperio, una raza, una civilización y pone
los cimientos de una gran nación; Pizarro, sujeto sin relieve
en Santo Domingo, que en la isla del Gallo determina rumbo
a la grandeza y poderío del Imperio Español; Vasco Núñez de
Balboa, sempiterno endeudado de la Colonia que se fuga de polizón para más tarde entrarse en el mar Pacífico, el agua hasta las
rodillas, para tomar posesión de él y de todas sus tierras e islas en
nombre de los Reyes Católicos, sus señores; Pedro de Alvarado,
hambreado en Salvatierra de la Sabana, que oculta la Cruz de
Caballero de Santiago por no deshonrar su orden, se pelea con
Nuño de Guzmán, para luego ambos, Ojeda, el recio, y Diego de
Nicuesa, el decidor y de buen parecer, que en las Cuatro Calles
278 Carlos Larrazábal Blanco
cruzan sus espadas por celos en una empresa que a los dos ha de
ser desgraciada.
***
Ya hemos dicho que España no hizo de Santo Domingo
una factoría. Sus procedimientos fueron civilizadores por medio
del trasplante de su vida municipal, su vida jurídica, y su vida
cultural y religiosa, desde luego, con las variaciones y acomodaciones que convenía al medio ambiente y a lo lejano del centro
principal. La organización del trabajo fue algo que tuvo que
proceder por medio de ensayos y tanteos y tuvo que inventarse
algo frente a la necesidad de utilizar todos los brazos hábiles: los
brazos del indio, los del negro, los del blanco. La utilización de
los indios y de los negros trajo por consecuencia un factor, que al
estudiar la organización es necesario enfocar con detenimiento.
El trabajo del indio es de sumo interés porque no solo afecta al
desarrollo económico de la Isla sino que da lugar al nacimiento
de ideologías que fueron los primeros productos espirituales de
la colonización, tal como la tesis que sustentaba que los indios
debían ser libres.
Esta tesis triunfó moralmente, pero como era empresa
civilizadora la de los Reyes Católicos, los indios no habrían de
quedar señoreados de la Isla y señeros en ella, como estaban en
las épocas precolombinas. Ya los Colón, Cristóbal y Bartolomé,
los habían puesto a trabajar y siguieron trabajando por algún
tiempo en empresas mortificadoras: el laboreo de las minas y al
acarreo de cargas a cuesta, que fueron los dos géneros de trabajo
que primero fueron reglamentados.
Los indios fueron declarados libres, repetimos, pero había
que compulsárseles al trabajo y al estudio, canales que habían
de conducirlos a un estado de civilización superior. La intención
oficial fue buena y estaba tocada de verdadera intuición pedagógica, pero en la práctica los indios en encomiendas fueron
verdaderos esclavos y a pesar de las reales cédulas siguieron
siendo bestias de cargas y siguieron laborando las minas. Para
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
279
que no continuasen acarreando mercaderías de un lugar a otro
hubo prohibición real en 1511 para la Española, Jamaica y San
Juan, pero en esta última Juan Cerón y Miguel Díaz, pretextando
que la tierra era áspera y carecía de caminos, lograron que el rey
les permitiese que cargaran las espaldas de los naturales con un
peso de 25 libras. En esta oportunidad fueron enviados a nuestra
isla 150 asnos, entre machos y hembras, a los cuales debía encomendárseles el acarreo de mercaderías.
Al mermar los indios, los negros se hicieron necesarios, y se
estableció en la Isla el régimen de esclavitud legal para el trabajo. Medidas diferentes fueron tomadas, a través de los años, por
la metrópoli para la reglamentación del comercio de negros, el
trabajo que debía desempeñar y el trato que había de dárseles,
hasta cristalizar en la «Real Cédula sobre la educación, trato y
ocupaciones de los esclavos en todos los dominios de Indias y
Filipinas» dada en Aranjuez el 31 de mayo de 1789, y firmada
por el rey Carlos IV.
Pero el trabajo no solo estaba desempeñado por indios y
negros, sino que el brazo blanco también fue factor en las empresas mineras y agrícolas de la colonia. Con este objeto desde
un principio se dieron facilidades para que se trasladaran españoles. Conocidas son las concesiones hechas al propio Almirante
y a Luis de Arriaga, en este sentido.
En Santo Domingo el ensayo social acerca del trabajo de los
indios fue cada vez tomando un carácter más humano, pasando
por la muy interesante práctica de comunidades libres, puestas
en obra por los Padres Jerónimos, hasta que la raza desapareció. Ya sabemos que en otras partes de América, donde la raza
subsistió, el trabajo de los indios tomó otras formas, tal como el
«quatequil» en México y la «mita» del Perú.
***
El trabajo agrícola debió ser lo fundamental para el desarrollo económico de la colonia, pero en los primeros tiempos
no fue esto así pues el afán de oro fue la mayor preocupación
280 Carlos Larrazábal Blanco
de los españoles y su más lucrativa ocupación. La agricultura
al fin se impuso porque la tierra fue avara de su oro que aún
guarda en sus estratos. El principal cultivo llegó a ser la caña
de azúcar. Muchos fueron los trapiches movidos por caballos y
por la fuerza desarrollada por los ríos. Este cultivo llegó a sumo
esplendor en el citado gobierno de los Padres Jerónimos. Pero
no solo la agricultura se dirigió hacia la explotación de la caña
de azúcar sino que cultivos menores servían de sustento a la
población y otros, como el jengibre y la cañafístola, eran útiles
para la exportación. Más tarde los cultivos de café, cacao y tabaco, se iniciaron y han llegado a ser, como es sabido, junto con
la caña de azúcar, las principales riquezas agrícolas de la nación
dominicana.
Otro trabajo que tomó importancia fue el pecuario. En los
hatos y sabanas pastaban ganados que sustentaban la colonia y,
con licencias especiales, se exportaban a las islas vecinas. Señora
hubo, doña María de Arana, quien donó los solares necesarios
para la iglesia y convento de las monjas de Regina Angelorum,
que se hizo célebre por la abundancia de ganados. Como derivado de esto el comercio de pieles curtidas fue próspero. La
tradición ganadera siguió por largos años en Santo Domingo.
Llegó ocasión en que la parte española de la isla era ganadera,
en contraposición con la parte francesa que era esencialmente
agrícola. El ganado que se vendía a los franceses salvaba la situación empobrecida de la colonia mientras más riqueza agrícola
desarrollaba la parte occidental.
***
El intercambio comercial de productos hubo de existir
desde un principio siendo de las primeras líneas de exportación
de azúcar y las pieles. El comercio no fue nunca liberal. Solo a
un lugar de España debían llegar los productos de la Isla y de
ese mismo lugar debían salir las naos cargadas de mercaderías, y
ese lugar era Sevilla. Santo Domingo no podía tener relaciones
de comercio con otro puerto de España ni tampoco con otras
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
281
partes de la América. Sin embargo los Reyes concedieron de vez
en cuando ciertas liberalidades a estos respectos. Además de estas exigencias las mercancías pagaban derechos de exportación
y de importación, tanto en España como en Santo Domingo.
Los derechos de importación en este último ascendían a 7 ½%
ad valorem.
Los magnates de la colonia, bien porque conviniera a sus
intereses o bien porque lo creyeron pertinente al desarrollo
de ella, en repetidas ocasiones estuvieron en desacuerdo con
las cédulas reales que imponían cortapisas al libre comercio
y muchas obtuvieron transitoras concesiones liberales. La
política comercial de la Metrópoli en América fue en verdad
de poco provecho, pero entraba dentro de un hábito de la
política de los Reyes. Dice un autor moderno: «El absolutismo real por cuyo establecimiento se esforzaron tanto en la
Península, encontró en el hemisferio occidental un terreno
propicio en su completa y lógica manifestación, libre de todas las tradiciones y costumbres de las antiguas comunidades.
La tasa de precios, los barcajes en el río de Santo Domingo,
el derecho de botes pescadores, el comercio de monopolio,
el suministro de ornamentos para las iglesias, todos estos e
innúmeros capítulos semejantes dependían de la decisión de
la Corona». No podían esperarse, pues, liberalidades en un
comercio que tampoco en la Madre Patria estaba exento de
almojarifazgos, portazgos, barcajes, alcabalas, etc. Esta política
fue contraproducdente, pues, no solo era atentatoria contra
un eficaz progreso colonial, sino que dio lugar al comercio
clandestino, puesto que de alguna manera habían los colonos
españolenses de dar salida al exceso de sus productos y de
dar cabida en la colonia a artículos que no traían las naves
españolas que salían de Sevilla. Notemos de paso cómo surge
en Santo Domingo otra ideología. Antes se había dicho: «los
indios son hombres libres», ahora, por razón de índole económica, se dice: el comercio debe ser libre.
***
282 Carlos Larrazábal Blanco
Siempre fue el cabildo español algo típico y característico
de la vida político-social de la Metrópoli española, era natural,
pues, que lo trasplantasen a las Indias. En esto eran los españoles
asaz cumplidores y legalistas. Ants de existir materialmente una
villa o ciudad ya debía existir el cabildo, es decir, la suprema
autoridad, la representación genuina, fiel y exacta de la ley y
la justicia. En 1514, pobres villorrios, de míseros caseríos y pocos habitantes que se titulaban villas y ciudades, y que al andar
de pocos años se les concedieron escudos de armas, tenían
establecidos en forma sus cabildos. Tales Compostela de Azua,
Salvatierra de la Sabana, Salvaleón de Higüey, La Yaguana, Lares
de Guahaba, etc.
No puede decirse que el cabildo españolense fuera una
escuela civil de prácticas democráticas con sus regidores perpetuos y nombrados por el rey y que eran, precisamente, los más
acaudalados e influyentes de la colonia, amén de que algunas
regidurías eran hereditarias. Pero no se puede negar que las que
hemos dado en llamar, en otra ocasión, «ideas liberales de los
fundadores de la Española», y un cumplido preocuparse por los
destinos de los pueblos, nacieron con esos municipios.
La no perpetuidad del gobernador; la reinstalación de la
Real Audiencia; la libertad general de comercio con todos los
puertos de España y de Indias; la libertad de comercio con los
extranjeros; franquicias de derechos de importación y exportación; el no arrendamiento del almojarifazgo (monopolio que
conducía a abusos en el avalamiento de los derechos); la libertad
de los extranjeros para avecindarse en la Isla; la disminución de
los derechos de oro y de otros derechos menores; la petición de
tierras para propios; la medida de que no tuvieran indios ningún ausente, el gobernador, los oficiales reales y sus respectivas
familias; franquicias para todo el que viniera a poblar; libertad
de tránsito entre Santo Domingo y España y las demás colonias
de América; la residencia del gobernador cada tres años; la visita
a la Real Audiencia; la elección por cada villa de su alguacil y de
su fiel; la acuñación de moneda en la propia Isla; el alza del valor
del oro a su tipo normal y otras cosas más, fueron peticiones
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
283
libremente hechas por todos los cabildos de la Isla, en el año
1518, en una reunión de delegados celebrada en la ciudad de
Santo Domingo y que se llamó Junta de Procuradores, como se
denominaban estas asambleas coloniales.
Para la constitución de esta Junta hubo elecciones en cada
ayuntamiento, no en el pueblo, sino entre los mismos regidores
para la designación del procurador local y la elección por dicha
Junta de un procurador que pasaría a España a pedir mercedes para la Isla. Por cierto fueron algo reñidas y alborotadoras
porque, para aquella época, estaba vivo el cisma de «servidores»
y «deservidores del rey» capitaneados los primeros por Miguel
de Pasamonte, tesorero real, y que iban contra los intereses de
don Diego Colón, virrey y gobernador, y los otros, por el juez de
residencia, Alonzo de Zuazo, y que dicho sea de paso y en honor
a la verdad, ni aquellos eran mejores «servidores» del rey que
de sus propios intereses, ni los otros deservían a su monarca en
grado que ameritasen aquel calificativo.
El primer Cabildo españolense, fundado, según el tipo de
Cabildo español, quizá sería el de Santo Domingo, en 1496.
Cuando Colón vino en su segundo viaje fue autorizado por los
Reyes Católicos para nombrar hasta tres regidores en las poblaciones que fundara, manera singular de constituir cabildo. No
recordamos, o no sabemos, si el Primer Almirante procediera
inmediatamente en La Isabela según esas instrucciones. Quizás
no, puesto que siendo hombre de mar poco sabría de los esatutos de tierra, o siendo hombre que aspiraba a la autoridad
absoluta no le vendría en ganas o no le convendría compartirla.
Al salir para Cuba nombra una Junta de Gobierno, encabezada
por su hermano Diego, y este puede ser prenda.
***
No puede prescindir un organismo social de la administración de la justicia. Al fundarse La Isabela se nombró un alcalde
mayor que era quien dirimía los asuntos de justicia en toda la
Isla. Este cargo recayó en el célebre Francisco Roldán, quien
284 Carlos Larrazábal Blanco
disgustado, con razones o sin razones, alzóse contra la autoridad
del Descubridor, armó alborotos por toda la Isla y produjo no
pocos daños materiales y morales al progreso de la colonia.
Más tarde, fundada ya la ciudad de Santo Domingo, fue
designado alcalde mayor Alonso Maldonado. Pero como se fundaran más poblaciones y un solo alcalde no fuera suficiente se
crearon dos alcaldías mayores, una con residencia en La Vega,
para la parte Norte de la Isla, y la otra con residencia en Santo
Domingo con jurisdicción en el Sur. No parece que los alcaldes
mayores tuviesen facultad para causas de apelación, y por esto,
probablemente, fueron designados tres jueces. Poco después, en
1511, nació la Real Audiencia. Tenía jurisdicción civil y criminal
y tenía la facultad de conocer todo lo concerniente a lo político y
administrativo. Es bueno recordar que los cabildos tenían ciertas
atribuciones judiciales.
Un escritor sudamericano, cuyos nombres y patria no
recordamos, apunta y hace la observación de que las actuales
nacionalidades americanas corresponden a las lindes de las antiguas Reales Audiencias. En efecto, al territorio de la Audiencia
de Santo Domingo corresponde la República Dominicana,
cuando su jurisdicción se redujo al mínimo y, bien pudiera considerársele más territorio, moral y simbólicamente; al territorio
de la Audiencia de Guatemala, corresponden a las Repúblicas
Centroamericanas; al de la Audiencia de Charcas, la República
de Bolivia. Audiencias tuvieron su asiento en Panamá, Caracas,
Santa Fe de Bogotá, Quito, Lima, Buenos Aires. No parece sino
que la Real Audiencia tuviera la misión social de educar en una
comunidad de intereses, de ir creando sentimientos superiores
a las necesidades civiles del Cabildo. La Audiencia despertaba
a la intuición de la patria grande, el Cabildo a la patria chica.
La Audiencia hacía la síntesis, el Cabildo era lo analítico. La
Audiencia integraba, el Cabildo, en cierto sentido, tendía a la
desintegración, al crear intereses lugareños, celos de aldea.
A partir de 1511, año de su fundación, la Real Audiencia
de Santo Domingo fue la Real Audiencia de las Indias, la
Real Audiencia del Nuevo Mundo. Su jurisdicción fue tan
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
285
dilatada como dilatados eran los dominios españoles. Fue la Real
Audiencia de las tierras descubiertas y por descubrir. Señora durante algunos años, la Real Audiencia de Santo Domingo, con
la muy noble y muy leal ciudad de Santo Domingo por trono y
cetro, rigió la Nueva España que estableció sobre las ruinas de
Tenochtitlan, rigió la Tierra Firme; rigió el Perú, que se estableció sobre el deshecho trono de Atahualpa.
En más de una ocasión las naos españolas salían del puerto
de Santo Domingo llevando providencias de la Real Audiencia
a distintos lugares de las Indias. Ya era la nave del licenciado
Lucas Vázquez de Ayllón, quien iba a poner paces entre Hernán
Cortés y Pánfilo de Narváez, en los preliminares de la conquista
de México; ya era la del capitán Fuenmayor que llevaba socorros militares al Perú; ya era la que llevaba al licenciado Zuazo a
varias misiones; ya la del licenciado Lebrón, la de Badillo, la de
Loaiza…
La Audiencia nombra gobernadores, dispone residencias,
explora los mares, ayuda a empresas de colonización y fundación
de ciudades. La omnipotencia de la Isla Española es patente. Su
Real Audiencia le imprime unidad moral y política a la conquisa
y a la colonización de un mundo y ese mundo ha de girar alrededor de su cabeza vivible y enhiesta: la ciudad de Santo Domingo,
«llave, puerto y escala de todas las Indias». Más tarde, en 1527
por necesidades imperiosas se disgrega el primer territorio de la
amplia jurisdicción de la Audiencia del Nuevo Mundo, al fundarse en aquel año la Audiencia de México. Después siguieron
otras erecciones: Panamá, Lima, Bogotá y por último Caracas,
en el año 1787, el último vástago que se fue del materno regazo,
la última oveja que abandonó el aprisco.
***
En las instrucciones que el 29 de mayo de 1493 los Reyes
Católicos dieron al Almirante don Cristóbal Colón con motivo
de su segundo viaje, aparece lo que se podría llamar el primer
plan educativo en la colonización de América. Plan, desde
286 Carlos Larrazábal Blanco
luego, puramente religioso y moral, que tenía por fundamento
la conversión de los indios a la fe católica, pero, por medio de
procedimientos persuasivos, suaves y amorosos. A esta obra debían contribuir todos, no solo el padre Boil, a quien se referían
las instrucciones: «Que todos los que en ella van y los que más
fueren de aquí adelante, traten muy bien y amorosamente a los
dichos indios, sin que les hagan enojo alguno, procurando que
tengan los unos con los otros mucha conversación y familiaridad
haciéndose las mejores obras que ser pueda».
Los Reyes siempre insistieron en este aspecto educativo
de la conquista, y cuantas veces hubo la oportunidad hicieron
hincapié en ello. Tal en 1497, en otras instrucciones al Primer
Almirante y en las dirigidas a don Diego Colón, cuando este vino
a hacerse cargo del gobierno de la Isla, y fechadas en 3 de mayo
de 1509. En estas últimas se pormenoriza mejor, conservándose
siempre el fondo moral de una catequización por medio del
amor. Ha de existir en cada población un eclesiástico que ha de
enseñar las cosas de la fe y proporcionársele un local adecuado
para que allí se junten todos los niños.
Más tarde se precisó mejor a estos respectos, y se amplió el
primitivo plan de estudios. Además de ordenarse la manera de
enseñar a los indios la doctrina cristiana se dispuso que todos los
españoles que tuviesen encomendados más de cincuenta se obligaban a enseñar a leer y escribir a los más inteligentes para que estos
a su vez enseñasen a los demás, es decir, una enseñanza mutua,
que después ciertos maestros europeos introdujeron como una
novedad en la pedagogía. Así también se dispuso que todos los
hijos de caciques hasta los trece años fuesen entregados a los frailes
franciscanos para que los adoctrinasen en la fe católica y los enseñasen a leer y escribir, por lo que vinieron a ser estos, antes que los
dominicos y los jesuitas, los primeros en ocuparse de la educación.
Producto de estas disposiciones fue el célebre cacique Enriquillo
que se educó con los franciscanos de la Verapaz y de quien parece
haber sido su principal maestro el conocido fray Remigio.
Pero no se quedó satisfecho con que los indios se aprendiesen la doctrina cristiana y más tarde supieran leer y escribir, sino
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
287
que se dispuso que también aprendieran gramática latina y otras
cosas de ciencia para lo que fue nombrado el bachiller Hernán
Suárez, clérigo, con pago de salario por la Real Hacienda. Esto
se previó por Real Cédula del 24 de febrero de 1513. En 1514
Suárez ejercía su magisterio y en virtud de que tenía «a cargo
enseñar a leer y escribir y gramática a los hijos de los caciques»
se le encomendaron tres naborias. Al bachiller Suárez debía
concedérsele el primer maestro de escuela de Santo Domingo
en el orden cronológico, según quiere nuestro amigo y colega el
licenciado Rodríguez Demorizi, y bien que tiene razón.
En 1529 el obispo y gobernador Sebastián Ramírez de
Fuenleal pidió a los gobernantes españoles la fundación de un
colegio donde fuesen enseñados en las cosas de la fe los naturales y los hijos de los españoles, a la vez que se les proporcionarían
maestros en todas las ciencias. Con las rentas de ciertas casas que
pedía el obispo-presidente se pagarían dos clérigos para adoctrinar indios y negros y alcanzaría pagar también dos bachilelres
para que enseñasen gramática, que con lo que personas particulares habían donado se podría pagar a quien enseñara artes
y teología. Con esto estaba el cuadro de asignaturas completo, y
pedía, al fin y al cabo, Fuenleal, la fundación de un colegio de
estudios generales o Universidad. El colegio se fundó, y fue el
primero de la Isla.
Clío, Año VIII, Núm. 39
(enero-febrero de 1940).
Discurso*
7
Señores:
Un mandato nos trae a este tribunal hoy, el de la Academia
Dominicana de la Historia, que celebra con fuerza de júbilo y
alabanza el centenario del natalicio de don Emiliano Tejera que
vino al mundo el 21 de septiembre de 1841.
Este mandato lo acogemos gustosos porque somos disciplinados y amamos todo lo espiritual.
Por deber y con amor, pues, comparecemos ante vosotros,
que nos vais a escuchar, y, además, para ungirnos con el sagrado
óleo del recuerdo de varón tan preclaro.
La personalidad de don Emiliano Tejera es suficientemente
conocida, no vamos, pues, a tratar de ella para descubrirla o para
señalarla.
En el corazón de todos los dominicanos debe existir un rescoldo de veneración para el hombre que fue un prócer ilustre y
excelso. Prócer, porque fue siempre activo propulsor e instigador de pensamientos y de cometidos nobles, al servicio de los
cuales puso una poderosa voluntad, una clara inteligencia y una
conciencia sana y recta. Prócer porque vino a ser cabeza visible,
jefe, dignatario del más acendrado civismo dominicano.
* Leído el 21 de septiembre de 1941, en el homenaje rendido por la Academia
Dominicana de la Historia a don Emiliano Tejera. (Nota del editor).
289
290 Carlos Larrazábal Blanco
Su personalidad es inconfundible, fuerte y sin contradicciones. Vivió siempre en la dirección de su «premisa mayor»,
y permítasenos la expresión y los conceptos de Aldous Huxley.
Nunca erró su propio camino. No se traicionó a sí mismo jamás,
y, por tanto, su vida nunca perdió sentido. No imitó premisas
mayores ajenas, no falseó su propia esencia personal. Nada en él
hubo de vida ficticia, nada en él de la tipología del poseur, nada
en él de fatuidad.
Mucho pudo en la formación de este arquetipo de persona
moral la fuerza biológica de sus ancestros y una propia fuerza
impulsadora de su espíritu autocreador por excelencia. Nada, o
muy poca cosa debe a las influencias educadoras de la escuela,
pobre y desmedrada en el lapso de su infancia, y a las influencias del ambiente que se debatía, a veces estérilmente, otras
apuntando errores, y otras con el sino fatal de lo trágico, por la
estabilización de una república democrática y libre.
Los fundadores de la progenie Tejera en Santo Domingo
fueron don Antonio Tejera, militar del arma de la artillería, natural de Zaragoza, y doña Manuela de Castro y Miranda, oriunda de las Islas Canarias, que se unieron en Santo Domingo a
mediados del siglo xviii. Un descendiente de este tronco, don
Juan Nepomuceno Tejera y Tejeda, casó con la virtuosa dama
Ana María Penson, hija del tronco fundado en los comienzos
del siglo xix por el marino inglés, natural de Londres, Nicholas
Penson, hijo de Thomas Penson y de Elizabeth Tripe, que casó
con Úrsula Herrera, hija de Pedro de Herrera y de Tomasina
de Frómeta, ambos de viejos abolengos criollos. Don Juan
Nepomuceno Tejera y doña Ana María Penson fueron los padres de don Emiliano.
Existen caracteres en la vida pública y en la vida privada
del gran dominicano, que nos enaltece hoy al proferir su nombre y tratar de él en este trabajo, que nos llevan a pensar en
la fuerza de la herencia. Existe cierta reciedumbre de alma en
la estirpe Tejera. Pensamos en la típica tozudez e intolerancia
españolas, en la apatía criolla y en la persistencia sajona. Pero,
en don Emiliano, por esa estructura propia espiritual que lo
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
291
conformaba, estas cualidades, dentro siempre del tono de aquella reciedumbre, cayeron del lado de lo bueno, lo bello y lo útil,
sesgaron hacia el camino de lo honorable, lo honesto y lo probo,
sublimaron en virtudes plenas de nobleza.
Por de fuera, para el común de las personas y para las gentes vulgares, y, aun para muchos que lo trataron de cerca, había
en don Emiliano mucho de huraño e intransigente. Lo creían
un hombre raro; y, precisamente, esto de raro fue, en vez de un
tildado, un calificativo justo. Ese concepto llevaba dentro de sí, a
la vez que una declaración de incapacidad para comprenderlo,
un transigir con su carácter, un tolerar, una especie de adivinar,
de vislumbrar los tesoros de aquel gran espíritu.
Considerada biológicamente, la personalidad de don
Emiliano corresponde a un fenotipo especialísimo, original.
Los genes Tejera, las fuerzas genotípicas de esa estirpe canarioaragonesa, a no dudarlo, han influido poderosamente así como
también las fuerzas genotípicas de las estirpes criolla y sajona,
únicamente que las situaciones vitales por las que atravesó no
ejercieron, en la creación de su fenotipo, sino influencias en
sentido contradictorio. Una revisión sincrónica del ambiente
histórico en que se desenvolvió harían fácilmente caer en la
cuenta de la verdad de este aserto.
Las fuertes y permanentes corrientes culturales que
educan a los pueblos y que crean ambientes propicios a los
grandes espíritus, no existieron en su época. De la oscuridad
de la dominación haitiana, pasó la Patria a estar a merced
de la ambición, la incomprensión y la falta de ideales de los
fuertes que tomaron a su cargo el manejo de la cosa pública.
De falta de ideales se asfixió muchas veces la República. Por
falta de espiritualidad en los que dirigieron, por una pésima
educación ancestral, ese conglomerado de valores que hacen
de todo pueblo un conjunto espiritual, es decir, costumbres,
moral, artes, poesía, ciencia, derecho, escuela, Estado, Iglesia,
no brindó al ilustre Tejera, en conjunto de fuerzas sintéticas y
armónicas, la savia vigorosa que aquel robusto tronco parece
sacó de dentro de sí mismo.
292 Carlos Larrazábal Blanco
Aquella tozudez e intolerancia injertada en su sangre
por sus progenitores de Aragón y de las Islas Canarias, se
transforman, sesgan, se geometrizan en su espíritu, y valga la
expresión, en una línea recta, en un triángulo o en un círculo,
donde, si es línea, existe una temeraria dirección de puntos
que siguen su sempiterno camino hacia la infinitud; donde, si
es triángulo, no se puede tolerar que la suma de los ángulos
sea mayor o menor que la de dos rectos; donde, si es círculo
no se puede transigir con que los puntos de la circunferencia disten desigualmente del centro. Y esto así, don Emiliano
protesta, cuando hay que hacerlo; dice la verdad, desnuda,
escueta, lacerante, cuando hay que decirla y a quien decirla.
Don Emiliano no tolera lo que se descamina de lo justo, lo
recto, lo exacto.
La apatía que corre por la sangre de sus venas, heredada de sus ancestros criollos, o que pudo ser enseñada y
alimentada por el ambiente circundante, aquel espíritu de
selección no la dejó asomar. Esa modalidad temperamental,
fisiológica, climática, se transforma en lo contrario, cuando
precisamente es necesario que se transforme, y aparece en él,
en vez de un simple y etimológico «no padecer», una vivaz,
sana y robusta pasión. El «¿para qué?» de la apatía jamás fue
su frase. No se dijo: «¿para qué una patria libre?» dejando,
a la vez, discurrir tranquilamente la idea santanista de la
anexión a España. No. Unos veinte años tenía entonces, y
se lanzó en la palestra restauradora. Protestó, no toleró, no
transigió, no claudicó, fue tozudo y con la pluma, como espada o banderín, se hizo trajinero de los más elevados ideales
de bien patrio. Nada de apatía en su espíritu sino todo pasión. Pasión para Tejera fue la Patria; pasión para Tejera fue
la personalidad del fundador de la República y Redentor de
la Patria, Juan Pablo Duarte; pasión para él fueron el estudio
y la sabiduría; pasión fue la vida del civismo; pasión fue la
santidad incólume del hogar.
Nuestro prócer dio una dirección distinta a lo que hemos
llamado «persistencia» al señalar en los Tejera un rasgo sajón.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
293
Pero, se puede persistir tanto en lo malo como en lo bueno,
así como en lo frívolo o de poco valor. En la persistencia del
inglés hay de todo. La persistencia inglesa funda un imperio
y con ello destruye, si hay que destruir, pero también crea y
dignifica la vida civil; la persistencia inglesa da, en los momentos en que vivimos, el ejemplo de un pueblo fuerte, heroico,
sufrido y ecuánime ante los embates de la más despiadada
guerra que ojos humanos hayan visto; la persistencia inglesa
en fin, permite que la frivolidad del aristócrata más recalcitrante, o la del simple burgués quede satisfecha plenamente y
a través de innúmeras generaciones. La persistencia en Tejera
es únicamente para todo lo que encierra un valor y para todo
lo que entraña un ideal. La persistencia genuina inglesa tiene
siempre un tono de egoísmo, la de Tejera es eminentemente
altruista.
Así, con este espíritu pasó don Emiliano Tejera por la vida.
Incomprendido muchas veces, pero siempre advertido. Y no
podía serlo de otro modo. El temple de alma que en él hemos
señalado es uniforme, matemáticamente constante. Así son su
esencia y su valer, pero existe en él, además, una estructura, una
forma poliédrica, proteica. Su alma era como foco de luz que
emitía ondas de diversas longitudes.
De haber vivido en los dichosos tiempos bíblicos, hubiera
sido un patriarca de luengas barbas y rudas sandalias, de cuya
boca el pueblo hubiera escuchado palabras santas, consejos llenos de sanidad moral; públicas reprobaciones, sabias profecías.
Y, como rezan los Proverbios, manzana de oro con figuras de plata hubiera sido su palabra por dicha cuando convenía; patriarca
fuerte hubiera sido, por sabio y de pujante vigor, por docto; su
enseñanza hubiera sido manantial de vida.
De haber vivido en la Edad Media, don Emiliano no
hubiera sido un señor de horca y cuchillo, ni un vasallo para
rendir pleito homenaje. Hubiera sido un monje hundido entre
pergaminos o infolios antiquísimos; perdido entre matraces y
retortas en busca de piedras filosofales o preparando recetas polifármacas. Hubiera pasado parte de su tiempo en el examen del
294 Carlos Larrazábal Blanco
movimiento de astros y planetas, en la consulta de horóscopos, o
componiendo tablas cronológicas.
De haber vivido en los tiempos actuales y en otro medio,
quizá su intelecto proteiforme lo hubiera llevado al complejo
plano de los estudios matemáticos y de la Filosofía y a ponerse
al servicio de los grandes problemas de la Física, la Química, la
Biología, la Economía Política, la Moral, además de que hubiera
sido un decidido campeón de la paz universal y la mutua comprensión de las naciones y los pueblos.
Don Emiliano fue un sabio, y sabio por la fuerza de su espíritu y de su mente. Fue un gran autodidacta que se dirigió por
todos los caminos. No sistematizó estudios en universidad alguna, ni lució en las paredes de su casa diplomas profesionales. Él
fue para sí mismo, su propia Schola, su propio Studium, su propia
Universitas, porque él eligió sus propias disciplinas, sistematizó,
a su modo, sus propios estudios; y, porque en él mismo se corporizaron el maestro y el estudiante y porque él fue lo unum y
lo versum.
Nunca ostentó un título de abogado, sin embargo fue
hombre de leyes, fue miembro de legislaturas y de asambleas
constituyentes. Fue legislador, pero no solo en el sentido político y constitucional de la expresión, sino en el que dice el
hombre que en su hogar prepara leyes para el pro común y
son llevadas al Congreso. No estudió para ninguna profesión
en la cual incumbieran las matemáticas, sin embargo preparó
una tabla dominicana de pesos y medidas y su equivalencia
dentro del sistema métrico decimal. No fue licenciado ni
doctor en Medicina, y sin embargo conoció las propiedades
de drogas vegetales y minerales, y a su hogar iban los padres
de familias a consultarle acerca de asuntos médicos. Sin fungir de dómine filólogo hizo un inteligente acopio de voces
indígenas. Teniendo siempre por acicate la justicia y la verdad fue, quizá sin proponérselo, un escritor y un historiador,
y siempre que ejerció estos nobilísimos ministerios lo hizo
con grandeza porque lo hizo con sinceridad, con ciencia y
con amor.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
295
Don Emiliano ejerció en nuestra sociedad, por esa fuerza
de esencia que tenía, y porque su naturaleza era de orden universal, un verdadero patriarcado. A su casa iban jefes del Estado
a oírle respecto de asuntos graves de la cosa pública; los políticos,
a pedir consejos y orientaciones; los legisladores a pedirle leyes;
los padres de familia a pedir salud. Era llamado a las actividades
del gobierno a título de capacidad técnica y moral. Por su casa
pasaban los idealistas, los que amaban a la Patria y a sus héroes,
los que amaban la Historia.
Todos iban a oír de labios del sabio y del profeta una sentencia, un consejo, un consuelo o un reproche.
Y todos iban a escucharlo a su hogar. Ese hogar que era para
él santuario y palestra, escuela de civismo e inmaculado baluarte
del más puro patriotismo.
Y todos pudieron haber comprendido que aquel hombre,
que en nada amó la frivolidad, que tomó siempre la vida por
el lado serio y de responsabilidad, sufría su tragedia interior,
rumiando en los apartamientos interiores de su casa y en los
recoldos de su espíritu los dolores y fracasos de la Patria, que los
hacía sus propios dolores y fracasos.
Y todos pudieron percatarse que aquel hombre, aquel patriota, aquel justo y amador de la verdad, no solo tenía ideas
sino ideales, y que estos, a través de la criba de su intelecto, su
moral y su civismo, constituyeron su pensamiento vivo que se
sintetizó así:
La Patria debe ser libre y soberana, culta y amante de
sus leyes, de sus instituciones y de sus tradiciones;
Los límites de la República son los que corresponden
a la denominada antigua parte Española de Santo
Domingo;
Los restos del Primer Almirante don Cristóbal Colón
descubiertos en Santo Domingo son los auténticos despojos mortales del Gran Descubridor;
Juan Pablo Duarte es el Padre de la Patria, el fundador
de la República y su más esclarecido y puro prócer.
296 Carlos Larrazábal Blanco
Elevemos hoy, señores, nuestros pensamientos fervorosamente hacia tan ínclito repúblico. Exultemos su memoria,
tengamos su civismo por hecho heroico de la más elevada proceridad y afinquemos en nuestros espíritus la esencia y valor de
su personalidad.
21 de septiembre de 1941.
Clío, Año IX, Núms. 49-50
(septiembre-diciembre de 1941).
Pbro. Rafael García Tejera
Discurso leído la noche del 4 de mayo de 1941,
en el templo de San Carlos, con motivo de celebrarse
el centenario del nacimiento del ilustre sacerdote.
A
medidos del siglo xvii, según refiere la historia que de las
islas Canarias escribió Viera y Clavijo, la calamidad del hambre
azotó a esas entonces desafortunadas islas, flagelo que provino
de grandes y continuadas sequías, y de innúmeras nubes de langostas que hasta la saciedad consumieron todas las plantaciones.
Sus habitantes, movidos por estas desdichas, dejaron sus
lares patrios y se acogieron al refugio de otras islas y países, para
buscar el bienestar perdido. Muchas familias se trasladaron a
América, la siempre virgen América. En 1685 ya las había en
Santo Domingo. Entonces se les dio asiento en una región a orillas del Ozama y muy cercano a los términos de la ciudad capital.
Pero, mal comienzo hubo de experimentar la inmigración.
Muchos de sus miembros enfermaron y murieron. La mortalidad de niños fue notable y tal era la miseria, la desesperación o
la tozudez de algunos canarios, que exponían a las puertas de la
Catedral los cuerpos exanimes de sus hijitos. El 24 de abril de
aquel año se hallaron dos niños muertos, los primeros quizás;
el 24 de junio tres más, y en totalidad, de abril a septiembre,
unos quince hallazgos de esta índole. El arzobispo Fernández de
297
298 Carlos Larrazábal Blanco
Navarrete escribió al Rey en esta triste ocasión: «Ha sido el Señor
servido de havernos regalado este año con muchas enfermedades, muertes y aguas, de los isleños han acabado gran número».
Más tarde el rey Carlos II les dio a los isleños asiento definitivo y se fundó el pueblo de San Carlos de Tenerife, cuya vida
ya va para largo, con unos doscientos cincuenta años, algo más
que menos.
Los isleños canarios que fundaron y poblaron a San Carlos
eran amantes del trabajo, del hogar honesto y de las buenas
obras: santos de cuerpo y de corazón eran. La honradez y la lealtad fueron escudos de sus actividades del espíritu. En verdad que
eran tozudos, con esa tozudez propia de todo buen español y de
todo buen isleño. A este respecto bueno es recordar la expresión
del obispo Navarrete, protector decidido de estos inmigrantes
y principal propulsor de la fundación de la villa de San Carlos,
es decir persona que les era afecta, en la ya citada carta donde
se refieren las enfermedades, y muertes: «verdad es que se han
portado como gente sin razón». Y cabe pensar que aquello de
la exposición de cadáveres de niños a las puertas de la Catedral,
hacía decir así al bueno del arzobispo.
Los primeros tiempos del pueblo fueron malos.
Principalmente, se dedicaron sus pobladores al cultivo de las
tierras que les repartieron, pero, muchas veces, con mala fortuna. Huyeron de Canarias para encontrar en Santo Domingo
dificultades grandes. Muchas familias vivieron siempre en la
miseria. Muchos enterramientos habían de hacerse de limosna.
A pesar de la bonanza del clima en la región asignádales muchos
enfermaban de muerte, bellísimas doncellas y apuestos mancebos morían en la flor de la edad y en el frutecer de las ilusiones.
Matrimonios hubo que perdieron sus hijos uno tras otro en corto espacio de tiempo.
Andando el tiempo las cosas mejoraron. La selección se fue
efectuando. Los más inteligentes, los más fuertes y emprendedores, a mucha lucha iban venciendo. Alrededor del año 1720
vinieron a la isla nuevos aportes de familias, de las cuales algunas
quedaron en San Carlos. Para 1740 la iglesia que hoy benévola
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
299
nos acoge al reunirnos en torno a la memoria de un ilustre sacerdote, el padre Rafael García Tejera, de prosapia isleño-sancarlense, ya se había comenzado. La población de blancos ascendía
para entonces a unas 653 personas. El trabajo agrícola de la villa
abastecía a la Capital de frutos menores para el diario sustento.
Para mediados del siglo xviii, estaba en plena floración el
asiento isleño. Algunas de las familias que primero llegaron, y
las nuevas, lograron estabilizarse económica y socialmente, y
muchos de sus miembros llegaron a ser dirigentes notables de
la villa.
En la vida de cabildo, en la vida militar y la de la justicia,
nombraremos al regidor don Juan Díaz de Morales, al teniente
coronel don Juan Martín de Abreu, casado con Isabel Rodríguez
de Mota y que murió en 1708; los capitanes Fiallo, Lorenzo Díaz,
don Salvador Álvarez, los tenientes Pedro Enríquez y Lázaro
Abreu, muerto este último en 1782 y que había casado con
Catalina Díaz de Peña; los alguaciles mayores don José Bello y
don Fernando de Mota; los alcaldes don Luis Rodríguez y don
José Abreu; el alférez real don José Martínez Fajardo.
Entre las familias de esa centuria se cuentan de apellidos
diferentes a los citados: Hernández Betancourt, Pérez Guillama,
Alonso Gómez, González, Ravelo, Arvelo, Gurrola, Pereyra,
Cairos, Delgado, Rodríguez de Vergara, Álvarez, Fuentes,
Correa, Cidrón, Guerra y otras muchas que no es del momento
citar. Unas estirpes han desaparecido, otras persistido y dado a la
Patria soldados que fundaron la República, políticos conspicuos,
presidentes del Estado, oradores, poetas, artistas, sacerdotes,
hombres de ciencia.
No todos los isleños de San Carlos quedaron indefinidamente en su villa sino que se extendieron a la Capital y diferentes lugares del país, principalmente Baní y sus aledaños, Yaguate,
San Cristóbal. De modo que de esta «loma» bajó sangre blanca y
sana por el torrente circulatorio de la Capital y aquellos lugares,
y con esa sangre bajó también un espíritu nuevo que al contacto con el nuevo ambiente y con su cultura, obró milagros. La
tozudez se transformó, se estilizó, por así decir, en rectitud de
300 Carlos Larrazábal Blanco
carácter y valentía personal; el amor al terruño y a las tradiciones
y a la raza, en amor a España, en odio al haitiano, en el patriotismo genuino de tantos que dieron su empeño y su sangre en
los campos de batalla de la República; la ingenuidad, candor y
bondad primitivos, en las virtudes de crisol del padre García; el
temperamento acucioso y averiguador, en la ciencia de muchos
descendientes; el oculto subconsciente artístico en la melodiosa
garganta del padre Santiago Díaz de Peña, en las líricas canciones de trovadores ya olvidados, en el estro de muchos poetas.
***
Entre las familias canarias de aquella época hay que contar la fundada por Juan García, que casó con Ángeles o Ángela
Ravelo, la que era hija de Tomás Ravelo y Francisca González y
que nació en 1749. Este García no sabemos a ciencia cierta si era
nacido en Canarias o en San Carlos. Desde 1685 hay personas
de este nombre; Mariana, la mujer de un Juan García, muere
en aquel año, así como también muere un Manuel, hijo de este.
El primer Juan García no sabemos qué nexos tenga con el que
nos interesa en este momento, Juan García Fleytas, natural de
Canarias, es de esta época, casado con Tomasa Alonzo, y no tiene
nada que ver con el casado con Ángeles Ravelo.
Del matrimonio de Juan García nacieron varios hijos, entre
estos José y Manuel. José casó dos veces, una con Tiburcia de
Peña y otra con Eusebia Abreu, y descienden de estos enlaces
muchos troncos, tales como las familias Piantini y Arvelo. Manuel
casó con Juana Fajardo o Martínez Fajardo, y fueron hijos de
este matrimonio Pablo, Eusebia, Juan y José María. De Pablo
descienden las familias García-Montebruno, García-Gautier y
Mieses-García. De Eusebia, por su matrimonio con el riojano
Pablo de Oca, descienden los Rodríguez-Oca. De Juan, por su
matrimonio con Candelaria Brunet, descienden los CruzadoGarcía, los García-Guerra, los García-García, los Pereyra-García.
De José, por su matrimonio con Celestina Tejera y Soto, descienden los García-Tejera, cuyo primer vástago fue el padre
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
301
José Rafael García y Tejera, que vio la luz primera el día 4 de
mayo de 1841. De esta familia derivan los troncos vivos ObregónGarcía, García de la Concha, García-Alfonseca, García-Batista,
García-Saviñón, Billini-García. Fueron también hijos de Manuel
García Ravelo, Fernando, que casó con Gregoria Ricardo y de
donde descienden los troncos vivos Henríquez-García, y Gabina,
que casó con Benigno Ruiz Castillo, de donde descienden los
Castillo de San Carlos.
De esta raza isleña y de esta familia procede, pues, por vía
paterna el noble sacerdote Rafael García. No discurrió, sin embargo, su niñez en San Carlos, puesto que su padre, al casarse
con muchacha de la Capital, fundó su hogar fuera del lar nativo.
Largos años la familia García-Tejera estuvo asentada en la calle
de San José, esquina noroeste de la calle del Conde, y allí mismo, por largos años asentó don José García su negocio. Pero,
andando los años, habría el padre Rafael de venir a San Carlos a
ejercer admirablemente la cura de almas.
La vida del padre García no es de aquellas que por lo variada, múltiple, brillante, asendereada o llena de sucesos graves,
interesantes y pintorescos, llenarían volúmenes enteros con solo
ir anotando, hecho tras hecho, con rigurosidad cronológica,
haciendo poco caso del valor moral de estos hechos, de su naturaleza y esencia, de sus tendencias y sus fines. De esta manera
llenan volúmenes la vida de grandes políticos, de egregios conquistadores de pueblos, de prepotentes cardenales y obispos. De
ellos fue el dominio de una hora, de un pedazo de la tierra o de
una idea, aunque la hora hubiera sido aciaga, bañada en sangre
y sudor la tierra, falsa o muerta la idea.
La vida del padre García es de diversa índole y difícil de
captar. No nos interesa el Rafael García producto de un rebusco
y cotejo de papeles viejos: en qué escuela aprendió, cuándo fue
al Seminario, cuándo se ordenó de sacerdote, cuándo se le hizo
canónigo honorario. Estos hechos en sí nada nos dicen en este
momento. Lo que nos interesa es el hombre mismo, el alma
que reposaba y animaba su ente biológico, y su espíritu que se
alimentaba de aquella alma y se afianzaba en ella.
302 Carlos Larrazábal Blanco
La vida de este sacerdote fue una eterna primavera, que
producía tranquilamente, serenamente, las mejores flores espirituales hechas de amor y piedad, y dejadas caer al arroyo para
que las recogieran todos.
Sabemos que de la vida de su hogar, donde la discurrió
entre sus hermanos y sus primos, tropa de la cual era el mayor, y
con cuyos componentes solía solazarse interviniendo activamente hasta en los juegos de los más pequeños, pasó a la vida escolar
austera del Seminario Conciliar, donde estudió y de donde salió
uno de los mejores latinistas dominicanos, según oímos de labios
del extinto prócer de la oratoria don Manuel Arturo Machado.
Del Seminario a la vida. A su vida, a la cura de almas, a la
elaboración de conciencias y de mentes, al sacerdocio y al sagrado apostolado de la educación.
Quisiéramos decir mucho acerca de lo que él valía.
Quisiéramos que nuestras palabras y nuestras ideas expresaran encendidamente todo lo que aquel espíritu atesoraba.
Quisiéramos decir todos los merecidos elogios que su persona,
su sacerdocio y su vida total merecían, pero tememos que al
querer hacerlo los manes venerandos del que en vida rehuyó
todo elogio y alabanzas, se estremezcan de terror. Queremos,
como él, ser parco, queremos, como él, la sencillez y la situación
humilde, pero queremos, como él, ser justo, y respetando su
sagrada memoria decir algo de quien se ha dicho poco. Sin embargo, se ha dicho poco, porque lo que se ha dicho no aparece
en grande escala en letras de molde, pero se ha sentido mucho
respecto del padre García, y todas las voces que hemos escuchado son unánimes en el reconocimiento de sus virtudes. Fuera
de sus familiares hemos oído hablar con cariño, ardor, justicia
y hasta unción, a estas tres personalidades: don Manuel Arturo
Machado, ya desaparecido, don Federico Henríquez y Carvajal
y don Manuel de Jesús Troncoso de la Concha. Los asertos no
son los de un frío documento, son asertos vivos de personas
justas y sabias.
El Padre Meriño, de abolengo isleño, aquel entero varón,
ilustre por su civismo y por la fuerza de su temple total, quería
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
303
entrañablemente a García, y de lo poco que se ha escrito de este
sacerdote parte principal lo escribió él, y no podemos menos
que leer la página salida de aquella recta y justiciera mano con
motivo de la muerte del padre García. Además, debo engastar
en la labor de estas palabras alguna perla que la realce y avale.
He aquí la página de Meriño:
El 3 de los corrientes a las cinco de la tarde, apagóse…
la vida temporal del reverendo señor canónigo tesorero
don Rafael García Tejera, cura beneficiado de la parroquia de San Carlos, sacerdote del país, educado y formado en él, verdaderamente ejemplar y edificante por
sus virtudes; laborioso, modestísimo, ganoso siempre de
oscurecerse en último puesto por ingénita inclinación
movido, que se llenaba de tribulaciones y afligía como
un chiquillo amenazado al proponérsele un ascenso en
la carrera; tratado con deferente aprecio por los prelados a quienes veneraba con humilde espontaneidad y
sincera devoción; querido y respetado de sus compañeros y amado con cariño filial por todos sus feligreses, su
muerte ha sido motivo de general sentimiento en esta
ciudad y singularmente en San Carlos, y de ello se ha
dado público testimonio desde el instante en que se
supo hasta el acto de inhumación de su cadáver.
Los buenos, que lo son tales por virtud de legítimos merecimientos, reciben siempre el espontáneo homenaje
de la conciencia social que ve esplenderse en ellos aureola de ennoblecida personalidad; y, cuando mueren,
no pueden romper el vínculo que les liga a los demás
hombres en el movimiento común de esa vida transitoria, sin dejar de producir honda y dolorosa impresión
en el alma de la comunidad de que formaran parte.
De las virtudes del padre García gozaban todos, como
del insensible placer que le causa la posesión perenne
de suavísima luz. Tan modestas y silenciosas las poseía
y practicaba él que apenas se le apercibieron. Y a tanto
304 Carlos Larrazábal Blanco
extremo que tuvo la buena suerte de que no se le descubriesen y diesen a la publicidad afligiéndole, necia
o inoportuna alabanza. Mas, cuando la luz se extingue
inesperadamente y caen de repente las negras sombras
espesándole sobre los ojos sorprendidos y errabundos,
¿cómo no echar de menos el beneficio perdido ni experimentar el intenso dolor?
¡Oh! sí, grande y muy notable es el vacío que deja en
nuestra iglesia el venerable padre García. Sus 28 años
de digno sacerdocio la mayor parte empleado en el meritísimo ejercicio de la cura de almas y de la enseñanza
de la juventud, amén de los servicios que prestó como
secretario del Vicariato Apostólico y canónigo tesorero
de esta Catedral, le harán siempre memorable y le presentarán de modelo edificante a nuestro clero. Repose
sobre él la corona de la justicia con que galardona el
Justo Juez a sus fieles servidores al consumir la carrera
de esta vida… R.I.P.
***
García era toda una personalidad, pero hay que descubrirla
y describirla cuidadosa y sutilmente. No era hombre en escena;
no hacía el héroe, no hacía el mártir, no hacía el apóstol. Por
esto, para muchos, pasaría inadvertida toda la esplendorosa belleza de su espíritu, la fuerza de su personalidad, el valor de su
carácter. Para muchos sería, sencillamente, un hombre bueno y
manso, humilde y tranquilo, como otro cualquiera.
Su vida no se exterioriza como las de otros, ostentando. Su
vida se realiza subjetivamente, dentro de él mismo. Su tragedia,
si la hubo, fue interior; su revolución, si la hubo, fue interior;
sus luchas, sus combates y su triunfo final y libertador fueron
interiores.
Su vida plenamente cristocéntrica realiza su ideal pleno.
García actualizó su ideal. Lo que aspiraba a ser lo fue, y, precisamente, fue lo que debió haber sido. Su persona empírica
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
305
coincidió con su persona ideal y para lograr eso son necesarias
grandes luchas interiores, intensos afanes, caídas y vueltas a levantarse, y, a veces, muchos dolores y pesadumbres.
El padre García culminó en la plena posesión de la libertad moral. Desligóse de la fuerza atractiva del mundo y de
la sociedad, desligóse de las fuerzas atractivas y tiránicas del
hombre como ente biológico, desligóse de las pasiones humanas. Llegó a la libertad de acción plena, determinó lo que
quería, descubrió los valores que anhelaba, los quiso, los amó
y los captó. Ganó el padre García la plena libertad moral. De
ahí su rara personalidad que se traducía en dulzura de modales, humildad, timidez, fe acrisolada, caridad. Su pan era para
quien lo necesitara y no para él. Su ropa era para el desnudo
y no para él. Su corazón era para su prójimo y no para él. Su
pensamiento era para el bien, y no para él. Su vida, toda era
para Dios y no para él.
El padre García llegó a la superación de sí mismo, y ganó
la salvación, no solo la salvación de que habla Goethe, sino la
salvación de unción cristiana purísima.
Pero, para llegar a la salvación es necesario vencer, y el padre García venció. Cuando el hombre vence del miedo o de la
timidez puede llegar a las más grandes manifestaciones del valor
personal, puede llegar a ser un valiente, un héroe. Vencer del
medio es más fácil que vencer de la carne y del odio, del rencor
y el egoísmo, y la envidia, y de toda la caterva de malas pasiones,
que conturban, y cuando el hombre vence en estos reductos, es
más que un valiente, más que un héroe, es un Santo.
Y santo fue Rafael García. Santo, no por una actividad santa
dentro del ajetreo diario del vivir, por una actividad objetiva,
sino santa actividad puramente espiritual y subjetiva.
Francisco Xavier Billini, de feliz recordación, fue santo,
pero distinto a García. Lo santo de Billini es de realidad terrenal,
y él no lo ocultaba. Activo, emprendedor, andaba por entre la
gene de posición y de dinero para obligarlos al bien que olvidaban. Billini era un espíritu templado para la actualización, en la
sociedad, de ideales de bien común.
306 Carlos Larrazábal Blanco
García andaba en planos supraterrenos y espirituales.
Carecía del sentido pragmático de la vida. Billini hubiera sido
un Ignacio de Loyola. García hubiera sido un Francisco de Asís.
Dicen los filósofos que el espíritu mata la vida. Klages ha
dicho que el espíritu es una cuña que desvitaliza el alma y desanima el cuerpo. Por medio del espíritu se elevan los hombres,
pero lo que se gana en esta elevación se pierde en fuerza, en
energía vital. Tal fue el caso del padre García. El 3 de octubre de
1888, a los 45 años de edad, murió, casi se puede decir que se
murió porque sí, se puede decir que no murió de enfermedad.
Fue una luz a la que faltó la fuerza vivificadora y se extinguió
para siempre.
En ese día Rafael García Tejera, muerto en olor de santidad, al dejar la vida terrenal, la vida de los vivos y pecadores, él
fue el hombre libre moral por excelencia, el gran humilde, el
gran honesto, el gran probo; en ese día de su muerte, entró de
pleno en el reino absoluto de lo verdadero, lo bueno, lo bello y
lo santo: en el reino eterno de Dios.
Clío, Año X, Núm. 54
(julio-agosto de 1942).
Bibliografía colonial
Fray Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias
(Edición del Marqués de la Fuensanta del Valle y D. José Sancho
Rayón, 1876)
Agatharchides Cnidius
«Agatharchides Cnidius, allegándose más cerca de la verdad, según opinión de Diodoro que lo recita, dice: que porque
en los montes de Etiopía llueve grandes aguas desde el solsticio
estival, que es a 14 de junio o a 14 dél, hasta el equinoccio del
otoño, que es a 14 de setiembre, por esto no ser maravilla que
en el invierno traiga el Nilo sola el agua ordinaria natural que
mana de sus fuentes, y en el verano venga muy pujante; y en esta
sentencia parece Diodoro declinar». (Lib. I, t. II, cap. CXXIX,
pág. 217).
Agatárquides fue un geógrafo e historiador griego de Cnido,
que vivía 120 años A. de J. C. Se le conocen tres obras: De mari
rubro, De Asia y Euripiaea.
Sant Agustín
«Por la misma razón escribió los 22 libros de la Ciudad de
Dios, Sant Agustín, como se ve por él en el segundo libro, cap. 43
de las Retractaciones…» (Prólogo, pág. 16).
307
308 Carlos Larrazábal Blanco
«En la epístola 99 a Evodio». (Prólogo, pág. 20).
«Confírmalo Sant Agustín en muchos lugares de sus obras;
pero baste al presente referir lo que de la religión cristiana en
este propósito dice libro X, cap. último, De Civitate Dei…» (prólogo, pág. 21).
«Ansi lo dice S. Agustín, 24 q. 3, cap., Corripiantur…» (prólogo, pág. 32).
«… y tras esta opinión se fue Sant Agustín en el 16 libro De
Civitate Dei». (Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 64).
(Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 74).
«De Civitate Dei». (Lib. I. t. I, cap. X, pág. 86).
«Por lo cual es necesario decir, que ansi como fueron, no
uno, sino muchos Hércules, según Sant Agustín, Lib. XVIII, cap.
12, De Civitate Dei…» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 112).
«otros alegaban a Sant Agustín, el cual,… negaba que hubiese antípodas… y así traían por refrán “duda Sant Agustín”…».
(Lib. I, t. I, cap. XXIX, pág. 230).
(Lib. I, t. II, cap. CXXVII).
«San Agustín, libro XVIII, cap. 36, De Civitate, no aprueba
aquel Lib. IV de Esdras, sino el III, cap. 3º diciendo que por
aventura, Esdras fue profeta en aquello que dijo, “que la verdad
es más fuerte y poderosa que el Rey e las mujeres e el vino”…».
(Lib. I, t. II, cap. CXXXIX, pág. 266).
«Y Sant Agustín, libro IX, cap. 6º sobre Genesim ad literam
(acerca de la fuente común del Tigris y el Éufrates)». (Lib. I, t.
II, cap. CXLIV, pág. 295).
«…concuerda Sant Agustín, sobre Genesim ad literam, libro
V, cap. 10 el cual dice, que el agua de todas las fuentes y ríos del
mundo, dulce, de la fuente y cuatro ríos del Paraíso procede…».
(Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 296).
«… según Sant Agustín, libro XIV, cap. 10, De Civitate Dei:
¿Quid timere aut dolere poterant in tantorum tanta affluencia bonorum,
ubi non aberat quicumque quod bona voluntas non adipisceretur…»
(Lib. I, t. II, cap. CXLVI, pág. 305).
«Y Sant Agustín, en el libro VIII, cap. 3º sobre Genesim ad
literam: Plantavit ergo Dominus Paradisum in delitiis, hoc est enim in
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
309
Edem, ad Orientem». (Lib. I, t. II, cap. CXLVI, pág. 304).
«… de generación en generación, los había Dios de traspasar (a los hombres) en la vida eterna y estado celestial, por dos o
de dos maneras, según dice Sant Agustín en el libro IX, cap. 6º
sobre Genesim ad literam…». (Lib. I, t. II, cap. CXLVI, pág. 303).
(Lib. III, t. III, cap. XI).
(Lib. III, t. III, cap. XXIII).
«Primero se han de raer de los corazones los ídolos… por
diuturna y diligente y contina doctrina y pintarles en ellos el
concepto y verdad del verdadero Dios y después ellos mismos,
viendo su engaño y error, han de derrocar y destruir con sus
mismas manos y de toda su voluntad los ídolos que veneraban
por Dios o por dioses; así lo enseña Sant Agustín en el sermón
De puero Centuriones de verbis domini». (Lib. III, t. IV, cap. CXVII,
pág. 463).
«… y guay de los que Dios toma por verdugos y por azotes
de otros, que acabado el castigo, suele echar el azote en el fuego
como Sant Agustín en la misma materia dice…». (Lib. III, t. V,
cap. CXLV, pág. 11).
Alberto Magno
«… y daba para ello cinco razones las cuales vea quien quisiera, por Alberto Magno, en el libro De natura locorum, cap. 6, I».
(Lib. I, cap. VI, t. I, pág. 58).
«… la cual aprueba mucho Alberto Magno en el susodicho
libro De natura locorum, cap. 7; diciendo, que entre lo calidísimo y frigidísimo, de necesidad debe haber alguna templanza:
debajo del trópico hiemal, que es el de Capricornio, es el lugar
calidísimo, debajo del polo es frigidísimo, porque los rayos del
sol miran aquel lugar obliquissime». (Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 61).
«… y alega a Alberto Magno en el dicho libro De natura
locorum, aunque yo allí no lo hallo, sino en el Lib. I, cap. 8º, De
mineralibus».
(Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 70).
310 Carlos Larrazábal Blanco
«Según dice Alberto Magno en el Lib. II, distinción tercera,
capítulo 1º, De natura locorum, no estaba mucha tierra poblada,
la cual, creciendo la gente después según él se pobló». (Lib. I, t.
I, cap. IX, pág. 83).
«El uno es, porque según refiere en el libro 2º, capítulo 7º,
De natura locorum, Alberto Magno… cuando César Augusto hizo
o quiso hacer la descripción del mundo…». (Lib. I, t. I, cap. XV,
pág. 116).
«… en el capítulo 6º, trajimos de Alberto Magno, … las piedras no crecen, porque no viven, pero según otros, sí…». (Lib. I,
t. II, cap. XCL, pág. 35).
«Alberto Magno en el libro I, cap. 7º, De mineralibus, dice
también, que en su tiempo en la mar de Dacia, cerca de la ciudad
lubicense se halló un ramo grande de árbol, en el cual estaba un
nido de picazas, y en él picazas convertidas en piedras…». (Lib.
I, t. II, cap. XCI, pág. 35).
«… de estas dos cosas del lodo grueso y pegajoso y del dicho
vapor, son engendradas las piedras…». Esto es de Alberto Magno
en el cap. 5º del 3º tratado De las propiedades de los elementos». (Lib.
I, t. II, cap. XCI, pág. 37).
«Todas las cosas dichas (relativas a las virtudes medicinales
de las perlas) son sacadas… de Alberto Magno, Lib. II, cap. 2º,
De mineralibus…» (Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 248).
«Para entendimiento de esto débese saber, según Alberto
Magno en el Lib. I, capítulos 7º, 8º y 9º, que las estrellas, por su
cantidad y su lumbre, y por su sitio y por su movimiento, mueven
y ordenan el mundo, según toda materia y todo lugar, de las cosas que se engendran y corrompen». (Lib. I, t. II, cap. CXXXVI,
pág. 249).
«Y la señal de esto Alberto Magno allí refiere, que hay algunas aguas, por la virtud mineral que aquel lugar donde corren
contiene, tan fuertes, que corriendo por tales materias se embeben en las cosas minerales, o que tienen vecindad con ellas, por
lo cual el agua misma y las cosas que están en ella se convierten
en piedras más presto o más tarde, según que es más fuerte o
más débil la virtud que forma las piedras o la pidificativa…».
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
311
(Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 250).
«II, De coelo, Tratado III, capítulos 9, 10, 11», (trata de la
redondez de la Tierra). (Lib. I, t. II, cap. CXLI, pág. 277).
«Primero que según el Aristóteles y Alberto Magno… comúnmente todo el orbe juntamente es dividido con la tierra en
dos partes principales, iguales, según que la línea equinoccial
lo divide en dos hemisferios, austral y aquilonar; y dicen que el
austral es la cabeza y eminencia del mundo, y el aquilonar son
los pies y lo bajo y cuasi sentina del mundo». (Lib. I, t. II, cap.
CXLV, pág. 298).
«De aquí es que Aristóteles y Alberto Magno en el II, cap.
2º. De coelo et mundo… afirman que las estrellas de aquella parte
son mayores y más resplandecientes y más nobles y más perfectas, y …». (Lib. I, t. II, cap. CXLV, pág. 299).
Alberto Magno. Filósofo y teólogo. Alberto von Boslltedt.
Nació en Suavia en 1195 y murió en Colonia en 1280. Estudió
en Padua, se hizo fraile de Santo Domingo en 1221. En París
se graduó de maestro. Sus obras fueron publicadas en Lyon en
1651. Comentó a Aristóteles, Avicena y a los árabes.
Albusanar
(Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 64).
Albumasar fue un astrónomo árabe (776-885), compuso cerca
de 50 obras.
Alfagano
(Lib. I, t. I, cap. V, pág. 56).
Debe ser el árabe Alfragano.
312 Carlos Larrazábal Blanco
Pedro de Aliaco
«Esto dice Aliaco, libro De Imagine mundi, cap. 8 y cap. 11, 12
y 49, y en el tratado Mapae Mundi, cap. De figura terrae y cap. De
mari, y ansí tiene por manifiesto ser verdad de haber antípodas».
(Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 65).
«… en el libro De Imagine mundi, cap. 11, dice que aquellas
partes extremas del mundo donde hay seis meses de día y otros
tantos de noche es habitable…».
«Lo mismo dice Aliaco en otro tratado de Mapa mundi, cap.
de figura terrae». (Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 70).
«Pero lo que más admirable cosa es, que según dice Pedro
de Aliaco, en el tratado De mapa mundi, ser opinión antigua que
España y África… era todo tierra… por manera que no había
estrecho de Gibraltar…». (Lib. I, t. I, cap. VIII, pág. 77).
«Lo primero es lo que Pedro de Aliaco, cardenal que en los modernos tiempos fue en filosofía, astrología y cosmografía doctísimo,
cancelario de París, maestro de Juan Gerson y hallose en el Concilio
de Constanza por el año 1416…» (Lib. I, t. I, cap. XI, pág. 89).
«Dice, pues Pedro de Aliaco en el tractado De imagine
mundi, en el cap. 8º De quartitate habitabili, y en el cap. 19 de
su Cosmographia, y en otras partes de sus tratados, alegando a
Aristóteles, que no es mucha mar del fin de España, por la parte
del occidente... y llama el fin de España al fin de África porque
lo que agora se llama África se llamaba y era España. La razón de
esto da el mismo Aliaco en el cap. 31 De imagine mundi...». (Lib.
V, t. I, cap. XI, pág. 89).
«… y de esta España dice Aliaco que hablan Plinio y Orosio
e Isidoro, y ansí a este propósito dice Aliaco más en el cap. 19 de
su Cosmographia, que según los filósofos y Plinio el mar océano,
el cual se extiende entre fin de España la ulterior conviene a
saber, de África por la parte del Occidente, y el principio de la
India por la parte de Oriente, no es gran latitud…» (Lib. I, t. I,
cap. XI, pág. 90).
«… cuanto más que según Sant Isidro, las Hespérides se
nombraron de una ciudad que se llamaba Hespéride en fin de
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
313
Mauritania, y concuerda con él Aliaco en el cap. 41, del libro
De imagine mundi: De insulis famosis maris Oceani…». (Lib. I, t. I,
cap. XV, pág. 115).
«Quot nationes et populi usque ad nostra tempora Hispaniam
obtinuerunt. Lo mismo afirma Pedro de Aliaco, cardenal, en el De
imagine mundi; cap. 31». (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 121).
«Yo hallé en un libro viejo de Cristóbal Colón de las obras
de Pedro de Aliaco, doctísimo en todas las ciencias y astronomía
y cosmografía escritas estas palabras en la margen del tratado De
imagine mundi, cap. 8º…». (Lib. I, t. I, cap. XXVI, pág. 213).
«… y de ellos es Pedro de Aliaco, doctísimo varón en todas
ciencias, el cual, en el libro De imagine mundi, cap. 8º, alega la
dicha autoridad de Esdras diciendo que aquel libro los santos
tuvieron en reverencia, y por él las verdades sagradas confirmaron». (Lib. I, t. II, cap. CXXXIX, pág. 266).
Pedro de Ail y/o Petrus de Aliaco, nació en Compiegne, Francia,
en 1350 y murió en 1420 o 1425. Obispo de Cambrai en 1398.
En 1411 el papa Juan XXII lo hizo cardenal. Escribió algunas
obras que han sido publicadas y así mismo sus sermones. Se
ha creído que el escrito más notable es el titulado Libellus de
Emendatione Ecleciae, pero su obra más nombrada es Imagine
mundi, que es una mediocre recopilación de obras de autores
diferentes: Aristóteles, Ptolomeo, Hegecipo, Juan Damasceno,
Séneca, Plinio, Orosio, San Agustín, Isidoro de Sevilla, Beda,
Alfragnano, y, según se infiere del propio Las Casas, de San
Anselmo también. Imagine mundi se publicó en 1411. El descubridor Cristóbal Colón hizo mucho uso de esta obra.
San Ambrosio
«De lo cual Sant Ambrosio hace difusa disputa por dos libros
a que intituló De vocatione omnium géntium». (Prólogo, pág. 21).
«Paréceme que debo aquí mezclar otra profecía cristiana
de Sant Ambrosio… y dice ansí en el Lib. II, cap. 6º, De la vocación de todas las gentes». (Lib. I, t. I, cap. X, pág. 88).
314 Carlos Larrazábal Blanco
«San Ambrosio, no en el Examenón, como el Almirante
dice, sino en el libro Bono mortis, cap. 10, contra los gentiles que
creían morir las ánimas juntamente con los cuerpos, parece
aprobar también el IV (libro de Esdras), aunque da a entender
con alguna condición…» (Lib. I, t. II, cap. CXXXIX, pág. 266).
«… porque según dicen que refiere Sant Basilio en su
Examenón, y Sant Ambrosio en el suyo… que como el Paraíso
esté constituido en monte altísimo puesto que arriba sea él todo
llano, cae el agua de la fuente que sale dél en un lago grande, de
donde proceden después los cuatro ríos caudales…». (Lib. I, t.
II, cap. CXLVI, pág. 304).
«… porque el codicioso… nunca otra cosa contempla, sino
al oro y a la plata, y de mejor gana mira al dinero que al sol, y
nunca de otra cosa trata, y son palabras de Sant Ambrosio». (Lib.
III, t. IV, cap. XLV, pág. 97).
San Ambrosio fue uno de los Padres de la Iglesia, célebre
obispo de Milán. Su tratado más célebre es el de los Deberes, a
imitación de una obra de Cicerón.
Amiano Marcelino
«Lib. XXIII, de su Historia». (Lib. I, t. I, cap. XL, pág. 295).
«Lo mismo afirma el historiador Amiano en el Lib. XII de
su Historia» (acerca de las crecidas del Nilo). (Lib. I, t. II, cap.
CXXIX, pág. 216).
«Esto dice Amiano (sobre las angustias, calor y fuego porque pasó Hanón con su flota al pasar a la siniestra de Libia o
Etiopía), entre los historiadores griegos, seguidor de verdad,
muy nombrado en la Historia de la India hacia el Cabo…». (Lib. I,
t. II, cap. CXXXII, pág. 228).
También se llama sencillamente Ammiano. Historiador latino, nacido hacia 320 en Antoquía. Escribió la historia Rerum
Gestarum, Libri XXXI, que se comprendía desde Trajano hasta
la muerte de Valente. Se consideran a los 18 hijos que quedan
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
315
de estas obras los de más méritos. Ha sido traducido a los idiomas modernos.
Anaxágoras
«Anaxágoras y otros dijeron que la causa es por las muchas
nieves que están en los montes de Etiopía, que con el calor del
sol en verano se derriten, y aquellas hacen crecer tanto el Nilo; y
esta opinión fácilmente se derrueca, porque no podía haber tantas nieves, que tan gran cantidad de agua en el Nilo causasen…».
(Lib. I, t, II, cap. CXXIX, pág. 215).
Ángelo
«El Bartholo y Ángelo en la lec. número 1ª, párrafo Si certum
petatur». (Prólogo, pág. 13).
Bartolomé Anglico
«… solamente hallo que esto afirmaron los santos susodichos a Bartolomé Anglico, autor del libro De propietatibus rerum,
en el libro XV, cap. 112, y a otros que los tomaron dél…». (Lib.
I, t. II, cap. CXLVI, pág. 305).
Anónimos
«Y como dice cierto pagano: Vista aliena nobis magistra
est,…». (Prólogo, pág. 12).
«De lo mismo se hacen mención en el libro Inventio fortunata». (Lib. I, t. I, cap. XIII, pág. 99).
«pero cierto, más debía tener el cronista que escribió la
dicha Crónica del rey don Juan, pues se halló presente aquel
316 Carlos Larrazábal Blanco
tiempo que no Juan de Barros que escribió, atinando, cien años
o cerca de ellos después». (Lib. II, t. I, cap. XIX, pág. 154).
Debe ser García de Resende (véase).
«Todo esto hasta aquí cuenta la historia del rey don Juan II
de Castilla». 10 (Lib. I, t. I, cap. XIX, pág. 156).
Debe ser García de Resende (véase).
«… y así como en los animales que son engendrados de
putrefacción o pudrimiento y cosas podridas, como los ratones,
según las materias que se tratan en el libro IV de los Metauros…».
(Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 249).
Metauros debe ser error de imprenta o de paleógrafos, y debe
leerse Meteoros, obra de Aristóteles.
«Y el autor de la Esphera» (trata de la redondez de la
Tierra). (Lib. I, t. II, cap. CXLI, pág. 277).
Ptolomeo, como introducción al Almagesto, escribió De la disposición de la esfera.
«Esto trata también en el libro De propietatibus rerum, libro
XIV, cap. 29, hablando del monte Olimpo y alega al Maestro de
las Historias…». (Lib. I, t, II, cap. CXLII, pág. 283).
Bartolomé Anglico es autor de una obra de este nombre
(véase).
«La Historia escolástica, en el cap. 13, sobre el Génesis:
Plantavit Deus Paradisum herbis et arboribus insitum, a principio
creationis, scilicet cum aparuit arida…» (Lib. I, t. II, cap. CXLIII,
pág. 286).
Esta historia puede ser la de Pedro Comestor.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
317
San Anselmo
«… si añadiéramos también lo que Sant Anselmo trae en el
Lib. I, cap. 20, De imagine mundi, que en el mar océano había una
isla de frescura…» (Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 71).
«… si leyendo entre otros opúsculos de Sant Anselmo, no
viera el libro I, De imagine mundi, capítulo 20». (Lib. I, t. I, cap.
VIII, pág. 75).
«… por lo que dice Sant Anselmo en el Lib. I, cap. 20, De imagine mundi, que las Hespérides estaban cerca de las Gorgonas».
(Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 127).
«… y Sant Anselmo, libro I, cap. 10, De imagine mundi, que
aquella tierra se llama de oro o dorada, porque tiene los montes
de oro por abundar tanto dél, que como sea habitada de unas
hormigas mayores que perros muy grandes,…; sacan con las
uñas inmenso oro debajo la tierra, y puesto encima de la superficie, parécese desde la mar ser los montones todos de oro». (Lib.
I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 208).
«También hace a la prueba de lo arriba dicho (respecto del
Paraíso), lo que refiere Sant Anselmo en el libro I, cap. 22, De
imagine mundi…». (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 296).
El Arzobispo de Canterbury nació en Aosta en 1033 y murió
en 1109. Algunas de sus obras conocidas son: Monologium,
Proslogium seus fides quaerens intellectum. En la primera trata, de
acuerdo con principios racionales, de desenvolver la ciencia
de Dios; en la segunda trata de demostrar la existencia de Dios
por medio del principio del ser perfecto.
Apión
(Prólogo pág. 4).
Apión fue un gramático de Alejandría, siglo I.
318 Carlos Larrazábal Blanco
Aristóteles
«6º de las Éticas,» «2º de los Físicos: Ideos error sirca finem es
pessimus». (Prólogo, pág. 26 y 27).
«y el filósofo en el IV de la Metafísica, dice: “que los hombres
deben convenir con las propiedades y oficios de las cosas”…»
(Lib. I, t. I, cap. II, pág. 43).
«Aristóteles y Averroes, en 4º, De Coelo et mundo, daban esta
razón…» (Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 61).
«… porque según el Filósofo, en el 2º de los Físicos, el sol
concurre al engendramiento y vida de las cosas…». (Lib. I, t. I,
cap. VII, pág. 68).
«… y si añadiéramos lo que Aristóteles dice el libro De mundo, hablando del mar Océano ser cosa verisímil y creedera en el
haber muchas islas grandes y chicas». (Lib. I, t. I, cap. VII, pág.
71).
«… porque según Aristóteles en el libro De causis propietatum
Elementorum Radix habitationis est ecqualitas et temperamentu». (Lib.
I, t. I, cap. VII, pág. 71).
«Ser la dicha isla Atlántica mayor que Asia y África parece
no ser cosa difícil de creer, por lo que dice Aristóteles en el tratado De mundo que escribió a Alexandre, cap. 1º…» (Lib. I, t. I,
cap. VIII, pág. 77).
«Aristóteles no calló ansimesmo, en un tratado De admirandis in natura auditis… dice… que unos mercaderes de Cartago
acaso descubrieron en el mar Atlántico u Océano una isla de
increíble fertilidad…». (Lib. I, t. I, cap. IX, pág. 81).
«Trae también el filósofo en el fin del segundo libro De coelo
et mundo, que dice que de las Indias se puede pasar a Cáliz en
pocos días…». (Lib. I, t. I, cap. XI, pág. 91).
«lo mismo significa Aristóteles de los que hallaron la isla
que, arriba… dijimos ser a lo que creemos la tierra firme hacia el
Cabo de Sant Agustín». (Lib. I, t. I, cap. XIV, pág. 105).
«… el primero es aquella historia que arriba… pusimos del
Philosopho en el tratado, De admirandis in natura auditis». (Lib.
I, t. I, cap. XIV, pág. 108).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
319
«Por aquí parece que los navíos de Cáliz… de que hace
mención en el libro De admirandis in natura auditis…» (Lib. I, t.
I, cap. XXXVI, pág. 268).
«… y Aristóteles en el libro De mineralibus dice, que algunas
hierbas y plantas, y algunos animales también, se convierten en
piedras por la virtud mineral, que tiene tal fuerza y virtud lapidificativa… y esto dice que acaece en los lugares pedregosos…»
(Lib. I, t. II, cap. XCI, pág. 36).
«… contradice lo que el Filósofo dice en el II, de los
“Mechaoros”, cap. 1º, conviene a saber, que la tierra y la mar de
Septentrión es más alta que la de Austro…». (Lib. I, t. II, cap.
CXLI, pág. 276).
«En el II, De coelo, cap. 14» (trata de la redondez de la
Tierra). (Lib. I, t. II, cap. CXLI, pág. 277).
«… y este es el Oriente, como sea la diestra parte del cielo,
según el Filósofo, en el libro II, De coelo et mundo, y la diestra es
mas noble que la siniestra, y así, fue cosa conveniente que Dios
allí lo pusiese» (el Paraíso). (Lib. I, t. II, cap. CXLIII, pág. 287).
«Que se le deba la más noble parte del cielo a la más noble
parte de la tierra (el Paraíso) pruébase lo primero por el Filósofo
en el IV de los “Físicos”, que el lugar y lo que se ha de poner en
él han de ser ambas a dos cosas proporcionadas: Locus et locatum
debent proportionari». (Lib. I, t. II, cap. CXLV, pág. 297).
«Primero, que según el Aristóteles, en el II De coelo et mundo, y… comúnmente todo el orbe juntamente es dividido con
la tierra en dos partes principales, iguales, según que la línea
equinoccial lo divide en dos hemisferios, austral y aquilonar; y
dicen que el austral es la cabeza y eminencia del mundo y el
aquilonar son los pies y lo bajo y cuasi sentina del mundo». (Lib.
I, t. II, cap. CXLV, pág. 298).
«De aquí es, que Aristóteles… el II, cap. 2º De coelo et mundo… afirman que las estrellas de aquella parte son mayores y más
resplandecientes y más nobles y más perfectas y…» (Lib. I, t. II,
cap. CXLV, pág. 299).
«… libro II de Metheoros… en el tratado especial que hizo del
acrecentamiento del Nilo…». (Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 214).
320 Carlos Larrazábal Blanco
«Aristóteles en el dicho Tratado de la inundación o creciente y menguante del Nilo, recitadas muchas opiniones, dice la
suya, y es: que en la madre del río Nilo hay muchas secretas fuentes que en el invierno están cerradas sin manar, y en el verano se
abren y manan, dando de sí tanta agua, que hacen al Nilo avenir
con gran pujanza que toda la tierra de Egipto pueda bañar…»
(Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 219).
«… que los hombres vecinos de pueblo tengan libertad con
efecto, y no de palabras, porque los siervos, como estén a mando
y disposición de otro, no son parte de pueblo ni de ciudad a
quien la ley común se deba dar, como prueba el Filósofo en el
tercero de su Política…» (Lib. III, t. III, cap. XI, pág. 408).
«Manifiesto es que las riquezas naturales, según el Filósofo en
su libro de la Política, no son otra cosa sino las labranzas y frutos
que da la tierra…» (Lib. III, t. III, cap. XI, pág. 405).
(Lib. III, t. III, cap. XII).
(Lib. III, t. III, cap. XXIII).
«… todo tirano, como carezca de razón, de derecho y de
justicia, según el Filósofo en el libro V de la Política, cap. 11, huélganse de las discordias…». (Lib. III, t. IV, cap. CXXII, pág. 490).
«… y a lo que dijo el reverendísimo Obispo, que son siervos
a natura por lo que el Filósofo dice en el principio de su Política,
que vigentes ingenio naturaliter sunt rectores et domini aliorum y deficientes a ratione naturaliter sunt servi…». (Lib. III, t. V, cap. CXLIX,
pág. 134).
«Tornado al propósito de este señor obispo de tierra firme
(el de Darién, fray Juan Cabedo), aunque supone… ser los indios
siervos a natura, pero no lo aprueba ni lo aplica las condiciones y
razones que el filósofo pone donde lo alega, que es en libro I de
su Política…». (Lib. III, t. V, cap. CL, pág. 140).
«… y así, monstruos en la naturaleza humana, como la naturaleza obre siempre perfectamente y no falte sino en muy mínima parte, como el filósofo prueba en el libro II, De coelo et mundo,
y en otros muchos lugares». (Lib. III, t. V, cap. CLI, pág. 144).
«… pruébase también por lo que dice y añade allí el filósofo, de los bárbaros que son propiamente siervos por natura,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
321
entre los cuales no hay principado natural, porque no tienen orden de república… Pero todo el contrario vemos en los indios…
porque ellos tienen Reyes y señores naturales…». (Lib. II, t. V,
cap. CLI, pág. 142, 143).
Arnoldo
«Todas las cosas dichas (relativas a las virtudes medicinales
de las perlas) son sacadas… de Arnoldo…» (Lib. I, t. II, cap.
CXXXVI, pág. 248).
Arnaldo de Vilanova fue un célebre médico y filósofo español
(1240-1311). Obras que se le atribuyen, entre otras: Scholae
Salernitane opusculum; De conservancia juventute et de retardanda senectute; Comentario herético sobre el Apocalipsis; Liber apellatus Thesaurus,
etc; Novum lumen; Epistola super alchymia ad Regen Neapolitanum;
De lapide philosoforum, etc; Medicinalium introductionum Speculium;
De húmido radicali; Regimen sanitatis; Autidotarium.
Archilocho
(Prólogo, pág. 7).
Arquíloco fue un poeta griego de Parus, que vivía 700 años
antes de Cristo.
Averroes
«Trae también el filósofo en el fin del segundo libro De coelo
et mundo que dice que de las Indias se puede pasar a Cáliz en
pocos días y lo mismo afirma su comentador allí Averroes». (Lib.
I, t. I, cap. XI, pág. 91).
«Aristóteles y Averroes, en el 4º De coelo et mundo, daban esta
razón…». (Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 61).
322 Carlos Larrazábal Blanco
Averroes fue un médico y filósofo árabe (1120-1108. Nacido
en Córdoba. Tradujo a Aristóteles y añadió muchos comentarios a los tratados de este filósofo. Las Casas en algún lugar,
por este motivo, le llama el Comentador. Se conocen muchas
obras, entre ellas: Comentarios mayores y menores; De Substancia
Orbis; Epístola sobre la conexión del intelecto agente o abstracto del
hombre; Compendio del Almagesto; Del movimiento de la esfera terrestre; Sobre la apariencia circular del cielo de las estrellas fijas; Colliget,
o libro de las generalidades de Medicina.
Avicena
(Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 59).
«Esta segunda razón… pone Avicena, Lib. I, sent. 1ª., De
complexionibus, cap. 1º». (Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 71).
Médico árabe. Sus obras se elevan a ciento y todavía se conservan
manuscritos en algunas principales bibliotecas de Europa. Algunas
de sus obras son: Canon medicinae, El cántico, poema médico; La
curación; La Lógica, que es un comentario de la de Aristóteles, etc.
San Barnabás
«Según dijeron Sant Pablo y Sant Barnabás en el libro de los
Actos de los Apóstoles. Capítulo 14». (Prólogo, pág. 25).
San Bernabé, uno de los primeros discípulos de los apóstoles.
Se consideran apócrifas las obras que se le atribuyen, es decir,
los Actos y el Evangelio.
San Basilio
«…porque según dicen que refieren Sant Basilio en su
Exameron… que como el Paraíso esté constituido en monte
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
323
altísimo puesto que arriba sea él todo llano, cae el agua de la
fuente del un lago grande de donde proceden después los cuatro ríos caudales…». (Lib. I, t. II, cap. CXLVI, pág. 304).
Juan de Barros
«Una historia portuguesa que escribió un Juan de Barros,
portugués, que llamó “Asia” en el libro III, cap. 2º de la primera
década haciendo mención de este descubrimiento no dice sino
que, según todos, afirman este Cristóbal era genovés de nación».
(Lib. I, t. I, cap. II, pág. 42).
«Esta era hija de un hidalgo que se llamaba Bartolomé Moñiz
Perestrello, caballero, criado del infante D. Juan de Portugal…
(como parece en la primera Década, Lib. I, cap. 2º, de la Historia
de Asia, que escribió Juan de Barros en lengua portuguesa)…»
(Lib. I, t. I, cap. IV, pág. 53).
«Esto hizo el dicho Mosior Juan Betancor con grandes trabajos y gastos, según dice un cronista portugués llamado Juan de
Barros, en sus Décadas de Asia, década 1ª., cap. 12, el cual, entre
otras cosas, dice de este Betancor, que vino a Castilla y que de allí
se proveyó de gente y de otras cosas que le faltaban». (Lib. I, t. I,
cap. XVII, pág. 133).
«Cerca del señorío de estas islas la Historia portuguesa, del
dicho Juan de Barros, habla muy en favor de aquel dicho infante
D. Enrique». (Lib. I, t. I, cap. XVIII, pág. 137).
«Aquí hermosea y colora Juan de Barros, historiador de
Portugal en la Década 1ª. y Lib. I, cap. 12, que el infante se movía
por servicio y loor de Dios y celo de baptizar los moradores de
aquellas islas y salvarles las ánimas…» (Lib. I, t. I, cap. XVIII, pág.
138).
«Aquí parece que pone esta Historia de Juan de Barros,
portugués, dos cosas contrarias que parecen no poderse compadecer». (Lib. I, t. I, cap. XIX, pág. 153).
«Cuanto a lo que toca decir de las costumbres, y condiciones
y ritos de los canarios, según refiere la dicha Historia portuguesa,
324 Carlos Larrazábal Blanco
en todas las susodichas islas habría hasta trece o catorce mil
hombres de pelea…» (Lib. I, t. I, cap. XXI, pág. 169).
«La Historia de Juan de Barros, portugués, dice, hablando
de esto; que el cardenal D. Pedro González de Mendoza fue la
mayor parte para que la Reina lo admitiese» (a Colón). (Lib. I, t.
I, cap. XXXII, pág. 249).
(Lib. I, t. I, cap. XXII, pág. 176), (cap. XXIII, pág. 180).
(Lib. I, t. I, cap. XXV, pág. 200), (cap. XXV, pág. 203), (cap.
XXVI, pág. 208).
«… y en el mismo lugar, que es el cap. 11 del Lib. III, de
la primera Década de Asia, dice contando cómo el Almirante
Cristóbal Colón acertó, que el rey de Portugal se angustió y entristeció…» (Lib. I, t. I, cap. XXVII, pág. 220).
«… dice más el dicho Juan de Barros, historiador, que a fuerza de las importunaciones de Cristóbal Colón, el rey de Portugal
cometió el negocio a D. Diego Ortiz, obispo de Ceuta…» (Lib. I,
t. I, cap. XXVII, pág. 220).
«Esto dice aquella Historia de Juan de Barros, libro V, cap.
1º de su primera Década. Por manera que a porradas había de
recibir la fe, aunque les pesase…» (Lib. I, t. II, cap. CLXXIV,
pág. 455).
«Y dice el historiador portugués Juan de Barros, que el
principal capítulo de la instrucción que llevaba el capitán de la
Armada, que se llamaba Pedro Álvarez Cabral, era que primero
que acometiese a los moros, y a los idólatras, con el cuchillo material y seglar, haciéndoles guerra…» (Lib. I, t. II, cap. CLXXIV,
pág. 455).
«Todo lo que aquí de esto he dicho (de la expedición de
Pedro Álvarez Cabral) lo saqué de dos historiadores portugueses
que escribieron toda la historia, desde su principio, de la India;
el uno es Juan de Barros, en el libro V, cap. 2º de su primera
Década…» (Lib. I, t. II, cap. CLXXIV, pág. 458).
Juan de Barros nació en 1496 en Viseo y murió en 1570.
Desempeñó empleos importantes en las colonias portuguesas.
Publicó sucesivamente las diversas partes de su Asia Portuguesa,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
325
dividida en cuatro décadas de diez libros cada una. Esta historia trata de los descubrimientos y de las conquistas de los
portugueses en las costas de África y en la India desde 1412 a
1526.
Juan de Barros es figura principal de la historiografía portuguesa renacentista, tanto por su valor como prosista, y por las
materias que trató, como por su vasta concepción (Figueiredo).
Bartholo
«El Bartolo y Ángelo en la lec. 1ª., párrafo si certum petatur».
(Prólogo, pág. 13).
Bartolo nació en Umbría, Italia, en 1313 y murió en 1356. Sus
obras fueron impresas en el siglo xvi y la principal tiene por
título Lecturae in tres libros codicis. Fue jurisconsulto de mucha
erudición y gozó por largos años merecida fama.
Beda
«Esta sentencia siguió Beda en el libro de De Natura rerum,
capítulo 43… mense enim majo, dum ostiacius quibus in maremfluit
zephiro flante, undis ejectis arenarum cummulo proestruuntur, paulatium intumenscens ac retro propulsus plana irrigat Egipti: vento autem
cesante ruptisque arenarum cumulis suo redditur alveo». (Lib. I, t. II,
cap. CXXIX, pág. 216).
«Las mismas palabras dice Beda en el libro De natura rerum,
cap. 46. En aquello que dice, no de forma absoluta, da a entender, que absolutamente no es la tierra esférica, sino con condición…» (Lib. I, t. II, cap. CXLI, pág. 278).
«Finalmente ninguna cosa de las dichas (acerca del Paraíso)
tiene certidumbre, como quiera que la divina Escritura de esto
no haga mención alguna, ni haya hombre que lo haya visto ni
pueda ver ni saber, si no le fuere divinamente revelado, porque
según Beda sobre el “Génesis” de creer es que aquel lugar es
326 Carlos Larrazábal Blanco
remotísimo de la noticia de los hombres». (Lib. I, t. II, cap.
CXLVI, pág. 303).
El venerable Beda nació en Durham, Inglaterra. Su vida discurrió entre el año 675 y el año 735. Escribió muchas obras
sobre retórica, teología, filosofía e historia. La más celebrada
de sus obras es la Historia ecclesiástica gentis Angelorum. También
escribió un Manual de dialéctica y Chronicon sive de sex huius
saeculi aetatibus mundi, que sirvió de base cronológica a casi
todas las crónicas universales de su época. Estaba precedida
de un escrito, De temporibus, que trataba del cómputo de las
festividades cristianas.
Beroso
(Prólogo, pág. 7).
(Prólogo, pág. 32).
«… y también por el tratado que se intitula de Beroso, Lib.
V, de las “Antigüedades”, que Hespero no reinó en España más
de diez años…». (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 112).
«… y de España fuese a reinar (Hespero) y reinase por cierta parte de Italia, y en la Italia muriese, según dice Beroso en el
Lib. V, de las Antigüedades…». (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 113).
Beroso fue un historiador caldeo del siglo iv, A. de J. C. Escribió
una historia de Babilonia o de la Caldea. Se hayan fragmentos de
Beroso en el tomo XIV de la Biblioteca Griega de Fabricio. La
obra de Beroso, según Mariana (Historia general de España): «fue
ocasión de hacer tropezar y errar a muchos: libro compuesto
de fábulas y mentiras… sin saber bastante disimular el engaño».
Biblia
«7º del Apocalipsis». (Prólogo, pág. 20).
«Concluyendo, pues, las utilidades que traen consigo las
verdaderas historias, confírmase todo lo dicho por sentencia de
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
327
Sant Jerónimo, y el cual en el prólogo de la Biblia, dice que: “El
libro del Paralipomenom, tal es y de tanta estima digno, que si
alguno quisiese sin él alcanzar la ciencia de las escrituras, él así
mismo debería burlar y encarnecer…». (Prólogo, pág. 13).
«… como dice por Sant Mateo: Solem sum osiri facit super bonos
et malos, et pluit super justos et injustos…» (Lib. I, t. I, cap. XVII,
pág. 135).
«Esto dice el Eclesiástico en el capítulo 34: No aprueba Dios
los dones de los que, con pecados y daños de sus prójimos, ofrecen a Dios sacrifico de los robado y mal ganado, antes es ante su
acatamiento el tal sacrificio como si al padre, por hacerle honra
y servicio, le hiciesen pedazo al hijo delante». (Lib. I, t. I, cap.
XXIV, pág. 190).
«… lo otro porque contra los negocios más aceptos a Dios
y que más provechosos son a su santa Iglesia, mayor fuerza pone
para los impedir el ejército de los infiernos conociendo que
poco tiempo le quedaba ya, como se escribe en el Apocalipsis».
(Lib. I, t. I, cap. XXIX, pág. 234).
«Esto parece, por lo que el Hijo de Dios por su boca divina manifestó por Sant Lucas, capítulo postrero: “Necesario fue
Cristo padecer, y ansí, por pasión, entrar en su propia gloria”».
(Lib. I, t. I, cap. XXXVII, pág. 272).
«Y los Apóstoles dijeron, Actuum 14: “Por muchas tribulaciones nos es necesario entrar en el reino de Dios”». (Lib. I, t. I,
cap. XXXVII, pág. 272).
«Génesis, 7» (sobre el Diluvio). (Lib. I, t. II, cap. CXLII,
pág. 285).
«… como Josefo, con razón pudo decir a sus hermanos,
como a gente de otro reino, extraña y fingiendo que no la conocía, vosotros espías debéis de ser de este reino de Egipto para ver
lo más flaco dél, etc., como parece en el Génesis, cap. 42». (Lib.
I, t. II, cap. XCIV, pág. 52).
«… Josué, II, dijo ella: Novi quod Dominus tradiderit vobis terram…». (Lib. I, t. II, cap. CII, pág. 84).
«… y así, hemos de creer, que el Espíritu Santo, por boca de
Isaías, habló que España vernían los primeros que a estas gentes
328 Carlos Larrazábal Blanco
convertirían, pero que lo podamos señalar con cierto lugar de
su profecía, no pienso que sin presunción, si no fuese con nueva
lumbre y nueva inteligencia divina, hacerlo podríamos». (Lib. I,
t. II, cap. CXXVII, pág. 205).
«(Acerca de los viajes que hacían las embarcaciones de
Salomón en busca de oro a la isla Taprobana». (Lib. I, t. II, cap.
CXXVIII).
«Así que, como aquel río Nilo sea uno de los cuatro que salen del terrenal Paraíso y se llama Geon (como parece, Génesis,
II, capítulo 4º), que comúnmente se llama Nilo, de este vocablo
nilon, griego, que quiere decir limoso, porque su agua es muy
limosa…».
(Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 214).
«Plantaverat autem dominus Deus Paradisum voluptatis a principio. “Génesis II”…» (Lib. I, t. II, cap. CXLIII, pág. 286).
«… de aquí es lo que dice Ecclesiastés I: ad locum unde exeunt
flumina intrant revertuntur ut iterum fluant: omnia flumina intrant
in mare et mare non redundat». (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 296).
«Génesis», cap. 2º (sobre el Paraíso). (Lib. I, t. II, cap.
CXLIV, pág. 294).
«Y a esto parece consonar aquellas palabras del “Génesis”, cap.
3º, conviene a saber: que como Adán oyese la voz del Señor, que
andaba paseándose, ad auram post meridiem, hacia el aire suavísimo
de esa parte de mediodía…». (Lib. I, t. II, cap. CXLV, pág. 299).
(Acerca del Paraíso). (Lib. I, t. II, cap. CXLVI).
«… parece también esto, porque según el texto hebreo,
“Génesis”, II, plantó, Dios el Paraíso en Edén, que significa la
tierra o lugar donde plantó, la cual estaba poblada y habitada
de gentes, como parece “Génesis”, cap. 4º Egresus Cain habitavit
profugus ad Orientaten plagam Edem;… y en “Ezequiel”, cap. 27,
donde se cuentan muchos pueblos naciones que traían mercadurías a Jerusalén, entre ellos se nombra los pueblos de Edem
y Charam, de donde se averigua ser provincia o región poblada
por entonces. Dícese en Ezequiel: Charam et Edem negotiatores tui,
etc., Edem cuasi provincia y región, donde está el Paraíso». (Lib.
I, t. II, cap. CXLVI, pág. 304).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
329
«Quiero aquí volver el rayo de la consideración, antes que
pase adelante, a la infalible y menuda providencia de Dios y sabiduría sempiterna, la cual puesto que parece que no habla, clamores da, empero, en las plazas y en las puertas de las ciudades,
en medio de las campañas, y en todas partes y lugar levanta su
voz, como dice Salomón en el primero de sus “Proverbios”…».
(Lib. I, t. II, cap. CLXII, pág. 377).
«… que uno de los principales cuidados que Dios tiene… es
cerca de la prueba y guarda y conservación de la verdad; de aquí
es lo que dice el salmista David: qui custodit veritatem in saeculum,
y por Esdras: veritat manet, et invalescit in aeternum et vivit et obtinet
in saecula saeculorum». (Lib. I, t. II, cap. CLXXV, pág. 460).
«Por esta causa, el profeta David clamaba: Notile confidere in
principibus in filiis hominum in quibus non est salus». (Lib. I, t. II,
cap. CLXXXI, pág. 497).
«desto se halla escrito en la Escriptura sagrada, en el fin del
libro de Ester». (Lib. II, t. III, cap. XII, pág. 64).
«Para que, por ellas (las obras de los cristianos) cognosciendo la limpieza, rectitud, blandura, suavidad y santidad de
la ley cristiana, se volviesen luego a glorificar al dador de ella,
Jesucristo, y, por consiguiente no tardarían en convertirse. Así lo
testifica el mismo Sant Mateo en el cap. 5º». (Lib. II, t. III, cap.
XII, pág. 66).
«Así dejo Dios ciertas naciones, por los pecados de los hijos
de Israel, para que los inquietasen, turbasen, infestasen, robasen
y castigasen, como parece por el libro de Josué y de los Jueces».
(Lib. II, t. III, cap. LV, pág. 285).
«No debiera de ignorar Anciso aquello que en el Eclesiástico
está escripto… Immolantes ex inicuo oblatio est maculata. Dona iniquorum non probat Altissimus, nec respicit in oblationibus iniquorum,
etc.» (Lib. II, t. III, cap. LXIII, pág. 322).
«Este (Alejandro Magno),… llegado a los montes Caspios,
donde habían sido puestos y desterrados, llevados cautivos, los
diez tribus de Israel, por Teglaphalasar y Salmanazar, reyes de los
asirios, del cual cautiverio se trata en los capítulos 15 y 17 del IV
de los Reyes…». (Lib. II, t. III, cap. LXIII, pág. 322).
330 Carlos Larrazábal Blanco
«Cunde toda la isla la fama y victorias de Enriquillo, húyense
muchos indios del servicio y opresión de los españoles, y vanse a
refugio y bandera de Enriquillo como a castillo roquero inexpugnable, a se salvar, de la manera que acudieron a David, que andaba huyendo de la tiranía de Saúl… como parece en el primer
libro de los Reyes, cap. 22…». (Lib. III, t. V, cap. CXXV, pág. 9).
«… y díjose que con alegría iba cantando aquello de David:
Montes Gelboe nec ros nec pluvia cadat super vos, ubi ceciderunt fortes
Israel». (Lib. III, t. IV, cap. XXXIII, pág. 42).
«… y así, una de las mayores plagas y azotes que Dios suele
dar a los pueblos, que determinan desmampararse de la palabra
de Dios es de sermones privallos, y así lo amenaza Dios por los
profetas: Mittant famem in terram, non famen panis sed audiendi
verbum Dei, etc.» (Lib. III, t. III, cap. XXIII, pág. 476).
«… aunque no sé si otros peores pueden ser, hacen hacer
a los Reyes algunas veces los de sus Reales Consejos, de lo cual
se quejaba aquel gran rey Artajerjes, como parece en el capítulo
final del libro de Esther». (Lib. III, t. IV, cap. XXXVII, pág. 62).
«… como si el Rey tuviese poder absoluto para ir contra
los preceptos de la ley natural, o aprobar y suplir lo que fuese
comentado contra ella, que no es otra cosa sino quitar y poner
ley natural, lo que el mismo Dios no puede hacer, porque no
puede negar a sí mismo, como dice Sant Pedro…». (Lib. III, t.
IV, cap. XXXVII, pág. 61).
«Y porque era tiempo del adviento acordaron que el sermón
se predicase el cuarto domingo, cuando se canta el Evangelio
donde refiere Sant Juan: “Enviaron los fariseos a preguntar a
Sant Juan Baptista quién era, y respondioles: Ego vox clamantis in
deserto». (Lib. III, t. III, cap. III, pág. 364).
«Llegada la hora del sermón… el tema que para fundamento de su retractación y desdecimiento se halló, que una sentencia del Santo Job, en el cap. 36, que comienza: Repetam scientiam
meam a principio…» (Lib. III, t. III, cap. V, pág. 370).
«… y que la servidumbre que estas padecían era condenada
por Dios, como parecía por Ezequiel, cap. 34, Vae pastoribus Israel
qui pascebant semet ipsos…» (Lib. III, t. III, cap. VIII, pág. 388).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
331
«… y por esto fueron reprendidos agriamente por el Señor,
los que fueron hallados ociosos todo el día en el mercado; y Sant
Pablo dice: “El que no quiere trabajar no coma”…». (Lib. III, t.
III, cap. IX, pág. 393).
«… cierto, de ellos se puede muy bien decir aquello del
libro de la Sabiduría, cap. 5º Ambulavimus vías difficiles». (Lib. III,
t. IV, cap. LXVI, pág. 197).
«El cual, estudiando los sermones que les predicó la Pascua,
o otros por aquel tiempo, comenzó a considerar consigo mismo
sobre algunas autoridades de la Sagrada Escritura, y, si no me
he olvidado, fue aquella la principal y primera del Eclesiástico,
capítulo 34, Immolantes ex iniquio oblatio, est maculata, etc., comenzó, digo, a considerar la miseria y servidumbre que padecían
aquellas gentes». (Lib. III, t. IV, cap. LXXIX, pág. 253).
Bocaccio
«Lo dicho se prueba por Juan Bocaccio, Lib. IV, capítulo
29, De genealogía deorum, donde afirma Hespero haberse llamado
Hespero por haber ido a poblar o reinar en Etiopía, la postrera
hacia el occidente…» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 113).
«Concuerda con esto Juan Bocaccio, Lib. IV, cap. 30, del
libro susodicho donde dice: Fuere quippe ut placet Pomponio, insulte
in Oceano occidentali habentes, ex opposito desertum littus in continenti
inter Hesperos, etc.» (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 123, 124).
«Decláralo… el mismo Bocaccio en el libro de los Mares,
diciendo así: “Hesperium mare ethiopic Oceani pars est ab Hesperdis
Virginubus denominatum”…» (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 124).
Es el célebre escritor, poeta y erudito italiano del siglo xiv, conocido autor del Decamerón, monumento de la lengua italiana.
De genealogía deorum fue obra copiosa que dedicó a un rey de
Chipre y se supone concluyó en 1359. Está dividida en 15 libros, de los cuales, casi todos, excepto los dos últimos, tratan
de las guerras que sostuvieron los dioses paganos, así como
también de sus amores. Los dioses aparecen agrupados por
332 Carlos Larrazábal Blanco
linajes de familias. Trató Bocaccio de explicar los mitos antiguos por medio de alegorías. La obra es pesada, confusa y trata
con seriedad por medio de la física o de la astronomía asuntos
disparatados y múltiples simplezas que provocan risa.
Boecio
«y Boecio De consolation; Lib. III, metro 5: Tellus tua jura cremiscat, et serviat ultima Thile». (Lib. I, t. I, cap. X, pág. 87).
«… y Boecio, lib. IV, metro último De consolatione». (Lib. I, t.
I, cap. XVI, pág. 127).
«De Consolatione, metro 5º». (Lib. I, t. I, cap. XL, pág. 295).
«Libro I, De consolatione, prosa 4ª». (Lib. I, t. II, cap. CIV,
pág. 99).
Boecio fue un filósofo y político romano. Nació en 475,
murió ejecutado, en 525. Estando en prisión en Pavía escribió su libro de la Consolatione Philosophiae, diálogo en
prosa y en verso del propio Boecio, y la Filosofía. Este libro
tuvo muchos comentadores durante la Edad Media. Fue
Boecio comentador de Aristóteles y por mucho tiempo fue
conocido el gran filósofo por medio de estos comentarios
que versaron acerca de las categorías, la interpretación, los
analíticos, los silogismos. También comentó los tópicos de
Cicerón y de Porfirio y escribió tratados sobre aritmética,
geometría y música.
Brices
«Ansí aquel poeta, Brices, testificaba y que Homero en sus
versos había hecho mención de dos géneros de etíopes o negros». (Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 61).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
333
El Burgense
«El Burgense en las adiciones de Nicolao de Lira, expone a
la larga el cap. 18 de Isaías de aquellas diez tribus». (Lib. II, t. III,
cap. LXIII, pág. 323).
El Burgense es Don Pablo de Santa María. Después de su conversión escribió su Scrutinum Scripturarum y sus Adiciones a las
apostillas de Nicolao de Lira.
Fray Juan de Cabedes
«Parece convenir que se refiere aquí a la opinión que
aquel Obispo tuvo de estas gentes de las Indias, y de las obras
que en ellas hicieron nuestra gente de España, para declaración
de aquello que el Obispo dijo ante el Rey, que los indios eran
siervos a natura. Esto parecerá por un tratado que compuso
en latín e dedicó a un licenciado Barrera, médico, muy amigo,
el cual me lo dio a mí, porque lo era también mío, en el cual
movió y determinó dos cuestiones: la una, si la guerra que se había movido y hacía estas gentes era justa: Utrum bellum hactenus
contra indos Occeani maris insular incolentes sit justum. La segunda
cuestión, si los captivos en aquellas guerras fuesen esclavos legales:
Secundo, untrum capti in hoc bello sunt servi legales». (Lib. III, t. V,
cap. CL, pág. 137).
Juan de Cabedes fue el primer obispo del Darién.
Los canonistas
«… ansí lo tratan y disputan los canonistas en el capítulo
Cum causan de probationibus, y en el capítulo Inter dilectos. De fide
instrumentorum». (Prólogo, pág. 13).
334 Carlos Larrazábal Blanco
Don Alonso de Cartagena
«… Hispania est et hera Hesperia ab Hespero stella occidentali dicta. Lo mismo afirma el obispo de Burgos D. Alonso de Cartagena,
en el libro único de los reyes de España, cap. 30…». (Lib. I, t. I,
cap. XVI, pág. 121).
Las Casas
«… y así contra la ley natural y divina, como en nuestro
libro De trahendi modo universas gentes ad veram religiones, habemos
evidentemente demostrado…» (Lib. III, t. III, cap. XI, pág. 404).
«… en nuestro primer libro, cuyo título es De unico vocationis modo omnium gentium, ad veram religionem». (Lib. III, t. IV, cap.
LVII, pág. 157).
«Y esto verán los que quisiesen leer nuestro libro, escrito en
latín, cuyo título es: De unico vocationis modo omnium gentium ad
veram reliogenem, más claro que el sol». (Lib. II, t. III, cap. LXIV,
pág. 325).
Apologética Historia. (Lib. III, t. IV, cap. LXXXII, pág. 269).
«De cómo esta predicación se debe hacer sin armas, véase,
por quien quisiere verlo, en nuestro libro en latín, en los capítulos postreros, 5, 6 y 7, con muchos párrafos, cuyo título es, De
unico vocationis modo omnium ad veran religionem…» (Lib. III, t. IV,
cap. CXVII, pág. 462).
«De unico vocationis modo omniun gentium ad veran religionem».
(Lib. III, t. V, cap. CXLIV, pág. 111).
Apologética Historia. (Lib. III, t. V, caps. CXLIV y CXLV).
«… de esto hemos escrito largo probado en nuestro libro De
unico vocationis modo omnium gentium ad veran religionem, capítulo
4». (Lib. II, t. V, cap. CLI, pág. 142).
«Esto parecerá placiendo a Dios, en nuestro tratado “De
restitución” en latín escrito; en el libro I y II. De unico vocationis
modo omnium gentium ad veram religionem, y en suma parece en
nuestro Confesionario en romance, ya impreso, mayormente en el
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
335
Confesionario nuestro, grande, que no está impreso». (Lib. II, t.
V, cap. CLIII, pág. 154).
Casiodoro
«Descendiendo también a los autores cristianos así se movieron por necesidad de la defensa de la honra y gloria divina
y por la grande utilidad de su iglesia: Eusebio a escribir el libro
De Temporibus y el mismo Rufino la Historia eclesiástica, el uno a
escribirla y el otro a interpretarla, y la Tripartita Casiodoro, como
allí parece por ella». (Prólogo, pág. 16).
Magno Aurelio Casiodoro nació en Bnuttium, la Calabria, Italia,
en el año 468. Estuvo al servicio del rey bárbaro Teodorico.
Dejó la vida política más tarde y se apartó a sus dominios
donde fundó un gran establecimiento monástico que dirigió
hasta su muerte ocurrida en 562. Su obra Institutione divinarum
et saecularium literarium, que adoptó San Benito de Nursia, fue
por muchos siglos la base de la enseñanza y de la clasificación
de la ciencia. Dejó escrita también una Historia eclesiástica, una
Historia de los godos en 12 libros y su Tratado del alma. Se considera como la más importante de sus obras la Colección de sus
cartas y la colección de los Decretos de Teodorico.
Marco Catón
(Prólogo, pág. 7).
«Marco Catón fue persuadido a escribir del origen de
las naciones por defensión de la antigüedad de su Italia, para
confundir la jactancia de los griegos, que descender de ellos los
latinos afirmaban…» (Prólogo, pág. 9).
(Prólogo, pág. 32).
Es Marco Porcio Catón, el Censor, y la obra a que se refiere Las
Casas es en la que hace la historia de Roma, la de las ciudades
336 Carlos Larrazábal Blanco
italianas y de la primera y segunda guerra púnica, llamada Los
orígenes.
Cristóbal Colón
«y cerca de esto, dice Cristóbal Colón en una carta al rey D.
Fernando, que yo vide escrita de su mano. “Dios nuestro Señor
me envió acá porque yo sirviese a Vuestra Alteza, dije, que milagrosamente, por que yo fui al rey de Portugal, que entendía
en el descubrir, mas que otro, y le tapó la vista y oído todos los
sentidos, que en catorce años no me entendió”, etc.» (Lib. I, t. I,
cap. XXVII, pág. 219).
«Aquí también ocurre más que notar que según parece por
algunas cartas de Cristóbal Colón, escrita de su misma mano,
para los Reyes de esta misma isla Española, que yo he tenido
en mis manos, un religioso que había por nombre fray Antonio
de Marchena… fue el que mucho le ayudó a que la Reina se
persuadiese y aceptase la petición…» (Lib. I, t. I, cap. XXXII,
pág. 250).
«El cual en el libro de esta su primera navegación que escribió para los Reyes Católicos dice de esta manera: Yo, … porque
conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra
santa fe con amor que por fuerza…». (Lib. I, t. I, cap. XL,
p. 296).
«Estas son finales y formales palabras de Cristóbal Colón,
varón dignísimo, y egregio, de su primer viaje que hallé escritas
en el libro que hizo para los Reyes de su primera navegación
a Indias y descubrimiento de ellas». (Lib. I, t. I, cap. LXXV,
pág. 468).
Hernando Colón
(Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 67).
(Lib. I, t. II, cap. XCVI).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
337
«D. Hernando dice, que cuando salió el Almirante a hacer
la guerra a la gente que estaba junta en La Vega…, lo prendió
(a Caonabo) con otros muchos señores caciques…». (Lib. I, t. I,
cap. CII, pág. 87).
«Aquí es de advertir lo que en su historia dice D. Hernando
Colón en este paso, aferando la ida de Mosén Pedro Margarite,
que hacían en los indios los cristianos…». (Lib. I, t. II, cap. CIII,
pág. 98).
Lib. II, t. III, cap. XXIII, pág. 123; cap. XXVI, pág. 134; cap.
XXVII, pág. 138; cap. XXIX, pág. 149, 151; cap. XXX, pág. 153;
cap. XXXIII, pág. 168; cap. XXXVIII, pág. 192.
Hijo del primer Almirante, que escribió sobre la vida de su
padre, que es la obra a la cual se refiere Las Casas.
El Comentador
«… dícelo el Comentador en el libro III, “De anima”. Error,
inquit, intellectus et falsa opinio ita se habet in cognitionibus, sicut mostrum in natura corporali». (Lib. III, t. V, cap. CLI, pág. 143).
Se refiere el padre Las Casas al filósofo Averroes, que comenta
a Aristóteles.
Pedro Comestor
«… en la Historia Escolástica, en el libro II, de los Macabeos,
cap. 7». (Lib. III, t. IV, cap. CXXII, pág. 491).
Nació en Troyes, Francia, dejó escrita una historia escolástica
del Nuevo Testamento.
338 Carlos Larrazábal Blanco
Cornelio Nepote
«Cornelio Nepote cuenta, que en el tiempo que Quinto
Metello era procónsul en Francia, que ciertos mercaderes que
salieron de la India, con grandes tempestades, fueron a parar a
Germania». (Lib. I, t. I, cap. XIV, pág. 105).
Cornelio Nepote fue un historiador romano que vivió en el siglo I antes de Jesucristo. Se le atribuyen varias obras: Chrónica,
Exemplorum libri, Vida de Cicerón, Cartas a Cicerón, De Historicis,
Poesías, Vida de los generales ilustres.
San Crisóstomo
«Todo esto es de Sant Crisóstomo, sobre San Mateo». Qui
in diaboli iniquitatibus ambulit diaboli adjutorium necessarium
habet [...]» (Lib. II, t. III, cap. LXIII, pág. 321).
San Juan Crisóstomo fue padre de la iglesia griega, nació en
Antioquía en 347, murió en 407. Sus obras, que tratan de asuntos dogmáticos, discursos, panegíricos, homilías, etc., han sido
publicadas varias veces.
Diágoras
(Prólogo, pág. 6).
Diágoras fue un filósofo griego, discípulo de Demócrito.
Diccionarios
«Aprueban lo dicho (“el haberse nombrado España,
Hesperia, de la estrella Hespero”) todos los diccionarios, o por
la mayor parte, como el Cornucopia, columna 502, y columna
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
339
345, y el Chatholicon y Calepino, y otro que no queremos aquí referir». (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 121).
«Junto a la mar, infinitas ostias pegadas a las ramas de los
árboles que entran en la mar las bocas abiertas para recibir el
rocío que cae de las hojas, hasta que cae la gotera de que se
engendran las piedras, según dice Plinio, y alega al Vocabulario
que se llama Catholicon» (Lib. I, t. II, cap CXXXVIII, pág. 259).
El Calepino fue un diccionario de voces latinas y griegas compuesto por el fraile agustino, natural de Bérgano, Ambrosio
Calepino, nacido en 1435 y muerto en 1511. El diccionario
se publicó en Reggio, en 1502, tuvo aceptación y se publicaron diversas ediciones hasta entrado el siglo xviii.
Diodoro Sículo
«Explícalo eso mismo no avaramente Diodoro Sículo».
(Lib. III, cap. 8º. Prólogo, pág. 4).
(Prólogo, pág. 7).
«Eso mismo testifica Diodoro» (Libro III, cap. 8º ubi supra.
Prólogo, págs. 8-9).
« [...] con lo que afirma Diodoro Sículo, lib IV, cap. 5º
que Atlante tuvo muchos hijos, y uno dellos insigne en justicia
y humanidad para con los súbditos, a quien puso por nombre
Hespero [...]» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 114).
« [...] lo mismo Diodoro, lib. IV, cap. 4º, de una isla de
Etiopía [...] dice que se llama Hesperia porque está situada al
Occidente [...]» (Lib. I, t. I, cap. XVI, págs. 119-120).
(Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 127).
« [...] también aquesta gente, por su simplicidad y mansedumbre, a la de una isla que cuenta Diodoro en el Lib. III,
capítulo 13 de su Historia, de la cual dice maravillas». (Lib. I, cap.
XL, t. I, págs. 297-298).
«Y los reyes de Egipto no echaban en las minas a sacar
oro sino a los condenados por sus delitos, etc. Todo esto dice
Diodoro, Lib. IV, cap. 2º». (Lib. II, t. III, cap. XIII, pág. 74).
340 Carlos Larrazábal Blanco
«Y en el lib. VI, cap. 9º, el mismo Diodoro, del trabajo que saca
oro nos trae otros testigos [...]» (Lib. II, t. III, cap. XIII, pág. 75).
«Verum cum die noctuque in labore perseverent multi exnimio labore moriuntur [...] Todo esto es de Diodoro [...]» (Lib. II, t. III,
cap. XIII, pág. 75).
«Porque habemos dado en el argumento y descrecimiento del
río Nilo [...] (admirable a los que 1a ven, increíble a los que la oyen,
como dice Diodoro) [...]» (Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 212).
«Y Diodoro también lo mismo afirma: Itaque locorum inscitia
errandi materiam priscis scriptoribus proebuit, Nili fontes locaque ex
quibus fluit nullus ad hoc tempus neque vidisse se dicit, neque audisse
ab allis qui se assererent aspexisse, ex quo res ad opiniones et conjeturas
pervenit». (Lib. I, t. II, cap. CXXIX, págs. 218-219).
«quiero traer aquí lo que dice Diodoro, antiguo historiador
y de mucho crédito entre los antiguos, de los trabajos que trae
consigo el oficio de sacar oro [...] Cuenta en el libro IV, cap. 2º,
que los Reyes de Egipto a todos los que cometían crimen alguno
digno de muerte, y a los enemigos que prendían en las guerras
[...] por pena los echaban a las minas a sacar oro [...] Sobre los
trabajos añadíanles injurias, afrentas, azotes y palos [...] andaban
todos desnudos [...]» (Lib. III, t. III, cap. X, págs. 399-400).
«Y porque más copiosamente se pruebe que vida y descanso
suceda el oficio de sacar oro a los que 1o sacan, quiero también
traer aquí lo que el mismo Diodoro, libro VI, cap. 9º, refiere
que con esta obra y ejercicio padeció España. Después que los
romanos sojuzgaron a España, los italianos con ansia de se enriquecer [...] compraron gran copia de esclavos españoles [...]
y rnetiéronlos en las minas de oro y plata [...] muchos morían
por el demasiado y excesivo trabajo [...]» (Lib. III, t. III, cap. X,
pág. 401).
Diodoro Sículo, retórico e historiador griego que nació en
Agiro (Sicilia), y vivía hacia el año 50 antes de J. C. Escribió
una Historia universal en cuarenta libros, de la cual no quedan
sino los cinco primeros y la segunda década. Ha sido traducida
a idiomas modernos.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
341
Dionisio de Halicarnaso
(Prólogo, pág. 7).
«Dionisio Halicarnaceo púsose a escribir sus comentarios e
historias de los romanos, aunque hombre griego, por causa de
librar su griega nación del error en que estaban, estimando a los
romanos por bárbaros[...]» (Prólogo, pág. 14).
(Prólogo, pág. 33).
Dionisio de Halicarnaso, retórico e historiador griego, pasó
en el año 29 a. J. C. a Roma donde vivió 22 años acumulando
materiales para su obra Antigüedades romanas. De esta obra
se conservan algunos libros. Se le atribuyen a Dionisio otras
obras.
San Dionisio
«Capítulo 9, De Coelesti hierachia» (Prólogo, pág. 20).
El Areopagita, juez del Areópago cuando San Pablo compareció ante este tribunal ateniense. Primer obispo de Atenas,
alcanzó el martirio en el año 95. Se le atribuyen, sin razón
(según algunos) estas cuatro abras: De los nombres divinos; De
la jerarquía celeste, que es la que cita Las Casas; De la jerarquía
eclesiástica y Teología mística.
El Dominico
«El Dominico in capítulo, quamvis 21 dist, y en el capítulo
Placuit 16 dist., y en el capítulo In nomine Domini y en otras partes
de los decretos». (Prólogo, pág. 13).
Puede ser Juan Dominici o Dominico, prelado y teólogo italiano (1356-1119) que ocupó la sede episcopal de Ragusa y
recibió el capelo en 1408.
342 Carlos Larrazábal Blanco
Egissipo
(Prólogo, pág. 7).
(Prólogo, pág. 32).
Hegecipo. Dos historiadores del mismo nombre existieron:
uno, el más antiguo, historiador eclesiástico del cual se conservan fragmentos de su Historia de la Iglesia, desde la muerte de
Jesucristo; y el otro, historiador de una época incierta, y presunto autor de una traducción abreviada de la obra de Josefo
titulada De bello judaico et exidio urbis hiero-soly-mitanae.
Enciso
«Esto debía de entender el Cacique [...] el cual, según escribió el bachiller Enciso, en un tratadillo, que llamó Suma de
Geografía», a el mismo que le hacía este requerimiento». (Lib. II,
t. IV, cap. LVIII, pág. 159).
«Suma de Geografía». (Lib. III, t. IV, cap. LXIII).
El bachiller Fernández de Enciso, que se distinguió en la conquista de Darién, compuso una obra cuyo título es el siguiente:
Suma de geografía que trata de todas las partidas et provincias del
mondo: en especial de las Indias, et trata largamente del arte de marear, juntamente con la esphera en romance, con el regimiento del sol
et del norte [...] assi mesmo va puesta la cosmographia por derrotas
y alturas por donde los pilotos sabrán de hoy en adelante muy mejor
que fasta aqui yrá descobrir las tieras que avieren de descobrir [...] Fue
sacada esta suma de muchos et aucténticos autores [...], et de la experiencia de nuestros tiempos, que es madre de todas las cosas (1519)».
Ephorus
«Ephorus decía, que la causa era esta: que como la tierra
de Egipto fuese toda de su natura seca y árida, y tenga muchas
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
343
hendiduras y resquebrajaduras, rescibe y atrae los inviernos la
humedad y frío del cielo, la cual como en el verano, por manera
de sudor, la produzca, este sudor y humedad hace crecer al Nilo
en el verano; pero desta burla Diodoro diciendo que no solamente Ephoro ignoró la región y la naturaleza de Egipto, pero
ni aún oyó a los que la sabían, donde también prueba contra él
haber mal dicho». (Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 216).
Eforo fue historiador griego nacido en Cime o Kime hacia el
380 antes de J. C. Fue autor de una Historia General que se cree
fuera el primer ensayo de historia universal. Se ha perdido esta
obra, y los pocos fragmentos que se han salvado fueron publicados en París en 1841, por Muller, en Fragmenta historicum
greaccorum.
Estesias
(Lib. I, t. I, cap. V, pág. 56).
Estrabón
«A esta razón ayuda lo que dice Estrabón en el libro XV
de su Cosmografía, diciendo, que nadie llegó con ejército al fin
oriental de la India [...]» (Lib. I, t. I, cap. V, pág. 56).
«Esto parece más clarificarse por lo que dice Strabo en el
primer libro de su Cosmographia que el Océano cerca toda la
tierra y que al Oriente baña la India y al Occidente la España y
Mauritania». (Lib. I, t. I, cap. IX, pág. 81).
(Lib. I, t. I, cap. X, pág. 87).
«Item, Strabo, libro último De Situ Orbis: Supra hanc est
Ethiopum regio qui Hesperi vocantur, etc.» (Lib. I, t. I, cap. XVI,
pág. 119).
« [...] y porque según se colige de Strabon en el fin del Lib. III
De Cosmographia o De situ Orbis, los cartagineses descubrieron estas
islas de los Azores antiguamente» (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 127).
344 Carlos Larrazábal Blanco
(Lib. I, t. I, cap. XL, pág. 295).
«y sin duda son estas islas Cassitéridas o Cattitéridas, de que
hace mención Estrabon en el fin del Lib. III, de su Geografía,
donde dice que los fenices o cartaginenses, que vivían en nuestra isla de Cáliz, las descubrieron y las tuvieron encubiertas por
el estaño y plomo que dellas rescataban» (Lib. I, t. I, cap. XXVI,
pág. 202).
« [...] y desta manera (la de los ciguayos) solían en Castilla
la Vieja, hacia el reino de León, los leoneses, o castellanos, antiguamente criar los cabellos como las mujeres, hasta abajo; ansí
lo cuenta en su libro III Strabo: longas ut faeminae inferius diffundunt comas». (Lib. I, t. II, cap. CXX, pág. 165).
«Esta manera de juegos escaramuzales se usaban antiguamente en Castilla, la que decimos Vieja, puesto que intervenían
en Castilla caballos, que Estrabo llama Gymnica certamina, y debía
ser más que juegos de cañas: y dice así en el libro III, pág. 104, de
su Geografía: Gimnica etiam conficiunt certamina, armis exercent ludos, et equis, et coestibus, et curibus, et tumultuaria pugna, et instructo
per cohortes proelio». (Lib. I, t. II, cap. CXIV, pág. 140).
«[...] dellas (de las hormigas gigantes de Taprobana) hace
mención Strabon, libro II, y libro XV, y de grifos terribles y otras
bestias venenosísima) [...]» (Lib. I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 208).
(Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 214).
«Strabon también a lo mismo concuerda: Paradisus est
lecus in oriente positus [...]» (Lib. I, t. II, cap. CXLIII, pág. 287).
«Strabon, en el principio de su Geografía, hace la misma
mencion destas islas Canarias, y también que en España, por su
fertilidad ponía Homero y también Platón los dichos Campos
Elíseos, que llamamos el Paraíso». (Lib. I, t. II, cap. CXLIII,
pág. 288).
«y Strabo en el libro VIII» (sobre la comunicación interior
de la fuente del río Alfeo, en Grecia y la fuente de Aretusa, en
Sicilia). (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 295).
«De todo lo dicho se sigue, que podrá estar el Paraíso en
alguna isla cercada de mar, porque ninguna razón repugna, antes parece apuntarse por el dicho de Strabo, y que dicen, que,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
345
interjecto Oceano et montibus appositis, etc. estar cercado de mar, y
así ser isla»; (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 296).
Estrabón fue un geógrafo griego, nacido hacia el año 60 antes de
Jesuscristo. Compuso dos obras de geografía con los materiales
recogidos en viajes que hizo por los países conocidos. La primera
contaba de 43 libros, eran las Memorias históricas, continuación de
la Historia General de Polibio y que no ha llegado hasta nosotros.
La otra obra nos es conocida y comprende 17 libros.
Eusebio
«Descendiendo también a los autores cristianos así se movieron por necesidad de la defensa de la honra y gloria divina
y por la grande utilidad de su iglesia: Eusebio a escribir el libro
De Temporibus y el mismo Rufino la Historia eclesiástica, el uno a
escribirla y el otra a interpretarla, y la Tripartita Casiodoro, como
allí parece por ellos» (Prólogo, pág. 16).
(Prólogo, pág. 32).
«Deste trata largamente Sant Agustín [...], e Eusebio en los
libros De evangelica preparatione». (Lib. I, t. I, cap. X, pág. 86).
«y segun Eusebio, Lib. VI, cap. 8º, De evangelica preparatione».
(Lib. II, t. III, cap. XLIII, pág. 222).
«Responde [...] y Eusebio, en el libro XII De evangelica preparatione, que los griegos [...] aquellos (los Campos Elíseos) y otras
muchas cosas tomaron de los libros de Moisen». (Lib. I, t. II, cap.
CXLIII, pág. 288).
Pánfilo Eusebio, obispo de Cesarea en Palestina. Nació hacia
258 y murió en 338. Asistió al célebre Concilio de Nicea y en
él actuó contra Arrio. Compuso La crónica, compendio de la
historia de los tiempos antiguos desde Abraham hasta el 328
después de J. C.; Historia eclesiástica, en diez libros desde el nacimiento de Jesucristo hasta la muerte del emperador Licinio,
en 324; Topografía de la Tierra Santa, vertida al latín por San
Jerónimo.
346 Carlos Larrazábal Blanco
Eutropio
(Prólogo, pág. 7).
(Prólogo, pág. 32).
Flavio Eutropio, historiador latino que vivía en el siglo IV de la
era cristiana. Escribió un Brevarium o compendio de la historia
romana en 10 libros desde la fundación de Roma hasta el reinado de Joviano.
Fabio Píctor
(Prólogo, pág. 7).
Quinto Fabio Píctor, el más antiguo de los analistas latinos.
Compuso Anales de la historia de Roma. Fragmentos de Fabio
Píctor han sido publicados.
Felino
«Felino en el capítulo Ex parte el 1º De rescriptis».
(Prólogo, pág. 13).
Fernández de Oviedo
«la prueba que trae Gonzalo Fernández de Oviedo, el primero imaginador desta sotileza, en el Lib. II, cap. 3º de la primera
parte de su General historia [...]» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 108).
(Lib. I, cap. XVI, pág. 122).
(Lib. I, cap. XVI, pág. 128).
«al cual (Hernán Pérez) en esto que dice de no haber saltado el Almirante en tierra, no cree el mismo Oviedo». (Lib. I,
t. XL, pág. 295).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
347
«En esta flota fue Rodrigo de Bastidas, pero escapóse en
un navío de los ocho o seis que escaparon; y así erró Gonzalo
Fernández de Oviedo, en el capítulo 8 del Lib. III de su Historia,
donde dijo que lo había enviado preso el comendador Bobadilla
con el Almirante: yo sé que esto no es verdad» (Lib. II, t. I, cap.
V, pág. 2).
«Después de los cuales muertos, los demas sojuzgados,
repartiéronlo entre sí, que es el fin de sus guerras que llaman
conquistas, (y esto llama Oviedo en su Historia pacificar, y todos
los que se jactan de conquistadores [...])» (Lib. II, t. III, cap. LV,
pág. 283).
«Afirmar pues, como hace Oviedo que todos eran sodomitas
los que aquella y desta isla, bien creo, que de haberlo escripto,
donde quiera que hoy está le pesa, y plega a Dios que sea pesar
con fruto de conciencia». (Lib. III, t. III, cap. XXIII, pág. 479).
«Oviedo dice muchas cosas, como suele, que no vido, de
costumbres malas de la gente de aquella isla, que ni yo supe que
fui de los primeros y estuve allí algunos años». (Lib. III, t. III,
cap. XXIV, pág. 485).
«Dice Oviedo que cuando alguno se casaba [...] todos los
convidados, primero que el novio, habian de tener con la novia
mala parte; yo creo que el que lo dijo a Oviedo no le dijo verdad
[...]» (Lib. III, t. III, cap. XXIV, pág. 485).
«Y conforme a estos sus errores e insensibilidad, en el libro
último de su primera parte, que llamo Historia general y natural,
cap. 5º levanta al Clérigo que andaba procurando aquella empresa como deseoso de mandar [...]» (Lib. III, t. V, cap. CXLII,
pág. 99).
«Habrá hoy, (en Jamaica) de todos los vecinos que allí había, que estaba como una piña de piñones, de gente toda poblada, obra de cien personas, y no se si llegan a tantos. Este fructo
sale de la pacificación que dice Oviedo a cada paso [...] es de
ver cómo los encarece y sublima Oviedo, como quien ha hecho
grandes hazañas, y todos son caballeros y gente noble, según él,
los que a hacer estas obras acá pasan». (Lib. II, t. III, cap. LVI,
págs. 287-288).
348 Carlos Larrazábal Blanco
«Puesto que si la Historia de Oviedo llevara en la frente
escripto como su autor había sido conquistador, robador y matador de los indios, y haber echado en las minas gentes dellos,
en las cuales perecieron, y así ser enemigo cruel dellos, como
se dirá, y el mismo cristianos cuerdos, poco crédito y autoridad
lo confiesa, al menos entre los prudentes y su historia tuviera».
(Lib. III, t. III, cap. XXIII, pág. 480).
« [...] y en libro III, cap. 6º, dice así: “Para mí, yo no absuelvo a los cristianos que se han enriquecido ó gozado del trabajo
destos indios, si los maltrataron y no hicieron su diligencia para
que se salvasen”. Y un poco más arriba, dice: “que vele cada uno
sobre su conciencia de tratar los indios como a prójimos, aunque ya en este caso poco hay que hacer en esta isla y en las de San
Juan y Cuba y Jamaica, que lo mismo ha acaescido en ellas, en la
muerte y acabamiento de los indios, que en esta isla”». (Lib. III,
t. V, cap. CXLIV, pág. 110).
(Lib. III, t. V, cap. CXLII, cap. CXLIII, cap. CXLIV, cap.
CXLV, cap. CLX).
Philon
(Prólogo, pág. 7).
«Della (de la isla Atlántica) eso mismo hizo mención Philon,
judío doctísimo [...] en el fin del libro que hizo, que el mundo es
incorruptible [...]» (Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 74).
Filón el judío, filósofo de Alejandría, nació hacia el año 20
antes de J. C. Era hebreo de nacionalidad.
Francisco Patricio
‘Si las imágenes y figuras que hacen los artífices despiertan
los ánimos de los hombres a hacer lo que aquellos, cuyas son,
hicieron (como dice Francisco Patricio en el libro II, tratado 10
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
349
De Regimine Principum), mucho más los despertará que las ánimas
y cuerpos y obras de los pasados representa». (Prólogo, pág. 12).
Francisco Pratrizzi o Patricius, filósofo italiano (1529-1597).
Fue autor de varias obras, entre ellas De la retórica, Nova de
universis Philosophia, Los diez diálogos en la historia de Venecia, La
milicia romana de Polibio y otras.
Fulgoso
« [...] como lo cuenta Fulgoso en el libro I de sus
Coletáneas, que en el año 1072, en montes o sierras de Suiza
[...] cavando bien hondo [...] en unas minas de metales hallaron un navío enterrado con masteles y anclas de hierro, y,
dentro del navío, los huesos de 40 hombres [...]» (Lib. I, t.
II, cap. XCI, pág. 38).
Fulco de Benevento, cronista del siglo XII. Su Crónica comprende desde 1102 a 1114.
Gaetano
«y porque por aquel tiempo escribía sobre la segunda secun
dae de Santo Tomás, acordó de escribir contra esta tiranía en
la cuestion 66 sobre el art. 8º». (Lib. III, t. IV, cap. XXXVIII,
pág. 63).
Es Tomás de Vio, prelado italiano, nacido en Gaeta (14701534). Fraile dominico, cardenal en 1517. Dejó escrito
Comentarios sobre la suma de Santo Tomás, la Biblia y Aristóteles.
Se le conocía con el nombre de Cayetano, a la española, o
Gaetano, a la italiana.
350 Carlos Larrazábal Blanco
Galeno
«esto parece poder haber sido, por lo que refiere Galeno
sobre Hypocras, en el tractado de Aere et aqua. Cuenta Galeno
allí, que muchos de los scythas [...] son como eunucos [...]»
(Lib. III, t. IV, cap. XLVII, pág. 107).
Gómara
«‘Cerca desta ida de Cortés por capitán deste viaje, dice el
clérigo Gómara, en su Historia, muchas y grandes falsedades,
como hombre que ni vido ni oyó cosa della [...]» (Lib. III, t. IV,
cap. CXIV, pág. 448).
«y echólos la corriente a cabo de quince días en la costa de
Yucatán, y aportaron al señorío de cierto señor o cacique, que
segun Gómara dice que habia dicho, que algunos sacrificó dellos a sus ídolos, y los comió [...]pero que se huyeron [...]» (Lib.
III, t. IV, cap CXVII, pág.. 461).
«Y por esto Gomara dice en su Historia, que la guerra y la
gente con armas es el camino verdadero para quitar los ídolos
y los sacrificios, y otros pecados a los indios [...]» (Lib. III, t. IV,
cap. CXVII, pág. 462, siguientes).
«y es placer lo que Gómara dice aquí para justificar las obras
de Cortés en aquel pueblo hizo»; (Lib. III, t. IV, cap. CXIX, pág.
471 y sig.).
(Lib. III, t. IV. cap. CXX).
«Escribió después dél un clérigo llamado Gómara, capellán y criado del Marqués del Valle [...] y tomó de la historia de
Oviedo todo lo falso cerca del clérigo Casas, y añidió muchas
otras cosas que ni por pensamiento pasaron [...]» (Lib. III, t. V,
cap. CXLII, pág. 100).
(Lib. III, t. V, cap. CLX).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
351
Gregorio Nazianceno
«y según Gregorio Nazianceno en la 8ª oración fúnebre
sobre la muerte de Sant Basilio [...]» (Lib. I, t. I, cap. XX,
pág. 165).
« [...] a esto hace lo que dice San Gregorio en el Lib. XIII.
cap. 19 de los Morales sobre aquellas palabras de Job: Semel loquitur Deus, et secundo idipsum nom repetit [...]» (Lib. I, t. II, cap.
CXXVII, pág. 205).
«Responde Gregorio Nazianceno en la oración octava sobre la muerte de Sant Basilio [...] que los griegos, aquello (los
Campos Elíseos) y otras muchas cosas tomaron de los libros de
Moisen [...]» (Lib. I, t. II, pág. CXLIII, pág. 288).
San Gregorio Nacianceno fue Padre de la iglesia griega, natural de Asia Menor. De su obra escrita han quedado discursos,
cartas, poesías.
Fray Guillermo
«Fray Guillermo en su Antigua Historia dice: “Que ninguna
cosa después de la gracia y de la ley de Dios viviente, más recta y
válidamente instruye a los hombres, que si sepan y tengan noticias de los hechos de los pasados”». (Prólogo, pág. 12).
Herodoto
(Prólogo, pág. 7).
«Todo esto cuenta Herodoto en su libro IV» (Lib. I, t. I, cap.
VIII, pág. 78).
«Por lo que cuenta Herodoto en su Lib. IV». (Lib. I, t. I,
cap. XIV, pág. 105).
« [...] puesto que Herodoto en su Lib. IV testifica que la
primera vez que se tuvo noticia por experiencia de África, fue
352 Carlos Larrazábal Blanco
por los descubridores fenices que invió Necho, rey Egipto» (Lib.
I, t. I, cap. XV, pág. 119).
«Lib. I, t. I, cap. XX, pág. 166).
«[...] Herodoto, libro III, de su Historia, dice que son mayores que zorras (las hormigas gigantes de Taprobana [...])» (Lib.
I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 208).
(Acerca del Nilo) (Lib. I, t. II, cap. CXXIX).
«Herodoto en el segundo libro de su Historia [...] puso: que
tiene que el sol en verano cuando está en medio del cielo [...]
vientos fríos causa y trae así mucho humor, el cual humor derrama sobre la tierra hacia las fuentes del Nilo». (Lib. I, t. II, cap.
CXXIX, pág. 217).
(Lib. I, t. II, cap. CXXIX, págs. 215, 217, 218).
«Delia (de la Mesa del sol) hace mención Herodoto en el
libro III de su Historia [...]» (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 291).
Hesíodo
«Hesiodus [...] hace mención que en las islas Canarias estaba el Paraíso [...]» (Lib. I, t. II, cap. CXLIII, pág. 288).
Higinio
«Astronomía poética», (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 113)
(Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 122).
«Confírmase por lo que cuenta Higinio en el libro de las
Fábulas, fábula 30, de las doce hazañas que a Hércules mandó
Euristeo [...]» (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 124).
«Esta fábula tracta Higinio en el libro que hizo de las
Fábulas que arriba se recitó en dos ó tres lugares, y en el Lib. II
De poética astronómica, cap. De serpente, y cuéntala muy diferente
de los otros, pero no dice que de las Gorgonas a las Hespérides
había cuarenta días de navegación antes contando la fábula de
Perseo, en el dicho libro De poética astronómica no trata de islas,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
353
sino de las mismas mujeres Gorgonas».) (Lib. I, t. I, cap. XVI,
págs. 126-127).
El Higinio de Las Casas es Cayo Higini, que no hay que confundir con el gramático latino, llevado como esclavo a Roma por
Julio César, y que vivió en el siglo primero de la era cristiana.
El autor de quien se trata vivió en el segundo siglo y escribió
el Liber fabularum, que es la continuación de algunas leyendas
mitológicas, y el Poeticon Astronomicum de que trata el historiador Las Casas.
Menéndez Pelayo dice respecto de las obras de Higinio lo
siguiente: «Se le atribuye el Poeticon Astronomicon, intitulado
también De Astronomía y De Ratione Sphaerae, tomado principalmente de Eratóstenes y de Arato».
Homero
(Lib. I, cap. VI, pág. 58).
«Ansí aquel poeta, Brices, testificaba y que Homero en sus
versos había hecho mención de dos géneros de etíopes o negros». (Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 61).
«estos llamó aquel ilustre y celebradísimo poeta Homero,
en el libro que intituló Odissea, donde tracta de Ulises, Lib. IV,
de aquella obra, los Campos Elíseos, que quiere decir morada de
los justos y píos [...]» (Lib. I, t. I, cap. XX, pág. 165).
«diciendo que muchos días había que deseaba ver aquella
presencia real, por las razones que a ello le obligaban, y que
agora que Dios le había complido su deseo, cognoscia que facies Priami digna erat imperio; lo que el poeta Homero dijo de la
hermosura de Príamo, aquel excelente rey troyano». (Lib. III, t.
V, cap. CXLVIII, pág. 129).
Histuebsus
(Lib. III, t. III, cap. VII).
354 Carlos Larrazábal Blanco
«Bien parece ser suyo este requerimiento y amasado de
su harina, porque lo funda todo en errores de Hostiensis, cuyo
secuaz fue, como largamente hobimos dicho en nuestro primer
libro, cuyo título es De Unico vocationis modo omnium gentium ad
veram religionen en latín escrito». (Lib. III, t. IV, cap. LVII, pág.
157)
San Isidoro
«porque segun S. Isidro en el libro IX, cap. 40 de las
Etimologías, la historia en griego se dice [...] id es, videre, que
quiere decir ver o conocer». (Prólogo, pág. 8).
«Lib. XIV, cap. 6 de las Etimologías», (Lib. I, t. I, cap. X,
pág. 87).
« [...] cuanto más que según Sant Isidro, las Hesperides se
nombraron de una ciudad que se llamaba Hespérida en fin de
Mauritania [...]» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 115).
«y San Isidro, Lib. XIV, cap. 6, de las Etimologías: Gorgades
insulae Oceani obvesae promontorio quod vocatur Hesperioncaeras».
(Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 12).
«destos es San Isidro, Lib. XIV, cap. 4º de las Etimologías,
al fin: Hispania prius ab ibero amne nuncupata, postea ab Hispalo
Hispania cognominata est». (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 121).
«Dellas (las Islas Canarias) cuenta Sant Isidro libro XIV,
cap. 6º, de las Etimologías». (Lib. I, t. I, cap. XX, pág. 163).
« [...] Y Sant Isidro en el Lib. XIX, cap. 27». (Lib. I, t. I, cap.
XL, pág. 295).
«De aquí entienden que el Paraíso sea situado en Oriente,
y así lo dice Sant Isidro, cap. 8º del libro XIV, de las Etimologías».
(Lib. I, t. II, cap. CXLIII, pág. 286).
«Sant Isidro y otros dicen haber 10 notables ciudades en ellas
(en la isla Taprobana)». (Lib. I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 210).
« [...] por lo que San Isidro dice en el libro XIV, cap. 3º
de las Etimologías, que la isla Taprobana hierve de perlas y de
elefantes [...]» (Lib. I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 208).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
355
« [...] las perlas de que hablamos, en latín se llaman propiamente margaritas, porque se hallan en las conchas de la mar,
segun dice Sant Isidro, libro XVI, cap. 10 de las Etimologias [...]»
(Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 246).
«Todas las cosas dichas (relativas a las virtudes medicinales
de las perlas) son sacadas [...]» de Sant Isidro, Lib. XVI, cap. 10
[...]»; (Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 248).
«Lo mismo dice Sant Isidro, libro XIV, cap. 8º de las
«Etimologías» (sobre que el monte Atos proyecta sombra sobre
la isla Lemmos)». (Lib. I, t. II, cap. CXLII, pág. 284).
«Deste dice Sant Isidro, libro XIV, cap. 8º, de las Etimologías,
que Olimpo es un monte de Macedonia demasiadamente alto
[...]» (Lib. I, t. II, cap. CXLII, pág. 283).
«Así lo testifica Sant Isidro en el libro XIV, cap. 6º, de las
Etimologías: Fortunatarum Insuale vocabulo suo significant omnia fere
bona quasi felices et beatae fructum ubertate [...]» (Lib. I, t. II, cap.
CXLIII, pág. 287).
«Las Etimologías» (Lib. III, t. III, cap. XV).
San Isidoro de Sevilla nació en Cartagena, España, hacia el
570 y murió en Sevilla en 636. Entre las obras que escribió se
cuentan: Los orígenes en 20 libros, enciclopedia científica; De
Differentiis, sive propietate verborum, que trata de los sinónimos;
Comentarios sobre el Antiguo Testamento; Crónica general desde la
creación del mundo hasta el año 626; Crónica especial de los godos,
suevos y vándalos; De Rerum Natura, compilación de errores físicos y astronómicos de la época; De las sentencias o de Summo bono;
Allegoriae quaedam sacrae scriptura; Contra judecos; Syninimorum de
lamentatione animae peccatricis.
«Desde su mayor notoriedad (Isidoro de Sevilla) a su famosa
enciclopedia Orígenes y Etimologías, en veinte libros, que contienen todo lo que podía saber un erudito en el siglo vii. Es una
verdadera suma; interesa más por la cantidad de conocimientos en ella acumulados que por la originalidad doctrinaria o el
vuelo metafísico, por cuya razón le asignan rango secundario
los historiadores de la Patrología» (José Ingenieros, La cultura
filosófica de España).
356 Carlos Larrazábal Blanco
Isócrates
«Ninguna pestilencia mas perniciosa puede ofrecerse a los
Príncipes, segun sentencia de Isócrates, que los aduladores o
lisonjeros [...]» (Prólogo, pág. 5).
Isócrates fue un orador y retórico ateniense (436-338 a. de J.
C.) Compuso una obra titulada Panegírico de Atenas y se conservan 10 cartas y fragmentos de sus composiciones oratorias.
Jenofonte
De equivocis. (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 112).
El célebre general griego que dirigió la retirada de los diez mil.
Historiador, filósofo. Entre sus obras se distinguen: Economía,
Anábasis, La Ciropedia, Diálogos memorables de Sócrates, la Apología
de Sócrates.
San Jerónimo
«Concluyendo, pues, las utilidades que traen consigo las
verdaderas historias confírmase todo lo dicho por sentencia de
Sant Hierónimo, y el cual en el prólogo de la Biblia, dice que:
“El libro del Paralipomenom, tal es y de tanta estima digno, que si
alguno quisiese sin él alcanzar la sciencia de las escrituras, él así
mismo debria burlar y escarnecer [...]”» (Prólogo, pág. 13).
(Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 74).
(Lib. I, t. II, cap. CXXVII).
«San Gerónimo, sobre el profeta Amós, cap [...], cuasi
parece declinar en esta sentencia; dice allí que el río Nilo,
una vez en el año, viene mucho avenido, tanto que riega toda
Egipto, pero que esto se hace por divino milagro, sin algún
aumento de agua, sino que se hacen grandes montones de
arena en las bocas del Nilo por donde entra en la mar, y así el
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
357
agua de arriba vuelve atras, y por acequias grandes que están
hechas en la tierra de Egipto, va el agua a la bañar». (Lib. I, t.
II, cap. CXXIX, pág. 216).
«[...] y a lo que dice Pedro de Aliaco, que los santos lo tuvieron en reverencia, (el libro IV de Esdras), no lo probara con
San Jerónimo, el cual, en la “Epístola contra Vigilancio”, dice
que nunca aquel libro leyó, porque no conviene tomar en las
manos lo que la Iglesia no recibe»; (Lib. I, t. II, cap. CXXIX).
Epistola ad Paullinum (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 200).
«Por esto la llama Sant Jerónimo, donde dije arriba.
Famosssimiah solis mensam». (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 291).
Célebre Doctor de la Iglesia, natural de la Iliria, nació en 331
y murió en 420. Entre sus obras se cuenta la traducción de la
Biblia llamada Vulgata.
Sus obras la constituyen cartas críticas y exegéticas, tratados
contra sus adversarios, vida de santos, diálogos, etc.
Josefo
«Josepho, aquel ilustre historiador y sabio entre los sacerdotes doctos de los judíos, en el prólogo de los veinte libros de
las Hebraicas Antigüedades, cuatro causas refiere, por las cuales
diferentemente los que se disponen a escribir historias son movidos». (Prólogo, pág. 3).
«Testifícalo también más difusamente Josepho, contra
Appion, gramático alejandrino, Lib. I». (Prólogo, pág. 4).
(Prólogo, pág. 7).
(Prólogo, pág. 8).
«La necesidad que le compelió para escribir los libros de las
antigüedades de los judios fué porque los griegos deprababan
la antigüedad de la nación judáica [...] y para componer los De
Bello Judaico le forzó, que algunos, que en las guerras que Tito
y Vespeciano contra los judios tuvieron, no fueron presentes,
escribían fingiendo cosas vanas [...]» (Prólogo, pág. 14).
358 Carlos Larrazábal Blanco
«La causa también de escribir contra Appion, gramático
alejandrino, dos libros, asigna Josepho (conviene a saber) porque Appion y otros dectractores, impugnaban los libros que había escrito de las antigüedades de aquel pueblo [...] Una dellas
entre muchas, era que veneraban o adoraban una cabeza de un
asno [...] todo lo susodicho toca Joepho en el proemio de los
libros De antiquitatibus [...] Et improemio libri De Bello Judaico arit
[...] y cuasi al principio del primer libro contra Appion: [...] y en
el libro segundo de aquella obra [...]» (Prólogo, págs. 15 y 16).
(Prólogo, pág. 32).
«También refiere Josepho, en el fin del libro II, de las
Antigüedades, que yendo Alexandre contra Darío, y no habiendo
camino por donde pasase su ejército se le abrió la mar que llaman Pamphilica [...]» (Lib. II, t. III, cap. LXIII, pág. 323).
« [...] y Josepho dice que no se compraba y vendía el oro y
la plata, luego, tomábase como a escondidas y hurtado de dichos
animales (las hormigas gigantes de la isla Taprobana)». (Lib. I, t.
II, cap. CXXVIII, pág. 209).
«Josepho en el libro III, De antiquitatibus, cap. 7º [...] Y
porque dice Josepho que traían elefantes, y que trajese solo los
dientes dellos, parece concordar con lo susodicho que aquella
isla o provincia de donde se traía el oro fuese la isla Taprobana
[...]» (Lib. I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 281).
«Lo mismo afirma Josepho, libro I, cap. 2º De antiquitatibus:
Dicit autem etiam Deum plantasse ad Orientem Paradisum, etc.» (Lib.
I, t. II, cap. CXLIII, pág. 287).
«Así lo testifican Josepho, en el libro de las Antigüedades
judaicas [...] (relación de la acción de Pompeyo sobre Jerusalén
aprovechando las disesiones entre los hermanos Hircano y
Aristóbulo)». (Lib. III, t. IV, cap. (XXII, pág. 490)
San Juan
«Cap. 7º del Apocalipsis» (Prólogo, pág. 20). (Lib III, cap. III).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
359
Juan Damasceno
«Cerca de lo primero, esta es sentencia común de todos los
doctores, que es el más alto lugar de la tierra (el Paraiso), y así
lo dice Damasceno, libro II, cap. 2º, De ortodoxa fide: in Oriente
quidem omni terra celsior, etc.» (Lib. I, t. II, cap. CXLII, pág. 282).
«San Juan Damasceno, De ortodoxa fide, libro II, cap. 2º, intercetera dice: Hic locus divinus est Paradisus, Dei manibus, in Edem,
id est delitiis et voluptate, plantatus in Oriente quidem omni terra celsior,
etc.» (Lib. I, t. II, cap. CXLIII, pág. 286).
«Así dice Sant Juan Damasceno: Hic locus divinus est Paradisus
Dei manibus in Edem id est, delitiis et voluptatibus, etc.» (Lib. I, t. II,
cap. CXLVI, pág. 304).
San Juan Damasco nació en Damasco hacia el año 676. En
1712 se publicaron en París sus obras completas, entre ellas:
Sobre las herejías, Exposición a la fe ortodoxa, Contra los adversarios
de las santas imágenes, Contra los maniqueos, Sobre la Santísima
Trinidad.
Juan de Viterbio
(Prólogo, pág. 7).
«y suma estos años Juan de Viterbio en el tractado que
compuso de los Reyes de España, cap. 15, hablando del mismo
Hespero [...]» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 111).
Este es Annio de Viterbo, llamado también Juan Nanni y a
quien llama también Las Casas Annio Viterbense. Sabio dominico (1432-1502), maestro del Sacro colegio en el reinado de
Alejandro VI; víctima quizás de Cesar Borgia; es célebre por el
libro intitulado Antiquitatum variarum volumina XVIII, fol. 149º,
es una colección de piezas falsas atribuidas a escritores antiguos, tales Beroso, Manetón, Fabio Píctor, Sempronio y otros.
360 Carlos Larrazábal Blanco
Julio César
«Cierto, no fue menor indicio de humanidad y virtud innata por natura, de no violar los derechos de la hospitalidad, esta
obra que la cuenta Julio César en el libro VI de sus Comentarios
[...]» (Lib. I, t. I, cap. LXI, pág. 405).
« [...] dónde y con quién halló más gracia y defensa, con
benigno acogimiento, (se refiere a Guarionex recibido por
Mayobanex) que en Alejandría con Ptolomeo, rey de Egipto,
halló Pompelio, como cuenta Julio César en sus Comentarios de
las guerras civiles, un poco antes del fin del Lib. III». (Lib. I, t. II,
cap. CXX, pág. 166).
Agustín Justiniano
« [...] De donde asaz bien se sigue no haber bien dicho
Agustin Justiniano, el cual en una colección que hizo del
Psalterio en cuatro lenguas sobre aquel verso: in omnem terram exivit sonus eorum, etc. y después en su Crónica, dice que
Cristóbal Colón tuvo oficio mecánico [...]» (Lib. I, t. I, cap. III,
pág. 50).
Agustín Giustiniani fue un religioso dominico italiano, nacido en Génova en 1470. Su principal obra se considera ser un
Salterio hebreo, griego, árabe y caldeo. Las Casas cita esta obra.
Justino
(Prólogo, pág. 7).
(Prólogo, pág. 32).
Justino fue un historiador latino anterior al siglo v. Redactó
un Compendio de Historia Universal que es un extracto de la del
historiador Trogo Pompeyo.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
361
Lactancio Firminiano
«Esto certifica muy bien Lactancio Firmiano en el Lib. I,
cap. 15 de Las Divinas Instituciones: Accesserumt, inquit, poetae et,
compositis ad voluptatem car minibus in coelum eos sustulerunt sicut
facinunt, qui apud Rege [...]» (Prólogo, pág. 6).
«Lo mismo hicieron los atenienses de los libros de Diágoras,
o según otros de Protágoras, porque ponía en duda el ser de los
dioses, según refiere Lactancio en el libro De ira Dei, capítulo 9º».
(Prólogo, pág. 6).
«En el libro de Falsa sapitia, cap. 24 (trata de que la superficie de la tierra es llana)». (Lib. I, t. II, cap. CXLI, pág. 277).
Lactancio Firmiano fue un orador y apologista cristiano.
Murió en Treveris alrededor del año 325. Escribió muchas
obras pero en gran parte se han perdido. Las que quedan son
las siguientes: De la obra de Dios; De la muerte de los perseguidores,
Los siete libros de las instituciones divinas, en la cual obra combate
las superticiones paganas y las sectas filosóficas; Compendio de
las instituciones, De la cólera de Dios, y otras.
Rodrigo Lelio
«y a esta (Properpina), con la diosa Diana, en la isla de Rodas,
coronaban por grande excelencia, según refiere Rodrigino en el
Lib. VII, cap. 8º de las Lecciones antiguas». (Lib. I, t. I, cap. XX,
pág. 165).
«decía que en los soterráneos de España moraba, no el
infierno, sino el Plutón mismo [...] Ansi lo refiere Rodriginio
Lelio, en el Lib. XVIII, cap. 22, de las Lecciones antiguas». (Lib. I,
t. I, cap. XX, pág. 166).
¿Rodriginio Lelio y Ludovico Celio serán un mismo personaje:
Lelio Celio Antipater, historiador romano del siglo I (a. de J.
C.), autor de una historia de las guerras púnicas, encomiada
por Cicerón y Tito Livio?
362 Carlos Larrazábal Blanco
Ludovico Celio
«[...] y refiérelo Ludovico Celio, en el Lib. I, cap. 22 de las
Lecciones antiguas [...]» (Se refiere a las angustias, calor y fuego
porque pasó Hanon con su flota al pasar a la siniestra de Libia ó
Etiopía). (Lib. I, t. II, cap. CXXXII, pág. 228).
Nicolao Leonico
«Nicolao Leonico, libro II, cap. 71 de Varia haber sido
despobladas por la muchedumbre Miunte y la otra Atarnense,
solemnísimas, Historia, refiere dos ciudades, la una llamada de
mosquitos [...]» (Lib. III, t. V, cap. CXXVIII, pág. 27).
Nicolás Leoniceno, médico y filósofo italiano (1428-1524).
Se dice de Leoniceno que tradujo las obras de Galeno y de
Hipócrates y que escribió varias otras originales.
Ley de Mercantores
«Por esta razon se hicieron leyes por los emperadores, que
los romanos no fuesen casados, aunque fuese con títulos de llevar mercaduría, de ir a tierra de persas con quien no tenían paz
ni que hacer, y la razón de la ley asignase en ella: “porque no
parezca o se diga que los romanos son espías o especuladores
de los reinos extraños”. Así lo dice la ley Mercatores, capítulo De
mercatoribus». (Lib. I, t. II, cap. XCIV, pág. 52).
Ley Veluti
« [...] (como parece por la Ley Veluti, párrafo De justitia et
jure, donde dice que de derecho de las gentes, y así, por natural
razón, la religión se debe a Dios, y la obediencia a los padres y
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
363
a la patria, y así es uno de los preceptos naturales, que somos
obligados guardar, so pena de gravísimo pecado mortal) [...]»
(Lib. I, t. II, cap. CII, pág. 83)
Esta ley debe referirse a Donato Velluti, italiano de Florencia
(1313-1375), jurisconsulto notable, que desempeñó cargos
muy importantes en la judicatura. Es autor de memorias muy
interesantes.
Fernán López de Castañeda
«cuando dieron la vuelta habían pasado del Cabo (de
Buena Esperanza) adelante 140 leguas, según dice Hernando
López de Castañeda, coronista de Portogal, Lib. I, cap. 1º de su
Historia» (Lib. I, t. I, cap. XXVI, pág. 212),
«Todo lo que aqui desto he dicho (sobre la expedición
de Pedro Álvarez Cabral), lo saqué de dos historiadores portugueses que escribieron toda la historia desde su principio de la
India, el uno es Juan de Barros [...] y el otro es Fernán López de
Castañeda, en el libro I, cap. 29 de la Historia de la India». (Lib. I,
t. II, cap. CLXXIV, págs. 458-459).
Fernán Lopes de Castañeda fue un historiador portugués.
Consagró 20 años de su vida a buscar todo lo que pudiera interesar a la actuación de su patria en la India. De 1551 a 1561
se publicaron 8 volúmenes de su Historia del descubrimiento y
conquista de la India. Murió en 1559.
Lucano
«Lucano, en el libro X, estima que del crecimiento del Nilo
ninguna otra razón suficiente se puede dar, sino que Dios quiso
proveer al reino de Egipto del agua necesaria, por vía maravillosa, pues allí no quiso que lloviese, sin la cual no podía pasar; y
364 Carlos Larrazábal Blanco
esta no es muy indigna razón, y no discrepa mucho de la de San
Jerónimo». (Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 217).
Marco Anneo Lucano, poeta latino, natural de Córdoba. Es
autor de la Farsalia, poema que canta la guerra entre César y
Pompeyo. Para escapar de la persecución de Nerón se abrió
las venas en el año 63.
San Lucas
«Esto parece, por lo que el Hijo de Dios por boca divina manifestó por Sant Lucas, capítulo postrero: “Necesario fue Cristo
padecer [...]” ansí, por pasión, entrar en su propia gloria». (Lib.
I, t. I, cap. XXXVII, pág. 272).
Macrobio
«Lib. Iº, cap. 22 de Somno Scipionis». (Lib. I, cap. VI, pág. 66).
«In Saturnalibus, Lib. I, t. I, cap. 24». (Lib. I, t. I, pág. 112).
« [...] esto se prueba, lo primero, por Italia, que según
Macrobio fue llamada Hesperia por estar hacia el Occidente [...]
Illi nam scilicet Graeci a stella Hespero dicunt Venus et Hesperia Italia
quae occasui subiecta sit; haec Macrobius, Lib. I, cap. 3º Saturnalium».
(Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 119).
Aurelio Teodocio Macrobio, gramático latino. Vivió según se
cree hacia el año 422. Compuso varias obras: Las saturnales,
Comentario sobre el sueño de Escipión, De diferentis et societatibus
gracci latinique verbi. La primera de las obras son siete libros que
tratan de materias diferentes pero principalmente de retórica
y gramática; el segundo es un resumen de los conocimientos
que entonces se tenían acerca del cielo y de la tierra.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
365
El Maestro de las Historias
«y el Maestro de las Historias, en el cap. 13, sobre el Génesis
afirma lo mismo (sobre la gran altura a que estaba el Paraíso)».
(Lib. I, t. II, cap. CXLII, pág. 282).
El Maestro de la Historia Escolástica
«Todo esto dice el Maestro de las Historias Escolásticas sobre Esther, cap. 5º». (Lib. II, t. III, cap. LXIII, pág. 323).
¿Este y el anterior serán la misma persona? ¿Se referirá a Pedro
Comestor?
El Maestro de las Ciencias
« [...] el Maestro de las Sciencias, en el II, distinción 17, lo
refiere» (la gran altura del Paraíso. Lib. I, t. II, cap. CXLII, pág.
232).
El Maestro de las Ciencias es Santo Tomás.
Francisco Mirones
«Esto es lo que dice Sant Agustín; que escribiendo sobre
aquellas palabras, morietur filius meus Christus, tratase de Esdras y
lo aprobase, no sé dónde Francisco Mairones lo halló» (Lib. I, t.
II, cap. CXXXIX, pág. 266).
Francisco de Mairón fue un escritor religioso francés, llamado
el Iluminado, fraile franciscano y que murió en 1327. Escribió
obras teológicas y filosóficas.
366 Carlos Larrazábal Blanco
Manetón
(Prólogo, pág. 7).
Manetón fue un sacerdote egipcio en tiempos de los dos primeros Lágidas. Compuso para ellos una Historia de Egipto de
la que no quedan sino fragmentos citados por Josefo y otros.
Manuscritos
El Diario de Colón y otros muchos papeles y cartas del
Primer Almirante.
«Probanzas hechas por el fiscal del Rey en el pleito que
siguió contra el Almirante de Indias D. Diego Colón, hijo del
primer almirante, sobre los descubrimientos que este hizo en el
Nuevo Mundo; con las probanzas hechas también por parte del
Almirante». (Lib. I, en varios lugares).
Marciano
«y que Marciano afirma, concordando con Plinio, que debajo de los polos vive gente beatísima o bienaventurada que no
muere sino harta de vivir [...]» (Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 70).
Marciano de Heráclea, geógrafo griego que vivía a principios
del siglo IV de la era cristiana. De su Periplo que compuso no
queda sino una parte.
MARCO PAULO
« [...] perlas finísimas y perlas bermejas, de que dice Marco
Paulo que valen más que las blancas [...]» (Lib. I, t. II, cap.
CXLIX, P 315).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
367
El célebre Marco Polo.
Marino
«porque hizo cuenta que si habiendo Marino escrito en su
Cosmografía quince horas o partes de la esfera hacia el Oriente
[...]» (Lib. I, t. I, cap. V., pág. 56).
Debe ser Marino de Tiro, geógrafo romano del siglo I de nuestra era. Se le ha considerado como uno de los fundadores de
la geografía matemática.
Marsilio Ficino
«No osará referir por historia sino por fábula las maravillas
que Platón de aquella isla dice sino hallara confírmalo Marsilio
Ficino en su compendio sobre el Timeo de Platón, cap. 6º, y en el
argumento que hace sobre otro siguiente diálogo al Timeo que
Platón hizo, a quien puso nombre Cricia e Atlántica, donde trata
de la antigüedad del mundo». (Lib. I, t. 1, cap. VIII, pág. 74).
Marsilio Ficino nació en Florencia en 1433. A los 23 años de
edad escribió sus Institutas platónicas. Entre sus obras también
se cuentan Theologica platónica, Jámbico, Proclo y otros.
Pedro Mártir
«De los cuales cerca destas primeras cosas a ninguno se debe
dar más fe que a Pedro Mártir, que escribió en latín sus Décadas
estando aquellos tiempos en Castilla, porque lo que en ellas dijo
tocante a los principios fue con diligencia del mismo Almirante,
descubridor primero, a quien habló muchas veces, y de los que
fueron en su compañía, inquirido, y de los demás que aquellos
viajes a los principios hicieron; en las otras que pertenecen al
368 Carlos Larrazábal Blanco
discurso y progreso destas Indias algunas falsedades sus Décadas
contienen» (Prólogo, pág. 88).
«Todo esto en sentencia saqué (la duda de los indios de si
los españoles nacían en el cielo o en la tierra) de lo que escribe
D. Hernando Colón […] y de las Décadas de Pedro Mártir». (Lib.
I, t. II, cap. XCVI, pág. 62).
«De otra manera lo cuenta esto (la prisión de Caonabo)
Pedro Mártir en la primera de sus Décadas, que el Almirante
envió a Hojeda, solamente a rogarle que le fuese a ver […] y al
cabo dice, Pedro Mártir, que yendo con su gente armada, en el
camino Hojeda le prendio y llevó al Almirante […]». (Lib. I, t.
II, pág. 88, cap. CII).
«Pedro Mártir dice en su Década primera que Cabrón se
nombraba la casa, o pueblo principal real de dicho Mayobanex
[…]» (Lib. I, t. II, pág. 165, cap. CXX).
«[…] el testimonio de tanta multitud numerosa de testigos,
que de vistas sabían que el almirante fue el primero que descubrió la tierra firme de Paria […] y esto afirma también Pedro
Mártir, en los capítulos 3º y 9º de su primera Década». (Lib. I, t.
II, cap. CLXIV, pág. 391).
«Pedro Mártir afirma haber sido informado, que de aquellas islas de los lucayos, que eran 406, habían los españoles traído
y puesto en captiverio para echar en las minas 40,000 ánimas;
y dellas, y de las demás, un cuento y 200,000; […] Todo es de
Pedro Mártir; cuanto a lo que añade que los lucayos algunas veces mataron españoles, acaecía cuando algunos pocos hallaban
descuidados, porque desque cognoscieron que los destruían, y
que aquella era su venida y demanda, los arcos y flechas, que
usaban para matar pescado, acordaron emplearlos para matar a
los que los mataban, pero todo en vano, porque nunca podían
matar sino dos o tres, o cuatro cuando más se estiraban». (Lib.
II, t. III, cap. XLIV, pág. 229).
«En obra de cuatro o cinco años trujeron a estas islas de
hombres, y mujeres y chicos, y grandes, sobre 40,000 ánimas; y
desto hace mención Pedro Mártir, en el capítulo 1º, de su sétima
Década […]» (Lib. II, t. III, cap. XLIV, págs. 225, 226).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
369
«Y para señal dello dejaron los arcos y las flechas, y van de
presto y traénles pan de su maíz y pescado salado, y vino de brebajes, y así quedaron pacíficos y en amistad de los cristianos. Este
caso refiere también Pedro Mártir, en su segunda Década, cap. 1º,
la cual escribió al Papa León X». (Lib. II, t. III, cap. LXII, pág.
315).
«Esta gente era más blanca que los demás; las mujeres
venían vestidas de cueros de leones bien adobados y los hombres, de otros animales. Deste salto hace mención Pedro Mártir,
en la Década 1ª, capítulo 2º […]» (Lib. III, t. III, cap. XX, pág.
459).
«Por las cosas ya dichas de la benignidad y buen tratamiento
que los indios […] parece claro ser falso lo que refiere allí Pedro
Mártir, que cuando llegaron a aquella isla (Cuba) Colmenares y
Caicedo […] hallaron la carabela en que Valdivia había venido
[…] hecha pedazos […] y juzgaron que los indios los habían
muerto. Dice allí Pedro Mártir, que como no hallaron cuerpo
ninguno, que los matadores los debían de haber echado en la
mar [...]» (Lib. III, t. III, cap. XXIV, pág. 484).
«Hace mención de todo esto (la devoción del cacique
Comendador por la Virgen María, Pedro Mártir, en su Década segunda, cap. 6º, escribiéndolo al papa León X, habiéndolo oído
en Valladolid del mismo Enciso». (Lib. III, t. III, cap. XXIV, pág.
488).
«deste caso abominable (la prisión del cacique Careta) y
salida del Darién para robar e inquietar aquellas gentes, hace
mención en su segunda Década, cap. 3º, Pedro Mártir [...]» (Lib.
III, t. IV, cap. XL, pág. 74).
«este infelice tirano (Juan de Ayora) era natural de Córdoba,
hijodalgo y persona estimada por aquel tiempo, y, sus obras lo
claman, de insaciable cudicia. Deste tirano cuenta Pedro Mártir,
en el cap. 10, de su tercera Década, lo siguiente: Joanes Aiora civis
cordubensis nobili genere ortus misus pro praetore, etc.» (Lib. II, t. IV,
cap. LXII, pág. 178).
«¿habían de venir tan descuidados (Gonzalo de Badajoz y
los suyos, conquista de Darién) que en casas tan ajenas habían
370 Carlos Larrazábal Blanco
de pensar estar sin aviso, como Pedro Mártir dice? Y aunque no
dudamos que Pedro Mártir refiere con verdad lo que decían en
Castilla, y no lo que él por sus ojos veía, por eso, en todo lo que
dice en sus Décadas, cuando concurre favor de los españoles con
perjuicio de los indios, ningún crédito se le debe dar, porque
todo lo más es falsedad y mentira». (Lib. III, t. IV, cap. LXX, pág.
213).
Masseo
«Cuanto más que Atlante, como fuese Japhet, hijo de Noé,
según afirma Masseo en el 2º de su Crónica [...]» (Lib. I, t. I, cap.
XV, pág. 113).
Megástenes
«Desto dice Megástenes, filósofo: Conchas in quibus margaritae et uniones gignuntur retibus capi gregatimque multas veluti apes
depasei, regemque suum habere. Ae si contingat regem comprehendi a
piscatoribus, eas protinus eircumfundi nec vim effugere: fugiente rege et
ipsas effugere». (Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 247).
«Todas las cosas dichas (relativas a las virtudes medicinales
de las perlas) de Megástenes [...]» (Lib. I, t. II, cap. CXXXVI,
pág. 248).
Megástenes. Geógrafo griego enviado por el diadoco Seleuco
Nicator a visitar al rey indio Sandracoto. Con este motivo compuso una obra que titulan Indica.
Metástenes
«Este que dije ingenuamente de los mismos griegos, muchos autores afirman, mayormente Methástenes, persiano, en el
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
371
principio del libro de los hechos anales de la gente de Persia»
(Prólogo, pág. 4).
(Prólogo, pág, 8).
(Prólogo, pág. 7).
(Prólogo, pág. 32).
Sebastán Mustero
«Allí toca que la mayor parte de Egipto era agua […] desto
hace mención Sebastián Mustero en el Lib, VI de su Cosmografía».
(Lib. I, t. I, cap. VIII, pág. 77).
«Todo lo dicho se acaba de confirmar con lo que ahora
Sebastián Mustero, moderno, en su Universal cosmographia, Lib.
V, págs. 1103 y 1104, escribió nombrando las islas de Cabo
Verde las Hespérides […] y son estas sus palabras: Hac ratione ut
ab insulis Hesperidum guas nunc Capitis Viridis Appellant». (Lib. I,
t. I, cap. XVI, pág. 124).
El obispo de Gerona
«[…] Hispania est et hera Hesperia ab Hespero stella occidentali dicta
[…] dello da testimonio el obispo de Girona, en su Paralipomenon,
Lib. VI, capítulo […]» (Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 121).
Paulo Orosio
(Prólogo, pág. 7).
«Por estas lo mismo Pablo Orosio, siete libros de historia compuso, por exhortación de San Agustín, para tapar
las bocas blasfemas de los gentiles romanos […]» (Prólogo,
pág. 16).
«pero yo, con celo de la casa de Dios, determiné contra
los tales errores y blasfemias escribir los libros de la Ciudad de
372 Carlos Larrazábal Blanco
Dios, etc., lo mismo afirmó Paulo Orosio en su prólogo, allí».
(Prólogo, pág. 17). (Prólogo, pág. 32).
«Libro VI, cap. 6º, “De Ormesta Mundi”» (Lib. III, t. IV, cap.
CXXII, pág. 490).
Historiador y teólogo del siglo V, nacido en España. Dejó escrito Historiarum adversus paganos, libri VII, colección de plagas y
calamidades que han azotado al mundo desde Adán hasta 417.
Dejó escritas algunas obras: Moesta Mundi o Historias contra los
paganos, Tratado sobre el libre albedrío. En Las Casas, como se ve,
no se dice Maesta Mundi sino Ormesta Mundi.
Ovidio
(Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 58).
(sobre la comunicación interior de la fuente del río
Alfeo de Grecia y la fuente de Aretusa en Sicilia) «en el V de
Metamorphoseos, al fin». (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, pág. 295).
San Pablo
«Según dijeron Sant Pablo y Sant Barnabás en el libro de los
Actos de los Apóstoles, capítulo 14». (Prólogo, pág. 25).
«[…] y Sant Pablo dice: “El que no quiere trabajar no
coma”, etc.» (Lib. III, t. III, pág. 393).
«porque nunca hemos de hacer cosa mala, por chica y mínima que sea, para que por ella o della haya de salir o hayamos
de sacar, inestimables bienes. Así lo afirma Sant Pablo, Ad Rom.
2 Non sunt facienda mala ut bona eveniant». (Lib. I, cap. XLVI, t. I,
pág. 335).
«Sólo Dios es el que hace las mercedes y no las impropera
ni las deshace, como dice Sant Pablo, cuando verdaderamente
dél no nos desviamos, y el que no engaña ni puede ser engañado, aunque tenga muchos privados». (Lib. I, t. II, cap. CLXXXI,
pág. 497).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
373
«y haciendo heder el nombre de Jesucristo entre aquellas
naciones, con sus obras tan detestables, como dellos dijo Sant
Pablo». (Lib. III, t. IV, cap. XLVII, pág. 107).
El Papa Pío
«Ayuda lo que dice el Papa Pío en la epístola 26: Hortos
namque Hesperidum poetae ultra Atlantem in Africa situs fixere». (Lib.
I, t. I, cap. XVI, pág. 124).
«y según dice el Papa Pío en el prólogo del libro que llamó
Del mundo universo: Nugas in rabulis, in historia verum quaerimus et
serium». (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 129).
Es el papa Pío II o sea Eneas Silvio Piccolomini (1405-1464).
Se han publicado muchas de sus obras: Commentarii te gesti
Bapiliensis concilii; De orto, gegione ac gestis Bohemorum, Epistolae,
que es la obra citada por Las Casas, y la cual a mediados del
siglo xix fue aumentada por el alemán Voigt con 200 cartas
inéditas.
Palacios Rubios
«Fue el otro el doctor Palacios Rubios, doctísimo en su
facultad de jurista, estimado en ella más que todos, y por su
bueno y buen cristiano también tenido, este, como muy letrado
e inclinado a escribir en derecho, como muchas otras obras en
derecho escribió, comenzó desde entonces a escribir cierto libro
que intituló: De insulis occeanis, el cual después prosiguió y acabó
siguiendo en el error de Hostiensis, fundando sobre él el título
que los reyes de Castilla tienen a las Indias […]» (Lib. III, t. III,
cap. VII, pág. 381).
«Uno de los autores de las famosas Leyes de Toro, escribió
muchos trabajos de filosofía natural y moral, de escaso interés» (J. Ing.). Figuró en el Consejo de Indias en la época de
374 Carlos Larrazábal Blanco
la conquista y colonización de América. Algunas de sus obras
más citadas son: De Beneficiis in curia vacantibus nive protuendo
Regum Cantellae juere patronatus (1514); Glossemata ad “Leyes
Tauri”» (1542); De justitia et jure obtentioni et retentiones regni
Navarrae (1514); De insulis mares oceani, que es la citada por
Las Casas.
Palephato Parus o Prienensis
«Muy por el contrario reduce la fábula a historia.
Palephato Parius o Prienensis, antiquísimo, del tiempo de
Artaxerxes, filósofo griego, en el libro que compuso de
Fabulosis narrationibus non credendis, lib. I, cap. De Hesperidibus,
donde dice: Hespero fue un hombre milesio que moraba en
Caria […] tenía dos hijos llamados Hesperides, etc.» (Lib. I,
cap. XVI, pág. 126).
Palefato, nacido en Parus o en Priene, del tiempo de Artajerjes
Muemón el que firmó el tratado de las Atlántidas. Se le atribuye la obra a que parece aludir Las Casas, pero que otros
mencionan con el nombre de De incredibilibus.
Pausanias
«que ansi como fueron, no uno, sino muchos Hércules,
según […] Pausanias autor de historias, griego, lib. XIV». (Lib.
1, t. I, cap. XV, pág. 112).
«[…] Pausanias, lib. V, col. 199, habla de dos Hespérides y
que ellas eran las guardas de las pomas de oro». (Lib. I, t. I, cap.
XVI, pág. 129).
«[…] que aquel huerto de las ninphas Hespérides era una
isla de ellas, y, según Pausanias, historiador griego, eran dos,
donde se criaban ciertas ovejas que producían la lana o velloncino de color de oro, muy rica». (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 126).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
375
Griego del siglo II de la era cristiana, que escribió Itinerario
de Grecia, a manera de guía para viajeros completada con la
referencia de asuntos históricos y mitológicos.
Matías de Paz
«y así carecieron totalmente de la lumbre y claridad, y verdad del hecho. Contra lo cual, mirando el maestro fray Matías
de Paz más en esta materia, compuso un tratado en latín, en
obra de quince días, desterrando é impugnando el modo de
servirse de los indios despótico, y probando que habían de ser
gobernados como personas y gentes libres […]» (Lib. III, t. III,
cap. VIII, pág. 390).
Petrarca
«El Petrarca, en el libro II, cap. 3º De vita solitaria, dice que
los ginoveses hicieron armada que llegó a las dichas islas de
Canarias». (Lib. I, t. I, cap. XVII, pág. 132).
«El Petrarca […] hace mención destas Canarias, en el lib.
II, cap. 3º De vita solitaria, escribió que la gente dellas era poco
menos que bestias». (Lib. I, t. I, cap. XXI, pág. 171).
«Cuenta el Petrarca en sus Triunfos, que en la señoría de
Pisa se despobló una cierta ciudad por esta plaga que vino sobre
ella de hormigas». (Lib. III, t. V, cap. CXVIII, pág. 27).
La vida solitaria fue la obra donde expuso Petrarca sus principios de vida práctica para lograr 1a felicidad del hombre, para
la formación del espíritu y su perfecta educación. Veinte años
estuvo trabajando en esta obra: de 1346 a 1366.
Pitágoras
(Lib. I, t, I, cap. VI, pág. 58).
376 Carlos Larrazábal Blanco
Platón
(Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 58).
Sobre la «Isla del Atlántico» (Lib. I, t. I, cap. VIII, págs. 73
y 74).
«Lo que Platón comienza en el Timeo […] a decir della
(la Atlántida) […] Multa quidem et mirabilia vestrae civitatis, etc.»
(Lib. I, t. I, cap. VIII, pág. 75).
«En el diálogo siguiente que llamó Cricias o Atlántico, pone
muy copiosamente la grandeza, etc.» (Lib. I, t. I, cap. VIII, pág. 76).
«[…] como el Cristóbal Colón pudiese haber leído por el
Platón que de la dicha isla Atlántico parecía puerta y camino
para otras islas comarcanas y para la tierra firme […]» (Lib. I, t.
I, cap. VIII, pág. 78).
Plinio
«Concuerda con ellos (acerca de la opinión que se tenía de
los cronistas griegos) Marco Catón, escribiendo a Marco su hijo,
según refiere Plinio, lib. XXIX, cap. 1º». (Prólogo, pág. 4).
«También hallo a Plinio haber hecho mención desta isla
hundida (la Atlántida) […]» (Lib. II, capítulo 92).
(Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 74).
«Haberse también hecho de mar o de agua tierra […]
cuéntalo Plinio en el capítulo 87 del lib. II y los siguientes». (Lib.
I, t. I, cap. VIIII, pág. 77).
«Destas mudanzas que ha habido en el mar y en la tierra,
trata bien Plinio en el lib. II, de su Natural historia por muchos
capítulos, desde el capítulo 87 hasta el 97». (Lib. I; t. I, cap. VIII,
pág. 76).
«y la isla de Eubea, que agora se llama Negroponte, se cortó
de la provincia Boecia, y otros que allí pone Plinio en el capítulo
90, y lib. IV, cap. 12». (Lib. I, t. I, cap. VIII, pág. 77).
«En nuestra España hubo también […] que ciertas islas
cerca de Cádiz, que se llamaban las islas Ophrodisias donde
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
377
había ciudades populosas y grandes edificios, según cuentan
nuestras historias, y Plinio, lib. IV, cap. 32 […]» (Lib. I, t. I, cap.
VIII, pág. 77).
«Plinio también en su libro II, cap. III, dice que el Océano
cerca toda la tierra». (Lib. I, t. I, cap. IX, pág. 81).
«Lib. II, cap. 77» (sobre la isla de Thule). (Lib. I, cap. X,
pág. 87).
«Ansí lo dice Plinio, lib. X, cap. 10, hablando dello; Videntur
artem gubernandi etc.» (Lib. I, t. I, cap. X, pág. 87).
«según Plinio en el sexto libro de su Natural historia ella sola
es (la India) la tercera parte de la tierra habitable y tiene ciento
y diez y ocho naciones». (Lib. I, t. I, cap. XI, pág. 91).
«Plinio en su lib. II, cap. 69, pone muchos descubrimientos,
que hicieron muchas gentes […]» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 109).
«[…] y llegó (Hanón) al seno o golfo Arábico, que es la
boca por donde entra la mar Océano el mar Bermejo, como
refiere Plinio donde arriba digimos, lib. VI, cap. 31». (Lib. I, t. I,
cap. XV, pág. 110).
«Item Plinio, lib. VI, cap. 3º Ab ea … quinque dieruma navigatione solitudines ad Ethiopes Hesperios, etc.» (Lib. I, t. I, cap. XVI,
pág. 119).
«Así lo nombra Plinio en el lib. VI, cap. 31. Ad Ethiopras
Hesperos et promontorium quod vocamus Hesperioncaeras». (Lib. I, t.
I, cap. XVI, pág. 120).
«Plinio, que tan diligente y curioso fue en escudriñar lo que
había de escribir, por no errar en cosa alguna de mucha ni de
poca importancia, pone todo lo que se cuenta de las Hespérides
por tan dudoso […] El cual en el cap. 31 del lib. VI suso alegado,
dice ansí […]» (Lib. I, t. I, cap. XVI, págs. 128 y 129).
«Desta preciada hierba asphodelo, quien quisiere ver las
propiedades, lea en el lib. XXII, cap. 22, de la Natural historia, a
Plinio». (Lib. I, t. I, cap. XX, pág. 166).
«viniendo a deshoras los hijos de dos dellas fue tanta el
alegría que recibieron (las dos mujeres) que súbitamente espiraron; de algo desto habla Plinio, lib. VII, cap. 53». (Lib. I, t. I,
cap. XXVI, pág. 216).
378 Carlos Larrazábal Blanco
(Acerca de los Seres, pueblos de la India) (Lib. I, t. I, cap.
XL, pág. 295).
(Sobre la formación de las perlas) (Lib. I, t. II, cap. CXXXVI,
pág. 245).
Lib. VI, de su Natural Historia. (Lib. I, t. II, cap. CXXVII,
pág. 204).
Lib. X, cap. 42. (Lib. I, t. II, cap. CXXVII, pág. 205).
«[…] y ansí 1o dice Plinio, libro V, capítulo 9º: Nilus incertis
ortus fontibus; et infra; Lacu protinus stagnante quem vocant Nilidem;
[…]» (Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 219).
«y la más chica (creciente del Nilo), de cinco, cuando andaba la guerra Pharsálica […] según dice Plinio». (Lib. I, t. II,
cap. CXXIX, pág. 213).
«Plinio, en el libro XXXI, cap. 2º, pone haber una fuente
en Asia la Menor, que regando la tierra con su agua la torna
piedra, y un río, que los árboles con sus hojas hacía lo mismo».
(Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 251).
«Todas las cosas dichas (relativas a las virtudes medicinales
de las perlas) son sacadas […] de Plinio, Lib. VI, cap. 35 […]».
(Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 248).
«[…] junto a la mar (hallaron), infinitas ostias pegadas a
las ramas de los árboles que entran en la mar, las bocas abiertas
para recibir el rocío que cae de las hojas, hasta que cae la gotera
de que se engendran las piedras, según dice Plinio […]» (Lib. I,
t. II, cap. CXXXVIII, pág. 259).
«[…] también lo dice Plinio, libro VI, cap. 22, y que los
elefantes de allí son mayores que los de las Indias y el oro más
fino, y las margaritas y perlas más preciosas […]» (Lib. I, t. II,
cap. CXXXVIII).
«Lib. II, capítulos 66 y 67 (trata de la redondez de la
Tierra)». (Lib. I, t. II, cap. CXLI, pág. 277).
«Esto parece que siente Plinio en el cap. 66 del libro II,
Orbem certe dicimus terrae globum quem verticibus includi, fatemur.
Neque absoluti orbis est forma in tanta montium excelsitate tanta camporum planicie». (Lib. t. II, cap. CXLI, pág. 278).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
379
«Hesiodus, poeta que según Plinio, en principio del
libro XIV de la Natural historia fue el primero que dio preceptos o reglas de agricultura […]». (Lib. I, t. II, cap. CXLIII,
pág. 288).
Cayo Plinio Segundo llamado el Viejo o naturalista. Nació en
el año 23 en Como. De sus numerosas obras solo quedan los
37 libros de la Historia natural.
Plutarco
«Demetrio Phalereo, varón doctísimo (según Tulio) amonestaba (como Plutarco en las Apothegmas, pág. 305, dice) al rey
Ptolomeo que tuviese y leyese aquellos libros que trataban de los
preceptos y reglas que los reyes deben guardar […]». (Prólogo,
pág. 6).
«Plutarco en la vida de Sartorio […] refiere más a la larga
las cualidades y felicidad destas islas (las Canarias) […]» (Lib. I,
cap. XX, pág. 163).
«y Plutarco, en la vida de Aníbal cuenta de ambas mujeres
[…] (muertas del placer de volver a ver a sus hijos)». (Lib. I, t. I,
cap. XXVI, pág. 215).
«El otro es aún más eficaz que según Plutarco en la vida y
graciosa historia de Sertorio […] que viniendo a Cáliz por la mar
[…] topó ciertos navíos […] que iban, parece que de las islas de
Canarias […]» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 116).
«Desta manera lo cuenta Plutarco en la vida del mismo Tito
(Tito Quincio vence a Filipos y da libertades a los pueblos griegos». (Lib. III, t. V).
Polibio
«Según dice Polibio en su Historia de los romanos, libro I:
“El que toma oficio de historiador, algunas veces a los enemigos
380 Carlos Larrazábal Blanco
debe con sumas alabanzas sublimar, si la excelencia de las obras
que hicieron lo merece”, etc.» (Prólogo, pág. 31).
Historiador y político griego. Nació 210 años antes de J. C. De
sus escritos no se conserva más que su Historia general, libro
que se ha considerado notable por el estilo, la exactitud de sus
noticias históricas, etc. De los 40 libros de esta historia los 5
primeros están completos, de los 12 siguientes no hay más que
fragmentos y de los restantes no más que extractos. Ha sido
traducida esta obra a idiomas modernos.
Pomponio Mela
Lib. III, cap. 6 (acerca de la isla de Thule).
(Lib, I, t. I, cap. X, pág. 87).
«Pomponio Mela, español, natural de Tarifa que entonces
se llamaba Mellaría Baethicae, como el mismo dice en su libro
II, cap. 6º». (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 109).
«Lib. III, cap. 101, Item, terrae promontorio cui nomen est Hesperi
cornu». (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 120).
«[…] justamente con lo que Pomponio afirma del mismo
monte o promontorio (Hesperioncaeras) en el capítulo alegado
10 y 11 del libro III […]» (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 120).
«[…] porque según Pomponio, lib. III, cap. 11, las
Hespéridas estaban situadas en derecho o frontero de la punta
o tierra calidísima de Etiopía». (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 123).
«Libro III, cap. 7º (acerca de la isla Taprobana)». (Lib. I, t.
II, cap. CXXVIII, pág. 208).
«Libro III, cap. 7º de su Cosmografía». (Lib. I, t. II, cap.
CXXVII, pág. 204).
«Lib. I, cap. 9º» (acerca del Nilo). (Lib. I, t. II, cap. CXXIX,
pág. 214).
«Pomponio dice, que los vientos etesios, o ventando recio
detienen las aguas del Nilo que no salgan a la mar y entonces
suben en alto las aguas del Nilo, o que los mismos vientos sean
causa que cieguen las bocas del Nilo, por donde sale a la mar,
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
381
con mucha arena, y así, lo hagan subir en alto; […]» (Lib I t. II,
cap. CXXIX, pág. 215).
«[…] y Pomponio Mela, libro II, cap. 2º, que es más alto
(el monte Atós) que el lugar donde descienden las lluvias […]»
(Lib I, t. II, cap. CXLII, pág. 284).
«libro III, cap. 10 (sobre la Mesa del sol)». (Lib. I, t. II, cap.
CXLIV, pág. 291).
«[…] y según Pomponio Mela, libro III, cap. 6º, es linaje de
hombres lleno de justicia (los Seres de la Media)». (Lib. II, t. III,
cap. XLIII, pág. 282).
Pomponio Mela nació en Bética, España. Compiló los conocimientos geográficos de su tiempo en su obra De situ orbis en
tres libros. Ha sido traducida a idiomas modernos.
Procopio
«[…] lo demás (respecto de Justiniano y la guerra con los
godos), Procopio en los libros de la Guerra de los godos, y en los de
la Guerra de Persia, y en los de la Guerra contra los vándalos en África
[…]» (Lib. I, t. II, cap. CLXXXI, pág. 499).
Historiador griego que vivió en el siglo VI de nuestra era. Existe
de él, la Historia, en ocho libros donde hace una relación de
las guerras que sostuvo el emperador Justiniano, de la cual
formaron parte los libros que menciona el padre Las Casas.
Protágoras
«Lo mismo hicieron (quemarlos) los atenienses de los libros de Diágoras, según otros de Protágoras, porque ponía en
duda el ser de los dioses […]»
Protágoras fue un célebre sofista griego. Dijo en su libro Sobre
los dioses: «Por lo que toca a los dioses, yo no soy capaz de saber
382 Carlos Larrazábal Blanco
ni si existen ni si no existen; pues hay muchas cosas que impiden averiguarlo sobre todo, la oscuridad del problema y la
brevedad de la vida humana».
Ptolomeo
(Lib. I, t. I, cap. V, pág. 56).
(Lib. I, t. I, cap. VI, págs. 58, 59).
«Da otra razón Ptolomeo en el libro De la disposición de
la esfera que, introductorio al libro del Almagesto, y dice:
que debajo de ambos a dos trópicos, estivo y hiemal, habitan dos géneros de etíopes o negros […]» (Lib. I, t. I, cap.
VII, pág. 67).
«[…] porque si désa parte de las islas Orcadas, que son
treinta según Ptolomeo […]» (Lib. I, cap. VII, pág. 67).
«el cual en el primer libro, cap. 5º de su Geographia, expresamente dice, que por la inmensa grandeza de nuestra tierra firme
muchas partes dellas no habían venido a nuestra noticia» (Lib. I,
t. I, cap. IX, pág. 80).
«[…] fue tenida (la isla de Thule) por la última de todas las
tierras […] Lib. II, cap. 3». (Lib. I, t. I, cap. X, pág. 87).
«Ayudábale (a Colón) a esta creencia que Ptolomeo en el
lib. I, cap. 27 de su Cosmografía, dice que en la India se hablaban
de aquellas cañas». (Lib. I, t. I, cap. XIII, pág. 98).
(Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 122).
«Y ansi parece en la tabla 6ª, de Europa por el Ptolomeo,
donde dice: Italia Hespéria ab Héspero, stella quod illius occasui subiecta sit». (Lib. I, t. I. cap. XVI, pág. 119).
«Item, Ptolomeo en la tabla 4ª de África, describiendo los
pueblos que confinan con los cabos de África […] los llama
Hesperios por estar muy occidentales» (Lib. I, t. I, cap. XVI,
pág. 119).
«Y aunque por las tablas de Ptolomeo se había o tenía noticia del promontorio o cabo Hesperionceras, que agora nombramos de Buena Esperanza» (Lib. I, t. I, cap. XXI, pág. 173).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
383
«[…] según refiere Ptolomeo en la tabla 12 de Asia, son
mil y tres cientos y setenta y ocho (las islas de Taprobana) […]»
(Lib. I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 210).
«[…] que tuvo que solamente la sexta parte del mundo
es habitable, y las otras cinco partes estaban cubiertas de agua,
como padece en el libro de Ptolomeo, De la disposición de la esfera, y en el Almagesto, libro II […]» (Lib. I, t. II, cap. CXXXIX,
pág. 265).
«en su Almagesto, dictione 5a., cap. 16» (trata de la redondez
de la Tierra). (Lib. I, t. II, cap. CXLI, pág. 277).
«[…] y según Ptolomeo […] comunmente todo el orbe
juntamente es dividido con la tierra en dos partes principales,
iguales, según que la línea equinoccial lo divide en dos hemisferios, austral y aquilonar; y dicen que el austral es la cabeza y
eminencia del mundo, y el aquilonar, son los pies y lo bajo y
cuasi sentina del mundo». (Lib. I, t. II, cap. CXLV, pág. 298).
«De aquí es, que Aristóteles y Alberto Magno […] mayormente Ptolomeo, afirman que las estrellas de aquella parte (la
austral) son mayores y más resplandecientes y más nobles y más
perfectas, […] que las aquilonares» (Lib. I, t. II, cap. CXLV,
pág. 299).
Claudio Ptolomeo, astrónomo y geógrafo de la primera mitad del siglo II de nuestra Era Cristiana. Su obra principal,
Composición matemática, fue denominada por los árabes con el
nombre de Almagesto, que quiere decir «muy grande». Allí se
expone el sistema en el cual la Tierra es el centro de sistema
planetario.
Quinto Cursio
«Esto se prueba por la experiencia también según cuenta
Quinto Cursio en la Historia de Alexandre, lib. VII, donde refiere
Alexandre haber entrado con su ejército en la región debajo del
polo […]» (Lib. I, t. I, cap. VII, pág. 69).
384 Carlos Larrazábal Blanco
Quinto Cursio Rufo, historiador latino, compuso la Historia de
Alejandro Magno en 10 libros, de los cuales los dos primeros se
han perdido así como porciones de otros. Se considera esta
historia más que una versión correcta y verdadera del conquistador de Asia, una novela, pues carece de crítica y está llena de
errores históricos, geográficos y cronológicos, pero los críticos
encuentran que el estilo es puro, elegante y poético.
Rábano
«Esto siente la dicha glosa última (cómo sacaban las naves
de Salomón el oro de las islas de Taprobana u Ofir) que es de
Rábano, en el libro III, cap. 9º de los Reyes» (Lib. I, t. II, cap.
CXXVIII, pág. 209).
Rábano Mauro, Hrabanus Maurus o Magnencio, sabio obispo alemán natural de Maguncia (786-856). Sus obras fueron
publicadas y contienen, entre otras: Comentarios sobre la Santa
Escritura; De clericorum Institutiones, que se considera su mejor
obra; De universo, que es una especie de enciclopedia, inspirada en San Isidoro.
García de resende
«Lo que la Historia portoguesa que escribió García de
Resende, de la vida y hechos deste rey D. Juan II de Portugal, el
cual historiador estaba allí en aquel tiempo, dice, quel Almirante
llegó o entró en el restello, que es junto, creo que, a la ciudad, a
6 de marzo […]» (Lib. I, t. I, cap. LXXIV, págs. 465 y 466).
«Tratando deste asiento (entre castellanos y portugueses)
la Historia portoguesa, que refiere la vida del dicho rey D. Juan,
y que escribió el susonombrado autor García de Resende, en
el cap. 166, dice que deste asiento y conclución se hicieron por
los Reyes contratos jurados […]» (Lib. I, t. II, cap. LXXXVII,
pág. 18).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
385
«Este historiador dice en el cap. 167, una cosa que
quiero referir aquí, para aviso de los Reyes, porque es muy
notable, y es, que tenía el rey de Portugal tanta parte en el
Consejo de los Reyes Católicos de Castilla […] que ninguna
cosa se trataba en él, por secreta e importante que fuese, que
no la supiese luego el rey de Portugal, […]» (Lib. I, t. II, cap.
LXXXVII, pág. 19).
García de Resende fue historiador y poeta portugués, nacido
en Évora en 1470. Fue secretario del Rey Juan II y dejó escrita
una Crónica acerca de la vida de este rey.
El arzobispo D. Rodrigo
«[…] Hispania est et hera Hesperia ab Hespero stella occidentali
dicta. Lo mismo afirma el Arzobispo D. Rodrigo, lib. I, cap 3º
[…]» (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 121).
Rufino
«Descendiendo también a los autores cristianos así se movieron por necesidad de la defensa de la honra y gloria divina
y por la grande utilidad de su iglesia: Eusebio a escribir el libro
De Temporibus y el mismo Rufino la Historia eclesiástica, el uno a
escribirla y el otro a interpretarla, y la Tripartita Casiodoro, como
allí parece por ellos» (Prólogo, pág. 16).
Tiracenio Rufino fue un escritor latino nacido en el Véneto.
Su viña discurrió entre 345 y 410. Escribió: Historia eremítica
seu Vitae Patrum y la Historia eclesiasticae, liber II, que cita el
padre Las Casas y que es la continuación de una obra de
Eusebio.
386 Carlos Larrazábal Blanco
Antonio Sabélico
«y destos Colombos hace mención Antonio Sabélico en el
lib. VIII de la Década 10ª, folio 168, […]» (Lib. I, t. I, cap. II, pág.
42).
«Deste pelea navalica y del dicho Columbo Junior hace
mención el Sabélico en su Crónica, 8º libro de la 10ª. Década, hoja
168 […]». (Lib. I, t. I, cap. IV, pág. 52).
Marco Antonio Coccio, llamado Sabélico, fue un erudito italiano (1436-1505). Escribió una Historia de Venecia y también
De Venetis magistratibus, De Venetas urbis y Rapsodiae historiarum
eneades.
Salustio
(sobre la fuente común de los ríos Tigris y Éufrates) (Lib. I,
t. II, cap. CXLIV, pág. 295).
Serbio
«[…] y lo que todos a uno, como dice Servio y los otros
comentadores del Virgilio en el 7º y 8º de las Eneidas […]» (Lib.
I, t. I, cap. XV, pág. 112).
Mauro o Mario Honorato Servio fue un gramático latino del
siglo IV que dejó escrito un célebre Comentario sobre Virgilio,
también Ars decentum mebric, seu centimentrum.
Séneca
(Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 65).
«Della también se acordó Séneca (de la Atlántica) en el lib.
VI de sus Morales […]» (Lib. I, t. I, cap. VIII, pág. 74).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
387
«El cual en la tragedia 7a. que se dice Medea, coro 2º cerca
del fin […] dice ansí: Venient annis saecula seris, etc.» (Lib. I, t. I,
cap. X, pág. 86).
«Alega eso mismo a Séneca en el primero de Los naturales
donde dice que de los fines últimos de España se puede navegar
en pocos días con viento hasta las Indias; y en el cap. 5º refiriendo la grandeza de la India dice que la India es grande en gran
manera […]» (Lib. I, t. I, cap. XI, pág. 91).
«Ayuda a esto lo que dice Séneca en el lib. III de Los naturales Que hay natura de piedras tan esponjosas y livianas, que
hacen dellas en la India unas como islas que van nadando por el
agua […]» (Lib. I, t. I, cap. XIII, pág. 99).
«Traían estos una auctoridad de Séneca en el lib. I, De las
suasorias, donde dice, que muchos sabios antiguamente dudaban
si el mar Océano podía ser navegado». (Lib. I, t. I, cap. XXIX,
pág. 229).
«Aquesta Historia pone Séneca, en el libro VI, cap. 8º, de
las Naturales cuestiones bien a la larga, donde dice así: (aquí la
historia de los centuriones que envió Nerón para inquirir el nacimiento del Nilo)». (Lib. I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 211).
«En lo que toca al nascimiento deste río Nilo, concluyó
Séneca, después de haber mucho disputado, en el lugar en el
precedente capítulo dicho: Que como la tierra que está debajo
de la superficie sea limosa y llena de humidades, cuando concurren juntamente en un lugar son causa que se hagan las grandes
lagunas de mar, y donde los ríos, después, con impetuoso curso
manan, y desta manera siente Séneca que todos los ríos tienen
su principio; pero como sea esta proposición contra la Divina
Escritura que sueña otra cosa, mayormente cerca deste río Nilo,
falso en lo que dice Séneca; pero no es de maravillar, pues no se
avalanzaba a más de lo que le parecía, según su natural juicio».
(Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 214).
«y Séneca también en el libro V de las Cuestiones naturales
[…]» (sobre la comunicación interior de la fuente del río Alfeo,
en Grecia, y la fuente de Aretusa, en Sicilia) (Lib. I, t. II, cap.
CXLIV, pág. 295).
388 Carlos Larrazábal Blanco
Solino
(Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 65).
«y Solino en su Polistor, cap. 56, donde dice que la isla de
Taprobana otros tiempos fue creída por el otro orbe en que habitaban los antípodas» (Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 66).
«Refiere también Solino en su Polistor, cap. 56 que
Alexandre Magno envió un capitán que se llamó Onesicritus
con una flota para descubrir la isla Taprobana […]» (Lib. I, t. I,
cap. VIII, pág. 78).
«Polistor, cap. 68» (acerca de la longitud del océano) (Lib.
I, t. I, cap. IX, pág. 81).
«Cap. 25» (acerca de la isla de Thule) (Lib. I, t. I, cap, X,
pág. 87).
Lib. I, cap. XV, pág. 110.
«Gorgones insulae ut accepimus observae sunt promontorío quod
vocamus Hesperioncaeras, esto dice Solino, capítulo último, esto
también se averigua por la tabla y figura que viene pintada en el
Solino». (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 128).
«No contradice a esto lo que dice allí Solino: In intimos maris
sinus, porque de las Canarias dice, que son cercanas a donde se
pone el sol […]» (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 123).
«[…] pruébase, (que el cabo de Buena Esperanza sea el
antiguo cabo Hesperiorceras), lo primero, por el discurso que
Solino trae describiendo la tierra y los cabos, promontorios e islas
del mar Azanio, que es donde entra en el océano, el mar Arábico
o Bermejo, hasta las Fortunadas o Canarias en el capítulo último
y cap. 37, de su Polistor […]» (Lib. I, t. I, cap. XVI, pág. 120).
«[…] porque así lo declara y expone la glosa o escholio
del mismo Solino, en el dicho capítulo último, sobre la palabra
Hesperionceras, donde dice ansi: Sonat haec vox occidentale cornu et
extremun africae continente promontorius […]» (Lib. I, t. I, cap. XVI,
pág. 120).
«y si esto fue verdad convernian bien con esto las palabras
de Solino, que estaban las Hesperides ad intimos maris sinus». (Lib.
I, t. I, cap. XVI, pág. 128).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
389
«Polistor, cap. 63» (acerca de los seres de la India). (Lib. I,
cap. XL, pág. 296).
«[…] a quien sino a las que llaman Seres camparallas, que
son pueblos de Asia de quien Solino, cap. 63, dice ser mansos
[…]» (Lib. II, t. III, pág. 222).
«Todas las cosas dichas (relativas a las virtudes medicinales
de las perlas) son sacadas) […] de Solino, cap. 16 de su Polistor
[…]» (Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 248).
«Polistor, cap. 65» (Lib. I, t. II, cap. CXXVII, pág. 204).
Cap. 66 de su Polistor (acerca de la isla Taprobana). Lib. I, t.
II, cap. CXXVIII, pág. 207).
«Solino da otra razón, y es, que el calor derribado del sol y
de los otros planetas, levantan el agua del Nilo, haciéndola más
sotil, de la manera que se levanta en la olla que hierve y hace
parecer más de la que es, pero no lo es […]» (Lib. I, t. II, cap.
CXXIX, pág. 216).
«Otro río hay en el mundo que solo a semejanza del Nilo
cresce y mengua una vez en el año, conviene a saber, cuando el
sol está en el vigésimo grado del signo de Cancrio, y dura esta
cresciente por todo el Cancrio y el signo de León, hasta tanto que
el sol quiere pasar al signo de Virgen; la causa desto, dice Solino
en el cap. 50 de su Polistor, hablando del río Euphrates, es porque
Euphrates y el Nilo están constituidos debajo de semejantes paralelos del mundo […]» Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 218).
«Así que, según la opinión de las gentiles, certísima y famosísima, según declara Solino, cap. 45 De Egipto, cuanto a lo que
ellos pudieron saber, ignorando la Divina Escritura, el río Nilo
tiene su origen en el Monte de Mauritania la inferior […]» (Lib.
I, t. II, cap. CXXIX, pág. 219).
«Polistor, cap. 45» (Lib. I, t. II, cap. CXXIX. pág. 214).
«Y no solamente Olimpo, monte, sobrepuja las nubes, pero
también el monte Athos en Macedonia o en Tracia, del cual dice el
mismo Solino en el cap. 21 […]» (Lib. I, t. II, cap. CXLII, pág. 284).
«y más largo lo dice Solino en su Polistor, cap. 13, y así parece que el Monte Olimpo sobrepuja las impresiones del aire
caliginoso y oscuro […]» (Lib. I, t. II, cap, CXLII, pág. 284).
390 Carlos Larrazábal Blanco
«lo cual se averigua (la felicidad de las Fortunadas) lo uno
por lo poco que las alaba de bienaventuradas Solino en el capítulo último de su Polistor, donde dice, que mucho más dice la fama
que por sus nombres en la verdad tienen […]» (Lib. I, t. II, cap.
CXLIII, pág. 288).
«Cap. 43» (sobre la Mesa del sol) (Lib. I; t. II, cap. CXLIV,
pág. 291).
Cayo Julio Solino vivió quizás en el siglo III. Su obra de geografía se tituló Collectanea rerum memorabilium o Polyhistor. Se
ha dicho que es un plagio de Plinio el Antiguo. La primera
edición fue hecha en Venecia en 1473 y ha sido traducida a
idiomas modernos.
Stacio Seboso
«Stacio Seboso afirma que de las islas Gorgones […] hay
navegación de cuarenta días por el mar Atlántico hasta las islas
Hesperides». (Lib. I, t. I, cap. IX, pág. 81).
Lib. I, cap. XVI, pág, 122).
Strabo
«Ansí lo cuenta (respecto de los antiguos leoneses) en su
libro III Strabo: longas ut faminae inferius diffundunt comas» (Lib.
I, t. II, cap. CXX, pág. 165).
«Strabo, que fue hermano de Beda […] dice, que tan alto
(el Paraíso), que llega al cielo de la Luna […]» (Lib, I, t. II, cap.
CXLII, pág. 282).
No es el geógrafo antiguo del mismo nombre. Quizá se trate
de Walafrido Strabo, que nació en el año 806, fue educado en
la escuela externa del monasterio de Bichenau e ingresó en la
orden benedictina. Fue abad del citado monasterio y murió
en 849.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
391
Cornelio tácito
«Cornelio Tácito también hace mención, que un Eudoxcio
[…] por huir de Lathiro, rey […] entrando en el puerto Arábico,
vino por el mar océano hasta Cáliz […]» (Lib. I, t. I, cap. XV,
pág. 110).
«[…] o quizá le puso el Almirante aquel nombre Mona,
por una isla que está cerca de Inglaterra, que tiene el mismo
nombre, de la cual hace mención Cornelio Tácito, libro XIV,
página 320, et in Vita Agricolae, página 693» (Lib. I, t. II, cap.
XCVIII, pág. 69).
Tales Milesius
«Tales Milesius uno de los siete sabios de Atenas, dice que
los vientos que cada año corren por aquel tiempo allegaban
las aguas de una parte a otra, y así parecían las aguas en mayor
cantidad, puesto que, en la verdad, no fuesen mayores, como en
una olla que hierve; […] La sentencia de Thales, filósofo, fue
que cuando vientan los vientos etesios, que son los que corren
en los días caniculares, los cuales, por su frialdad, espesan las
nubes que están sobre la fuente que imagina en Etiopía, en el
monte que se dice de la Luna, aquellas, con el aire, se convierten
en agua, y que de allí proviene en aquel tiempo crecer el Nilo, y
en el invierno que los dichos vientos no corran, menguar; […]»
(Lib. I, t. II, cap. CXXIX, pág. 215).
Tito Livio
«Petilio, Pretor urbano, por autoridad del Senado, en presencia de todo el pueblo, encendido un gran fuego, los mandó
quemar, (algunos libros griegos que «les parecía que en alguna
manera disminuían la religión» según cuenta, Tito Livio, 2º, lib.
Ab urbe condita» (Prólogo, pág. 6).
392 Carlos Larrazábal Blanco
Cristóbal de la Tobilla
«y hacellos esclavos, con harta ceguedad y culpa de los que
tenían en su Consejo, como allí probamos, debía Alonzo de
Hojeda llevar esta misma licencia y allí (en Costa firme) determina de usalla. Cuenta esto, un Cristóbal de la Tobilla, en una
historia que llamó La Barbárica, el cual anduvo por aquella tierra
mucho tiempo, puesto que no entonces sino después, muchos
años; pero súpolo de los mismos que con el Hojeda fueron».
(Lib, III, t. IV, cap.
«y la traición de Juan Alonso, de la manera que está certificada, escribió Tobilla en su Historia, que llamó Barbárica […]»
(Lib. III, t. IV, cap. XL, pág. 74).
«Deste Badajoz dice Tobilla, que escribió parte deste su
viaje, siendo seglar, y que después anduvo en los robos y destrucción en parte de aquellas regiones, a los dichos semejantes,
entre tanto Badajoz con 40 compañeros pasó a robar la insula de
Otroque» (Lib. III, t. IV, cap. LXXI, pág. 218).
«y para que esto ansi parezca, sin que de mí solo salga, quiero aquí referir las palabras que Tobilla dice, seglar […] en una
historia que quiso hacer y llamó Barbárica, y que parece haber
muerto en aquella simplicidad non sancta. Este dice hablando
de Espinosa” […] «Traía largos 2,000 captivos, que, para llevarlos a los mercadantes a la Española» […]» (Lib. III, t. IV, cap.
LXXIII, pág. 227).
«y porque hablando en una historia, Tobilla, que presumió
hacer […] desta población de Panamá, dice, que esta costumbre
de repartir y encomendar aquellas gentes a los españoles que
las conquistaron, nació de cierta relación que el Almirante D.
Cristóbal Colón dio al rey D. Hernando, diciéndole que los indios que en la Española había hallado eran incapaces para toda
doctrina […]. Estas son palabras de Tobilla. Es aquí razón de
desengañar a los que aquel pobre hombre tan falsa y perniciosamente quizo dejar engañados […] levantando al Almirante D.
Cristóbal Colón tan gran testimonio […]». (Lib. III, t. IV, cap.
CVII, pág. 411).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
393
Santo Tomás
«Destas tres razones aquí dichas, que alegan los que afirman estar el Paraíso terrenal en la línea equinoccial, las dos, […]
refiere con aquellos, Sancto Tomás en el según escripto sobre las
“Sentencias”, distinción 17, cuestión 3ª, art. 2º In corpore». (Lib. I,
t. II, cap. CXLIV, pág. 294).
«Sancto Tomás dice en la primera parte, cuestión CII, art.
1º y en otros lugares, que convenientemente se afirma estar
puesto el Paraíso terrenal en el oriente […]» (Lib. I, t. II, cap.
CXLIII, pág. 282).
«Desta opinión hace mención Sancto Tomás, primera
parte, cuestión 102, art 2º, in fine, donde dice: Quidquid autem
de hoc sit credendum est: Paradisum in loco temperatissimo constitutum esse vel sub equinocciali ut alibi». (Lib. I, t. II, cap. CXLIV,
pág. 296).
«[…] de generación en generación los había Dios de
traspasar (a los hombres) en la vida eterna y estado celestial, por
dos o de dos maneras, según dice Sant Agustín […] y tráelas el
Maestro en el segundo de las “Sentencias”, distinción vigésima».
(Lib. I, . II, cap. CXLVI, pág. 302).
«y a este fin se ordenó el parecer que tan inconsideradamente dio aquel padre, por no aceptar en la teología y aun
filosofía moral, clara y razonable, que hallara en Sancto Tomás,
Prima secundae, quaest. 98, art. 6º y en tercera parte, quaest. 70,
si la buscara». (Lib. III, t. III, cap. XI, pág. 409).
«y primero a la auctoridad de Sancto Tomás, en el libro De
Regimine Principum». (Lib. III, t. III, cap. XII, pág. 410).
«y esto confirma bien claro a nuestro propósito Sancto
Tomás en la primera parte, cuestión 23, art. 7º ad Tertiam,
donde dice que el bien proporcionado al común estado de la
naturaleza, siempre acaesce por la mayor parte y falta por la
menor […]» (Lib. III, t. V, cap. CLI, pág. 144).
394 Carlos Larrazábal Blanco
El Tostado
«[…] y Hespero fuese a reinar a las islas de Canaria o de
Cabo Verde y en la tierra firme de Etiopía, la más occidental,
por cuya causa él se llamó Hespero […] porque antes no se llamaba desde su nacimiento sino Philotetes como dice el Tostado
en el lib. III, cap. 83 […] y es de creer como fuese, tan leído y
docto en todas facultades y sobremanera en historia que miraría
bien lo que dijo y mejor que Gonzalo Fernández de Oviedo, el
Tostado». (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 113).
«dice más el Tostado, que deste Hespero no se halla más
escrito de que tuvo tres hijas, las cuales los autores y poetas llaman Hesperides […]». (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 114).
«Esto (la conversión de hombres en piedra o metal) postrero trae el Tostado sobre el Génesis, cap. 13, cuestión 94 […]»
(Lib. I, t. I, cap. VI, pág. 63).
Alfonso de Madrigal, prelado español muerto en 1455. Escribió
muchas obras, entre ellas: Comentarío sobre Eusebio, Tratado de los
dioses de la gentilidad, Confesional, Libro de los Paradoxas, Libellus
de optima politia, Defensorium trium propositininum contra Juan
de Torquemada, De Sanctissima Trinitae, De statu animarum post
mortem, Libellus de statu animarum post mortem, Cuestiones sobre la
filosofía natural y moral, Breviloquio de amor y amicicia.
Juan Tritthenio
«[…] según Juan Tritthenio en el libro De scriptoribus ecclesiasticis». (Lib. I, t. I, cap. X, pág. 89).
Juan Trithein, cronista y teólogo alemán (1462-1516). Escribió
muchas obras. Entre las históricas se citan: De scritorihus ecclesiasticis collectanea; De origine gentis francorum y otras. Entre las
obras de diferentes materias se citan: De vanitate et miseria ac
brevitate humanae vitae; Sermonum vel exhortationum ad monaches,
lib. II.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
395
Tucídides
«[…] y el primero que juntó flota y señorío en el mar de
Grecia fue Minos, como cuenta Tucídides, antiquísimo historiador Griego, lib. I, columna 2ª» (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 111).
Tulio
«Tulio, en el libro II de Arte oratoria, llama la historia testigo
de los tiempos, maestra de la vida, de la memoria, luz de la verdad y de la antigüedad mensajera, […]» (Prólogo, pág. 11).
«[…] que ninguna gente pueda ser en el mundo, por
bárbara e inhumana que sea ni hallarse nación que, enseñándola y doctrinándola por la manera que requiere la natural
condición de los hombres, mayormente con la doctrina de la fe,
no produzca frutos razonables de hombres ubérrimos […]. Esto
demuestra bien Tulio en el proemio de la Retórica vieja […]»
(Prólogo, págs. 22 y 23).
«Todo esto dice Tulio en el libro I, De Legibus […] ¿Qué
Nación hay que no ame y loe la mansedumbre, la benignidad,
el agradecimiento y el bien hacer?» (Lib. II, t. III, cap. LVIII,
pág. 296).
Oración Pompeyana (Lib. I, t. II, cap. CXX).
Marco Tulio Cicerón.
Jacobo de Valencia
«Otros dicen que es isla, (el Ofir) y Jacobo de Valencia, dice
sobre aquel verso Reges Tarsis et insule, del salmo LXXI, y afirma
ser la isla nominatisisima y riquísima de la Taprobana, […]»
(Lib. I, t. II, cap. CXXVIII, pág. 207).
«Lo mismo de Esdras alega Jacobo de Valencia no poco
docto en cosmografía, en el Salmo CIII, sobre el verso hoc mare
396 Carlos Larrazábal Blanco
magnum, etc., probando que la tierra es seis veces mayor que la
mar». (Lib. I, t. II, cap. CXXXIX, pág. 266).
Valerio Máximo
«[…] Petilio, Pretor, urbano, por autoridad del Senado, en
presencia de todo el pueblo, encendido un gran fuego, los mandó quemar, (los libros llenos de lisonjas a los príncipes) según
cuentan, Tito Livio, 20, lib. Ab urbe con dita y Valerio Máximo,
libro […] (en blanco en el original)». (Prólogo, pág. 6).
«Valerio Máximo, lib. IX, cap. 12, dice, que como a una
mujer le fuese denunciado que era muerto un hijo suyo […]
y súpitamente el hijo entrase vivo […] juntamente cayó en el
suelo muerta». (Lib. I, t. I, cap. XXVII, pág. 215).
Lib. V, cap. 4º y cap. 481 (acerca de la actitud de Roma con
el rey Ptolomeo, y de Tigranes con Mitridates). (Lib. I, t. II, cap.
CXX).
Historiador latino. Escribió una obra titulada De dictis et factis
memorabilibus. Se la considera una colección de anécdotas llenas de supersticiones y de lisonjas a Tiberio.
Américo Vespucio
«Américo da testimonio de lo que vio en los dos viajes que
a estas nuestras Indias hizo, aunque circunstancias parece haber
callado, o a sabiendas o porque no miró en ellas, por las cuales
algunos le aplican lo que a otros se debe y defraudarlos de ellos
no se debería; […]» (Prólogo, pág. 38).
(Su viaje con Ojeda a Costa Firme). (Lib. I, t. III, cap. I,
págs. 12, 13, 14, 15).
«Y es bien aquí de considerar la injusticia y agravio que
aquel Américo Vespucio parece haber hecho al Almirante, o los
que imprimieron sus cuatro navegaciones, atribuyendo a sí solo
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
397
el descubrimiento desta tierra firme; y por esto todos los extranjeros que destas Indias […] escriben, y pintan o hacen cartas o
mapas, llámanla América […]» (Lib. I, t. II, cap. CXI, p. 268).
«[…] trujo también Hojeda al dicho Américo, no sé si por
piloto o como hombre entendido en las cosas de la mar y docto
en cosmografía, porque parece que el mismo Hojeda lo pone
entre los pilotos que trujo consigo. Y creo y colijo que del prólogo que hace al rey Renato de Nápoles en el libro de sus Cuatro
navegaciones, el dicho Américo, él era mercader, y así lo confiesa;
debía para ventura poner algunos dineros en la armada de los
cuatro navíos, tener parte en los provechos […]» (Libro I, t. II,
cap. CXI, p. 268).
«Lo mismo se puede averiguar de todos los otros números
de los años, meses y días que asigna de sus negociaciones, facilísimamente, y así parece que de industria quiso llevar solo la gloria
y nombre del descubrimiento de la tierra firme, aun callando
el nombre de su Capitán, Alonso de Hojeda, usurpando tácitamente, como queda dicho, el honor y gracias que el Almirante
se le debe por este insigne hecho, engañando al mundo, como
escribía en latín, y al rey Renato de Nápoles, y para fuera de
España […]» (Lib. I, t. II, cap. CLXIV).
(Lib. I, t. II, cap. CLXV, cap. CLXVI, cap. CLXVII, cap.
CLXVIII, cap. CLXX).
Volaterano
«Esto postrero (respecto de la conducta del emperador
Justiniano con Belisario), dice Volaterano en los comentarios
de su Anthropología, libro XXIII […]» (Lib. I, t. II, cap. CLXXXI,
p. 499).
Rafael Maffei, llamado el Volaterano, erudito nacido en
Volasterra (1451-1522), compuso en Roma, bajo el título de
Commentarii urbani, un resumen de los conocimientos de su
tiempo.
398 Carlos Larrazábal Blanco
Virgilio
«Virgilio también toca de estos Campos (Elíseos) en el 6o de
las Eneidas». (Lib. I, t. I, cap. XX, pág. 167).
«In secundo Georgicum». (Lib. I, t. I, cap. XL, pág. 295).
«[…]del cual el (Olimpo) canta Virgilio: Et nubes excesit
Olimpos […]» (Lib. I, t. II, cap. CXLII, p. 283).
«Las Geórgicas». (Lib. I, t. II, cap. CXLIV, p. 290).
«Esto se experimenta echando pajas o otra cosa liviana en el
principio y fuente del río Alpheo, que es en Grecia, viene a salir
por la dicha fuente Aretusa, en Sicilia. Así lo cuenta Virgilio en el
III de las Eneidas […] y el VII de las Bucólicas en la égloga última»
(Lib. I, t. II, cap. CXLIV, p. 295).
El Vicentio
«y el Vicentio en el Speculo historial, libro V, cap. 43 […]»
(Lib. II, t. III, cap. LVIII, p. 323).
«Todas las cosas dichas relativas a las virtudes medicinales
de las perlas) son sacadas […] de El Vicencio, Speculo Natural,
lib. IX, capítulos 81 y 82, y del libro De propietatibus rerum, Lib.
XVI, cap. 62 […]» (Lib. I, t. II, cap. CXXXVI, pág. 248).
Es Vicente Beauvais, sabio del siglo xiii que nació en Beauvais y
murió hacia 1264. Se hizo fraile de la orden de Santo Domingo.
Sus obras son compilaciones al estilo de la época conocidas
con el nombre de el Speculum.
«Vicente de Beauvais tomó las Etimologías, de Isidro como
ejemplo para su famoso Espejo Mayor». (José Ingenieros, La
cultura filosófica española).
Xenócrates
«[…] Más largo recita las calidades de los Campos Elíseos,
Xenócrates, discípulo de Platón […]» (Lib. I, t. I, cap. XX, pág. 166).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
399
Filósofo griego. Nació en Calcedonia hacia 326 antes de
Jesucristo. Fue discípulo de Platón, como dice el padre Las
Casas. Escribió algunas obras de las cuales no ha quedado
nada, entre ellas: Tratado del arte de reinar, De la naturaleza, etc.
Zacarías Lilio
«De muchas destas navegaciones hace mención Zacharías
Lilio en el susodicho tratado contra Antípodas en el capítulo De
navegatione Oceáni». (Lib. I, t. I, cap. XV, pág. 110).
Gómez de Zurara
«y según cuenta Gómez Eanes de Zurara, en el lib. I, capítulo 5º de su Crónica portuguesa que fue y la escribió en tiempo del
Rey Don Alonso V de Portugal». (Lib. I, t. I, cap. XXII, pág. 174).
(Lib. I, t. I, cap. XXIV, pág. 187).
(Lib. I, cap. XXIV, pág. 190). (Cap. XXVI, pág. 201).
Gomes Eanes de Zurara y Azurara, historiador portugués del
siglo xv. «La probidad en Azurara, sucesor y continuador de
Lopes llegó hasta el punto de pasar a los lugares de África
donde habían ocurrido los hechos que se proponía narrar»
(Figuereido). Gómez de Azurara escribió estas obras: Crónica
do Conde D. Pedro de Menezes e D. Duarte, seu filho, Crónica da
Conquista da Guiné. A todas veras es error de imprenta o de
copistas o paleógrafos las variantes Gómez Eanes de Jurara y
Gómez Eanes de Juraza que aparecen en Las Casas.
Clío, Años IX y X, Núms. 46, 47-48 y 51
(marzo-abril, mayo-agosto de 1941, enero-febrero de 1942).
Felipe Fernández de Castro
y la ocupación haitiana
E
l rey Fernando VII «resolvió en San Ildefonso, el 25 de abril
de 1829, comisionar a don Felipe Fernández de Castro, intendente general de Cuba en la actualidad, para que provisto de
plenos poderes pasara a Port-au-Prince a conferenciar y tratar
sobre la manera que debía adaptarse para que sus antiguos vasallos entraran de nuevo en el número de ellos, autorizándole
para tomar posesión en su nombre de la perdida colonia, y para
establecer en ella todas las autoridades y todos los ramos de la
administración pública conforme a las leyes de Indias». Eso dice
el historiador García. Pero, ¡tarde piache! La colonia estaba bien
perdida, y en su mayor parte por culpa de la incuria y estulticia
de gobiernos de una España en franca bancarrota política. No
eran, además, los haitianos tan ingenuos como para acceder a la
entrega de su presa a impulsas de simples reclamos diplomáticos
sin el debido respaldo de barcos y cañones. La vieja Europa enseñó siempre que asuntos territoriales se obtenían o se defendían
con soldados, no con papeles. Mala suerte de dilucidar ciertas
cosas de la vida internacional, a la verdad, pero muy real hasta
en los propios días que discurren hoy.
Desde luego, Castro hubo de fracasar y de volverse a Cuba.
Pero, ¿quién era este personaje y cuáles fueron sus actuaciones o
sus pensamientos hasta el punto de merecer del Rey tal confianza
401
402 Carlos Larrazábal Blanco
y preeminencia? Felipe Benicio Fernández de Castro procede de
viejas familias hidalgas de los primeros años de la colonia. Su
más lejano antecesor en la Isla fue Melchor de Castro que con
su hermano Baltasar llegó en 1511, más tarde en 1522 actuó en
la insurrección de negros y fue escribano mayor de minas. Nació
en la ciudad de Santo Domingo el 23 de agosto de 1779, hijo de
don Pedro Fernández de Castro y Coca y doña María Guridi y
Frómeta. Fue contador de la Real Hacienda y estuvo en esta función hasta cuando ocurrieron los acontecimientos que acaudilló
Núñez de Cáceres en diciembre de 1821. Entonces abandonó el
país, estuvo en Francia, en España, y al fin se estableció en la isla
de Cuba. Habíase casado con Anastasia Real, la hermana del desdichado Pascual Real, último gobernador del Santo Domingo
colonial. Fernández de Castro, como tantos otros dominicanos,
debió sentirse apegado, no solo a la patria chica, sino también a
España, y más que a España misma a la reyecía, a la monarquía,
fuerte tradición a la que se han adherido los pueblos, afincadamente, desde lejanos tiempos míticos. La estirpe a que pertenecía llevaba unos doscientos años de vinculación a la vida colonial
en muchos de sus aspectos: la judicatura, el sacerdocio, la milicia, el régimen municipal, la administración pública. De modo
que no hay que vituperarle a don Felipe su actitud contra Núñez
de Cáceres. Hermano suyo fue Francisco –llamado Pancho– capitán de caballería al servicio de los franceses, primero, pero que
después se pasó a Sánchez Ramírez.
Fernández, ausente, cayó bien pronto dentro de los términos de las disposiciones que el año 1823 el gobierno haitiano
dictó con el objeto de confiscar los bienes de los dominicanos
que habiendo abandonado el país no comparecieran dentro de
determinado plazo. Esto motivó la caída moral de Fernández,
que más tarde había de merecer la confianza del rey Fernando.
En los fondos notariales del Tribunal de Tierras, en Santo
Domingo, encontramos una carta de don Felipe, y que a renglón seguido transcribimos textualmente, buena prenda para
juzgarlo al calor de los ideales puros.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
403
Puerto Príncipe, 22 de febrero de 1824.
Mi estimado Bobadilla:
Tengo el mayor interés como que depende de él toda
mi suerte y la de mis hijos y hermanas, el que usted presente al Gobierno de esa ciudad todas las cartas que he
escrito a usted desde que llegué a Francia, y después la
que le escribí también desde España, para que se vea
cómo en todas ellas le decía claramente mi voluntad e
intenciones de volver a esta Isla en el actual Gobierno,
diciendo a usted en las primeras que desde luego me
pondría a cultivar mi ingenio siempre repitiéndole lo
mismo habiendo tranquilidad interna; y las otras en que
después de saber por cartas de usted con Solá y en otro
barco del Havre únicas que he recibido, y en las que me
noticiaba el embargo de mis bienes como ausente, repetí a usted por contestación me dijese usted si en caso
de volver yo a la Isla o mi hijo mayor me entregarían
mis propiedades, para venir o enviar a mi hijo, pues que
yo nunca he manifestado oposición al Gobierno actual,
sino muy al contrario como privadamente sabe usted
que hablamos, cuando el Gobierno de Núñez, todas mis
cartas preséntelas usted; y también deseo que parezca se
presente al Gobierno la carta que por duplicado tenía
bajo cubierta de usted para su excelencia el Presidente
actual de la república que es de mi cuñado Pascual, y
según mi hermano Pancho me escribió de Puerto Rico,
esas cartas que remití a usted llegaron al Gobierno de
esa; cuyas cartas son las mismas que por Puerto Rico
escribí a usted y dio encargo usted mismo al teniente
don José Echavarría, que pasó de esa a Puerto Rico para
que las sacara del Correo y se las remitiese; y Echavarría
me escribió que con efecto las remitió a usted las cartas
de mi cuñado para el Presidente que, aun las incluí a
usted abiertas, eran suplicándole su concideración por
404 Carlos Larrazábal Blanco
mis bienes como pertenecientes a la suerte de sus hermanos y sus sobrinos mis hijos cuando yo salí en razón
del anterior Gobierno, etc.
Empéñese usted en que mis cartas todas y las de mi cuñado, si están en usted, se presenten al Gobierno para
que vea mis disposiciones que tuve siempre con respecto al Gobierno actual y mi regreso a esta Isla si fuese, o
la de mi hijo mayor.
He sentido mucho la muerte de su esposa, deseo salud a
toda su familia y expresiones a las niñas y a Tomás; aquí
me tiene usted detenido por la presentación de esos
documentos que le suplico sea lo más pronto posible;
para lograr, si Dios me lo concede, después de tantos
trabajos y gastos, ver el suelo donde nací, y mi familia, y
dar a usted un abrazo este su amigo que le estima.
Felipe F. de Castro
P. D.
Mi venida, como había dicho siempre a usted, es con
objeto de trabajar sobre mis propiedades.
Soy de usted
(Registro del Título del Tribunal de Tierras, Archivo del
notario J. M. Pérez. Protocolo del año 1843).
Hay que señalar en esta carta, como su asunto fundamental, el que su autor deseaba regresar al país para atender a sus
propiedades. Si no era posible pasar él en persona lo haría su
hijo mayor, quizás si Juan, pues Felipe a la fecha tendría unos
20 años. Pero ya había caído sobre Fernández el peso de las disposiciones del año 23 y pedía, por tanto, la devolución de sus
propiedades que Bobadilla ya le había participado habían sido
embargadas. Para el logro de sus propósitos escribe reiteradas
cartas a su amigo con la recomendación de que las presente al
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
405
gobierno local, a Borgellá, seguramente para que no se dude de
la buena fe de sus intenciones que consisten en entregarse al
cultivo de su ingenio, habiendo tranquilidad interna.
No solo Fernández ofrece dedicarse al trabajo. Como buena prenda declara que nunca manifestó oposición al gobierno
haitiano, es decir a la invasión haitiana, al dominio haitiano
sobre la vieja colonia española, sino muy al contrario, como
privadamente habló con Bobadilla cuando los acontecimientos
provocados por Núñez de Cáceres. De donde se deduce con
claridad, y en cierto sentido asombra, que si Fernández fue contrario al movimiento de Independencia no lo fue sin embargo
al sometimiento haitiano. ¿Sería de los haitianizantes de que se
ha hablado?
Tal obstinación parecía tener don Felipe en su regreso y en
sus haberes que hizo que su cuñado Pascual Real le escribiera en
este mismo sentido al presidente Boyer, cosa que, quizás dentro
de un severo concepto de probidad y rectitud, no debió haber
hecho el gobernador caído.
Del resultado de todas estas gestiones, estos ofrecimientos y estas declaraciones solo sospechamos por la comisión de
Fernández a Puerto Príncipe de Haití unos cinco años después, pues de haber tenido éxito se habría trasladado a Santo
Domingo, y allí, gozando de la «tranquilidad interna», hubiera
atendido sus bienes, y quizás hubiera llegado a desempeñar algún cargo de hacienda o de aduana, alcanzado una curul en las
Cámaras legislativas o pertenecido al Consejo de Notables de la
ciudad.
Caracas, Venezuela, agosto de 1951.
Clío, Año XIX, Núm. 91
(septiembre-diciembre de 1951).
Una familia fundadora de San Rafael
R
efieren los historiadores que en el gobierno de Manuel de
Azlor y Urries se fundaron los pueblos de San Miguel, San Rafael
y Las Caobas. Azlor entró en el mando en el año de 1760, o poco
después, y lo mantuvo hasta 1771.
San Rafael se fundaría, pues, en el lapso enmarcado por
esos años citados. Y bien parece que familias provenientes de
Islas Canarias intervinieron en su población, algunas de las cuales ya estaban en Santo Domingo, para ese propósito, en 1759.
Una de estas familias fue la de Gaspar de León, casado con
Ángela Antonia Hernández Montesinos, naturales del lugar de
Villaflor, en la isla de Tenerife. Gaspar de León fue hijo de sujeto
del mismo nombre y de Ana González; Ángela Hernández fue
hija de José Hernández Montesinos y María Ana González, todos
naturales del mismo lar isleño citado, pero que, según parece,
no pasaron a Santo Domingo.
Hijo del matrimonio fundador León-Hernández fue
Antonio, que nació en la ciudad de Santo Domingo en octubre
de 1759. Después la familia se trasladó a la nueva población
y años más tarde Antonio de León contrajo allí nupcias con
Ángela Romero, hija de Lázaro Romero, natural de la ciudad de
Santo Domingo –probablemente otro de los fundadores de San
Rafael– y de su mujer María Rendón Sarmiento, dominicana,
407
408 Carlos Larrazábal Blanco
hija del cumanés José Rendón Sarmiento y de la isleña Lorenza
Casaña. Del enlace de Antonio y Ángela nacieron algunos hijos:
Mercedes, Paulina Lorenza y Miguel. El citado Lázaro Romero
era hijo de Ambrosio Romero y de Luisa Esteves.
Los documentos que principalmente sirven de fuente a
esta “Página” llaman a la nueva población fronteriza de que
tratamos, San Rafael de Villaflor. No sabemos qué valor tuvo
esta designación, si administrativo, eclesiástico o simplemente
popular. Bien pudo haber sido una nominación estrictamente
proveniente del calor de una familia que tuvo preponderancia
en la fundación y quiso recordar el lejano lugarejo de su origen.
Los mapas actuales de las Canarias señalan en la parte central de
la isla de Tenerife una villa con el nombre de Villaflor que, muy
probablemente, sea la Villaflor de los de León y los Hernández
Montesinos. San Rafael de Villaflor: ¡bello nombre para que se
nos fuera de nuestras lindes!
***
Tiempo adelante comenzaron los trastornos fronterizos
y las depredaciones de los negros de la parte occidental de la
Isla. Antonio de León murió y dejó a doña Ángela y sus hijos
algunos bienes: dos estancias, cuatro casas, labranzas, cría de
animales entre ellos caballos y mulas. Todo se perdió, la viuda
abandonó la frontera y se radicó en la Capital; poco después
abandonó también el propio país. En 1805 se encontraba con
su hija Mercedes en Venezuela, en un rincón del actual estado
Miranda, llamado El Guapo. Aquí compareció ella el 14 de mayo
de ese año ante el teniente justicia mayor para otorgar poder a
Manuel de Jesús Gómez, en Caracas, para que la representase
en todo lo concerniente a sus haberes y además en lo que se
refería a declaraciones e informaciones que misia Ángela tenía
que producir para demostrar su calidad y la de su hija ante el
gobernador y capitán general. Ella perseguía que se la hiciera
efectiva la pensión que el gobierno español había resuelto dar
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
409
a todos los que abandonaron a Santo Domingo con motivo del
desdichado Tratado de Basilea que cedió a Francia la patria chica de los dominicanos de entonces.
El expediente del informativo que se produjo con motivo
de esta petición se encuentra en el Archivo General de Caracas,
fondo de Limpiezas de Sangre, y consta de cuarenta hojas. Doña
Ángela hubo de demostrar, por presentación de testigos, su filiación, su origen racial blanco, que la familia de León era de las
fundadoras de San Rafael, que por causa de los negros tuvo que
huir y perder sus bienes. Toda una colonia dominicana en «exilio» –como se dice ahora con tanta frecuencia– interviene en las
informaciones y declaraciones: Juan de Armas, 28 años, natural
de Hincha o de San Rafael, residente en Caracas; doña María
Ruiz Quevedo, de vieja familia conocida, residente en Maiquetía;
Francisco Rendón Sarmiento; María de la Concepción Tirado,
probable vástago de los Gómez-Tirado; Bernardo Camilo, natural
de Santo Domingo, vecino de Maiquetía; Joaquín Domínguez,
32 años, natural de Santo Domingo y avecindado en Maiquetía;
Antonio Lozano; Domingo Martín Lémur, natural de Santa Cruz
de Tenerife, vecino de San Rafael, con su residencia en Caracas;
Juan Antonio Rendón Sarmiento, natural de Santo Domingo,
residente en Caracas.
Doña Ángela salió ganadora: se le concedió la pensión y
además se ordenó el pago de los subsidios que se le debían.
Caracas, Venezuela, julio de 1951.
Clío, Año XX, Núm. 92
(enero-abril de 1952).
Páginas dominicanas olvidadas
Colección y notas de Carlos Larrazábal Blanco
Raimundo Rendón Sarmiento, por X X X*
8
E
mprendemos escribir algunas líneas para consagrar la
memoria de uno de aquellos hombres que, impulsados por el
deseo de ver independiente y libre el continente americano del
poder de España, se lanzaron en el grandioso movimiento que,
iniciado en Caracas el 19 de abril de 1810, no debía terminar
sino con la creación de cinco Repúblicas y la emancipación de la
América del Sur. El hombre a quien nos referimos es Raimundo
Rendón Sarmiento, oriundo de la Isla de Santo Domingo y que
* Esta semblanza biográfica, tomada de una obra famosa pero ya rarísima, la
ofrece hoy al deleite de los estudiosos dominicanos el licenciado don Carlos
Larrazábal Blanco. Individuo de Número de la Academia Dominicana de la
Historia, hoy en Caracas. Hace ya sesenta y siete años que fue reproducida
en esta República por el recordado educador y filántropo Pbro. Francisco
Javier Billini y Hernández en su Biblioteca Popular, Año I, Núm. 6, Santo
Domingo, 6 de agosto de 1886, págs. 4-7, este «periódico literario e instructivo» de ocho páginas de pequeño formato, cuyas colecciones son extremadamente raras en nuestras hemerotecas, fue uno de los muchos medios
de que se valió el fundador del Colegio San Luis Gonzaga para difundir la
instrucción pública. Esta publicación era quincenal y en sus condiciones se
lee: «El beneficio que reporten las suscripciones se destinará una cuarta parte la Casa de Huérfanos en esta ciudad y las tres cuartas partes a la Biblioteca
Popular del Colegio San Luis Gonzaga». (Nota de Vetilio Alfau Durán).
411
412 Carlos Larrazábal Blanco
desde sus primeros años abrazó con abnegación y profunda fe
la causa santa de la independencia de Venezuela. Al hablar de él
no podemos prescindir de recordar aquella isla que reconoció
el intrépido Colón en su primer viaje el día 5 de diciembre de
1492, y a la que puso el nombre de Española.
La Isla de Santo Domingo, segunda en extensión de las que
constituyen el archipiélago de las Antillas, fue dotada por Dios
con todas las riquezas y galas que solo su grandeza y sabiduría
podía concebir; encontrándose en ella todas las producciones
vegetales, minerales y animales que dan recreo y comodidad al
hombre; pero a la par de tanta riqueza, ningún país ha sido tan
desventurado como aquel desde los primeros días de su descubrimiento; y alternativamente víctima de sus descubridores, y de
sus aliados, y de sus propios hijos, se le ha visto languidecer hasta
el punto de considerarse dudosa su existencia como nación con
gobierno propio.
Colón regresa de su primer viaje a España, el 4 de enero
de 1493, y queda encargado del mando Diego de Arana; pero
su conducta y la de los que le acompañan, les hace odiosos a los
indígenas, quienes en la desesperación destruyen a sus opresores, sin que quede apenas otro vestigio de su existencia que las
ruinas del fuerte en que se guarecían. Vuelve Colón a la isla el 3
de noviembre de 1494 y encuentra destruido lo que había dejado: procura reponer lo perdido y su oposición a que se obligara
a los naturales a servir, despierta murmuraciones en los suyos
contra él. Forma una Junta para el Gobierno de la isla, y designa
como presidente de ella a su hermano Diego, encargando de
una expedición para explorar la isla a Mosén (Margarite).
El mal proceder de Margarite levanta la discordia entre
los colonos y en los indígenas contra ellos. En 1496 vuelve otra
vez Colón a España dejando el mando de la isla a su hermano
Bartolomé, contra quien se insurreccionan los naturales, insubordinándose al mismo tiempo Francisco Roldán, que desobedece a su superior Diego Colón, apoyado en el ascendiente que
falazmente había alcanzado en el ánimo de los primeros. En su
cuarto viaje, año de 1498, Colón vuelve a la isla con numerosa
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
413
expedición, y entra a la ciudad de Santo Domingo fundada hacía pocos meses por su hermano Bartolomé. La insubordinación
de Roldán anima al cacique Guarionex, y este con los suyos es
destruido y aquel amnistiado, sin que por esto desista de sus propósitos. En 1500 desembarca Alonso de Ojeda prevenido contra
Colón, y más tarde el (pesquisidor) Bobadilla que, animado de
la misma absurda emulación y envidia, cargó de cadenas al gran
hombre y le remitió a España dando instrucciones perversas a
sus esbirros.
En 1502 sucedió a Bobadilla en el mando, Nicolás de
Ovando, quien a su arribo a Santo Domingo declaró libres a
los indios, prohibió someterles a trabajos rudos sin pagarles,
procuró establecer el orden, e hizo embarcar a Roldán y a sus
partidarios, los que perecieron en la travesía por el naufragio
de la flota. La conducta benévola de Ovando no duró sino lo
necesario para asegurar el poder, pues al verse libre de Colón y
de Roldán y sus secuaces, restableció la esclavitud, maltrató y repartió los indios para alimentar su insaciable codicia, siguiendo
el pernicioso ejemplo sus sucesores.
Establecidos así desde el descubrimiento estos gérmenes de
animadversión entre los naturales y los colonos, el extranjero
también buscó pasto a su codicia; y luego la ciudad fue saqueada
dos veces por el almirante inglés Drake, y más tarde los filibusteros y «bucaneros» franceses invadieron y ocuparon la parte
norte de la isla, cuya posesión poco a poco extendida a todo el
Occidente fue confirmada por el tratado público de Ryswick a
favor de la Francia.
Tal estado de cosas, empeorando con la introducción
de los franceses y con la importación crecida de morenos de
África, traídos para llenar el vacío que el exterminio de los
indígenas había dejado, quedando reducidos a menos de la
décima parte de los que habitaban el país al ocuparlo Colón,
debió necesariamente producir todo género de males y mantener en lo adelante en aquel territorio, la inseguridad, la
desconfianza, los odios y las guerras continuas de que ha sido
teatro hasta el presente.
414 Carlos Larrazábal Blanco
Dividida la isla en dos partes como se ha dicho, la ocupada por los franceses y la ocupada por los españoles, recíprocas
rivalidades y prevenciones debieron nacer, originadas, fuera de
otras causas propias del carácter nacional de unos y otros, del
propósito de hacerse cada cual dueño exclusivo de toda ella,
rivalidades y prevenciones que no aguardaron sino oportuna
ocasión para revelarse.
La gigante revolución de Francia conmovía el mundo antiguo; su influencia se dilataba hasta el nuevo. Los colonos franceses de Santo Domingo fueron los primeros que empezaron
a sacudirse estimulados por sus desórdenes interiores y por el
halago de los miembros de la Asamblea Nacional de París, que
les llamó sin excepción a participar de los derechos de ciudadanos franceses. Los años de 1791, 1792, 1793 y 1794 fueron de
horror para todos los habitantes de Santo Domingo. Toussaint
se hizo notable como jefe de los haitianos y a nombre de la
República Francesa, invadió y ocupó la parte española en 1801,
dominación sufrida por los dominicanos hasta 1809, año en que
el brigadier Sánchez, protegido por las autoridades de Puerto
Rico, la rescató de los haitianos volviéndola a España, después
de la batalla de Palo Hincado en que el general francés Ferrand
fue derrotado, y se quitó la vida por el sentimiento de su derrota.
Toussaint Louverture pereció en la prisión de Bezançon,
víctima de la ingratitud de los mismos que le impulsaron a salir de su oscura condición anterior, y Cristóbal y Dessalines, y
Petión y Boyer, le sucedieron, no ya como instrumentos de la
Francia, sino como jefes de la independencia y de los gobiernos
que sucesivamente fueron establecidos.
Boyer no estaba contento con haber recogido los despojos
de sus predecesores; de Dessalines, que se había hecho proclamar rey con el título de Jacobo I; de Cristóbal, proclamado
también rey bajo el nombre de Henrique I; y de Petión, primer
presidente de la República Haitiana, sino que aspiraba a hacer
también suya la parte española. Los dominicanos, estimulados
a su vez por el sentimiento de la independencia, presididos por
el licenciado Núñez de Cáceres, entraron en tratos a este fin
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
415
con Boyer siendo el ánimo de los independientes anexionarse
a Colombia; pero, traicionados por este, vieron con dolor en
1822, perdidas sus esperanzas y dominada la patria por el que
habían tratado como aliado y como amigo. Los promotores de
la independencia tuvieron que abandonar sus hogares a aquel
extranjero, y buscar en otra parte vida y libertad.
La invasión de Toussaint en 1801 obligó a los dominicanos
españoles, connotados por sus antecedentes de familia y posición social, o por haber servido destinos, a salir de la isla y a
buscar en Cuba, Puerto Rico y Venezuela asilo en su desgracia;
y pocos años antes, o en esa misma época, vinieron a Venezuela,
sujeta todavía a la monarquía española, entre otros que recordamos, Francisco Rendón Sarmiento y su familia en la que figuraba ya su nieto Raimundo, Manuel López Umeres, Narciso
y José María Ramírez, los Zárragas, los Gascue, los descendientes para entonces de Barba, los Javier Yanes, José Domingo
Duarte y Duarte, estos dos educados en la Universidad de Santo
Domingo, Salvador Delgado, Patiño, etc.; y después de la pérdida de la proyectada independencia, el licenciado Núñez de
Cáceres y sus varios hijos, licenciado Arroyo Pichardo, el mismo
licenciado Manuel López Umeres, que había vuelto a la isla después del triunfo del brigadier Sánchez sobre Ferrand, José María
Rojas, Antonio Mauri, los Diez, Patiño, Madrigal, José Antonio
Troncoso y otros más, los que, como los primeros, se casaron en
este país y formaron sus respectivas familias, abrazando todos la
causa de la Independencia y dando descendientes que honran la
memoria y el nombre de sus antepasados: distinguidos unos por
su ilustración y el poder de la palabra, su rectitud en la magistratura, y todos por su amor a la práctica de las virtudes públicas y
privadas, por el honor caballeresco que les caracterizaba y por lo
intransigentes contra la vileza, la deslealtad y la mentira, y por su
inflexibilidad en la desgracia y la miseria.
Raimundo Rendón Sarmiento, de quien nos ocupamos, nació en la referida isla, el 31 de marzo de 1788, habiendo sido sus
legítimos padres Manuel Rendón Sarmiento, escribano de cámara, y Francisca de Ariza; fue antiguo y firme patriota, pues, aun
416 Carlos Larrazábal Blanco
muy joven, cooperó a la gloriosa revolución del 19 de abril, habiéndole tocado la honra de asistir a la sesión del Ayuntamiento y
de escribir el acta de aquel memorable día, como amanuense del
escribano de Cabildo don Casiano Bezares; acompañó luego al
ejército republicano bajo las órdenes del general Simón Bolívar
en todas las campañas y peligros, y se encontró en las acciones
de guerra con motivo de la independencia, en Barquisimeto,
Araure, Carabobo, Vijírima, sitio de Puerto Cabello en 1813,
y de Aragua de Barcelona; y después del triunfo de la magna
causa, siguió el rumbo de la República, desempeñando distintos destinos de honor y de confianza. Como miembro de la
Municipalidad de Caracas en 1828, fue, junto con sus paisano
y amigo Narciso Ramírez, el promotor de la acusación elevada
al Congreso de Colombia contra el general José Antonio Páez,
comandante general de Venezuela.
Raimundo Rendón Sarmiento murió infeliz, como han
muerto casi todos los dominicanos en Venezuela, el 1º de agosto
de 1863, y nunca solicitó recompensas de los gobiernos a quienes sirvió siempre con desinterés y lealtad, y su desprendimiento
y moderación, y sobre todo su carácter noble y recto.
Al escribir las precedentes líneas cumplimos un deber de
justicia, pues debe salvarse del olvido la memoria de los hombres
justos que fueron útiles a la humanidad, según el papel que les
tocó desempeñar durante su vida para ejemplo de los contemporáneos y de los que les sigan.
Copiamos del discurso pronunciado por el senador Antonio
L. Guzmán, en la sesión del Senado, de 12 de mayo de 1865,
cuando se discutía un proyecto de decreto en favor de la viuda
de Raimundo Rendón Sarmiento: «El señor Rendón Sarmiento,
dijo el señor Guzmán, tuvo la gloria de asistir a la sesión del
Cabildo de Caracas el 19 de abril de 1810, y de haber sido el
calígrafo, por amor y entusiasmo por la revolución, para extender el Acta celebérrima de aquel día memorable. Fiel después
a los principios proclamados por primera vez en el continente
sudamericano, en esta ciudad patriota, acompañó en todas sus
vicisitudes a la causa de la Independencia, y sufrió largos años
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
417
por ella; y con una constancia propia de aquellos tiempos y de
aquellos héroes, conservó en su pecho la fidelidad a los verdaderos principios republicanos, hasta que expiró en 1863. Fue probo, fue desinteresado; siempre liberal y modelo de patriotismo».
(Biografía de hombres notables de Hispanoamérica, por Ramón
Azpurúa, t. II, Caracas, Imprenta Nacional, 1877, págs. 109-115).
__________
Notas
1. Pocos datos poseemos acerca de la familia de Raimundo
Rendón Sarmiento, hijo de don Manuel Rendón Sarmiento
y de doña Francisca Ariza. En la segunda mitad del siglo xviii,
un Francisco Rendón Sarmiento es notario del Juzgado
eclesiástico (hacia 1751), escribano público hacia 1756,
secretario de cámara y gobierno de la Real Audiencia hacia
1783. Otro Francisco Rendón Sarmiento vivía en Venezuela
hacia 1805, no sabemos si el mismo anterior. Sujeto del mismo nombre, como de 90 años de edad, viudo de Tomasa
Aguilar; murió el 18 de julio de 1815, y fue enterrado en la
capilla de los Dolores de la iglesia de Santa Bárbara. El texto
tiene a Francisco Rendón Sarmiento, emigrado con su familia, como abuelo de Raimundo. No conocemos la partida de
bautismo de Raimundo pero sí la de su hermana María, que
nació en 1777. En ella Manuel tiene tratamiento de don, lo
cual puede hacer cierto el cargo de escribano de cámara
que le atribuye el texto. Otros Rendón Sarmiento de la misma época fueron: Antonio que vivía en Santo Domingo en
1800, ausente en ultramar en 1823; había casado con María
Altagracia Fernández y procreado en Prudencia Linares a
María de Jesús, a quien reconoció y donó una casa, y quizá sea Juan Antonio, residente en Caracas en 1805. José,
soltero, murió de más de 50 años, en Santa Bárbara, el 16
de diciembre de 1817. María Rendón Sarmiento, casada
con Lázaro Romero (de San Rafael) fue hija de José, natural de Cumaná, y de Lorenza Casaña, natural de la isla
418 Carlos Larrazábal Blanco
de Hierro (Canarias). Otro Rendón Sarmiento, pero que
nada tiene que ver, lo más probablemente con Raimundo,
es don Cristóbal, soldado, natural de Orizaba (México),
hijo de don Juan y de doña Clara Laso Palomino, y que se
casó en 1726 con Josefa Beatriz Leos y Echalas, hija de doña
Constanza Núñez, de Santiago. Cristóbal Sarmiento murió
en 1744.
2. Respecto de los emigrados que se citan en el texto solo
mencionaremos algunos:
a.
Salvador Delgado. Debe ser el sujeto de mismo nombre,
casado con Ana Flores. Hijos fueron José, n. en 1765;
Manuel, n. en 1768 y otro Manuel, n. 1770, parroquia
de la Catedral. A juzgar por el nombre de pila y por el
apellido, se trata de una familia de origen isleño.
b. Los Diez. Sobre la familia Diez han tratado en Santo
Domingo, personas capacitadas. Nosotros poseemos los
datos parroquiales directos siguientes: Antonio Diez,
natural de la villa de Osorno, obispado de Palencia,
Castilla la Vieja, casado con Rufina Jiménez, natural
del Seibo. Hijos: Manuela, b. el 16 de julio de 1786 a
los 20 días de nacida; sus padrinos el sargento mayor
don Juan de León Benínez y Valeriana Ruiz, testigos
don Francisco Regalado y Manuel Valenzuela, b. por el
bachiller Miguel de Jesús de Robles, se casó con Juan
Duarte, murió en Caracas en 1858. Antonio, n. el 31
de marzo de 1788, su padrino el cura Jerónimo de
Paredes, Mariano, n. el 2 de julio de 1790, su padrino
el cura Jerónimo de Paredes, murió el mismo años; José
Cupertino, n. el 21 de septiembre de 1791, su padrino
el teniente de voluntarios don José Tamariz; Mariano, n.
el 24 de septiembre de 1794. Todos nacidos en la parroquia del Seibo.
Antonio Diez Jiménez se casó con Timotea Henríquez
y tuvieron a Prudencia que fue bautizada el 7 de mayo
de 1813, de 9 días de nacida. Prudencio Diez se casó en
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
419
Caracas con Carmen Alfonso, hija de Rafael Alfonso y
de María Antonia Alfonso, el 19 de abril de 1850, parroquia de la Candelaria. Hijos: Elisa Francisca Guadalupe,
1850; Pablo del Rosario, 1854; José Elías, 1855; María
Francisca, 1857; Eusebio, 1858, todos nacidos en la misma parroquia y de donde proceden directamente estas
notas.
Ya se conoce que Mariano Diez Jiménez pasó también
a Venezuela. Hijo de este, entre otros, fue Manuel
Antonio Diez, que fue presidente de Venezuela en 1886
mientras Guzmán Blanco tomaba posesión del mando,
en su administración llamada de la Aclamación, que venía a sustituir la de Joaquín Crespo. El 27 de abril tomó
posesión Diez de la primera magistratura del Estado venezolano y el 28 de agosto Guzmán se ocupaba en regir
los destinos de la República «en momentos que deseaba
descansar, retirado a su hogar y cuando el doctor Diez
había conducido la nave del Estado, en su interinaría,
con acierto y prudencia, hasta el extremo de que él
se sentía innecesario». «Era el señor doctor Manuel
Antonio Diez un hombre de bien, amante de la ciencia,
que no tenía nombre público. Fue amigo personal del
general Crespo y figuró luego en la administración de
este», dice González Guinán.
c. Antonio Mauri. Es Antonio José, h. de José Ignacio
Mauri y Juana Nepomucena Madrigal González, nació
en 1814.
d. Madrigal. Dos sujetos del mismo apellido vivían en
Caracas en 1844, Antonio y Antonio Delfín. El primero
era hijo de Francisco Madrigal y Beatriz González, por
tanto tío del citado Mauri; se casó con Mariana Pérez, regresó a Santo Domingo y murió en 1864. Su hijo Felipe
se casó con Dolores Volta Soler en 1863. Antonio Delfín
Madrigal regresó al país, como su homónimo, después
de la Independencia. Nació en diciembre de 1824 y
casó en 1857 con Felicia Ramírez de Arellano, murió
420 Carlos Larrazábal Blanco
en 1889. Su apellido le proviene de Juana Madrigal, en
cuya casa se crió.
e. Patiño. El autor erró este nombre. No es sino Patín, y
se refiere a José Patín, que se casó en Venezuela con
Teresa Alberti, padres de Amalia Patín que se casó con
José María Pichardo Betancourt.
f. José Antonio Troncoso. Sobre este sujeto nada encontramos en nuestro Catálogo parroquial de familias de Santo
Domingo, inédito. Hasta ahora en Venezuela solo hemos
dado, respecto de Troncoso, con el siguiente aviso, que
apareció en el Núm. 26 de El Patriota que dirigía el doctor Felipe Larrazábal: «Aviso.– Ya hay algunos días que
se ha fugado de mi casa mi criada Sebastiana de 26 a 28
años de edad, color parda oscura, pequeña de cuerpo,
ojos verdes, bastante alegre, es algo coqueta; el que la
coja se le gratificará por su dueño que es el Sr. José Ant.
Troncoso.– Caracas, 4 de septiembre de 1845».
g. A los Barba que se refiere al autor son los descendientes de don Antonio Álvarez-Barba, mariscal de
Campo, que en Santo Domingo se casó con María de
los Santos Leos-Echalas. De los hijos de este enlace
Antonio José nació en 1757, contrajo nupcias con
María Josefa Zárraga y Pérez-Caro, que fueron padres
de las proles siguientes: Modesto, n. 1792; Rafael
María Joaquín, n. 1793, José María Quintín, n. 1794;
y según Utrera estas otras: María Isidora, n. 1786;
Dolores Josefa, n. 1787; María de las Mercedes. Este
matrimonio emigró a Venezuela. Uno de sus vástagos,
Modesto, fue prócer de la Independencia y murió en
los campos de batalla. Respecto de don Antonio sacamos del Boletín del Archivo, Caracas, lo siguiente: «D.
Antonio Barba, vecino de Caracas, emigrado de Santo
Domingo, Real Orden para que se le entreguen cada
año por espacio de cinco y en calidad de préstamo,
25,000 fuertes; de los productos de la renta de tabaco,
para restituirlos en las condiciones que se expresan.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
421
Igualmente se ordena que al expresado Barba se le
señalen 50 fanegas de tierra, de las realengas incultas
que se hallen sin poseedor alguno. San Lorenzo, 15
de octubre, 1798».
Caracas, Venezuela, agosto de 1951.
Clío, Año XX, Núm. 93
(mayo-agosto de 1952).
Páginas dominicanas olvidadas
Colección y notas de C. Larrazábal Blanco
José María de Rojas, por Ramón de Azpurúa
I
L
a parte española de la Isla de Santo Domingo, asiento en
un tiempo del Primado de las Américas y Metrópoli de parte de las
extensas regiones de Costa Firme, dio de entre sus hijos muchos
hombres notables por su saber, por relevantes virtudes públicas y
privadas; y entre ellos algunos también por valor personal.
Las otras hermosas Antillas Puerto Rico y Cuba tuvieron
como huéspedes suyos, y luego como hijos por adopción a varios dominicanos ilustres que arrojaron de su patria las ondas de
guerra fratricida; y Venezuela participó de la fortuna de poder
dar asilo a algunos de aquellos notables americanos que pronto
fueron ornato de la sociedad de Caracas y de otros centros de
población muy importantes de la República. Son de grata memoria en las que eran comarcas de Costa Firme, los nombres
de López Umeres, los Ramírez, los Zárraga, Gascue, Núñez de
Cáceres, Arroyo Pichardo, Sarmiento, Bobadilla y rojas.
423
424 Carlos Larrazábal Blanco
II
José María de Rojas nació el 24 de marzo de 1793 en la ciudad de Santiago de los Caballeros de la parte española de la hermosa antilla de Santo Domingo. Lo principal y la mayor parte
de aquella ciudad importante por rica y floreciente en la época
del coloniaje español, lo constituían las familias distinguidas de
la colonia, Rojas y Velilla, (Espaillat), y Del Monte y Rojas; y de
estas prosapias venían don Carlos de Rojas y doña María Antonia
Ramos, nativos, padres de don José María.
III
Por aquellos felices tiempos, felices relativamente, tan propicios para los colonos españoles de Santo Domingo, fueron
fáciles y ventajosas la educación e ilustración del nativo, o adoptivo dominicano; y de esto fue una buena muestra la suficiencia
de José María de Rojas en varios ramos importantes, siendo
sobresaliente en el de finanzas, lo que le recomendó para el
desempeño de la Aduana de Puerto Plata cuando tenía gran importancia y él contaba solamente 20 años de edad; empleo que
desempeñó a satisfacción del Gobierno legítimo y de su patria
y aun del intruso que le sustituyó; pues al caudillo invasor no
faltaron deseos de que Rojas volviese al desempeño de aquella
Aduana después que dejó de existir el régimen a que servía en
1821.
IV
Posesionado Boyer, en el citado año de 1821, de aquella
parte española de Santa Domingo, que tenía principal interés en
reunir bajo su mando, y que comprendía el territorio ocupado
por Cristóbal, lo que le facilitara la muerte violenta de este en
8 de octubre del año anterior, Rojas, por consecuencia, dejó
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
425
su patria aunque el haitiano invasor le ofreciera ventajas para
que desistiese de este propósito; propósito que sí tenía origen
en aquella abominable invasión, estaba acariciado por las simpatías que Rojas tenía hacia la parte más litoral de Costa Firme,
Venezuela, a donde se trasladó, en 1822, con su familia, que era
para entonces solamente de dos niños.
Ya hemos dicho que el patriota de Santiago de los
Caballeros era aventajado financista; pues subió más alto el
nivel de sus conocimientos con el estudio del ramo, su predilecto de finanzas; y en llegando a Caracas fueron luego conocidas las aptitudes del inmigrante. Y un hombre de Estado, de
juicio y patriotismo, Soublette, que como vicepresidente regía
entonces la parte norte de Colombia, Venezuela, le eligió para
el desempeño de la Aduana de La Guaira, la primera, en todos
respectos, que tenía el extenso litoral venezolano. Este nombramiento si resultó feliz para los intereses del Estado, no fue
lo mismo para Rojas, pues motivó los celos de algunos nativos
del país, pensando que la colocación preferentemente de un
recién llegado, argüía muy en contra de las aptitudes de ellos.
He aquí el origen principal de la ausencia de simpatías que
se hizo notar no tarde de parte de muchos caraqueños para
con el nuevo caraqueño por adopción; no obstante su buen
comportamiento social, y el haber desempeñado el interesante puesto a satisfacción del Gobierno y del público; puesto en
que cesó para fines de 1826.
V
En Rojas encontró simpatías aquella tristemente célebre revolución de Valencia de abril del año citado de 1826,
porque, como Lander, y otros hombres de su época, quería
que se rompiera el pacto de unidad colombiana, no como
algunos otros de espíritu inquieto y ambicioso, por desafección a Bolívar, sino porque comprendía la imposibilidad de
la existencia de un régimen central en comarcas extensas y
426 Carlos Larrazábal Blanco
apartadas, y veía el mal que causaba el diferimiento de la
ruptura de un pacto que hubo de considerarse inadecuado
desde que terminó la guerra magna que había hecho necesario su establecimiento.
VI
Separado Rojas de la Aduana de La Guaira, se dedicó al
comercio en Caracas, en la que permanecía para cerca del
promedio del año de 1827, cuando ya estaba descontento el
genio del novel comerciante, que quería teatro más extenso,
por lo que le ocurrió buscarlo en una de las repúblicas del
Pacífico. Pensó en Lima. Y aunque el Libertador, que por entonces se hallaba aquí, le habría destinado a algún empleo de
consideración en Venezuela o en otra provincia de Colombia,
Rojas persistía en su pensamiento de ir al Perú; y para verificarlo, obtuvo de Bolívar una carta de recomendación para
el Presidente de la República peruana que le habría servido,
a no ser que desistió pronto del propósito, continuando en
Caracas retirado de la política hasta 1830, en que volvió a ser
activo, porque fraternizó, también en esta vez, con el movimiento separatista de Venezuela. Desde entonces se ocupó
activamente en el servicio público gratuito, como miembro
del Concejo municipal de Caracas, como vocal de juntas y
comisiones de fomento y ornato públicos en la capital, y como
redactor del periódico El Liberal establecido desde 1841, y que
tuvo vida hasta 1848; así como luego lo fue de otro periódico
El Economista; periódicos de grata recordación con que Rojas
prestó importantes servicios al país por las ideas liberales, de
sana política, de orden y cultura, que guiaron todas sus publicaciones. Su crédito como escritor público, patriota ilustrado
y progresista, le puso en relación con entidades literarias de
Europa y con personajes políticos de América, como Flores,
Irisarri, Mosquera y otros.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
427
VII
La provincia de Caracas eligió a Rojas en 1841 diputado
provincial y también miembro de la Cámara de Representantes;
puestos honoríficos que desempeñó con interés patriótico muy
marcado, y con la probidad y rectitud propias de un patriota
inmaculado.
Aunque Rojas era separatista venezolano, como lo hemos
demostrado, nunca fue desafecto a Bolívar: era su adepto; le
admiraba como a un hombre famoso y extraordinario por sus
talentos, por sus servicios a la causa pública, por lo atrevido en
el proyecto y constancia para libertar a su patria; y finalmente,
admiraba al Libertador de Suramérica.
Ya en 1828 Rojas había elaborado su opúsculo, interesante
obra, Proyecto para el establecimiento de la circulación de vales, conciliando el provecho del erario y del público con la justicia de los acreedores,
con que él se proponía hacer un servicio fiscal y político, y la cual
dedicó a Bolívar (2); y en 1842, siendo miembro de la Diputación
provincial de Caracas, encontrándose sin cumplimiento, y en
completo olvido, el Acuerdo de 1º de marzo de 1825 librado por
el Concejo Municipal, mandando a levantar en la plaza de San
Jacinto un monumento a la memoria del Libertador, promovió
el acto solemne de justicia de elevarse este monumento en la
plaza Bolívar, para que perpetuase la memoria del héroe y recordase siempre a las generaciones futuras los grandes beneficios
que hizo a la patria dándole la independencia y libertad.
Tenemos a la vista el expediente original de este episodio
legislativo de la Diputación de Caracas, en que se encuentra el
autógrafo de Rojas iniciando, como diputado y presidente de la
Asamblea, la medida de que hablamos; y pareciéndonos que ese
documento es digno de los anales colombianos, vamos a insertarlo. Es el siguiente:
Proyecto propuesto por el honorable diputado de
Caracas, José María de Rojas
428 Carlos Larrazábal Blanco
La Diputación Provincial de Caracas
Considerando:
1º Que la antigua Municipalidad de esta capital, queriendo perpetuar la memoria del Libertador Simón
Bolívar, en sesión extraordinaria de primero de marzo
de 1825 acordó la erección de una estatua ecuestre en
la plaza de San Jacinto;
2º Que careciendo la Municipalidad de fondos con que
llevar a efecto aquel acuerdo, determinó abrir suscripciones que los suministrasen;
3º Que esas medidas quedaron solamente escritas, no
se ejecutaron ni han producido resultado alguno en el
transcursoo de diez y ocho años que han pasado;
4º Que es gloria y galardón de la ciudad y provincia de
Caracas, cuna del ilustre Bolívar, así como de toda la
República, erigirle un monumento que perpetúe su memoria, y recuerde siempre a las generaciones futuras los
grandes e inestimables beneficios que hizo a la patria
dándola independencia y libertad; y
5º Que en ocasión tan solemne como la presente, en que se
esperan los venerandos restos del Héroe, debe la provincia
por su parte apresurarse a demostrar los sentimientos de
admiración y gratitud que la animan y en que abunda;
Resuelve:
Art. 1º La plaza que se ha llamado hasta hoy de Catedral,
se denominará, desde la publicación de esta ordenanza,
Plaza Bolívar.
Art. 2º En la Plaza Bolívar se colocará sobre un pedestal
de hermoso mármol, una estatua ecuestre de bronce
que represente al Libertador Simón Bolívar.
Art. 3º En la base del monumento se grabarán en grandes y hermosas letras de oro las inscripciones:
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
429
En el frente oriental
Nació en Caracas el día 24 de julio del año de 1783.
En el frente occidental
Murió en Santa Marta el día 17 de diciembre del año de
1830 a los cuarenta y siete de su edad.
En el frente Sur
Al inmortal Bolívar, Libertador y fundador de cinco
Repúblicas.
En el frente Norte
Colocado el día… del mes de… del año…
Art. 4º Todos los Concejos Municipales de la Provincia
abrirán una suscripción voluntaria entre los habitantes
de sus cantones; y recaudando su importe lo pasarán
a la Administración respectiva para que se concentre
íntegramente, y sin desfalco de comisión ni otra deducción cualquiera, en la Administración principal, donde
quedará en sagrado depósito todo lo que se colecte en
la provincia.
……………………………………………………………...
Rojas. F. Barrutia. Zárraga. C. Arvelo. Casado. M. M.
España. Escalona. J. J. Michelena. López Méndez. R. G.
Rodríguez. M. González Méndez. Mujica.
VIII
Cuatro lustros habían corrido desde que el Concejo
Municipal de Caracas manifestó el deseo de honrar la memoria
del Padre de la Patria, cuando Rojas quiso resucitar el pensamiento para que fuese ejecutado en la plaza de Catedral; pero
no le ocurría que habían de transcurrir siete lustros más sin
que se llevase a efecto una demostración de gratitud pública en
430 Carlos Larrazábal Blanco
que se habían anticipado a Venezuela otros pueblos libertados
igualmente que su patria por el mismo Genio; demostración
de gratitud que el propio Concejo Municipal de Caracas, en
sesiones de 1854, quiso recordar en la Legislatura provincial de
la capital. Y el día en que Rojas promovía la Legislatura provincial el acto de que era deudora Venezuela para con su hijo
predilecto y su Libertador, se encontraba en los bancos de una
clase de la Universidad de esta capital un adolescente predestinado a llevar a efecto el gran pensamiento. Pasaron treinta
y dos años; y fue en el de 1874 que se realizó por el Gobierno
nacional de los Estados Unidos de Venezuela, presidido por el
general Antonio Guzmán Blanco, erigiéndose en la plaza de
Catedral, hoy plaza Bolívar, de Caracas, el hermoso monumento
de bronce que recordará a las generaciones futuras los merecimientos del Gran Caudillo de la magna causa de independencia
hispanoamericana.
IX
Los votos de la provincia de Caracas mandaron otra vez en
1847 a Rojas a ocupar una curul en la Cámara de Representantes
en circunstancias harto graves, delicadas para la República, y
erizadas de peligros para sus servidores. Dos partidos políticos
disputaban, más que el triunfo de principios, el predominio absoluto en la nación, acaso para por sí mismo hacer triunfar cada
uno a la vez los principios y las ideas de su predilección, por lo
cual venían batallando por la prensa desde 1840, y por la prensa
y con las armas un lustro después.
La ofuscación supeditó en el seno de la Cámara de
Representantes en sus sesiones de 1848, y con esto se deslizó
en algunos diputados el error (lamentable error) de promover
la deposición del Presidente de la República por medio de una
acusación por causas que no lo eran para el juzgamiento del
general Monagas; y nuestro amigo Rojas, tan ilustrado y patriota, tan versado en procesos de las vicisitudes y peripecias de su
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
431
primera patria y de su patria adoptiva, participó y fue víctima de
aquel error colectivo.
Rojas se retiró de la escena pública después del suceso
desgraciado y lamentable del 24 de enero, quedando tildado de
desafecto a las administraciones nacionales que tuvo Venezuela
desde el citado año de 1848 hasta su muerte que tuvo lugar en
Caracas el día 8 de octubre de 1855; y con este triste motivo
la prensa de esta capital publicó al día siguiente las líneas que
copiamos:
Entre las vidas que ha segado el cólera en la presente
semana, tenemos que enumerar la del señor Jose María
de Rojas, cuyo cadáver acaba de ser inhumado.
Este respetable ciudadano tan conocido en el comercio, y más que todo como redactor de El Liberal y de El
Economista, y como uno de nuestros hombres públicos
de más independencia, deja honrosos recuerdos en
nuestras Asambleas, en nuestras Diputaciones y en varias sociedades políticas y económicas a que perteneció.
En todas nuestras grandes cuestiones administrativas y
de progreso tomó siempre una parte activa, y sostuvo
sus ideas con ilustración y con la franqueza que le era
característica. Deja una larga y estimable familia que
Venezuela se honra en conservar en su seno. 9 de octubre de 1855. Caracas, octubre de 1877.
(Biografías de Hombres notables de Hispanoamérica por
Ramón Azpurrúa, Imprenta Nacional, Caracas. 1877,
pág. 336-344).
Notas
Párr. 1.- De las personas y familias citadas por el autor trataremos a renglón seguido.
López Umeres. Don Manuel López de Urbaneja, natural de
la villa de Neibora (?), valle de Bezana, obispado de Santander,
432 Carlos Larrazábal Blanco
hijo de don Andrés López y doña Casilda López Ruiz, se casó con
doña Micaela Umeres y Arrazola, natural de la villa de Oñate,
Vizcaya, hija de don José Umeres y doña Magdalena de Arrazola,
parroquianos de la Catedral, Santo Domingo, el 27 de octubre
de 1773. Hijos: Manuel, nació el 10 de mayo de 1776. Micaela
Umeres murió en 1793.
Manuel López Umeres emigró dos veces a Venezuela. Se
casó con Lucía Ramírez Guerra, hija de Francisco Ramírez de
Máiz y Candelaria Guerra de la Vega, naturales de Cumaná. Hijos:
José María, n. el 29 de enero de 1811; Manuel María Marcos, n.
el 24 de abril de 1814, su madrina doña María Rarmíez de la
Guerra; Miguel Calixto, n. el 13 de octubre de 1815; Francisco
Domingo de Jesús, n. el 22 de mayo de 1817; Micaela Adelaida,
n. el 7 de mayo de 1819; José María del Carmen, n. el 29 de
enero de 1820. Todos estos hijos nacieron en la ciudad de Santo
Domingo. Las funciones públicas que las partidas parroquiales
le atribuyen a López Umeres son las de abogado del Ilustre
Colegio de Abogados de Caracas y secretario de la Capitanía
general, abogado de la Real Audiencia. Después de los tristes
acontecimientos del año 1821 no volvió más al país. Como se
sabe figuró en el movimiento de la Independencia Efímera. En
Venezuela figuró en la judicatura, en la cual desempeñó el cargo de juez de primera instancia y llegó a la vicepresidencia de
la Corte Suprema de Justicia. De los hijos citados, Manuel hizo
estudios universitarios; Miguel se graduó de abogado y murió de
apoplejía en 1901; Adelaida se casó con Mariano Diez y murió
viuda en 1893. Otros hijos nacieron en Caracas, tales Francisco,
abogado, murió de 76 años en 1900; Arístides, nació alrededor
de 1828, se graduó de médico en 1855.
Los Ramírez.– Se refiere el autor a Narciso y a José María
Ramírez. Narciso Ramírez se casó en Santo Domingo con
María de las Nieves Losada y fueron sus hijos María Salomé, n.
en 1817 y Narciso en 1819. Narciso Ramírez, padre, figuró en
la política venezolana y alguna vez fue concejal del Concejo
Municipal de Caracas. Desde esta posición fue de los acusadores del general Pérez ante el Congreso de la Gran Colombia
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
433
en 1826. Narciso Ramírez Losada, el hijo, se graduó de abogado, hizo política en los tiempos de Guzmán Blanco y murió
tuberculoso en 1894.
En cuanto a José María Ramírez, uno de los que firmaron
el acta de independencia el 5 de julio de 1810, sospechamos sea
el mismo que fue catedrático de la Universidad de Santo Tomás,
en Santo Domingo, más tarde abogado del Ilustre Colegio de
Abogados de Caracas. Se casó con Antonia Marcano que n. en
Coro en 1867, hija del margariteño Luis Nicolás Marcano y Rosa
Ignacia de Quevedo, vecinos de Santo Domingo donde procrearon otros hijos. Del matrimonio Ramírez-Marcano nació José
María en 1802, cuya madrina fue Isabel Ramírez.
El padre Utrera sospecha que al prócer José María Ramírez
puede proceder o del enlace del abogado José Jacinto Ramírez
e Isabel Guridi, o del matrimonio de Antonio Ramírez y Rosa
Carmona. Nos inclinamos a esta última opinión. Hijos de este
tronco Ramírez-Carmona fueron: Juan, José María, n. el 17 de
julio de 1764; Manuel, m. en 1766; Pablo n. en 1767; Nicolás
Ruperto , n. en 1773, Isabel, m. en 1783.
Los Zárraga. De esta familia ha tratado el padre Utrera.
Entre nuestros datos personales tenemos los siguientes, respecto
de los Zárraga dominicanos: don José Antonio de Zárraga, viudo
de doña Ana de la Colina, oriundo del señorío de Vizcaya, vecino
de Coro, hijo de don Juan Bautista de Zárraga, y doña Antonia
Demosti, contrajo matrimonio, parroquia de la Catedral (Santo
Domingo) con doña Felipa Pérez Caro y Oviedo, hija del sargento mayor de la plaza y teniente coronel don Ignacio Pérez Caro
y de doña Ana de Oviedo, el 8 de septiembre de 1773. Hijos:
María Josefa, 1774, que casó con Pedro Pascasio Álvarez Barba,
viuda de Pedro Bobadilla, murió en 1846; Miguel (capitán de
milicias patriotas, contador de la Caja de Caracas, se casó con
María Aristeguieta), nació el 28 de noviembre de 1775; Micaela
Calixta, 1776; María Mercedes, se casó con Francisco Javier Solá,
murió viuda, de 86 años, en Santo Domingo, el 7 de enero de
1865; Fernando José Antonio, 1778; Ignacio, nació el 4 de junio
de 1779; José Antonio, nació el 20 de noviembre de 1781; Ana
434 Carlos Larrazábal Blanco
María Gervasia Protasia, 1787. Todos estos hijos nacieron en
Santo Domingo, parroquia de la Catedral.
Gascue.- Don Francisco de Paula Gascue y Oláiz, Contador
de la Real Hacienda de Santo Domingo, natural de la villa de
Vera, reino de Navarro, obispado de Pamplona, casado con doña
Josefa Pueyo Urríes y Diez, natural de Baena, reino de Córdoba.
Hijos: José Francisco de Paula Agapito, l772; María Micaela Josefa
Joaquina, 1773, su madrina doña Joaquina Pueyo Urríes y Diez;
María Merced Saturnina Francisca de Paula, 1774; Francisco de
Paula Matías Raimundo, 1776; Andrea Matilde, 1777; Joaquín
Saturnino Francisco de Paula, 1778; María Joaquina Luisa, 1779,
su madrina, doña Francisca Pueyo Urríes y Díez. Doña Josefa
Pueyo Urríes murió en 1782. Otros hijos cita Sangroniz (Familias
coloniales de Venezuela): José Joaquín, nacido en La Habana, coronel
de artillería, casado cote Joaquina Pueyo y Tapia, su prima; Pablo,
nacido en Santo Domingo en 1781. Este Pablo emigró a Venezuela
y se casó con doña María del Carmen Ponte en 1800, y fue regidor
perpetuo de Caracas y alcalde ordinario de segunda elección.
Arroyo Pichardo.- De esta familia se doctoró en medicina Pablo Arroyo-Pichardo en 1846. Este, de nombre Pedro
Celestino, nació en la villa de San Antonio Abad, isla de Cuba,
en 1822, hijo del licenciado Pablo Arroyo y Francisca de Lamota
(o de la Mota), naturales de la isla de Santo Domingo. Pablo
Arroyo fue hijo de Francisco Arroyo y Antonia Catalina Pichardo;
y Francisca Lamota fue hija de Juan Lamota y María de la O
Ramírez. Juan Pablo de la Mota era natural de Perijá, Maracaibo,
parece se casó en Santo Domingo donde nacieron varios de sus
hijos, entre ellos la madre de Pedro Celestino que nació en 1765.
Juan Pablo vivía hacia 1796 y firmaba «de Lamota». Los Arroyo
sospechamos sean de Santiago, así como Antonia Catalina
Pichardo.
Sarmiento.- No sabemos de quién se trata. Quizás si
de las familias Sarmiento-Ocaña, Sarmiento-Carvajal, o de
Alonso-Sarmiento.
Bobadilla.- Se refiere al doctor y presbítero José María
Bobadilla, hijo de Vicente Bobadilla Amaral y de Gregoria
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
435
Briones Pérez. Pasó a Venezuela y según parece aquí murió a
mediados del siglo pasado.
Párr. II.- La familia Rojas data de muy antiguo en Santiago
de los Caballeros, pero muy pocos datos conocemos. Don Carlos
de Rojas, parroquiano de Santiago, murió en la ciudad de Santo
Domingo en 1696, y es el más lejano presunto antecesor conocido por nosotros, sacado a colación únicamente por el nombre
de pila, Simón y Carlos de Rojas, hermanos, emigraron en 1805
a consecuencia de las tropelías del haitiano Dessalines. Francisco
de Rojas, natural de Santiago de los Caballeros, de 40 años de
edad, hijo de Carlos de Rojas y de Tomasina Valerio, murió en
Santo Domingo en 1816. La esposa de José María Rojas, Dolores
Espaillat, muy probablemente es hija de Francisco Antonio
Espaillat, sub-delegado de hacienda en Santiago, y de Petronila
Velilla, natural de Santiago. Hija de este matrimonio fue María
Francisca de los Ramos, que nació en Santo Domingo, en 1811 y
se casó con Ramón Delmonte y Aponte. A la familia Velilla perteneció probablemente don Juan Velilla, que se casó con Francisca
Javiera de Aponte, la cual murió en Santo Domingo en 1816 y en
su testamento cita a sus hijas Tomasina y María.
José María de Rojas y Dolores Espaillat procrearon varios
hijos: Felicia, Dolores, José María, Milcíades, Marco Aurelio,
Teófilo, Arístides, Carlos. La figura más conspicua de esta prole
fue Arístides, que nació en Caracas el 5 de noviembre de 1826 y
murió en su misma ciudad natal el 4 de marzo de 1894.
Párr. IV.- Las simpatías de Rojas hacia Venezuela debieron
ser ciertas dado que es sentimiento muy común en todos los
dominicanos y por el calor y la sinceridad que puso en su posterior venezolanidad. Rojas se naturalizó ciudadano de la Gran
Colombia, a poco tiempo de su llegada, el 12 de noviembre de
1823, y aparece la noticia oficial en la Gaceta de Colombia del 21 de
diciembre de ese año, Nº 114. Respecto de su empleo en la aduana de La Guaira, dice González Guinán: «Bien pronto fueron
conocidas y estimadas las altas dotes y las raras virtudes del señor
de Rojas por la sociedad de Caracas, y el Gobierno quiso aprovechar sus aptitudes y le confió en 1825 la dirección de la Aduana
436 Carlos Larrazábal Blanco
de La Guaira, empleo que sirvió con inteligencia y probidad.
Mezquindades lugareñas hicieron al señor Rojas abandonar el
puesto, dedicándose a la industria mercantil».
Párr. V.- En 1826 ya estaba constituida la Gran Colombia y
ya sufría los efectos malos que la minaban y darían con ella en
tierra. El 26 de enero de ese año la Municipalidad de Caracas
elevó contra Páez, que mandaba en Venezuela, una acusación,
más dirigida por las pasiones personalistas que con justo acopio
de razones. Formaban parte de esta Municipalidad los dominicanos Narciso Ramírez y Raimundo Rendón Sarmiento. Esta
acusación fue elevada al Congreso y al general Santander, que
mandaba en Nueva Granada, y, era desafecto a Páez y a todo lo
que fuera venezolano, acogió y alentó la acusación pues tenía
influencias y sabía ejercerlas en provecho de sus pasiones. La
acusación, pues, fue acogida y el general Páez fue suspendido de
sus funciones. Esto trajo alborotos en la ciudad de Valencia que
presionaron sobre la municipalidad hasta el punto de desconocer la autoridad del Congreso y reconocer en el mando supremo
de Venezuela al general Páez. Esta fue la asonada que encontró
simpatías en Rojas, y una de las manifestaciones del movimiento
separatista, movimiento que encontró calor en muchos venezolanos de significación en el procerato de la independencia y en
el campo de la intelectualidad.
Párr. VI.- El mes de enero fue desafortunado para la integridad de la Gran Colombia. El 13 de enero de 1830 el general
Páez, jefe supremo de Venezuela, dependiente de la República
de Colombia, sin la anuencia de esta, dio los primeros pasos
para el establecimiento de Venezuela como Estado soberano
de acuerdo con los pronunciamientos de los pueblos. En esta
fecha se convocó un Congreso Constituyente en el cual la idea
separatista tuvo voz preponderante. La idea grande de Bolívar
no se supo comprender. Pero al fin de cuentas el Congreso, en
realidad, siguió la opinión pública.
Como periodista, Rojas ocupó un lugar distinguido en
Venezuela. El Liberal ya estaba fundado para 1841 y en él defendió el partido conservador en el cual militaba. «El Liberal abogaba
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
437
por el buen uso de la libertad en todos los ramos humanos; pero
aquel era un razonamiento que, aunque verdadero, no estaba
en armonía con los hábitos y costumbres de Venezuela», dice
González Guinán. El Economista fue fundado en 1855, y en él
torna Rojas al periodismo «con honradas convicciones, predica
el olvido de lo pasado, pide clemencia para las faltas políticas,
proclama la unión de los venezolanos, aboga por el recíproco
perdón de los partidos, invoca la autoridad divina de la oración
de Jesucristo para una general remisión de deudas y suplica la
amnistía para todos los desterrados políticos». Fueron palabras
testamentarias. Rojas se retira de nuevo a su hogar, y el cólera
de aquel año de 1855 lo mata. En esa misma época aparece otro
conservador a la palestra periodística: Juan Vicente González,
que funda La Revista. González Guinán compara a estos dos periodistas: «Los dos periodistas, Rojas y González, aunque de una
misma filiación política, se diferenciaban notablemente. Rojas
era más pensador, González más literato; el uno era tranquilo,
reposado y conciliador; el otro era impetuoso, osado e impresionable. Rojas era un dialéctico, González un polemista: la pluma
del uno enseñaba, la del otro hería».
Párr. IX.- Rojas era el vicepresidente de la Cámara y su actitud en estos sucesos estuvo subida de punto. Refiere González
Guinán, en su Historia contemporánea de Venezuela, que al reventar
el desorden en las mismas puertas de la Cámara con ocurrencia
de muertes y heridos, que suponían los diputados provenientes
del Gobierno, José María de Rojas, sacando del cinto su puñal, amenazó de muerte al ministro de lo Interior Tomás José
Sanavria, que se encontraba presente en la malhadada sesión,
y le dijo: «Si los asesinos entran por la puerta, usted será la primera víctima». Algunos diputados se interpusieron para evitar la
comisión de un hecho vituperable, y según uno de ellos, seguramente, para que Rojas, «no ensuciara el salón con la sangre de
un canalla». Después Rojas abrazó a Sanavria, y hasta evitó que el
licenciado Cristóbal Mendoza matase al ministro cuando, pistola
en mano, se le acercó diciéndole: «Malvado, este es el fruto de
tus doctrinas». Como balance de este suceso se contaron algunos
438 Carlos Larrazábal Blanco
muertos entre la gente del pueblo y tres diputados, herido el
diputado Santos Michelena, y, lo peor de todo, el desprestigio
total del orden republicano y democrático en Venezuela.
Rojas se asiló en la Legación británica y allí fue personalmente
el presidente Monagas a pedirle que fuera a integrar quórum en la
Cámara el día 25, cosa que primero repudió pero con las súplicas
de Santos Michelena, salió de la Legación del brazo del propio presidente, y se fue a la Cámara. Una vez terminada la sesión, Monagas
mismo lo volvió a llevar a su asilo. Rojas cometería sus errores, pero
siempre fue fiel a sus ideas. González Guinán lo juzga, un hombre
de bien, «en la completa acepción de la palabra», «fue ornato de
la sociedad de Caracas y fundó una familia distinguidísima por la
honradez, por la inteligencia y por la sabiduría».
Caracas, 1952.
Nota
1. A S. E. al Gran Mariscal don Andrés de Santa Cruz,
Presidente del Perú, etc.
Caracas, 4 de abril de 1827.
Mi querido general:
Esta carta la pondrá en manos de usted el señor Rojas.
Este caballero me ha asegurado que conoció a usted,
ahora muchos años, en la isla de Santo Domingo, y al
resolverse a partir al Perú, ha contado sobre todo, con
la buena voluntad de usted, que es invariable. Yo le he
asegurado que en usted encontrará estos mismos sentimientos, y que apenas necesito recomendarlo.
El señor Rojas ha seguido desde muy temprano la carrera de Hacienda, y según me han informado tiene buenos
conocimientos en este ramo; por lo cual espera que sus
servicios serán aceptados y empleados útilmente en ese
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
439
país, donde quiere residir; y así, cuenta con el interés
que espera merecer de la antigua amistad de usted.
Soy de usted, mi querido general, amigo de corazón,
S. Bolívar
2.
Al Excelentísimo Señor Libertador Presidente Simón Bolívar.
Excelentísimo señor:
Ansioso de contribuir con mis escasas luces, y el fruto de
la experiencia que he adquirido en el servicio de las rentas, a la felicidad de la patria de mis hijos, y la mía adoptiva, he redactado el Proyecto para el establecimiento
de la circulación de vales, conciliando el provecho del
erario y del público con la justicia de los acredores,
que tengo la honra de dedicar a V. E. como magistrado
supremo de la nación, encargado de sus destinos, y de
hacer su dicha y prosperidad.
Persuadido de que estos sentimientos, que son los únicos
que me animan, se dejan conocer en este opúsculo, y
que si no todas a lo menos algunas de las ideas que contiene, pueden conducir al fin indicado; espera que V. E.
se dignará dispensarme el alto favor de aceptarlo con su
acostumbrada benignidad, y como un pequeño tributo
del profundo respeto y admiración de su muy humilde
O. S. Q. B. L. M. de V. E.
José M. de Rojas
Caracas, 19 de abril de 1828.
(Ver Clío, Núm. 93, p. 68).
Clío, Año XX, Núm. 94
(septiembre-diciembre de 1952).
La primera gestión de Núñez de Cáceres
en Venezuela
E
l doctor José Núñez de Cáceres llegó a Venezuela el 22 de
abril de 1823. El equipaje moral que traía a cuestas era grande:
su fracaso al intentar la transformación de Santo Domingo en
un estado libre de la soberanía española. Todo fracaso trae manifiesta congoja del ánimo y estado angustioso, y así vemos a este
singular y discutido dominicano llegar a La Guaira, porque no
era para menos: la ayuda que pidió a Bolívar descartada, la patria
en manos de los haitianos. ¿Imprevisión? ¿Falta de tacto político? ¿Animosidad contra los gobernantes metropolitanos? ¿Ideal
puro y desinteresado traído a destiempo?… Quizás si Núñez de
Cáceres no sería sino el fatal, ciego e inconsciente conductor de
un desdichado designio que indefectiblemente había de cumplirse alguna vez y otra vez.
En ese año de 1823 existía la Gran Colombia, de precaria
vida, el más grandioso sueño o fantasía de Bolívar después de la
independencia misma. Era intendente de Venezuela el general
Carlos Soublette y a él hubo de dirigir su primera gestión Núñez
de Cáceres:
Al excelentísmo señor Carlos Soublette,
General de división e intendente
del Departamento de Venezuela en Caracas.
441
442 Carlos Larrazábal Blanco
Excelentísimo señor:
Las circunstancias políticas de mi suelo patrio me han
obligado por último a abandonarla, y buscar asilo en el
de Colombia, que espero no me lo negará, por escasos
que sean los méritos que presentar para ser asociado a
la suerte del primer pueblo de América. Ayer a las doce
del día surgí en este puerto con toda mi familia, libre
de todo accidente de mar y de enemigos; el capitán que
me condujo será el dador de esta, pues me avisa en el
momento que sale para esa ciudad a las tres de la tarde, y V. E. disimulará que le anticipe un aviso que bajo
ningún aspecto debe parecer importante. Yo no debo
permanecer aquí por más tiempo que el muy preciso
a proporcionar arrias para despachar mi equipaje por
delante, y seguir sin demora a esa capital confiado en la
generosidad con que V. E. acoge bajo su sombra a todos
los amantes de la independencia de Colombia. Dios
guarde a V. E. muchos años. GuaIra, 23 de abril de 1823.
Tengo el honor de saludar a V. E. con todo respeto y
consideración, como el más atento servidor de V. E.
José Núñez de Cáceres
El general Soublette, leída esta carta, dictó su respuesta la
que anotó el secretario al margen de la misma misiva de Núñez:
Contéstesele que celebro mucho su llegada y que le
aseguro que en el territorio de la República encontrará
acogida y seguridad y la protección que nuestras leyes
dispensan a todos los que entran bajo su influjo. Que
cuando le vea tendré el gusto de expresarle a la voz los
sentimientos con que soy su affmo.
A primera vista la supraescrita carta del doctor Núñez de
Cáceres no deja ver nada acerca de sus íntimos sentimientos por
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
443
la suerte de la dolorida patria abandonada. La carta, en verdad,
es formal petición de asilo a la persona que puede darlo. Pero si
bien se mira en la primera cláusula introductoria se lee un «por
último» que quizás no tenga desperdicio. ¿Por qué se vio obligado
Núñez al abandono de su país «por último?» ¿Por qué no desde
un principio? Un año para el arreglo de sus asuntos personales,
que no serían muchos, es lapso muy largo. Pensamos que adrede
quedaría en su tierra en espera de algo, y en ese caso no la querría
abandonar. Quizás esperó en vano la reacción de la Metrópoli, para
empeñar la lucha con ella o para volver a su regazo a cambio de
Haití; quizás pensó en una reacción del pueblo, o también todavía
vinculaba sus esperanzas en la Gran Colombia. Pero, al fin llegó la
hora de la total desilusión y partió del «patrio suelo» para siempre.
El fracaso, cuando se trata de la quiebra total de un gran
ideal, de una actuación noble, no solo duele al que lo experimenta sino también a la persona que lo contempla en toda
su magnitud. Entonces los fracasados, a lo Miranda, a lo San
Martín, suelen aparecer con cierto nimbo de grandeza, y en
cierto sentido los admiramos de todo corazón. Para nosotros
Duarte, el dios mayor de nuestro Olimpo patrio, es más grande y
más admirable por la fuerza de su fracaso personal: su actuación
se quebró, pero el espíritu quedó incólume. En el movimiento
libertador de 1821, sea disparatado o no lo sea, contemplamos
a Núñez de Cáceres atormentado por su fracaso, el de la idea
y el de la gestión personal, y su dolor lo hacemos nuestro, el
insigne dominicano se levanta y comprendemos cuánto es digno
de respeto en esos momentos de su vida pública. Quizás si este
sentimiento nuestro no sea sino piedad.
A todas luces el doctor Núñez tenía mala estrella, un mal sino
lo perseguía en su vida política. Lo que más amaba o admiraba, él
mismo se encargaba de destruirlo. Quiso la libertad de su patria
y el resultado práctico e inmediato de tan noble empeño fue la
invasión haitiana. Pidió asociarse «a la suerte del primer pueblo de
América», el de la Gran Colombia, y más tarde, ya en la lucha política venezolana, se va del lado de los que quieren la desintegración
de esa nacionalidad que de seguro admiraba desde los días de su
444 Carlos Larrazábal Blanco
fundación y a la cual pensó asociar su propia patria; de las leyes de
esa República que acogían, aseguraban y protegían, a todos los que
entraban bajo su influjo, como dijo Soublette, violó Núñez precisamente la que le daba forma y fundamento, la constitucional.
Pero el sino, el destino, lo camina el hombre por la vía que le
traza su propio carácter, su coeficiente de espiritualidad, su especial
psicología. Núñez de Cáceres no tenía madera de soñador, ni de
héroe, ni de mártir y mejor fue hombre dotado para las cosas de la
mente que para lo puramente sentimental. Así nunca tuvo fuerza de
gran idealista, pues si tenía suficiente intelecto le faltaba la elevación
espiritual necesaria a que se llega por los caminos del sentimiento.
Fue a no dudarlo docto abogado, sabio conocedor de la teoría del
Derecho, sutil manejador de la práctica de su profesión, pero, según
parece, prefería la cosa pública, amó con predilección la política,
y desdichadamente un espíritu político, las más de las veces, se da
todo entero y consolida en un espíritu vulgar. Por algo las musas
nunca aceptaron su comercio. Su temperamento fue un poco enrevesado: algo violento, a las veces bilioso, siempre apasionado y
un tanto orgulloso y soberbio. Estos defectos lo llevarían a más de
un error, a más de una incomprensión, y a que muchos le atribuyeran, quizás injustamente, este circuito de actuaciones pasionales:
inquina contra el gobierno español, el hecho de la «Independencia
Efímera»; inquina contra Bolívar, el hecho de ser partidario de la
disgregación de la Gran Colombia; e inquina contra el Libertador, el
hecho de no haberse logrado la incorporación de Santo Domingo
a la Gran Colombia. Pero de todas estas cosas solo sale cierto que
parece nunca sopesó debidamente las consecuencias de la independencia de su patria en los momentos que quiso efectuarla, dígase lo
que se dijera, y que nunca supo comprender la grandeza de Bolívar.
No tuvo, pues, la grandeza de que habla Carlyle: la de comprender
cuándo un hombre es más grande que uno,
Caracas, enero de 1954.
Clío, Año XXII, Núm. 98
(enero-abril de 1954).
Noticias de la independencia
dominicana en Venezuela
L
a bandera dominicana flotó por primera vez en Venezuela el
7 de agosto de 1845. Ese día llegó a La Guaira la goleta Paquete
Dominicano enhestando la gloriosa enseña: Su capitán era David
Gaestz y venía con un cargamento, tomado en el puerto de Santo
Domingo, consistente en maderas, tabaco, miel de abejas, cera
y cueros de chivo, consignado a Brea Hermanos, de la misma
Guaira. Pocos días después salió el Paquete rumbo a Curazao.
En esa misma oportunidad llegaron a Venezuela noticias de
la guerra que se sostenía con Haití, firmadas por Corresponsal
particular, manera de encubrir su verdadero nombre el capitán
Juan José Illas,9 Manuel María Martín o algún otro venezolano
Illas, capitán del Ejército Dominicano, secretario de Mella y buen servidor
de la causa nacional, fue comprendido en la monstruosa sentencia dictada
por la Junta Central Gobernativa del 22 de agosto de 1844. Pocos días después se ausentó del país y no volvió más. En su patria de origen, Venezuela,
ocupó importantes cargos y se distinguió como militar. Murió en Valencia
en noviembre de 1880. Acerca de Illas véanse las siguientes fuentes: Juan
Vicente Flores: Lilí…, Curazao, 1901, p. 21; J. G. García: Historia de Santo
Domingo, t. II, p. 271; Carlos Nouel, Historia eclesiástica, t. II, p. 422; A. Tejera:
Literatura dominicana, S. D., 1922. p. 40-41; Emilio Rodríguez Demorizi,
«Juan José Illas y el terremoto de 1842», en Clío, Núm. 52, Año 1942; José
Gil Fortoul: Historia constitucional de Venezuela, Caracas, 1930, t. III, p. 438;
F. González Guinán: Historia contemporánea de Venezuela, Caracas, 1910, t. IV,
p. 535; y la Nota que aparece en Clío, Núm. 89, p. 19, Año 1951. (Nota de
Vetilio Alfau Durán).
9
445
446 Carlos Larrazábal Blanco
de los que en ese entonces hacían causa común con los dominicanos. Esas noticias fueron publicadas, por El Vigía, periódico
que se publicaba en La Guaira, y reproducidas por El Patriota,
periódico que en Caracas dirigía el doctor Felipe Larrazábal.
Helas a renglón seguido:
República Dominicana.- Por primera vez hemos tenido
el placer de ver flamear en nuestro puerto la heroica
y hermosa bandera dominicana. Llegó antier a las seis
de la tarde la goleta Paquete Dominicano, procedente
de Santo Domingo, y ella nos trae noticias de aquella
República, tan frescas como interesantes.
El 26 de julio se recibió en la Capital un parte de las
fronteras del Sur en que anuncian la toma del fuerte
Cachimán por las tropas dominicanas al mando del
valiente coronel Juan P. Contreras; dicho fuerte, que se
halla situado en la cúspide de una peligrosa montaña,
estaba ocupado por más de 2,000 haitianos provistos
completamente de municiones, comestibles y cuanto
pudieran necesitar para sostenerse firmes en tan ventajosa posición; ¡pero sucumbieron los infelices! al arrojo
de un puñado de lanceros dominicanos, abandonaron
el puesto con pérdida de más de 300 hombres, un grandísimo número de fusiles, una pieza de artillería y sobre
seis u ocho mil pesos en papel moneda.
En Hincha, frontera del Norte, ha habido también otra
victoria por las armas dominicanas al mando del general Antonio Duvergé. En esta acción se encontraron los
coroneles Gómez y Roca, terror de los haitianos; estos
dos bravos jefes, cuando se vieron al frente del enemigo
se manifestaron tan contentos y resueltos que cometieron imprudentes arrojos. Horroroso fue el estrago que
sufrieron los haitianos, las márgenes del río Artibonito
quedaron empapadas en sangre, y el mismo río cooperó
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
447
al triunfo de los dominicanos, pues en los momentos de
la acción hubo una espantosa creciente que arrolló con
todos los haitianos que se habían lanzado en él para escapar de la muerte. Muchos otros encuentros ha habido
y en todos han experimentado los haitianos la suerte
que merecen sus perversas miras.
Las fuerzas que actualmente tienen los dominicanos en
las fronteras alcanzan a 20,000 hombres. (Corresponsal
particular).
Otro suelto salió en El Vigía poco tiempo después, también
reproducido por El Patriota a saber:
República Dominicana.- Por el bergantín español Isabel
II que llegó antier de Curazao hemos recibido cartas de
la capital de aquella República, cuyas fechas alcanzan al
30 de agosto último.
Parece que los haitianos insisten en la temeridad de
querer invadir el territorio dominicano, sin embargo
de lo caro que les ha costado tan infames pretensiones.
Irritados de los terribles golpes que acaban de llevar en
las fronteras preparan un monstruoso ejército con el fin
de ver si logran su dificultosa empresa; pero les resultará
como siempre, lo sacrificarán todo, y en esta ocasión se
verán enteramente reducidos a la impotencia, teniendo
que sucumbir al furor de 25,000 dominicanos que les
aguardan decididos a exterminarlos confiados en su extraordinaria pericia, y en el valor que a más del natural,
les inspira el amor patrio.
Reina en todas las provincias dominicanas un general
entusiasmo; y cada una se esfuerza en demostrar su patriotismo, presentando a las fronteras lo más brillante
de su ejército; la del Seibo se distingue con su terrible
lanza, que invencible en todos los combates hará en
448 Carlos Larrazábal Blanco
esta vez iguales prodigios que hizo en Palo Hincado,
destruyendo a todo un veterano ejército francés cuando
la guerra a principios de este siglo.
El cielo se complace en favorecer la justa causa que defienden los dominicanos haciendo derramar sobre su
virtuoso suelo todos los recursos necesarios a su defensa.
Aquí vendría muy bien decirle algo al Sr. Redactor de
La Revista por la errada noticia publicada en el número
6 de su periódico, sin embargo de la oportuna advertencia que se le hizo; pero nos reservamos hacerlo para
más después aunque de paso se hace necesario decirle
que nos es dificultoso creer que los dominicanos sean
capaces de querer igualar su suerte a la de sus vecinos
los de Borinquen y Cuba.
Las noticias llegadas por el Paquete Dominicano tienen algún interés. Ellas no se cotejan bien con las que
da el historiador de la República, don José Gabriel
García, pero reflejan mejor un estado de ánimo que
realidades históricas. Por lo general los partes dominicanos militares de la guerra son tan poco militares,
tan pobres en datos esenciales acerca del número de
soldados que intervienen, de bajas acaecidas, así como
en lo relativo al valor estratégico de una acción o de su
necesidad técnica, que bien vale la pena desentrañar la
parte de verdad que encierren las noticias del corresponsal de El Vigia. Lo de Cachimán fue cierto pero la
historia nos enseña que el general Contreras defendió
el sitio en fecha 13 de julio. La acción sobre Hincha
fue ordenada por Duvergé y efectuada por Valentín
Sánchez. ¿Sería cierta la crecida del Artibonito en
la cual perecieron haitianos que huían? No habla la
noticia de las acciones sobre Las Caobas. El general
Roca figuró en ellas, pero ¿de qué Gómez se trata?
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
449
Gómez figuró en la frontera Norte, en la Línea, en las
tropas del Cibao. ¿No existe exageración en el dato
que habla de 20,000 hombres sobre las armas en las
fronteras?
Caracas, febrero de 1954.
Clío, Año 22, Núm. 99
(mayo-julio de 1954).
Apuntes acerca de algunos estudiantes
y graduados en la Universidad de Caracas
Pedro Celestino Arroyo-Pichardo
Después de concluir su bachillerato en Filosofía, se dirige
al Sr. Gobernador del Arzobispado para que se le entregara copia de la información de vida y costumbres que se encontraba
en la Secretaría arzobispal, por haber sido colegial del Colegio
Seminario Tridentino en el año 1834. Las partidas de bautismo y
de confirmación estaban anexadas al expediente y de ellas se saca
que era hijo del Dr. Pablo Arroyo Pichardo (dominicano, probablemente natural de Santiago) y de Francisca Lamota Ramírez,
natural de Santo Domingo; nació en la villa de San Antonio
Abad, isla de Cuba (pero en las inscripciones universitarias se
asienta que era natural de La Habana), fueron sus padrinos el
doctor Gregorio Quintanó Valera e Inés Francisca Quintanó
Brenes. El 26 de junio de 1828 se confirmó en Caracas, actuó
el Arzobispo Ramón Ignacio Méndez, fue su madrina María
de la Merced Barfudo, y testigos presenciales Pedro Núñez de
Cáceres, abogado, y Manuel López Umeres, Juez de Letras.
Bachillerato en Filosofía.- Puso matrícula el 1º de septiembre
de 1837, vivía en la calle de Ustáriz Nº 23. Concluyó los estudios
en 1840. En el primer año las calificaciones del maestro Rafael
Acevedo fueron: talento sobresaliente, aplicación grande, buena
451
452 Carlos Larrazábal Blanco
conducta; calificaciones repetidas para los años siguientes. El
maestro Alejandro Ibarra califica: talento, aprovechamiento
y aplicación sobresalientes. En 2 de septiembre 1839 su padre
escribe que su hijo no pudo asistir al examen porque se vio atacado de fiebre «que es peste en la ciudad». Quedó extenuado
y se vio en la necesidad de pasar a aires más libres en unión de
la familia. Debió haber concurrido al nuevo curso de Filosofía
pero le fue imposible pues se temió el riesgo de una recaída,
máxime que el mal progresaba en la ciudad. Por tales motivos
se le concedieron dos meses de licencia. El 18 de diciembre de
1840 pidió se le fijara el examen de grado y remitió los documentos necesarios ya citados arriba. El 12 de enero de 1841, en
presencia del vicerrector Juan Bautista Carreño y de los catedráticos maestros Alejandro Ibarra y Nicanor Borges, se le dieron
los puntos (tesis): Omne judicium est perceptio simplex.
Estudios de Medicina.- Puso matrícula para el primer año del
bachillerato en Medicina el 19 de septiembre de 1840. El 31 de
agosto el doctor José Vargas califica su escolaridad así: talento
aventajado, aplicación bastante, aprovechamiento aventajado,
conducta buena. Lo mismo certifica el doctor José Joaquín
Hernández. Se repiten calificaciones semejantes en los años
subsiguientes. Las tesis para el examen de grado del año 1846
fueron: Absque hygienes notionibus medici ministerium bene adimpleri
non valetir. In haemorhagis activis molimen haemorhiagocum solim
notatur (Manual de los Aspirantes al Doctorado).
Carlos Arvelo
Bachillerato en Filosofía. A los 12 años puso matrícula para
ganar el año primero del trienio constitucional de Filosofía el
19 de septiembre de 1839, vivía en la calle de Zea. En 1840 el
maestro Ibarra califica: talento mediano, aplicación sobresaliente, aprovechamiento mediano y conducta buena. Nicanor
Borges, catedrático de Instituta, califica: talento mediano, aplicación y aprovechamiento regulares, conducta buena. En 1839
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
453
su padre obtuvo se le concediera permiso para que saliera de
Caracas para variar de clima sin perjuicio de su curso. Antes
de presentar el examen de grado, como era de rigor, presenta
los documentos de filiación y buena conducta. De ellos se saca
que Carlos José Agustín Ramón nació el 28 de agosto de 1827,
hijo legítimo del doctor Carlos Arvelo y Manuela Echeandia, su
madrina Eugenia Guevara, parroquia de Santa Rosalía. Para la
justificación de vida y costumbres sirvieron de testigos: el doctor
José Joaquín Hernández, don Antonio José Rodríguez y don
Calixto Madriz, nat. de Guanare, catedrático, que hubieron de
testimoniar: si sabían y les constaba que era hijo legítimo y de
legítimo matrimonio de Carlos Arvelo y Manuela Echeandia,
cristianos, apostólicos, romanos; si podían asegurar que su conducta había sido arreglada a la buena moral, y que no había
cometido ningún acto que le hubiera hecho desmerecer. El día
2 de mayo de 1842 se sacó la tesis: Ad hoc ut corpora retinetant
electricitatem, requisitur inmersa sunt corporibus audictricis. El día 3
fue el examen y fue aprobada a unanimidad. Constituyeron el
jurado: el señor rector doctor Alberto Espinosa, Dr. Alejandro
Echezuria, Diego Córdova, Julián Martínez, Alejandro Ibarra y
Nicanor Borges. Antes del examen de grado tuvo Arvelo que
justificar que las ausencias a clase habían sido debidamente purgadas, y en efecto Borges certificó que había asistido a clases en
calidad de purgante desde el 21 de abril hasta el 25 del mismo
inclusive. Asimismo, antes del dicho examen hubo de depositar
en manos del administrador de la Universidad, señor Bartolomé
Liendo, la suma de 40 pesos.
Estudios de Medicina.- Inscrito en el primer año del bachillerato en 1842. Los estudios fueron interrumpidos, y el Dr.
Antonio José Rodríguez certifica que el estudiante Carlos Arvelo
sufrió en el mes de 1846 una enteritis o inflamación intestinal
que puso su vida en inminente peligro y le impidió asistir a clases por espacio de dos meses. Sus tesis para el bachillerato en
medicina fueron: 1º Descriptio nervi cerebri octavi vel pneumogastrici
(Buchat, Soemering, etc.), 2º In chronica hyperemmia nihil aliud
est quam in canonis auriculo lentitud, cujus retroactio in relatione
454 Carlos Larrazábal Blanco
dilatationes quam vasa experta fuese invenitur, completa vero stannatio, sisecus non tenetur (Andral, Anat. Pat., t. I, pág. 23), prueba
presentada en1848. Las tesis para la licenciatura fueron sacadas
a la suerte el 20 de diciembre de ese mismo año en presencia
del Dr. Francisco Parejo y del Lic. Narciso López, y resultaron
las siguientes: l. Ex omnibus secretionibus urina est quae propietates
cibi et potus melim (melius) patefacit, 2. Urina albuminosa non semper laessionem organicam reumun significat, 3. Quamplurium morbi
mentem invadentes intermittentem que typum ostendentes a vircumtantis
atmosphaericis climas (?) apparere videntur. El día 21 se celebró el
examen con el jurado siguiente: Dr. Carlos Arvelo (su padre), vicerrector, Dr. José Vargas, Dr. Antonio José Rodríguez y los Dres.
Sierra, Tomás Aguerrevere, Julián Martínez, Luciano Arocha
y Antonio Parra, examinadores de la Facultad. Fue aprobado.
Durante sus estudios fueron algunos de sus profesores: doctores
José Vargas, Antonio José Rodríguez, Elías Acosta (Cirugía), de
francés Mr. Tourriet. Además el Dr. Julián Martínez hubo de
certificar que hizo prácticas de clínica en el hospital de lazarinos
y el Dr. Antonio Parra certificó lo mismo respecto del hospital
de caridad para hombres. El grado de doctor tuvo lugar solemnemente el 1º de enero de 1849. Asistieron: todo el Cuerpo
Universitario, fray Lorenzo Rivero, Fray Gregorio Betancur,
Francisco Delgado, Antonio José Rodríguez, Calixto Madrid,
Julián Osío, Diego Córdova, Julián Martínez, José Briceño,
Pedro Medina, Francisco Parejo, José Manuel Mendoza, Alejo
Betancur, Bartolomé Liendo, el ciudadano presidente de la
República general José Tadeo Monagas, el señor arzobispo, los
obispos de […] y de Guayana, algunos miembros del cuerpo
diplomático, el Gobernador de la Provincia y otras personas
notables.
El doctor Carlos Arvelo vivió largos años en la República
Dominicana. Fue profesor de la Universidad y allí enseñó
Medicina Operatoria, Toxicología, Obstetricia, fue vicerrector
y su rector interino entre los meses de junio y julio de 1885.
Colaboró en los periódicos sobre diversos temas. Quedó viudo de
su esposa Ramona Goiticoa en 1883 y contrajo segundas nupcias
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
455
con María Clotilde Blanco, nat. de Caracas, hija del general Juan
Gualberto Blanco y Concepción Debuente. Murió el doctor
Arvelo el 8 de junio de 1891. Su cadáver fue inhumado en la iglesia del ex-Convento de Dominicos (iglesia de Santo Domingo),
en la capilla del Sacramento. Hizo de Santo Domingo su segunda patria y Santo Domingo lo acogió como a hijo predilecto. Su
hijo Carlos Arvelo Goiticoa, hijo único, casó en Santo Domingo
en febrero de 1890 con Micaela Martí Sánchez, hija del teniente
Lorenzo Deogracia Martí Balbuena, heroico abanderado del
Ejército Libertador Dominicano en la batalla de Estrelleta (17
septiembre 1845), y de Asunción Sánchez Valencia. Hija única:
Ramona Carlota Arvelo Martí, quien casó en 1915 con José
Marino Henríquez Moreno, natural de San José de Ocoa, de
quien enviudó sin tener sucesión. Doña Ramona Carlota Arvelo
Martí, viuda Henríquez, reside desde 1950 en Madrid.
Manuel Antonio Diez
Hijo de Mariano Diez Jiménez (natural de El Seibo,
República Dominicana) y de Adelaida López-Umeres Guerra
(natural de Santo Domingo, República Dominicana), nació en
Caracas alr. de 1832 o 1838.
Bachillerato en Filosofía.- Hizo estudios en los colegios
Concordia y Roscio por los años de 1853, 1854, 1855. En el
Concordia, su director E. Contreras, cursó Latinidad, Gramática
Castellana. En el Roscio cursó Lógica, Metafísica, Moral, catedrático Elías Michelena; Matemáticas, catedrático Olegario José
Meneses; Física General, Geometría, Trigonometría, Topografía
Física particular y principios de Astronomía, Geografía y
Cronología, catedrático Juan José Aguerrevere.
Estudios de Medicina.- En 1856 ya era alumno de la Facultad
de Medicina. Vivía en la calle de la Fertilidad Nº 70, más tarde
en las casas Nos. 63 y 77. Sus tesis para el bachillerato fueron:
1. La experiencia sola puede indicar las propiedades de un medicamento (Trousheau). 2. En la endosmosis los líquidos que tienen mayor
456 Carlos Larrazábal Blanco
calor específico caminan hacia los que lo tienen menor (Beclard).
Bachillerado el 12 de marzo de 1864. Sus profesores: José de
Briceño, Anatomía: Toribio González, Fisiología; Pedro E.
Hernández, Patología; Ángel Martínez Sanz, Cirugía; Guillermo
Michelena, Medicina operatoria y Obstetricia. Examen para el
grado de licenciado el 9 de junio de 1864. Tesis: 1. La disuria de
los niños es casi siempre el resultado de un estado nervioso (Civiale),
2. En ciertos casos de tétanos la asfixia se debe probablemente al espasmo de los siglosos (Valcaigne, Anatomía Quirúrgica), 3. El modus
operandi del mercurio en la sífilis está envuelto todavía en la incertidumbre. Jurado examinador: Doctores Antonio José Rodríguez,
José Arnal, Pedro Medina, Ramón A. Ramos, Nicanor Guardia,
Manuel Felipe García. Aprobado a unanimidad. Profesores:
Antonio José Rodríguez, Terapéutica y Medicina Legal; Manuel
V. Díaz y Pedro Medina, Química. Certificado de haber cursado Francés en el Colegio Roscio, Certificado de haber hecho
prácticas clínicas en el hospital militar firmado por el Dr. Rafael
Villavicencio. Se doctoró el 4 de junio de 1865.
(El dominicano jus sanguinis Manuel Antonio Diez fue
Presidente de la República de Venezuela).
Juan Pablo Diez
Hijo de Mariano Diez y Adelaida López-Umeres, nació
alrededor de 1841. Cursó estudios en el Colegio Roscio en el
cual ya era alumno en 1852. Asignaturas cursadas: Etimología,
Sintaxis, Ortología y Prosodia con Elías Michelena; Sintaxis,
Prosodia, Latinidad con Pedro Naranjo; Filosofía, Física general
y particular, Geometría, Trigonometría, Topografía con Juan
José Aguerrevere. Examen final del bachillerato en Filosofía
en la Universidad el 14 de julio de 1858. Aspiró al bachillerato
en Derecho, expediente de 1868. Talento, aplicación y aprovechamiento medianos. Aprobado el bachillerato en su examen
final por cuatro votos contra uno. Se licenció en Derecho en ese
mismo año de 1868.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
457
(Juan Pablo Secundino Diez nació en Caracas, parroquia
de la Catedral, el 22 de marzo de 1841, sus padrinos Pedro
Núñez de Cáceres y Virginia López-Umeres, hijo de Mariano
Diez Jiménez y Adelaida López-Umeres Guerra, natural de El
Seibo el primero, de la ciudad de Santo Domingo, la segunda.
Murió en 1896, tisis, enterrado el 29 de junio).
Mariano Diez
Bachiller en Filosofía, hizo estudios en el Colegio Roscio,
su examen en la Universidad el 10 de julio de 1858. Aspira al bachillerato en Derecho, hijo de Mariano Diez y Adelaida LópezUmeres. Se licenció en Derecho en 1867.
Prudencio Diez
Nació alrededor de 1845, hijo de Prudencio Diez Henríquez
y Carmen Alfonso y Alfonso. Cursó estudios en el Colegio Vargas
hacia 1858, su director Jerónimo Eusebio Blanco, vicerrector y
secretario José María Núñez de Cáceres. También cursó estudios
en el Colegio Santa María. Asignaturas cursadas y profesores:
Aritmética, Álgebra, Física general particular, Geometría,
Trigonometría, Topografía, Geografía y Cronología, cursadas
en el Santa María con Agustín Aveledo; Matemáticas, 1er. curso,
en el Vargas, con Manuel María Urbaneja; Historia en el Santa
María, con Jorge González Rodil. Su examen para el bachillerato el 27 de junio de 1862. Tesis: 1. Para determinar el centro de
gravedad de los cuerpos homogéneos basta conocer su forma geométrica
(Ibarra), 2. Para que haya un equilibrio en los vasos comunicantes es
necesario que las superficies libres del líquido contenido en ellos estén en
un mismo plano de nivel (Ganot-Deguesit). Jurado examinador:
el vicerrector Calixto González, Julián Martínez, José Manuel
Mendoza, Alejandro Ibarra, Martín Sanabria.
458 Carlos Larrazábal Blanco
Manuel Dirán
Manuel María Durán, hijo de Manuel Durán y Natalia
Bracho, natural de Maracaibo, nació alrededor de 1834. Se
inscribió en la Universidad en 1858. Presentó certificado de
estudios firmado por el vicerrector del Colegio Nacional de
Maracaibo. Graduado de Licenciado en Medicina en 1860. Sus
tesis: 1. ¿El tétanos es una inflamación? (Grissote), 2. ¿Los narcóticos
obran en la economía animal por absorción o por simpatía? 3. El clorato
de potasio obra sobre los órganos digestivos como excitante (Isambert,
pág. 219). Ese mismo año tomó el doctorado, 1860.
(Manuel Durán se trasladó a Santo Domingo y allí radicó
definitivamente hasta su muerte. Se casó con María Altagracia
de la Concha, hija del prócer Tomás de la Concha, y con ella
procreó familia).
Manuel González Regalado
Cursó el cuatrienio teórico y práctico en Santo Domingo.
Documentos presentados: título de Bachiller en Medicina, Santo
Domingo, 1815; cuatro papeletas de órdenes y diligencias de
matrícula para cursar Medicina, la primera del 16 de septiembre
de 1815, firman doctor Núñez y Juan Vicente Moscoso, rectores, López Medrano, Quintanó, Antonio María Pineda, Manuel
María Fuentes, catedráticos; certificados de cursos de Medicina
firmados unos por López Medrano, catedrático sustituto de
Prima, otros por Quintanó Valera catedrático de vísperas. Piden
examen ante la Universidad de Caracas. Tesis: l. Ex. Anatamía:
Mulieres sceletus ab illo hominis distinguitur in eo quod transversale ossis innominati eminentus es ac majus, 2. Ex. Phisiolog.: Lex suprema
aeconomiae animalis omnes ejus functiones perfect excere videtur, atque
mor… causas propulsare solet: medicina igitur quae sanitatem agris promitit remedis adhibendis, hanc ipsam inquam legem perpicere dolet, 3.
Ex. Pathol. Interna: Non datur febris essentialis sive idiopatica, 4, Ex.
Pathol. Externa: Curatio palliativa hidrocelis vel per punctionem…
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
459
per excitionem esse debet, 5. Ex. Therapeutica: In principium inflamationum canalis intestinalis hidrargirium valde nocet, 6 Ex. Med.
Legati: In infanticidio ad sciendum an faetus vivus vel mortus natus
ut experimentum fundendi pulmones in aqua suficit ad diagnosticum,
7. Ex. Parturitione: In partu ligatio quae fit puris nascentibus in cuniculo umbilicaei parte superiori placenta inutili est atque nociva, 8.
Ex. Chimica: Duo corpora in contactu apposita volumen diminnuunt
caloricumque producunt, 9. Ex. Higiene: Medicis necesaria est eorum
quae Thopografiam pertirrent observatio sine qua… precavere… curare
morbos… La petición de examen fue aprobada el 22 de noviembre. Jurado: doctores José Antonio Anzola, Carlos Arvelo y José
Joaquín Hernández y los bachilleres José Joaquín González y
Juan Manuel Manzo; padrino el doctor Felipe Fermín Paúl. Sin
embargo, el examen no se verificó por un incidente producido
por el doctor José A. Álamo. Este dijo haber sido informado que
la conducta que exige el mejor comportamiento y las más lisonjeras esperanzas en favor de la humanidad doliente, y aunque
esto no era del resorte de los señores examinadores, no quería
contribuir de ningún modo a la incorporación de un individuo
de esa calaña a la profesión médica. De la misma opinión fueron
González, Bárcena y Manzo. Regalado pidió entonces la devolución de sus documentos pretextando su partida para Maracaibo.
La situación económica del desairado dominicano era de tal
naturaleza que el claustro le había concedido gratis el grado.
Regalado firmaba: M. Ascensión G. Regalado.
Arístides López-Umeres
Natural de Caracas, hijo de Manuel López-Umeres y Lucía
Ramírez Guerra, se bachilleró en Filosofía en 1848. Tesis: 1. Los
diversos estados de los cuerpos dependen de la relación entre las fuerzas
atractivas y repulsivas, 2. El hombre ha nacido para estar en sociedad.
Examinadores: Alejandro Echezuría, Nicanor Borges, Alejandro
Ibarra, el licenciado Cecilio Acosta. Aprobado por tres sufragios.
En 1855 tomó los grados de licenciado y de doctor en Medicina.
460 Carlos Larrazábal Blanco
Manuel López-Umeres
Envió documentos a la Universidad para obtener el grado
de bachiller en Filosofía (acta de la Junta Gubernativa de la
Universidad, 26 de julio de 1834). Su padre presentó solicitud
para la validación del trienio de Filosofía para que le admitiera al
examen de grado (acta de la Junta Gubernativa de la Universidad,
20 de septiembre, 1834). Manuel López-Umeres, vive en la calle
Orinoco Nº 27. Natural de Santo Domingo, nac. alr. de 1814.
hijo de Manuel López-Umeres y Lucía Ramírez Guerra. El padre
protesta del certificado expedido por el maestro Rafael Acevedo
donde se expresa que su hijo ha faltado muchas veces a clase y
que su aplicación y talentos son escasos. Aduce que su hijo ha
estado enfermo por dos ocasiones y se le había puesto sagas y vejigatorios por disposición del doctor Carlos Arvelo. Presenta testigos de la conducta arreglada de su hijo. Los testigos fueron los
condiscípulos bachilleres Francisco Tellería, Antonio Ledesma y
Mariano Montilla. El segundo declara que López-Umeres nunca
ha tenido aplicación al estudio y que nunca llevó las lecciones
que le tocaban a la clase de Filosofía; el tercero asevera poco más
o menos lo mismo. Había sucedido que la Junta Académica no
llegó a calificar a López-Umeres el examen final porque se retiraron de él los doctores José Alberto Espinosa, José María Vargas
y el maestro Rafael Acevedo. Umeres padre dice «que el señor
maestro Acevedo hubiera procedido de esta suerte no es extraño, y hasta por decencia y delicadeza debió hacerlo, después
que ha canonizado gratuitamente a mi hijo en el certificado del
último año con varias notas falsas dictadas por aquella antigua
enemistad que me profesa, queriendo atacar, ya que ni a mi persona, directamente al menos, la de mis hijos; por ciego medio
trata de desfogar su saña que conserva en su corazón; pero sí
es reparable que lo hubieran imitado los señores Vicerrector y
doctor Vargas con quienes no militan semejantes circunstancias
porque los conozco individualmente, les conocen todos, y nadie
llegará a persuadirse puedan obrar con los bastardos sentimientos que aquel: tal vez se abstuvieron porque vieron un certificado
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
461
escrito con el dedo de la odiosidad y aversión contra un padre
de familia que ni a él ni a ninguno otro particular ha procurado
ofender».
Miguel López-Umeres
Hijo de Manuel López-Umeres, natural de Santo Domingo,
y Lucía Ramírez Guerra (nat. de Cumaná, Venezuela), nació en
Santo Domingo, el 13 de octubre 1815, su nombre completo
Miguel Calixto.
Bachillerato en Filosofía. Tesis: Gelu ommesque congelaciones
aquose calorici defectuir tribuentur. Fue reprobado. Su padre pidió
nulidad del examen cuyo resultado lo atribuye principalmente
a la enemistad que le tenía el maestro Acevedo por causa de
una demanda que le interpuso y la consecuencia de la cesión de
bienes a que se vio obligado el citado Acevedo. El doctor Ángel
Quintero había aconsejado a Acevedo no fuese jurado. Se declaró nulo el examen el 17 de julio de 1832. Nuevo examen el 23 de
noviembre de 1833. Jurado: doctores Andrés Narvarte, rector,
José Antonio Anzola, Nicolás Anzola, José Francisco Diepa y
maestros Diego de Córdova y Esteban Gómez. Tesis: Quimicae
operationes non rero mechanicae… corporum mutare valent. Aprobó
con todos los votos.
Estudios de Derecho. Pidió tener matrícula de constitución
por el bienio de Derecho Civil e Historia Eclesiástica cursados y se extienda la misma matrícula para pasar el Derecho
Canónico y público debido a que las faltas de asistencia son
inculpables por enfermedad. (Acta de la Junta Gubernativa
de la Universidad, 26 de febrero 1835). Los doctores Carlos
Arvelo y Joaquín Hernández certificaron trastorno mental o
deficiencias por causas morales. Se le habilitó la matrícula para
el primer bienio de Jurisprudencia. Inscrito en Instituciones
Canónicas y Derecho Público en 1835, presenta documentos
en 1838. Tesis para el bachillerato: Que no se cumplan las cartas que el Rey diere para que alguno sea desapoderado de sus bienes.
462 Carlos Larrazábal Blanco
Hicieron preguntas sueltas el doctor Fernando Aurocoechea
y el licenciado Rafael Peraza. Aprobado a totalidad. Tesis para
la licenciatura: No haya casas de juego ni mesas, y se comprenden en
la prohibición los militares.
Francisco López-Umeres
(Hermano de los anteriores). Se inscribió para cursar el
bachillerato en Filosofía el 1º de septiembre de 1851, 16 años.
Sus tesis: 1. Las ideas son los verdaderos elementos de los conocimientos
humanos, 2. En las máquinas todo lo que se gana en fuerza se pierde en
tiempo (Bendant).
Pedro Emilio de Marchena
Examen de reválida el 27 de diciembre de 1897. Natural
de Azua, República Dominicana, nació el 5 de abril de 1863.
Su título de médico de la Universidad de París fechado el 9
de septiembre de 1893, Raymond Poincarré lo firma como
ministro de Instrucción Pública. Solicitud: «P. E. de Marchena,
doctor en Medicina de la Facultad de París, ante Ud., con el
mayor respeto, me presento con el título que me acredita ad
efectum vivendi, con el fin de aspirar al examen de reválida en
esta Universidad, y suplico que, si está conforme, se sirva fijar
día para el examen correspondiente. Caracas, 2 de diciembre
de 1897». Aprobada la solicitud. El señor Rector, A. Machado,
se constituyó en la sala de exámenes el 24 para sortear las tres
cuestiones que constituirían el examen. La primera tesis servirá
para la oración que se pronunciará, las otras dos se dedicarán a
las réplicas. Tesis: 1. Formas y localización de la afasia, 2. Eclampsia,
3. Tolla y litotricia.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
463
Antonio María Pineda
Antonio María Santana Pineda, natural de Canarias, hijo
legítimo de José de Santana y de Gregoria de […] recibió
órdenes de clérigo de primera tonsura en 1802 de manos del
arzobispo de Caracas, Francisco de Ibarra. Concluido el trienio
de Filosofía, pide el grado de bachiller y presenta, al efecto, su
título de tonsura. 1. Reperiuntur in atmosfera omnis generis vapores
animales scilicet vegetales et sulfurei, 2. Galbanismus non solum in
systemate musculari sed etiam in nervoso et musculari influxum habet,
ad ejusque influentiam unum dimitaxal metallicum sufficit corpus; ut
a clarissimo Humboldt observatum, 3 Anima nostra peculiare habet
organum quod quidem est motivum cogitationes suas exitandi nempe
nervosum, 4. Nulla es in beltius anima spiritualis cogitans et sentiens.
El grado tuvo lugar el 19 de abril de 1804.
Antonio María Pineda vivió largos años en Santo Domingo
donde ejerció la medicina, fue protomédico, catedrático de prima. Además figuró como diputado provincial en 1821 y se afilió
al movimiento de independencia patrocinado por José Núñez
de Cáceres. Fue el comisionado que pasó a Suramérica para
tratar con Bolívar acerca de la incorporación de Santo Domingo
a la Gran Colombia. Se casó en Santo Domingo con Dolores
Sanabria, hija 1egítima de Manuel Sanabria Albor, con la cual
tuvo descendencia. Toda la familia emigró a Venezuela y se estableció definitivamente en Barquisimeto, donde queda sucesión.
Manuel Ponce de León
Natural de Mérida, Venezuela, hijo de Manuel Ponce de
León y María del Carmen Pereira. Hizo estudios en el Colegio
Nacional de Maracaibo. Cursó Filosofía en la Universidad
de Mérida. Ganó la licenciatura en Medicina en Caracas en
1861. Tesis: 1. Medios hemostáticos en las hemorragias capilares, 2.
Las materias azoadas no sufren ninguna modificación química en el
estómago (Bernard, Memorias sobre el páncreas), 3. Lesión funcional
464 Carlos Larrazábal Blanco
del páncreas se traduce sintomáticamente por la presencia de materias
grasosas en los intestinos (Bernard, Memorias sobre el páncreas).
(Entendemos que este Manuel Ponce de León es el mismo que figuró como ministro en el Gobierno Provisional en la
Guerra de la Restauración, por tanto es considerado como un
patriota dominicano, restaurador, lo que explica su aparición en
estos apuntes).
Santiago Ponce de León
Natural de Mérida, Venezuela, hijo de Manuel Ponce de
León y Carmen Pereira, nació alrededor de 1838. El primer
año del bachillerato en Medicina lo presentó en Mérida. Sus
profesores allí: Juan José Cosme Giménez, de Anatomía e
Higiene; José Francisco Más y Rubí, de Higiene. Profesores
en Caracas: Carlos Arvelo, de Cirugía; José Arnal; Pedro E.
Hernández, de Patología; Guillermo Michelena, de Medicina
Operatoria. Tesis para el bachillerato: 1. El hígado de las personas
muertas de enfermedad prolongada no contiene azúcar (Bernard),
2. Las acciones reflejas (simpáticas o sinérgicas de varios autores)
están bajo la dependencia de la médula espinal: destruida esta cesan
aquellas. Tesis para la licenciatura: 1. ¿Se desarrollan vasos en
las falsas membranas? (Malcaigne, Anatomía quirúrgica), 2. La
presencia de la albúmina en la orina no indica siempre que el paciente
sufra la enfermedad de Bright (Valleix, Guía del médico práctico), 3.
¿Cómo obra la retania en las fisuras del ano? El grado tuvo lugar el
30 de octubre de 1863.
(El Dr. Ponce de León fundó familia en Santo Domingo.
Casó con la dama santiaguera Tomasina Grullón. Hizo vida
dominicana y fue el primer representante de la República en
Venezuela. Sus restos mortales yacen en la iglesia del ex-Convento de Dominicos).
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
465
Manuel María Valverde
Pide al ministro de Instrucción Pública se declaren suficientes los títulos de médico cirujano de la República Dominicana
para revalidar, previo examen de ley. El ministro, Bartolomé Milá
de la Roca, comunica al Rector, el 11 de noviembre de 1876:
«que en atención a que si el peticionario no posee un diploma
en forma de Doctor en Medicina, esto depende de la falta de
universidad en Santo Domingo y a que los títulos exhibidos son
una prueba bastante de sus aptitudes el Ilustre Americano, presidente de la República, ha tenido a bien conceder al ciudadano
Dr. Valverde la gracia que solicita, y disponer en consecuencia
que la Universidad de Caracas le admita a los exámenes para el
grado de Licenciado en Medicina, con las formalidades prescritas por las leyes». El 17 de diciembre de ese año depositó
Valverde 40 venezolanos para obtener el grado de Bachiller en
Medicina, y sus tesis fueron: 1. ¿Cuándo está autorizado el partero
para provocar el aborto?, 2. Las causas de la espermatorrea son oscuras.
El examen tuvo lugar el día 20. Jurado: doctores Pedro Medina,
Rector, Toribio González, Jerónimo E. Blanco, Manuel Vicente
Díaz, Alejandro Frías. Aprobado a unanimidad. Para el examen
de la licenciatura, previo el pago de 96 venezolanos, discutió las
siguientes tesis: 1. El… es emenagogo (Rabuteau), 2. Los glóbulos
rojos son los vectores del oxígeno (Rabuteau), 3. ¿Cuáles son las
causas de la dismenorrea y los medios de combatirla? El examen
tuvo lugar el 25 de noviembre con el mismo jurado ya señalado.
Aprobado por unanimidad. Previo depósito de 106 venezolanos,
el 3 de diciembre de 1876 tuvo lugar el grado de Doctor.
Juan Dionisio de Vialis
Pide a la Universidad licencia para ejercer la medicina, 1823.
Se transmite la petición al protomédico doctor José Joaquín
Hernández. Pasaron los documentos al Fiscal del Juzgado del
protomedicato. Concedida la licencia el 18 de febrero de 1823.
466 Carlos Larrazábal Blanco
(El doctor de Vialis, natural de París, Francia, casado en
Santo Domingo con Bárbara Mota, natural de Santo Domingo,
hija de Antonio Mora y María Álvarez Fuente, hubo sucesión. En
1846 De Vialis era vecino de Mayagüez, Puerto Rico. Parece que
ejerció algunos años en Baní, donde casaría).
Clío, Años XXIX-XXX, Núms. 118-119
(enero-diciembre de 1962).
El reverso de los grandes hombres
A
costumbramos conocer a los hombres que forjan la historia de las naciones y a los que forjan la cultura de los pueblos
por aquellas manifestaciones que los hacen aparecer buenos,
útiles, patriotas, valientes, heroicos, idealistas, y está bien. Los
historiadores se han encargado de presentarlos de acuerdo
con determinada conducta en su vida pública, por el lado de
sus ideas, actuaciones o consecuencias. Los textos escolares suelen recoger aquello que pueden levantar los bellos conceptos
morales o lo que conviene al interés cívico, al nacionalista o
patriótico. Es tal la fuerza de la enseñanza de estos libros para
los que han pasado por la escuela que cuando pensamos en un
rey o un emperador lo asociamos inmediatamente al concepto
de la majestad, la grandeza, lo noble, lo esplendoroso. Cuando
pensamos en un gran capitán, siempre lo concebimos ganando
batallas, cabalgando briosos corceles a manera de verdaderos
dioses de la guerra, de continuo produciendo actos de valentía
y de heroísmo.
Los escritores y los pintores, lo mismo que los historiadores y creadores de textos escolares, se han encargado, por su
parte, de presentarnos los personajes de tal manera que así
llegamos a comprenderlos. Para las generaciones modernas un
poeta corresponde a un tipo sicológico y físico especial. Y es
siempre el tipo de poeta romántico: hombre desatado de todo
467
468 Carlos Larrazábal Blanco
convencionalismo social, hasta llegar a la más perfecta amoralidad, ojos de mirada triste, cabellos que caen sobre los hombros,
chalina salpicada de gotas de café… Rafael, en sus «Estancias del
Vaticano» representó a Platón y a Aristóteles idealizándolos a su
manera. Estos nos parecen unos dioses, o por lo menos patriarcas hebreos, algo así como Moisés, figura que a no dudarlo no
correspondía a la de filósofos griegos. Platón, al menos, ancho
de espaldas, debió ser de talla menor, lo más probable, que el
hombre de las Tablas de la Ley.
La vida de un hombre nos la podemos representar como las
medallas o las monedas, con un anverso y un reverso. Entendemos
por anverso en la vida de los humanos aquella parte de ella que
afecta a la historia, a la historia general, a la vida pública, que
bien puede ser esta tan brillante como opaca. Todo lo otro es el
reverso, que es una fuente inagotable: vida síquica, vida fisiológica, alma, espíritu, materia, máquina biológica. Manifestaciones
de la vida íntima, manifestaciones dirigidas por la intuición y
lo subconsciente. Amor, odio, vicios, alegrías, tristezas, dolores.
La libido, el pan de cada día, las enfermedades. El miedo a la
vida, el miedo a la muerte. Las influencias del ambiente… En fin
un mundo de cosas distintas contradictorias, dispersas, caóticas;
todo un mundo de motivos, de causas que pueden determinar
tales o cuales actuaciones, tales o cuales estados de ánimo, tales
o cuales valoraciones o convivencias.
Vistos los hombres por su reverso aparecen ante sus semejantes con aspectos, a la verdad, muchas veces no idealizables y
mucho menos divinizables, pero sí interesantes y que completan
a cabalidad la personalidad total. Por este aspecto muchos se
nos presentarán con características propias valederas, así, unos
serán buenos integrales –pocos a la verdad– otros malos; unos se
nos presentarán como espíritus serios, correctos, mientras otros
como plácidos gozadores de la vida, charlatanes, oportunistas,
deshonestos, sensuales; otros se manifestarán en toda su cursilería, su fatuidad o mentecatería.
Muchas veces, juzgando a los hombres decimos: «él era bueno en el fondo», «en el fondo no era sino un patán soez», «en el
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
469
fondo no era sino un simulador»… Este «fondo», por lo general,
se descubre bien en el reverso de los hombres. Y los ilustres, los
grandes, también tienen su «fondo», que el resplandor de su
anverso oculta pero no anula.
Lo que vamos a hacer en estos trabajos es presentar, pues,
a las grandes figuras de la humanidad, o a las grandes figuras
nacionales, por el lado de su reverso. El anverso está en los libros
comunes, en los tratados de historia y en los textos escolares,
presentado más o menos verídicamente, más o menos con amor
o con odio. De ahí la denominación de estas presentaciones. «El
reverso de los grandes hombres».
Los vicios y las enfermedades son fuente inagotable de datos interesantes. Muchos vicios parecen sencillos, otros son grandes, pero todas estas desviaciones invaden el ancho campo de la
conducta del hombre. No parece sino que el vicio ha existido
desde que la especie humana existe, y el del alcohol, por ejemplo, es antiquísimo, tanto que todas las civilizaciones y culturas
conocidas lo han practicado. Filósofos, poetas, trágicos, artistas
de la Grecia antigua se excedieron en sus libaciones, frecuentes
y abundantes. Los literatos romanos bebían a más no poder y se
preciaban de ello. En esa época se le atribuía al vino virtudes excitadoras de la inteligencia creadora, y todavía hay quien lo crea.
Las enfermedades influyen mucho en nosotros. Un desnivel cualquiera en el funcionamiento de los órganos principales,
cualquiera que fuera ese desnivel, provoca cambios en nuestra
psiquis que pueden ser hasta profundos. Pero no es necesario,
para producirse estos estados, que un órgano noble se altere.
Un dolorcillo de muelas nos irrita hasta ponernos exasperados.
Un ligero rasguño, una leve quemadura de la piel, el escozor de
un salpullido, un golpe en la espinilla o la automordida de la
lengua, también nos sacan de quicio a más no poder. Hay quebrantos que enardecen el ánimo, otros que lo contristan. Los
quebrantos nos dan coraje, nos ponen propensos a la iracundia
o nos acobardan y vivimos bajo la presión de un eterno miedo. A
veces las enfermedades nos llevan a situaciones cursis, ridículas,
cómicas y nos ponen dentro los trazos de una caricatura. No hay
470 Carlos Larrazábal Blanco
que olvidar que el hombre no es solo idealizable sino también
caricaturalizable, y es esto interesante.
Por ejemplo, una enfermedad ha existido desde épocas
que se pierden en la historia hasta nuestros días, la gota, y su
principal manifestación la podagra. Este quebranto, que ahora
dan en llamar artritis, atacaba a todos, pero se cebaba, por el
género de vida que llevaban, en reyes, emperadores, grandes
capitanes, potentados, artistas, poetas, por lo cual se dijo de ella
que era una enfermedad aristocrática. La agudeza francesa creó
esta frase, puesta al pie de una caricatura: «La gota es un don de
inmortales… Baco y Venus». Desde luego que está incompleta
la expresión, pues falta otro «inmortal», de mucha importancia,
Ceres, o si se quiere las glotonas Harpías.
¡Ahora!, Año III, Núm. 68
(30 de julio de 1964).
El emperador Augusto
C
ualquiera cree, en realidad, que Cayo Julio César Octaviano,
el gran emperador Augusto, fue un hombre extraordinario. Y
no fue así. La fortuna también ayuda a los mediocres, y los mediocres suelen dejarse querer por la fotruna, hasta refocilarse
en ella.
Sus padres fueron Cayo Octavio y Aecia, sobrina de César. A
la edad de cuatro años quedó huérfano y tuvo la buena fortuna
de que su ilustre tío lo adoptara. César tomó a su cargo su educación y dedicó al muchacho singular aprecio, aprecio, que según
los maledicentes de la época, tuvo un origen infante.
El asesinato de César lo sorprendió en Grecia. Como era su
heredero se decició, a los veinte años de edad, hacerse cargo de
la herencia. Llegó a Brindisi y desde entonces hasta catorce años
después estuvo en una continua lucha por el poder. Su amor a
la cosa pública, su ambición y su prestigio fueron herencia de
César. La sombra de su extraordinario tío lo protegió y lo hizo
triunfar. Desde luego, otras circunstancias coadyuvaron mucho:
la desintegración política a la muerte de César, y como se ha hecho notar, su carácter, que a primera vista parecía no ser dañino.
Es corriente imaginarse al emperador Augusto tal como lo
representan las estatuas que de él han existido: un bello tipo,
varonil, elegante, bien parecido, majestuoso y armónicamente
robusto. Sin embargo, no era así, pues tuvo una contextura
471
472 Carlos Larrazábal Blanco
esmirriada y además cojeaba de una pierna, defecto que siempre
tartó de disimular lo mejor que pudo. Su voz era débil y se valía
siempre de otra persona cuando quería dirigirse de viva voz a sus
soldados. De manera que resulta mentiroso cuando se le figura
arengando personalmente a sus legiones. Por otra parte, fue un
eterno enfermizo. No parece sino que era de esos individuos
aprensivos que viven como metidos dentro de sus vísceras fiscalizando su funcionamiento hasta dar con alguna falla. Una vez
escribió a Mecenas que tenía enfermo el corazón, el hígado, los
nervios, las articulaciones, la vejiga, los intestinos. Así sería el
viaje «inter-visceral» que haría el emperador para dar con tantas
dolamas. En efeto, el emperador era achaquiento. En primavera
se le inflamaba el diafragma. Otras veces su cuerpo se le cubría
de callosidades –o lo que fuera– que le producían gran escozor;
entonces, desesperado el bueno de Augusto buscaba alivio rascándose con el «estrigil», especie de escobilla o cepillo, y esto,
como era de lugar, acababa por producirle escoriaciones que solían infectarse. El índice de la mano derecha con frecuncia se le
paralizaba, de donde se infiere que sufría de gota, de quiragra.
Debió ser asmático puesto que sufría sofocaciones frecuentes, lo
que lo hacía tener que dormir con las ventanas de su aposento
abiertas o pasar la noche afuera, en el peristilo; la sofocación se le
complicaba con lo pertinz o impertinente. Era muy susceptible a
los cambios de temperatura, por esto no salía de una gripe, de
un catarro, de una angina o de una bronquitis. Tanto el mucho
calor como el mucho frío lo desconcertaban grandemente.
Los destinos de la providencia son a la verdad inescrutables.
¡Quién había de decir que este hombre enteco de cuerpo, cojo,
asmático, gotoso, debía ser el fundador del Imperio Romano, el
más grande de las antiguas edades!
***
En lo moral Augusto solía ser tan entecho como de cuerpo. Pero en su espíritu existían sus alzas y sus bajas. Al llegar a
Brindisi se apoderó de los tributos de las provincias de ultramar
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
473
para llegar a su propósito. Por su indicación fueron varios los
asesinatos que se cometieron, tanto dentro del período de la
guerra civil como en la época de la estabilidad política. En lo
sensual cometió sus pecados, y hasta sus vilezas. ¿Por qué hubo
de enamorarse, ya casado, de Terentila, la mujer de Mecenas?
En cuanto al vino era mejor abstemio, sus bebidas predilectas
eran el agua de lechugas y el agus de manzanas. Fue un hombre
tímido y hay que imaginar todas las energías espirituales que
tendría que dispendiar para vencerse a sí mismo. Se dijo que
era tal su timidez que de antemano solía escribir lo que tenía
que decir a su mujer, sospechamos que a Escribonia. Tenía un
miedo terrible a los truenos, tanto que durante las tempestades
eléctricas se escondía en un subterráneo y se cubría de una piel
de becerro marino, que parece protegía contra el fluido eléctrico. Supersticioso, creía de buen augurio si al salir a la calle caía
alguna llovizna o chaparrón, así como se afligía profundamente
si por casualidad se calzaba el pie izquierdo en vez del derecho;
era pues esto un «fucú» para el emperador, traía mal presagio.
Vivió Augusto en líos de familia y enredos de amor. Su
primer matrimonio lo celebró con Escribonia, par reconciliarse
con la familia de Pompeyo. De este enlace nació una hija, Julia,
su único descendiente por línea de la sangre. El segundo matrimonio fue con la joven, bella e inteligente Livia Drusila, mujer
de Cayo Tiberio, e hija de Livio Druso. Augusto se enamoró tan
perdidamente que la tomó sin escrúpulo alguno. No se puede
decir que Livia corrompiera el lecho de su esposo, no, las cosas
pasaron amistosamente: el viejo Cayo cedió su esposa al enamorado joven y hasta presenció la ceremonia de las bodas. Bien
pronto alumbró un niño, Druso, que fue enviado a su padre
Cayo Tiberio, que se había quedado con el hijo mayor, Tiberio
el futuro emperador. Al correr del tiempo murió y los dos muchachos vinieron a vivir a casa de Augusto que los trató como a
sus verdaderos hijos, máxime que su unión con Livia fue estéril.
En lances de amor el emperador echó más de una vez sus
cuarto a espadas, como la mayor parte de los «mandamás» de los
tiempos antiguos, modernos y de los días que corren. Se cuenta
474 Carlos Larrazábal Blanco
de que una vez que el emperador aguardaba a cierta dama de
quien estaba perdidamente enamorado, pero, cuánta fue su sorpresa al ver que de la litera que debía conducirla a su presencia
salió un hombre, el filósofo Atenodoro, y a poco le dijo: «Ved
a lo que os exponéis. ¿No teméis que un republicano o marido ultrajado aproveche una ocasión para arrancaros la vida?»
Augusto oyó las sabias palabras del filósofo, pero a buen seguro
no aprovechó la lección.
En este sentido de las faldas se dice que su propia esposa
Livia le ayudaba a conseguírselas. Seguramene así esta mujer
afincaba más su ascendiente sobre él para conseguir lo que a
ella le convenía. ¡Dando y dando!
Julia, su hija, fue para el emperador un eterno dolor de
cabeza. La casó con Marcelo, su sobrino, pero no duró mucho
este matrimonio, pues Marcelo murió mozalbete de 19 años.
Más tarde, por conveniencias políticas, Julia contrajo segundas
nupcias con Agripa, el gran amigo de Augusto, enlace que dio
dos hijos. Viuda de Agripa, Julia hubo de ser casada con Tiberio
el hijo de Livia, de modo que el emperador casó a su hija con
su hijastro. Pero este matrimonio resultó un desastre puesto que
Julia nunca amó a Tiberio, así cayó en infidelidad y dado este
paso llevó siempre una vida licenciosa. Entonces vino sobre ella
el odio de Tiberio y el odio de Augusto que quiso hasta matarla.
La condenó al destierro, con prohibición de comer manjares
delicados y beber vino. A los amantes de la hija desterrada también los desterró y a algunos los mandó a matar, sin compasión.
Augusto era un hombre frío, pero la vida licenciosa de Julia lo
mortificó grandemente, así exclamaba con frecuencia: «¿Por
qué no he vivido sin mujer o por qué no he de morir sin hijos?»
Pero la unión de Augusto y Livia fue firme y aquel hogar
muchas veces parecía feliz, ideal… Livia era algo austera, o quería serlo, porque no en balde era biznieta doble de aquel célebre
patricio llamado Apio Claudio. En el hogar educaba a sus hijos
y tejía la lana con las mujeres de la casa. Había momentos que
el hogar de Augusto y Livia parecía encantador. Muchos de sus
amigos y clientes sorprendieron a la pareja, ella en un ángulo
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
475
de la estancia tejiendo y él en otro ángulo, ocupándose en la
educación de sus hijastros y nietos. Augusto también se ocupó
personalmente en la educación de su hija Julia. No era con esto
sino un perfecto romano, que cimentaba la educación en el
hogar. No fue sino un verdadero pater familias con todas sus responsabilidades, celoso de la estructuración moral y ciudadana
de los suyos. Cicerón instruyó a sus hijos, y así hubo una época
en que todo caballero o senador hacía lo mismo, y en general
todo padre, desde muy antiguo, instruía y educaba a sus hijos. A
la verdad los tiempos cambiaron a estos respectos y lo estaban
en la época de Augusto, pues ya se acostumbraron los chicos a
asistir a establecimientos privados llamados scola, ludi, dirigidas
por maestros llamados ludi, magistri. De donde se infiere que
el mérito de Augusto todavía es más grande, pues demostraba
que quería seguir las costumbres antiguas, y en esto es seguro el
consejo de Livia no falló.
¿Y qué enseñaba el emperador a su hija, hijastros y nietos?
Como ludi magister enseñaría lectura, escritura y sentencias
morales del tipo de las del viejo patricio Apio Claudio el ciego,
cálculo, nociones de Geometría. Allí de ver al emperador dirigiendo los ejercicios de escritura que los niños hacían en sus tabilllas de cera blanca y su punterito especial, el estilo. Los niños
ya litteratores, es decir, que sabían leer y escribir, el emperador
pasaría a ser gramaticus y explicaría autores latinos y griegos, y
enseñaría la lengua griega, indispensable a toda persona culta.
Libro de lectura obligado sería la Odisea, traducida al latín por
Livio Andrónico, que perduró muchos y muchos años en la escuela romana, para dolor de cabeza de los muchachos, sobre
todo cuando caían en la escuela de Orbilio, maestro severísimo,
como le aconteció al poeta Horacio.
***
Augusto sabía hacerse de buenos amigos y cultivar su trato,
oír sus consejos y hasta soportarle críticas. Dos grandes de sus
amigos, como se sabe, lo fueron Agripa y Mecenas, caracteres
476 Carlos Larrazábal Blanco
antitéticos, le fueorn muy útiles cada uno dentro de su manera
de ser. También cultivó la amistad de hombres de letras como
Virgilio, Horacio, Propercio, Tito Livio… Con todos llegaba
hasta la cordialidad, el trato ameno y hasta festivo. Se burlaba
de Horacio con frecuencia y una vez le escribió una carta avisándole recibo de una obra que el poeta le había enviado, y
así le decía: «Dionisio me ha traído tu pequeño volumen, y tal
cual es lo he aceptado, sin quejarme de su pequeñez. Pareces
temer que tus libros sean mayores que tú mismo. Aunque, en
cambio, si te falta talla te sobra gordura. Nada impide que
puedas caber y escribir en un reducido espacio, y las dimensiones de tu libro guardan relación con las tuyas propias, puesto
que todo se va en el én en anchura, como tu abdomen». El
emperador zahería de buen humor el aspecto físico del gran
poeta. Mecenas tampoco se escaparía de burlas debido a su
gusto por las comodidades y por su afán de siempre querer
mejorar su aspecto físico, pues era muy dado a componerse,
como los «Fisiquibis» modernos.
Pero el emperador tenía la buena virtud como se ha dicho,
de escuchar consejos y hasta críticas, y muchas soportó a Mecenas
y con toda seguridad a Agripa. Y a veces soportaba con ecuanimidad que sus subalternos respondieran a sus reconvenciones,
aunque en verdad esta conducta sobrevino cuando consolidó
su poder. Se cuenta que en cierta revista militar dirigió severas
censuras, de todo punto injustas, a un caballero. Este entonces,
contestó: «César, cuando querais tener informes acerca de las
personas honradas dirigíos a las personas honradas». Es fama
que Augusto calló y aprovechó la gran lección que al correr de
los siglos fue inútil a los Césares-fantoches de nuestros días, «augustos» que harían siempre reír si no fueran tan trágicos.
Después de cuarenta y cuatro años de gobierno y a los setenta y seis años de edad Augusto murió en la ciudad de Nola.
Pocos momentos antes de morir se dirigió a sus amigos y les dijo:
«¿He representado bien la comedia?», y sin esperar respuesta
agregó: «Aplaudid». Andando el tiempo otro gran imperator,
pero en dominio imperecedero del arte, Beethoven, expresó al
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
477
morir el mismo pensamiento en el propio idioma de Augusto:
plaudite amicis finita comedia est.
Sus quebrantos al fin lo vencieron, pero no faltaron maledicentes que atribuyeran a Livia, su esposa, papel criminal en esta
muerte por haber Augusto, a escondidas, visitado a su deudo
Agripa Póstumo, que por recomendaciones de Livia él mismo
había hecho desterrar a la isla Pianosa. Con esto Livia creyó que
volvía el joven Agripa a Roma, con lo que peligraban sus ideas
sucesorales del imperio a favor de Tibero, su hijo. El tal Agripa
no era sino un loco de atar, y llegó a tomar apego al deporte de
la pesca que se creyó el dios Neptuno y así hacía llamarse; además vivía hablando mal de Augusto y de Livia. Fabio Máximo,
que acompañó al César a Pianosa, murió violentamente víctima
de la cólera imperial porque había dicho a Marcia lo del viaje,
y Marcia se lo sopló a Livia, que castigaría a su marido abreviándole sus días.
¡Ahora!, Año III, Núm. 75
(26 de septiembre de 1964).
Emilio Tejera Bonetti
E
s sensible la muerte de este ciudadano ejemplar que pasó
por la vida en posesión de una singular personalidad, llena de
mesura, serenidad, siempre adusta.
Lo moral no se hereda, pero muchas veces es congénito, o
es asimilable. Se nace bueno, como se nace bribón, es decir, se
nace con propensión al bien o con propensión al mal. El hogar y
la sociedad son fuentes de asimilación. Cuando se tienen fuerzas
para dirigir la voluntad hacia el bien, suelen tomarse del hogar
los mandamientos esenciales de una vida honesta filtrando vivencias, emociones, sentimientos, por el tamiz del ejemplo vivo
de los padres, por el diario discurrir del hogar.
Cuando no es así, la otra fuerza señera de todo ser humano en sociedad, es decir la calle, el medio ambiente, es muchas
veces atosigante, discordante, y atosiga al individuo y llega hasta
ponerlo en desacuerdo con su propia conciencia y con los tradicionales sentimientos hogareños.
Emilio Tejera unió su fuerte característica congénita que
lo plasmó en la vida como un hombre bueno, con las virtudes del hogar de su crianza, con la adustez de su progenitor,
don Emiliano Tejera, de venerable recuerdo; y aún lo superó
en serenidad, en ecuanimidad, dicho esto con el más acrisolado respeto a los manes venerandos del sabio hace tiempo
desaparecido.
479
480 Carlos Larrazábal Blanco
Emilio Tejera fue un hombre limpio, por tanto no salpicó
de suciedad ni con la palabra ni con los hechos nada ni a nadie.
Los sagrados vínculos que unen a todos los ciudadanos con la
patria, nunca por Tejera fueron mancillados, ni nunca lastimó
la honorabilidad de los hogares en los cuales transcurrió su vida.
No puede decirse que fue político en el sentido común y
corriente de la palabra. Y no lo fue por esa su misma limpidez
moral. Supo ver que la actividad política puede conducir, a fin
de cuentas, al sacrificio y hasta el martirio, por una parte, si existe un fuerte ánimo hacia ideales de bien. Por otra parte, puede
llegarse a la claudicación total con lo cual se hiere de muerte la
propia dignidad personal y se atenta contra la sociedad y contra
la patria. Desde la política se puede hacer el bien de manera
que trascienda a lo nacional, pero ella, las más de las veces, es
el resultado de muchas fuerzas que presionan en todos sentidos
con implacable fuerza. Tejera prefirió el sacrificio del silencio,
del apartamiento.
Su personalidad era fácil de poner en claro. Serio, de pocas
palabras. No tenía ni altos ni bajos, ni enigmas que descifrar, ni
sótanos que excavar, ni corazón con entretelas que desechar.
Fue un espíritu sencillo, hasta tímido. Sin altanerías ni arrogancias. Su caminar por las calles lo proyectaba bien a los ojos de
todos. Enhiesta la figura, su pisar tranquilo sin erguir el pecho.
Nunca anduvo con la mirada desafiante, con el taconear fuerte,
ni con el pecho adelante rompiendo los vientos del ambiente.
La muerte es natural, y todos lo sabemos. Hemos de morir
todos los que lo conocimos y tratamos. Pero se nos fue delantero, y eso nos duele y conturba hasta cuando llegue la piedad del
consuelo.
Clío, Año XXXVII, Núm. 124
(enero-agosto de 1969)
Papeles relativos a Juan Pablo Duarte
y su familia*
10
I
Documentos relativos al exhorto que dirigió el fiscal de la
Comisión Militar de Santo Domingo a la autoridad correspondiente de Venezuela para que fueran examinados los señores
general Juan Pablo Duarte y Manuel Rodríguez en 1864.
(Proceden del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores
de la República de Venezuela, volumen 103, España, exhortos 1847-1869, tomo I, folios 201-212, y del Archivo General
de la Nación, Caracas, fondos del Ministerio de lo Interior y
Justicia).
A. Oficio del Encargado de Negocios de España al Ministerio
de Relaciones Exteriores de Venezuela
Legación de España en Venezuela
Señor Ministro:
* Estos documentos los obtuvo Carlos Larrazábal Blanco en Venezuela.
(Nota del editor).
481
482 Carlos Larrazábal Blanco
Tengo el honor de incluir a V. S. adjunto un exhorto
dirigido por el Fiscal de la Comisión de la Plaza de Sto.
Domingo a la autoridad competente de esta capital,
a fin de que sean examinados los SS general Duarte y
Manuel Rodríguez al tenor del interrogatorio que comprende dicho exhorto.
Ruego a V. S., por lo tanto, se sirva disponer sea cumplimentado por la autoridad correspondiente el exhorto
de que dejo hecha referencia y de hacer que sea devuelto
a esta Legación con las diligencias que acrediten haber
sido cumplida en todos sus extremos la providencia del
tribunal español en el concepto de que llegado el caso
las autoridades españolas se harán un deber, cuando a
ello sean requeridas, de obrar de la misma manera con
los suplicatorios de los tribunales de la República.
Reitera a V. S. las seguridades de mi distinguida
consideración.
Caracas, 20 de agosto 1864.
(Fmdo.) J. Ant. López de Ceballos.
Señor Ministro de Relaciones Exteriores de los E. U. de
Venezuela.
B. Borrador del oficio que dirigió el Ministro de Relaciones
Exteriores al Encargado de Negocios de España
Estados Unidos de Venezuela
Ministerio de Relaciones Exteriores
Sección Central
No. 886
Caracas, 13 de octubre 1864.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
483
Año 1º de la Ley y 6º de la Federación
Señor Encargado de Negocios:
Impuesto el Ejecutivo nacional de la nota de V. S. de
20 de agosto último a la que vino adjunto un exhorto
del fiscal de la comisión militar de la Plaza de Santo
Domingo, para el examen judicial de los Sres. Gral.
Duarte y Manuel Rodríguez, ha deliberado manifestar
a V. S. que, siendo la República Dominicana una nacionalidad reconocida por Venezuela, la circunstancia
de hallarse en guerra con la España no la estima este
Gobierno suficiente para admitir ante los tribunales del
país actos que implican jurisdicción extraña al Soberano
de aquel territorio. Por tanto, el Gobierno de Venezuela
se abstiene de ordenar la ejecución del exhorto expresado, el cual está a la disposición del Sr. Encargado de
Negocios en la Secretaría de este Despacho.
Renueva el infrascrito al señor Ceballos las protestas de
su consideración distinguida.
Dios y Federación.
(Fmdo.) J. G. Ochoa
Señor D. J. A. López de Ceballos, Encargado de Negocios
de España.
C. Carta de Juan Antonio López de Ceballos, Encargado de
Negocios de España en Venezuela, al general Antonio
Guzmán Blanco
Sr. General Antonio Guzmán Blanco
Caracas, 7 de noviembre de 1864.
484 Carlos Larrazábal Blanco
Querido Antonio:
Me propongo ir esta noche a tu casa para hablar contigo de un asunto que, en mi opinión, es de gravedad,
y puede dar lugar a serios desagrados entre tu país y el
mío. Por si no tengo la suerte de encontrarte en casa, te
remito adjunta una
Nota que me fue dirigida por el señor Ochoa en 13
de octubre, a fin de que enterado de su contenido, resuelvas si es conveniente, si necesario que yo tenga por
definitiva la resolución que encierra.
He dado repetidos pasos cerca de la Administración
saliente para evitar las dificultades que, a mi juicio,
producirá la tal Nota, y el señor Ochoa me ha tenido
entretenido durante cerca de un mes con la esperanza
de que se revocaría lo resuelto; pero han sido vanos mis
esfuerzos.
El despacho del exhorto a que se refiere la nota adjunta
no implica reconocimiento de la jurisdicción española
en Sto. Domingo; esta jurisdicción es un hecho y su
reconocimiento no ha sido solicitado por España, que
ejerce allí su dominio en virtud del deseo reiterado e
insistentemente expresado por el pueblo dominicano
durante muchos años.
El cumplimiento de despachos suplicatorios de las autoridades de un gobierno a las de otro gobierno amigo,
no es absolutamente obligatorio, pero hay un deber de
cortesía basado en la reciprocidad, que no permite que las
naciones nieguen unas a otras tales servicios.
Voy a poner un ejemplo en que no se trata ya de una
nación amiga, de un gobierno reconocido con quien
mantienen buenas relaciones. Si el gobierno actual de
México, no reconocido por Venezuela, que no tiene en
este país representante, por conducto de otro Gobierno
reconocido, enviase a las autoridades de este país
un oficio suplicatorio encaminado a facilitar la recta
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
485
administración de justicia en el territorio mexicano,
¿habría razón para negar su despacho porque viniese
firmado por funcionarios del emperador Maximiliano?
¿El despacho de tal exhorto implicaría reconocimiento
del gobierno del emperador? Yo contesto que no a ambas preguntas.
Si en la localidad de donde procede el exhorto no hay
otras autoridades que las dependientes del emperador
Maximiliano, ¿por quién ha de venir firmado el documento si no es por ellas? En cuanto al reconocimiento
de un gobierno de derecho, hay que llenar ciertas formalidades oficiales sin las cuales no puede decirse que
existe tal reconocimiento.
En la nota adjunta se exageran los miramientos a la pretérita nacionalidad dominicana hasta el punto de dejar
en duda si se reconoce o no la nacionalidad española,
pues el exhorto que ha motivado este incidente ha llegado a poder del gobierno de Venezuela por conducto
del Ministerio de Gracia y Justicia del Estado y de la
Legación de España.
Piensa en este asunto con imparcialidad y haz que quede la cuestión resuelta de un modo o de otro antes de
la salida del Paquete. Te lo agradecerá en extremo tu
buen amigo, que espera de ti mejor trato que el que ha
hallado en los gobiernos pasados.
(Fmdo.) J. Anto. López de Ceballos
D. Oficio del Ministerio de Relaciones Exteriores dirigido al
Ministro de lo Interior y Justicia.
Estados Unidos de Venezuela
Ministerio de Relaciones Exteriores
486 Carlos Larrazábal Blanco
Sección Central
No. 899
Caracas, 12 de noviembre de 1864.
Año 1º de la Ley y 6º de la Federación
El ciudadano encargado del Ejecutivo Nacional, a solicitud de la Legación de S. M. C. ha dispuesto que se
dé cumplimiento al incluso exhorto venido de Santo
Domingo, para el examen del general Duarte y don
Manuel Rodríguez.
Ruego, pues, a U. se sirva pasarlo al juez de primera
instancia de esta ciudad, encareciéndole su pronta observancia y devolución con las resultas.
Dios y Federación.
R. Agostini
Ciudadano Ministro de lo Interior y Justicia.
E. Oficina del Ministro de lo Interior y Justicia al Ministro de
Relaciones Exteriores
Estados Unidos de Venezuela
Ministerio de lo Interior y Justicia
Sección 2
Núm. 492
Caracas, 15 de noviembre de 1864
Ciudadano Ministro de Relaciones Exteriores:
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
487
Se ha recibido en este Ministerio la comunicación de
usted de fecha 12 del presente y el exhorto que acompaña venido de Santo Domingo para el examen del Gral.
Duarte y don Manuel Rodríguez; el cual he pasado, con
calidad de devolución, al juez de primera instancia de
esta ciudad encareciéndole su pronta observancia y el
envío a este Ministerio de la resulta.
Dios y Federación
(Fmdo.) Jacinto Gutiérrez Coll
F. Oficio del Ministro de lo Interior y Justicia al Ministro de
Relaciones Exteriores
Estados Unidos de Venezuela
Ministerio de lo Interior y Justicia
Sección 2da.
Núm. 501
Caracas, 26 de noviembre de 1884.
1º de la Ley y 6º de la Federación.
Ciudadano Ministro de Relaciones Exteriores:
Tengo la honra de acompañar a U. el exhorto que, con
oficio de 12 del presente, envió U. a este Ministerio para
el examen del Gral. Duarte y don Manuel Rodríguez, y
al cual ha dado exacto cumplimiento el juez de la 1ª.
Instancia de esa ciudad a quien se remitió.
Dios y Federación.
(Fmdo.) Jacinto Gutiérrez Coll
488 Carlos Larrazábal Blanco
G. Borrador de un oficio que dirigió el Ministro de Relaciones
Exteriores al Encargado de Negocios de España
Estados Unidos de Venezuela
Ministerio de Relaciones Exteriores
Sección Central
No. 924
Caracas, 26 de noviembre de 1864.
Año 1º de la Ley y 6º de la Federación
Señor Encargado de Negocios:
Trasmito a V. S. en parte cumplido, y en parte no por
estar ausente de Caracas el señor Manuel Rodríguez, el
exhorto venido de Santo Domingo para el examen de
este testigo y del general Juan Pablo Duarte, que V. S.
remitió a este Ministerio en 20 de agosto último.
Reitero a V. las seguridades de mi consideración
distinguida.
Dios y Federación.
R. A.
Señor D. Juan Antonio López de Ceballos, Encargado
de Negocios de España.
H. Borrador de un oficio que el Ministro de Relaciones
Exteriores dirigió al Ministro de lo Interior y Justicia
Estados Unidos de Venezuela
Ministerio de Relaciones Exteriores
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
489
Sección Central
No. 925
Caracas, 26 de noviembre de 1864.
Año 1º de la Ley y 6º de la Federación.
Ciudadano Ministro de… (palabras erradas y testadas).
Se ha recibido en este Ministerio, cumplimiento en parte,
el exhorto venido de Santo Domingo para el examen del general Duarte y D. Manuel Rodríguez, y que U. me ha enviado con
oficio de esta fecha.
Dios y Federación
R. A.
Ciudadano Ministro de lo Interior y Justicia.
I. Oficio de la Legación de España en Caracas al Ministro de
Relaciones Exteriores
Legación de España
Señor Ministro:
En nota de V. S. fecha 25 del actual he recibido con las
diligencias que acreditan su cumplimiento, el exhorto
de la Comisión Militar de Santo Domingo a las autoridades competentes de esta capital para la evacuación
de un interrogatorio dirigido a don Juan Pablo Duarte
y don Manuel Rodríguez y que fue remitido por esta
Legación a ese Departamento en Nota de 20 de agosto
último.
490 Carlos Larrazábal Blanco
Reitero a V. S. las seguridades de mi consideración
distinguida.
Caracas, 29 de noviembre de 1864.
(Fmdo.) J. Antonio López de Ceballos
Sr. Ministro de Relaciones Exteriores de los Estados
Unidos de Venezuela.
II
Documentos relativos a los bienes de la familia Duarte
A. Aniceto Sayas vende una casa a Juan Pablo Duarte.
(Registro Principal, Caracas. Protocolos 8º, 1867, t. I, fl. 76,
doc. núm. 71).
Aniceto Sayas, vecino y mayor de edad, declaro: que por
escritura registrada en la oficina de este Departamento
el cuatro de diciembre de mil ochocientos cincuenta y
seis el señor José del Rosario Meneses vendió al señor
José Socorro Rocha un rancho situado en esta ciudad,
parroquia de Candelaria, calle del Sol, lugar que llaman
Camposanto del Este, con seis varas de frente y cuarenta de fondo, lindando por el Naciente con rancho de
José Navarro; por el Poniente con Petrona Olivares; por
el Sur con solares abiertos; y por el Norte con la calle
indicada; el comprador José Socorro Rocha vendió el
rancho deslindado de la Sra. Irene Polanco por ante el
Juzgado de parroquia de Candelaria el veinte y cuatro
de marzo de mil ochocientos sesenta y dos y la Sra. Irene
Polanco en el mismo acto traspasó en mi favor la propiedad, dominio y señorío del expresado rancho, como
aparece del acto estampado por el mismo tribunal de
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
491
Candelaria el diez y ocho de agosto de mil ochocientos
sesenta y dos; y cuyas actuaciones todas fueron puestas
al pie del documento registrado y primeramente citado.
Dueño como soy pues del rancho deslindado, que se
halla libre de todo gravamen, he determinado venderlo
como por el presente lo doy en venta pública para siempre al ciudadano Gral.
Juan Pablo Duarte por la suma de ciento cincuenta pesos que me ha entregado en dinero a mi satisfacción de
que otorgo recibo, con renuncia de las leyes y excepciones de la entrega, separándolo del derecho de reclamar
por lesión, y haciéndole a dicho comprador donación
pura e irrevocable inter vivos de lo más que pueda valer
el rancho vendido del cual le doy posesión con la entrega de esta escritura. Trasmito al mismo comprador la
propiedad y dominio que tengo en dicha finca; y obligo
a mis bienes presentes y futuros al saneamiento de la
venta llegado que sea el caso de evicción con renuncia
de cuantas leyes pueden favorecerme. Los documentos
que contienen los títulos de propiedad de mis predecesores en dicho rancho, los entrego al Registrador para
que los agregue al respectivo cuaderno. Caracas, mayo
veinte y ocho de mil ochocientos sesenta y siete. Aniceto
Sayas. El documento anterior fue leído y firmado por
una persona que dijo llamarse como queda expresado
ante mí y los Sres. que suscriben testigos vecinos quienes aseguran la identidad de persona del otorgante y
certifico: que el documento que se menciona queda
agregado al cuaderno de comprobantes en dos fojas
bajo el número cincuenta. Caracas, mayo veinte y ocho
de mil ochocientos sesenta y siete.
Aniceto Sayas
Testigos: José de Jesús Rabelo, Joaquín Gascón. El registrador: Emilio Conde.
492 Carlos Larrazábal Blanco
B. Rosa Duarte compra una casa en la ciudad de Caracas.
(Fuente: Registro Principal, Caracas, Protocolos,
Duplicados, 8º 1855. fl. 32).
Remigia Requena de Guardia, mayor de veinte y cinco
años y vecina de esta ciudad, con el expreso consentimiento y autorización de mi legítimo marido el señor Romualdo
Guardia, que en comprobación de ello firma conmigo
este documento, declaro: que he vendido a la señora Rosa
Duarte, la casa sita en esta ciudad esquina que denominan
del Chorro de San Jacinto, que linda por el Naciente con
casa de los sucesores del doctor Ramón Monzón; por el
Sur calle del Sol en medio con casa de los señores Andrés
Palacios, Encarnación Muñoz y Nicasia G. Linares; por el
Poniente calle de Rocío de por medio con casa de la señora
María Jesús Rivero de Rivas y por el Norte con casa de los
señores Manuel Fernández. Me corresponde esta casa por
compra que de ella hice a los herederos de la señora María
del Carmen Aguirre de Delgado que son José de los Santos,
Elías, Francisco de Paula, Carlos y Julián Delgado, todo según consta de los documentos que entregó la compradora.
La armadura que se encuentra en dicha casa también se
comprende en esta venta, todo por la cantidad (2 300 ps)
dos mil trescientos pesos, que es el precio justo de la casa
vendida, haciéndole gracia y donación del exceso si lo hubiere, y renunciando a mayor abundamiento la excepción
de lesión. El precio de esta venta lo he recibido en dinero
corriente a mi satisfacción de la compradora a quien por
tanto le otorgo recibo en forma y carta de pago. La casa
vendida está libre de hipoteca, censo o servidumbre, y
toda otra especie de gravamen pues aunque la vendí con
pacto de retroventa, la rescaté según escritura, fecha diez y
ocho de julio del presente año y me obligo a la evicción y
saneamiento. Yo, Rómulo Guardia, legítimo marido de la
señora Remigia Requena, bien impuesto de los términos y
condiciones de esta escritura la suscribo en prueba de mi
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
493
absoluta conformidad. Caracas, agosto ocho de mil ochocientos cincuenta y cinco. Remigia Requena de Guardia,
Rómulo Guardia.
Leída y firmada por los otorgantes de cuyo conocimiento doy fe, ante mí y los señores que suscriben testigos y
vecinos. Caracas, agosto ocho de mil ochocientos cincuenta y cinco.
(Fmdo.) Remigio R. de Guardia. Rómulo Guardia.
Testigos: Díaz, R. J. Díaz.
El Registrador: Fernando Romero.
C. Rosa Duarte vende la casa a que se refiere el documento
anterior. (Registro Principal. Caracas. Protocolos 8º 1865,
fl. 80 v., doc. nº 79).
Yo, Rosa Duarte, de estado soltera, vecina de esta ciudad y
mayor de veinte y cinco años, por el presente documento
declaro: que doy en venta pública al señor Julián Tirado,
vecino de esta ciudad, para él, sus herederos y sucesores
y quien más su causa hubiere y derechos representare,
una casa de mi propiedad situada en esta ciudad, parroquia de la Catedral, esquina denominada del Chorro de
San Jacinto, la cual linda por el Naciente con casa de los
sucesores del doctor Ramón Monzón; por el Sur Calle
del Sol por medio con casa de los Sres. Andrés Palacios,
Encarnación Muñoz y Nicanor Linares; por el Poniente
calle de Rocío de por medio con casa de la Sra. María
de Jesús Rivero de Rivas; y por el Norte con casa del Sr.
Manuel Fernández. La finca me pertenece por compra
que de ella hice a la Sra. Remigia Requena de Guardia,
vecina de esta ciudad, con el expreso consentimiento de
su legítimo marido el Sr. Rómulo Guardia como consta de
escritura pública otorgada por ante el señor Registrador
494 Carlos Larrazábal Blanco
del Cantón en agosto ocho de mil ochocientos cincuenta
y cinco. Esta venta la hago por la suma de mil pesos los
que he recibido del expresado comprador señor Julián
Tirado en dinero efectivo y a mi entera y completa satisfacción por lo cual renuncio la excepción de dinero no
entregado, prueba de recibo y demás del caso. Renuncio
las acciones de lesión enorme y enormísima lo mismo que
el número de años que la Ley señala para intentarlas. La
casa citada está libre de toda especie de censo, gravamen
y servidumbre y tomará posesión de ella de la manera que
tenga por conveniente al comprador, pues desde ahora
me desapodero, desisto y aparto del derecho que tengo
en dicha finca en virtud de la venta que hago al señor
Tirado. Me obligo a la evicción y saneamiento de esta venta con mis bienes habidos y por haber. Es pacto convenido
de esta venta que la verdadera Rosa Duarte está en el derecho de rescatar la casa deslindada dentro el perentorio
término de dos años o antes, si me es posible, entregando
al señor Tirado la misma suma de mil pesos recibida en
oro o plata sonante; que mientras tanto quedo como
inquilina de dicha casa por el precio de quince pesos
mensuales. Si vencido el plazo para el rescate de la finca
no hubiere devuelto al comprador la cantidad indicada
perderé el derecho a la retroventa y quedará dueño exclusivo de la casa. Y yo, Julián Tirado, acepto esta escritura
obligándome a lo que queda pactado en ella. Caracas, junio veinte y ocho de mil ochocientos sesenta y cinco. Rosa
Duarte. Julián Tirado. Leído y firmado por los otorgantes
cuyo conocimiento doy fe ante mí y los ciudadanos abajo
suscritos testigos vecinos. Caracas, junio veinte y ocho de
mil ochocientos sesenta y cinco. (Fmdos.) Rosa Duarte.
Julián Tirado. Testigos: M. Hernández, R. J. Duin, (ilegible), Emilio Conde.
Boletín del Instituto Duartiano, Año I, No. 3
(enero-marzo de 1970)
Federico Henríquez y Carvajal
Q
ueremos decir algo acerca del que fue hasta hace muy poco
el patriarca del magisterio, del periodismo y de las letras dominicanas. Nos referimos a don Federico Henríquez y Carvajal, que
acaba de morir en Santo Domingo a la edad de 103 años. Su
personalidad es digna de admiración, de respeto y de recuerdo.
Fue poeta emotivo y prosista atildado. En sus versos y en su
prosa forcejean dos titanes: el artista inspirado por excelencia
y el técnico de la palabra, el cincelador de frases en quien retozaba a veces cierto geniecillo filológico, lingüístico, retórico.
Muchas veces el retórico frenó al poeta y soñador.
Fue orador de mucha fuerza: llegó muchas veces a la grandilocuencia; voz robusta y penetrante, verdadero metal que
modulaba del más apasionado fortísimo al pianísimo más suave.
El gesto siempre apropiado, los ademanes justos; su fuerza de
improvisación eran admirables.
Fue periodista sano, creador. Su periodismo fue aula escolar donde dictaba clases un buen maestro de escuela; un altar
donde siempre ofició un sacerdote de gran fe en los ideales de
bien, en los valores morales y de la cultura. Las viejas colecciones
de El Mensajero y de Letras y Ciencias y otros periódicos y revistas
atestiguan nuestro aserto. Nunca mostró el camino de la mentira, el engaño, la injusticia, la prevaricación; nunca prostituyó
su pluma para servir los bastardos intereses de los poderosos;
nunca hizo de la calumnia fuerza activa de combate. El gesto
495
496 Carlos Larrazábal Blanco
elegante y noble, la noble palabra, la razón, los ideales, fueron
sus armas en el proceloso ambiente del periodismo donde suelen andar juntos la verdad y la mentira, lo justo y lo injusto, lo
malo y lo bueno.
Fue maestro de escuela, y el de «maestro» fue el calificativo
que más le agradó para él y que más aplicó a sus grandes amigos
que lo merecieron. Tenía su pedagogía especial, pedagogía a
base de amor, de comprensión, por los valores n que trasmitía
a los espíritus que los iban a recibir. La pedagogía tiene varios
caminos y Henríquez y Carvajal escogió el suyo fundamentado
en sus ideas respecto del hombre: respeto de cada niño, de
cada mujer, de cada varón. Exámenes, calificaciones, rotaciones
temporales eran para él en muchos casos fórmulas carentes de
sentido. Y fue un gran conductor. Para el medio dominicano
Osvaldo García de la Concha fue un sabio y razones existen para
que se le juzgue así, pero para hacer entrar a este espíritu raro,
tímido, susceptible, huraño en el redil de exámenes y promociones que le eran indispensables, para canalizar su tropel de
conocimientos, sus ansias de saber, y también para ganar armas
con las cuales buscar el sustento, se necesitó la comprensión de
una persona llena de eros pedagógicos como era Henríquez y
Carvajal. En verdad ambos, aunque a primera vista no lo pareciera, tenían puntos de contacto que provenían quizás del fuerte
poder autodidacta que tuvieron. En ellos la demasiada disciplina
escolar y académica les hubiera restado fuerza a la originalidad
que indiscutiblemente poseían, Henríquez y Carvajal y García
de la Concha fueron excelentes maestros, y lo fueron por la
fuerza de su eros; no tenían afincado interés por lo de afuera,
lo formalista, en la educación, porque comprendían muy bien
que en ese punto el pedagogo deja de serlo y sobreviene un gran
conflicto entre el maestro y el alumno, entre la escuela y el hogar, y por tanto la comunidad educativa se desmedra. Vean eso
bien los maestros de todas partes.
A todas estas fases de actividad se dedicó don Federico con
esfuerzo continuado y con amor, casi una centuria, desde su
edad adolescente hasta poco tiempo antes de acaecer su muerte.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
497
Vivió trabajando su trabajo, es decir, escribiendo, enseñando,
perorando; el verso, la prensa, la escuela, la tribuna pública, el
ateneo, la academia, el corrillo de amigos, el hogar, fueron sus
medios de acción, sus ambientes habituales. Y hasta cumplir los
cien años de su vida fue siempre el mismo, siempre permaneció
igual a sí mismo. Murió como aquellos cristianos viejos siempre
aferrados a su fe y a sus prácticas de bien; o como aquellos viejos
lobos de mar que morían asidos a las tablas de su barco o tragados
por las olas, después de haber andado todos los caminos de mar
y violado todos los horizontes; o como mueren los campesinos
viejos apegados a su tierra que han sembrado una y mil veces.
Y esas fases delinean bien la personalidad de Henríquez y
Carvajal en cuanto presentan su labor intelectual, su labor mental, preciosos aspectos de su espíritu, pero si ahondamos más
descubrimos en él un gran ente moral, que a la vez que engrandece aquellas virtudes lo perfilan también un gran patriota, un
gran ciudadano, un gran liberal, un gran demócrata, un grande
y verdaderamente ilustre americano, esto es ibero-americano.
Si tratamos de encajar la personalidad del querido anciano
muerto, dentro de los tipos de Spranger, no titubearíamos en
calificarlo como un hombre social por excelencia. En efecto,
don Federico se daba al prójimo, a la sociedad, a la patria, a la
América, y les servía bien y con amor. Para él solo el amor es
camino de salvación para el hombre. Y nunca le oímos hacer un
análisis de su persona en este sentido, a pesar de que hablaba
de sí, pero en ello más había de lo pintoresco, cosa que no solía
ser bien comprendida. Todos pensamos en nosotros mismos,
hablamos con nuestra persona interior, hacemos introspecciones, y hasta existen sujetos que se solazan en ello, y sacan su
persona interna y la acarician, la apretujan contra su pecho y
la colocan en sitio de preferencia. Estos son hombres egoístas
a secas, sin espíritu social, repulsadores de lo que a ellos no les
conviene, y estos hacen daño a los demás. Don Federico, como
todos, sacaba de dentro a su persona, pero en él había mucho
de pintoresco y de ingenuo en este manejo espiritual, y por tanto
don Federico no dañaba a nadie. Como hombre social su valor
498 Carlos Larrazábal Blanco
en el orden cívico fue elevadísimo, enaltecedor, para él la ciudadanía fue sempiterno combate; la patria vivo desvelo, entrañable
amor, dedicación activa y desinteresada. Como hombre social
amó todas las causas justas, los principios nobles, los gestos heroicos, todo lo que en política fuera libertad, independencia,
soberanía, democracia. Y como en un hombre social también
se da un hombre estético, don Federico amó la belleza, sintió
el arte hasta la médula de sus huesos; la música prácticamente
lo erizaba, tal la sentía y hasta compuso sencillas canciones hogareñas y escolares. Tuvo en sus novedades buena voz, y por los
años del 61 al 65 sorprendió a todos cantando admirablemente
un «Salutari Ostia», en la Catedral. Cuando en los últimos años
trataba de recordar las canciones de su época, «La golondrina»,
«La bayamesa» y otras, bien se comprendía la emoción que ponía, llegaba hasta transfigurarse. Al frisar los cien años el alma
del anciano vibraba al soplo leve de una ligera emoción, de un
suave recuerdo.
El afán de darse salió de los estrechos límites de su país y
de sus hombres. Quería con vigor toda la América y admiró sus
grandes hombres y sus grandes gestas. Practicó siempre iberoamericanismo vivo. En todas las patrias iberoamericanas vio una
segunda patria, con fuerza, con sinceridad, con pasión. Todo lo
bueno que quería para su República Dominicana lo quería para
todas las patrias de América. Odiaba el colonialismo y la última
página que pensó y leyó fue su propia voz en su fecha centenaria,
habló de Puerto Rico que para él en el consorcio de pueblos de
América debía ser libre, una nación soberana e independiente,
sin componendas. Fue prócer cívico de la independencia de
Cuba, y como tal se le tiene en esa República y cultivó la íntima
amistad de sus dos próceres egregios, Martí y Máximo Gómez.
Soñó, con el puertorriqueño de Diego, una hermandad antillana. Por Venezuela sintió siempre gran cariño y apego; conocía su
historia, su literatura, sus hombres, sentía gran admiración por
Bolívar y si una avenida en la vieja ciudad de Santo Domingo lleva el nombre del Libertador se debe a una iniciativa del Maestro;
consideró a Bolívar como un gran mentor, como un genio de
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
499
la libertad de América, algo como que rebasaba los linderos
de la historia misma y entraba de lleno dentro de lo místico y
legendario. La colonia venezolana de Santo Domingo y a fines
del siglo pasado recibió su trato y sincera simpatía y acogida –en
esto como buen dominicano– y así estuvo dentro del círculo de
los ideales que a aquella tierra hospitalaria de verdad llevaron
a los doctores Carlos Arvelo, que fue rector de la Universidad,
Anzola, Pietri, Ponce de León, a Pedro Obregón Silva, violento
trajinero de la política vernácula venezolana y que murió a manos de un hijo del doctor Ponce cuya tumba todavía se conserva
con un gran epitafio en latín; a Eduardo Scalan, otro violento,
algo bohemio, que murió a manos del diputado Santiago Pérez
por lides de amor, a los Larrazábal que se dedicaron al profesorado, León Lameda, Potentini y tantos otros que pecaríamos de
prolijos si los enumerásemos todos.
Se ha dicho que el hombre es capaz de escoger sus reacciones, de conducir su actitud hacia determinados fines. Y tal hizo
Henríquez y Carvajal. Jamás se salió de la órbita que se trazó y
por esto no fue político ni lo económico fue norte de su vida.
Para él no es el mundo un conjunto de relaciones utilitarias
y prácticas. Su mundo está hecho de valores espirituales superiores. Nacido en un hogar acomodado, hijo de un hombre entendido en lides y disciplinas mercantiles, su desasimiento, por estas
cosas fue total. Vivió y murió pobre. Una vez, de mozo, se ganó
la vida llevando los libros de la casa de Leyba. Pero bien pronto
abrazó la carrera de maestro de escuela, y quizás si por buen
tiempo esto le ayudó a vivir, y por aquellas calendas no eran muchos los pesos que se podían conseguir para el diario sustento,
amén de que muchas veces enseñaba de balde. No solo de pan
vive el hombre, repetía con frecuencia el Maestro, y bien lo vivió.
Así como siempre fue frugal en las comidas, lo fue también en
las ansias de dinero que tanto dislocan al hombre común.
Unos viven de realidades y otros viven de verdades. El hombre político vive de realidades y por esto Henríquez y Carvajal
no fue político, pues era ciudadano del mundo abstracto de
los idealismos puros y de las verdades de orden moral. En este
500 Carlos Larrazábal Blanco
mundo respiraba hasta hinchársele los pulmones. No tenía las
características de los políticos de profesión, es decir, sentido
práctico y utilitarista de la vida; afán de poder, de dominio, de
inclinación al mando. De todos esos licios –como se dice en el
argot dominicano– estaba curado el Maestro. Él no es hombre
de acción sino de emoción. Si el político gusta de conocer el
lado flaco de los hombres para podérselos ganar corrompiéndolos, Henríquez se interesa por el hombre toral para comprender
sus debilidades y darse una explicación, perdonar y tratar de
enmendar, y por otra parte poner por encima las virtudes que lo
adornan, lo bueno que lo enaltezca, sus ansias de saber. Desde
luego, bien se sabe que han existido políticos idealistas, pero,
¿cuántos han permanecido puros? ¿cuántos no han fracasado
por mantenerse ecuánimes? Y lo que es más doloroso, trágicamente doloroso, ¿cuántos no han hecho fracasar el ideal mismo
que sustentaron? Con todo creemos que en todas partes harían
falta políticos tocados de idealismos, incapaces de quebrarse al
contacto con las realidades. Lástima que ese tipo de hombre es
difícil de darse, y bien peligroso es para el que no está preparado
para esa clase de lides. El camino de uno es, pues, la prédica,
el ejemplo vivo de servicios honestos, la dignidad personal, el
respeto de sí mismo y de los demás, sin permanecer alejado de
la cosa pública. Henríquez y Carvajal, sin madera de político,
ha estado siempre ojo avizor y el ideal de una patria libre, independiente, soberana y democrática en él nunca desfalleció.
Se pasó cien años defendiendo esas cuatro categorías cívicas de
toda nacionalidad.
Como se ha ido viendo, el estilo de vida de Henríquez y
Carvajal es el de un romántico. Puso emoción en todo aquello que creyó justo, bueno, bello, verdadero, y lo hizo a la
manera romántica. En nuestros días que corremos, que lo es
de materialismo y escepticismos, no se cree mucho en la sinceridad de la posición romántica. Pero ha existido un amor
romántico, si es que todo amor no lo es de suyo; ha existido el
heroísmo romántico, si es que toda actitud heroica no está tocada de romanticismo, ha existido un patriotismo romántico
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
501
puesto que la patria ha sido sujeto de amor romántico; ha
existido un querer universal voluntarioso romántico de todo
ideal de libertad, paz, cooperación de hombres y pueblos. Y
todo esto es actitud espiritual sincera. El ambiente de ahora
nos ahoga y nos incapacita para comprender estas actitudes,
y el romanticismo nos causa sorpresa y no creemos en él.
Así ciertas posiciones o situaciones de don Federico han sido
mal juzgadas por sus coetáneos y por las generaciones jóvenes del siglo xx, por lo general frívola, cínica y escéptica. Lo
que pasa, a la verdad, es que la vida de un romántico es como
una anécdota o novela hecha realidad; algo como si fuese
una ficción pero viviente, realizada cada día, a cada momento, siempre que la mujer, la patria, los pueblos, la libertad,
la miseria, la injusticia, la verdad, la belleza, todas las cosas
del espíritu, toquen su fibra emotiva. Pero el romanticismo
ha sido actividad continua, pasión, voluntad al servicio de lo
ideal. Es lo subjetivo emocional que plasma lo objetivo en la
amplia esfera de los bienes culturales y de los valores morales
superiores.
Y esa fue la labor de don Federico Henríquez y Carvajal en
su tierra patria y lejos de ella. Forjador de bienes culturales y de
valores morales superiores. Nos sentimos tímidos al tratar de su
personalidad, pero nos sentíamos obligados. Tratamos muy de
cerca a este venerable anciano y su trato nos fue de provecho.
Nada educa más que contemplar a un hombre en su grandeza.
Conversamos con él una y mil veces, y en más de una ocasión,
en medio de su conversación, siempre inteligente, animada,
emotiva, veíamos salir la chispa de su genio por aquellos ojillos
pequeños que tenía pero que sabían encenderse y animarse
como grandes hogueras. Y también sorprendimos las manos del
anciano hablando con diez emociones a la vez.
Ojalá sea Federico Henríquez y Carvajal, para Santo
Domingo y para América, paradigma de civismo patrio, de liberal comprensión de ideas, de pueblos y de hombres; paradigma
de perfectibilidad espiritual, de progreso continuo del intelecto
y la bondad del corazón. Que influya siempre su personalidad
502 Carlos Larrazábal Blanco
con fuerza de verdadero modelo, de auténtico maestro que en
todas aviva la clara percepción de los valores.
Max Scheler ha dicho que no existe nada sobre la tierra que
haga buena a una persona, de manera más primaria, más inmediata y con más necesidad, que la simple visión comprensiva y
adecuada de un hombre en su bondad. Contemplemos a don
Federico Henríquez y Carvajal y a todos los grandes hombres de
Venezuela, Santo Domingo y nuestra América toda en todo lo
bueno que son, que muy probablemente seremos mejores.
Que la fuerza formadora que en él lleva el ejemplo de este
anciano, tenga la fuerza formadora del ejemplo de los grandes
hombres. Con pensamiento de un escritor y filósofo terminamos
con este voto: que los héroes muertos se truequen en señores de
imperios vivos.
Listín Diario, 4 de febrero de 1970.
Documentos duartianos
D
ocumentos relativos a la exhumación y traslado de los restos de Juan Pablo Duarte. Archivo del Ministerio de Relaciones
Exteriores de la República de Venezuela, volumen 6. Santo
Domingo, Correspondencia Diplomática. (Cortesía internacional, Cartas de Gabinete, folios 46-51).
A. Oficio del Secretario de Relaciones Exteriores de la
República Dominicana al Ministro de Relaciones Exteriores
de Venezuela
República Dominicana –(un escudo)–
Secretaría de Relaciones Exteriores
Núm. 803.
Santo Domingo, 14 de enero de 1884.
Excmo. Sr. Ministro:
El Ayuntamiento de esta Ciudad ha nombrado a los
regidores don Álvaro Logroño y don José Francisco
Pellerano, para que se trasladen a esa ciudad y procedan, previo permiso, a la exhumación de los restos del
503
504 Carlos Larrazábal Blanco
ilustre general Juan Pablo Duarte, iniciador y Prócer de
nuestra Independencia, para conducirlos a la tierra de
sus mayores.
Con tal motivo, el infrascrito tiene la honra de recomendar a los aludidos regidores, y ruega a V. E. se digne prestarles todo su favor y cooperación, si algo necesitan, quedando por ello reconocido y obligado este Ministerio.
Acepte V. E. los sentimientos de mi mas distinguida
consideración.
(Fmdo.) S. Imbert.
Excmo. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores de
Venezuela, Caracas.
B. Oficio del Cónsul General de Venezuela en la República
Dominicana al Ministro de Relaciones Exteriores de su país
Consulado General de Venezuela
Núm. 3.
Santo Domingo, 14 de enero 1884.
Señor:
Los señores José Francisco Pellerano y Álvaro Logroño
se dirigen a esa ciudad en Comisión del muy Ilustre
Ayuntamiento de esta Capital a traer los restos y los
deudos del señor don Juan Pablo Duarte y tengo la
honra de poner en conocimiento de U. por si creyere
oportuno hacerles dispensar alguna demostración de
cortesanía internacional en gracia del carácter de que
van investidos.
Me suscribo del Sr. Ministro muy atento servidor.
(Fmdo.) Frco. Alberto Alfonso
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
505
Señor doctor Rafael Seijas,
Ministro de Relaciones Exteriores de los E. U.
de Venezuela.
C. Borrador de un oficio que dirigió el Ministro de Relaciones
Exteriores de Venezuela al de la República Dominicana
Ministerio de Relaciones Exteriores
D. de D. P. E.
Núm. 107.
Caracas, 31 de enero de 1884.
Señor Ministro:
Los señores regidores Álvaro Logroño y don José
Francisco Pellerano, elegidos por el Ayuntamiento de
esa ciudad para venir a buscar los restos del ilustre general Juan Pablo Duarte, iniciador y prócer de la independencia dominicana, y conducirlos a la tierra de sus
mayores, me presentaron el oficio de 14 de enero en
que V. E. los recomienda.
Placentero me es informar a V. E. que, instruido de
aquel paso el Ejecutivo Nacional, dio órdenes al ciudadano Gobernador del Distrito Federal para facilitar a
dichos caballeros el cumplimiento de su comisión que
hace honor a la República Dominicana, pues se trata
de una demostración de gratitud a un general de su
independencia.
Presento a V. E. las congratulaciones de Venezuela por
tal motivo, y la seguridad de mi mas alta consideración.
(Fmdo) Rafael Seijas
Excelentísimo Señor Ministro de Relaciones Exteriores
de la República, Santo Domingo.
506 Carlos Larrazábal Blanco
D. Borrador de un oficio del Ministro de Relaciones Exteriores
de Venezuela al Cónsul General de ese país en Santo
Domingo
Ministerio de Relaciones Exteriores
D. de D. P. E.
Núm. 108.
Carcas, 31 de enero de 1884.
Señor:
Recibí el oficio de U. de 14 de este mes, que me sugieren
los señores José Francisco Pellerano y Álvaro Logroño,
comisionados para llevar los restos y los deudos del señor general Juan Pablo Duarte, iniciador y prócer de la
independencia de ese país.
Enterado el oficio de su venida y de la recomendación
de su gobierno y la de U., el Ejecutivo Nacional dio órdenes de facilitarles el cumplimiento de su comisión tan
honrosa. Además les he condecorado con el busto de El
Libertador.
A ese Gobierno lo he felicitado por un acto tan significativo de gratitud a los autores de la independencia de
su patria.
Soy de U. atento servidor,
(Fmdo.) Rafael Seijas
Señor Francisco Alberto Alfonso, Cónsul de Venezuela
en Santo Domingo.
E. Oficio del Secretario de Estado de Relaciones Exteriores
de la República Dominicana al Ministro de Relaciones
Exteriores de Venezuela
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
507
República Dominicana –(un escudo)–
Secretaría de Relaciones Exteriores
Núm. 951
Santo Domingo, 28 de febrero de 1884
Excelentísimo señor:
El infrascrito, Secretario de Estado de Relaciones
Exteriores, ha recibido la atenta nota de V. E. de 31 de
enero último, en la que se digna manifestar la buena
acogida que les ha dispensado el Gobierno Federal a
los Comisionados del Ayuntamiento de esta ciudad,
facilitándoles los medios para el cumplimiento de su
comisión.
El infrascrito agradece la cortés deferencia que ha demostrado V. E. en esta ocasión, y en un acto de reparadora justicia y de gratitud nacional, y por ello da las
gracias a V. E. y al ilustrado Gobierno Federal, por cuya
prosperidad, como por la paz de esa República hermana, hace fervientes votos.
Saluda a V. E. con sentimientos de distinguida consideración,
(Fmdo.) S. Imbert
Excmo. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores de la
República de Venezuela, Caracas.
F. Oficio del Cónsul General de Venezuela en la República
Dominicana al Ministro de Relaciones Exteriores de su país
508 Carlos Larrazábal Blanco
Consulado General de Venezuela
Núm. 8
Santo Domingo, 29 de febrero de 1884.
Señor:
Me he enterado con placer por el oficio de U. de 31 del
pasado, número 108, D. P. E., de la atenta recepción de
que fue objeto, por parte del Gobierno, la Comisión de
este Ayuntamiento que fue a esa ciudad por los restos
del Sr. J. P. Duarte.
No podía menos que ser así, consecuente con su proverbial civilidad, y tanto por esto, como por el adelanto
del país, y el
ornato, belleza, naturales encantos de nuestra Capital,
dicha Comisión ha venido prendadísima, y se confiesa
muy obligada por la buena acogida que se le dispensó.
Tengo la honra de suscribirme de U. muy atento
servidor,
(Fmdo) Fco. Alberto Alfonso
Señor doctor Rafael Seijas, Ministro de Relaciones
Exteriores de Venezuela, Caracas.
Boletín del Instituto Duartiano, Año II, Núm. 4
(abril-junio de 1970)
Viejas universidades y viejos estudiantes
E
l apasionante tema de las universidades me ha llevado al
inocente y agradable propósito de hacer un poco de historia.
Con tal objeto he rebuscado las notas y he apeado de los anaqueles de mi biblioteca los libros que en pasados años utilicé
en el ejercicio de mi profesorado en la Universidad de Santo
Domingo, Facultad de Filosofía, cátedra de Historia de la
Educación. Y he aquí este pequeño y sucinto trabajo de enfoque
hacia la vida universitaria antigua en un aspecto, que si no constituye lo fundamental, no deja de tener, sin embargo, sustancia
evocadora y una visión de un reverdecer de cosas.
***
La formación de las universidades tuvo, como es de lugar,
su proceso. Su estructuración fue lenta y laboriosa, como es lenta y laboriosa la nueva estructuración propia para las épocas que
corren. Existieron varias formas de agruparse maestros y discípulos: un maestro y varios discípulos; luego varios maestros y varios
discípulos. Nacerían entonces los Colegios, Estudios, Estudios
Generales, que vinieron a formar, o ser los núcleos de las instituciones que acabaron en llamarse Universidades. En 1530,
en Santo Domingo, el obispo y gobernador Fuenleal funda un
Colegio para adoctrinar a indios y negros, y para que se leyera
509
510 Carlos Larrazábal Blanco
Gramática y hubiera lecciones de Artes y Teología. Este Colegio
no prosperó. En 1532, en la misma ciudad de Santo Domingo el
clérigo Álvaro de Castro, a sus expensas, funda una cátedra de
Teología en el convento de los Predicadores, que fue la primera de América, prácticamente, y su maestro fray Tomás de San
Martín, el primer profesor de esa materia en el Nuevo Mundo.
Aquí tenemos el caso de una entidad de una célula simple: un
maestro y varios discípulos. El colegio de Estudios fundado por
Hernando Gorjón acabó por ser la Universidad de Santiago de
la Paz, en manos de los jesuitas. Se ha creído que Estudio se
refería a un conjunto de maestros, universidad un conjunto de
estudiantes.
Existieron universidades formadas ex consuetudinarias, es
decir, sin la intervención del artificio de una disposición, oficial
o religiosa. Una especie de generación espontánea, empujada
por necesidades espirituales y culturales de maestros y estudiantes. De esta manera nacieron las Universidades de Bolonia,
Padua, París, Oxford y otras. Así, estas universidades nacieron
en el ecúmene europeo libres, autónomas, democráticas, sin la
fiscalización, ni la remuneración de comunas, príncipes, reyes,
obispos ni Papas. La Universidad se fue forjando un gremio
apretado, para enseñar y aprender, donde todo autoritarismo
de fuera estaba normalmente vedado. Profesores y estudiantes
eran todos responsables del funcionar y del desenvolvimiento
de la Entidad. Maestros y alumnos elegían sus autoridades. Un
estudiante podía ser elegido rector.
Una división normal de los estudiantes debió haber sido
por escuelas, colegios, facultades; alumnos de Teología, alumnos
de Derecho, de Artes, de Gramática, pero no fue así. Lo que
tomó cuerpo fue la calificación de los estudiantes por el país o
la región de origen, y se llamaron naciones: la nación catalana,
la nación alemana, etc. Eran comunidades cada una con propia
institución. Este sistema dio vigor al premio estudiantil.
La vida íntima universitaria fue siempre una lucha con la
armonía, armonía de logro dificultoso. Relaciones de maestros
y estudiantes; normas de conducta entre los estudiantes entre
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
511
sí: influencias y presiones del medio ambiente externo, de orden administrativas, sociales, políticas, todos factores de fuertes
impactos de amortiguar para que no afectaran profundamente el enseñar y el aprender que es la misión tutelar de toda
universidad.
Muchas veces todo ha derivado en actos de verdadero pandemónium, sin salida visible, de momento. No ha sido tan sencillo en las universidades una perfecta y total convivencia. Surgen
reclamos espirituales de maestros y estudiantes, emociones,
sentimientos, metodologías diversas, sobre todo cuando acicates
de afuera intervienen, como siempre ha sucedido. Sin embargo,
consuela que parece ser que la entraña misma universitaria sale
airosa de todos esos avatares.
La fuerza de aquellas viejas universidades la constituían,
sin duda alguna, los estudiantes, fuertes siempre en defensa de
los fueros universitarios, de sus maestros, de sus compañeros.
Dado el caso no respetaban ni a la autoridad civil, ni a la religiosa. Se enfrentaban al Rey, al Papa, si era menester. Pero
entre ellos mismos hubo pendencias muchas veces. En cierta
ocasión, en Vicenza y en Verona, 1616, los estudiantes sostuvieron entre ellos mismos una enconada lucha armados de arcabuces y pistolas. La actitud de los estudiantes paduanos llegó a
ser poco simpática a los habitantes de la ciudad habiendo sido
perseguidos varias veces. Alguna vez tres estudiantes fueron
asesinados, lo que produjo una protesta unificada de toda la
universidad, la cual exigió el castigo de los culpados, y así se
hizo. Estudiante preso era estudiante libertado a viva fuerza
por sus compañeros. En 1723 se pelearon estudiantes y «sbirri»
(los DISIP y otros, cuerpos policiales de la época), encuentro
que tuvo malas consecuencias pues fueron muertos y heridos
algunos universitarios. Estos, sin embargo, triunfaron y con una
lápida conmemoraron el hecho.
En Bolonia la actitud estudiantil era análoga a 1a que discurría en Padua. Se registró una vez el hecho de que fue protagonista un estudiante español, Jacobo de Valencia. Este tuvo la
desdicha de enamorarse perdidamente de la hija de un notario,
512 Carlos Larrazábal Blanco
y fue correspondido por la bella, pero como el notario fue pertinaz en su oposición a tales amores, los enamorados resolvieron fugarse. La buena fortuna, sin embargo, no los protegió, y
fueron sorprendidos en el mismo momento de la fuga con lo
que Valencia fue a dar a la cárcel. Como el tal notario parece
tenía mucha influencia en la ciudad, se le hizo a Valencia un
juicio apresurado, fue sentenciado a muerte y bien pronto ahorcado. La protesta de la Universidad no faltó. Rector, maestros,
estudiantes y empleados abandonaron, no solo la Universidad,
sino la propia ciudad. En este caso indignó mucho lo insólito
del juicio.
Hasta ahora se ha hablado acerca de las universidades
ex consuetudine, ahora toca hablar de las ex privilegius, o sea las
fundadas por ayuntamientos, el Estado, algún obispo, o por el
Papa. De este tipo es, por ejemplo, la Universidad de Alcalá, que
fue fundada por el cardenal Jiménez de Cisneros y cimentada
por bula papal en 1499, pocos años después del descubrimiento
de América. Ex privilegius fue también la primera universidad
del Nuevo Mundo, la Universidad de Santo Domingo, erigida
por bula del papa Paulo III, de fecha 28 de octubre de 1538,
fecha, y dicho sea de paso, debería celebrarse cada año como día
de la universidad, en todas las universidades de América. Esta
Universidad tuvo por feliz cimiento la cátedra de Teología que
arriba se ha mencionado, creada por Álvaro de Castro y regentada por fray Tomás de San Martín, y diligenciada por los frailes
dominicos.
Entre la Universidad de Alcalá y las de Bolonia, Padua o
París media un lapso de más de cuatro siglos, y justamente a
contar de las actividades del entonces famoso Innerio, que
modernizó por aquellas calendas los estudios de Derecho en
Bolonia, unos 383 años. En este transcurso es de suponer hubo
modificaciones en las universidades que afectarían a todos sus
aspectos. En efecto, las naciones desaparecieron. Los estudiantes se agruparían en otra forma. Los había ricos y pobres, que
en el fundo hubiera sido una clasificación, de suyo anticristiana
y antisocial, si prácticamente existía. Los pudientes llegaban a
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
513
Alcalá en coche o a caballo; los pobres a pie, como San Ignacio
de Loyola. Por lo general en burrito llevaban su hato, esto es, sus
efectos de cama, ropa de vestir y otros menesteres. Unos y otros
estudiantes prestaban juramento de obediencia al señor rector,
después se matriculaban.
El cardenal Cisneros dotó de constituciones a la nueva
Universidad. En ellas se respetaban cláusulas tradicionales
estatuidas en los fueros antiguos, así, la Universidad se excluía
de cualquier jurisdicción que no fuera la propia. Si entre los
estudiantes surgían pendencias que originaran causas civiles o
criminales, los promotores solo estaban obligados a comparecer
ante el rector. Por otra parte las constituciones castigaban con
pena de excomunión a rectores y colegiales que ocultaran o defendieran a malhechores que se introdujeran en la Universidad
para protegerse de la justicia ordinaria, una vez que los fueros
universitarios debían ser respetados por los representantes de
la justicia. Esta intromisión de delincuentes que quieren ponerse a salvo data desde los antiguos tiempos universitarios. Una
cláusula legal, o una costumbre, en Alcalá, fue la pérdida de
inmunidad ante las autoridades locales, si el desorden no podía
ser dominado por la propia Universidad. Sin embargo, aun este
caso, los fueros autonómicos siempre fueron defendidos a como
diera lugar.
Como se ha dicho, el Cardenal, al fundar la Complutense,
respetó la tradición, respetó lo mejor posible los fueros antiguos. Estos fueros se leen en las Partidas de Alfonso el Sabio,
que en cuanto a Colegios y Universidades recomendaba «que
no hubiera bandos ni peleas con los vecinos de los pueblos
donde morasen». «Que no hagan a estos ningún agravio ni desorden, y que no andaran por la noche armados y alborotando,
y que fincaran sosegadamente en sus posadas, y que procurasen
estudiar, aprender los saberes, y hacer vida honesta y buena».
Además prescribían las Partidas: «podrán (los estudiantes) elegir
un mayor o rector, al cual deben obedecer, pero en caso que
cometieren los excesos que prohíben, entonces el maestro juez
debe castigar y enderezar».
514 Carlos Larrazábal Blanco
Un hecho es digno de recordar en estos momentos y es el
ocurrido en el año 1521, en la Complutense, en tiempo de los
comuneros de Castilla. El rector de la Universidad, Ontañón,
que era partidario de los comuneros, dictó alguna medida que
los contrarios, los anti-comuneros, tomaron a mal por as a ellos.
Tomó tal cariz el problema que los castellanos, comuneros, y
sus opositores, los andaluces y extremeños, anti-comuneros,
vinieron a las manos. Se entabló tamaña lucha con espadas y cuchillos, pero con tal acopio de voces y gritos que las autoridades
de la ciudad se percataron que algo andaba mal en el recinto
universitario. Se allegó el Corregidor, llamó al orden a los contendientes con buenas formas y buenas palabras, pero como no
logró nada por esta vía en su esfuerzo apaciguador, ordenó darle
fuego a una de las puertas del edificio para que los representantes del rey penetraran al sitio de la pelea. Allí encontraron rector
herido seriamente en un brazo por la cuchillada que le infligió
el regente de Filosofía, además gran número de otros heridos y
golpeados.
Pese a estas tristes ocurrencias, sin embargo, la Universidad
toda protestó de la intromisión de representantes de la ley en el
antro universitario. La Universidad elevó al rey su queja y protesta por lesión que había sufrido su fuero. En ese mismo año
1521 el Consejo Real dictaminó que los estudiantes estuviesen
sujetos al Rector de la Universidad y prescribía que la justicia
eclesiástica como la seglar no se entrometieran en prender a los
estudiantes, oficiales familiares de la Universidad. «Que ninguna
justicia entrometa a proceder contra la de la Universidad a prenderlos, salvo dicho rector». Como se ve, con esto el rey defendió
los fueros universitarios. Tal es la facultad universitaria de hacer
justicia en su propio recinto que hasta cárcel tenía para cumplir
penas de prisión. Pero en lo de encarcelar la Completense fue
parca, según parece, pues en cierta ocasión el rector se negó a
recluir a Ignacio de Loyola cuya prisión era exigida por personas
de influencia. Posiblemente la falta del futuro santo no fue cometida en la Universidad, o no la complicaba, pues la prisión se
cumplió, pero en la cárcel del vicariato de la ciudad.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
515
El concepto que se tuvo de los estudiantes de Bolonia y
de Padua fue el de que eran «díscolos de espíritu combativo,
celosos de sus derechos y prerrogativas, cosa que se ha creído
corresponde al medio social que los rodeaba». A través de los
siglos parece que este espíritu no ha variado. Hablando de los sucesos de la Universidad de Alcalá de Henares, el historiador da
como explicación de los «alborotos estudiantiles», y hasta como
disculpa, diciendo que «donde hubo juventud había de haber
bullicios y querellas, revueltas y alborotos, que no son exclusivos
de ningún tiempo, sino que brotan con el hervor de la sangre
y con la lozanía de la edad». Pero de seguro hay algo más que
«hervores» y «lozanía», algo que podemos captar con facilidad,
algo que es inmanente al espíritu estudiantil. Además en esas
viejas universidades los estudiantes no eran todos jovenzuelos
sino muchos eran hombres maduros de 35 y 40 años arriba.
En una sociedad la Universidad es como una célula que con
el ambiente que la rodea tiene intercambios. La Universidad
vierte al torrente ambiental sus ideas, sus «saberes», como decía
Alfonso el Sabio, su espíritu, así como la sociedad, en sus manifestaciones espirituales vierte en la Universidad los productos
que elabora. Si estos productos vienen alterados por las banderías y sus impuras manifestaciones, como en tiempos de güelfos
y gibelinos, los comuneros de Castilla y en tiempos actuales,
el ambiente universitario se resiente, y se producen trastornos
llamados «alborotos» y otras conocidas consecuencias. Las universidades nunca han dejado de estar presentes en los grandes
acontecimientos de la historia, en los grandes movimientos
sociales y políticos. Sus intranquilidades han sido siempre acusadoras de algo que sucede en el ambiente que las rodea. Esas
intranquilidades corresponden a desajustes de las sociedades
que las rodean, hoy en escala universal.
¡Ahora!, Año IX, Núm. 355
(31 de agosto de 1970).
Documentos duartianos
1. El acta civil de la defunción de Juan Pablo Duarte
M
urió el «fundador de la independencia dominicana»,
como en alguna ocasión lo llamaron así sus hermanas Rosa y
Francisca, el 15 de julio de 1876, a las tres de la madrugada,
en Caracas, parroquia de Santa Rosalía, casa situada entre las
esquinas de Zamuro y Pájaro, calle llamada de antiguo El Juncal,
oficialmente hoy Este 8. Alguna vez creíamos que la casa mortuoria estaba situada muy cerca de la iglesia de Santa Rosalía,
pero, como se ve, erramos, pues la que murió en este lugar fue
Rosa, como se verá más abajo. Quizás si la casa mencionada de la
calle del Juncal ya ha sido demolida para dar paso a la moderna
Avenida Bolívar. No ha sido posible localizarla por faltar el número en los documentos.
Declararon la defunción Vegas Fernández y compañía, industriales, nombre que a buen seguro no corresponde a una o
varias personas sino a la firma comercial de la «industria» donde
el Fundador desempeñaba algún trabajo.
El general Juan Pablo Duarte tenía entonces 60 años, según
se asienta, pero tenía más edad, justamente 63 años, 5 meses y 19
días, pues se tiene sabido nació el 26 de enero de 1813. Su estado
517
518 Carlos Larrazábal Blanco
civil era soltero y su profesión u oficio el de industrial. Siempre
se ha entendido que Duarte nunca contrajo matrimonio.
La familia venezolana del prócer desconoce que el Fundador
tuviese algún hijo natural, y aún lo niega categóricamente, siendo una de sus razones la de que él jamás hizo declaración alguna
afirmativa a este respecto, ni aun en el momento solemne de
la muerte, siempre propicio a confesiones íntimas. Duarte fue
siempre hombre de conducta recta, agregaron.
Copia del acta civil de defunción
en Apuntes de Rosa Duarte, p. 44.
2. Acta de enterramiento de Juan Pablo Duarte
En fecha 16 de julio fue presentada ante el administrador
del Cementerio General del Sur, señor Quintero y su adjunto
Manuel Irazábal, una papeleta de la Jefatura Civil de Santa
Rosalía, en la cual se autorizaba la inhumación del adulto Juan
Pablo Duarte que había fallecido de tisis pulmonar según certificado por el doctor Federico Tejera.
El Cementerio General del Sur fue inaugurado poco antes de ocurrir la muerte de Duarte y fue este el vigésimo tercer
individuo allí inhumado. El cortejo fúnebre hubo de andar un
buen trecho después de dejar la iglesia: de esta, tres o cuatro
cuadras más al Sur atravesó el Guaire, por el puente, el Puente
de Hierro por antonomasia, y de aquí, por Portachuelo, se encaminó hacia el fondo del Rincón del Valle donde hizo abrir
Guzmán Blanco el nuevo cementerio, en las llamadas Tierras
de Jugo.
El médico de Duarte, Federico Tejera, excelente clínico,
era miembro de la familia. Fue hijo de Miguel de Tejera de la
Mota y de Francisca Rodríguez. Viuda doña Francisca contrajo matrimonio con Romualdo Duarte Villeta, hijo de Vicente
Celestino. De este enlace nació Matilde Duarte, progenitora del
tronco actual Ayala-Duarte, por su matrimonio con José Ayala.
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
519
El doctor Federico Tejera nació alrededor de 1843 y se graduó
en médico en 1866.
3. Acta civil de la defunción de Rosa Duarte
Juan B. Rodríguez hijo, industrial, declaró el 26 de octubre
de 1888, ante la Jefatura Civil de Santa Rosalía, que la adulta
Rosa Duarte había fallecido el día 25 a las 10 de la mañana en la
casa número 129 de la calle Sur 1, o sea entre las popularmente
llamadas esquinas de Santa Rosalía y Candilito. La muerte ocurrió a causa de la disentería, según certificado del citado doctor
Tejera, y la sorprendió a los sesenta y un años de edad.
Aún no sabemos quién fuera Juan B. Rodríguez, como tampoco quién fuera el señor Vegas que intervino en la declaratoria
de defunción del general Duarte. La casa mortuoria de Rosa se
conserva tal como ella debió ser puesto que a todas veras no ha
sido modificada en gran manera. Pero es bueno advertir que
actualmente son cuatro casas señaladas con el mismo número:
129, 129-1, 129-2, 129-3. Como ya la nomenclatura oficial de las
calles y la numeración de las casas estaban dadas para la fecha
de la muerte de Rosa, cabe sospechar que la casa mortuoria era
la 129, sin número adicional.
La edad que se apunta en el documento no resulta cierta,
puesto que si la Rosa difunta es la misma Rosa Protomártir que
nació el 27 de junio de 1820, murió en realidad de 68 años, 3
meses y 27 días.
Copia del acta de defunción
en Apuntes de Rosa Duarte…, vol. I, del I. D., p. 18).
4. Acta de la inhumación del cadáver de Rosa Duarte
El enterramiento de Rosa Duarte tuvo lugar en el
Cementerio General del Sur el día 26 de octubre a las seis de la
520 Carlos Larrazábal Blanco
tarde; estuvo, pues, de cuerpo presente alrededor de 32 horas.
Parece que era costumbre de la época verificar las inhumaciones
tardíamente.
El lugar del enterramiento fue el segundo cuartel del 77,
fosa número 1,428, dato de interés para poder dar con el sitio,
aunque la tumba ya está perdida y perdidos los restos mortales.
¡Lástima grande!
Copia del acta de inhumación
en Apuntes de Rosa Duarte…, vol. I, del I. D., p. 8.
5. Acta civil de la defunción de Manuel Duarte
Ante el general Jesús Irady Rivas, jefe civil de la parroquia
de Santa Rosalía, compareció Antonio Vera el 8 de agosto de
1890 y declaró que a las nueve de la mañana de ese día había fallecido en el Rincón del Valle, Manuel Duarte, natural de Santo
Domingo, de 65 años de edad, soltero, a consecuencia de mal de
Bright, según certificado del doctor Ramón Alejandro Ramos.
Había dejado bienes de fortuna.
En este caso la edad verdadera. Nació en 1826 y fue bautizado el 8 de agosto, y si el día de su nacimiento es este mismo,
como asienta Coiscou Henríquez, murió el mismo día que cumplió los 64 años.
El Rincón del Valle era un sitio foráneo de Caracas, pero hoy
forma cuerpo con la extensa ciudad en continuo crecimiento.
Esta designación está ya un poco desvaída por las nominaciones
El Peaje, Cementerio, Prado de María, vecindarios ubicados en
lo que antes se llamaba Rincón del Valle. La casa mortuoria existe todavía, a la entrada de la calle que conduce al cementerio.
Quizás si fue esta casa de su propiedad.
El doctor Ramos fue otro excelente médico de Caracas. Se
graduó en 1847 y fue catedrático de la Universidad. Fue hijo de
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
521
José Luis Ramos y Carmen Muñoz, y había nacido alrededor de
1824.
Manuel Duarte fue enterrado en el Cementerio del Sur en
el mismo sitio en que lo fue su hermana Rosa, «2º cuartel del
77». No se transcribe la copia del acta de inhumación por contener ningún dato nuevo.
Copia del acta de defunción en Apuntes de Rosa Duarte…,
vol. I del Instituto Duartiano, p. 37.
Boletín del Instituto Duartiano, Año IV, No. 8
(enero-diciembre de 1972).
Archivo de Duarte
Edición y notas de Carlos Larrazábal Blanco
Introducción
E
l llamado Archivo de Duarte está constituido por una colección de manuscritos e impresos conservados por el Padre
de la Patria, y después de su muerte, por sus hermanas Rosa y
Francisca.
Son pocos los documentos que han llegado hasta nosotros.
Faltan papeles que forzosamente debieron haber estado en
poder de Duarte por haber sido a él dirigidos o referirse a él,
así como faltan copias o borradores de documentos públicos u
oficiales que escribió o cartas particulares que dirigió. Pero es
conocida la suerte de los papeles dentro de gavetas o de cajas, a
merced de los azares hogareños.
Los papeles están bastante bien conservados en su mayoría y salvo las improntas normales del tiempo alguno que otro
trasluce que sufrió las consecuencias de algún traspapelamiento
inoportuno, o que anduvo muy a mano.
Luego, si nos vemos de improviso en la necesidad de tomar
algún apunte o hacer algún cálculo, con facilidad echamos manos al primer papel que se nos presente, sea el que fuera, escrito
o en blanco, impreso o manuscrito. Así pasó, como veremos más
adelante, a Duarte y a sus hermanas. Algunos papeles fueron
usados para estos fines.
525
526 Carlos Larrazábal Blanco
El único apunte que tiene valor de acotación intencionada está hecho con letra de Rosa en su impreso que no publicamos por muy conocido, la declaratoria de guerra a Haití.
Entre las firmas de los miembros de la Junta Gubernativa que
calzan al pie del célebre decreto la última es: J. P. Duarte. Rosa,
andando una vez en los papeles del hermano, se tropezó con
este, quizá lo contempló, lo leyó una vez más, y al terminar vio
el nombre de su hermano, ¡el último! No pudo soportar, en
un rapto de indignación y de amor, amargada por el acíbar del
exilio y de los ideales muertos, tomó la pluma y escribió «en
vano los protervos lo ponen el último; la justicia y el orden dicen fue,
es y será el primero».
***
Rosa es la personificación de dos amores, el de hermano
y el de Patria. Y llegan casi a fundirse. Para ella la Patria es
Juan Pablo y Juan Pablo es la Patria, pero no la Patria real,
sino aquella que soñó el hermano, a veces con visión de novia
impoluta.
En poder estos documentos de Rosa y Francisca Duarte fueron solicitados por el doctor Santiago Ponce de León, ilustrado
venezolano que aquí en Santo Domingo vivió muchos años,
fundó familia y murió, el cual parece tenía pensado escribir una
historia de la República. Las hermanas accedieron a la súplica,
y por medio del doctor Manuel Antonio Diez, primo hermano
de los Duarte, entregaron el archivo, no sin antes haber hecho
un inventario, del cual hicieron copia en fecha 15 de enero de
1883.1
Los documentos no fueron devueltos con la prontitud que
las hermanas hubieran deseado, así fue que en fecha 21 de abril
de 1888 escribieron a don Federico Henríquez y Carvajal para
que reclamara del citado doctor Ponce los venerados papeles
He aquí la lista de los documentos entregados por el doctor Ponce, sacada
de la que hicieran las hermanas Duarte y publicó don Emilio Tejera en Clío,
1936. Se conserva en el mismo orden que allí aparece.
1
Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos
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que reposaban en su poder. El doctor Henríquez llenó su cometido y el tesoro de estos papeles, desde entonces, está en poder
del maestro bajo la llave avara de su puro duartismo.2
Carta de las hermanas de Duarte a don Federico Henríquez y Carvajal:
2
Caracas, 21 de abril de 1888.
Señor
Don Federico Henríquez y Carvajal
Santo Domingo.
Estimado amigo de toda nuestra consideración:
Interesándonos sobremanera recuperar una serie de documentos originales, relativos a la vida militar y política de nuestro finado hermano general Juan
Pablo Duarte, fundador de la Independencia Dominicana, que entregamos en
esta capital, en calidad de préstamo al señor doctor Santiago Ponce de León en
su último viaje que hizo a Venezuela y los cuales reposan en su poder no obstante haberle escrito dos cartas a esa ciudad, con el fin de que nos los devuelva,
no habiendo recibido ninguna contesta de ellas.
Esto nos pone en el caso de molestar a usted autorizándole suficientemente
la presente para que pueda reclamar, en nuestro nombre, del señor doctor
Santiago Ponce de León los originales de que hemos hecho referencia y al
efecto le adjuntamos una nómina o relación de ellas.
Dándole previamente las gracias por este servicio que agradeceremos altamente nos suscribimos de usted atentas, seguras servidoras y amigas,
Rosa y Francisca Duarte
Nómina de los documentos entregados al doctor Ponce de León
1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. Poderes dados en Puerto Príncipe al general Riviére por el Gobierno
Provisional, 7 de abril de 1843.
Circular del Comité Popular de Puerto Príncipe a los habitantes del
Seibo, 20 de marzo de 1843.
Carta Credencial y orden de ruta expedida por la Junta Popular de
Santo Domingo al ciudadano Juan Pablo Duarte, para instalar Juntas
populares en el Este, 5 y 7 de abril de 1843.
Acta de instalación de la Junta Popular de Bayaguana por el comisionado al efecto don Juan Pablo Duarte, 25 de abril de 1843.
Carta de Vicente Celestino Duarte y Francisco del Rosario Sánchez para
Juan Pablo Duarte, en Caracas, Santo Domingo, 15 de noviembre de
1843.
Carta de Tomás y Jacinto de la Concha al señor Juan Pablo Duarte, en
Caracas, Santo Domingo, 15 de noviembre de 1843.
Dos cartas de Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandro Pina al señor Juan
Pablo Duarte en Caracas. Una de ellas es para Prudencio Diez. Curazao,
27 de noviembre de 1843.
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A la verdad lo que existe no es sino una parte de lo que fue
un más copioso archivo. Un vacío grande y de importancia lo
constituye el período de La Trinitaria: nada existe respecto de
8. Llamamiento de la Junta Central Gubernativa de Santo Domingo
a Juan Pablo Duarte, Pedro Alejandro Pina y Juan Isidro Pérez, en
Curazao, 2 de marzo de 1844.
9. Carta de Silvano Pujol a Juan Pablo Duarte, Pedro Alejandro Pina y
Juan Isidro Pérez en Curazao, Santo Domingo, marzo de 1844.
10. Comunicación de la Junta Central Gubernativa donde se dispone que
el general Juan Pablo Duarte preste sus servicios al Ejército del Sur
(Baní). Santo Domingo, 21 de marzo de 1844.
11. Comunicación de la Junta Central Gubernativa al general Juan Pablo
Duarte donde se dispone se retire de Baní con su estado mayor. Santo
Domingo, 4 de abril de 1844.
12. Oficio de la Junta Central Gubernativa al general Juan Pablo Duarte
donde le responde de su ofrecimiento de ir a Santiago a prestar servicios
a la Patria. Santo Domingo, 13 de mayo de 1844.
13. Carta del general José María Imbert a la Junta Gubernativa donde participa lo ocurrido el 30 de marzo de 1844. Santiago, 5 de abril de 1844.
14. Cuenta que presenta el general Juan Pablo Duarte a la Junta Central
Gubernativa de los gastos en el ejército de su mando, en la expedición
de Baní.
15. Decreto de la Junta Central Gubernativa que declara la guerra a los haitianos. Santo Domingo, 19 de abril de 1844.
16. Solicitud de recompensas por la Oficialidad del Ejército para los generales Duarte, Mella, Sánchez y Villanueva. Santo Domingo, 11 de mayo de
1844.
17. Petición de retiro del sargento primero Federico María Leyba. Santo
Domingo, 7 de junio de 1844.
18. Petición de exoneración del mando al general José María Imbert. Por
una representación del Cibao a la Junta Gubernativa. Santo Domingo,
19 de junio de 1844.
19. Credencial expedido por la Junta Central Gubernativa al general Juan
Pablo Duarte como su comisionado al Cibao. Santo Domingo, 15 de
junio de 1844.
20. Comunicación de los delegados en el Cibao Pedro Ramón Mena y
Domingo de la Rocha al general Juan Pablo Duarte. Santiago, julio 1 de
1844.
21. Inventario del archivo de la delegación Mena y Rocha. Santiago, julio 5
de 1844.
22. Comunicación del general Francisco Antonio Salcedo al teniente coronel Manuel Mejía, comandante de La Vega.
23. Representación de los pueblos del Cibao a la Junta Central Gubernativa
con el objeto de que se reconociera en la parte Sur al general Juan Pablo
Duarte como presidente de la República. Santo Domingo, 24 de julio de
1844.
24. Pasaportes expedidos por el dictador Santana y Bobadilla al general Juan
Pablo Duarte y a su madre con toda su familia.
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esta época trascendente. Pero a pesar de escasos, estos papeles
son suficientes para seguir la vida del prócer, su personalidad y
su martirologio, así como la historia inicial de la República en
momentos culminantes. A través de ellos se ve al Padre de la
25. Convocatoria de la Comisión Militar por el general Juan Pablo Duarte. 1
de