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Teresa Blanch - Anna Gasol

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Teresa Blanch - Anna Gasol
Teresa Blanch - Anna Gasol
ilustrado por Patricia Geis
Teresa Blanch - Anna Gasol
ilustrado por Patricia Geis
Índice
© Del texto: 2014, Anna Gasol – Teresa Blanch
© Diseño e ilustración: 2014, Patricia Geis
© De esta edición: 2014, FDI World Dental Federation
Avenue Louis Casai 51
PO Box 3
1216 Genève-Cointrin
Switzerland
Efectos sonoros por www.freesfx.co.uk
Producción y desarrollo del libro electrónico y del audiolibro por Mediúscula S.L.
Coordinación editorial: Buildingbooks S.L.
Coordinación general: Apple Tree Communications S.L.
Primera edición: marzo 2014
ISBN: 978-2-9700934-4-2
Cualquier tipo de reproducción, distribución, comunicación pública
o transformación de esta obra queda rigurosamente prohibida y estará sometida
a las sanciones establecidas por la ley.
Prólogo
9
1 Agencia de detectives Mouse Mascarpone
11
2 Tooth Fairy y la A.R.D.L.
24
3 Los Duendecillos Detectores de Dientes
36
4Los Espíritus Cazadientes
45
5 El ungüento de la eterna juventud
56
Diez pasos para mejorar y proteger las Sonrisas
71
Saludables en el Día Mundial de la Salud Bucodental
Yaya Touré
Prólogo
Manchester City FC.
Como futbolista, todas las miradas del mundo están puestas sobre mí.
Se centran especialmente en mis pies, pero también se fijan en mi cara:
cuando aprieto los dientes en momentos de frustración o cuando sonrío
de oreja a oreja después de un gran partido. Y, cuando se fijan en mi
rostro, ven mis dientes: blancos, brillantes y sanos.
Selección Nacional
de Costa de Marfil.
Mejor jugador
africano del año
2011, 2012, 2013.
Cuido mucho mis dientes. Quiero mantener mi boca sana, así que cada
día dedico unos minutos a lavármelos a fondo. Es parte de mi rutina
diaria y me lo tomo muy en serio, ¡y tú también deberías hacerlo!
Tus dientes son muy valiosos. Una vez se han caído los de leche,
los nuevos tienen que durar toda la vida. Por este motivo, estoy muy
contento de apoyar a FDI World Dental Federation. A ellos les gustaría
ver bocas sanas en todo el mundo, igual que a mí.
El 20 de marzo es el Día Mundial de la Salud Bucodental, una
oportunidad para todos, no importa dónde vivas, ni tu género, ni tu edad
para celebrar sonrisas saludables. Con motivo de esta celebración, me
siento orgulloso de presentar este libro, hecho especialmente para ti.
Trata sobre los dientes de leche, un ladrón y un ratón muy listo. ¡Espero
que te guste y que no pares de sonreír!
Yaya Touré
8
9
1
Agencia de detectives Mouse Mascarpone
Cerrado
El señor Plum bostezó y se frotó los ojos por debajo de sus
gruesas gafas. Echó un vistazo al reloj de pulsera y salió de detrás
del mostrador.
–Por hoy es suficiente –se dijo–. ¡Hora de cerrar!
Así pues, colgó el cartel de cerrado en la puerta de Plum &
Cake , una de las pastelerías más concurridas de todo el condado.
Con paso lento se dirigió a la trastienda y subió las empinadas
escaleras que conducían a su vivienda en el piso superior.
10
11
–¡Cuida de la tienda,
en el apartamento.
CAKE ! –ordenó a su gato antes de entrar
CAKE abrió los ojos y se relamió los bigotes. Empezaba su
dura jornada de trabajo. Las farolas de la calle y el destello fugaz
de los faros de algún que otro coche alumbraban la tienda.
En el interior reinaba el silencio.
Un silencio que no iba a durar demasiado…
Toc toc toc
De un brinco, CAKE subió al escaparate
y se paseó entre los espléndidos pasteles
del señor Plum . ¿Qué era este ruido?
Toc toc toc
Sí, estaba seguro. Alguien golpeaba el cristal del escaparate.
CAKE escudriñó el gran vidrio con la mirada. ¡Entonces la
vio! Era Molly , el hada que vivía en el árbol del parque que se
encontraba enfrente de la pastelería. Naturalmente, los golpecitos
provenían de su varita mágica.
CAKE la observó con curiosidad. Molly se sostenía en el aire
moviendo incansablemente sus finas alitas, mientras gesticulaba
con las manos.
Toc toc toc
12
13
Golpeó de nuevo con más fuerza. Pero esta vez miró a
fijamente a los ojos y sus labios indicaron con claridad:
Cake
–¡Á-BRE-ME!
El gato negó con la cabeza. Tal gesto enfureció al hada que agitó
inútilmente su varita mágica. Era como si la varita solamente
sirviera para golpear el cristal.
Un ruido en uno de los estantes de
la pastelería hizo volver la cabeza a Cake
que saltó al suelo de inmediato.
una voz.
–exclamó
14
Mascarpone, el gran detective roedor, acababa de salir
de su ratonera y se disponía a encaramarse al mostrador
de la tienda. Mientras, el hada continuaba infatigable
gesticulando frente al escaparate en su intento por llamar
la atención de CAKE para que la dejara entrar. Algo inútil
por el momento porque el gato estaba al acecho, concentrado
en su presa. Esta noche Mascarpone no se le iba a escapar.
1, 2, 3, CAKE saltó sobre el ratón, lo agarró entre
sus zarpas y lo levantó por la cola.
–¡Bájame! –ordenó Mascarpone.
Cake , satisfecho, se tumbó
panza arriba y comenzó a
columpiar al ratón por encima
de su boca abierta.
15
Del exterior llegó un chillido aterrador. Sobresaltó
de tal manera a CAKE que Mascarpone acabó de bruces en el
suelo.
–¡Casi me rompo un diente! –exclamó el ratón que tenía
la impresión de que se le movía uno–. Déjate de juegos y ayuda a
entrar a Molly .
Con ojos lastimeros, CAKE empujó la puerta de la gatera con
una de sus patas para dejar paso al hada.
–¡Ya era hora! Me habéis dado un susto
de muerte… ¡Pensaba que iba a devorarte!
–exclamó Molly mirando a Mascarpone.
El gato se relamió los bigotes y asintió. Molly tuvo la
sensación de que Cake no era del todo sincero.
–Tenemos que hablar –prosiguió el hada.
–¡Claro! –asintió Mascarpone–. Dime…
–Aquí no… –Molly señaló a
detective–. No me fío de él.
Cake y luego susurró al oído del
El gato permanecía tumbado con las orejas totalmente erguidas.
Así pues, el ratón y el hada subieron a un estante y
desaparecieron por el agujero que había detrás de una vieja caja
de galletas de latón, hasta el despacho de Mascarpone.
–Solo jugaba –explicó
el ratón–. ¿Verdad, Cake ?
16
17
–Veamos –dijo Mascarpone, una vez que estuvieron dentro.
–He recibido un correo urgente de mi prima Tooth Fairy .
–comenzó el hada–. Se encuentra en un grave aprieto y nos
pide ayuda. Tooth ha sido elegida presidenta de la A.R.D.L. y…
-¿A.R.D.L.? –preguntó Mascarpone.
–La Asociación de Recolectores
–explicó Molly –. Ya sabes…
de Dientes de Leche
Mascarpone negó con la cabeza.
–La A.R.D.L. está formada por personajes muy importantes
y poderosos. Son los responsables de recolectar los primeros
dientes de leche que les caen a los niños y las niñas del mundo
–explicó Molly .
–¿Y qué hacen con los dientes? –se interesó Mascarpone.
–Los guardan en frascos especiales, los etiquetan con el
nombre del propietario y la fecha de la caída y los depositan
en el Gran Almacén –susurró Molly mirando a ambos lados,
temerosa de que pudieran oírla–. Nadie sabe a ciencia cierta
dónde se encuentra ese lugar.
–¿Cómo? ¿Nunca se te ha caído un diente? –Molly no
podía creerlo.
–Creo que después del porrazo de hoy, se me caerá uno…
–respondió–. Por lo pronto, tendrás que ponerme al día sobre esa
Asociación.
18
19
–¿Y en qué podemos ayudar nosotros?
–Verás… Como te decía, me ha escrito mi prima. Desde hace
una semana, están ocurriendo cosas extrañas. Cuando un miembro
de la Asociación acude a su tradicional cita de recogida de
dientes de leche, ¡se da con un canto en los dientes!
Mascarpone se
incorporó en su butaca y
abrió los ojos de par en par:
–Que no hay ni rastro
de dientes… –Molly tragó
saliva–. Es como si alguien
se les adelantara y se los
llevara. Los miembros
de la Asociación están
desconcertados.
–¿Por qué tendrían
que llevárselos? –insinuó
Mascarpone.
20
Molly se encogió de hombros.
–Eso es lo que tenemos que averiguar. La cúpula de la
A.R.D.L. cree que eres el único detective capaz de resolver el
caso… –Molly se sonrojó y añadió–: Con mi inestimable ayuda,
claro.
El hada zarandeó la varita mágica para dar un golpe de efecto
a sus palabras con un chorro de estrellitas de colores, pero en su
lugar apareció un
.
sapo
–¡Vuelvo a tenerla
estropeada! –masculló
Molly , agitó de nuevo
la varita en dirección al
sapo, pero escapó por la
puerta y se plantó sobre el
mostrador–. ¿Qué propones
que hagamos?
21
Mascarpone estaba en pie preparando sus enseres de
detective en una mochila.
–Partir de inmediato –aseguró Mascarpone.
–Me refiero al sapo –insistió el hada, pero su amigo ya estaba
cruzando el umbral de la puerta de la ratonera y se dirigía decidido
hacia la gatera de la tienda.
–Al número 1 de Seam Avenue, por favor –solicitó Molly .
El trayecto era largo. El Taxi suspiró y picoteó unos restos de
pan del suelo. Luego reculó y tomó carrerilla hasta conseguir
elevarse.
Cake con el pobre sapo entre sus garras, los vio alejarse
sobre las copas de los árboles del parque.
–Cake, abre la puerta –ordenó al gato que estaba distraído
observando al pobre sapo.
-¡Espérame! –exclamó el hada, no sin antes
probar la varita–.
Sapo, sapito, conviértete en… en…
Pero al ver al ratón desaparecer detrás del vaivén de la gatera,
corrió tras él.
–¿La señora
Tooth te ha dicho adónde tenemos que ir?
Molly asintió. Silbó con todas sus fuerzas y al cabo de unos
segundos, aterrizaba frente a ellos un Taxi Paloma.
22
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Tooth Fairy los reconoció enseguida y se apresuró a abrir la
puerta trasera haciéndoles señas para que se acercaran.
–¡Tooth! –exclamó Molly dando vueltas alrededor del ratón.
2
Tooth Fairy y la A.R.D.L.
Tooth Fairy vivía en Thread Button, una tiendecita de hilos
y botones poco frecuentada. Era bien entrada la noche cuando
escuchó unos susurros en la calle. El hada corrió discretamente
el visillo de la ventana y miró al exterior. En medio
de la penumbra de la callejuela descubrió dos
siluetas que descendían de un Taxi.
–¿Estás segura de que vive en Londres?
–¡Claro! –Molly no tenía la menor duda. Había
pasado parte de su infancia en aquel lugar.
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–¿Quieres parar quieta? –pidió Mascarpone, algo
mareado después del vuelo.
Cuando estuvieron frente a Tooth Fairy, Mascarpone la
observó con curiosidad. Tenía cierto parecido con Molly , pero
parecía mayor y se la veía preocupada.
–¡Cuánto tiempo sin verte, querida! Tooth Fairy abrazó a su
prima y luego saludó al ratón–. Pasad, por favor. Os estábamos
esperando.
–¿Quiénes? –preguntó Mascarpone al darse
cuenta de que hablaba en plural.
–Ni idea –aseguró Molly pensativa.
Efectivamente, el hada no estaba sola. Lo
comprobaron en el instante en que entraron en el salón.
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–Tomad asiento –solicitó
Tooth Fairy y se dirigió
al detective y a Molly –. Os
presentaré a algunos de mis
colegas y miembros de la
A.R.D.L. Los mellizos italianos Topolino y Topino,
acompañados de su prima Fatina . A su lado, RATONCITO
PÉrez , responsable de una gran parte de los países
hispanohablantes y Ratón de los dientes, encargado de México,
Chile y Perú. La que está sentada en el taburete es LA PetitE
Souris, llegada de Francia. Y el hada de las trenzas es
,
recién incorporada a nuestra asociación. Por cierto
,
¿de dónde has dicho que vienes?
Bettina
Bettina
Bettina .
LA PetitE Souris se frotó la punta de la nariz llamando la
atención de
–preguntó el hada de las trenzas.
–Tienes una pequeña mancha de barro en la punta de la nariz
–dijo LA PetitE Souris .
–¡Oh, vaya! –exclamó
Bettina sonrojándose.
–¡Oh!… ¡Qué más da! Lo importante es que haga bien mi
trabajo, ¿verdad? ¡Ja, ja, ja! –el hada estalló en una sonora
carcajada ante la mirada perpleja de los presentes, y prosiguió–:
Me encargo de coordinar a las Tooth Fairy Dreams, las pequeñas
hadas que entran en los sueños de los niños y las niñas. Me
advierten de cuando se mueven los dientes y además las instruyo
para que transmitan en sueños la importancia de una buena
higiene bucal.
26
27
Tooth Fairy , con semblante serio, apretó el botón de un
mando a distancia. En una de las paredes del salón se proyectó la
imagen de un almacén repleto de estantes con frascos de cristal
perfectamente alineados y ordenados.
–El Gran Almacén –señaló Tooth Fairy –. Situado en
un lugar secreto del cual solamente conocemos su localización
algunos de los aquí presentes.
–¡A mí me encantaría saberlo! –suspiró
lugar tan interesante…
Bettina –. Es un
–Todo a su debido tiempo, querida –dijo
Hace poco que has empezado.
Tooth Fairy –.
Y por tanto, en el almacén, no hay nuevas entradas de dientes.
Los frascos llegan debidamente etiquetados, aunque sin dientes.
Se han dado casos en Oceanía, Europa y América –a Tooth Fairy
se le llenaron los ojos de lágrimas antes de continuar–. Es urgente
descubrir qué está sucediendo para que no desaparezcan más
dientes.
Topolino tomó el relevo:
–Supongo que sabéis que
nuestro trabajo consiste en
llevarnos los dientes que se les
caen a los niños y las niñas…
Mascarpone se puso en pie para observar detenidamente
aquel montón de frascos. Efectivamente, como le había explicado
su ayudante Molly , cada uno llevaba en la etiqueta un nombre y
una fecha.
–La razón por la que os hemos llamado es la siguiente: desde
hace una semana, desaparecen los dientes de los niños y las niñas.
28
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–Aunque la tradición no es la misma en todas partes
–apostilló Tooth Fairy suspirando–. En algunos países de
África, por ejemplo, se baila con los dientes y se tiran al suelo
o se envuelven en grasa de oveja para que los nuevos salgan
más fuertes. Y nuestros Duendecillos Detectores
de Dientes se encargan de recuperarlos y los mandan al
Gran Almacén.
Mascarpone movió los bigotes. Era un gesto que lo
caracterizaba cuando estaba concentrado.
–Interesante… –masculló Mascarpone.
–Resolveremos el
misterio –aseguró Molly .
Bettina
Los miembros de la A.R.D.L. aplaudieron entusiasmados.
La única que no dio muestras de alegría fue
, detalle
que no pasó desapercibido a Mascarpone.
–Pero en Europa
los niños depositan los
dientes debajo de la
almohada y les dejamos
un regalo –continuó
Topolino.
En ese instante, sonaron unos
pitidos que los sobresaltaron.
Todos sacaron sus localizadores
y leyeron las pantallas.
–En América
también… –el Ratón
de los dientes, que
hasta entonces había
permanecido en silencio,
también quiso aportar
su granito de arena.
–Disculpad –dijo
Ratoncito Pérez –. Son
avisos de dientes caídos en las
zonas de mi responsabilidad.
Debo irme, el trabajo me
reclama.
30
31
–¡Perfecto! –exclamó Mascarpone. Era la
ocasión ideal para empezar a buscar pistas–. Vamos contigo.
–¿Veis? ¡El diente! ¡No está! –advirtió desesperado.
–Entonces, seguidme –dijo Pérez y salió a la calle donde lo
esperaba su gaviotaspeed–. ¡Subid y ajustaros los cinturones!
–Dame la lupa –ordenó Mascarpone a su ayudante.
–¿Y si son los propios niños los que esconden los
dientes? –sugirió Molly –. A veces son algo traviesos.
Algo más tarde, aparecieron en el interior de una habitación
en la que un niño dormía plácidamente.
–¿Romperían la magia de tan importante acontecimiento?
–intervino Pérez negando con la cabeza–. ¡Imposible!
–No hagáis ruido –susurró Pérez –. El diente debería
estar debajo de la almohada.
Mascarpone escudriñó la habitación ayudado por la luz
que emitía la varita de Molly .
–¡Aquí huele a calcetín viejo y a huevo podrido! –comentó
Molly .
–¡Ssshhh! –exclamó el detective con los ojos clavados en los
movimientos de Ratoncito .
En ese instante, Pérez palideció.
–¿Qué pasa? –preguntó Molly .
32
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–Daos prisa –advirtió Pérez , mientras depositaba una
moneda debajo de la almohada–. Debemos ir a otra casa.
–¡Cáspita! –exclamó de repente el hada–. Menudo
pie tiene este niño ¡Fijaos en las huellas de barro que llegan hasta
su cama!
–Mmm… –Mascarpone las miró con detenimiento. Luego
sacó su cámara e hizo una foto–. Esas huellas no pertenecen a un
niño. Más bien me recuerdan a las de…
Sobre la funda de la almohada había más huellas, esta vez
de dedos… ¡también enormes!
–¡Nos vamos! –exclamó Pérez .
Mascarpone y Molly subieron a la gaviotaspeed, no sin
antes sacar otra instantánea de las huellas de la almohada, y
acompañaron a Pérez a una nueva casa.
Pérez lo interrumpió:
–¡Se nos acaba el tiempo!
Rápidamente, Mascarpone se dirigió
hacia la cama.
–¡Alumbra aquí, Molly !
34
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–Pronto amanecerá –lo interrumpió
a casa a descansar.
Bettina –. Debo irme
El resto de asistentes a la reunión también se despidieron y
uno tras otro abandonaron Thread Button cabizbajos para regresar
a sus hogares.
3
Los Duendecillos Detectores de Dientes
El detective los vio alejarse, oculto tras el visillo de la
ventana, luego se volvió hacia Tooth Fairy :
–Hemos encontrado huellas por todas partes.
–¿Y bien? –quiso saber Tooth Fairy cuando
regresaron.
–Nada –respondió Pérez –. Ni un solo diente.
Un murmullo de
recorrió el salón del hada.
–De todas formas, tenemos una prueba que quizá…
–comenzó a decir Mascarpone.
36
–¿Huellas? ¿Qué tipo de huellas? –Tooth
sorprendida.
–De b a r r o –se
adelantó Molly –. ¡Y todas las
habitaciones en las que hemos
estado olían
!
FATAL
Mascarpone sacó
la cámara y mostró las
instantáneas al hada.
37
Fairy parecía
–¡C
qui
ual
era d i r í a q u
e es
!
u n g i g a n t e –exclamó
Tooth Fairy.
Mascarpone asintió.
–De momento, es lo único que tenemos –dijo entre bostezos
y decidió que era hora de acostarse un rato– y suponemos que su
propietario es el encargado de llevarse los dientes.
Bettina
Cuando por fin se durmió,
se le apareció en
sueños. Pero no se parecía a la dulce hada que acababa de
conocer. Había algo malicioso en su mirada y le susurraba al
oído.
–No olvides ese olor fétido que deja a su paso –insistió
Molly , pero el detective ya se había tumbado en el sofá y había
cerrado los ojos.
Mascarpone se
incorporó sobresaltado.
–¿Qué sucede?
Tooth Fairy y Molly
permanecieron en el salón
tomando zarzaparrilla y galletas
hasta el amanecer. ¡Tenían tantas
cosas que contarse!
Molly y Tooth Fairy
estaban de pie frente a él.
–Nos vamos –dijeron–.
Los Duendecillos
Detectores de
Dientes han pedido que
acudamos en su ayuda.
Mientras, Mascarpone no
dejaba de darle vueltas al caso
de la desaparición de los dientes
de leche. Había algo que no
encajaba… ¿qué era?
38
39
Dicho esto, Tooth Fairy agitó la varita y sin darle tiempo a
reaccionar, los tres comenzaron a dar vueltas y más vueltas, como
si fueran peonzas, hasta desaparecer y llegar a…
-¡África! –exclamó Tooth Fairy.
Mascarpone cayó desplomado al suelo:
-Sí… –se lamentó el duendecillo.
–¿No podría ser que vuestros detectores no funcionen?
–intervino Molly .
–¡Ah, no! Son muy eficaces –respondió otro duendecillo
algo ofendido por la pregunta.
–¡Menudo mareo!
Molly sonrió.
–¡Oh, no! ¡No me digas que la desaparición de dientes se
ha extendido! –Tooth Fairy se temía lo peor.
Estaban en el interior de una
especie de habitáculo de dimensiones
reducidas, rodeados de una
cincuentena de duendecillos que
los observaban sin apenas pestañear.
–¿Dónde ha sucedido exactamente? –se interesó Mascarpone.
–¡Por fin! –exclamó uno
de ellos que se proclamó portavoz
con un frasco de cristal vacío en las
manos–. Si te cuento qué ha ocurrido,
Tooth ...
40
41
–En todo el continente –aseguró el duendecillo portavoz.
–En mi zona –un duendecillo de ojos verdes se puso en
pie–, los niños y las niñas danzan alrededor de unos círculos que
trazan con los dientes y con unas piedras en el puño piden que los
nuevos dientes crezcan rectos.
Otro de los duendecillos pidió la palabra:
–¡Sí! –dijeron todos los duendecillos a la vez–. Unas
huellas ENORMES .
–¿Huellas de
barro
de un tamaño fuera de lo común?
Todos asintieron.
Mascarpone y Molly intercambiaron una mirada de
complicidad.
–En la mía, los entierran bajo la arena para que los lagartos no
los encuentren.
Los duendecillos comenzaron a alborotarse. Todos
querían dar su opinión y explicar la tradición de la zona que tenían
a su cargo.
–¡Silencio! –intervino Tooth Fairy–. Sé que todos
queréis intervenir, pero debéis hacerlo con un poco de orden.
Los bigotes de Mascarpone comenzaron a moverse
nerviosamente.
–quiso saber.
42
43
–Está bien –prosiguió Tooth Fairy –. Por el momento,
actuaremos con total normalidad. Ya sabéis, en cuanto recibáis un
aviso en el localizador, iréis a por el diente. Recordad etiquetar
los frascos, como habéis hecho hasta ahora. Mientras, el señor
Mascarpone y Molly se afanarán por descubrir al ladrón.
Tooth Fairy se volvió hacia el detective:
–Porque, ya podemos hablar de un ladrón de dientes, ¿verdad?
Mascarpone asintió. Los duendes comenzaron a
dispersarse y desaparecieron con paso lento y cansado.
Sin embargo, las malas noticias todavía no habían llegado a
su fin. El localizador de Tooth Fairy no dejaba de quejarse y
recibía miles de mensajes de sus ayudantes de todo el mundo.
Asia
–Los problemas crecen, ¡
nos espera! –decidió
Tooth Fairy y levantó su varita para iniciar un nuevo viaje.
4
Los Espíritus Cazadientes
–se quejaban los
Espíritus Cazadientes sin dejar de mencionar la extraña aparición
de unas huellas gigantes.
En esta ocasión, por respeto a los Espíritus , los participantes
en la reunión permanecieron suspendidos en el aire, mientras las
dos hadas agarraban a Mascarpone de las patas delanteras,
puesto que no tenía poderes para volar.
–Me quedaría más tranquilo si pudiera mantener las patas en
el suelo –se lamentó el ratón.
44
45
–Van ataviados con unas redes unidas a unos largos palos que
les permiten cazar los dientes al vuelo –explicó Tooth Fairy .
Asia
–En esta zona de
, los niños y las niñas tienen la
costumbre de lanzarlos al aire –explicó uno de los Espíritus .
–Si se les cae un diente de la mandíbula superior, lo lanzan
hacia abajo –prosiguió otro espíritu .
–Pero si es de la mandíbula inferior –dijo otro–, tiran el diente
hacia arriba.
–Acabarías con tortícolis de tanto mirar hacia arriba –advirtió
Molly .
–Si bajáramos todos, no habría problema. No estoy nada
cómodo –insistió.
–¡Oh, imposible! Los Espíritus
al suelo –explicó el hada.
Cazadientes jamás descienden
–Es para que los nuevos dientes crezcan fuertes y sanos
–terminó de explicar Tooth Fairy .
–Todo eso me parece muy interesante, pero… –Mascarpone
estaba completamente pálido–. ¡No soporto las alturas!
Las dos hadas descendieron y cumplieron su deseo. Una vez
en tierra firme, el detective respiró aliviado.
–¿Y cómo recogen los dientes? –quiso saber Mascarpone.
46
47
–Bien… Si algo está claro, es que el ladrón tiene una gran
facilidad para trasladarse de un continente a otro –reflexionó el
detective–. Su rapidez me asombra en gran manera.
Los localizadores de los Espíritus no dejaban de sonar.
El detective no les quitaba ojo.
–Y hay otra cosa que no acabo de entender… –continuó
Mascarpone–. ¿Cómo se sabe cuándo cae un diente y dónde
hay que ir?
–Con un terminal de
localizador –sentenció
Tooth Fairy .
–Es completamente imposible. Solo los miembros de
la A.R.D.L. y nuestros ayudantes poseen un terminal. Es la
única manera de estar en contacto y saber exactamente donde
hay niños y niñas a los que hay que recoger los dientes.
Los bigotes de Mascarpone se movían a una velocidad
tremenda. Hizo un gesto a Molly para que se le acercara.
–Me temo que el ladrón de dientes tiene un contacto
dentro de la A.R.D.L. que le pasa las informaciones
–susurró.
–¿Estás seguro? –Molly no daba crédito a sus oídos.
–Sí. Pero de momento, ni una palabra a tu prima.
Molly abrió los ojos
de par en par:
Los Espíritus Cazadientes se habían dispersado. Tooth
Fairy parecía agotada. Lo cierto es que las dos hadas no
habían tenido tiempo ni de echar una cabezadita.
–¡Eso significa que
el ladrón posee uno!
–exclamó–. ¿Cómo lo
habrá conseguido?
–Tendríamos que regresar a Seam Avenue –propuso
el hada–. Nos irá bien descansar un poco.
48
49
–Esto… –la idea de viajar según la magia de las hadas le hizo
erizar la piel–. ¿No podríamos regresar en un medio de transporte
más… ejem… más tranquilo?
–No hay nada más eficaz que la magia de nuestras varitas
–aseguró Tooth Fairy –. Esta vez, podemos utilizar la tuya,
querida.
–¡Quizá en otra
ocasión! –exclamó Molly ,
mostrándosela–. Últimamente
me da algunos quebraderos de
cabeza.
–Veo que es de lo más
fashion –observó el hada–.
Estas varitas modernas tienen
que recargarse cada día, de lo
contrario… ¡pueden llegar a
provocar desastres
increíbles! En este aspecto
soy muy clásica, prefiero las
varitas de toda la vida.
50
Mientras conversaban, antes de que el detective pudiera decir
esta boca es mía, las dos hadas lo agarraron de nuevo por las
patas delanteras y comenzaron a dar vueltas y más vueltas hasta
regresar a Thread Button. En el instante en que entraron dejaron
al mareado Mascarpone en la butaca orejera que había cerca
de la chimenea.
.
–¿Lo ves? –sonrió M o l l y –
. Un trayecto
–Voy a tumbarme un rato. Estoy agotada. No tengo fuerzas ni
para controlar los avisos que llegan al localizador. Lo único que
sé es que el Gran Almacén sigue llenándose de frascos vacíos.
–se disculpó Tooth Fairy y desapareció.
cortísimo
El detective aprovechó la ausencia del
hada para sacar las pruebas de su mochila.
Molly empezaba a caerse de sueño y
apenas podía mantener los ojos abiertos.
–No puedes dormirte ahora –advirtió
Mascarpone algo inquieto.
51
–¿Por qué?
–Tenemos trabajo –dijo el detective–. Las huellas que hemos
encontrado pueden pertenecer a un par de presuntos ladrones.
–¿Ah, sí? –el hada andaba algo perdida.
–¡Claro! Necesito que uses tu magia para
proyectar dos imágenes: la del Gigante
de las Montañas y la de Trol
Tristón.
El hada hizo lo que su amigo le pedía.
Agitó su varita en dirección a la pared y,
¡aparecieron corazones de colores!
–¡Glups! –Molly enrojeció avergonzada–.
Voy a intentarlo de nuevo.
Zarandeó de nuevo la varita y… ¡Allí
estaban! ¡Gigante y Trol!
–¡Qué interesante! –dijo Mascarpone
levantándose de la butaca.
52
–¡Brrr! Me entran escalofríos solo con ver a este par…
Mascarpone, ajeno a los comentarios de su ayudante,
señaló los zapatos de Gigante.
–¡Va calzado! ¡Por lo tanto, no es él! –en el rostro del ratón
se dibujó una sonrisa–. Las huellas coinciden con el pie de
Trol... Siempre sucio de barro. ¡Tenemos al ladrón!
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–¡Ya sabía yo que ese olor a calcetines viejos y huevos
podridos me recordaba a alguien! –dijo Molly entusiasmada.
Inesperadamente, Mascarpone acercó un dedo a sus labios
para indicar al hada que bajara la voz.
–¿Qué ocurre? –preguntó Molly sorprendida.
–No te muevas –susurró señalando hacia la ventana–. Tengo
la sensación de que nos observan.
Detrás de los cristales estaba Trol Tristón,
observando su propia imagen que Molly había proyectado en la
pared del salón. Al verse descubierto, dio media vuelta y corrió
avenida abajo. No se dio cuenta de que con las prisas había
olvidado algo muy
importante bajo la ventana,
¡un pesado saco repleto
de
de
leche! El trabajo de toda
una noche.
dientes
Molly tragó saliva.
Aquello empezaba a ponerse
.
peligroso
Mascarpone corrió
hacia la ventana y corrió
el visillo.
–¡ A a a a h h h !
–Molly ahogó un chillido.
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5
El ungüento de la eterna juventud
Trol Tristón había sido muy torpe. Molly
estaba entusiasmada y convencida de que el caso estaba resuelto.
–comentaba revoloteando
alrededor del salón. No sospechaba que el destino todavía les
deparaba alguna que otra s or p r es a .
–¿Trol Tristón? –exclamó el hada enojada
al saber la identidad del ladrón–. ¿Para qué querrá los dientes de
leche? ¡No tiene dos dedos de frente!
Cuando
a sus ojos.
Mascarpone permanecía en silencio, pensativo y
moviendo los bigotes pausadamente. Por fin, se decidió a hablar:
Tooth Fairy descubrió el saco, no podía dar crédito
–Es hora de reunir a los miembros de la
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A.R.D.L.
mandó un
mensaje a los miembros de la
Asociación y los convocó con
urgencia al 1 de Seam Avenue.
A medida que llegaban, iban
tomando asiento con expresión
de expectación en sus rostros.
La inesperada reunión los había
pillado por sorpresa. En esta
ocasión, Tooth Fairy también
mandó llamar al portavoz de los
Duendes Detectores de
Dientes y al representante
de los Espíritus Cazadientes .
Todos, sin excepción, acudieron
a la cita.
Tooth Fairy
–¿Podemos empezar?
–preguntó Tooth Fairy .
–Todavía falta alguien –advirtió Mascarpone que llevaba
la batuta esta vez.
Los asistentes se miraron con ojos interrogantes y un
murmullo se extendió por todo el salón. ¿Quién? ¿Quién?
–Disculpad… –dijo una voz tras ellos–. Llego tarde.
Bettina , el hada de las trenzas,
acababa de entrar en el salón. Se abrió paso,
sonriente, y se acercó a la ventana.
–Querida, no te preocupes –sonrió Tooth
Fairy –. Tenemos muy buenas noticias.
–¿Ah, sí? –la sonrisa pareció borrarse
de su rostro.
–Ya sabemos quién es el ladrón de
dientes –aclaró Mascarpone e hizo
una señal a Molly para que proyectara
la imagen en la pared.
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Los presentes dejaron escapar una exclamación de sorpresa.
Y para mayor golpe de efecto, Tooth Fairy vertió unos cuantos
dientes de leche sobre una mesa camilla del salón.
Sorprendimos a Trol espiándonos por la ventana
–aclaró Molly –. Al verse descubierto comenzó a correr y, con las
prisas, dejó olvidado su botín.
¡Zoquete! –gritó Bettina
–
con voz grave.
Todos se volvieron hacia ella.
–Perdón –se disculpó y tras carraspear,
recuperó su dulce voz–. Este Trol es
un patoso. Quiero decir… ¡menos mal que
tenemos al ladrón!
Mascarpone prosiguió:
Bettina
–Como muy bien dice
–y
le dirigió una mirada de complicidad–,
Trol Tristón es realmente
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patoso e incapaz de tomar decisiones. ¿Alguien de vosotros
lo cree capaz de cometer tan atroz fechoría por sí mismo?
–¡No! –exclamaron convencidos los miembros de la
–¡Claro que sí! –replicó
De nuevo, todos
Bettina ofendida.
A.R.D.L.
se volvieron hacia ella.
–Creo más bien –prosiguió Mascarpone– que alguien
pasaba información a Trol sobre dónde debía recoger los
dientes.
–¡No puede ser! –exclamó Ratoncito Pérez –. Sin un
localizador es imposible saberlo.
–¡Efectivamente! Trol sabía exactamente adónde ir
porque… –Mascarpone hizo una pausa y miró a Molly –,
alguien de la propia A.R.D.L. le daba la dirección.
–¿Estás diciendo que hay un topo dentro de nuestra
Asociación? –Tooth Fairy palideció.
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Bettina intentaba abrir la ventana. Le parecía que
la temperatura del salón había subido y que el calor era
insoportable.
–Necesito un poco de aire –dijo el hada de las trenzas en un
intento de salir.
Pero Mascarpone continuó, sin hacerle
caso.
–Uno de vosotros ha estado pasando
información a Trol. ¿Adivináis quién?
–el detective tomó aire–:
¡Bettina!
–¡Eso no es posible!—exclamó
observándola–. ¿Cómo…?
Tooth Fairy
Bettina
–¡Yo no huelo a eso! –se quejó
con voz grave–.
¡ Trol Tristón es quien huele mal! Le insistí en que
se aseara para no dejar rastro…
–Su extraña aparición en uno de mis sueños, su prisa
por marcharse, su falta de entusiasmo al vernos –continuó
Mascarpone–, señalaban a
como posible topo.
Además, es la única que baraja de primera mano la información
sobre la evolución de los dientes de los niños, incluso antes que
cualquiera de vosotros. De ahí que Trol siempre llegara antes
que nadie.
–Debo irme –insistió
nerviosa–. Es
la hora… Es la hora… Debo
descansar y…
Bettina
Bettina
–Ella misma me dio la primera pista –advirtió
el detective con una sonrisa–. Relacioné la
mancha de su nariz con el barro de las huellas…
–Pero, hay algo que
no acabo de entender
–se lamentó el detective
mirando a
–.
¿Por qué Trol tenía
ese afán por robar los
dientes de leche?
Bettina
–No olvides el pestazo a calcetines viejos
y huevos podridos –lo interrumpió Molly
satisfecha.
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El hada presentaba un aspecto lamentable. Su pelo trenzado
se volvía blanco por momentos y en el rostro comenzaban a
marcársele unas arrugas profundas. Su color de piel ahora era de
un amarillo verdoso y en su espalda aparecía una enorme joroba.
Bettina
–¡Los robaba para mí! ¡Con mi magia le hacía recorrer el
mundo en busca de dientes! –gruñó
totalmente
irreconocible–. Los dientes de leche triturados son un ungüento
perfecto para mantenerse eternamente joven. Hay que ponérselo
todos los días a la misma hora… ¡Y es la hora!
Bettina
Esas fueron las últimas
palabras de
, antes de
desintegrarse por completo.
Los miembros de la A.R.D.L.
permanecieron boquiabiertos
durante unos largos minutos.
Luego, decidieron olvidar el
incidente y poner manos a la
obra. Debían guardar los dientes
recuperados en sus respectivos
frascos.
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En cuanto a Trol Tristón, decidió regresar
en busca del saco de dientes, sin pensar que estaba a punto de
amanecer. Todo el mundo sabe que cuando un trol se expone
unos minutos al sol, se convierte en piedra. Y evidentemente,
su torpeza lo convirtió en una estatua en medio de Seam Avenue.
–¡Otro caso resuelto! –exclamó Mascarpone cuando
cruzó la puerta de la gatera de Plum & Cake en compañía de
Molly –. ¡Quién iba a imaginar que
era una falsa
hada!
Bettina
–¡Oh, no! –exclamó
Molly señalando su boca.
–¿Qué ocurre?
–¡Tu diente! ¡Se acaba
de caer! –exclamó el hada
con una sonrisa–. Vas a
tener que depositarlo bajo
tu almohada ¡Quién sabe!
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A la mañana siguiente, Mascarpone tuvo una agradable
sorpresa. El diente había desaparecido de debajo de su almohada,
pero en su lugar había una moneda reluciente.
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Mastica chicle sin azúcar
4
después de las comidas y
1
meriendas si estás fuera.
Cepíllate los dientes al
menos dos veces al día.
Prevén la caries con un enjuague
5especial
para niños después del
cepillado.
Utiliza una cantidad
2
pequeña de pasta dental
fluorada.
Recuerda la importancia
3de tomar
bebidas y productos
saludables que tengan poco
azúcar.
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Proteje tus dientes
8cuando
practiques deporte.
Avisa a tus padres si
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te duele la boca.
Visita al dentista una vez
7
al año. ¡Ayuda a mantener tus
Dile a tus padres que te
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enseñen a usar el hilo dental
dientes sanos!
y a cepillarte los dientes
correctamente.
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10
¡Disfruta de tu sonrisa!
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Mascarpone vive en Plum & Cake, una prestigiosa
pastelería regentada por el señor Plum y su gato Cake.
Pero en el establecimiento también vive el perspicaz
detective Mascarpone. En uno de los árboles del
parque que hay frente a la pastelería, vive la
despistada ayudante del detective, el hada Molly.
Cuando Molly recibe un e-mail de su prima
Tooth Fairy pidiéndoles ayuda en el caso del
robo de los dientes de leche, el detective
y Molly se ponen manos a la obra
para resolver un caso que los llevará
por distintos lugares del planeta.
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