...

textos narrativos - David Ferrer inicio

by user

on
Category: Documents
7

views

Report

Comments

Transcript

textos narrativos - David Ferrer inicio
Lengua y literatura.
Segundo de Bach.
Tema 3. Lengua y literatura
textos narrativos
La narración es un género literario que engloba otros subgéneros (novela, cuento,
fábula, relato...) pero es asimismo una acción retórica y lingüística por la que un emisor
cuenta unos hechos a un receptor (lector u oyente) de manera comprensible y más o
menos ordenada. Por tanto, narraciones encontramos tanto en las novelas como en
conversaciones o textos periodísticos.
En el caso de la literatura, la narración normalmente no aparece en estado puro.
Los textos narrativos incluyen la descripción y el diálogo como formas expresivas
imprescindibles, ya que son el medio adecuado para caracterizar a los personajes
(mediante la descripción y el diálogo) y los ambientes (mediante la descripción). En el
caso de los textos periodísticos (una columna o un artículo de opinión) el autor puede
optar por la narración siempre que este procedimiento le permita sostener su tesis
(utilización de unos hechos como argumento de experiencia personal o incluso como
argumento histórico) o simplemente para enmarcar una opinión.
Por ejemplo, en esta columna el escritor Manuel Vicent actualiza un cuento
tradicional de las Mil y una noches:
En un Porsche blanco, el muchacho recogió a una chica en auto-stop a la salida de la ciudad en
dirección al Sur. Ella no llevaba equipaje y era muy pálida, dotada de una belleza desesperada.Él ni siquiera
le preguntó el nombre. La invitó a que se sentara a su lado y sólo quiso dejarla admirada con la velocidad.
Durante la primera parte del viaje ninguno de los dos habló. El Porsche rugía de forma diabólica, la chica
sonreía y el joven mantenía la mandíbula totalmente crispada. Mientras el Porsche volaba por la pista,
aquella mujer casi transparente, rompiendo de repente el silencio, comenzó a contar esta historia al
conductor.
En cierta ocasión, uno de los criados del emperador de Persia vio a la muerte en el jardín y, preso
de pánico, se dirigió a su amo con una humilde súplica:
- Señor, préstame tu caballo más veloz.Acabo de encontrarme con la muerte y me ha hecho un gesto de
amenaza. Quiero huir a Ispahán.
El emperador le regaló un caballo y el criado emprendió una furiosa cabalgada sobre el blanco corcel a
Ispahán, del mismo modo que ahora este Porsche a 250 por hora camino del mediodía. Poco después fue
el propio emperador quien se tropezó con la muerte en el jardín de palacio y, enfrentado a ella con orgullo le
preguntó:
- ¿Por qué has hecho un gesto de amenaza a mi criado preferido?
Lengua y Literatura. IES Aranguren. Curso 2015/2016 www.davidferrer.net
1
No ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro al verlo aquí, puesto que yo estaba citada con él esta
noche en Ispahán.
Al terminar el relato, la chica enmudeció sin dejar de sonreír y esto enardeció al muchacho, el cual
apretó más el acelerador en busca de su amante en la mar. El Mediterráneo estaba allí enfrente y ya había
convertido el parabrisas en un espejo azul en donde se reflejaba el rostro de una muchacha similar al de la
mujer pálida que llevaba junto a él. Entonces se produjo el accidente mortal. Pero las crónicas únicamente
hablaron de un joven que se había matado
(Manuel Vicent, El País).
En este caso, la narración tiene, como vemos, una estructura integrada: hay una
narración dentro de otra. La protagonista femenina se convierte en narradora y el
conductor del Porsche en narratario o destinatario de la narración. La libertad que tiene un
columnista conocido, como es el caso de Manuel Vicent, le sirve para insertar en su
espacio un tema literario sin necesidad de que exista una exacta actualidad o
trascendencia social del tema.
En otros casos, el autor necesita de la narración para dar credibilidad a sus
opiniones: un hecho narrado es mucho más cercano, verosímil y atractivo para el lector
que la exposición pura y dura de los hechos. Véase como ejemplo la columna El negro de
Rosa Montero que, además, apareció en un examen de PAU de Castilla y León hace unos
años:
El negro
Estamos en el comedor estudiantil de una
universidad alemana. Una alumna rubia e
inequívocamente germana adquiere su bandeja
con el menú en el mostrador del autoservicio y
luego se sienta en una mesa. Entonces advierte
que ha olvidado los cubiertos y vuelve a
levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre
con estupor que un chico negro, probablemente
subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su
lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada,
la muchacha se siente desconcertada y agredida;
pero enseguida corrige su pensamiento y supone
que el africano no está acostumbrado al sentido
de la propiedad privada y de la intimidad del
europeo, o incluso que quizá no disponga de
dinero suficiente para pagarse la comida, aun
siendo ésta barata para el elevado estándar de
vida de nuestros ricos países. De modo que la
chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle
amistosamente. A lo cual el africano contesta con
otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana
comienza a comer de la bandeja intentando
aparentar la mayor normalidad y compartiéndola
con exquisita generosidad y cortesía con el chico
negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la
sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo
plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta
del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello
trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas
por parte del muchacho, suavemente alentadoras
y comprensivas por parte de ella. Acabado el
almuerzo, la alemana se levanta en busca de un
café. Y entonces descubre, en la mesa vecina
detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el
respaldo de una silla y una bandeja de comida
intacta.
Dedico esta historia deliciosa, que además es
auténtica, a todos aquellos españoles que, en el
fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran
individuos inferiores. A todas esas personas que,
aun bienintencionadas, les observan con
condescendencia y paternalismo. Será mejor que
nos libremos de los prejuicios o corremos el
riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre
alemana, que creía ser el colmo de la civilización
mientras el africano, él sí inmensamente educado,
la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba:
"Pero qué chiflados están los europeos".
Rosa Montero. El País. Mayo de 2005
Como puede leerse, la autora separa en dos párrafos distintos la parte narrativa
(que se inicia con el verbo estamos y la parte de opinión, que empieza con un verbo en
primera persona: dedico. Toda la primera parte tiene una estructura narrativa, de manera
Lengua y Literatura. IES Aranguren. Curso 2015/2016 www.davidferrer.net
2
que puede distinguirse un narrador, y el
uso de los procedimientos habituales
para ello.
Las formas verbales. Como en la
narración se trata de mostrar acciones
ocurridas a lo largo del tiempo, es
normal que predomine el empleo de verbos sobre cualquier otro tipo de palabras. El
tiempo que suele predominar es el pretérito perfecto simple, aunque en menor medida
aparecen también el imperfecto y el presente. A veces se usa el presente histórico o el
presente de actualidad.
Elementos formales
característicos en una narración
Las estructuras sintácticas. Como todo relato conlleva un significado de proceso y
acción, se observa una marcada preferencia por la estructura predicativa, mientras que la
estructura atributiva se aviene mejor al carácter estático de la descripción. La mayor
complejidad de la narración y la inserción de planos temporales diversos favorece el uso
de la subordinación temporal, aunque la organización general sea coordinativa.
Figuras literarias. Como la narración trata de contar unos hechos según la visión
personal de un autor, se emplean figuras que maticen esa impresión subjetiva: metáfora,
ironía, antítesis, paradoja e hipérbole y, entre las de carácter sintáctico, el paralelismo y
las estructuras repetitivas.
Uso de la deixis y los conectores. El narrador regula el tiempo por lo que son
frecuentes los deícticos espaciales o temporales: “Más allá llegaba el personaje...”, “Dos
años más tarde...”, “En ese lugar...”.
Alternancia entre narración, estilo directo e indirecto.
El narrador selecciona los elementos que debe conocer el lector. A veces, facilita el
avance de los hechos, teatralizando los momentos de máxima tensión.
En el diálogo directo: los personajes se expresan sin la intromisión del narrador.
En el diálogo indirecto: Es el narrador el que traspone las palabras en oraciones
subordinadas provocando el cambio de tiempos verbales y las referencias pronominales.
Aparecen también los verbos declarativos (dijo, respondió, preguntó), pero cambian las
personas verbales y las marcas pronominales de persona. Es habitual que el estilo directo
e indirecto, alternen, como sucede en este ejemplo:
De repente, Isaías levantó el brazo derecho y se santiguó en un brusco garabato. Dijo el viejo Eloy
mirando a Lupe, estupefacto:
-Se ha persignado.
-Sí –dijo Áurea fríamente- es lo único que hace.
Entonces el viejo le preguntó qué había dicho el médico, y ella respondió que, de vivir, quedaría
tullido, paralítico o tonto, y que tanto como para eso mejor sería que Dios se lo llevase, pero el
viejo Eloy dijo que eso no, que él mismo le sacaría en un carrito a tomar el sol si no podía valerse
o le daría conversación. MIGUEL DELIBES, La hoja roja.
Estilo indirecto libre:
Ausencia de verbo declarativos. Subjetivismo:
Al rato vino mamá y qué alegría verlo tan bien, yo que me temía que hubiera pasado la noche en
blanco el pobre querido, pero los chicos son así. JULIO CORTÁZAR.
Lengua y Literatura. IES Aranguren. Curso 2015/2016 www.davidferrer.net
3
En el estilo indirecto libre, el narrador integra en su relato fragmentos del discurso de los
personajes y reproduce sus pensamientos y formas de expresión. su formulación
lingüística es como la del estilo indirecto, pero sin los elementos del estilo indirecto.
Monólogo (o soliloquio): el personaje exterioriza su mundo interior sin interferencia del
narrador y dialoga consigo mismo o con un supuesto receptor.
Monólogo interior: se representa el flujo ininterrumpido de pensamientos según surgen.
El monólogo interior -a diferencia del soliloquio- reproduce los pensamientos tal como
llegan a la mente, con frecuencia sin orden lógico alguno.
Descripción: La narración no suele aparece en estado puro. Los textos narrativos
introducen la descripción y el diálogo. Sirven para tanto para caracterizar a los
personajes, como para que el lector se haga una idea de los ambientes en los que se
desarrollan los acontecimientos: Así podemos hallar una descripción física
(prosopografía), de carácter (etopeya), retrato (intervienen los dos aspectos, tanto físicos,
como psicológicos) o una caricatura, cuando se deforman los rasgos. También es
frecuente la descripción de un espacio (topografía), que, a veces, es un reflejo del estado
de ánimo del personaje o de una época determinada (cronografía).
Era el mejor de los tiempos y también el peor; la época de la sensatez y de la tontería; era la
época de las creencias y, de igual modo, de la incredulidad; era la estación de la Luz, y al mismo
tiempo de la Oscuridad, era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación; ante
nosotros teníamos cuanto se pudiera apetecer, pero tampoco había nada; todos nos
encaminábamos directamente al Cielo y, asimismo, seguíamos el camino opuesto. CHARLES
DICKENS, Grandes esperanzas.
Tipos de
narrador
El narrador selecciona los acontecimientos, nos aporta un
punto de vista con el cual nos predispone hacia los personajes, el
ambiente y el espacio. Es muy importante la identificación de un tipo
u otro de narrador.
Narrador en 3ª persona.
Omnisciente: Es el típico narrador de la novela realista. El narrador lo sabe todo de los
personajes: lo que va a ocurrirles, lo que piensan o sienten, hasta sus emociones más
íntimas.
El Madrigal dejó atrás el zaguán: grande, frío y desnudo, no muy limpio: cruzó un patio cuadrado,
con algunas acacias raquíticas y parterres de flores mustias, subió una escalera cuyo primer
tramo era de piedra y los demás de castaño casi podrido; y después de un corredor cerrado con
mampostería y ventanas estrechas, encontró una antesala donde los familiares del obispo
jugaban al tute. CLARÍN: La Regente, Cátedra.
Narrador objetivo: El narrador transcribe lo que ve el personaje. Es un mero observador.
También se lo conoce como campo limitado.
Mely nadaba muy pastosa, salpicando. Se había puesto un gorrito de plástico en el pelo. Antes,
Luci, en la orilla, le había dicho:
-¡Qué bien te está este gorro! ¿Y dónde dices que lo compraste?
-Me lo trajo mi hermano de Marruecos.
-Es muy bueno; será americano.
-Creo que sí…
Lengua y Literatura. IES Aranguren. Curso 2015/2016 www.davidferrer.net
4
Luego se habían metido poco a poco las dos y se iban riendo, conforme el agua les subía por las
piernas al vientre y la cintura. Se detenían, mirándose, y las risas crecían y se les contagiaban,
como un cosquilleo nervioso. RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO, EL JARAMA.
Narrador testigo: El narrador cuenta en 3ª persona lo que le acontece a otro. Narra
mediante un testigo.
Wallas está adosado a la barandilla, a la entrada del puente. Es un hombre todavía joven, alto,
tranquilo, de facciones regulares. La ropa que lleva y su apariencia de desocupado constituyen, al
pasar, un vago motivo de asombro para los obreros que se apresuran hacia el puerto: en este
sitio, parece completamente anómalo no estar en traje de trabajo, no ir en bicicleta, no tener prisa;
nadie va de paseo un martes de madrugada, y menos por este barrio. Esta incongruencia con
respecto al lugar y a la hora es algo chocante. ALAIN ROBBE-GRILLET, Las gomas.
Múltiple: La acción es contada por diversos `personajes. Así en Mientras agonizo de
William Faulkner, se relata las peripecias de una familia pobre, los Bundren, que
atraviesan una zona rural con el ataúd de la esposa y madre para enterrarla. Está narrada
mediante la sucesión de monólogos de los diversos personajes. Narrador en 1ª persona. Se identifica el narrador y el protagonista: autobiografías,
memorias, confesiones.
Me veía pálida y limpia frente al espejo, envuelta en la nube de polvorienta espumilla que me
recordaba al fantasma de mi madre. Me decía frente al espejo <>. Y me desconocía a mí misma,
me sentía desdoblada en el recuerdo de mi madre muerta. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, La
hojarasca.
Primera persona. Monólogo interior.
¿Por qué fui? No pensar. No hay por qué pensar en lo que está hecho. Es inútil intentar recorrer
otra vez los errores que uno ha cometido. Todos los hombres cometen errores. Todos los hombres
se equivocan. Todos los hombres buscan su perdición por un camino complicado o sencillo. LUIS
MARTÍN SANTOS, Tiempo de silencio.
Narrador en 2ª persona: el narrador se dirige a una segunda persona. Al dirigirse a un tú,
evita la responsabilidad de lo narrado. El lector se siente interpelado, más afín al
personaje.
Tú te sentirás satisfecho de imponerte a ellos, confiésalo: te impusiste para que te admitieran
como su par: pocas veces te has sentido tan feliz, porque desde que empezaste a ser lo que eres,
desde que aprendiste a apreciar el tacto de las buenas telas, el gusto de los buenos licores, el
olfato de las buenas lociones, todo eso que en los últimos años ha sido tu placer aislado y único,
desde entonces has vivido con la nostalgia…. CARLOS FUENTES, La muerte de Artemio Cruz.
También se habla de un narrador omnisciente (el que lo sabe todo de los
personajes), equisciente (sabe lo mismo que los personajes) o deficiente (posee menos
información que los personajes).
Recordamos además la importancia del tono que emplee la voz narrativa, que
puede ser de sospecha, conjetura, irónico, ambiguo, exaltado, grotesco, melancólico.
Cambia el tono y cambia el mensaje.
Lengua y Literatura. IES Aranguren. Curso 2015/2016 www.davidferrer.net
5
El narrador puede adoptar un tono impasible, como sucede en Cien años de
soledad. Cuenta los hechos más insólitos con indiferencia. En la obra aparecen
elementos fantásticos, míticos, milagros, sucesos mágicos, pero el narrador oral no
parece conmoverse.
Fuentes:
Mieke Bal, Teoría de la narrativa
(Cátedra)
Recursos.cnice.com
Blog elarlequindehielo
Mientras Macondo celebraba la reconquista de
los recuerdos, José Arcadio Buendía y Melquíades le
sacudieron el polvo a su vieja amistad. El gitano iba
dispuesto a quedarse en el pueblo. Había estado en
la muerte, en efecto, pero había regresado porque no
pudo soportar la soledad. GARCÍA MÁRQUEZ, Cien
años de soledad.
LA VOZ DE UN AMO
Hace unas semanas en el aeropuerto de
Peinador, Vigo, se despedía una parejita
juvenil y enamorada. Él era un chico pálido,
con esa blancura fantasmagórica en la piel
que hace aflorar venas verdes en los brazos.
Ella, una niña rubia con ojeras que no se
quería despegar de él. Estuve observándolos
un buen rato mientras me quitaba la ropa.
Las medidas de seguridad de los aeropuertos
tienen a veces cosas insólitas: te sacas el
abrigo, la bufanda y las botas mirando de
reojo a una pareja y esa pareja ya no sabe
qué pensar. Bien pudieron dirigirse hacia mí
diciendo: “A lo mejor de tanto desnudarte te
va a empezar a pitar la cara”.
Finalmente ella se separó de él y dio varios
pasos camino a los detectores. Entonces su
pareja empezó a llamarla. Ella no se enteró,
así que él, con esa sonrisa tonta que se nos
pone cuando los demás oyen pero la persona
a la que avisas no, insistió. Pero la chica
miraba el móvil. Así que él, tan pálido,
enrojeció un poco y volvió a llamarla, esta
vez con los dientes apretados. A pesar de
que bajó el tono de voz ella se dio la vuelta
alarmada. Fue tan desagradable que al
momento reconocí la ira contenida en la
forma de pronunciar un nombre para que te
atiendan: así llamaba yo a mi perro cuando
no me hacía caso.
Era la voz de un amo, una especie de
ultrasonido que ella detectó al instante a
pesar de que dos segundos antes la había
llamado a voz de grito. En cuanto el chico se
olvidó de dónde estaba y le dio una orden,
obedeció al instante. Tarde, porque al girarse
de forma tan nerviosa, disculpándose tan
patéticamente, él le dijo “ahora tira, anda” y
se largó. En el avión, antes de despegar, ella
escribió frenéticamente en el móvil. Cuando
despegamos y se quedó sin cobertura, se
puso a llorar.
Allí estaba aquella juventud eclipsada por el
amor dirigiéndose a una relación de mierda.
Allí estaba la niña haciéndose mayor en
medio de algo que no reconoce como
anómalo. Allí estaba el machismo de peor
especie: el que sólo necesita modular el tono.
El nombre de ella en boca de él: impaciencia,
sumisión, acatamiento, amenaza. Fue
desolador que no le diese una bofetada; si se
la hubiese dado había allí, en el aeropuerto,
varios voluntarios que le hubiesen partido la
cara de inmediato. Pero no necesitó pegarle.
Probablemente no lo necesite nunca. Y
censure, muy concienciado, la violencia de
género cuando salga en el telediario.
Amaestradita la tienes, hijo de puta.
Manuel Jabois.
El PAÍS. 16 de MARZO de 2013
Lengua y Literatura. IES Aranguren. Curso 2015/2016 www.davidferrer.net
6
Fly UP