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Me sería absolutamente imposible vivir si no pudiera

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Me sería absolutamente imposible vivir si no pudiera
Culture, le magazine culturel en ligne de l'Université de Liège
La rayuela de Julio Cortázar
"Me sería absolutamente imposible vivir si no pudiera jugar.
Cuando digo jugar no me refiero a jugar con un trenecito de juguete, sino a jugar en el sentido en que
el hombre juega." Esta cita de Julio Cortázar es reveladora de la importancia que el autor concedía
a la experiencia lúdica, clave de la interpretación de su novela Rayuela. Presente desde el proceso
de su composición, el juego impregna la novela de la primera hasta la última línea. En lo que sigue no
pretendemos, por supuesto, revolucionar la exégesis de este libro ya estudiado -con excelencia- hasta la
saciedad, sino simplemente acercarnos a él desde una perspectiva escasamente adoptada, la teoría del
juego.
"Todo juego significa algo." Tal era el punto de partida de Homo ludens, estudio del juego emprendido por
Johan Huizinga en 1938. Homo ludens, "hombre que juega", es una expresión utilizada por primera vez en
oposición a homo sapiens y homo faber, respectivamente "hombre que sabe" y "hombre que fabrica". La
expresión refleja la convicción del historiador neerlandés según la cual el juego sería más antiguo que la
cultura. Dicho de otra manera, en desacuerdo con la tesis popular según la cual todo decae en el juego,
Huizinga sostiene que la cultura -la sabiduría y la habilidad- deriva del juego. El juego no sería simplemente
significante, sino socialmente imprescindible.
© Université de Liège - http://culture.ulg.ac.be/ - 06/07/2016
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Trece años después, el escritor y sociólogo francés Roger
Caillois publica un ensayo complementario al de Huizinga, Les jeux et les hommes. Contrariamente a Homo
ludens, este ensayo consiste en un análisis del juego como realización individual. Por una parte, define el
juego como una actividad, antes que nada, libre; en segundo lugar, separada, que constituye una esfera
provisoria de actividad en la vida cotidiana; incierta, imprevisible; improductiva, dado que desemboca en
una situación idéntica a la situación de partida; reglada, sometida a convenciones nuevas que suspenden
las leyes ordinarias; y finalmente ficticia, opuesta a lo serio de la realidad. Por otra parte Caillois proyecta
los juegos sobre un eje que mide los esfuerzos del jugador, de tal manera que oscilan entre dos polos
antagonistas, 'paidia' y 'ludus', fantasía primaria y simple en una extremidad y búsqueda del placer complejo
en la otra. Definido el juego, aproximémonos a Rayuela.
Numerosos juegos contemporáneos se basan en creencias perdidas o reproducen sin saberlo ritos
desafectados de su significación. Los estudios que se remontan hasta sus orígenes tienden a mostrar
que eran, en primera instancia, utensilios, objetos con una utilidad concreta. Simplemente, cuando los
adultos encuentran un utensilio mejor dejan de utilizar el anticuado que es, a su vez, relegado al ámbito
infantil. Todos conocemos el juego de la rayuela, pero menos conocido es su sentido inicial, la rayuela
como utensilio con una significación religiosa. Originalmente, el rectángulo de partida, equivalente a Tierra,
representaba el atrio, la entrada del templo; el recorrido, en siete partes, reproducía la nave y simbolizaba
el recorrido de la existencia humana; desembocaba en la media luna del Paraíso o ábside, parte del
templo donde se instalaba el altar. La rayuela, en suma, era la síntesis, o mímesis reducida del templo.
Representaba el recorrido, o "laberinto" en palabras de Caillois, iniciático que debía atravesar el que quería
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acceder al Paraíso. Es precisamente la figura del laberinto iniciático que Cortázar se apropió, y acomodó a
la novela.
La obra de Cortázar se alimentaba de esas cosas en las que pocas personas antes habían pensado o
prestado atención. Por eso dio "Instrucciones para subir una escalera" o escribió un cuento sobre "La tos
de una señora alemana". Se empeñaba en la búsqueda de otra realidad, una realidad literaria "más secreta
y menos comunicable", como solía formular. ¿Cómo alcanzarla? Destruyendo el orden establecido de la
literatura, desescribiendo la novela. Al destruir la sintaxis y la ortografía 'correctas' en Rayuela, buscaba
quebrar los hábitos mentales del lector, hacerlo salir de su estado pasivo. Entre otros juegos literarios
utilizados para fomentar la participación del lector figuran el barroco, la intertextualidad, la metáfora y la
polisemia. Todos estos juegos de tipo 'ludus' requieren un esfuerzo de desciframiento o de creación por
parte del lector, que debe implicarse activamente en la formación de la novela.
Toda
revolución aparece antes que nada como un cambio de las reglas del juego, decía Caillois y Cortázar
parece haberlo asimilado perfectamente. Desde la primera página de su novela al lector se le invita a
elegir su lectura, a dibujar su propia rayuela y a "jugar" como prefiera. En definitiva, hay tantas rayuelas
como lectores. Rayuela es una infinidad de juegos individuales libres, separados, inciertos, improductivos,
reglados y ficticios. Pero es más, con Rayuela, el autor argentino parece haber dado un paso más allá. La
novela no sólo se lee como un juego sino que fue concebida como tal y de este juego nació otra cultura,
como auspiciaba Huizinga. Resultó de ello otra literatura. Una literatura en la cual escritor y lector fueron
puestos en un pie de igualdad, una literatura en la cual el lector se volvió "cómplice".
La teoría del juego permite poner cierto orden en el caos de interpretaciones alrededor de Rayuela.
Primero, el autor devolvió a la rayuela su dimensión original de laberinto o recorrido iniciático. Devolvió a
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esta figura su naturaleza inicial e hizo lo mismo, de manera más global, con la literatura. Paradójicamente,
desescribiendo la novela a través de juegos 'ludus' hizo patente su estructura subyacente, desordenada y
primaria, su faceta 'paidia'. Este recorrido iniciático, de 'ludus' a 'paidia', permite explicar la búsqueda en la
que se empeñaba el autor, la de otra literatura. Julio Cortázar creó un juego que se puede jugar de manera
repetida y distinta cada vez, un juego que también ha tenido una importancia cultural innegable. Michel
Picard solía afirmar que es necesario para el lector perderse para encontrarse. Rayuela es una invitación a
hacerlo.
Nicolas Licata
Novembre 2014
Nicolas Licata est étudiant en Langues et Littératures française et romanes
© Université de Liège - http://culture.ulg.ac.be/ - 06/07/2016
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