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Las islas de los tesoros

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Las islas de los tesoros
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Andaman y Nicobar
Las islas de los tesoros
Cerca de mil kilómetros de costa este en la
India forman un archipiélago único de islas
exóticas, las islas Andaman y Nicobar, que
rebosan vida,tanto humana como salvaje,y
que se ha convertido en el destino turístico
preferido de los que buscan un balneario
que ofrece algo más que sol, arena, mar y
surf.Desde Port Blair,Shivani Pandey nos lo
cuenta todo.
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Turismo
Turismo
L
as islas Andaman y Nicobar tienen
atracciones particulares: la belleza, el
amor, y una historia estremecedora.
Frescas gotas de agua me reciben
nada más bajar del avión en el aeropuerto de
Port Blair.
Antiguamente la isla más importante del
archipiélago, Ross Island es mi primera
parada. Esta isla que se encuentra a tan sólo
unos minutos de Port Blair me parece
refrescante porque, si hay ínfimo número de
personas que navegan en las tranquilas aguas,
el mismo número se consagran a los deportes
acuáticos como el jet ski. Allí, en el bello
centro del mar, podemos ver la estatua de Veer
Savarkar, un combatiente indio que luchó por
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la libertad.Un ferry me lleva a Ross Island, que
se sitúa justo en el centro de una banda
formada cuando el mar se estrecha. El tiempo
es imprevisible con el sol que juega a menudo
al escondite. La lluvia decide hacer su
aparición justo cuando el ferry arranca. Es
una agradable sensación sentirse tan mojado
y de forma tan repentina.
Ross Island, con una superficie de 0,6
kilómetros cuadrados, es un pequeño mundo
en sí misma y es conocida como “El París del
este”. En 1788, la Compañía de las Indias
Orientales encargó al célebre teniente
Archibald Blair, topógrafo de la marina, que
encontrara un lugar apropiado y una tierra a
la que serían enviados los combatientes de la
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libertad para trabajar. El capitán Blair fundó
entonces Port Blair en 1789. Después, el
Doctor James Pattison Walker, un
adminstrador de prisiones experimentado,
llegó a Port Blair a bordo de una fragata a
vapor de la Compañía de las Indias
Orientales, acompañado de cuatro oficiales
europeos, un responsable indio, 773
combatientes de la libertad, 50 guardias
navales y dos doctores. La isla quedaría a
manos de los británicos hasta 1942, de esta
fecha hasta 1945 bajo la ocupación japonesa.
Los aliados ocuparon nuevamente la isla en
1945 y más tarde la abandonaron.
Ross Island fue edificada como una
Inglaterra en miniatura: fue concebida y
equipada con todas las comodidades
necesarias para la comuna civilizada de una
colonia. Posee un pintoresco paisaje bordado
por las aguas de un color azul misterioso. Su
flora y fauna son muy ricas, con enormes
palmeras, dátiles que aparecen por toda la isla,
pavos reales que bailan con despreocupación
y aves que cantan y llenan el aire. Existe una
calma y una tranquilidad fascinantes a pesar
de las ruinas dispersadas que dan la sensación
de que la isla está encantada. Las
construcciones de la isla son vestigios de la
disposición en tiempos de los británicos: la
iglesia anglicana, la casa de los oficiales
británicos, la panadería, la casa de los
geólogos, la biblioteca, un zoco y un templo,
por nombrar sólo algunas. Pero hay otro
monumento histórico que domina la isla. La
prisión: los combatientes por la libertad más
peligrosos eran enviados aquí, a menudo para
pasar el resto de sus vidas en un total encierro
y a veces incluso para ser ejecutados, sobre
todo cuando resultaba difícil para los colonos
británicos dejarlos en prisión en el continente.
La prisión era conocida bajo el nombre de
Kaala Paani, literalmente “Agua negra”, de
donde muy pocos prisioneros regresaban.
Hoy en día, la prisión ha sido
transformada en museo que expone las fotos
de los combatientes de la libertad sobre sus
muros. Mientras avanzo entre los edificios de
la prisión, veo una mano de arcilla que
sostiene una llama denominada Swatantrata
Jyoti, la llama de la libertad. El gobierno indio
ha preservado este lugar en homenaje a los
sacrificios de las vidas de los pasionarios de la
libertad que fueron obligados al
confinamiento y la soledad.
Hace un día precioso y llovizna como de
costumbre en Port Blair. Estando en una isla
tropical, me doy cuenta de que llueve casi
todas las mañanas, casi todas las tardes y casi
todas las noches sobre la misma hora. Hacia
las diez y media, salgo de mi hotel para
dirigirme al museo de historia natural y
etnografía, que se encuentra en Phoenix Bay,
a cinco minutos por carretera. El museo,
dirigido por el Consejo Indio de Antropología,
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fue edificado en 1975 y es una mina de
información sobre las cuatro tribus negroides
de las islas Andaman (Onge, Sentinelles,
Jarawa y Andamanais) y de las dos tribus
mongoloides de las islas Nicobar, las Shompen
y las Nicobaris.
La mayoría de los objetos presentados son
diferentes herramientas, artículos artesanales
fabricados a mano y fotografías que datan de
antes de la llegada de los británicos,cuando las
tribus locales predominaban. Estos objetos
reflejan las creencias y tradiciones de las
tribus que vivían en estas islas: diferentes
fotografías muestran la forma de vida de los
autóctonos, las réplicas en arcilla de las casas,
los utensilios, la decoración, los materiales y
las ropas nos aportan elementos de la vida de
las tribus y los aborígenes. En el último nivel
del museo, una biblioteca muy completa
guarda los tesoros de la historia de estas islas.
Otro punto de interés es el acuario,cerca de
un complejo de deportes acuáticos de
Andaman, con 350 especies marinas
exhibidas y que son particulares de estas islas
y se encuentran en el Océano Pacífico, el
Océano Indio y en la bahía de Bengala.
Desde las 6 de la mañana estoy lista para
partir a Havelock, la isla más popular, que
propone todo tipo de deportes acuáticos como
el rafting, el kayak o el buceo. Como nunca he
hecho, me gustaría probar el buceo.Durante el
trayecto hacia Havelock, no puedo evitar
grabar algunas increíbles imágenes que
desfilan a mi alrededor: es una sensación
vaporosa, un sueño acuático por encima del
que las nubes crecen como champiñones
grises; las olas son potentes y puedo ver una
isla a lo lejos. Me informo sobre ella y siento
curiosidad por saber más sobre los
autóctonos que viven todavía en Andaman.
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Aprecio estas dos horas de trayecto marino
hacia la isla de Havelock.
El lugar es todavía más tranquilo que Port
Blair y casi siento cómo mi espíritu se calma.
No me invade ningún pensamiento cuando
cojo un taxi hacia el hotel. Veo un pequeño
pueblo con una pequeña carretera y campo
verde alrededor; paso por delante de algunos
campos agrícolas, una escuela, un pequeño
mercado y un conjunto de chozas antes de
llegar al complejo hotelero en el que voy a
pasar dos días.Éste se compone de cabañas de
madera separadas por pequeños caminos de
cemento, un césped muy bien cortado y
cocoteros. Las mesas, sillas e incluso los pies
de las lámparas y el techo están hechos de
bambú y yute. Mi placer reside en el simple
hecho de estar rodeada de tanta madera,
hierba y árboles.
Havelock es una de las diferentes playas
que existen allí, curiosamente, no sé por qué,
pero a cada una le es atribuido un nombre
particular. El nombre más conocido es el de
Radhanagar. Incluso ir a Radhanagar es una
experiencia fabulosa. A los bordes de la
carretera se encuentran filas de inmensos y
verdes cocoteros. Hay una multitud de vacas y
búfalos en los campos, y me doy cuenta de que
las vacas son más pequeñas aquí que en el
continente indio. Mientras el coche avanza,
veo a los granjeros que trabajan en los
arrozales y algunos niños que se divierten
jugando al cricket. A medida que desciendo
hacia la playa, los árboles se espesan, los
alrededores comienzan a parecerse a un
bosque y cada vez hay menos gente. Nada más
llegar a la playa, se me corta la respiración: el
agua tiene toques de cielo azular, y la arena es
de un blanco de lo más plateado. El agua de las
olas en las que me preparo a nadar es tan
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blanca que parece leche, y cuanto más avanzo
en el agua, más pienso que me preparo a
darme un baño de leche.
La mañana siguiente voy a la playa de los
Elefantes. Justo cuando empezaba a
desesperarme por ver uno antes de irme, tuve
la suerte de encontrarme con tres. ¡Y llegó el
momento del buceo! El precio es de 1.500
rupias: me dan un par de palmas para los pies,
un tubo que debo sujetar entre los dientes y un
par de gafas de buceo. Mientras buceo con el
monitor y me levanto bruscamente para
respirar de nuevo, siento cómo me rozan
pequeños peces.A la vuelta, le digo al monitor
que el tiempo ha pasado demasiado rápido, y
paso igualmente por Kaala Pathhar, la playa de
la piedra negra. Salgo hacia Port Blair por la
tarde: debo volver para poder hacer jet-ski en
el complejo deportivo acuático, y debo hacerlo
rápido porque está prohibido una vez que se
pone el sol. Me precipito hacia mis cosas
directamente desde el puerto hacia el
complejo. 550 rupias por tres vueltas a Ross
Island. Me pongo el chaleco salvavidas y salto
detrás del monitor.A medida que la velocidad
del jet aumenta, el agua me rodea. Gritando, le
pregunto al piloto hasta dónde vamos: “No
muy lejos, sólo más allá de Chennai”, me
responde bromeando. Así, el último día pude
hacer lo que más me gustaba.
Los Khopra Laddos que se hacen aquí a
base de nuez de coco, de azucares de caña y de
palma, así como de aceite comestible,
están altamente recomendados. Tengo la
mente llena de colores del mar de Andaman:
el mundo alegre de peces y corales que crecen
bajo el agua, la abundante vegetación que
recubre las islas, la vida de los aborígenes que
sólo visten con una hoja, y los elefantes que
reinan sin duda sobre su isla. ■
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