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Dando en el blanco - iglesiaemanuelsion.org
DANDO EN EL
BLANCO
UNA EXPOSICIÓN DE LA
EPÍSTOLA DE PABLO A LOS FILIPENSES
DR. BRIAN J. BAILEY
“Dando en el blanco:
una exposición de la epístola de Pablo a los filipenses”
Registrado © por Brian J. Bailey
Noviembre 2001
Libro de texto de Zion Christian University
Usado con permiso
Todos los derechos reservados
Traducción: equipo de traducción de Honduras
Segunda edición: Instituto Bíblico Jesucristo - Guatemala
Diseño de portada: Sarah Humphreys
Segunda edición
Mayo 2007
Tercera impresión 2011, NY USA
Todas las citas bíblicas de este libro
han sido tomadas de la versión Reina Valera 1960 ©
Sociedades Bíblicas Unidas
a menos que se indique lo contrario.
Para mayor información o copias adicionales,
diríjase a esta dirección:
Zion Christian Publishers
P. O. Box 70
Waverly, New York 14892
ISBN # 1-890381-04-7
ÍNDICE
Prefacio
Introducción
Ubicación de Filipos
Bosquejo de Filipenses
7
9
12
13
1
El prisionero gozoso (1:1 - 2:2)
15
2
La mente de Cristo (2:3-11)
41
3
El ocuparnos de nuestra salvación (2:12-18)
55
4
Timoteo, el hijo espiritual (2:19-24)
65
5
Epafrodito (2:25-30)
75
6
La Primera Resurrección (3:1-15)
115
7
Pablo, el ejemplo (3:16-21)
119
8
La paz de Dios (4:1-9)
123
9
El contentamiento santo (4:10-13)
129
10 El don del amor (4:14-20)
135
11 Despedida (4:21-23)
143
Epílogo
145
AGRADECIMIENTOS
Al equipo de traducción de Honduras, que realizó la
traducción de este libro.
A Mercy Alarid, Sandra Baker y Pastor Enrique Carbajal,
por la corrección del manuscrito de este libro.
Al equipo editorial de ZCP: Carla Borges, Suzette Erb,
Justin Kropf, Sarah Kropf, Raquel Pineda, Caroline Tham
y Suzanne Ying.
A Sarah Humphreys, quien diseñó la portada de este libro.
Al equipo de Instituto Bíblico Jesucristo, por su trabajo
en la segunda edición de este libro.
7
PREFACIO
Aparte de los profundos estudios teológicos que versan
sobre la mente de Cristo y la Primera Resurrección, el
tema de esta carta a la iglesia de Filipos es el gozo. La
epístola fue escrita por Pablo durante su encarcelamiento
en Roma. Aunque vivía en una casa alquilada, el apóstol
estaba encadenado a soldados de la guardia pretoriana (o
guardia del palacio).
La epístola a los filipenses fue escrita a una iglesia que
tenía relativamente pocos problemas, y por eso, el apóstol
Pablo trata los siguientes temas principales en esta carta
de gozo:
1.
La necesidad de unidad.
2.
Las bendiciones que surgen de los sufrimientos.
3.
La mente de Cristo.
4.
La Primera Resurrección.
5.
La paz de Dios.
Pablo presenta a esta iglesia una visión más elevada. Si
bien los creyentes de Filipos caminaban a la luz de la
verdad que conocían, el deseo de Pablo era poner delante
de ellos una visión progresiva que los mantuviera
avanzando hacia el blanco.
Proverbios 29:18 dice: “Sin profecía [progresiva] el
pueblo perece [se desenfrena]”. A menos que tengamos
8
Dando en el blanco
una visión progresiva que moldee cada faceta de nuestras
vidas, nos desenfrenamos y descuidamos nuestro caminar
cristiano. Una visión progresiva es lo que nos impulsa a
emprender la carrera de la vida con propósito.
Como lo ilustra la portada de este libro, el versículo clave
de esta epístola es Filipenses 3:14, donde Pablo dijo:
“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento
de Dios en Cristo Jesús”. Una meta es un objetivo, un
blanco. El propósito de la flecha es dar en el blanco, y
esto mismo se aplica a nuestras vidas.
Pablo tenía más de sesenta años de edad cuando escribió
esta epístola, y estaba sólo a seis años de su martirio. Y a
pesar de que había logrado mucho en su vida, reconocía que
no había completado su carrera, ni dado en el blanco que
Dios tenía para su vida. Por eso seguía extendiéndose hacia
lo que estaba delante. Éste es el fruto de una visión progresiva.
Considerando las circunstancias en que se escribió esta
epístola, es evidente que el apóstol Pablo conocía el gozo
del Señor como su fortaleza, aun en las situaciones más
difíciles y restringidas de la vida; tales como estar
encadenado físicamente a una grupo de soldados romanos
toscos que se turnaban para custodiarlo. Pablo encontró
plenitud de gozo y contentamiento en la presencia del
Señor a quien tanto amaba (ref. Sal. 16:11). Mi oración es
que este breve comentario acerca de la epístola de gozo
que Pablo escribió, sea de bendición para usted y lo haga
conocer el gozo de Jesús en todo momento; asimismo,
también pueda servir para ofrecerle una visión progresiva
para su propia vida.
9
INTRODUCCIÓN
La ciudad de Filipos se conocía originalmente con el nombre
de Krenides, que significa el lugar de las fuentes, debido a
sus numerosos arroyos. Se le dio su nombre en honor a Felipe
II de Macedonia, padre de Alejandro Magno. Filipos estaba
ubicada estratégicamente a lo largo de lo que se llamaba el
Camino Egnaciano, ruta principal entre el Occidente y Asia.
Fue una ciudad de trascendencia histórica en los días del
Imperio Romano, porque allí perdieron la última batalla
los Republicanos, falleció Casio, y Antonio derrotó a
Bruto. Octavio, el colega de Antonio, concedió a Filipos
los privilegios de una colonia, como recordatorio perpetuo
de su victoria sobre Bruto, quien se suicidó el 23 de octubre
del año 42 a.C.
Por ser una colonia, Filipos era una Roma en miniatura.
Sus ciudadanos disfrutaban de los mismos privilegios que
tenían los ciudadanos romanos. Pagaban un impuesto
municipal y un impuesto sobre sus tierras, pero no estaban
sujetos al gobernador provincial romano; y sus asuntos
eran manejados por sus propios magistrados. Filipos
estaba habitada principalmente por colonizadores italianos
y griegos, y por una minoría de judíos. Esta escasez de
judíos explica porqué no había sinagoga en Filipos para
celebrar los cultos sabáticos.
El apóstol Pablo fue a la ciudad de Filipos en su segundo
viaje misionero, cuando respondió al llamado macedonio
10
Dando en el blanco
que se le hizo estando en Troas, (ver Hch. 16:9-12). Pablo
llegó de Troas, puerto asiático y fue directo hacia
Samotracia, y al día siguiente a Neápolis, ciudad-puerto
filipense (Hch. 16:11-12).
Estos puertos pequeños muchas veces colindaban con las
principales ciudades, como Cencrea con Corinto y Pireo
con Atenas. Todo parece indicar que entre Filipos y
Neápolis había aproximadamente diez millas de distancia.
La elevada cresta de la cordillera Pangeus separaba las
dos poblaciones.
Pablo, Silas y sus acompañantes, se retiraron en el día de
reposo a un lugar de oración que quedaba fuera de la puerta
de la ciudad, en la rivera del río. La iglesia de Filipos se
formó a raíz de la conversión de Lidia, una vendedora de
púrpura de la ciudad de Tiatira. Tiatira, lugar de una de
las siete iglesias mencionadas en el libro de Apocalipsis,
era famosa por el color de sus tintes y era muy próspera,
como parece haber sido Lidia.
Fue aquí en Filipos que Pablo y Silas fueron injustamente
golpeados después de liberar a una muchacha de un
espíritu de adivinación. Los dueños de esta joven se
exasperaron contra Pablo y Silas por haber causado que
perdieran ingresos derivados de la adivinación.
Mientras guardaban prisión, con los pies muy atados al
cepo, “a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban
himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino
de repente un gran terremoto, de tal manera que los
cimientos de la cárcel se sacudieron; y al instante se
La espístola de Pablo a los filipenses
11
abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se
soltaron” (Hch. 16:25-26). Entonces el apóstol Pablo guió
al carcelero y a su familia a recibir al Señor, y ese día
nacieron de nuevo.
La iglesia de Filipos se fundó sobre tres grupos principales
de personas, todos de diferente procedencia.
1. Lidia, una rica comerciante que traía a vender tela de
púrpura desde su ciudad natal, Tiatira, famosa por este
tinte.
2. La joven esclava, quien acababa de ser liberada de un
espíritu de adivinación.
3. El carcelero, un servidor civil del Imperio Romano y
perteneciente a la clase media.
Casi todas las cartas de Pablo fueron escritas siguiendo el
modelo que se usaba en los días del Imperio Romano.
Todas estaban compuestas fundamentalmente de las cinco
secciones siguientes:
1.
2.
3.
4.
5.
Los saludos.
Las oraciones por los destinatarios de la carta.
Un agradecimiento.
El contenido principal o propósito de la carta.
La conclusión, que consistía básicamente de saludos
a ciertas personas especiales o a amigos.
Con esto en mente, podemos apreciar mejor el formato
de esta epístola.
12
Dando en el blanco
UBICACIÓN DE FILIPOS
13
BOSQUEJO
A. El prisionero gozoso (1:1 - 2:2).
1. El saludo (1:1-2).
2. Acción de gracias y oraciones (1:3-11).
3. Las bendiciones de los sufrimientos de Pablo
(1:12-20).
4. La esperanza de Pablo (1:21-26).
5. El mandato a la unidad (1:27: 2:1-2).
6. Sufriendo por Cristo (1:28-30).
B. La mente de Cristo (2:3-11).
1. Su humillación (2:3-8).
2. Su glorificación (2:9-11).
C. El ocuparnos de nuestra salvación (2:12-18).
1. Nuestra parte (2:12).
2. La parte de Dios (2:13).
3. La actitud correcta en las pruebas (2.14-16).
4. La ofrenda aceptable (2:17-18).
D.
E.
F.
G.
H.
I.
J.
K.
Timoteo, el hijo espiritual (2:19-24).
Epafrodito, el siervo paciente y sufrido (2:25-30).
La Primera Resurrección (3:1-15).
Pablo, el ejemplo (3:16-21).
La paz de Dios (4:1-9).
El contentamiento santo (4:10-13).
El don del amor (4:14-20).
El saludo final (4:21-23).
15
CAPÍTULO 1
EL PRISIONERO GOZOSO
1:1 - 2:2
Filipenses comienza de una manera muy positiva y
triunfal. A pesar de que el apóstol Pablo escribe esta carta
a sus amigos de Filipos desde una cárcel de Roma, no ha
perdido la victoria que tiene en Cristo. Pablo fue más que
vencedor por medio de Jesucristo en todas las
circunstancias que enfrentó (Ro. 8:37).
He titulado esta sección El Prisionero Gozoso por el
espíritu de regocijo que tuvo Pablo mientras estuvo en
prisión. Que el Señor produzca en cada uno de nosotros
este mismo espíritu de gozo a medida que estudiemos
juntos la Epístola a los Filipenses.
1. LA SALUTACIÓN (1:1-2)
1:1 - “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los
santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los
obispos y diáconos”. Pablo incluye a Timoteo, su hijo
espiritual y amigo, en su salutación a los santos de Filipos.
Pablo se califica a sí mismo y a Timoteo como siervos de
Jesucristo. La palabra griega doulos, traducida “siervo”,
significa esclavo. Se refiere a una persona que está ligada
16
Dando en el blanco
a otra. Pablo reconocía que él estaba en sumisión y
sujeción al señorío del Señor Jesucristo.
A excepción de las epístolas a los Tesalonicenses y
Filemón, esta carta es la única en la que Pablo omite una
declaración de su apostolado. Ésta es una carta a sus
amigos y a la iglesia que, aparentemente, era la más
cercana a su corazón.
Ciertamente, no se le reprocha nada a la iglesia de Filipos,
con excepción de los comentarios en el capítulo 4:2-3 acerca
de dos mujeres en la iglesia que estuvieron en peligro de
dañar la unidad de la iglesia a causa de sus contiendas. Esta
epístola, a diferencia de las otras cartas que Pablo envió a las
demás iglesias, no contiene reprensiones. En los últimos once
años, desde su comienzo en el año 51 d.C., la iglesia de Filipos
había crecido y ahora contaba con los ancianos y diáconos
que eran necesarios para cuidar del rebaño.
1:2 - “Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y
del Señor Jesucristo”. Aquí Pablo pronuncia las
bendiciones conjuntas de gracia y paz. La gracia significa
un favor inmerecido, y también una capacitación divina
para llevar a cabo una tarea. La paz, a su vez, tiene dos
connotaciones. Como cristianos, tenemos paz para con
Dios por la sangre de Jesucristo que fue derramada, la
cual derriba la pared intermedia que existe entre Dios y
nosotros a causa de nuestros pecados. Cristo también nos
prometió la paz de Dios, que nos capacita para guardar
una actitud serena en medio de las tormentas de la vida
(Jn. 14:27). Éste es el sello que posee un hombre santo,
maduro en Cristo.
El prisionero gozoso
17
2. ACCIÓN DE GRACIAS
Y ORACIONES (1:3-11)
1:3 - “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de
vosotros”. He aquí uno de los factores claves para que todo
pastor viva en victoria: estar agradecido por cada miembro
de la congregación que el Señor le ha confiado. Esto no es
del todo fácil, pero es una virtud espiritual que debemos
practicar y ejercitar continuamente. Podemos obedecer al
mandamiento de amarnos los unos a los otros por medio
de Su gracia, cuando el amor de Dios nos consume.
Sin embargo, en el idioma español hay una marcada
diferencia entre las palabras amar y gustar. Después de
todo, las personas afines se atraen, y las personas opuestas
se evitan y hasta se rechazan. Un pastor, de acuerdo a su
vida espiritual tenderá a apegarse a las personas
espirituales, mientras que a los miembros de su
congregación que son difíciles y aun descorteses, apenas
les dirigirá un saludo casual.
Sin embargo, éste no debería ser el comportamiento del
hombre verdaderamente espiritual. A decir verdad, son
los miembros con problemas los que nos hacen depender
y experimentar más de la gracia de Dios. Nuestro
crecimiento muchas veces será proporcional a los
problemas y defectos que enfrentemos en las personas
que han tenido un pasado pecaminoso.
Además, debemos de entender que tenemos que aceptar a
las demás personas, como lo dice el apóstol Pablo en
Romanos 15:7: “Por tanto, recibíos [o aceptaos] los unos
18
Dando en el blanco
a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria
de Dios”. Debemos de aprender la virtud de aceptar a las
personas humildes sin importar su condición material y
espiritual (Ro. 12:16). Cada persona tiene un propósito y
un lugar en el gran plan del Señor para redimir a la
humanidad, y es por eso que Pablo continúa con este tema
en su oración de los versículos 4 y 5:
1:4-5 - “Siempre en todas mis oraciones rogando con
gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el
evangelio, desde el primer día hasta ahora”. Pablo no
sólo está agradecido por todos los creyentes de Filipos
sino que se regocija en su amistad y compañerismo. Esto
es en verdad amarnos los unos a los otros como Cristo
nos amó. Pablo los amó desde el mismo día en que los
conoció. Su corazón fue ensanchado para recibirlos como
a Cristo mismo. El amor de Pablo hacia los filipenses
produjo en lo profundo de su corazón, la certeza de que el
Señor perfeccionaría la buena obra que Él había
comenzado en ellos.
1:6 - “Estando persuadido de esto, que el que comenzó
en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día
de Jesucristo”. Uno de los bellos atributos de Cristo, se
encuentra en Su nombre “Alfa y Omega”, lo cual significa
que Él acabará la obra que Él ha comenzado. Pablo lo
llama el Autor y Consumador de nuestra fe. Por lo tanto,
Él será fiel en terminar la obra redentora que ha comenzado
en cada uno de nosotros.
Qué bendición es tener la seguridad de que podemos ser
transformados en vasos de honra, y ser usados para Su
El prisionero gozoso
19
gloria, si nos sometemos humildemente a Su trato en
nuestras vidas. ¿Por qué tenía Pablo ésta seguridad acerca
de sus amigos filipenses? La respuesta la encontramos en
el versículo 7:
1:7 - “Como me es justo sentir esto de todos vosotros,
por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y
en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros
sois participantes conmigo de la gracia”. El que Pablo
confiara que el Señor perfeccionaría la obra comenzada
en los filipenses, se debía a que ellos ocupaban un lugar
especial en el corazón del apóstol. El amor de Pablo por
los filipenses produjo fe en su corazón, fe en que ellos
triunfarían. Su amor produjo fe para ellos. Ellos eran
partícipes de la gracia que Dios había impartido al Pablo.
Esto es algo esencial para el liderazgo. Si somos líderes,
especialmente pastores, no sólo debemos amar y cuidar a
los que están cerca de nuestro corazón, sino que cada
miembro de la congregación debe ocupar un lugar en
nuestro corazón. Dios le dio a Salomón anchura de corazón
para ser el rey de Israel, a fin de que todo el pueblo de
Dios tuviera un lugar en su corazón (1 R. 4:29). Dios desea
ensanchar nuestro corazón para que podamos y cuidar y
atender genuinamente a las personas que Él nos ha
confiado. Éste es el sello de un verdadero pastor.
En el Antiguo Testamento, el sumo sacerdote usaba un
pectoral sobre el efod. El pectoral tenía inscritos los
nombres de las doce tribus de Israel. Sus nombres estaban
escritos sobre el corazón del sumo sacerdote. Hoy en día,
para poder ser sacerdotes de Dios, debemos de tener esa
Dando en el blanco
20
anchura en nuestro corazón para amar y proteger a todo
el pueblo de Dios. Al hacerlo, estaremos produciendo
santos maduros que serán perfeccionados para el
ministerio que el Señor les ha designado.
1:8 - “Porque Dios es testigo de cómo os amo a todos
vosotros con el entrañable amor de Jesucristo”. Pablo
experimentó el anhelo de un padre por los creyentes de
Filipos, y sufrió por ellos dolores de parto hasta que Cristo
fuese formado en ellos.
1:9 - “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde
aun más y más en ciencia y en todo conocimiento”. Como
hemos mencionado anteriormente, los creyentes de Filipos
constituían una congregación modelo. Por lo tanto, esta
epístola es realmente una exhortación a continuar por la
senda correcta en la cual ya caminaban, y proseguir hasta
alcanzar la perfección. Pablo desarrolla este tema más
adelante en la epístola y los anima a que abunden más y
más en el amor de Cristo que está en ellos, en dos aspectos
fundamentales: conocimiento y juicio.
Conocimiento
Aunque el objetivo de este libro no es el hacer un tratado
exhaustivo sobre el tema del “amor”, ya que este tema se
ha desarrollado con más detalle en nuestro libro titulado
“El Consolador”, me gustaría decir solamente que el amor
se desarrolla a través de un entendimiento progresivo de
los siguientes cuatro puntos:
El prisionero gozoso
21
1. Debemos amar al Señor. Cristo dijo en Mateo
22:37: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”.
2. Debemos amar a nuestro prójimo. El Señor
continuó diciendo en Mateo 22:39: “Amarás a tu
prójimocomo a ti mismo”.
3. Debemos amar a nuestros enemigos. Cristo dijo
en Mateo 5:44: “Amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen, haced bien a los
que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y
os persiguen”.
4. El amor es un fruto del Espíritu. Gálatas 5:2223 dice: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo,
paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza [o dominio propio]…”
Juicio
La palabra griega traducida aquí como “juicio” también
puede interpretarse como percepción sensible. Por eso, el
apóstol Pablo les dice a los filipenses que su amor debe
estar fundado en la sensatez. Para ayudar a ilustrar las
palabras de Pablo, usaré un ejemplo de la vida cotidiana.
Aunque una madre ame a su hijo entrañablemente, no le
dará jamás un objeto nocivo. El niño podrá rogar e
implorar que se le dé una cosa perjudicial, pero su madre
no cederá a sus deseos. La madre debe de ejercer un amor
gobernado por su sensatez para no rendirse ante las
exigencias del niño.
22
Dando en el blanco
En otras palabras, Pablo les decía a los filipenses que su
amor no debía de ser ciego. El amor debe saber discernir.
Debemos ser capaces de discernir entre la gente que
genuinamente está sirviendo al Señor, y la que no lo está
(Mal. 3:18). Éste fue el problema del rey Josafat, a quien le
parecía que debía amar a las personas aunque descaradamente
caminaran en pecado y rebelión contra el Señor.
Es cierto que siempre debemos amar al pecador y aborrecer
el pecado, pero no podemos hacer alianzas con los que no
andan por las sendas de Dios. En esto erró Josafat. Él era
un buen hombre que amaba mucho al Señor, pero su falta
de discernimiento le trajo desgracia tras desgracia. Hizo
alianza con Acab, rey impío de Israel. Josafat le dijo a
Acab en 2 Crónicas 18:3 “Yo soy como tú, y mi pueblo
como tu pueblo; iremos contigo a la guerra”. En otras
palabras, Josafat le estaba diciendo a Acab, a quien el
Señor despreciaba por sus obras perversas: “tú eres mi
hermano en el Señor; yo soy judío; tú eres judío. Los dos
somos pueblo de Dios”.
El Señor reprendió a Josafat por esto en 2 Crónicas 19:2:
“¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a
Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra
ti por esto”. Esta clase de amor sin discernimiento ha hecho
que la Iglesia haga concesiones una y otra vez. ¿Cómo
podemos admitir a aquellos que sostienen creencias
contrarias a la Palabra de Dios y no caminan en sus sendas?
Ésta es la actitud de muchas iglesias de hoy en día. Éste fue
un gran problema en los días del apóstol Pablo así como en
los nuestros, por esta razón Pablo escribió a estos creyentes
que crecieran en el amor con discernimiento.
El prisionero gozoso
23
1:10 - “Para que aprobéis [o discernáis] lo mejor, a fin
de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de
Cristo”. Este concepto fluye con la amonestación que se
encuentra en Romanos 12:2, donde Pablo exhorta a los
cristianos de Roma a comprobar la buena voluntad de
Dios, agradable y perfecta. La palabra griega para decir
“aprobar” es dokimazein, y es usada para comprobar la
pureza de los metales. Significa aprobar después de
someter a prueba.
La idea que Pablo está tratando de comunicar es que
nosotros debemos someter a prueba toda situación que se
presente, para no ser engañados por el adversario.
Asimismo, Pablo está diciendo que debemos distinguir
entre los asuntos importantes y los secundarios, los cuales
pueden desviarnos de los propósitos de Dios. ¿Qué cosas
valen realmente la pena y qué cosas no? Ésta es la
pregunta que siempre debemos hacernos.
Debemos ser sinceros y tener motivaciones puras. La
palabra griega para decir “sincero” es eilikrines, y significa
ser puro. El significado de esta palabra nos habla de
alguien sin defecto o sin mancha. El Señor nos examina
para ver si hay defecto en nosotros, al igual que un futuro
comprador observa una vasija a la luz para comprobar
que no tiene defecto. Dios desea que podamos ser
irreprensibles y sin mancha para no ser piedras de tropiezo
a otras personas. Dios prohibe que hagamos caer en pecado
a otros a causa de nuestro estilo de vida. Juan escribió en
1 Juan 2:10: “El que ama a su hermano, permanece en la
luz, y en él no hay tropiezo”.
24
Dando en el blanco
1:11 - “Llenos de frutos de justicia que son por medio de
Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. El Señor
mismo dijo que de la abundancia del corazón habla y actúa
el hombre (Mt. 12:34; Lc. 6:45). Si nuestros corazones
rebosan del fruto del bendito Espíritu Santo, nuestras vidas
honrarán y glorificarán al Señor.
3. LAS BENDICIONES DE LOS
SUFRIMIENTOS DE PABLO (1:12-20)
La Palabra de Dios contiene una de las doctrinas más
difíciles de entender: el sufrimiento. Por esta razón, antes
de explicar el siguiente pasaje, examinaremos brevemente
diferentes aspectos del sufrimiento:
1. Sufrir por nuestros pecados personales. 1 Pedro 4:12 nos dice: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en
la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento;
pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado,
para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las
concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad
de Dios”. Sufrir por causa de nuestro pecado es la única
forma en la cual dejamos de cometer dicho pecado.
2. Sufrir para aprender obediencia. Al igual que
Cristo, nosotros aprendemos la obediencia por lo que
sufrimos. Hebreos 5:8 dice acerca de Jesús: “Y aunque
era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”.
Esto no habla de los sufrimientos que Cristo soportó en la
cruz, sino de lo que padeció en Sus años de formación
cuando estaba cubierto por la sombra de la mano de Su
Padre (Is. 49:2).
El prisionero gozoso
25
3. Sufrir por causa de Cristo. En Filipenses 1:29 dice:
“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo,
no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por
él”. Los sufrimientos que Cristo experimentó, los cuales
llamaremos “la participación de los sufrimientos del
Padre”, fueron la traición y el rechazo de Su propia gente.
Cristo tuvo que conocer el sentir de Su Padre, por eso
tuvo que experimentar lo que Su Padre padecía.
Dios el Padre fue traicionado por Satanás y sus ángeles
cuando éstos se rebelaron contra Él, así como lo ha hecho
la mayoría de la humanidad que, volviendo la espalda a
Su bondad, declaran que no se someterán a Su gobierno.
Sufrir por Su causa significa experimentar la comunión
de estos mismos padecimientos.
4. Sufrimiento vicario. El cuarto aspecto del
sufrimiento es padecer en lugar de otros por sus pecados,
con el fin de traerlos al redil de Dios. Esto fue lo que
Cristo experimentó en la cruz. Él no fue a la cruz para
derramar Su sangre y morir por sí mismo; Él murió en
lugar de nosotros. 1 Pedro 3:18 dice: “Porque también
Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por
los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad
muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”. Cristo
experimentó por nosotros un sufrimiento vicario.
Pablo también padeció por causa de los demás, como lo
manifestó en Colosenses 1:24: “Ahora me gozo en lo que
padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta
de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la
iglesia”. (Ver 1 Co. 4:10-13; 2 Co. 4:7-12; 6:3-10). Al
26
Dando en el blanco
morir cada día, estamos liberando la vida de Cristo hacia
otras personas. Cuando una persona sufre por causa de
otra, libera la gracia de Dios hacia esa persona.
Ciertamente, existen muchos más aspectos acerca del
sufrimiento que los que acabamos de enumerar. Pablo
considera otra perspectiva al contarnos las pruebas que
atraviesa como prisionero del César. A esta porción de la
Epístola la hemos titulado Las Bendiciones de los
Sufrimientos de Pablo.
1:12 - “Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que
me han sucedido, han redundado más bien para el
progreso del evangelio”. Aquí Pablo nos muestra la obra
externa de Romanos 8:28 que dice: “Y sabemos que a los
que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto
es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Estas
no solamente fueron palabras elocuentes; si no que fueron
una profunda convicción en la propia vida de Pablo. En
lo más íntimo de su corazón Pablo estaba convencido de
que todo lo que había padecido obraba para su bien y para
los propósitos de Dios.
Las cadenas que Pablo experimentó en sus manos sirvieron
para extender el mensaje del Evangelio y difundir las
buenas nuevas. Esta experiencia en la prisión le dio a Pablo
la oportunidad de testificar a los soldados romanos de la
Guardia Imperial, a quienes jamás hubiera conocido de
no haber sido encarcelado. Dios deseaba que el Evangelio
penetrara hasta esta clase tan cerrada de la sociedad.
El prisionero gozoso
27
1:13 - “De tal manera que mis prisiones se han hecho
patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los
demás”. Habiendo sido encadenado sucesivamente a
distintos oficiales de la Guardia Imperial, Pablo realmente
estuvo predicando el Evangelio a lo más selecto del
ejército Romano.
1:14 - “Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo
en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a
hablar la palabra sin temor”. Debido a la valentía de
Pablo, sus compañeros no temieron predicar a Cristo en
el corazón del Imperio. El gran valor del apóstol y su
espíritu vencedor en tiempos de debilidad, sirvieron para
fortalecer a muchos. Sus amigos entendieron claramente
que él no era culpable de los crímenes por los que se le
acusaba.
1:15-17 - “Algunos a la verdad, predican a Cristo por
envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. Los
unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente,
pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros
por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del
evangelio”. Sin embargo, hubo otros que no tuvieron tan
buenos sentimientos y usaron el encarcelamiento de Pablo
como ocasión para hablar en contra de él durante sus
sermones. ¿No hemos experimentado nosotros situaciones
similares cuando otros desde el púlpito nos han vituperado
y difamado?
1:18 - “¿Qué pues? Que no obstante, de todas maneras,
o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en
esto me gozo, y me gozaré aún”. ¿Cómo podemos vencer
28
Dando en el blanco
los ataques personales de hermanos que se han vuelto en
contra nuestro, o que quizás sin conocernos se han unido
al rencor de otra persona que se nos opone, y poner
nuestros ojos en el Señor Jesucristo. Nuestro objetivo no
debe ser proteger nuestra reputación, empañada a veces
por el fango de los chismes. Al igual que el apóstol Pablo,
nuestro objetivo y anhelo en la vida debe de ser exaltar el
nombre de Cristo y magnificar Su glorioso nombre.
1:19 -“Porque sé que por vuestra oración y la
suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará
en mi liberación”. Pablo podía regocijarse en medio de las
persecuciones porque conocía el fin del asunto. Él sabía
que el Señor cambiaría la maldición en bendición. Pablo
fue amado por muchos, quienes diligentemente oraban por
él durante esta prueba. Sus oraciones hicieron que estas
persecuciones se convirtieran en una bendición para él.
Cuando estamos atravesando por una prueba, mientras
los hermanos oran para que mantengamos una actitud
correcta, el Señor verdaderamente cambia esos ataques
en contra de nuestra persona para nuestro bien.
Recordemos las palabras dichas por nuestro Señor en las
Bienaventuranzas de Mateo 5:11-12: “Bienaventurados
sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y
digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande
en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que
fueron antes de vosotros”.
La palabra clave es gozaos, y mientras conservemos un
espíritu de regocijo, transmitiremos la dulzura de Jesús,
El prisionero gozoso
29
porque Él dijo: “Padre perdónalos, porque no saben lo
que hacen”. Es de vital importancia que no nos
ofendamos cuando recibimos ataques de nuestros
hermanos. Cuando nos ofendemos, la raíz de amargura
comienza a invadir nuestras vidas, y en lugar de
manifestar el amor de Jesús, contaminamos a muchos
con nuestro resentimiento (He. 12:15). Un espíritu de
regocijo mantendrá nuestro corazón libre de amarguras y
nuestro espíritu libre de heridas y ofensas, permitiéndonos
alcanzar una completa victoria en Cristo.
1:20 - “Conforme a mi anhelo y esperanza de que en
nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza,
como siempre, ahora también será magnificado Cristo
en mi cuerpo, o por vida o por muerte”. Es esencial, así
como lo declara Pablo en Efesios 4:15, que hablemos,
prediquemos y testifiquemos de la verdad que hay en
Cristo, con un espíritu de amor, de manera que en toda
situación, Cristo sea glorificado en nosotros, ya sea durante
nuestra vida o aun en nuestra hora de morir.
4. LA ESPERANZA DE PABLO (1:21-26)
1:21 - “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es
ganancia”. Habiendo sido crucificado con Cristo, lo que
Pablo anhelaba ardientemente era vivir su vida en la fe
del Hijo de Dios (Gá. 2:20). Pablo dijo que mejor le sería
morir que vivir. Sin embargo, se enfrentaba ante un dilema,
como lo explica a continuación.
1:22-24 -“Ahora bien, si seguir viviendo en este mundo
representa para mí un trabajo fructífero, ¿qué escogeré?
30
Dando en el blanco
¡No lo sé! Me siento presionado por dos posibilidades:
deseo partir y estar con Cristo, que es muchísimo mejor,
pero por el bien de ustedes es preferible yo permanezca
en este mundo” (NVI). Para el apóstol Pablo era mucho
mejor irse al cielo, pero los conversos, sus hijos
espirituales que permanecían en la tierra, todavía lo
necesitaban. Por eso tomó la decisión de continuar en esta
vida terrenal por unos cuantos años más de provecho.
1:25-26 - “Y confiado en esto, sé que quedaré, que aún
permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho
y gozo de la fe, para que abunde vuestra gloria de mí en
Cristo Jesús por mi presencia otra vez entre vosotros”.
Para algunos puede parecer extraño que Pablo haya podido
decidir el tiempo de su partida al cielo, pero permítame
tratar de explicarlo.
Hace algunos años, después de pasar por diversas pruebas,
le pedí al Señor que me llevara con Él. Esa noche morí y el
ángel que había venido por mí me llevó al cielo. Cuando
estaba por entrar al cielo, antes de cruzar el río y pasar por
las puertas, el Señor me mostró que yo no había completado
mi carrera. Usted no tiene idea de la enorme tristeza que
sentí en todo mi ser. Después de rogarle al Señor, Él me
permitió volver a la tierra para poder acabar mi carrera.
Por eso, hasta cierto punto creo, al igual que Pablo, que
nuestra voluntad puede definitivamente ser un factor que
determine el tiempo de nuestra muerte. Pablo decidió
permanecer por unos cuantos años más para poder ayudar
a sus amigos a recibir mayor gracia de parte de Dios y de
avanzar espiritualmente.
El prisionero gozoso
31
5. EL MANDATO A LA UNIDAD
(1:27 — 2:1-2)
Ahora el apóstol Pablo hace referencia a un problema
específico que estaba perturbando a la santa iglesia de
Filipos: la necesidad de estar unidos en mente y en espíritu,
a medida que caminaban hacia el cumplimiento de los
propósitos de Dios para sus vidas. La falta de unidad es
uno de los problemas más grandes que tienen hoy casi
todas las iglesias alrededor del mundo.
1:27 - “Solamente que os comportéis como es digno del
evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o
que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un
mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del
evangelio”. Nuestra conversación, por supuesto, no solo
incluye las palabras que usamos, sino que también nuestra
conducta general en la vida.
Una Iglesia debe expresarse con unanimidad respecto a
cualquier asunto. En la época que estamos viviendo, hemos
observado que una Iglesia fragmentada, y por consiguiente
débil, tiene muy poco impacto en los acontecimientos de
nuestras naciones. La discordia pone en peligro a cualquier
Iglesia. Sin embargo, cuando llegue el avivamiento y la
Iglesia se una, la Iglesia victoriosa será cabeza y no cola,
como lo es hoy en día (ref. Dt. 28:13).
Hay fundamentalmente cuatro aspectos de la unidad en
las Sagradas Escrituras. Estos cuatro pasos sucesivos de
unidad nos llevarán a nosotros y a nuestras congregaciones
a la verdadera unidad.
32
Dando en el blanco
1. La unidad del corazón
La unidad personal, la unidad de nuestro propio corazón,
es ilustrada en la oración del rey David en el Salmo 86:11:
“Enséñame, oh Jehová tu camino; caminaré yo en tu
verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre”.
Solamente cuando se haya solucionado el problema de
las divisiones de nuestro propio corazón, podremos
aspirar a estar unidos con otros santos. Sólo podemos
servir a un Señor, como dijo Jesús en Mateo 6:24:
“Ninguno puede servir a dos señores; porque o
aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y
menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las
riquezas”. Necesitamos pedirle a Dios que crea en
nosotros un corazón limpio, de manera que no estemos
divididos entre el servicio a los afanes, riquezas, y
placeres mundanos, y el servicio al Señor. El creyente
que tiene unidad de corazón, siempre le confiere al Señor
el primer lugar en su vida.
2. La unidad de espíritu
En el movimiento carismático de las décadas de 1960 y
1970, el Señor derramó de Su Santo Espíritu
prácticamente sobre todas las denominaciones,
bautizándolas en el Espíritu con la consiguiente
manifestación de hablar en otras lenguas y los nueve
dones del Espíritu mencionados en 1 Corintios 12:7-10.
Todos aquellos que fueron bautizados en el Espíritu
Santo estaban unidos por esta experiencia en común. Sin
embargo, cuando empezaron a hablar sobre sus doctrinas
denominacionales, surgió entre ellos la discordia. Por
El prisionero gozoso
33
eso Pablo nos exhorta en Efesios 4:3, a ser “solícitos en
guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.
3. La unidad de la fe
La unidad de la fe es la meta y el propósito del ministerio
quíntuple. El ministerio funciona para producir la unidad
de la fe y de la doctrina. Pablo dijo en Efesios 4:11-13:
“Y [el Señor] mismo constituyó a unos, apóstoles; a
otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores
y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la
obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de
Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y
del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto,
a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.
Isaías 52:8 es una profecía del Milenio, pero también
de los últimos días: “¡Voz de tus atalayas! Alzarán la
voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a
ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion”. En el
avivamiento de los últimos días, la Iglesia entrará en la
unidad de la doctrina y de la fe. El Espíritu Santo, la
unción permanente que nos enseña todas las cosas,
aclarará sin lugar a dudas cuáles doctrinas son de Dios y
cuáles no lo son (ver 1 Jn. 2:27).
Por lo tanto, a través del ministerio de santos maestros
que estén ungidos por el Espíritu Santo, la Iglesia de
Jesucristo hablará a una sola voz en estos últimos días
cuando entremos en el cumplimiento de la gloriosa fiesta
de los Tabernáculos.
34
Dando en el blanco
4. La unidad de los hermanos
El último aspecto de la unidad se puede entender mejor al
leer el Salmo 133: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso
es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el
buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba,
la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras;
como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes
de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna”.
La clave para la unidad de los hermanos, donde todos
habitan en armonía y unidad, la encontramos al interpretar
el significado de los ingredientes del ungüento de la unción
que se derramó sobre la cabeza de Aarón.
Estos ingredientes se describen en Éxodo 30:23-25,30 de
esta manera: “Tomarás especias finas: de mirra excelente
quinientos ciclos, y de canela aromática la mitad, esto
es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos
cincuenta, de casia quinientos, según el ciclo del
santuario, y de aceite de olivas un hin. Y harás de ello el
aceite de la santa unción; superior ungüento, según el
arte del perfumador, será el aceite de la unción santa...
Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás
para que sean mis sacerdotes”.
Estas importantes especias tienen el siguiente significado
espiritual:
•
La mirra nos habla de la mansedumbre de Cristo.
La mansedumbre nos capacita para recibir todo lo
que nos sucede con una aceptación santa y con gozo.
El prisionero gozoso
•
La canela aromática nos habla de la bondad.
Todo lo que le hacemos o decimos a otras personas
tiene que ser hecho teniendo siempre en cuenta su
mayor beneficio.
•
El cálamo aromático nos habla de la benignidad
al tratar a los demás, especialmente a nuestros
cónyuges. Debemos ser tan gentiles como una
nodriza que cuida a niños pequeños.
•
La casia nos habla de la humildad. Esta actitud es
la que tienen los pobres en espíritu.
•
El aceite de olivas nos habla de la paz.
Necesitamos tener la paz de Dios, la cual guardará
nuestra mente y corazón en todo tiempo.
35
Cuando estas características y virtudes se han desarrollado
en nuestra vida, entonces podremos habitar y permanecer
juntos en armonía.
6. SUFRIENDO POR CRISTO (1:28-30)
1:28 - “Y en nada intimidados por los que se oponen, que
para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para
vosotros de salvación; y esto de Dios”. Ahora Pablo regresa
al tema del sufrimiento, pues aparentemente sus amados
amigos de Filipos estaban siendo perseguidos por distintos
tipos de personas, como lo declara en el capítulo 3:2.
Pablo exhorta a sus amigos a no temerle a la gente impía,
sino a cobrar ánimo. Los impíos serán destruidos, pero
36
Dando en el blanco
los justos heredarán la salvación eterna. La serenidad de
su conducta serviría de testimonio en contra de sus
opresores. El hecho de que los santos filipenses no
estuvieran aterrorizados ante la hostilidad de los
adversarios, fue una clara prueba para estos perversos, de
que ellos mismos serían destruidos. Cuando soportamos
el sufrimiento con buen ánimo, somos partícipes de los
sufrimientos de Cristo, quien experimentó una persecución
mucho mayor de lo que pudiéramos imaginar.
1:29 - “Porque a vosotros os es concedido a causa de
Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que
padezcáis por él”. A todo creyente se le ha concedido el
privilegio (y digo privilegio) de sufrir por Cristo. Muchos
de los líderes eclesiásticos de hoy en día, han perdido el
espíritu de los primeros apóstoles, quienes consideraban
un gran honor sufrir por el Señor. Hechos 5:41 nos dice:
“Y ellos [los apóstoles] salieron de la presencia del
concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de
padecer afrenta por causa del Nombre”.
Muchos predicadores en la actualidad dicen que los
cristianos no tienen por qué sufrir. Bueno, la realidad es
que el cristiano que no ha sufrido no podrá obtener un
galardón grande en el cielo, ni conocerá íntimamente al
Señor. Son únicamente aquellos que han sufrido, quienes
reciben el óleo de gozo del Señor (Is. 61:3).
William Booth, el fundador del Ejército de Salvación, en
su juventud tuvo una visión de un grupo de cristianos que
estaban en el cielo, todos llenos de un gozo inmenso. Ellos
se estaban regocijando en la presencia del Señor. Entonces
El prisionero gozoso
37
el Señor se dio vuelta, y poniendo Su mirada en William
Booth, le dijo: “¿Cómo puedes tú que nunca has sufrido
conocer el gozo de éstos?” El sufrimiento es lo que nos
permite conocer el gozo de Jesús que Pablo experimentó.
Amados, recordemos también que si sufrimos con Cristo,
también reinaremos con Él. Pablo dijo en 2 Timoteo 2:12:
“Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos,
él también nos negará”.
1:30 - “Teniendo el mismo conflicto que habéis visto en
mí, y ahora oís que hay en mí”. Ahora Pablo nos habla
del conflicto que tenía. Para entender lo que Pablo nos
está diciendo, debemos de ver en su epístola hermana, la
carta a los Colosenses, lo que Pablo también mencionó
acerca de este conflicto en Colosenses 2:1: “Porque quiero
que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros y por
los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han
visto mi rostro”. Probablemente este conflicto haya sido
de naturaleza espiritual. Cuando Pablo oraba, peleaba
contra potestades demoníacas que afligían su cuerpo.
Asimismo, el apóstol Pablo mencionó haber peleado
contra fieras en Efeso (1 Co. 15:32). Éstas eran fuerzas
demoníacas en forma de fieras, ya que “no tenemos lucha
contra sangre y carne, sino contra principados, contra
potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de
este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las
regiones celestes” (Ef. 6:12).
38
Dando en el blanco
Se enfatiza nuevamente
la necesidad de la unidad (2:1-2)
2:1-2 - “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo,
si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu
si algún afecto entrañable, si alguna misericordia,
completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo
amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”.
El anhelo ardiente del corazón de Pablo, y en realidad el
de todo su ser, puede percibirse en estos versículos. Él
añoraba y buscaba la única cosa que sabía aseguraría que
la Iglesia llegara a la madurez, esto es, que todos estuviesen
unidos por el vínculo del amor. Cuando los creyentes están
de acuerdo y tienen el mismo sentir, pueden fluir juntos
en palabra y en acción.
Debemos de notar el ruego de un padre como Pablo cuando
emplea palabras tan llenas de emoción, como: consuelo,
afecto entrañable y misericordia, declarando que este gozo
solamente será completo cuando todos estén en unidad.
El poder de la unidad es tremendo. De hecho, la gente
que está unida con un sólo propósito es prácticamente
invencible.
Esto se aplica inclusive en un sentido negativo en el
caso de la torre de Babel. Dios dijo en Génesis 11:6:
“He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo
lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará
desistir ahora de lo que han pensado hacer”. La gente
que estaba construyendo la torre de Babel tenía un solo
lenguaje. Esto no sólo quiere decir que compartían un
El prisionero gozoso
39
mismo idioma, sino que hablaban las mismas cosas,
porque pensaban de la misma manera.
Debido a su propósito común y a la unidad para lograrlo,
el Señor dijo que nada les haría desistir. En un sentido
positivo, si la Iglesia de Jesucristo se une para hacer Su
voluntad y para ver que Su gloria alcance las naciones,
nada podrá detener esta marcha progresiva de los santos
de Dios, ni siquiera las puertas del Hades (Mt. 16:18).
Así pues, debemos tomar este pasaje en nuestro corazón,
y procurar tener unidad en nuestro matrimonio, en nuestro
hogar, en nuestro lugar de trabajo y en nuestras iglesias.
41
CAPÍTULO 2
LA MENTE DE CRISTO
2:3-11
Esta sección es una de las declaraciones teológicas de
mayor profundidad en toda la Palabra de Dios. Este pasaje,
caracterizado por una gran elocuencia, revela cómo Cristo
se despojó a sí mismo, Su encarnación, Su muerte en la
cruz, Su resurrección y Su subsiguiente exaltación a la
diestra del Padre. Pablo nos exhorta a tener el mismo sentir
que tuvo Cristo.
2:3 – “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes
bien con humildad, estimando cada uno a los demás como
superiores a él mismo”. Pablo comienza este pasaje sobre
la mente de Cristo, hablando de la importancia y la
necesidad de humildad. La humildad es la clave para
alcanzar una nueva bendición de parte de Dios, porque
Dios derrama de Su gracia sobre el humilde.
Es después de cada experiencia en el valle de Baca (valle de
lágrimas), que Dios forja una humildad más profunda en
nuestra vida, llevándonos a mayores alturas espirituales en
Él, llegando a tener experiencias que nos hacen sentir como
si estuviésemos en la cima del monte (ver Sal. 84:6-7).
Pablo nos dice que no debemos hacer nada por contienda
o vanagloria (orgullo), sino con humildad de pensamiento
42
Dando en el blanco
debemos considerar a los demás como superiores a
nosotros mismos. El orgullo nos hará pensar que somos
mejores que los demás, pero la humildad de pensamiento
nos permitirá preferir a los demás antes que a nosotros
mismos. Pablo dijo en Romanos 12:10: “Amaos los unos
a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra,
prefiriéndoos los unos a los otros”.
La humildad tiene sus raíces en tres aspectos de la
verdad:
1. Somos seres creados. David le declaró al Señor en el
Salmo 8:3-4: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el
hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del
hombre, para que lo visites?”
Mientras daba un paseo por la noche, David contempló
la inmensidad del firmamento. Esto hizo que él se viera
a sí mismo desde la perspectiva correcta. El rey David
se dio cuenta de lo insignificante que era sin el Señor.
Este es el primer paso que debemos dar para poder
adquirir la humildad. Debemos comprender que somos
seres creados, y vernos a nosotros mismos desde el
ángulo correcto.
Cuando volamos en avión a muchos kilómetros por
encima de la tierra, podemos ver realmente cuán pequeño
es el hombre. Ciertamente, somos muy pequeños en
comparación con la inmensa creación de Dios. Meditar
sobre esta verdad comenzará a hacernos humildes.
La mente de Cristo
43
2. Somos pecadores caídos. El siguiente paso hacia la
humildad, es darnos cuenta que somos pecadores caídos.
Pablo dijo en Romanos 3:23: “Por cuanto todos pecaron,
y están destituidos de la gloria de Dios”. Todo hombre y
mujer ha cometido pecado y está destituido de la gloria
de Dios. Todos necesitamos de un Salvador, y apartados
de Él nada somos.
3. Todos recibimos la gracia de Dios. El tercer paso a
la humildad, es entender por medio de la experiencia, lo
que Pablo dijo en 1 Corintios 15:10: “Pero por la gracia
de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano
para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos;
pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. Debemos
tener la plena convicción de esto en nuestras vidas y
decirlo no sólo con nuestros labios, sino estar
convencidos en nuestra mente y corazón de que nada
podemos lograr por fuerza propia. Todo lo que lleguemos
a ser o lleguemos a realizar, será únicamente por la gracia
de Dios.
A medida que meditemos y reflexionemos sobre estos tres
aspectos de la verdad, y clamemos para que la gracia de
Dios renueve nuestro entendimiento, recibiremos la
humildad y la mente de Cristo.
2:4 - “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino
cada cual también por lo de los otros”. Cada uno de
nosotros debe velar no sólo por nuestros propios intereses,
sino también por los de los demás. Debemos dar nuestras
vidas por los demás, así como Cristo dio la Suya por
nosotros.
44
Dando en el blanco
En esta epístola Pablo trata sobre la contienda. La
contienda y la división vienen solamente por la soberbia
(Pr. 13:10). Por lo tanto, Pablo exhorta a los creyentes
filipenses a vestirse de la humildad de Cristo y a caminar
en unidad.
El obstáculo más grande que impide lograr la unidad es
tener mentes soberbias, que se han envanecido. Por lo
tanto, la humildad es la clave para la unidad.
LA KENOSIS DE CRISTO
En Filipenses 2:5-11 Pablo desarrolla lo que se conoce
como la Kenosis de Cristo (o sea, el despojarse de sí
mismo), y Su posterior exaltación por el Padre. La palabra
griega kenosis significa “vaciarse” (en otras palabras,
Jesús se despojó de Su reputación). Jesús tomó siete pasos
que lo llevaron a descender de Su posición y nivel celestial,
a Su muerte en la cruz.
Después de despojarse a sí mismo de su gloria celestial, y
haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, el Padre lo
exaltó y le dio un nombre que es sobre todo nombre.
Los siete pasos de la Kenosis de Cristo:
1. No estimó el ser igual a Dios como algo a qué
aferrarse.
2. Se despojó a sí mismo.
3. Tomó forma de siervo.
4. Fue hecho semejante a los hombres.
5. Se humilló a sí mismo.
La mente de Cristo
45
6. Se hizo obediente hasta la muerte.
7. Tuvo una muerte de cruz.
2:5 - “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo
también en Cristo Jesús”. Pablo nos exhorta a tener la
mente de Cristo, la cual es una mente humilde (Col. 3:12).
La humildad siempre comienza en nuestra mente, con
nuestra manera de pensar. La mente fue el factor clave
para la humildad de Cristo.
En pocas palabras, la humildad es tener una opinión
correcta acerca de nosotros mismos, y comprender que
realmente no somos nada sin Cristo. La transformación
comienza por nuestro entendimiento, como nos lo dice
Pablo en Romanos 12:2: “Transformaos por medio de la
renovación de vuestro entendimiento”.
Pablo también dice en 2 Corintios 10:4-5: “Porque las
armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas
en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando
argumentos y toda altivez que se levanta contra el
conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo
pensamiento a la obediencia a Cristo”.
En la mente se encuentran muchas de las fortalezas del
orgullo y de la vida egocéntrica. Por lo tanto, para ser
transformados, necesitamos que nuestras mentes sean
renovadas. El orgullo siempre se introduce en una persona
y establece una fortaleza en esa vida cuando la mente de
la persona se llena de orgullo. Colosenses 2:18 se refiere
al hombre carnal que está “hinchado por su propia mente
carnal”.
46
Dando en el blanco
2:6 - “El cual, siendo en forma de Dios [poseyendo todos
los atributos de Dios y siendo aún la plenitud de la
Deidad], no estimó el ser igual a Dios como cosa a que
aferrarse”. El primer paso de Cristo, al descender, fue
despojarse de Su igualdad con Dios. Cristo era el Hijo
Unigénito del Padre. Al lado del Padre, en los cielos, Cristo
era supremo. Él fue el co-Creador del mundo y del hombre
(Col. 1:16). Sin embargo, estuvo dispuesto a someterse a
Dios Padre para redimir a la humanidad.
El texto original nos da a entender que Cristo no se aferró
a Su igualdad con Dios cuando, por la voluntad de Dios,
le fue revelado que debía abandonar esa posición. No se
aferró a Su posición; Su deseo era hacer la voluntad de
Su Padre. Cristo dijo en Juan 6:38: “Porque he descendido
del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del
que me envió”. Jamás debemos tener el deseo de
aferrarnos a algo (incluyendo una posición o ministerio).
Siempre debemos buscar poner la voluntad de Dios en
primer lugar.
2:7 - “Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de
siervo, hecho semejante a los hombres”. Cristo se despojó
a sí mismo de Su reputación. Hay muchas personas que
con gran celo tratan de conservar su prestigio a cualquier
costo. Sin embargo, Cristo, el propio Hijo de Dios, no
buscó una reputación ni alabanzas de los hombres.
Únicamente le importó hacer la voluntad de Su Padre.
La Sulamita (que simboliza la Esposa de Cristo) dijo en
el Cantar de los Cantares 5:7: “Me hallaron los guardas
que rondan la ciudad; me golpearon, me hirieron; me
La mente de Cristo
47
quitaron mi manto de encima los guardas de los muros”.
Los guardas, refiriéndose a ministros y líderes, le quitaron
el manto (o sea, la reputación) de la Sulamita.
Para seguir adelante con el Señor y conocerlo de una
manera más íntima, debemos también nosotros
despojarnos de nuestra reputación, por lo general debido
a lo que nos hacen otros cristianos. Para que Pablo se
convirtiera en el perseguido testigo de Cristo, tuvo que
despojarse de su reputación de fariseo de fariseos, de ser
discípulo de Gamaliel, y de ser uno de los maestros con
más futuro en la fe judaica, para convertirse en el testigo
perseguido por causa de Cristo.
Esta frase “Se despojó a sí mismo” en griego significa
literalmente, que Cristo se vació a sí mismo. Él rindió
todos sus derechos, privilegios y prerrogativas divinas.
La gloria que tuvo con Su Padre antes de la fundación del
mundo, estuvo encubierta mientras anduvo en la tierra.
En Juan 17:5, poco antes de ir a la cruz, Cristo oró de esta
manera: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo,
con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo
fuese”.
“Tomando forma de siervo”. El Señor Jesucristo tomó
sobre sí la naturaleza de un siervo (o esclavo). Cristo dijo
en Marcos 10:45: “Porque el Hijo del Hombre no vino
para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en
rescate por muchos”. Jesús no vino como Rey de reyes,
sino como el Siervo de todos. En Marcos 9:35, dijo: “Si
alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y
el siervo de todos”.
48
Dando en el blanco
En el Aposento Alto, después de la Última Cena, Jesús se
ciñó una toalla alrededor de la cintura, vertió agua en un
recipiente y comenzó a lavar los pies de Sus discípulos.
Lavar los pies de los demás era tarea de siervos, pero Cristo
lo hizo porque se había despojado de su derecho a ser el
Señor de todos para poder convertirse en el Siervo de
todos. Clamemos también por tener el mismo corazón de
siervo que tuvo nuestro Señor, y no exijamos mejores
condiciones ni mejores tratos.
“Hecho semejante a los hombres... y estando en la
condición de hombre”. En la encarnación, Jesús el Hijo de
Dios, tomó sobre Sí la naturaleza de hombre. Hebreos 2:17
nos dice que Él fue semejante a nosotros en todo. Pablo
dice en Hebreos 4:15: “Porque no tenemos un sumo
sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino uno que fue tentado en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado”. Cristo fue tentado
en todas las áreas en que un ser humano puede ser tentado,
pero la diferencia entre Él y nosotros es que Él nunca
pecó. Fue tentado como nosotros, pero nunca cedió a la
tentación.
El Señor Jesús experimentó todas las cosas que
enfrentamos nosotros en la vida. Por haber tomado la
naturaleza humana y haber vencido las tentaciones que
nosotros enfrentamos, ahora Él puede ayudarnos en
nuestros momentos de tentación.
Amados, muchas veces el Señor nos hace atravesar por
pruebas y tentaciones con el fin de que seamos compasivos
con aquellos que están atados en las mismas áreas (He. 5:2).
La mente de Cristo
49
El Señor no desea que los condenemos en ese estado (ni
tampoco que consintamos lo que hacen), sino que los
levantemos, ayudándoles a triunfar sobre esas áreas.
2:8 - “Y estando en la condición de hombre, se humilló a
sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte
de cruz”.
“Se humilló a sí mismo”. Cristo, el Heredero de todas las
cosas, adoptó la postura de alguien que se somete a sus
escarnecedores. Es impresionante que Cristo haya
menguado hasta el grado de someterse a los designios de
hombres que eran de lo más desacreditado de la raza
humana. Cristo ha puesto ante nosotros el ejemplo a seguir.
El deseo del Padre es hacernos como Cristo y moldearnos
a Su imagen. Debemos tratar de someternos a las
circunstancias en que Dios el Padre, en Su soberana
sabiduría, decide colocarnos.
“Haciéndose obediente hasta la muerte”. Hacerse
obediente y morir en la voluntad de Dios, es sin lugar a
dudas la cumbre y pináculo del sometimiento. Cuando
estudiamos la vida de Cristo en su totalidad, descubrimos
que Él nació con un objetivo: el de morir. Por lo tanto,
nosotros tampoco podemos tener otro propósito en la vida;
porque como Él, debemos ser derramados como vino y
convertirnos en pan partido para alimentar a las multitudes.
Debemos estar dispuestos a entregarnos a aquellos que
en un momento dado, nos golpean y arrancan la piel del
rostro, como lo hicieron con Cristo.
50
Dando en el blanco
“Y muerte de cruz”. Cristo no sólo se sometió a la muerte,
sino que sufrió la forma más deshonrosa de morir que el
mundo de aquella época conocía. La cruz era considerada
una muerte tan vil, que los ciudadanos romanos no podían
ser clavados en la cruz. En realidad, se reservaba para lo
más despreciable de la humanidad.
Aun en las Sagradas Escrituras, se declara en
Deuteronomio 21:22-23: “Si alguno hubiere cometido
algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo
colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase
la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo
día, porque maldito por Dios es el colgado; y no
contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por
heredad”. En nuestro libro titulado La Cruz y La
Resurrección, usted podrá apreciar un estudio más
detallado de la muerte y crucifixión del Señor.
Cristo se humilló y tomó estos siete pasos. En la medida
que le permitamos que el Señor nos humille y
quebrante, en esa misma medida Él nos exaltará. Antes
de que Cristo fuera exaltado y tomara Su eminente
posición a la diestra del Padre en los cielos, tuvo que
descender a las profundidades de la tierra en aparente
derrota. Efesios 4:9 dice: “Y eso de que subió, ¿qué
es, sino que también había descendido primero a las
partes más bajas de la tierra?”.
1 Pedro 5:6 dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa
mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”.
Si nos humillamos y seguimos el ejemplo de Cristo de
ser siervos y obedientes a la voluntad de Dios, Él nos
La mente de Cristo
51
levantará y exaltará a Su tiempo. Ahora en los versículos
9 al 11 vemos los siete pasos de la exaltación de Cristo.
2:9-11 - “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo,
y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en
el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están
en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda
lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de
Dios Padre”.
Los siete pasos de la exaltación de Cristo:
1. Dios lo exaltó a lo sumo.
2. Dios le dio un nombre que es sobre todo nombre.
3. Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla.
4. De los que están en el cielo.
5. De los que están en la tierra.
6. De los que están debajo de la tierra.
7. Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor.
Examinemos brevemente los siete pasos de la
exaltación de Cristo:
1. Dios lo ha exaltado a lo sumo. El día de hoy Jesús está
sentado a la diestra de la Majestad en lo alto. Hebreos 1:3
nos dice que después de Su ascensión, Cristo: “se sentó a
la diestra de la Majestad en las alturas”. Él posee la
posición de preeminencia en todo el Universo. Él está al
lado de Dios Padre.
52
Dando en el blanco
2. Dios le dio un nombre que es sobre todo nombre.
Pedro dijo en Hechos 4: 10-12 que en el Nombre de
Jesucristo de Nazaret se había sanado el cojo en el templo,
con estas palabras: “Y en ningún otro [fuera de Cristo]
hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo,
dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. El
nombre de Cristo, el Señor Jesucristo, es el único nombre
que la humanidad puede invocar para ser salva, porque
solamente Él es Señor. Joel 2:32 dice: “Y todo aquel que
invocare el nombre del Señor será salvo...”
3. Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla.
Éste es el cumplimiento de la profecía de Isaías 45:23:
“Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra
en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda
rodilla, y jurará toda lengua”. Doblar nuestra rodilla ante
un soberano terrenal es un acto de reconocimiento de que
Él es supremo y superior a nosotros. Cuando nos
arrodillamos delante del Señor en oración, ese es un acto
de fidelidad a Él, el Soberano del Universo. Él es el Rey
de reyes y el Señor de señores.
4. De los que están en los cielos. Todo el cielo glorifica a
Cristo el Cordero de Dios. Leemos en Apocalipsis 5:13:
“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra,
y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que
en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono y al
Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder,
por los siglos de los siglos”. Asimismo, 1 Pedro 3:22 nos
dice que Cristo: “habiendo subido al cielo, está a la
diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades
y potestades”.
La mente de Cristo
53
5. De los que están en la tierra. Aparte del versículo
citado anteriormente, en Apocalipsis 5:13 las Escrituras
nos dicen que cuando el Señor regrese, el Anticristo (que
representa los imperios de este mundo), será obligado a
doblar la rodilla en derrota, delante del Cordero de Dios.
En Hebreos 2:8 Pablo cita el Salmo 8:6 refiriéndose a
Cristo: “Todo lo sujetaste bajo sus pies”.
6. De los que están debajo de la tierra. Cuando el Señor
descendió a las profundidades de la tierra para predicarle
a los que en otro tiempo desobedecieron en la época de
Noé (1 P. 3:18-21), puso en libertad a todos los santos del
Antiguo Testamento, los cuales subieron al cielo junto
con Él (Ef. 4:8). Muchas personas que han visto el infierno
en visión, han testificado del impresionante temor y
respeto que los demonios tienen por Cristo.
El apóstol Santiago dijo en el capítulo 2:19 de su epístola:
“también los demonios creen, y tiemblan”. Esta misma
verdad se encuentra registrada en las Escrituras previas a
la ascensión del Señor, en la cual los demonios lo
reconocieron como el Hijo de Dios y temblaron ante Él,
obedeciendo a Su Palabra (ver Mt. 8:29).
7. Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre. De nuevo, ésta es una cita de
Isaías 45:23-24, en donde las Escrituras declaran que toda
lengua jurará que sólo en el Señor está la justicia. Todos
tendrán que declarar que Dios ha juzgado con justicia a
través de la vida del Señor Jesucristo, el único digno de
nuestra alabanza y el único que es justo.
55
CAPÍTULO 3
EL OCUPARNOS DE
NUESTRA SALVACIÓN
2:12-18
En esta breve sección, Pablo revela la verdad de que
aunque la salvación es un regalo gratuito de parte de Dios,
hay una parte que nos toca cumplir en llevar nuestra
salvación a su perfección y consumación. Nosotros
debemos ocuparnos de nuestra propia salvación con temor
y temblor; para lograrlo somos capacitados por medio del
poder de la gracia de Dios.
1. NUESTRA PARTE (2:12)
2:12 - “Por tanto, amados míos, como siempre habéis
obedecido, no como en mi presencia solamente, sino
mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra
salvación con temor y temblor”. Pablo elogia a los
filipenses por haber caminado siempre en obediencia, no
sólo cuando él estuvo con ellos, sino también en su
ausencia. Esto es de suma importancia: hacer lo correcto
no sólo cuando la gente nos está observando, o cuando
una persona santa nos está motivando, sino proceder
íntegramente en todo momento.
56
Dando en el blanco
El rey Joás de Judá anduvo en los caminos del Señor
mientras el sacerdote Joiada vivía, ya que Joiada ejercía
una influencia piadosa sobre él. Sin embargo, cuando
Joiada falleció, Joás se volvió a la idolatría y jamás regresó
a los caminos de Dios (2 Cr. 24:2, 15-22). Por eso Pablo
elogia a los filipenses, por su constante obediencia.
La palabra griega traducida como “ocupaos” es
katergazesthai, y puede ser interpretada como completad
o no dejéis a medio acabar. Básicamente esta palabra tiene
dos connotaciones.
En primer lugar, sugiere la idea de solucionar o resolver
un problema matemático. En segundo lugar, significa
terminar. Por lo tanto, el apóstol Pablo está exhortando a
los creyentes de Filipos a resolver los problemas que tienen
en sus vidas, y a seguir hacia delante hasta que llegue a
término su experiencia de salvación. Siendo así, debemos
seguir hacia delante hasta alcanzar una plena y total obra
de salvación en nuestra vida.
Es propio de la vida cristiana que prácticamente todas
las experiencias espirituales, virtudes y bendiciones de
Dios, sean tanto instantáneas como progresivas. Las
recibimos instantáneamente, pero luego deben progresar
y desarrollarse. Siempre hay una experiencia inicial, pero
luego hay un desarrollo continuo que se amplía cada vez
más.
Así sucede con el bautismo en agua. Somos bautizados
en agua, pero después comenzamos a caminar en una
nueva vida. Instantáneamente somos bautizados en el
El ocuparnos de nuestra salvación
57
Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en
lenguas, pero existe también una experiencia progresiva
en el Espíritu Santo.
Pablo pone énfasis sobre este hecho en su epístola a los
Efesios, cuando dice: “Antes bien sed [ser, en tiempo
presente] llenos del Espíritu” (Ef. 5:18). La palabra griega
para decir bautismo significa sumergir completamente; y
el Señor desea llenar cada área de nuestras vidas con Su
bendito Espíritu Santo para que podamos manifestar los
nueve frutos y dones del Espíritu.
Esto también es verdad respecto a nuestra experiencia de
salvación. Instantáneamente fuimos salvos y trasladados
del reino de las tinieblas al reino de la luz. Pero después
de esto pasamos a la obra progresiva de nuestra salvación
al ser transformados a la semejanza de Cristo. Poco a poco,
como les sucedió a los hijos de Israel, el Señor trata con
los enemigos y los pecados que todavía quedan en nuestras
vidas (ver Dt. 7:22).
¿Cuál es nuestra responsabilidad en el gran plan de
salvación que Dios tiene para nosotros? Básicamente, es
el caminar en completa obediencia a Su santa Palabra, y
obedecer cada Palabra que sale de Su boca (Mt. 4:4).
Como se ve en la exhortación de Pablo a los santos de
Filipos (verso 12), la completa obediencia al Señor es la
parte que nos corresponde para completar la obra de gracia
que Él ha comenzado en nosotros.
58
Dando en el blanco
2. LA PARTE DE DIOS (2:13)
2:13 - “Porque Dios es el que en vosotros produce así el
querer como el hacer, por su buena voluntad”. Por medio
de Su Santo Espíritu, el Señor labra el huerto de nuestro
corazón para hacer madurar el fruto del Espíritu en
nuestras vidas. Con ese fin, el Señor arranca toda la cizaña
(que representa las obras de la carne), y las piedras (las
cuales representan áreas de rebeldía en nuestra vida) del
huerto de nuestro corazón.
Muchas veces Dios requiere cosas muy difíciles de nuestra
parte. Cuando yo era joven y me estaba preparando para ir al
instituto bíblico, el Señor me dijo que tenía que hacer algo
antes de partir. Me dijo que debía rastrillar y limpiar el huerto
de mi padre, el cual estaba cubierto de ladrillos y escombros
de la Segunda Guerra Mundial. Muchas casas de nuestra
calle fueron totalmente destruidas durante la guerra.
Éste fue un trabajo muy duro, pero el Señor puso en mí la
disposición para realizarlo con una buena actitud y con
espíritu de gozo. Él inclusive envió un ángel para que me
fortaleciera y ayudara a completar el trabajo. Después de
que obedecí al Señor y terminé de arreglar el huerto que
mi padre tanto amaba, El Señor me dejó en libertad para
ir al instituto bíblico y prepararme para el ministerio.
Cuando el Señor requiere que hagamos cosas muy
difíciles, debemos orar de esta manera: “Señor, pon en mí
el deseo de hacer Tu voluntad”, porque Él es quien produce
en nosotros el querer como la habilidad de hacer Su
voluntad.
El ocuparnos de nuestra salvación
59
Para comprender este aspecto de la gracia en nuestras
vidas, me gustaría relatar una experiencia personal. Para
que podamos llevar a cabo los propósitos del Señor en
nuestras vidas, todas nuestras posesiones y seres queridos
tienen que ser puestos sobre el altar de Dios. En mis años
de juventud en Inglaterra, a los solteros se les enseñaba a
ahorrar por lo menos un 25% de sus ingresos. Yo trataba
de hacerlo.
Sin embargo, después de mi conversión, tuve una
experiencia extraordinaria. Cierto día mientras caminaba
por una calle en las afueras de Londres, vi salir de los
portales del cielo y descender hacia mí, al ángel de la
Segunda Venida del Señor, magnífico en poder y gloria.
Cuando ya estaba encima de los techos de las casas de
enfrente, este poderoso ángel se detuvo, y su mano tocó
mi establecimiento bancario, que quedaba exactamente
en la esquina. Sin que dijera nada, el Espíritu Santo me
hizo entender con claridad que mientras estuviera
poniendo la confianza en mi cuenta bancaria, no habría
rapto de la Segunda Venida para mí. Esta experiencia
aumentó mis deseos de ceder por completo mi capital a la
obra del Señor. ¡Alabado sea! Él es quien produce en
nosotros el querer hacer Su buena voluntad.
3. LA ACTITUD CORRECTA
EN LAS PRUEBAS (2:14-16)
2:14 - “Haced todo sin murmuraciones [o quejas] y
contiendas”. El Señor es el Maestro Alfarero, y como
tal, debe aplicar una presión extraordinaria sobre
nosotros (el barro) para hacernos vasijas de Su agrado.
60
Dando en el blanco
Por lo tanto, no debemos poner resistencia a las
situaciones que nos causan molestias y aun sufrimientos.
Cuando nos quejamos, limitamos la obra que Dios quiere
realizar en nosotros, ya que la queja hace que el Señor
detenga la obra que está haciendo en esa área específica
de nuestras vidas. La consecuencia de esto es que nunca
llegamos a ser vasijas de honra para el Señor; por lo
contrario, nos volvemos vasos de menor importancia en
Su reino celestial. Muy bien podríamos encontrarnos entre
los más pequeños en el reino de los cielos (Mt. 5:19).
El pueblo de Israel murmuraba continuamente contra el
Señor en su viaje por el desierto, y como resultado, esa
generación nunca entró en la Tierra Prometida. Ellos
nunca experimentaron la obra completa de su salvación
de Egipto (ver Ex. 16:2-8; Núm. 14:27-30). En realidad,
cuando nos quejamos, dirigimos las murmuraciones en
contra del Señor, y censuramos el plan perfecto que tiene
para nuestra vida.
David oró en el Salmo 144:14-15: “Nuestros bueyes estén
fuertes para el trabajo; no tengamos asalto ni que hacer
salida, ni grito de alarma en nuestras plazas.
Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado
el pueblo cuyo Dios es JEHOVÁ”. Cuanta felicidad existe
donde no hay quejas. Pablo presenta la meta final de esta
vida en el versículo 15.
2:15 - “Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de
Dios sin mancha en medio de una generación maligna y
perversa, en medio de la cual resplandecéis como
El ocuparnos de nuestra salvación
61
luminares en el mundo”. Nosotros debemos ser
exactamente como Cristo dijo en Mateo 10:16: “He aquí,
yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues,
prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”.
Uno de los nombres de Cristo es Luz del Mundo. Sin
embargo, Él dijo en Mateo 5:14: “Vosotros sois la luz del
mundo”.
Estamos llamados a ser la luz del mundo. La luz y el amor
de Cristo deben resplandecer en nuestras vidas. Debemos
ser testimonios vivos de Su gracia, de palabra y de hecho,
y no debe haber tinieblas en nosotros.
2:16 - “Asidos de la palabra de vida, para que en el día
de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en
vano, ni en vano he trabajado”. Somos cartas vivientes
que son leídas en todas partes por hombres y mujeres. No
queremos defraudar a los maestros y pastores que hemos
tenido a través de los años: nuestros padres y madres
espirituales en Cristo. Pablo oró y anheló ardientemente
que todo lo que había derramado en los creyentes filipenses
no se perdiera, sino que ellos triunfaran en su caminar
cristiano y fuera grande el fruto que produjeran para la
eternidad.
4. LA OFRENDA ACEPTABLE (2:17-18)
2:17-18 - “Y aunque sea derramado en libación sobre el
sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con
todos vosotros. Y asimismo gozaos y regocijaos también
vosotros conmigo”. Pablo veía su vida como una ofrenda
de libación que se derramaba sobre el sacrificio y servicio
62
Dando en el blanco
de la fe de los santos filipenses. Pablo y los creyentes de
Filipos estaban ofreciendo al Señor un servicio mutuo, el
cual era muy agradable a sus ojos. Pablo se regocijaba al
ver a sus hijos espirituales ofreciendo sus vidas al servicio
de Dios.
Una de las realidades de nuestra vida espiritual es que
tendremos que dar cuenta al Señor no sólo por nuestros
hijos naturales, sino también por nuestros hijos espirituales
en la fe. Así como los hijos naturales nos dan gozo cuando
son obedientes, de la misma manera nuestros hijos
espirituales nos alegran cuando sobresalen en el Evangelio
de Cristo y en el ministerio que Dios les ha asignado.
Pablo escribe en 1 Tesalonicenses 2:19-20: “Porque ¿cuál
es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe?
¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo,
en su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo”.
Nuestra corona en los cielos serán nuestros hijos
espirituales: aquellos que hemos guiado hacia el Señor,
induciéndolos a lo que es bueno.
En el Antiguo Testamento, cada hombre debía presentarse
ante el Señor tres veces al año: durante la fiesta de la
Pascua, la fiesta de Pentecostés y la fiesta de los
Tabernáculos (Dt.16:16). Sin embargo, no podían
presentarse delante del Señor con las manos vacías. Tenían
que traer los frutos de las cosechas de estas tres fiestas.
No podemos presentarnos espiritualmente delante del
Señor sin llevar fruto alguno. Estas tres fiestas se refieren
a experiencias espirituales. La Pascua, por supuesto,
simboliza la salvación. Pentecostés simboliza el bautismo
El ocuparnos de nuestra salvación
63
en el Espíritu Santo. La fiesta de los Tabernáculos se refiere
a la madurez espiritual, porque en esa época los cultivos
alcanzaban una madurez total. Debemos ofrendar a Dios
las vidas de aquellos que hemos conducido hacia Él, de
aquellos por quienes hemos orado para que reciban el
bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de
hablar en otras lenguas, y aquellos que hemos llevado a
la madurez cristiana (Ef. 4:13).
Los hijos son corona y gozo de los padres naturales
(Pr. 17:6), y así sucede con los hijos espirituales. Por lo
tanto, los animo a ir y hacer discípulos por toda la tierra,
como Jesucristo lo dijo en Mateo 28:19-20: “Por tanto,
id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos
en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo”. Que el Señor nos conceda
producir hijos espirituales, como al apóstol Pablo, hijos
que anden por los caminos del Señor y ofrezcan sus vidas
para la extensión del Evangelio.
65
CAPÍTULO 4
TIMOTEO, EL HIJO ESPIRITUAL
2:19-24
Ahora Pablo se refiere a Timoteo: su hijo espiritual que le
daba tanta satisfacción. En Filipenses 2:19-24 Pablo
expresa el deseo que tiene de enviar a Timoteo a la iglesia
de Filipos para saber cual era su situación. No obstante,
antes de contemplar este pasaje, revisemos brevemente
los antecedentes de Timoteo.
Timoteo era original de Listra, una pequeña colonia
romana ubicada en la provincia de Galacia, cerca de Tarso,
lugar de nacimiento de Pablo. Timoteo tenía una herencia
de gente piadosa. Su padre era griego (Hch. 16:1), pero
su madre, Eunice, era una judía cristiana. Su abuela, la
madre de Eunice, también era una judía cristiana.
Aparentemente, Pablo las conocía a las dos y las elogiaba
por su fe, la cual transmitieron a Timoteo (2 Ti. 1:5). Desde
muy joven, Timoteo había sido instruido en las Sagradas
Escrituras (2 Ti. 3:15). Pablo visitó Listra en su primer
viaje misionero (Hch. 14:6-22). Probablemente fue en esta
oportunidad que Pablo conoció a Timoteo y a su familia.
Al pasar por Listra en su segundo viaje misionero, Pablo
escogió al joven Timoteo para que fuera su acompañante
de viaje (Hch. 16:1-3). A Timoteo se le llama discípulo.
66
Dando en el blanco
Aún a su temprana edad, Timoteo estaba profundamente
entregado al Señor. Tenía buen testimonio ante todos los
hermanos de la iglesia de aquel lugar, y era respetado por
todos. Tenía un buen testimonio ante Dios y los hombres.
A causa de que el padre de Timoteo no era judío, Pablo
circuncidó a Timoteo para que fuera bien aceptado por
los hermanos judíos. A pesar de que el Concilio de
Jerusalén había declarado que la circuncisión física no
era necesaria, Pablo consideró sabio en este caso, darle a
Timoteo una plena aceptación entre los judíos. Sin
embargo, en el caso de Tito, quien era un gentil, Pablo no
hizo que se circuncidara pues no era necesario (Gá. 2:3).
A partir de entonces, Timoteo se convirtió en el compañero
de Pablo en muchos de sus viajes, y también en su amigo
más cercano y confidente. Timoteo estaba con Pablo
cuando éste fue a Berea. Al huir Pablo de Berea rumbo a
Atenas, debido a la persecución, dejó allí a Timoteo y a
Silas (Hch. 17:13-15). Después ellos se reunieron con
Pablo en Atenas (Hch. 18:1,5).
Luego Pablo envió a Timoteo en misión a Tesalónica (1
Ts. 3:1-3) y después de permanecer por más de dos años en
Efeso, cuando ya partía rumbo a Jerusalén, Pablo envió a
Timoteo, con Erasto, a Macedonia (Hch. 19:22). Timoteo
estuvo ahí cuando se recogió la ofrenda para la iglesia de
Jerusalén (Hch. 20:4). Él estaba con Pablo en Corinto cuando
Pablo escribió su epístola a los Romanos (Ro. 16:21).
Timoteo era el amigo y el colaborador más confiable y
fiel que Pablo tenía. A menudo cuando Pablo tenía una
Timoteo, el hijo espiritual
67
tarea muy importante que no podía cumplir él mismo,
enviaba a Timoteo en su lugar, porque sabía que podía
confiar en él. Timoteo ejemplifica las palabras de
Proverbios 25:13: “Como frío de nieve en tiempo de la
siega, es el mensajero fiel a los que lo envían pues al alma
de su señor da refrigerio”. Pablo dijo en 1 Corintios 4:17
que Timoteo era fiel en el Señor.
Timoteo era un mensajero fiel que hacía exactamente lo
que Pablo le pedía, y lo cual daba refrigerio al corazón de
Pablo. Cuando Pablo lo comisionaba para alguna misión,
Timoteo nunca llevaba una agenda personal, sino que iba
siempre con una sola idea en mente: cumplir con fidelidad
lo que Pablo le había pedido.
Cuando en la iglesia de Corinto se presentaron problemas
que merecían una rígida reprensión, Pablo envió a Timoteo
(1 Co. 4:17). Pablo tenía que tratar con la inmoralidad
que había en la iglesia, y él sabía que esta situación era
delicada; pudo de haber estallado con facilidad. Sin
embargo, confió en que Timoteo manejaría el caso
adecuadamente. Pablo también envió a Timoteo a la iglesia
de Tesalónica para exhortarlos (1 Ts. 3:2).
Timoteo estuvo con Pablo en la prisión de Roma cuando Pablo
escribió su carta a los filipenses (Fil. 1:1), y Pablo escribe en
su epístola que está planeando enviar a Timoteo a Filipos,
como su emisario. Cuando Pablo escribió su primera epístola
a Timoteo, éste estaba encargado, de la obra en Efeso. Pablo
lo había dejado allí para ser pastor de las iglesias (1 Ti. 1:1-3).
Por consiguiente, Timoteo tuvo un ministerio muy importante
y fructífero en la iglesia primitiva.
68
Dando en el blanco
Timoteo era siervo del Señor (Fil. 1:1), ministro de Dios,
y colaborador de Pablo en el Evangelio (1 Ts. 3:2). Pablo
lo llamaba su amado hijo en la fe (1 Ti. 1:2; 2 Ti.1:2;
1 Co. 4:17).
Timoteo es el modelo de un hijo espiritual. Su vida nos
muestra la forma en que una persona debe tratar a su padre
espiritual. Timoteo fue servidor de Pablo, permaneciendo
fiel hasta el último momento. Estando próximo a su
ejecución en Roma, Pablo le escribió una carta a Timoteo
solicitando su presencia. Todos lo habían abandonado
excepto Lucas (2 Ti. 4:9-11). Timoteo fue leal hasta el
fin. Le fue fiel a Pablo tanto en los buenos como en los
malos momentos. Permaneció junto a Pablo cuando su
predicación era ampliamente aceptada y producía
abundante fruto, y también lo acompañó en sus prisiones,
cuando estar asociado con Pablo era reprochable.
Una de las claves más importantes para recibir las
promesas del Señor y tener un ministerio propio, es ser
fiel en la obra de otra persona. Cristo dijo en Lucas 16:12:
“Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que
es vuestro?” Por su fidelidad a Pablo, el Señor le dio a
Timoteo un ministerio propio que fue muy fructífero.
Ahora, teniendo presentes estos antecedentes de Timoteo,
reflexionemos sobre el siguiente pasaje en donde Pablo
elogia tres veces a Timoteo diciendo lo siguiente:
1. Que Timoteo era de su mismo ánimo (tal como su padre
espiritual).
Timoteo, el hijo espiritual
69
2. Que Timoteo cuidaría sinceramente de los filipenses.
3. Que la fidelidad de Timoteo estaba comprobada.
2:19-20 - “Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a
Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber
de vuestro estado; pues a ninguno tengo del mismo ánimo,
y que tan sinceramente se interese por vosotros”. Pablo
quería enviar a Timoteo a la iglesia de Filipos para que a
su regreso le diera un informe acerca de la situación que
imperaba allí. Pablo tenía gran confianza en enviarlo a
Filipos porque era de su mismo ánimo.
1. TIMOTEO ERA DE SU MISMO ÁNIMO
¡Que elogio tan grande le hizo el apóstol Pablo a Timoteo!
En otras palabras, los dos eran de un mismo corazón y de
una misma mente en todo asunto. Timoteo tenía un espíritu
a fin al de Pablo. Pablo sabía que Timoteo manejaría las
cosas igual que él. Pablo se reprodujo en Timoteo ya que
éste tenía su mismo espíritu y visión.
Muchas personas, y especialmente ministros, buscan
sus propios intereses en lugar de buscar la voluntad de
Dios. Procuran promoverse a sí mismos, como lo hizo
Adonías (1 R. 1:5). Después de estar en el ministerio
por más de cuarenta años, he visto a muchos que han
sido descalificados del ministerio y de su herencia,
debido a que buscan sus propias ambiciones. Que
nuestro único deseo en la vida sea hacer la voluntad de
Dios y no la nuestra.
70
Dando en el blanco
2. TIMOTEO CUIDARÍA
SINCERAMENTE DE ELLOS
Otras versiones enuncian el versículo 20 de las siguientes
maneras: “Porque a ninguno tengo de igual ánimo, que
sinceramente se interese por el estado de ustedes”.
“Porque no cuento con nadie más que genuinamente se
preocupe por el bienestar de ustedes”. Timoteo realmente
tenía un corazón de pastor y sinceramente se iba a
preocupar por el bienestar de ellos y los cuidaría.
En Juan 10:12-15, Jesús advirtió que habría hombres cuyos
corazones no estarían consagrados a Dios y a Su pueblo:
“Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son
propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye,
y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el
asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan
las ovejas, yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y
las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo
conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas”.
Los que trabajan solamente para recibir remuneración, que
es lo que hace un asalariado (o empleado), no poseen un
interés genuino por las ovejas. Si aparecen lobos atacando
al rebaño, el asalariado huye para protegerse, en vez de
arriesgar su vida por las ovejas. Sin embargo, un verdadero
pastor cuida a sus ovejas y daría la vida por ellas. Jesús es
el Buen Pastor que dio Su vida por nosotros. Timoteo
tenía el corazón de Cristo por los filipenses.
En la iglesia de hoy, hay muchos asalariados que no son
pastores auténticos. El Señor habló por boca del profeta
Timoteo, el hijo espiritual
71
Jeremías en Jeremías 23:1-2: “¡Ay de los pastores que
destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! Dice
Jehová. Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a
los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros
dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis
cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras
obras, dice Jehová”. Los líderes de Israel, debieron de
haberse preocupado por el pueblo, pero en vez de esto, lo
dispersaron y no se preocuparon por él.
En forma similar, el Señor le habló a Ezequiel diciendo: “Hijo
de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y
di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los
pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No
apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y
os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis
a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la
enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil
la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis
enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan
errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del
campo, y se han dispersado” (Ez. 34:1-5).
Los líderes de Israel no alimentaban al pueblo de Dios.
Las motivaciones que tenían para estar en el ministerio
eran egoístas. Sólo les importaba su propia prosperidad,
abundar en riquezas y comodidades. Muchos ministros
siguen la senda fácil. Buscan sus propios intereses en lugar
de procurar el bienestar del pueblo de Dios. Sin embargo,
Timoteo no era así. Pablo sabía que él tenía el corazón de
un verdadero pastor, por eso lo envió después a Efeso a
pastorear las iglesias de esa región.
72
Dando en el blanco
2:21-22 - “Porque todos buscan lo suyo propio, no lo
que es de Cristo Jesús. Pero ya conocéis los méritos de
él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el
evangelio”. Debemos pedir en oración que el Señor nos
dé hijos espirituales semejantes a Timoteo, leales y fieles
a nosotros. Yo le doy gracias a Dios porque tengo muchos
hijos y nietos espirituales que me brindan una inmensa
satisfacción y gozo.
Son verdaderos Timoteos, están sirviendo al Señor de todo
corazón gozándose y regocijándose en el servicio del
Evangelio. Cuando no puedo realizar un viaje misionero,
es un gozo enviar a mis hijos espirituales como mis
representantes. Sé que serán fieles embajadores del
Evangelio.
3. LA FIDELIDAD DE TIMOTEO
ESTABA COMPROBADA
Otra posible traducción de este versículo es: “Pero ustedes
conocen su carácter comprobado...” La Nueva Versión
Internacional dice: “Pero ustedes conocen que Timoteo ha
sido probado”. La palabra griega traducida “prueba”,
dokime, se refiere a algo que ha sido examinado y aprobado.
Timoteo le había sido fiel a Pablo, demostrándolo con
hechos. Aunque era joven, Timoteo fue usado
poderosamente por Dios, por haber dado muestras de su
fidelidad.
En 1 Timoteo capítulo 3, Pablo nos habla de los requisitos
de los ancianos. Dijo que los ancianos no debían ser
Timoteo, el hijo espiritual
73
neófitos, lo cual significa recién convertidos (1 Ti. 3:6).
Para confiarle una posición de liderazgo a una persona,
primero debe ser probada. Éste fue el caso de Timoteo.
Antes de que Pablo le pidiera acompañarlo en su segundo
viaje misionero, Timoteo había probado ser fiel en la iglesia
local de Listra. Todos los hermanos de ese lugar hablaban
bien de él y lo respetaban. Después Timoteo dio muestras
de ser fiel en todo lo que Pablo le encomendaba. Poco a
poco, Timoteo calificó por su fidelidad, para obtener
mayores oportunidades en el ministerio.
2:23-24 - “Así que a éste espero enviaros, luego que yo
vea cómo van mis asuntos; y confío en el Señor que yo
también iré pronto a vosotros”. Hasta este punto Pablo
no había podido ir a Filipos, pero confiaba en que eso
fuera posible en el futuro. Aunque a veces las
circunstancias nos obligan a enviar a otros en nuestro lugar
al campo misionero, por dentro sentimos el ferviente deseo
de visitar personalmente a nuestros seres queridos que
están en países extranjeros. Pablo sentía un fuerte deseo
de ver a sus amados amigos filipenses.
Estas tres cualidades que Pablo elogió en Timoteo, son
las mismas que el Señor busca en la vida de una persona
antes de promoverla en el ministerio. Por lo tanto, si usted
tiene el llamado de Dios a trabajar en cualquier área del
ministerio o servicio a Él, debe estudiar la vida de Timoteo
y pedirle a Dios que inserte estas mismas cualidades en
su corazón. Aunque el llamado que tiene no sea para un
ministerio de tiempo completo, la vida de Timoteo le
servirá como modelo para su vida personal.
75
CAPÍTULO 5
EPAFRODITO, EL SIERVO
PACIENTE Y SUFRIDO
2:25-30
Epafrodito irradia su luz a través de las páginas de las
Sagradas Escrituras, como un servidor desinteresado y
dispuesto a morir por el apóstol Pablo. Epafrodito
personifica las palabras del Señor Jesús en Juan 15:13:
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su
vida por sus amigos”.
Ahora Pablo escribe acerca de este amado siervo del
Señor, Epafrodito, un miembro de la iglesia de Filipos.
Éste había traído a Pablo un regalo de parte de dicha
iglesia. Mientras estuvo en Roma ministrándole a
Pablo, Epafrodito se enfermó gravemente, al borde de
la muerte. Una vez restablecido, el apóstol Pablo lo
envió de regreso a Filipos, y en los versículos del 25 al
30, dirigió a los filipenses estas palabras de elogio
acerca de Epafrodito, en las cuales manda que lo honren
y reciban con afecto.
2:25 - “Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito,
mi hermano y colaborador y compañero de milicia,
vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades”.
76
Dando en el blanco
El apóstol Pablo emplea cuatro palabras en el versículo
25, para describir a Epafrodito: hermano, colaborador,
compañero de milicia y mensajero.
Pablo califica a Epafrodito de mensajero empleando la
palabra griega apostolos, que también se traduce
“apóstol”. Llamándolo así, Pablo lo coloca en la categoría
de los apóstoles de la Iglesia del Nuevo Testamento. Pablo
dijo también que era “ministrador” de sus necesidades, y
usó la palabra griega leitourgos, que era un rango de
distinción concedido a los principales benefactores de sus
ciudades o naciones. En estos términos, Epafrodito era
un hombre de alto rango dentro del reino de Dios.
2:26-27 - “Porque él tenía gran deseo de veros a todos
vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído
que había enfermado. Pues en verdad estuvo enfermo, a
punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no
solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese
tristeza sobre tristeza”. La belleza de carácter en
Epafrodito emana su luz en estos versículos, presentándolo
como alguien que llevaba el peso del ministerio muy cerca
de su corazón. Él tomaba en serio los deberes de cuidar a
Pablo, ministrando a su lado y luchando en las guerras
espirituales. Era un cristiano activo, un participante, no
sólo un espectador.
Por lo tanto, como lo declara Pablo en Gálatas 6:17, él
llevaba en su cuerpo las marcas de un siervo de Jesucristo,
(lea por favor en nuestro libro La Cruz y La Resurrección,
lo referente a la frase “Yo llevo en mi cuerpo las marcas
del Señor Jesús”).
Epafrodito, el siervo paciente y sufrido
77
2:28-29 - “Así que le envío con mayor solicitud, para
que al verle de nuevo, os gocéis, y yo esté con menos
tristeza. Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y
tened en estima a los que son como él”. Este siervo de
Dios que había sido enviado como emisario por la iglesia
de Filipos ante el apóstol, ahora estaba siendo enviado
honrosamente por Pablo.
Tenía que regresar a la iglesia de Filipos y ser acogido
con alta estima por haber cumplido con éxito la obra del
Señor. En nuestras propias vidas, cuidemos también de
completar con honor nuestras labores en circunstancias
parecidas, para la gloria de Dios.
2:30 - “Porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la
muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en
vuestro servicio por mí”. Por lo tanto, después de que
Pablo decidió enviar a Epafrodito de la ciudad de Roma
que era azotada por la plaga, con destino a Filipos, era
natural que ordenara que los filipenses lo recibieran con
todo respeto.
Fue en parte por ministrar en estas condiciones que se
enfermó de gravedad. El nombre Epafrodito significa
“amoroso”, y en verdad este compañero de Pablo vivió
haciéndole honor a su nombre.
79
CAPÍTULO 6
LA PRIMERA RESURRECCIÓN
3:1-15
Pablo consideró necesario prevenir a sus queridos amigos
acerca de ciertos peligros que ponían en riesgo la vida
espiritual y el bienestar de la Iglesia. Les advierte sobre
falsos cristianos que enseñaban doctrinas contrarias a la
Palabra de Dios.
Sin embargo, el tema principal de esta sección, es la
Primera Resurrección. Ésta es la resurrección de todos
los justos que han calificado para gobernar y reinar con el
Señor durante Su reinado milenial sobre la tierra. Éste es
el supremo llamado de Dios en Cristo Jesús (3:14).
3:1 - “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí
no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para
vosotros es seguro”. Antes de tratar con los problemas de
ellos, Pablo anima a los filipenses a regocijarse. El espíritu
de regocijo de Pablo en medio de tan terribles opresiones
y pruebas personales, debió ser una inmensa fuente de
fortaleza para estos amados creyentes.
Esto me recuerda a una conocida historia del siglo pasado
acerca de un barco que navegaba en medio de una terrible
tormenta. Se les ordenó a los pasajeros no salir a la
80
Dando en el blanco
cubierta. Sin embargo, un alma valiente trepó hasta salir,
abriéndose paso con mucha dificultad a través de la
cubierta inundada por las olas, y llegó hasta la cabina de
pilotaje en donde el oficial de cubierta estaba sujetando
el timón. Cuando el oficial de cubierta lo vio, simplemente
se sonrió.
Entonces el pasajero se las arregló para regresar bajo
cubierta, en donde les aseguró a todos sus compañeros de
viaje que las cosas iban bien porque el oficial de cubierta
estaba sonriendo. Exactamente de esa manera, el espíritu
optimista del apóstol Pablo lograba que sus queridos
amigos adquirieran nuevas esperanzas en medio de las
luchas que tenían contra el enemigo.
3:2 - “Guardaos de los perros, guardaos de los malos
obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo”. Pablo
ahora los previene para que se cuiden de tres clases de
personas: los perros, los malos obreros y los mutiladores
del cuerpo.
En toda la Biblia, el término perros es usado para
referirse a la categoría más baja de seres humanos. En el
Salmo 22:16-20 la palabra perros se usa proféticamente,
refiriéndose a los que atacaron a Cristo cuando estaba en
la cruz.
En la Ley, la paga de un perro y de una ramera era igual, y no
se podía traer al Señor como ofrenda. Deuteronomio 23:18
dice: “No traerás la paga de una ramera ni el precio de
un perro a la casa de tu Dios por ningún voto; porque
abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo
La Primera Resurrección
81
otro”. Apocalipsis 22:15 asemeja los perros con los
humanos más depravados e inmundos: “Mas los perros
estarán afuera, y los hechiceros, los fornicarios, los
homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace
mentira”. En las Escrituras, los perros simbolizan los
homosexuales y las personas sexualmente impuras.
Los malos obreros son aquellos que por tener un corazón
perverso, siembran herejías, envidia, celos, y discordia
en las congregaciones de Dios: “Es necesario que vengan
tropiezos” dijo el Señor, “¡pero ay de aquel hombre por
quien viene el tropiezo!” (Mt. 18:7).
Los mutiladores del cuerpo eran zelotes judíos que
insistían en guardar la ley ceremonial, porque todas sus
costumbres fueron eliminadas a través de Cristo. Estos
judíos trataban de obligar a los cristianos no judíos a
circuncidarse conforme a la Ley de Moisés.
En otras palabras, querían que éstos regresaran a la
esclavitud de la ley ceremonial. En la época del Nuevo
Testamento, éste fue uno de los peores obstáculos que
enfrentaron los primeros cristianos. Aun el apóstol Pedro
fue hallado en estas hipocresías (Gá. 2:12-19).
3:3 - “Porque nosotros somos la circuncisión, los que en
espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús,
no teniendo confianza en la carne”. El apóstol ahora
explica lo que es una verdadera circuncisión. Pablo expone
esta verdad en su epístola a los Romanos: “Pues no es
judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la
que se hace exteriormente en la carne; sino que judío es
82
Dando en el blanco
el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del
corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no
viene de los hombres, sino de Dios” (Ro. 2:28-29).
La circuncisión verdadera no es la que se hace físicamente
en el cuerpo, es la que practicaban los judíos. Ésta fue dada
por Dios para señalar la circuncisión interna, la del corazón.
La circuncisión espiritual consiste en separar todo rasgo y
naturaleza pecaminosa que traemos desde el nacimiento.
Significa reemplazar el corazón duro y rebelde que tenemos,
por uno de carne, que responda al Señor y le adore.
Las personas que tienen un corazón circuncidado adoran
al Señor en espíritu y en verdad (Dt. 10:16; 30:6) así como
se lo dijo Jesús a la mujer del pozo en Juan 4:23: “Mas la
hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también
el Padre tales adoradores busca que le adoren”. Además,
debemos tener un espíritu gozoso, que es una
manifestación del fruto del Espíritu Santo. Otra señal de
tener el corazón circuncidado es que no tenemos confianza
en la carne (se ha tratado todo orgullo), y descansamos
por completo en el Señor.
La Verdadera Justicia
Existen fundamentalmente dos formas de justicia:
1. Nuestra propia justicia: la que proviene de esforzarnos
por ser justos por las obras de la Ley, pero que es censurada
a través de todas las Escrituras. Esto guía a que la persona
se sienta justa en su propia opinión.
La Primera Resurrección
83
Isaías 64:6 nos dice que todas nuestras justicias son como
trapo de inmundicia, refiriéndose a los paños que usa una
mujer menstruosa, los cuales siendo abominables a la vista
humana, lo son mucho más delante de un Dios santo. El
tema es que el Señor no acepta nuestra justicia. Dios
solamente acepta la justicia que proviene por la fe en la
sangre derramada por Jesucristo.
2. La justicia de Cristo: la cual se recibe por medio de la
fe de Dios.
Estos dos aspectos de la justicia son ahora expuestos por
Pablo. Para obtener la justicia verdadera que solamente
proviene de Dios, debemos repudiar nuestra propia justicia.
3:4 - “Aunque yo tengo también de qué confiar en la
carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la
carne, yo más”. Ahora Pablo quiere que sus amigos vean
que si alguna vez hubo alguien que pudo confiar en su
propia justicia, ése ciertamente era él.
3:5 - “Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de
la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la
ley, fariseo”. Los fariseos eran una clase de judíos que
pretendía cumplir cada jota y cada tilde de la Ley. Eran
escrupulosos en cada detalle de la Ley de Moisés, pero
habían añadido una gran cantidad de preceptos y reglas
que el Señor censuraba.
Estas tradiciones de hombres mantenían al pueblo atado
a la letra de la Ley, impidiéndole cumplir el espíritu de la
Ley, que es misericordia y justicia (Mt. 23:23).
84
Dando en el blanco
Esto se ve claramente en la vida de Saulo de Tarso, uno
de los más terribles opresores de los cristianos antes de
su conversión en el camino a Damasco. Él no manifestaba
los frutos de amor, misericordia y compasión en su trato
con los santos. Pero cuando la gracia de Dios capturó su
vida, él empezó a especializarse en estos importantes
atributos de nuestra conducta.
3:6 - “En cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en
cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible”. Sin
embargo, aunque Pablo era irreprensible según la letra de
la Ley, más tarde en el curso de su vida, tuvo que aceptar
ser el principal pecador por haber blasfemado el nombre
de Jesús, el Hijo de Dios (1 Ti 1:13-15).
3:7 - “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he
estimado como pérdida por amor de Cristo”. Pablo
reconocía que toda su justicia según la Ley no le trajo
beneficio. Por el contrario, había sido para él un obstáculo
que lo llevó a oponerse al mensaje del Evangelio acerca
de la salvación que viene por la fe en Jesucristo.
3:8 - “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como
pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo
Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y
lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. Como ocurrió
con Pablo, por muy meritorias que parezcan nuestras
buenas obras a la vista de los hombres, éstas no podrán
salvarnos ni llevarnos al conocimiento de Cristo, el único
a través del cual existe la salvación y la verdadera
justicia.
La Primera Resurrección
85
3:9 - “Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia,
que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la
justicia que es de Dios por la fe”. Es a través de estar en
Cristo, y por tenerlo a Él en nuestro interior que
recibimos por fe el don de la justicia de Dios. En Habacuc
2:4 dice: “El justo por su fe vivirá [esto es, la fe del
Hijo de Dios]”.
LOS REQUISITOS PARA
LA PRIMERA RESURRECCIÓN
(3:10-11)
3:10-11 - “A fin de conocerle, y el poder de su
resurrección, y la participación de sus padecimientos,
llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna
manera llegase a la resurrección de entre los muertos”.
Vemos aquí el clamor más profundo del corazón del
apóstol Pablo. Él ansiaba con todo su ser poder calificar
para la Primera Resurrección que se menciona en
Apocalipsis 20:6: “Bienaventurado y santo el que tiene
parte en la primera resurrección; la segunda muerte no
tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de
Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”. Para los
santos existen dos resurrecciones específicas: la primera
tendrá lugar en la Segunda Venida de Cristo, y la
resurrección general, ocurrirá después del reino milenial
de Cristo en la tierra.
No todos los cristianos participarán de la Primera
Resurrección. Ésta es solamente para los santos
vencedores que resucitarán y recibirán cuerpos
glorificados para vivir y gobernar con el Señor durante
86
Dando en el blanco
Sus mil años de reinado sobre la tierra. La Palabra de Dios
deja esto muy claro. El apóstol Pablo dijo en Filipenses
3:10-11: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección,
y la participación de sus padecimientos, llegando a ser
semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a
la resurrección de entre los muertos”. El deseo y la meta
del apóstol Pablo era calificar para (alcanzar) la Primera
Resurrección de la cual se habla en Apocalipsis 20:6.
Esta palabra “resurrección” que Pablo usa en Filipenses
3:11, en griego es una palabra compuesta que sólo aparece
en esta ocasión. Significa la extracción de entre los
muertos. Esto nos da a entender que sólo algunos de los
muertos serán levantados, pero no todos. Pablo quería estar
en este grupo especial y selecto de gente “extraída de entre
los muertos”. Es obvio entonces que si solo bastara con
ser salvo para resucitar en ese día, Pablo no hubiera
anhelado calificar para formar parte de ese grupo. Es por
eso que sólo un grupo selecto de creyentes que son santos
será elevado en la Segunda Venida.
Ellos recibirán sus cuerpos glorificados y gobernarán y
reinarán con Cristo durante su reinado de mil años. Serán
reyes y sacerdotes que enseñarán los estatutos de Dios a las
naciones. El resto de los salvos y no salvos no serán elevados
sino hasta después del reinado de mil años, cuando todos
comparecerán ante el Señor para dar cuenta de sus vidas
(Ap. 20:12-15).
En Filipenses 3:10 Pablo nos habla de cuatro requisitos
que deben formarse en nuestras vidas para poder participar
de la Primera Resurrección:
La Primera Resurrección
87
1. A fin de conocerle.
2. A fin de conocer el poder de Su resurrección.
3. A fin de conocer la participación de Sus
padecimientos.
4. Llegando a ser semejante a Él en Su muerte.
Ahora observaremos más detalladamente estos cuatro
requisitos para la Primera Resurrección. Debido a que esta
porción es el tema principal de la epístola a los filipenses,
le daremos una cobertura más minuciosa que a los otros
temas del libro.
1. A FIN DE CONOCERLE
Pablo anhelaba conocer a Cristo más y más durante su vida.
Él clamaba: “a fin de conocerle”. Esto lo escribió estando a
seis años de su muerte. El apóstol Pablo era un hombre que
aproximadamente treinta años atrás había conocido a Cristo
en el camino a Damasco. Había visto al Señor muchas veces
y hasta había visitado el tercer cielo. Sin embargo, su clamor
era: “¡yo quiero conocer a Cristo de una manera más
íntima!”. La verdad es que nunca debemos detenernos en
nuestro caminar cristiano. Siempre debemos tener una
visión progresiva y continua, deseando cada día conocer
más a Cristo y contemplarlo en toda Su hermosura.
El vocablo griego que Pablo usa para decir “conocerle”
es ginosko, el cual significa “un conocimiento personal”.
Este conocimiento procede de la más estrecha e íntima
relación posible. Como usted sabe, solamente cuando
convivimos con una persona (como nuestro esposo o
88
Dando en el blanco
esposa), es que llegamos a conocerla verdaderamente, y
nos enteramos cuáles son las cosas que le resultan
agradables o desagradables. Y bien, ése era el deseo de
Pablo. Él quería conocer al Señor de una manera tan íntima
que pudiera saber cómo agradarle. Ésta también debería
ser nuestra meta en la vida.
Conocer al Señor realmente significa saber cómo es Él,
conocerle por Su carácter. Y bien, ¿cómo es Cristo? En
Éxodo 34:6 el Señor se reveló a Moisés a través de cinco
rasgos de Su carácter: “Y pasando Jehová por delante de
él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Misericordioso y
piadoso; tardo para la ira, y grande en bondad y verdad”.
Luego, en el Nuevo Testamento, en Mateo 11:29, Cristo
usó dos palabras más para describirse a sí mismo: “Soy
manso y humilde de corazón”.
Cristo desea ser conocido por estas siete cualidades.
Observémoslas ahora para tener una idea de cómo es Él y
así poder conocerle. Es muy importante estudiar estos
aspectos del carácter de Cristo, porque a medida que estos
mismos atributos se van formando en nuestras vidas por
la gracia de Dios, es que podremos conocerle íntimamente.
La Primera Resurrección
89
Siete Atributos de Cristo
1.
Misericordioso.
2.
Piadoso.
3.
Tardo para la ira.
4.
Grande en bondad.
5.
Grande en verdad.
6.
Manso.
7.
Humilde.
1. Misericordioso. La palabra griega rachuwm para decir
“misericordioso”, significa lleno de compasión. Cristo
dijo: “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt. 12:7).
La misericordia es el atributo más alto de Dios, porque
está por encima de Su Ley. En el Tabernáculo de Moisés,
el Propiciatorio (o Asiento de Misericordia, una fina placa
de oro) cubría el Arca del Pacto que contenía las dos tablas
de piedra sobre las cuales estaba escrita la Ley. Aunque
una persona haya transgredido la Ley, es prerrogativa de
Dios mostrar Su misericordia. El deseo de Cristo es que
ninguno perezca (2 P. 3:9).
Un bello ejemplo de la naturaleza misericordiosa de Dios
se encuentra en Oseas 11:8-9. Después de hablar de todos
los pecados de la descarriada tribu de Efraín, el Señor
revela por qué no destruirá a Efraín sino que le mostrará
misericordia. Dice: “Porque Dios soy, y no hombre”.
Cristo es el Sumo Sacerdote misericordioso, el cual desea
que nosotros seamos misericordiosos. Él dijo:
90
Dando en el blanco
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia”.
2. Piadoso. La palabra piadoso significa “doblarse o
inclinarse con bondad hacia un inferior”. La piedad es un
afecto que fluye hacia los necesitados. Una persona
piadosa no sólo ve y oye las necesidades de los demás,
sino que hace algo para ayudarlos. La naturaleza piadosa
del Señor puede contemplarse en su trato con el rey David.
David dijo en el Salmo 40:1-2: “[El Señor] se inclinó a
mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la
desesperación, del lodo cenagoso”. El Señor oyó el
clamor de David y lo levantó del pozo del adulterio.
Nosotros debemos ser piadosos con los demás de palabra
y en acción. Todo Israel se maravillaba al oír las palabras
piadosas que salían de los labios de Jesús (Lc. 4:22).
Seamos piadosos también nosotros, al igual que nuestro
maravilloso Señor.
3. Tardo para la ira. En hebreo, la palabra traducida
longanimidad, literalmente significa “persona nariguda”,
alguien que tiene una nariz larga. La razón por la cual
“longanimidad” tiene esta procedencia, es que en la cultura
hebrea se creía que el individuo de nariz corta respiraba
muy rápido, y que era una persona efusiva, de fácil enojo.
Al mismo tiempo, opinaban que el de nariz larga respiraba
pausadamente, y que por eso no se enojaba con facilidad.
Ésta es la palabra que el Señor usó para describirse a sí
mismo.
Él es tardo para la ira. Es sumamente paciente y espera
mucho tiempo para que Su pueblo cambie. En los días de
La Primera Resurrección
91
Noé, esperó ciento veinte años a que el pueblo se volviera
de sus malos caminos para no tener que juzgarlo (1 P. 3:20).
Isaías 30:18 dice: “Por tanto, Jehová esperará para tener
piedad de vosotros”. El Señor no desea juzgarnos y por
eso nos tiene mucha paciencia, esperando que cambiemos
para poder mostrarnos Su clemencia.
Dios soportó la maldad del rey Manasés porque sabía que
un día éste respondería a su gracia y cambiaría (2 Cr. 3334). El Señor quiere desarrollar en nuestras vidas esta
misma virtud. La vida de sufrimiento de Pablo no fue en
vano; su vida es un ejemplo para todas las generaciones
como un modelo de longanimidad (1 Ti. 1:16).
4. Grande en bondad. La palabra hebrea checed, que se
tradujo como bondad significa “benevolencia”. Podemos
ver la bondad en un ejemplo práctico de benevolencia hacia
hombres cuya única posesión es su desgracia, al igual que
Job en su hora de necesidad. Él dijo en Job 6:14: “El
atribulado es consolado por su compañero”. La misma
palabra hebrea que significa bondad es aquí traducida
como consolación. Nosotros necesitamos manos amplias
para hacer el bien a los demás (Dt. 15:8). La bondad
también significa ser incapaz de perjudicar a otros. Hace
muchos años, el Señor se me apareció y dijo: “Tócame,
yo soy bueno y sólo bueno”. Nosotros necesitamos tener
la bondad del Señor obrando en nuestras vidas.
5. Grande en verdad. Cristo también es grande en verdad.
Quisiera contemplar dos aspectos de la verdad. Primero,
en hebreo verdad significa firmeza, fidelidad, y ser digno
de confianza. El Señor declaró en Juan 17:17: “Tu palabra
92
Dando en el blanco
es verdad”. Lo que Dios dice, lo hará. Cuando Dios nos
habla y nos dice que hará algo, podemos contar con ello
con total seguridad porque Él es la esencia y
personificación de la verdad. Es absolutamente digno de
confianza, como lo son también Sus palabras. Un segundo
aspecto de la verdad puede verse en las propias palabras
del Señor en Juan 14:6: “Yo soy el camino, la verdad, y la
vida”. Él es la verdad, y la verdad es luz. En la verdad
hay un poder liberador que echa fuera todas las tinieblas
(Jn. 8:32).
6. Manso. Probablemente no exista otra palabra que
describa a Cristo con más exactitud que la palabra
mansedumbre. Cuando Juan presentó a Jesús ante el pueblo
de Israel, dijo: “He aquí el Cordero de Dios” (Jn. 1:29,
36). Un cordero tiene una naturaleza muy mansa. No se
queja cuando lo trasquilan y le quitan todo lo que posee
(su lana); sino que se somete calladamente a sus
trasquiladores. Isaías 53:7 nos dice acerca de Cristo:
“Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero
fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus
trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca”. Cuando
Cristo era insultado, no respondía con insultos (1 P. 2:23).
La mansedumbre en nosotros es la cualidad espiritual que,
sin contradecir ni discutir, acepta los tratos de Dios en
nuestras vidas como cosas que ayudan a bien. La
mansedumbre puede ser descrita también como “el espíritu
de siervo”.
7. Humilde. Esta cualidad de Cristo se compara a menudo
con la mansedumbre. Zacarías profetizó de Cristo
diciendo: “He aquí tu rey vendrá a ti... humilde, y
La Primera Resurrección
93
cabalgando sobre un asno” (Zc. 9:9). Cuando Cristo entró
triunfalmente en Jerusalén la semana de Su muerte en la
cruz, llegó como el humilde siervo cabalgando sobre un
asno, y no como el Rey conquistador montado sobre un
regio caballo blanco. Cristo fue humilde de corazón.
La verdadera humildad se ejemplifica con el siervo que
no posee ni voluntad ni agenda propias, sino que está bajo
órdenes superiores, y procura solamente hacer la voluntad
de su amo. Jesús renunció a los derechos de Su trono y se
volvió totalmente dependiente de Su Padre, diciendo en
Juan 5:19: “No puedo hacer nada por mí mismo”.
Conocer verdaderamente a Cristo no sólo significa
conocerle como Rey de reyes sobre el trono de Su gloria,
o como el capitán de los ejércitos del Señor, o como el
gran sanador. Es más, para conocer en mayor profundidad
Su corazón, necesitamos una revelación de Él como siervo
de todos, vestido de mansedumbre y humildad. Cristo dijo:
“Yo soy manso y humilde”.
El Señor dice en Isaías 57:15: “Porque así dijo el Alto y
Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el
Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el
quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el
espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de
los quebrantados”. Si bien Cristo habita en el trono de
gloria, Él se humilla para ser nuestro siervo y para morar
con el humilde.
Para conocer realmente a Cristo debemos tener su
misericordia, Su piedad, Su longanimidad, Su bondad,
94
Dando en el blanco
Su verdad, Su mansedumbre y Su humildad forjadas en
nuestras vidas. Sea este nuestro deseo y oración por
siempre: “¡Que pueda yo conocerle!” A medida que
avancemos en nuestro conocimiento de Cristo, llegaremos
a ser más como Él.
No debemos nunca acampar en nuestro caminar cristiano.
¡Debemos tener una visión progresiva y siempre procurar
conocer a Cristo cada día más!
2. EL PODER DE SU RESURRECCIÓN
El apóstol Pablo escribió Filipenses 3:10 bajo la
inspiración del Espíritu Santo. Por eso el orden de las
frases es divino y tiene un propósito específico: “A fin de
conocerle” precede a “el poder de Su resurrección”.
Debemos tener una íntima relación personal con Cristo y
conocerle, dejando que Su carácter se forje en nuestras
vidas para así poder ser vestidos del poder de Su
resurrección y participar de Él.
Cuando Pablo introdujo el concepto de conocer el poder
de la resurrección del Señor Jesús, escogió con cuidado
la palabra griega que se traduce como “conocer”.
El vocablo elegido hace notar que este conocimiento no es
una apreciación intelectual de este tremendo poder. Ya hemos
dicho que “conocerle” significa tener una relación personal
muy íntima con Cristo. Conocer el poder de Su resurrección
significa ser íntimos partícipes de ese mismo poder.
La Primera Resurrección
95
La preparación para
el poder de Su resurrección
Dios prepara Sus vasijas antes de usarlas. A lo largo de la
Biblia encontramos ejemplos de esto, y hoy en día Él está
preparándonos para ser vasijas a través de las cuales Él
pueda canalizar Su enorme poder.
Moisés, el hombre más manso de la tierra, fue el que
contempló la semejanza del Señor. En el Salmo 103:7
descubrimos que Dios le indicó Sus caminos a Moisés, y
en la historia de la humanidad no ha existido otro varón
que haya manifestado el poder de Dios de manera tan
prodigiosa.
En 2 Corintios 3:7-8, el apóstol Pablo usa a Moisés como
figura de lo que Dios hará en los últimos días de la Era de
la Iglesia. Si la gloria demostrada por Moisés fue
extraordinaria durante la Era de la Ley, piense usted cómo
será durante la Era del Nuevo Testamento, que es nuestro
tiempo. En nuestros días, las demostraciones del poder
del Espíritu de Dios serán aún mayores. Isaías 60:2 dice
que en estos días postreros, la gloria de Dios se manifestará
y se verá sobre Su pueblo.
En Zacarías 4:14 hay un ejemplo de “los dos ungidos que
están delante del Señor de toda la tierra”. Esto tiene que
ver específicamente con Moisés y Elías, quienes también
representan a dos grupos del pueblo de Dios en los últimos
días. Moisés representa el ministerio del maestro, y Elías
representa el poderoso ministerio del profeta.
96
Dando en el blanco
El profeta Zacarías también vio “un candelabro todo de
oro” (Zac. 4:2). De este Candelabro de oro, que tenía siete
lámparas, fluía aceite. En el Antiguo Testamento el
candelabro representaba el Espíritu Santo y Su ministerio,
mientras que las siete lámparas representaban los siete
espíritus de Dios, la unción que está sobre el Señor
Jesucristo. Hay un principio clave en este Candelabro.
Para su preparación, tuvo que ser probado en el fuego y
purificado. Luego, al calor del horno de aflicción, hubo
que golpearlo una y otra vez de manera que adquiriera la
forma de un vaso apto para que corriese en su interior el
aceite de Dios (la unción) y fluir a través de él.
De igual manera, “el poder de Su resurrección” fluirá
únicamente a través de aquellos que hayan experimentado
el primer paso de conocer a Cristo, y tengan las
características de la naturaleza del Señor forjadas en sus
vidas.
La grandeza del poder
de Su resurrección
La iglesia primitiva vio la manifestación de un gran poder.
Pablo dijo que: “Jesucristo fue declarado Hijo de Dios
con poder, según el Espíritu de santidad, por la
resurrección de entre los muertos”. En 1 Corintios 2:4-5,
el apóstol Pablo dijo: “Y ni mi palabra ni mi predicación
fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría,
sino con demostración del Espíritu y de poder, para que
vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres,
sino en el poder de Dios”.
La Primera Resurrección
97
Este poder es superior al que hemos visto en el
derramamiento del Espíritu Santo que existe en la
actualidad. Un nuevo mover de Dios ya se está
aproximando. La Iglesia de los últimos días experimentará
un poder más grande que el de la Iglesia primitiva. Este
supremo poder de Dios que se aproxima es el poder de la
resurrección, por medio del cual Jesús fue levantado de
entre los muertos y declarado Hijo de Dios.
Cuando mi esposa y yo fuimos a Israel, vimos el sepulcro
vacío y el lugar en que fue colocado el cuerpo del Señor.
Nos dicen las Escrituras que el poder de Dios entró en esa
tumba y que Cristo fue levantado de entre los muertos.
Sin embargo, Cristo no fue levantado solo. En esa ocasión,
otras personas fueron liberadas por Él. Antes de la cruz,
los justos descendían al Paraíso cuando morían (1 Sam.
28). El Paraíso quedaba en algún lugar bajo la tierra, y era
la morada (o lugar de reposo) de los justos.
Cuando Cristo fue levantado desde las entrañas de la tierra,
llevó a todos los justos con Él hacia el cielo. El gran poder
de la resurrección de Jesús fue tan poderoso que todas las
puertas y fortalezas del infierno no pudieron prevalecer
contra Él. No liberó solamente a Cristo del sepulcro, sino
a todos los santos del Antiguo Testamento que estaban
cautivos en el corazón de la tierra.
Pablo oró para que la iglesia de Efeso, que era llena del
Espíritu, pudiese conocer “la supereminente grandeza de
su poder para con nosotros los que creemos, según la
operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo,
98
Dando en el blanco
resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en
los lugares celestiales” (Ef. 1:19-20). Pablo quiere que
entendamos la magnitud del enorme poder de la
resurrección. Para que se enciendan los ojos de nuestro
entendimiento necesitamos una revelación que sólo Dios
puede dar (Ef. 1:18). Solamente entonces podremos
entender completamente la magnitud del poder de Dios
que se manifestó en el momento específico en que Cristo
fue levantado del corazón de la tierra, cuando las
multitudes ascendieron junto a Él.
La Iglesia y el poder de la resurrección
En Juan 5:19 Jesús dijo: “No puede el Hijo hacer nada por
sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre”. En esta declaración
hay una clave para que el poder de Dios sea liberado. Cuando
el Señor Jesús observaba a Su Padre, Su Padre le mostraba
lo que tenía que hacer y entonces el Hijo lo hacía. Cuando
Cristo enseñaba a Sus discípulos, les mostraba lo que debían
hacer (la manera de sanar a los enfermos, limpiar leprosos,
levantar muertos y echar fuera demonios, ver Mt. 10:7-8).
La Iglesia de hoy necesita manifestar las obras y milagros de
Jesús. El movimiento pentecostal en Francia, por ejemplo,
nació y creció debido a que la gente imitó a Jesús y fue usada
por Dios para sanar a los enfermos.
Antes de ir a la cruz, Jesús hizo una declaración
asombrosa: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él
las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al
Padre” (Jn. 14:12). Gracias a la resurrección, un poder
superior al que operaba antes de la cruz está disponible
para la Iglesia de Jesucristo hoy. Nosotros
La Primera Resurrección
99
experimentaremos la misma unción que estuvo sobre Jesús
pero en una medida aún más grande.
El poder de la resurrección fue manifestado por los primeros
apóstoles con poca intensidad. Por ejemplo, la sombra
misma de Pedro sanaba a los enfermos (Hch. 5:15-16).
Además: “Dios hacía milagros extraordinarios por mano
de Pablo, de tal manera que aun se llevaban a los
enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las
enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos
salían” (Hch. 19:11-12).
Pero en los últimos días, el divino poder de la resurrección
de Jesús, cubrirá comunidades y naciones enteras. Vivimos
en una época emocionante. Necesitamos comenzar a
pedirle al Señor el poder de Su resurrección, el cual llegará
cuando avancemos en el conocimiento de Cristo y
procuremos tener Su carácter forjado en nuestras vidas.
3. LA PARTICIPACIÓN DE SUS
PADECIMIENTOS
El tercer requisito que el apóstol Pablo menciona para
que tengamos parte en la Primera Resurrección, es conocer
“la participación de Sus padecimientos”. El concepto de
conocer significa ser verdaderamente partícipe de los
sufrimientos de Cristo. Participar de algo se basa en tener
las mismas experiencias que la otra persona. No puede
existir un compañerismo verdadero entre dos personas
que no tienen casi nada en común. Por eso, para conocer
verdaderamente al Señor, debemos experimentar lo que
Él experimentó, y, amados, esto incluye el sufrimiento.
100
Dando en el blanco
Hace años, mi esposa tuvo una cirugía de corazón abierto
en las dos válvulas del corazón, las cuales estaban
desgastadas por una infección bacteriana. Le sobrevino
una intensa hemorragia después de la segunda operación
y el dolor era tan agudo que empezó a quejarse levemente.
El Señor entonces le habló: “No des lugar a la carne,
Audrey”. Yo te estoy ofreciendo un camino de mayor
excelencia. Esta experiencia puede ser tomada como una
prueba terrible de opresión o como una oportunidad para
que Mi gracia se derrame dentro de ti y sepas que Mi
gracia es suficiente”.
A muchos cristianos les cuesta comprender el lugar y el
propósito del dolor. ¿Deben los cristianos soportar
dolores, ya sea en cuerpo, alma o espíritu? Bueno, si
queremos ser vencedores y participar de la Primera
Resurrección, debemos conocer la participación de los
padecimientos de Cristo. Sólo existe una manera de
conocerla, y es experimentando nosotros mismos Sus
padecimientos.
El sufrimiento es algo común en esta vida, y es uno de los
principales temas de la Biblia. Solamente es a través del
sufrimiento que podemos conocer a Jesús como varón de
dolores experimentado en quebranto (Is. 53:3).
En verdad es un gozo conocer al Señor como JehováRafá nuestro Sanador, pero para conocerle a fondo, es
necesario experimentar la participación de Sus
padecimientos. Pablo dijo: “Si sufrimos, también
reinaremos con él” (2 Ti.. 2:12). Padecer con Jesús es el
único camino al trono, y la única forma de alcanzar la
La Primera Resurrección
101
Primera Resurrección. Nuestra actitud al sufrir
determinará si será una prueba dura (obstáculo), o si será
una maravillosa oportunidad para crecer en nuestra
relación con el Señor.
Ahora necesitamos observar los diferentes aspectos de los
sufrimientos de Cristo, porque si vamos a avanzar en el
Señor, debemos pasar por estos mismos padecimientos, y
debemos de saber cómo triunfar en medio de ellos.
Los sufrimientos de Cristo
1. Sufrió en el área de los apetitos del cuerpo (Mt.4:3).
2. Sufrió en Su alma (Mt. 4:6).
3. Sufrió en Su espíritu (Mt. 4:8).
4. Sufrió en Su cuerpo (Is. 52:14; 50:6).
5. Sufrió afrenta (Sal. 69:20).
6. Sufrió en el área de Su voluntad (Lc. 22:42).
7. Sufrió en el área de Su reputación (Jn. 8:41).
8. Fue tentado a hacer mal uso del poder de Dios para
salvarse a sí mismo (Mt. 26:68).
9. Sufrió esterilidad espiritual (Is. 53:2).
10. Su fe fue probada (Mt. 4:3: “Si eres el Hijo de Dios”).
11. Sufrió en Su vida física (Jn. 7:1). Los judíos
procuraban matarlo.
12. Fue abandonado por Sus seres queridos (Jn. 6:66).
13. Experimentó la traición (Mt. 26:48-49).
102
Dando en el blanco
14. Sufrió la negación (Mt. 26:69-75).
15. Sufrió al ver sufrir a un ser querido: Su madre
(Jn. 19:26).
16. Su pueblo, y aun Sus propios hermanos, no creían en
Él (Jn. 7:5).
17. Sufrió el martirio (Lc. 23:46).
La manera de triunfar en medio de los sufrimientos, es
regocijándonos. Nuestra actitud es de suma importancia,
ya que determina si participamos o no de los
padecimientos de Jesús. Debemos soportar con paciencia
los sufrimientos “por el gozo puesto delante de nosotros”
y así podremos conocer al Señor de una manera más íntima
(He. 12:2).
4. LLEGANDO A SER SEMEJANTES
A ÉL EN SU MUERTE
El cuarto requisito para participar en la Primera
Resurrección es que debemos ser semejantes a Cristo en
Su muerte. “Llegar a ser semejantes a Él en su muerte”
debe considerarse según dos aspectos: 1.) Un estilo de
vida diario; y 2.) Una meta que hayamos alcanzado al
terminar nuestra vida terrenal.
Morir día a día
Ante todo debemos darnos cuenta de la necesidad de morir
a día a día. Pablo testificó en 1 Corintios 15:31: “Cada
día muero”. Lo que quiso decir es que día a día moría a
La Primera Resurrección
103
su yo (a su voluntad, a sus deseos y a sus ambiciones).
Pablo dijo en 2 Corintios 4:11-12: “Porque nosotros que
vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa
de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste
en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa
en nosotros, y en vosotros la vida”.
El morir a diario no significa ser enfermizos sino más
bien andar en completa victoria. Por la muerte del viejo
hombre es que Cristo puede manifestar Su vida a través
de nosotros, a través de nuestro nuevo hombre (Cristo en
nosotros). Es esencial tener una experiencia inicial o un
encuentro con el Señor, para poder vivir y progresar en
este glorioso estado de victoria.
El encuentro inicial se halla en Romanos 6:6: “Sabiendo
esto [que implica el conocimiento nacido de la
experiencia, y no simplemente una apreciación intelectual
de una verdad], que nuestro viejo hombre fue crucificado
juntamente con Cristo”. Por medio de esta experiencia
sabemos que hemos muerto a nuestra vieja naturaleza y
estamos vivos en Cristo. Por eso, cuando Pablo escribió
en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente
crucificado”, simplemente estaba afirmando un hecho.
Como sucede en toda experiencia, esto viene a través de
la gracia soberana del Señor, así como también a través
de nuestro deseo.
Ezequiel 36:37 dice: “Aún seré solicitado por la casa de
Israel, para hacerles esto”. El Señor está hablando aquí
de la obra de santificación prometida en los versículos 25
a 29 de este mismo capítulo. Una búsqueda sincera y
104
Dando en el blanco
honesta del Señor, resultará en un lavado más profundo
que producirá un clamor en nuestro espíritu, porque Él
habrá dado testimonio de Su verdad a nuestro corazón. A
partir de ese momento seremos capaces de decir, porque
lo sabremos interiormente: “Con Cristo estoy juntamente
crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”.
Después de esta experiencia inicial, seguirá un diario
reconocimiento y ejercicio de lo que el Espíritu Santo ha
escrito en nuestros corazones: que nuestro viejo hombre
está muerto, crucificado con Cristo (ver Ro. 6:11-12).
Todos los días debemos clamar al Señor para que nos
ayude a no rendir nuestros miembros a la iniquidad sino a
la justicia (Ro. 6:13).
En el capítulo cuatro de 2 Corintios, Pablo hace resaltar
el mismo tema de experimentar la muerte del yo de manera
continua y cada vez con mayor intensidad. Cuando Pablo
abrió su corazón a la iglesia de Corinto, Pablo dijo en los
versículos 10 al 12: “Llevando en el cuerpo siempre por
todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida
de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque
nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a
muerte por causa de Jesús, para que también la vida de
Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera
que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida”.
¿Cómo podemos presentar esta verdad con claridad?
Compare estos versículos con Romanos 15:3: “Porque
ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como
está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban
cayeron sobre mí”. En este versículo vemos dos aspectos
La Primera Resurrección
105
de morir cada día: 1) Tenemos que procurar agradar al
Señor, no a nosotros mismos; y 2) Tenemos que tomar los
vituperios (o aflicciones) de Cristo. Ante todo, debemos
hacer a un lado nuestra voluntad y no buscar nuestra propia
satisfacción. Asimismo, cuando tratamos de agradar al
Señor solamente, y no a nosotros mismos, nos sometemos
también a los deseos de otras personas.
Pablo amplía esta verdad en Romanos 15:1 cuando dice:
“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las
flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros
mismos”. Esto quiere decir que debemos ceder a los
caprichos, flaquezas, deseos y anhelos de un hermano más
débil. Primero debemos procurar complacer a nuestra
pareja en el matrimonio. Es aquí en donde más debe
desarrollarse esto.
El morir cada día también incluye sufrimientos. Así como
el maestro alfarero amasa, golpea, y exprime el barro (para
quitar toda burbuja y elemento extraño) antes de
convertirlo en la vasija deseada, así nuestro amante Padre
Celestial permite que las persecuciones y los problemas
hagan una obra profunda en nuestro interior para
limpiarnos de toda imperfección oculta. El resultado de
morir cada día es que liberamos vida para otros y también
para nosotros mismos. La vida sólo puede provenir de la
muerte.
Jesús explicó muy bien este concepto cuando dijo en Juan
12:24: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere,
queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Cada vez
que por la gracia de Dios escogemos morir (a nuestra
106
Dando en el blanco
propia voluntad), sea cual sea la situación, estamos
liberando la vida de Jesús hacia otra persona. Además,
nuestra propia vida espiritual crecerá a pasos agigantados,
y los frutos del Espíritu alcanzarán la madurez en nuestras
vidas.
Asimismo, debemos estar preparados en todo momento
de nuestra vida para que cuando muramos, podamos estar
de pie ante el Señor rindiéndole cuenta de nuestros actos.
Nadie sabe cuándo llegará su hora de morir y es por eso
que debemos estar siempre preparados. Cada día debemos
morir a nosotros mismos y vivir totalmente para Jesús.
De esta manera, podemos confiar que cuando llegue el
momento de partir para estar con el Señor, seremos más
que vencedores por medio de Aquel que nos amó.
Procuremos, entonces, ser semejantes a Él en Su muerte.
El blanco (3:12-14)
3:12 - “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea
perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello
para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”. Pablo
ya había alcanzado mucho en la vida; sin embargo, sabía
que Dios aún deseaba hacer más a través de su vida. En la
vida cristiana nunca debemos estar conformes con haber
llegado a un determinado nivel de bendición, sino que
debemos proseguir, como lo hizo Pablo seis años antes
de su muerte.
3:13-14 - “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya
alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente
lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,
La Primera Resurrección
107
prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de
Dios que es en Cristo Jesús”. Dios no nos escogió
simplemente para salvarnos del infierno, que es el destino
que legalmente merecíamos, sino que fuimos escogidos
por Dios para una obra específica: ¡dar en un blanco y
acabar una carrera! Éste es el tema de este libro. Para
Pablo, su misión era ser el apóstol de los Gentiles.
Dios nos ha separado para un propósito específico. Cada
cual tiene que darle a su propio blanco y acabar su propia
carrera. Seamos capaces de completar todo lo que Dios
nos ha llamado a hacer, y de ganar a Cristo.
El apóstol Pablo dijo en 1 Corintios 9:24-27: “¿No sabéis
que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren,
pero solo uno se lleva el premio? Corred de tal manera
que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se
abstiene; pero ellos, a la verdad para recibir una corona
corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo
de esta manera corro, no como a la ventura; de esta
manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que
golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que
habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser
eliminado”. Pablo corría para ganar el premio: ¡Cruzar la
línea final y ganar a Jesucristo!
Para poder acabar nuestra carrera en la vida y llevar a
cabo todo el plan de Dios para nosotros, primero
debemos buscar a Dios para descubrir cuál es nuestro
llamado. El supremo llamado de Dios para cada creyente
está en Filipenses 3:10-11: que podamos calificar para
ser reyes y sacerdotes que reinarán con Cristo en el
108
Dando en el blanco
milenio. Eso es lo máximo y lo mejor que Dios tiene
preparado para cada cristiano. Sin embargo, Él también
tiene un llamado específico y único para cada creyente.
Debemos proseguir hasta obtener lo mejor que Dios tiene
para nuestras vidas.
Para poder acabar la carrera, debemos olvidarnos de lo
que queda atrás (v. 13). ¡Tenemos que olvidar el pasado
y extendernos hacia lo que está delante! Debemos dejar
atrás la vida que solíamos tener y todas nuestras
ambiciones y sueños anteriores, procurando sólo una
cosa en la vida: ganar la carrera. Además, debemos
despojarnos de todo peso. Cuando los atletas se preparan
para una carrera, procuran vestirse con ropa ligera para
que el peso no los agobie.
Como cristianos, debemos dedicar nuestras vidas a ganar
la carrera. Esto implica renunciar a ciertas cosas, aun las
buenas, que pueden distraernos y sobrecargarnos. Pablo
dice en Hebreos 12:1: “despojémonos de todo peso y del
pecado que nos asedia [nos enreda], y corramos con
paciencia la carrera que tenemos por delante”.
Otra forma de ver este proceso de llegar a la meta del
supremo llamado de Dios, es por el ejemplo de la flecha.
El propósito principal que tiene la flecha, cuando se
dispara, es el de dar en el blanco. La vida de Cristo
puede verse de esta manera. Cristo fue la flecha de Su
Padre. Este tema está desarrollado en Isaías 49:2: “Y
puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la
sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me
guardó en su aljaba”.
La Primera Resurrección
109
En una flecha existen dos partes básicas: la punta, hecha
de acero y la vara pulida, hecha de madera. La punta es la
parte aguda de la flecha que representa a la Palabra de
Dios, la cual es más cortante que toda espada de dos filos.
Dios quiere escribir Su Palabra en nuestro corazón y
nuestra mente, y quiere ponerla en nuestra boca.
El segundo aspecto del desarrollo de una flecha es que la
vara de madera debe pulirse para que cuando vuele por el
aire, las fuerzas aerodinámicas no la desvíen del curso
que lleva, por tener bordes ásperos en la superficie. Lograr
esto requiere de mucho tiempo, y es durante este período
que el Señor obra en nuestras vidas limando todas las
“asperezas”.
Una flecha de punta aguda y de vara pulida, se coloca en
la aljaba del arquero hasta el momento de ser lanzada al
blanco. Así sucedió con Cristo. Es una de las etapas más
difíciles de nuestra preparación. Aunque estamos listos,
nos parece que no estamos llegando a ningún lado sino
que solo estamos “dándole vueltas al timón” sin ir a
ninguna parte. Sin embargo, Dios está obrando en nosotros
un refinamiento más profundo, nos está puliendo y
haciéndonos madurar. Luego, en el tiempo que Él ha
señalado, nos coloca en curso, y la forma en que
respondamos a nuestro tiempo de preparación, será el
factor que determine si dimos en el blanco, o si seremos
desviados de la ruta.
Debemos aprender a vencer las ofensas, de lo contrario,
cualquier motivo nos sacará de curso, como fue el caso
de Bernabé (Hch. 15:36-41). Bernabé se ofendió porque
110
Dando en el blanco
Pablo, en su segundo viaje misionero no quiso que los
acompañara su sobrino Juan Marcos. Sin embargo, Pablo
tenía muy buenas razones para no querer llevar a Marcos
con ellos otra vez. Marcos los había abandonado en su
primer viaje misionero, y Pablo no consideró prudente
llevarlo en esta ocasión.
Bernabé, a causa del parentesco que existía, se ofendió.
Se llevó con él a Marcos y navegaron a Chipre, que
seguramente era su país natal (Hch. 4:36), y nunca más
se vuelve a mencionar a Bernabé en las Escrituras. Silas
tomó su lugar y prosiguió con Pablo, con la bendición
de la Iglesia (Hch. 15:40). Recuerde que en Hechos 13
el Señor reveló por medio del Espíritu Santo el llamado
que estaba sobre las vidas de Bernabé y Pablo. Ellos
fueron llamados a ministrar a los gentiles. Pero Bernabé
nunca completó su carrera; nunca dio en el blanco que
Dios tenía para su vida.
¿Qué pasó con este hombre que empezó tan bien, con
tanto potencial y con tantas promesas? Bernabé fue
llamado por Dios, ungido por Dios en Hechos 13, y junto
a Pablo, fue disparado como una flecha hacia el blanco
de Dios. Sin embargo, no pudo alcanzar lo mejor que Dios
tenía para su vida, fue una flecha desviada, un corredor
descalificado. El problema fue que Bernabé se ofendió.
Tomó las ofensas de Juan Marcos, lo cual lo destruyó.
Esto es verdaderamente triste porque Marcos al final
superó su inmadurez, se volvió útil para Pablo (2 Ti. 4:11),
y fue usado por Dios para escribir el Evangelio que lleva
su nombre. Al final, Marcos sí triunfó; pero Bernabé nunca
acabó su carrera por causa de un resentimiento.
La Primera Resurrección
111
Debemos comprender que Dios tiene un plan muy
específico para cada una de nuestras vidas. El Señor
tiene un plano de ellas, y cuando morimos tenemos que
dar cuenta de nuestra carrera, si la hemos completado
o no. Hace muchos años atrás el Señor me hizo ver
este asunto con suma claridad, cuando por causa de la
terrible oposición y persecución que enfrentaba en esos
días, le pedí que pusiera fin a mi vida y me llevara al
cielo. El Señor me concedió mi petición y morí
físicamente. Cuando llegué al cielo, el Señor me mostró
toda mi vida desde mi nacimiento hasta el momento en
que morí. Sin embargo, vi que aún había mucho más
que Dios había proyectado para mi vida, pero que yo
todavía no había completado. Sí, yo era cristiano y había
llegado al cielo, ¡pero no había dado en el blanco que
Dios tenía para mi vida!
Espero que ninguno de ustedes experimente jamás la
terrible agonía que sentí en mi espíritu. Yo sabía que había
muerto antes de tiempo. Después de rogarle al Señor que
me regresara a la tierra y me diera otra oportunidad para
terminar la carrera, bondadosamente me revivió y el
espíritu regresó a mi cuerpo.
Desde entonces, la carga que llevo en mi corazón por la
Iglesia de Jesucristo es que todo creyente llegue a completar
su carrera, como lo hizo Cristo. Cuando el Señor se
preparaba para ir a la cruz, le dijo a su Padre en Juan 17:4:
“Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra
que me diste que hiciese”. Cristo había venido a la tierra
para ser el Cordero de Dios que moriría por los pecados
del mundo, y Él sí acabó Su carrera.
112
Dando en el blanco
Al final de nuestras vidas debemos ser capaces de
decir como Pablo: “Porque yo ya estoy para ser
sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano.
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera,
he guardado la fe” (2 Ti. 4:6-7). Debemos ser
corredores que ganen la carrera y reciban el premio;
debemos ser flechas que den en el blanco que Dios ha
predeterminado para nuestras vidas.
Decida hoy en su corazón que usted no va a estar
satisfecho con alcanzar la segunda mejor opción, sino
lo mejor que Dios tiene para su vida. Prosigamos
siempre hacia la excelencia de Dios, no nos
conformemos con segundas opciones.
3:15 - “Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo
sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará
Dios”. Este versículo es difícil de entender en nuestro
propio idioma, pero su verdadero significado es que la
persona que ha alcanzado un nivel de madurez en Cristo,
debe todavía proseguir con el fin de cumplir todos los
propósitos que Dios tiene con ella en la tierra. Para el
cristiano no existe la pereza ni el jubilarse. Debemos
redimir cada minuto del día y hacer que cada momento
cuente para la eternidad.
Al finalizar Pablo esta sección, nos dice que si no estamos
cumpliendo en su totalidad con los propósitos de Dios
para nuestras vidas, podemos tener la certeza de que el
Señor nos lo revelará. Si estamos fallando en alguna área
de nuestras vidas, Dios nos dará convicción de ello. Hace
muchos años el Señor nos hizo ver claramente a mi esposa
La Primera Resurrección
113
y a mí, que un cristiano nacido de nuevo nunca cae de
repente en pecado, como lo dice hoy la frase de moda.
Antes de que una persona resbale y caiga en el pecado,
ha ignorado muchas señales de advertencia que Dios le
ha dado.
A lo largo de cada senda que lleva al pecado, el Señor
pone señales de alerta. Nos advierte una y otra vez. Una
persona cae en pecado sólo cuando no le ha prestado
atención al Señor. Por lo tanto, si escuchamos al Señor,
no habrá razón para temer que perderemos nuestro rumbo.
Él es poderoso para guardarnos de toda caída (Judas 1:24).
Todo lo que debemos hacer es ser sensibles y responder a
Sus palabras. Así alcanzaremos la plenitud de la estatura
de Cristo y seremos presentados sin mancha e
irreprensibles delante de Su trono con gran alegría.
Seamos como Daniel, al cual al final de sus días en la
tierra, se le dijo que ocuparía el lugar que tenía asignado
en el cielo. Daniel dio en el blanco que había para su vida,
así como Juan el Bautista, de quien las Escrituras testifican
que “terminó su carrera” (Hch. 13:25).
115
CAPÍTULO 7
PABLO, EL EJEMPLO
3:16 - 21
Después de habernos informado acerca de nuestra meta
espiritual y celestial, o sea que Cristo sea formado en
nosotros y que cumplamos el ministerio para así poder
llegar a ser reyes y sacerdotes, sirviéndole eternamente
a Dios, el apóstol Pablo nos habla ahora de nuestro
caminar espiritual.
Éste es un tema que también desarrolla en su epístola a
los Efesios, predominando tres palabras: sentarse, andar
y estar firme. Estamos sentados en lugares celestiales con
Cristo, y desde esa posición de autoridad debemos andar,
dignos de esa vocación celestial, y esto a su vez nos
permitirá estar firmes para resistir los ataques del enemigo.
3:16 - “Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos
una misma regla, sintamos una misma cosa”. El apóstol
Pablo nos exhorta a caminar según este lema de proseguir
continuamente, extendiéndonos hacia la meta, como lo
hace un atleta al cruzar la línea final. Debemos caminar
con determinación, no dejando que nada nos desvíe.
Nuestra mente debe estar centrada y fijada en la meta.
116
Dando en el blanco
Seguidores de Cristo
3:17 - “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los
que así se conducen según el ejemplo que tenéis en
nosotros”. La vida de Pablo era irreprensible; por eso
podía abiertamente invitar a otros cristianos no sólo a
escuchar su prédica, sino también a imitar su estilo de
vida (ver el capítulo 4:9). Muy pocos hombres o mujeres
a través de los siglos de la era cristiana hubieran podido
ofrecerse como un ejemplo digno de imitar.
Pablo no solamente se ofrece como modelo del estilo
de vida cristiano, sino que también anima a los
filipenses a que imiten a los que están con él. Pablo
dijo también en 1 Corintios 11:1: “Sed imitadores de
mí, así como yo de Cristo”.
Ahora su tono se torna en disgusto, cuando menciona a
otros que no tienen un testimonio tan brillante:
3:18-19 - “Porque por ahí andan muchos, de los cuales
os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando,
que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los
cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya
gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo
terrenal”. Es muy probable que Pablo se esté refiriendo
a los cristianos que se han desviado tras las enseñanzas
de los Agnósticos. Los Agnósticos formaban una secta
que enseñaba, entre otras herejías, que no importaba la
vida carnal de una persona. Ellos le restaban
importancia a los valores morales que la Palabra de
Dios defendía. Hasta este momento, los Agnósticos se
Pablo, el ejemplo
117
habían infiltrado en la Iglesia primitiva y corrompían
la pureza del Evangelio de Cristo.
No sólo justificaban el pecado, sino que descaradamente
estimulaban las más viles actividades inmorales,
enseñando que un hombre no está completo hasta no
haber experimentado todo lo que la vida ofrece, tanto
de lo bueno como de lo malo. Pablo enseguida señala el
fin de aquellos malos obreros de la iniquidad, serán
arrojados al lago de fuego.
El Señor también advierte en Mateo 7:21-23 acerca del
fin de los que conociendo la verdad no la siguen: “No
todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de
los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que
está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor,
Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos
milagros? Y entonces yo les declararé: Nunca os conocí;
apartaos de mí, hacedores de maldad”. Amados, debemos
estar en alerta, y recordemos que son los limpios de
corazón los que verán a Dios.
3:20 - “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de
donde también esperamos al Salvador, al Señor
Jesucristo”.
Ésta es una verdad que los filipenses apreciarían. Por ser
Filipos una colonia de Roma, sus habitantes disfrutaban
de la ciudadanía romana. Aunque vivían en Filipos, eran
romanos, y gozaban de todos los privilegios de los
ciudadanos romanos, como si realmente estuviesen
118
Dando en el blanco
viviendo en la capital del Imperio. El apóstol Pablo les
recuerda a ellos tanto como a nosotros, que como
cristianos somos ciudadanos del cielo y que así
debemos conducirnos.
Además Pablo dice que anhelamos la pronta aparición
del Rey de reyes. Estas colonias esperaban con ansiedad
la visita del emperador romano. Cuando venga Cristo, el
Rey de reyes y Señor de señores, Él hará lo que ningún
emperador romano hubiera podido hacer, nos transformará
a Su propia imagen y nos hará como es Él.
3:21 - “El cual transformará el cuerpo de la humillación
nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria
suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí
mismo todas las cosas”. En Su Segunda Venida, el Señor
hará que nuestros cuerpos mortales se vistan de
inmortalidad (1 Co. 15:53-54).
119
CAPÍTULO 8
LA PAZ DE DIOS
4:1 - 9
La paz, que es sinónimo de prosperidad, es uno de los dones
más atesorados. Tanto las naciones como los individuos la
buscan, y están dispuestos a pagar un enorme precio por
ella. Naciones como Israel, están dispuestas a ceder hasta
el territorio que Dios les dio, con tal de obtener la paz.
Sin embargo, la verdadera paz no es el resultado de
comprometerse con un adversario, sino es el regalo de
quien mantiene una correcta relación con Dios a través
de nuestro Señor Jesucristo, el Príncipe (o la fuente) de
Paz (ref. Ro. 5:1).
4:1 - “Así que, hermanos míos, amados y deseados, gozo
y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados”.
Vemos de nuevo el profundo amor que Pablo sentía por
sus queridos amigos de Filipos, a quienes llama su gozo y
corona. Bajo estos términos, podemos entender que
nuestros hijos espirituales son nuestra herencia. Cuando
estemos de pie ante el trono de Dios, seremos
recompensados de acuerdo al nivel espiritual y madurez
de nuestros hijos. Por eso debemos procurar el bienestar
de aquellos que el Señor nos ha confiado, de manera que
todos puedan alcanzar la plenitud de la estatura de Cristo.
120
Dando en el blanco
Pablo continúa entonces esto con la amonestación de
estar firmes en el Señor. Infinidad de personas
comienzan bien pero no terminan como se espera. Al
ser fluctuantes en sus creencias, enseguida se desvían
de la pureza del Evangelio de Cristo. El criterio en una
batalla, es que las tropas se mantengan en sus puestos.
El oficial de más bajo rango es apropiadamente llamado
lugarteniente, que traducido del francés lieutenant,
significa “el que guarda su puesto”. Habiendo hecho
todo, mantengámonos firmes, resueltos a nunca ceder
ante los ataques del enemigo, sabiendo que el Señor
no permitirá que seamos tentados más de lo que
podamos resistir.
4:2 - “Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un
mismo sentir en el Señor”. Como lo mencionamos en
el Prefacio, las disputas de estas dos mujeres pudieron
causar estragos en toda la Iglesia. Es fundamental que
las mujeres aprendan a tener un espíritu afable y
apacible para que haya unidad y armonía en el hogar y
en la Iglesia (1 P. 3:4).
4:3 - “Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel,
que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo
en el evangelio, con Clemente también y los demás
colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de
la vida”. Ahora se vuelve hacia las mujeres que son fieles
obreras. Con toda seguridad tienen poco tiempo para la
charla ociosa y no caen en la categoría de chismosas.
Lea 1 Timoteo 5:1-16 que es un discurso excelente sobre el
papel de la mujer piadosa, al igual que Proverbios 31:10-31.
La paz de Dios
121
4:4 “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo:
¡Regocijaos!” Retomando el tema de esta epístola, el
apóstol Pablo anima a sus amigos a regocijarse en todo
tiempo. Este ejercicio espiritual es sumamente importante
ya que produce fortaleza en todo nuestro ser y nos permite
triunfar tanto sobre circunstancias como sobre adversarios.
Si practicamos esto al levantarnos por la mañana, y a lo
largo del día, veremos la diferencia en nuestro caminar
diario. ¡Nos convertiremos en más que vencedores! El
fruto del regocijo es el gozo. A medida que nos
regocijemos, el gozo (que es fruto del Espíritu) se
desarrollará en nosotros y abundará.
4:5 - “Vuestra gentileza sea conocida de todos los
hombres. El Señor está cerca”. Como cristianos, tenemos
que recordar que no debemos ser creyentes en secreto.
Debemos dejar que brille nuestra luz para que los demás
vean nuestras buenas obras y glorifiquen a Dios, como lo
dijo Cristo en Mateo 5:16. Especialmente, Pablo les
recomienda a sus amigos que a la vista de todos hagan
notoria la gentileza de Cristo, una virtud muy poco común
en la tosquedad de la sociedad romana.
La paz de Dios
Ésta es una de las verdades y experiencias más preciosas
de la vida cristiana. El Señor mismo dijo en el Aposento
Alto, en la Última Cena, después de que Judas Iscariote
había salido: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn. 14:27).
Cuán grande bendición es tener la paz de Dios. El apóstol
Pablo ahora nos muestra la forma de tener esa paz
permanente de Cristo como porción diaria.
122
Dando en el blanco
4:6 - “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas
vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y
ruego, con acción de gracias”. Pablo nos exhorta a no
estar afligidos o turbados. Cristo le dijo a Sus discípulos
en Mateo 6:25-33: “Por tanto os digo: No os afanéis
por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de
beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No
es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el
vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni
siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial
las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane,
añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por
qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo
crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aun
Salomón con toda su gloria se visitó así como uno de
ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se
echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más
a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues,
diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué
vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas
cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis
necesidad de todas estas cosas. Mas buscad
primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas”.
Por lo tanto, no debemos preocuparnos por lo que vamos
a comer, o lo que vamos a vestir, o en dónde vamos a
vivir, porque nuestro Padre Celestial conoce nuestras
necesidades y se encargará de ellas. Hace años, mientras
me encontraba hablando sobre Filipenses 4:6 en cierta
Iglesia, tuve una visión del Señor que caminaba entre las
La paz de Dios
123
bancas llevando una canasta, y le pedía a la congregación
que en ella depositara sus peticiones y preocupaciones
porque Él se encargaría de ellas. Cuando le conté a la
congregación acerca de esta visión, vi de nuevo en otra
visión a los que respondían y colocaban sus cargas y
aflicciones dentro de la canasta del Señor, y como
resultado, su paz caía sobre la mente y el corazón de cada
uno. Sin embargo, algunos no podían dejar sus problemas
en la canasta y los volvían a recoger, sufriendo nuevas
preocupaciones y ansiedades.
Entreguemos al Señor toda inquietud y aflicción para que
Su paz pueda gobernar en nuestra vida, librándonos de
mucha agonía innecesaria. Cambiemos nuestras
tribulaciones, temores, y ansiedades, por la paz de Dios.
4:7 - “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en
Cristo Jesús”. La paz de Dios nos guardará y protegerá
en cada situación. Todo el mundo desea paz, y todos
sabemos que debemos tener paz, pero la pregunta es:
¿Cómo obtener la paz?
La paz es el fruto de obedecer los mandamientos de Dios.
El Señor dice en Isaías 48:18: “¡Oh, si hubieras atendido
a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río,
y tu justicia como las ondas del mar”. El salmista dijo:
“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para
ellos tropiezo” (Sal. 119:165).
124
Dando en el blanco
La senda de la paz
Los siguientes pasos constituyen la senda de la paz:
1. Caminar en la Luz y obedecer los mandamientos del
Señor.
2. Permitirle a Dios enderezar todas las áreas de nuestra
vida.
Debemos andar en la luz (1 Jn. 1:7) y obedecer la Palabra
de Dios (ver Sal. 37:37). Éste es el primer requisito para
obtener la paz. Asimismo, Pablo nos dice en Romanos
5:1: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con
Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. La paz
llega como resultado de ser justificados (ser hechos
justos) línea sobre línea.
El acto de justificar es un término que los tipógrafos
emplean para el proceso de alinear el lado derecho de un
documento que ha sido mecanografiado. Esto es lo que el
Señor quiere hacer en nuestras vidas. Él quiere hacernos
rectos y justos, así como Él es justo. Éstos son los dos
pasos que nos conducen a la gloriosa paz de Dios que
sobrepasa todo entendimiento.
El camino de la victoria
En el versículo 8, Pablo continúa dando más instrucciones,
las cuales me fueron mostradas en una visión. Vi un
sendero que conducía al oído de una persona. El sendero
tenía ocho puertas. En el extremo final del sendero, en la
La paz de Dios
125
parte más alejada del oído, había un demonio tratando de
hablar al oído de esta persona. Sin embargo, el demonio
era desafiado por las ocho puertas que aparecen nombradas
en el siguiente versículo:
4:8 - “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero,
todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable,
todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si
[algo digno de alabanza], en esto pensad”. Nuestra
manera de pensar condiciona nuestros actos, y a la larga,
determina nuestro carácter. Salomón dijo: “como es el
hombre en su corazón, tal es él” (Pr. 23:7).
Por lo tanto, nuestra manera de pensar debe ser
condicionada por estos ocho desafíos a nuestros
pensamientos y meditaciones. Estas ocho puertas harán
que lo que meditemos con el corazón y con la mente, sea
grato delante del Señor (Sal. 19:14). Cada vez que
meditemos sobre algo, debemos hacernos las siguientes
ocho preguntas:
1. ¿Es verdadero este pensamiento? Si comenzamos a
examinar las suposiciones que entran en nuestra mente y
que a menudo nos causan mucha tristeza, vamos a
descubrir que muchas veces ni siquiera son verdades. Gran
parte de ellas son habladurías o rumores, y no son
realidades. Estos pensamientos deben clasificarse como
vanas imaginaciones y deben ser expulsados de la mente
inmediatamente.
2. ¿Es honesto este pensamiento? La palabra honesto
en griego realmente tiene el significado de “venerable,
126
Dando en el blanco
digno de reverencia, o que causa una santa seriedad”. Por
eso debemos preguntarnos si este pensamiento nos hará
valorar nuestra vida. Si es así, debemos dejar que atraviese
la puerta número dos, pero si no, debemos evitar que se
aloje en nuestra mente.
3. ¿Es justo o recto este pensamiento? ¿Acaso este
pensamiento refleja honestamente la situación o la persona
de la cual se habla? Si es así, abra la puerta número tres.
4. ¿Es puro este pensamiento? Nuestros pensamientos
deben ser puros, especialmente en cuanto a la sexualidad.
Debemos hacernos esta pregunta: ¿Me dejará más puro
este pensamiento si lo permito entrar en mi mente? Si no,
inmediatamente debemos cerrar la puerta sobre él para
que no avance y entre por los oídos (o sea, por los oídos
espirituales) porque será transmitido a nuestra mente.
5. ¿Es bello o grato este pensamiento? ¿Me hará este
pensamiento una persona más afectuosa y agradable?
6. ¿Este pensamiento es de buen nombre? En griego,
de buen nombre quiere decir “una reseña justa e imparcial
de un hecho, circunstancia o persona”.
7. ¿Es virtuoso este pensamiento? Virtuoso en griego
significa excelencia mental o moral. ¿Es éste un
pensamiento excelente?
8. ¿Es este pensamiento digno de alabanza? ¿Puede
ser elogiado este pensamiento como algo que nos elevará
a mayores alturas en Dios? Si es así, piénselo.
La paz de Dios
127
La palabra pensar en griego significa “un acto de
cuidadosa reflexión o meditación”. Contiene la idea de
asimilar un concepto hasta lo profundo de nuestro ser
para que nos ayude a moldear y a fortalecer nuestro
carácter. El arte de la meditación se ha perdido desde
hace mucho en nuestro sistema educativo, pero en el
reino de Dios es un arte imprescindible para cultivar
nuestro desarrollo espiritual.
Haremos referencia ahora a la exhortación del rey Salomón
en el Salmo 1:1-2: “Bienaventurado el varón que no
anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de
pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley
medita de día y de noche”. A la larga, nos convertimos en
lo en que hemos estado meditando.
4:9 - “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis
en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”.
Como lo hizo en el capítulo 3:17, Pablo vuelve a pedirle
a los creyentes de Filipos que lo consideren como su
modelo a seguir. Tenían que poner en práctica lo siguiente:
1. Todo lo que habían aprendido de Pablo de sus
interpretaciones personales de las Sagradas Escrituras,
y de su ministerio de enseñanza.
2. Todas las tradiciones y doctrinas acogidas por la Iglesia
primitiva (ver el credo de los apóstoles en Hechos
15:19-29).
128
Dando en el blanco
3. Y todo lo que oían sobre él, así como lo que
observaban en su vida. (Esto es algo que muy pocos
predicadores o maestros pueden decir hoy en día).
Concédanos Dios que nuestras vidas sean limpios canales
de Cristo, para que en cualquier lugar los hombres y
mujeres que nos observen, puedan ver la Palabra sin
distorsión hecha carne en nosotros. Seamos para los demás
cartas vivientes que lleven el mensaje del Evangelio. Pablo
continúa diciendo que los que lo imiten estarán cubiertos
por el Dios de Paz.
Conoceremos la gloriosa presencia del Dios de Paz cuando
pongamos por obra estas sencillas reglas espirituales que
han sido enunciadas en los versículos 6 al 8.
129
CAPÍTULO 9
EL CONTENTAMIENTO “SANTO”
4:10 - 13
Es un don de Dios el estar contentos aunque las
circunstancias sean buenas o malas. Este contentamiento
surge cuando se practican las verdades espirituales que
están escritas en los versículos 4 al 8.
A este pasaje lo titulé EL CONTENTAMIENTO SANTO
(con énfasis en santo) porque hay un contentamiento que
la iglesia de Laodicea tenía en cuanto a su condición
espiritual, la cual no era santa. El contentamiento de ellos
se basaba en una falsa premisa de su espiritualidad,
percibida desde su propio punto de vista y no desde el
punto de vista de Dios.
Como resultado, no estaban avanzando en su conocimiento
del Señor y eran ciegos y pobres. Estaban conformes con
su conocimiento superficial del Señor. Nunca debemos
conformarnos con esto. Debemos siempre avanzar en la
experiencia cristiana para conocer al Señor de una manera
más excelente. Lamentablemente, son muchos los hijos
queridos de Dios que tienen hoy ese mismo falso sentir
acerca del contentamiento. El verdadero contentamiento
es una santa y gozosa aceptación de cada situación en la
que nuestro amante Padre Celestial nos sitúa.
130
Dando en el blanco
4:10 - “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al
fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también
estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad”. La
iglesia de Filipos podría caracterizarse por tener un ojo
misericordioso (Pr. 22:9). Ellos atendían las necesidades
de Pablo. Por la bondad y anchura de su corazón le enviaban
regalos a Pablo que se encontraba en calamidad. Cuidaban
de él con la esmerada atención de una madre por su hijo
predilecto, siempre procurando su bienestar.
Ésta es una maravillosa virtud que debemos desarrollar
en cuanto a nuestro pastor, misioneros, y todos los
miembros de la iglesia que puedan estar necesitados.
Queremos que nuestras ramas suban por la pared, y tener
el mismo ojo misericordioso incluso por aquellos que
todavía no están en el reino de Dios, para que en el día de
la visitación recuerden nuestras buenas obras y glorifiquen
a Dios (1 P. 2:12).
4:11 - “No lo digo porque tenga escasez, pues he
aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi
situación”. Una verdad muy importante que no debe pasar
inadvertida en este versículo, es que el contentamiento es
un proceso de aprendizaje. No se logra al instante, es un
proceso. Pablo dijo que había aprendido a contentarse.
Entonces, ¿de qué manera podemos entrar a este bendito
estado del verdadero contentamiento?
Permítame sugerir los siguientes pasos:
1. Debe haber una entrega total a la voluntad de Dios, sin
la cual no tendremos ni paz ni gozo verdaderos, que son
El contentamiento santo
131
las señales de un contentamiento sereno. Debemos de
conocer por medio de la experiencia, que hemos muerto
a nuestra propia voluntad y que vivimos solamente para
Él. Ésta es una obra de gracia del Espíritu Santo.
2. Comenzando por esta certeza interior de que estamos
muertos a nuestros propios caminos y vivimos
únicamente para hacer Su voluntad, es que morimos cada
día. Este proceso nos lleva a una santa aceptación de
cada situación que enfrentamos en el día, la cual es
permitida para nuestro bien por nuestro amante y
cuidadoso Padre Celestial.
3. A medida que sigamos en esta experiencia y aceptemos
toda situación que llega a nuestras vidas, alcanzaremos el
verdadero contentamiento.
4:12 - “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en
todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado
como para tener hambre, así para tener abundancia como
para padecer necesidad”. Ahora Pablo describe el fruto
de esta vida de bendición. Él había aprendido a contentarse
en tiempos de necesidad así como en tiempos de
abundancia y prosperidad.
Sea cual sea la experiencia o situación en que Pablo se
encontrara, este contentamiento santo desbordaba desde
lo profundo de su ser. Sus apetitos carnales así como las
emociones de su alma, y sus necesidades espirituales
tenían en paz. Pablo dijo en 1 Timoteo 6:6: “Pero gran
ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.
Ésta es la vida de victoria en Cristo.
132
Dando en el blanco
He notado una y otra vez que cuando las personas piden que
se les dé lo mejor de todas las cosas, esto marca el principio
de su ruina. Siento mucha lástima por los que siempre exigen
mejores condiciones de vida, porque se están auto
descalificando para alcanzar lo mejor de Dios. En Suiza fui
gerente de un hotel muy hermoso que funcionaba también
como instituto bíblico. Teníamos estudiantes sumamente
adinerados que llegaban de otros países. Cuando llegaban al
hotel, agradecían todo lo que se les daba.
Sin embargo, también teníamos algunos alumnos de una
zona muy pobre de Grecia. Provenían de casas con pisos
de tierra. ¿Puede usted imaginarse que los estudiantes que
habían sido pobres toda su vida no estaban contentos con
el hotel? Querían una alfombra diferente, mejores sillas,
y otras cosas más. ¿No es sorprendente? He estado en el
ministerio por más de cuarenta años, he dado clases en
varios institutos bíblicos, he visitado muchas iglesias, y
he notado que los que salen adelante en la vida cristiana
son los que están agradecidos y contentos. Los que siempre
se quejan y exigen mejores condiciones, nunca lo logran.
El contentamiento santo es el camino a la victoria; y Pablo
termina esta declaración triunfal diciendo:
4:13- “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Esta
porción de la Escritura ha sido por muchos años una
realidad en mi propia vida. A lo largo de la parálisis de mi
querida esposa, tuve que atenderla yo mismo. A veces
eso significaba tener que levantarme aproximadamente
cada veinte minutos durante un período de veinticuatro
horas. Esto duró cuatro años. Mi cuerpo se agotó y
desfalleció a tal grado que simplemente no respondía.
El contentamiento santo
133
Cuando clamé al Señor, me dio esta porción de las
Escrituras. A mi espíritu, alma, y cuerpo, entraron vigor y
vida nueva, dándome la fortaleza divina necesaria para
atender sus necesidades. Verdaderamente ¡todo lo
podemos hacer en Cristo que nos fortalece! En la vida no
nos tropezaremos nunca con algo que la gracia de Dios
no nos haga vencer.
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”
135
CAPÍTULO 10
EL DON DEL AMOR
4:14-20
En los versículos 14 a 20, Pablo se refiere al don del amor
de los filipenses hacia él. Al apóstol Pablo lo sostenían los
filipenses no sólo con los servicios que le brindaban y con
sus oraciones, sino con su dinero, a pesar de que la iglesia
era pobre. Tomándolos como ejemplo, veremos los pasos
a seguir para ofrendar generosamente en Jesucristo.
4:14 - “Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo
en mi tribulación”. A pesar de que Pablo salía victorioso
de cualquier circunstancia, su corazón se regocijaba al
recibir ayuda de sus amigos. La ayuda de los demás
beneficia y mejora nuestra condición. La iglesia filipense
tenía una congregación cariñosa y bondadosa. A decir
verdad, Pablo manifiesta que en comparación con las
demás congregaciones, ésta se excedía en el ministerio
de ofrendar.
4:15 - “Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al
principio de la predicación del evangelio, cuando partí
de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en
razón de dar y recibir, sino vosotros solos”. Los filipenses
no asumieron el hecho de que Pablo tenía suficientes
recursos para cubrir sus necesidades, sino que hicieron
136
Dando en el blanco
sabias averiguaciones acerca de sus necesidades
específicas, y también sobre la perspectiva cristiana de
dar y recibir. Aunque Pablo no comenta mucho acerca de
estas virtudes en esta epístola, al combinar sus otras cartas
y las propias amonestaciones del Señor, podemos
comprender el deseo que Dios tiene para nosotros como
cristianos en el área de ofrendar.
En el Sermón del Monte, el Señor claramente proclamó
una bendición sobre los dadores. En Lucas 6:38 dijo:
“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y
rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma
medida con que medís, os volverán a medir”.
El Señor también nos enseñó, en Lucas 6:30, la forma
en que debemos dar: “A cualquiera que te pida, dale; y
al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva”.
Este mandamiento es una extensión de la enseñanza del
Pentateuco acerca de dar, la cual aparece en
Deuteronomio 15:7-8: “Cuando haya en medio de ti
menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus
ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no
endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu
hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y
en efecto le prestarás lo que necesite”.
Se necesita un alto grado de consagración para que uno se
deshaga de sus bienes terrenales. Por supuesto, esto es más
fácil si desde niños lo hemos venido practicando bajo la
dirección de nuestros padres, convirtiéndolo en un estilo
de vida, algo que sale de un corazón sinceramente
conmovido y preocupado por las necesidades de los demás.
El don del amor
137
Al escribir a los corintios, Pablo da una sucesión de pasos
que, a mi parecer, contienen la clave que nos ayuda en nuestro
empeño de ser perfeccionados en el área de dar. Al dirigirse
a los corintios, Pablo menciona el caso de las iglesias de
Macedonia (o sea, las de Filipos) en 2 Corintios 8:1-4:
“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de
Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en
grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo
y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su
generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han
dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus
fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les
concediésemos el privilegio de participar en este servicio
para los santos”.
La siguiente es una sucesión de pasos que nos lleva a ser
dadores generosos en Cristo Jesús:
1. Primero, debemos entregarnos al Señor. Para
cualquier ministerio, éste es el requisito previo.
Nuestra consagración personal al Señor Jesucristo
debe ser profunda, y debemos hacer todo por Él y para
Él (ver Col. 3:23).
2. Después debemos entregarnos a nuestros líderes. Los
filipenses se entregaron al apóstol Pablo y a los que
viajaban con él. Entonces el siguiente acto de
consagración es entregarnos a nuestro pastor y al
liderazgo de la iglesia a la cual nos ha vinculado el Señor.
3. Debemos también comprometernos a dar y a tener
una mente dispuesta. 2 Corintios 8:12 dice: “Porque
138
Dando en el blanco
si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta
según lo que uno tiene, no según lo que no tiene”.
Nadie espera que demos lo que no tenemos. El
Señor no espera que demos un millón de dólares si
no lo tenemos. Si sólo contamos con el “cuadrante
de la viuda” y lo damos con la actitud correcta, esto
valdrá más delante de Dios, que millones de dólares
dados con una mala motivación o con una mala
actitud (ver Mc. 12:41-44).
Lo que Dios observa cuando damos, es nuestra actitud.
¿Estamos dando por obligación o por buena voluntad?
Recuerde, Dios ama al dador alegre, no al dador renuente
(2 Co. 9:7). El Señor quiere que abundemos en la gracia
de dar. 2 Corintios 8:7 dice: “Por tanto, como en todo
abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud,
y en vuestro amor para con nosotros, abundad también
en esta gracia”.
Pablo dice en 2 Corintios 9:6-8: “Pero esto digo: el que
siembra escasamente, también segará escasamente; y el
que siembra generosamente, generosamente también
segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no
con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador
alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en
vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en
todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda
buena obra”.
Cuando nos entregamos al Señor y a nuestros líderes, y
somos generosos al dar cristianamente, el Señor derrama
Su gracia en nuestras vidas. El dar con pureza de corazón
El don del amor
139
libera la gracia de Dios hacia nosotros. No debemos dar
nada con la expectativa de recibir del Señor una mayor
retribución, sino que debemos dar con un corazón libre.
4:16 - “Pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra
vez para mis necesidades”. Estas iglesias de Macedonia
también habían ayudado a Pablo y a sus acompañantes
desde el día que él partió con destino a Tesalónica para
fundar allí una iglesia. Esto es notable porque Pablo sólo
estuvo en Tesalónica tres días de reposo (Hch. 17:2). Pero
aun en ese corto tiempo, la iglesia de Filipos siguió
enviándole a Pablo ofrendas de amor para ayudarlo en
sus necesidades, y por eso los elogia.
4:17 - “No es que busque dádivas, sino que busco fruto
que abunde en vuestra cuenta”. Por haber entrado en este
bendito estado de contentamiento santo, Pablo no buscaba
obtener regalos para sí mismo sino que deseaba que los
filipenses fuesen dadores, para que tuviesen un fruto eterno
y pudiesen recibir bendición. Pablo dijo en Hechos 20:35,
citando las palabras de Cristo: “En todo os he enseñado
que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y
recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más
bienaventurado es dar que recibir”.
Recuerdo bien un suceso que presencié cuando era nuevo
en la fe. Un anciano ministro contaba que después de haber
ayudado por un tiempo a suplir las necesidades de cierto
hombre, se le acercó un nuevo cristiano y le dijo: “Usted
ya ha ayudado lo suficiente a este pobre individuo. Ahora
es mi turno de ayudarle”. El ministro se regocijó, no
porque le quitaran el trabajo de ayudar al pobre, sino
140
Dando en el blanco
porque este nuevo creyente iba a comenzar a recibir fruto
que sería anotado en el cielo en el libro de su vida. Ahora,
Pablo regresa a su propia condición, diciendo:
4:18 - “Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia;
estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que
enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a
Dios”. Pablo estaba satisfecho porque todas sus
necesidades siempre fueron cubiertas por el Señor, y ahora
habían sido cubiertas con la ofrenda que la iglesia de
Filipos le había enviado por medio de Epafrodito, el
mensajero apostólico de las iglesias de Macedonia. Pero
se trata de una ofrenda especial, porque Pablo dice que es
como un perfume agradable al olfato de Dios, una ofrenda
que satisface aun al Altísimo. Esto nos hace recordar las
palabras de nuestro Señor en Mateo 25:40: “En cuanto lo
hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a
mí lo hicisteis”.
En el versículo 19 se nos da una de las promesas que más
pueden fortalecer a simples mortales que viven en este
mundo en días de privación y dificultad.
4:19 - “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme
a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Esto es acorde
con la promesa que el mismo Señor hizo en Mateo 6:3133, en la cual dijo: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué
comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque
los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre
celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y
todas estas cosas os serán añadidas”.
El don del amor
141
4:20 - “Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos
de los siglos. Amén”. Pablo finaliza con esta bella
doxología exaltando al Padre. Demos siempre al Señor
toda la gloria, porque sólo Él es digno.
143
CAPÍTULO 11
EL SALUDO FINAL
4:21-23
Pablo incluye a cada uno en el saludo final a la
congregación en Macedonia, desde el menor hasta el
mayor; porque la Iglesia de Jesucristo es muy extensa.
4:21-22 - “Todos los santos os saludan, y especialmente
los de la casa de César”. Cuando vemos los ojos del
Señor, llenos de compasión, Él nos hace sentir muy
amados y especiales. Sentimos que murió en la cruz sólo
por nosotros. El Señor es tan clemente, tiene en Su corazón
un lugar especial para cada uno. En Isaías 49:16 el Señor
dice que nos ha esculpido en las palmas de Sus manos, lo
cual hizo estando en la cruz del Calvario.
El término casa de César no tiene nada que ver con los
que vivían en la casa del Emperador, sino con los que
servían en el gobierno. En la época de Pablo, el Evangelio
se había infiltrado en todos los estratos de la sociedad,
haciendo prosélitos.
4:23 - “La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con
todos vosotros. Amén”. Pablo concluye esta epístola con
la acostumbrada bendición de la Iglesia Primitiva.
Verdaderamente, es sólo por la gracia de Dios que somos
lo que somos (1 Co. 15:10). ¡Amén!
145
EPÍLOGO
En esta corta carta, el apóstol Pablo nos muestra la
maravillosa victoria que es posible en Cristo Jesús. Con
un espíritu de regocijo podemos tener victoria en la vida
y sobre nuestras circunstancias. Debemos experimentar
la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, y ser
fortalecidos por el Señor en nuestra hora de necesidad.
Así podremos proclamar, sobre la base de la experiencia,
que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.
Si hacemos estas cosas, viviremos en el glorioso estado
de contentamiento santo que el apóstol Pablo conocía.
Amados, practiquemos firmemente estos ejercicios
espirituales y, tal como Dios lo prometió a la simiente
de Jacob, subiremos sobre las alturas de la tierra,
venciendo por igual sobre todo adversario y obstáculo
(Is. 58:14).
Como ya lo declaramos, el tema de este libro es dar en
el blanco del supremo llamamiento de Dios en Cristo
Jesús, a fin de que se cumpla toda la voluntad de Dios
para nuestra vida. Pablo puede exhortarnos a dar en el
blanco porque él acabó su carrera. Al final de su vida le
escribió a Timoteo, su querido hijo en la fe: “He peleado
la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado
la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de
justicia la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel
día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman
su venida” (2 Ti. 4:7-8).
146
Dando en el blanco
Es la oración y el deseo ferviente de todos los que
colaboraron en la elaboración de este libro, que usted
amable lector, junto con nosotros, dé en el blanco del
supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús para su vida.
Que Dios le bendiga y así sea hecho. ¡Amén!
Libros por el Dr. Brian J. Bailey
Comentarios sobre los libros de la Biblia
Génesis: El libro de los orígenes
Fiestas y Ofrendas, el libro de Levítico
Rut: La novia gentil de Cristo
Las tres casas de Esther
Salmos I: Capítulos 1-50
Salmos II: Capítulos 51-100
Salmos III: Capítulos 101-150
El libro de lamentaciones
El carro del trono de Dios: Una exposición del libro de
Ezequiel
Daniel
Profetas Menores I: La restauración de los caídos (Oseas)
Profetas Menores II: Joel – Sofonías
Profetas Menores III: Hageo – Zacarías
El Evangelio de Mateo
El Evangelio de Juan
El Evangelio de Lucas
Romanos: Más que vencedores
Soldados de Cristo: Una exposición de la epístola de Pablo
a los Efesios
Dando en el blanco: Una exposición de la epístola a los
Filipenses
Colosenses y Filemón: La Senda de la Santidad
Hebreos: Detrás del velo
La Era de la Restauración
Las dos Sabidurías: La epístola de Santiago
Las Epístolas de Juan
Apocalipsis
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