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UCP Gente, gente de bien y profesionalmente capaz A fines de los
UCP
A fines de los años ochenta del siglo XX, Mahbuh ul Haq
propone el concepto de Desarrollo Humano Sostenible,
retomando los avances realizados por generaciones de
teóricos críticos, en respuesta al interés manifiesto del
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD). En los noventa se concretan sus esfuerzos con
el surgimiento del concepto de Desarrollo Humano, a
partir de los aportes de diferentes científicos sociales,
entre otros, Amartya Sen, con un sentido alternativo al
modelo de desarrollo basado en el paradigma del
crecimiento económico, el cual no termina por
corresponder con los postulados de su credo.
Este autor fue uno de los padres fundadores del nuevo “paradigma”
del desarrollo humano, a través de su enfoque del desarrollo como
libertad y de su colaboración en la construcción de los índices de los
Informes sobre Desarrollo Humano. Si bien muchas veces este autor
ha marcado sus diferencias con el PNUD, es indudable que su
colaboración ha permitido plantear este desafío al mainstream de la
economía internacional (Edo, 2002, 13).
A. Breve reseña del término “progreso”
La noción y el significado inicial de progreso es heredado
del pensamiento griego clásico y retomado por Europa
como horizonte del orden social para Occidente. En la
introducción de la obra “Historia de la idea de Progreso,
Nisbet (1980) puntualiza” lo siguiente:
“La idea de progreso sostiene que la humanidad ha avanzado en el
pasado…y sigue y seguirá avanzando en el futuro. El paso de lo inferior
Gente, gente de bien y profesionalmente capaz
a lo superior es entendido como un hecho tan real y cierto como
2
cualquier ley de la naturaleza…” (1980, 19)
La interpretación de dicha cita se puede sintetizar con el
argumento que la humanidad ha trasegado por diferentes
estadios de desarrollo, mediante tránsito de etapas de
salvajismo y barbarie hasta la civilización…mejorando de
manera incesante, como un continuum hacia el futuro; es
decir, como un constante encadenamiento de nuevos
procesos in crescendo o visión de futuro determinado; sin
embargo, tales procesos se han considerado desde una
perspectiva lineal del desarrollo, inspirada en la idea
moderna del progreso -concepción evolucionista de la
sociedad, de menos a más-; en este sentido, el progreso
se consideró como sucesión de estadios de
perfectibilidad de la humanidad de manera gradual e
ininterrumpida hacia un estado de ilustración y
racionalidad tecno-científica capaz de dar respuesta a los
problemas humanos.
Por lo anterior, cabe afirmar que la idea de progreso es
propia del mundo moderno, alimentada por las
revoluciones tecno-científicas y, en general, el
establecimiento del liberalismo en sentido lato.
Según Nisbet, durante el período de la civilización
occidental, esta noción de progreso ha contribuido a
fomentar la creatividad humana y su confianza en la
transformación y mejoramiento del mundo; sin embargo,
2
Bury (1971, 11; citado por Valcárcel, 2006, 4) expresa que la idea de
progreso es una síntesis del pasado y una profecía del futuro.
UCP
recalca el debilitamiento en la idea del progreso como
resultado de la acción práctica de la razón como
fundamento y explicación de las leyes sociales y el
beneficio universal. Durante el siglo XX, dos hechos
aciagos de impacto mundial así lo corroboran: los
campos de concentración nazi y el exterminio de las
ciudades japonesas por acción de la bomba atómica.
Ahora bien, ¿Qué contienen las ideas de avance y
progreso? ¿lo físico/ material, lo espiritual o ambas? Los
griegos concibieron el avance y el progreso en términos
de conocimiento práctico contenido en las artes y las
ciencias; los primitivos cristianos lo consideraron a través
de la utopía referida al paraíso terrenal: un estado de
acendramiento espiritual que permite liberar al hombre
de todas las aberraciones físicas y pensamientos
tormentosos; la Modernidad sustentó la idea del progreso
en la esperanza de un mundo futuro caracterizado por
los valores individuales de libertad, justicia e igualdad.
Turgot (1750) uno de los exponentes intelectuales de la
fisiocracia francesa planteó una idea más elaborada en
torno al concepto de progreso. En su célebre discurso
“Una revisión filosófica de los sucesivos avances de la
mente humana”, su idea de progreso trasciende las artes
y las ciencias y considera, especialmente, toda la
cultura: usos y costumbres, instituciones, códigos
legales, economía, entre otros. Además, en su “Historia
universal (1751) Turgot describe el progreso de la
humanidad que sirvió de base para el esbozo de un
cuadro histórico del progreso del espíritu humano que
realizó Condorcet durante la Revolución Francesa.
Gente, gente de bien y profesionalmente capaz
En este orden de ideas, la noción de progreso concibe al
Hombre como un ser en permanente proceso de
perfectibilidad que ha venido avanzado de manera
gradual (pasado
presente) y, necesariamente lo
seguirá haciendo en el futuro de manera indefinida. Kant,
por ejemplo, invocaba la existencia de nuevos científicos
como Kepler y Newton, que pudiesen descubrir las leyes
de la dinámica de la civilización.
En el Reino Unido, la obra La Riqueza de las Naciones,
de Smith (1776), si bien se considera el primer tratado
sistemático de economía, en él se enfatiza la idea de
progreso natural de la humanidad, y se constituye en la
urdimbre de esta obra clásica: hay un orden natural del
progreso de las naciones... La “mano invisible” smithiana
apunta tanto a la mecánica del progreso a través del
tiempo como a la estabilidad del sistema económico
(Nisbet, 1986, 13).
Por su parte Hegel (1831) tiene una concepción
dialéctica de la historia como una lucha de los contrarios
que, continua y acumulativamente llega a síntesis cada
vez mayores; en suma, se trata de una perspectiva de la
humanidad en incesante progreso.
En su Crítica de la Economía Política, Marx señala: “A
grandes rasgos podemos calificar los métodos de
producción
característicos de la antigüedad, el
feudalismo y la burguesía moderna como otras tantas
épocas en el progreso de la formación económica de la
sociedad”. Y en El Capital, reivindica una filosofía de la
historia que conduce a la desaparición del capitalismo y
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al nacimiento del socialismo, una filosofía de la historia
“que avanza con ineludible necesidad hacia resultados
inevitables”. Da por sentado que “una nación puede y
debe aprender de otra”, pero incluso cuando una
sociedad “ha tomado el rumbo justo
para el
descubrimiento de sus leyes naturales de movimiento [...]
no puede sortear con saltos audaces ni eliminar con
medidas legales los obstáculos que oponen las
sucesivas fases de su desarrollo normal” (1986, 18-19).
La historia de la Cultura Occidental es la historia de la cultura del
progreso. En Homero, Hesíodo y algunos presocráticos, encontramos
ya los gérmenes de la idea de que en el saber humano acumulado
reside la simiente donde florece el primer peldaño en el ascenso de la
humanidad hacia la felicidad y el progreso. Hasta llegar a nuestros días
donde el desarrollo científico y tecnológico, ligado con el desarrollo
económico y el desarrollo urbano, como engendros del Dios Padre del
progreso, dan pie a esos excesos ideológicos que maquillan y ocultan
sus desastrosas consecuencias (Hornedo, 2008, 6).
Por tanto, la idea de progreso, si bien es de antigua
procedencia, alcanza sus máximas posibilidades de
realización y despliegue en el mundo moderno al socaire
de los avances de la ciencia, la técnica y el propósito de
libertad de la humanidad; es decir, la idea de progreso
considera que ésta ha discurrido por estadios de
salvajismo, barbarie y en el decurso del tiempo ha
alcanzado -sin cesar- niveles superiores de conocimiento
y dominio sobre la naturaleza como en un continuum
hacia el futuro.
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Progreso: entre la suspicacia y la fe
La fe en la idea de progreso declinó de manera
ostensible durante el siglo XX; acontecimientos como las
dos guerras mundiales, la Gran Depresión, el despotismo
militar de distintos credos ideológicos, el inminente
agotamiento de los recursos naturales, la consagración
del terrorismo global, las invasiones extranjeras de las
potencias tecno-militares, el desequilibrio ambiental
generado por la racionalidad instrumental y la
desconfianza de la comunidad internacional en el
proyecto neoliberal del bienestar mundial3
En contraposición al escepticismo ilustrado (justificado o
no), aparecen otros personajes que preconizan una
visión optimista y progresista del hombre y la sociedad
del futuro; el pensamiento optimista de Spencer4, la
“invariabilidad de las leyes de la naturaleza” de
Descartes que implicaba el convencimiento de que los
recursos naturales nunca se agotarían (y de que el único
desafío verdadero era la capacidad del hombre para
explotarlos), la filosofía de la historia basada en el
principio de la eterna perfectibilidad humana de Teilhard
de Chardin y la convicción marxista comprometida con
una concepción progresista del futuro. Es así como la
3
Las dudas, el escepticismo y el rechazo a la idea de progreso durante el
siglo XIX -provenientes de hombres como Tocqueville, Burckhardt,
Nietzsche, Schopenhauer y Weber- se han acentuado progresivamente en
el siglo XX (Nisbet, 1986, 25).
4
extendió las leyes de la evolución de las especies a la sociología.
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idea de progreso pervive en los albores del nuevo milenio
como un camino que la humanidad apenas empieza a
recorrer.
buen orden político de uno malo por sus éxitos y fracasos
al permitir a las personas llevar vidas prósperas” (Haq,
1990, 1).
“La idea de progreso ha servido para afirmar la conveniencia y la
necesidad del absolutismo político, la superioridad racial y el estado
totalitario”. En resumen, no son claros los límites para las metas y
propósitos que el hombre se ha fijado a lo largo de la historia para
alcanzar el progreso de la humanidad (Nisbet, 1980).
En la misma línea del pensamiento aristotélico, Kant
consideraba al ser humano como el verdadero fin de
todas las actividades cuando señaló: “Por lo tanto actúen
en cuanto a tratar a la humanidad, ya sea en su propia
persona o en la de otro, en cualquier caso como un fin
además, nunca como medio solamente” (p.1)
B. Origen de la noción y concepto de desarrollo
Las nociones, categorías y conceptos tienen un anclaje
histórico, una trayectoria y, en su gran mayoría, también
un final. En estas cortas líneas se ilustra el recorrido del
concepto de desarrollo, considerado como uno de los
fenómenos normativos más importantes del siglo XX
habida cuenta que ha justificado las propuestas de
políticas públicas y, de manera específica, medidas de
política económica en muchos países, en especial, en
los años de posguerra.
De modo convencional, un punto de partida histórico
para ubicar las ideas primigenias en torno al desarrollo
humano es el mundo griego clásico, particularmente, en
el pensamiento político y económico aristotélico. En
efecto, “la idea de que los ordenes sociales deben
juzgarse por el nivel hasta el cual promueven el bien
humano data al
menos de Aristóteles: la riqueza
evidentemente no es el bien que buscamos, porque es
simplemente útil y persigue otra cosa... Distinguía un
En las obras de los clásicos de la Economía Moderna
también se encuentran nociones y preocupaciones por el
desarrollo humano; es así como en los escritos de los
pioneros de la economía cuantitativa (Petty, King,
Quesnay y Lagrange) y la economía política (Smith,
Ricardo, Malthus, Marx, y Mill) se hallan motivaciones y
recomendaciones para su consideración como fin y razón
del progreso humano (Informe de Desarrollo Humano
PNUD 1990; Ul Haq, 1990).
A pesar de la tradición aristotélica, pensadores
mercantilistas como Mun (s. XVII) concebían el progreso
humano desde el enfoque del comercio internacional: “El
tesoro que el comercio exterior le aporta a Inglaterra, o el
balance de nuestro comercio exterior es la regla de
nuestro tesoro”.
Aunque en la actualidad, gran parte de la literatura
económica y financiera enfatizan la preocupación por
aumentar los niveles de riqueza como si no hubiese nada
más de qué preocuparse, de manera crítica se propone
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