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Lo bueno y lo suave - Instituto de Psicoterapia Gestalt

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Lo bueno y lo suave - Instituto de Psicoterapia Gestalt
lo bueno y lo suave |
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Lo bueno y lo suave
Ángel Zapata
lo bueno y lo suave |
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“El poeta debe dejar huellas de su paso, no pruebas.
Sólo las huellas hacen soñar.”
René Char
(Escrito de reconocimiento a Ángeles Martín leído en su nombramiento como miembro de Honor de
la Asociación Española de Terapia Gestalt, 25-4-2002)
CUANDO CARMELA me invitó a escribir unas palabras sobre Ángeles -y para Ángeles también- he
de reconocer que me sentí en un apuro... Aunque esto del apuro vino más tarde, cuando lo pensé en
frío; porque lo cierto es que a Carmela le había dicho que sí de inmediato, con esa audacia de lo frágil
a la que es tan pro­penso el corazón. Después de todo: ¿qué podía decir yo en torno a Ángeles? ¿No
sería de justicia que fuese más allá de la Ángeles Martín que yo conozco -mi terapeuta, mi didacta-y
recrease el valor y la significación de su figura para la psicoterapia Gestalt en España?
La Ángeles pionera.
La Ángeles inconformista.
La Ángeles opuesta a toda clase de fervor dogmático... Y a la vez traspasada por la pasión serena
de integrar perspectivas, de aunar encuadres y prácticas; de hacer del enfoque gestáltico no un coto
clausurado de doctrina, sino un lugar de encuentro, de reco­nocimiento de lo plural, de experiencia y
de búsqueda.
Todas estas facetas destacaban para mí en su figura. Y aun así el apuro persistía; seguramente porque
yo no quería dar en torno a Ángeles la dimensión de esa figura pública que conoce­mos y reconocemos, sino otra cosa, algo distinto: un “fondo”.
De manera que ya lo tenía. Yo quería describir ese “fondo” desde el que emerge para mi la presencia
de Ángeles. Y en este fondo seguía fijo, cuando vinieron como de puntillas dos palabras.
Lo bueno y lo suave.
Las palabras llegaban así: cogidas de la mano por una conjunción copulativa. De manera que hablaban de un “bien” que sería indisociable de la ternura. Y al mismo tiempo de una “suavidad” que
estaría habitada, en lo más íntimo, por el esfuerzo y el tesón del bien.
“Lo bueno y lo suave”. Desde este fondo se hacía presente para mí la figura de Ángeles. Y asociado
con estas palabras llegó en seguida su contexto: un poema leído hace mucho, y debido al poeta alemán
Gottfried Benn.
Como se trata de un texto muy breve vale la pena recordarlo ahora. Y ceder la palabra -por un momento sólo- a estos versos que dicen así:
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He conocido personas
que con los padres y los cuatro hermanos en una sola habitación,
crecieron;
y de noche, con los dedos en los oídos,
aprendieron junto al fogón,
y así llegaron a alzarse
-exteriormente bellas y señoriales como condesas,
interiormente dulces y diligentes como Nausicaa-;
y tenían la frente pura de los ángeles.
Me he preguntado muchas veces, sin encontrar respuesta,
de dónde vienen lo bueno y lo suave.
Tampoco hoy lo sé; y ya me tengo que marchar.
Me gusta la sorpresa que encierran estos versos de Gottfried Benn: esa sorpresa que consiste en que
una palabra tan gastada como “el bien” -”lo bueno”- vuelva a sonar en los oídos de quien la escucha
sin ñoñerías morales, sin imperativos ni idealizaciones.
Me gusta -en definitiva- el asombro que el poema evoca ante la posibilidad del bien. Ante el misterio
frágil del bien. Ante la paciencia y la capacidad del bien -habría que añadir- para abrirle a la vida alguna ruta practicable, en el desierto de lo cerrado, lo decidido, lo irrevocable y lo adverso.
Lo bueno y lo suave.
Algo más que el deseo de un poeta...
Porque esta paciencia y esta sabiduría de lo suave la hemos tocado con el corazón los que hemos tenido el privilegio de trabajar con Ángeles.
Y esta confianza básica en la energía poderosa y tenue del bien es su huella en nosotros: lo que Ángeles Martín ha sabido grabar sin palabras -con su presencia y con su estilo de actua­ción- en todos los
que nos reconocemos alumnos suyos.
Lo bueno y lo suave -el bien y la ternura-, es lo que Ánge­les ha hecho tangible y comunicable en el
espacio de la psicotera­pia; lo que su práctica ha acertado a inscribir en una cadena de transmisión...
De modo que ese empeño infatigable que ella misma ha nombrado como el de “difundir y contagiar
la Gestalt”, para nosotros significa situarnos en una filiación, reconocer que lo que hoy pensamos,
sentimos y practicamos nace de Ángeles, que formamos parte de una historia, y que esa historia va a
continuar después de nosotros.
Cuando se habla de un psicoterapeuta, lo más frecuente es destacar sus hallazgos y sus aportaciones
teóricas, todo lo que su práctica tiene de novedoso en el marco de una disciplina estable.
Nos llevaría mucho tiempo glosar aquí la significación del trabajo de Ángeles dentro del campo de la
psicoterapia. Y por eso yo qui­siera apuntar, simplemente, que aparte de unas técnicas y unos estilos de
intervención muy definidos, eso “nuevo” que Ángeles Martín ha sabido traer a la practica de la terapia
Gestalt es algo que en realidad se relaciona con un retorno a los orígenes. Con una nueva escucha,
diríamos, de ese sentido pleno de la palabra y del concepto de “terapia”: una palabra que en su origen
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griego -therapeia- reunía en sí misma un conjunto de significaciones como “cuidado”, “servicio”,
“cura de la enfermedad”, “solicitud”, aplicación”, “cultivo”, “esfuerzo por conciliar”, “atender a las
circunstancias de cada momento”, y “honrar a los dioses”.
La terapia es un modo de cuidado.
El cuidado es la forma de estar en el mundo que encarna el terapeuta.
Cuidar es celebrar y honrar la vida.
Por eso la experiencia de lo bueno y lo suave, Ángeles, es el regalo que no sabríamos restituirte ahora,
con ninguna palabra de amor o reconocimiento. Es la deuda que dejas en nosotros: la falta que nos
haces.
Como se ha escrito acerca del poeta, tampoco el terapeuta debe dejar “pruebas” de su paso, sino huellas; porque sólo las huellas hacen soñar. Lo mismo que el poeta, Ángeles, me he pre­guntado muchas
veces de dónde vienen lo bueno y lo suave. De ti sigo aprendiendo no a responder a esta pregunta, a
saturarla con palabras huecas, sino más bien a responder de ella; ¿tratar de encarnarla como la encarnas tú: a hacer -como tú haces- que el enigma sencillo del bien y la ternura vuelva a vivir en otros.
Ángel Zapata, Abril, 2002
En nombre de todos tus alumnos
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