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Dos sonetos a un jamón

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Dos sonetos a un jamón
DOS SONETOS A UN JAMÓN
NICOLÁS GUILLEN
El pasado 28 de octubre falleció Rafael Alberti en el Puerto de Santa María, elríncónde Cádiz donde había nacido en 1902. Era el único de los grandes poetas de la Generación del 21 que quedaba vivo. En su homenaje, ofrecemos la presente crónica de Nicolás Guillen, publicada en La Gaceta de
Cuba el 6 de enero de 1963-
E
pasaba el poeta largas horas
trabajando, no sólo en su poesía y sus m e m o r i a s , sino en
curiosas ediciones manuscritas de sus versos, tan buscadas
y estimadas por una clientela
d e b i b l i ó f i l o s q u e las p a g a
muy bien.
n el verano de 1958 vivía
yo en París cuando la policía francesa, r e c i é n d a d o el
g o l p e fascista de Salan, m e
invitó a abandonar la ciudad y,
p o r s u p u e s t o , el p a í s . ¿A
dónde ir? Pedí asilo a México,
p e r o a q u e l g o b i e r n o m e lo
n e g ó . Lo m i s m o h i z o el d e
Venezuela, a pesar de q u e ya
había caído Pérez J i m é n e z y
aún no había llegado Rómulo.
Uruguay demoró tanto la resp u e s t a q u e la d e m o r a v a l i ó
como una negativa. Entonces
fiíe cuando tuve la buena ocur r e n c i a d e e s c r i b i r a Rafael
Alberti a Buenos Aires.
Desde mi llegada a
Buenos Aires fui asiduo visit a n t e de los A l b e r t i s , a los
cuales me liga una a m i s t a d
familiar, nacida de los días
heroicos de España, que p r o l o n g a r o n los de su p r i m e r a
m a n s i ó n en t i e r r a c u b a n a .
C
omo
hoy
recuerdan
Dibujo de Picasso
muchos viejos que eran jóveTodo es belleza a mi alrededor, lianas perfumanes entonces, Rafael y María
Era el comienzo del m a n das me rodean y arrebatan de los aterradores y
T e r e s a e s t u v i e r o n e n La
dato de Frondizi, quien todaH a b a n a hace v e i n t i s i e t e
oscuros abismos de la vejez, de la muerte. Me voy
vía coqueteaba con la d e m o años. Lo cierto es que no han
cracia y hasta con la revolucon los ojos llenos de acontecimientos de un siglo.
dejado de estar en C u b a ni
ción, y por gestiones del gran
Un siglo de horrores, de enfrentamientos, de
c
on Cuba. Podría decirse
poeta español pude al fin liar
dolorosísimas separaciones, de hechos que habim
ás; podría decirse que
mis bártulos y partir a la capitan en mis bosques interiores y en los que casi a
vinieron entonces porque ya
tal argentina, que visitaba por
mis 94 años, aiín puedo caminar sin perderme
e s t a b a n con n o s o t r o s desde
segunda vez. La primera, diez
entre su frondosidad. Pero no me quiero ir. No
España, pues aquel viaje se
años antes, había encontrado
quiero morirme. Sigo sin querer morirme. ¿Por
hizo u n poco para t o m a r el
yo a los A l b e r t i s , es d e c i r ,
qué tengo que morirme? Todavía me retienen
pulso a la Isla después de la
R a f a e l , M a r í a T e r e s a y la
muchas cosas, muchos atrayentes sabores que no
caída de Machado y cuando
p e q u e ñ a Altana, en una casa
quiero dejar de percibir
ya c o m e n z a b a a l e v a n t a r s e
de la calle de las Heras. Ahora
B a t i s t a . E s o , el i n c i p i e n t e
vivían en la de P u e y r r e d ó n ,
RAFAEL ALBERTI
f a c h i s m o c r i o l l o , nos h i z o
q u e a ú n h a b i t a n , al n ú m e r o
De "Los últimos renglones de mi vida"
recibir a tan ilustres huéspe2 4 7 1 , piso noveno A. U n a casa
des con el t e m o r d e q u e a
clara, con balcón corrido a la
cada
m
o
m
e
n
t
o
cargara
con ellos la policía, y con
calle y el amarillento río de la Plata tendido a lo lejos.
todos nosotros t a m b i é n , sus modestos anfitriones
El río se- ve mejor desde el estudio de Rafael, que
cubanos.
recuerda un poco la proa de u n navio y en el cual
Espejo de paciencia • 1 9 9 9 • n° 4 1
D o s SONETOS A UN JAMÓN
Sin embargo, aquí se les dio más de una comida,
se les organizó más de un recital y de una conferencia,
y no escasearon los vinos ni los roñes. Pero había que
andarse con cuidado, porque Rafael y María Teresa
eran españoles (como decir hoy cubanos) y en España
había caído Don Alfonso y aquello era "una república
de trabajadores". Además, Rafael acababa de publicar
un bello libro de poemas americanos contra el imperialismo yanqui, y era la cabeza visible de la poesía
revolucionaria española.
Alrededor de aquella voluntariosa pareja giraba la
vida intelectual antifranquista en el M a d r i d de la
época, más aún, de toda la España republicana, desde
El Mono Azul, un periodiquillo vibrante y agresivo
q u e ellos d i r i g í a n , h a s t a la p o l í t i c a c u l t u r a l del
gobierno, que entrañaba el rescate para el pueblo de
cuanto era suyo y no había visto ni conocido jamás.
U n a p o l í t i c a q u e a m b o s , p e r o sobre t o d o M a r í a
Teresa, llevaban adelante día y noche, sin reposo ni
sueño.
Por cierto que la estancia en Cuba del autor de
Vino el desastre de la segunda república, y todos
Marinero en tierra se diferencia mucho de la de Lorca,
nos dispersamos. Ahora nos encontrábamos de nuevo,
que vivió entre nosotros en el 30, invitado por don
no en un país en guerra, la guerra justa del pueblo
F e r n a n d o O r t i z , entonces al frente de la H i s p a n o
español, sino en un m u n d o al borde de la catástrofe.
C u b a n a de C u l t u r a . Del
En lo i n t e r n a c i o n a l , el
gran poeta del Romancero
imperialismo norteamehabía quedado en el aire
ricano cada día más
Tiempo. Tiempo. ¿Por qué no hay más tiempo? ¿A
una sal fina que sazonó su
e s t ú p i d o y agresivo, y en
quién hay que pedir más tiempo...? Mujeres que habéis
picante anecdotario antilo n a c i o n a l a r g e n t i n o ,
pasado presurosas por mi vida, cercanas o lejanas ya,
llano; nos quedaron tamFrondizi p i r u e t e a n d o en
bién su gracia gitana, tan
parecida a la criolla, y el
recuerdo de una personal i d a d a n g é l i c a q u e en
nada tocó lo político.
hermosas siempre, por encima de los días, de la crueldad
la c u e r d a floja d e u n a
p o l í t i c a canallesca, q u e
traicionaba sus más inocuando atravesáis mi, todavía, encendido jardín. Pero
c
e n t e s p r o m e s a s y la
siempre seréis un delicado y silencioso recuerdo en las
cual acabaría p o r llevarpáginas de mi perdida arboleda... Todo en mí sigue
lo a la cárcel c o n d u c i d o
Rafael, al c o n t r a r i o ,
latiendo. Amo todo aquello que siempre amé, sin adverpor los gorilas que él no
era cuando nos visitó un
tir la sorpresa de los que ya me contemplan como un
supo o no quiso reducir.
h o m b r e d e p a r t i d o : en
árbol
centenario
al
que
le
crujen
las
ramas
e
imaginan
En casa de los Alberris
p r i m e r l u g a r p o r q u e lo
encontré calor de hogar.
sin savia en las venas. Pero pienso, una vez más, en
había tomado por su pueApenas h u b o día sin que
blo, y en segundo porque
Anacreonte, en la edad del atrayente mar y de las sirenos viéramos, y con aqueera m i l i t e de la extrema
nas, en la del incesante viento que a través de los siglos
lla compañía, instruida y
i z q u i e r d a y l l e n a b a su
se enreda en el cabello dorado de las muchachas...
popular al mismo tiempo,
poesía de la angustia y la
m u c h o ganó mi espíritu,
esperanza del hombre de
RAFAEL ALBERTI
que llevaba seis años de
la calle.
exilio.
Porque la casa de
Después de La Habana
De "Los últimos renglones de mi vida"
Pueyrredón era un rendez— d o s años más t a r d e —
vous de p i n t o r e s , poetas,
nos vimos en Madrid, ya
gentes de teatro, profesores, artistas, en fin, del más
en plena guerra del pueblo español contra Franco. Yo
diverso linaje, pero toda gente sencilla y simpática.
había asistido desde México con J u a n Marinello al
Como los Albertis distan muchísimo de ser ricos, no
Congreso d e Valencia, en 1 9 3 7 , y en París se nos
faltaba quien se apareciera a la hora de comer o de
unieron Pita Rodríguez, Carpentier y Leonardo
almorzar
con una damajuana de vino o una docena de
Fernández Sánchez. Pasó el Congreso y yo me quedé,
empanadas
o un pollo frito, que engrosaba el m e n ú
lo cual me permitió intimar con Rafael y María Teresa
familiar y hacía ligera la presencia del intruso a la
a lo largo del trabajo diario (yo era corresponsal de la
mesa.
revista Mediodía), o en las visitas al frente, o sentados
del tiempo y del olvido. No adivino ya vuestros rasgos
a la frugal mesa de la Alianza de Intelectuales, donde
el magro yantar nos recordaba cada día el asedio de
los fascistas.
U n día llevé yo...
Pero esto es historia aparte, que hay que contar
desde el p r i n c i p i o . A m i llegada a Buenos Aires,
Espejo de paciencia • 1999 • n° 42
NICOLAS GUILLEN
t a n t o María Teresa como Rafael decidieron que yo
debía ofrecer unas charlas por la radio, con el fin de
levantar algunos fondos q u e m e p e r m i t i e r a n vivir
sin apuros. Dicho y hecho: me contrató la emisora El
M u n d o , y cada semana salía yo al aire una noche,
contando anécdotas y diciendo poemas, que era lo
único que en caso semejante y en las condiciones
políticas del país podía hacer un extranjero para no
señalarse.
Del p r i m e r dinero que me llegó por aquel trabajo, d e c i d í regalar a Rafael y María Teresa algo
que había sido u n sueño irrealizable en mi niñez,
q u e lo fue m á s t a r d e en m i j u v e n t u d y q u e a ú n
seguía siéndolo en m i edad madura; algo que nunca
p u d e conseguir como t o t a l m e n t e mío, a mi disposición, esto es, sin que yo tuviera que agradecerlo a
la generosidad maternal en la lejana cocina de mi
infancia, o tomar de manera siempre parcial y dosificada en los restaurantes del m u n d o . En fin, q u e
regalé a Rafael Alberti u n jamón como para m í lo
hubiera yo querido.
Recuerdo muy bien la mañana que fui a comprarlo a una tienda de la calle Castelli, cerca de la Plaza
Once. Escogí el más grande y orondo de los jamones
argentinos que allí había y regresé a mi cuarto de
hotel para decidir cómo iba a hacerlo llegar a su lírico d e s t i n a t a r i o . Al cabo de m u c h o p e n s a r l o , m e
pareció que lo mejor era meter el jamón en una gran
caja, que hiciera creer en otra cosa, y acomodarlo con
toda suerte de relleno. Me ayudó en esto la pintora
Lea Lublín, quien dio al envoltorio u n aspecto tan
artístico y elegante que nadie podía sospechar su
grasicnto contenido, y a la casa de Pueyrredón nos
fuimos. Sólo que junto al jamón había puesto yo un
soneto dedicando a Rafael la suculenta mercancía.
Abierta la caja en medio del regocijo que es de
suponer, decidióse llevar a cabo una entrega oficial
algunos días más tarde. Para ello se convidaría a un
grupo de amigos íntimos, de los asiduos a la casa, y
se daría una fiesta bien bohemia, la fiesta del jamón.
Mientras tanto, Rafael iba a escribir también un
soneto, en contestación al m í o . Es decir, el soneto
recibiendo el jamón que con un soneto le entregaría
yo. Vino ese día, o mejor esa noche, la del 25 de
noviembre de 1958, y se efectuó la ceremonia. A las
nueve en p u n t o , María Teresa p i d i ó silencio a los
invitados, que formaban poco más de una veintena,
y t o m a n d o yo el j a m ó n lo p u s e en las m a n o s de
Rafael. En seguida leí el soneto de la dedicatoria,
que dice así:
AL POETA ESPAÑOL RAFAEL ALBERTI,
ENTREGÁNDOLE U N JAMÓN
(Soneto)
Este chancho en jamón, casi ternera,
anca descomunal, a verte vino
y a darte su romántico tocino
gloria de frigorífico y salmuera.
Quiera Dios, quiera Dios, quiera Dios, quiera
Dios, Rafael, que no nos falte el vino,
pues para lubricar el intestino,
cuando hay jamón, el vino es de primera.
Mas si el vino faltara y el porcino
manjar comerlo en seco urgente fuera,
adelante, comámoslo sin vino,
que en una situación tan lastimera,
como dijo un filósofo indochino,
aun sin vino, el jamón es de primera.
A lo cual respondió Rafael con el soneto que había
escrito para tan solemne ocasión:
AL POETA C U B A N O NICOLÁS GUILLEN,
AGRADECIÉNDOLE U N J A M Ó N
(Soneto)
Hay vino, Nicolás, y por si fuera
poco para esta nalga de porcino,
con un champán que del cielo vino
hay los huevos que el chancho no tuviera.
Y con los huevos, lo que más quisiera
tan buen jamón de tan carnal cochino:
las papas fritas, un manjar divino
que a los huevos les viene de primera.
Hay mucho más, el diente agudo y fino
que hincarlo ansiosamente en él espera
con huevo y papa, con champaña y vino.
Mas si tal cosa al fin no sucediera,
no tendría, cual dijo un vate chino,
la más mínima gracia puñetera.
Espejo de paciencia • 1999 • n° 43
D o s SONETOS A UN JAMÓN
La fiesta no paró en eso. Para allegar algunas botellas, alguien tuvo la feliz idea de proponer una rifa
singular: la de la rústica camisa en que el jamón venía
envuelto. Hízose la rifa y la ganó la señora hija política del editor Gonzalo Losada. Se compraron, pues, las
botellas, y la reunión terminó alegremente en la
madrugada.
Pero hay más todavía. Alberti recogió los dos
sonetos en una plaquette manuscrita, editada en un
solo ejemplar. Tanto como la caligrafía, es suya también la fina estampa que ilustra el texto. Finalmente
firmaron el folleto cuantos habían asistido a la ceremonia, y todo se me entregó a mí, que lo guardo
como preciosísimo regalo.
Con lo cual se da fin a esta verídica historia del jamón
que un poeta cubano regaló a un poeta español, ambos
extrañados de sus tierras y queredores de sus patrias. Uno
de esos poetas es libre ya; el otro lucha todavía por serlo,
porque lo sea su pueblo dramático, que él ha cantado
como el gaucho Martín Fierro, con toda la voz que tiene;
una voz ancha, poderosa, fuerte, que nos habla de marinos en tierra y mineros sublevados, y suena llamándonos
a todos a presenciar la aurora que va a levantarse del
sueño, y la vida que va a surgir del fondo de la sangre, y a
escuchar el clarín penetrante que está diciendo "hasta
aquí, ya es bastante, ahora toca al pueblo, a España, a los
muertos en pie con el dedo descarnado y duro señalando
el camino que ellos no pudieron andar..."
gj
/i^'ir^
Dibujo de Rafael Alberti
Espejo de paciencia • 1999 • n° AA
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