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gritos mundiales contra el capital: geocultura de la música

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gritos mundiales contra el capital: geocultura de la música
Sincretismos Sociológicos. Nuevos Imaginarios
Coordinación Editorial de la Revista Electrónica
Año 1
Número 1
enero-junio 2015
© Todos los derechos reservados
GRITOS MUNDIALES CONTRA EL CAPITAL:
GEOCULTURA DE LA MÚSICA ANTISISTÉMICA
ALEX ZAPATA ROMERO1
SÍMBOLOS Y SIGNOS: ENSAYO Y OPINIÓN
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Estudiante del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile. Correo electrónico:
[email protected]
Gritos mundiales contra el capital: geocultura de la música antistémica
Alex Zapata Romero
Resumen
Se pesquisaron producciones musicales catalogadas como “música antisistémica”, esta
última entendida como cualquier creación sonora surgida a partir de experiencias y
movimientos sociales que intentaron transformar el capitalismo histórico. Para logar este
cometido se utilizó el concepto de Geocultura proveniente de la perspectiva de los
sistemas-mundo. En esta perspectiva se hizo hincapié en la larga duración (sedimentación
histórica) y en la ampliación geográfica (simultaneidad histórica) de la unidad de análisis
como método de interpretación. Comenzamos con La Marsellesa como primera de estas
expresiones destacando sus “ecos” en nuevas “versiones” en manifestaciones musicales
de futuros movimientos como: los de liberación nacional y los movimientos obreros, hasta
llegar a la segunda mitad del siglo XX con los nuevos movimientos sociales.
Abstract
Musical productions labelled as “antisystemic music” were inquired, the latter
understood as any sonorous creation emerged from experiences and social movements
that attempted to transform historical capitalism. To achieve this goal the concept of
geoculture coming from the world-systems perspective was used. In this perspective the
long term (historical sedimentation) and the geographic expansion (historical
simultaneity) of the unit of analysis as a method of interpretation was emphasized. We
started with The Marseillaise as the first of these expressions highlighting their “echoes”
in new “versions” in musical expressions of future movements as: the national liberation
movements and labor movements, up to the second half of the twentieth century with
the new social movements.
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Gritos mundiales contra el capital: geocultura de la música antistémica
Alex Zapata Romero
Ecos antistémicos: de la Marsellesa al pueblo unido jamás será
vencido2
Ellos mezclan una trama desde el centro, y un estilo
desde la periferia.
Franco Moretti, 2005.
Hasta los movimientos de clase son culturales, en la
medida en que la autoidentificación de una clase
consiste en construir más de una sola posición social. La
clase es un lugar de la elaboración del discurso sobre las
condiciones de vida, sobre la procedencia histórica del
pueblo, una lengua, una música, estilos de vida y de
expresión cultural. Se puede describir la formación del
Estado-nación como una transformación del peso
relativo de diversas identidades, donde la identidad de
clase adquiere ascendiente sobre la identidad regional,
étnica o indígena, por no decir nada de otras
posibilidades culturales, como el género o la edad.
Jonathan Friedman, 2009.
La música antisistémica nació con la invención sociológica de los movimientos que se
propusieron transformar el opresivo status quo. Estos “sujetos colectivos” no están afuera
del sistema, más bien como sostiene Wallerstein: “Un movimiento antisistémico es aquel
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Título inspirado en el libro de Eric Hobsbawm sobre la Revolución francesa titulado Los ecos de la
Marsellesa de 1990, primera traducción en castellano. Cuya primera edición inglesa fue un año antes con
motivo de la conmemoración del bicentenario de dicho evento.
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Gritos mundiales contra el capital: geocultura de la música antistémica
Alex Zapata Romero
que pretende transformar el sistema. Al mismo tiempo, un movimiento antisistémico es
un producto del propio sistema” por lo que “resulta difícil entender cómo podrían los
movimientos antisistémicos haber encarnado cualquier cultura distinta de la economía
capitalista mundial” (Wallerstein, 2007: 249). De modo que sus manifestaciones sonoras
(marchas, himnos o canciones) serían artefactos geoculturales del sistema antes
enunciado. Esto quiere decir, siguiendo la expresión formulada por esta perspectiva, que
estas piezas lograron trascender las fronteras nacionales, convirtiéndose en herramientas
de alcance mundial para la difusión, internalización y ritualización de las comunidades de
conciencia antisistémicas en su cruzada transformativa.
Del primer movimiento revolucionario francés surgió La Marsellesa, como testimonio
inaugural de estas formas musicales; si bien ya antes existía oposición en términos político
musicales en contra del “orden existente”, a partir de la experiencia de la Revolución
francesa se pasa de la mera denuncia y descontento a la percepción de que el ser humano
puede tomar las riendas de su destino y así transformar a voluntad el mundo inspirado en
los ideales de: libertad, igualdad, fraternidad. La Marsellesa originariamente compuesta
como “canto de guerra” (de ahí su formato de marcha) a lo largo del siglo XIX y los
procesos revolucionarios que experimentó Francia y Europa en general, fue significándose
por un lado como himno contra el antiguo régimen, es decir contra las monarquías, la
injerencia clerical y la desigualdad entendida como el orden natural/divino de las cosas y,
al mismo tiempo, como himno nacional, en otras palabras la glorificación sonora de la
nación. Este último aspecto ha sido incluso usado por sectores que renegaban del legado
revolucionario como las elites que conformaron las nacientes repúblicas latinoamericanas
en la primera mitad del siglo XIX. El hecho de que cada una de las nuevas naciones
surgiera mediante “guerras de independencia” hizo que este himno-marcha se amoldara
bien a las pretensiones de construcción nacional, expresadas en la ampliación o extensión
del sistema interestatal.
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Sin embargo La Marsellesa fue traducida, despojándola del sesgo nacional, por los
sujetos que participaron de las revueltas decimonónicas, cristalizándose posteriormente
en los movimientos de corte obrerista por medio de cooperativas, mutuales, sindicatos,
partidos y las internacionales de trabajadores. Estas experiencias si bien copiaron el
formato de marcha, pues estilísticamente son muy similares a los himnos nacionales, en
términos de contenidos introdujeron tópicos divergentes, dando cuenta del conflicto de
clase y la “cuestión social”. Por ejemplo La Internacional (1871-1888) alude a los pobres y
la lucha final contra la burguesía en clave mesiánica. Si bien su origen coincidió con la
Comuna de París de 1870, no fue sino con la revolución de octubre y la ulterior
conformación de la URSS, que fue adoptada como himno mundial de los trabajadores
organizados. No obstante, a pesar de la primacía estratégica a partir de la experiencia
victoriosa de los bolcheviques, la música antisistémica aún proyectaba los distintos
caminos o percepciones en torno a “qué hacer”. Así durante la Guerra Civil Española,
comunistas, anarquistas y republicanos “musicalizaron sus discrepancias”. Los primeros
subrayaron fundamentalmente la organización militarizada de la clase obrera en contra
del fascismo en los himnos Compañías de acero y El quinto regimiento. Por su parte los
ácratas daban cuenta de la acción directa y el espontaneísmo en las piezas A las
barricadas y En la plaza de mi pueblo. Si los comunistas dan primacía al proyecto en si
mismo dando cuenta implícitamente de la planificación y racionalización a largo plazo de
la revolución, los himnos de los anarquistas le dan mucha importancia a la cotidianidad de
la práctica revolucionaria además de ser más emotivos, románticos incluso.
En este mismo evento, y como expresión geocultural del conflicto, surgen las brigadas
internacionales, que también tuvieron su despliegue musical. Enunciando cada uno de los
elementos culturales propios, o encajando lo ocurrido en España con su propia tradición
nacional. Por ejemplo la utilización del inglés, la mención de la Guerra Civil
Estadounidense y su héroe Lincoln por parte de la brigada estadounidense. En cambio la
brigada italiana alude directamente al socialismo, al pueblo y su eminente triunfo en el
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himno Avanti popolo. Siguiendo con la Guerra Civil Española, catalanes y vascos dejan ver
la creciente simbiosis entre los tópicos de la liberación nacional y de la construcción del
socialismo como estrategia antisistémica más recurrente. Este formato tuvo replicas en
muchas partes del globo, dando cuenta del antifascismo como obsesión de izquierda más
global a pesar de estar enfocado en el Estado-nación como campo de lucha predilecto. En
Chile, las milicias durante los frentes populares de los años 30 y 40, en sus desfiles eran
acompañados con las canciones y marchas mencionadas, inclusive la vestimenta era un
remedo militarizado del imaginario europeo.
En plena Guerra Fría por la década de los sesenta, nuevamente la música antisistémica,
tal como la entendemos en este ejercicio, tuvo un nuevo ciclo de auge. El resurgimiento
de viejas expresiones y la aparición de nuevas, fue estimulada por la “revolución mundial”
de 1968. Como dijimos, en ella se dio una especie de mixtura entre formas musicales de
larga data en las organizaciones políticas y nuevas surgidas e imbuidas por “el espíritu de
rebeldía juvenil” de esos años. Si bien en un comienzo los movimientos sociales tuvieron
escasa importancia política por razones que escapan al alcance de este texto, a lo largo del
siglo XX, éstas comenzaron a ser parte importante tanto de la política doméstica como
mundial; y en este sentido, 1968 marcó una “ruptura”. Esa ruptura significó
fundamentalmente el cuestionamiento a la “vieja izquierda” representada en la
socialdemocracia (que gobernaron en el centro), a los partidos comunistas (que
gobernaron en la semiperiferia) y a los movimientos de liberación nacional (que
gobernaron en la periferia) por no haber cumplido el objetivo de transformar el mundo
con posterioridad al objetivo de “capturar” la estructura estatal.
Musicalmente, la revolución del 68 ha tenido efectos influyentes hasta el día de hoy
que vincularon el elemento juvenil-universitario con la búsqueda de sonoridades que
apuntasen a la superación del imperialismo en todos los ámbitos; no es casual que jóvenes
universitarios argentinos en Francia politizaran la música de raíz andina, junto a la
influencia modélica de Violeta Parra en Chile, permitiendo la concreción de la llamada
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Nueva Canción Chilena que, no sin razón, para algunos es sólo la instrumentalización
musical por parte de los partidos de izquierda; no obstante este hecho significó una
ruptura en términos estilísticos y temáticos en la música antisistémica desarrollada en
este país. Huelga decir, que esto no quiere indicar que las producciones de la Nueva
Canción Chilena fueran totalmente imbuidas por el ambiente del 68. Todavía arrastraban
elementos temáticos de los “viejos partidos” como: (a) la escasa referencia a la situación
subalterna de las mujeres; (b) la utilización de lo indígena de modo bastante idealizado,
excluyendo el componente étnico, esto se explica porque los pueblos indígenas eran
reducidos a la categoría de campesino; (c) la referencia a las minorías sexuales. Dentro de
las novedades temáticas tenemos la incorporación del sujeto juvenil y poblador.
El cambio de estilo se dio incorporando ritmos e instrumentos de raíz folclórica, de
varios rincones de Sudamérica y el Caribe, con esto y con el vestuario se creó un
performance que resaltaba un imaginario de autenticidad americanista, supuestamente
original, muy en sintonía con lo ocurrido unos años antes con la música folk en Estados
Unidos, con la que comparte ese ideal. Con esto no sería casualidad que la emblemática
canción Venceremos, himno de la Unidad Popular (con letra original de Claudio Iturra y
música de Sergio Ortega, posteriormente adaptada por Víctor Jara para la campaña
presidencial de Salvador Allende de 1970), tuviera cierta influencia de la canción folk We
shall overcome, originalmente una canción gospel cuyo autor fue el reverendo Charles
Tindley en 1901, resignificada y popularizada posteriormente por el movimiento de
derechos civiles en Estados Unidos que la convirtió en su himno. El cantante Pete Seeger,
primero, y luego Joan Báez realizaron versiones folk de gran popularidad mundial debido a
su ligazón en las protestas contra la guerra de Vietnam.
El pueblo unido jamás será vencido (De Sergio Ortega, editada durante 1973 en
conjunto con la agrupación Quilapayún) es el himno antisistémico por excelencia (junto a
La Marsellesa y La Internacional) con millares de versiones prácticamente en todos los
continentes, en distintas lenguas, distintos escenarios de conflicto y distintos tiempos
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históricos, incluyendo hasta la reciente Primavera Árabe de 2011; su estribillo de enorme
significación, fácil memorización y adaptabilidad ha permitido su apropiación en diversos
estilos, idiomas y géneros, incluyendo el rock; aunque éste no pueda considerarse
totalmente como música antisistémica, como es el caso del conjunto mexicano Molotov
con la canción “Gimme tha Power”, del álbum ¿Dónde jugaran las niñas? (1997). Sin
embargo cuando el rock, en sus formas más radicalizadas políticamente hablando, como
el punk, anarco punk, hardcore y otras, ha sido la música de jóvenes pertenecientes a los
nuevos movimientos sociales, sobre todo en América Latina y España, se puede decir que
representa una expresión antisistémica. Ejemplos como el “rock radical vasco” con
representantes como La Polla Records, El anarcopunk con Crass y Sin dios, y punks
sudamericanos entre los que contamos a los chilenos Los Miserables, Fiskales Adhock y
varios más que han venido haciendo gala de apoyo a causas que generalmente los
movimientos de corte más tradicional, al menos en Chile no han sabido dar cuenta.
Reflexiones teóricas provisorias
A lo largo de este texto hemos intentado mostrar un breve fragmento de la música que
consideramos antisistémica. En este apartado la intención será dar cuenta más
explícitamente del carácter relacional-mundial siguiendo la perspectiva de los sistemasmundo.
1. Al parecer la producción y sobre todo la difusión de la música antisistémica se ha
manifestado con mayor vigor durante las denominadas Fases B de las llamadas “ondas
largas” de Kondrátiev, es decir, períodos en los que el sistema-mundo sufre un período de
contracción en la actividad económica desencadenando en lento crecimiento. 3 No
Las llamadas “ondas largas” de Kondrátiev, de aproximadamente 45-60 años, son ondulaciones en el
proceso de acumulación de capital (a su vez, en función de las ascendientes o declinantes tasas de ganancia)
a escala del sistema-mundo, dividido en fases A de expansión o alto crecimiento y fases B de contracción o
lento crecimiento (incluso decrecimiento). La razón de estas fases se debe, como sostiene Wallerstein, a la
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creemos que dicha coincidencia entre ambos fenómenos sea contraintuitiva. Al contrario,
porque justamente en esos períodos al empequeñecerse el “pastel” económico se hacen
más evidentes los conflictos sociales, estimulando el uso de las formas musicales para
comunicar mensajes disidentes, memorias colectivas de lucha, cierta pedagogía política y
horizonte utópico. Jonathan Friedman tiene una buena descripción de lo que tenemos en
mente con respecto a este asunto:
Los nuevos movimientos sociales son, en efecto, producto de la fragmentación de lo social
nacional. Esta transformación está vinculada con el debilitamiento de la economía
capitalista industrial, con la exportación del capital y con la crisis del empleo que vuelven
más frágil al Estado y todo el proyecto moderno. Este último está basado en una
orientación modernista, un deseo de futuro, en la noción de progreso en la “evolución” de
la sociedad y todo el mundo. Cuando este proyecto pierde su vitalidad, la práctica
identitaria se repliega sobre sí misma en busca de otras posibilidades más fijas, estables e
independientes de la movilidad desarrollista modernista. Las encuentra en identidades
ligadas a raíces culturales (étnicas, religiosas, territoriales, raciales, regionales,
neopaganas, sexuales) y que no están sometidas a las fluctuaciones económicas de las
condiciones de vida o movilidad social. (Friedman, 2009: 136)
Pues bien, la idea de todo esto es que las fases cíclicas de expansión y contracción no
se agotan exclusivamente en reverberaciones “económicas” (tasa de crecimiento, salarios
reales o tasa de desempleo); también tienen impactos culturales, de modo que “[e]stos
movimientos, lejos de ser efectos mecánicos son, pues, más bien el producto de un
existencia de una “discrepancia significativa entre cierta oferta y cierta demanda, y que ese proceso es
estructural, no coyuntural, en a) el agotamiento de la tecnología, b) expansión excesiva del capital y c)
expansión excesiva del sector primario” (Wallerstein, 2004: 206-207). De esa manera: “La variación continua
de la oferta combinada con la variación discontinua de la demanda es lo que nos da el ciclo de duración
intermedia, el ciclo de Kondrátiev. El ciclo de innovaciones forma parte, naturalmente, del modelo. En el
momento en que la discrepancia entre la oferta y la demanda se agudiza, pudiéndose hablar de
sobreproducción/demanda saturada, se hace muy deseable la reducción de los costes de producción o
asumir el riesgo de invertir en nuevas líneas de producción. Esto no contradice en absoluto las otras dos
explicaciones, el 'exceso de inversión' en bienes de equipo o la 'sobreabundancia' de artículos de consumo”
(Wallerstein, 2004: 208).
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proceso de desarticulación de los mundos sociales anteriores” (Friedman, 2009: 30-31)
dentro de los cuales, la música es parte de los procesos de acomodación/desacomodación
de los movimientos antisistémicos a las condiciones de existencia cíclicamente
cambiantes.
2. Podría decirse que desde finales de 1700 hasta 1968 Francia fue el país
“hegemónico” con respecto al estilo y las temáticas de la música antisistémica, en los
formatos de marcha militar iniciados con La Marsellesa. Pero ¿qué ocurre con el influjo de
la Revolución Rusa? Pese a que la URSS se constituyera en el primer Estado “socialista” del
mundo, influyendo enormemente en la política del sistema-mundo y legitimando el
marxismo como ideología, no llegó a influir musicalmente en este sentido. La
Internacional tuvo su origen francés en 1871 (víspera de La comuna de Paris), un origen no
soviético, que además fue utilizada por la III Internacional así como por los distintos
partidos comunistas en el mundo lo cual refuerza la hipótesis de la “hegemonía” francesa
en el ámbito de la música antisistémica. Lo que podría condecirse con el legado jacobino y
sus ideales.
3. Desde 1968 Chile pudo influir sonoramente a los movimientos sociales
antisistémicos y agrupaciones políticas progresistas. Esto es relevante porque Chile pudo
romper, mutatis mutandis, la “Asimetría en el sistema literario: donde las poderosas
literaturas desde el centro “interfieren” todo el tiempo con la trayectoria de las
periféricas, en donde lo inverso casi nunca sucede, haciendo que la desigualdad del
sistema crezca en el tiempo” (Moretti, 2005: 221). Sergio Ortega es considerado
compositor bisagra, ya que de sus obras más reconocidas desde la óptica política (El
pueblo unido, Venceremos e Himno de las juventudes comunistas), se puede deducir que,
por una parte, representó continuidad con el formato de marcha militar más característico
del período pre-68 (Himno de la Jota); y por otra parte sus obras mutan en estilo y
contenido con El pueblo unido jamás será vencido; que además, por ser interpretadas por
dos referentes de la Nueva Canción Chilena como fueron (y son) Intillimani y Quilapayún,
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las ligó al segmento juvenil transicional entre la vieja y nueva izquierda. En Chile, además,
con el movimiento musical enunciado recientemente, las producciones musicales
cumplieron con la tarea de traducir el radicalismo político a un idioma más asequible,
identificando problemas sociales, la “política de alianzas” y la opresión, facilitando que se
compartiera, al menos por las comunidades de conciencia, un punto de vista compartido.
La Cantata Santa María de Iquique (Luis Advis, 1969 interpretada por Quilapayún), otra
pieza célebre del movimiento, es un ejemplo de cómo se puede construir memoria de las
injusticias pasadas y olvidadas, con una orientación de presente (vísperas del triunfo
popular en 1970), grabando en las cabezas la acción heroica de los trabajadores de antaño
como si de un historiador se tratase. Así para muchos hasta la actualidad la cifra de
muertos fue de tres mil seiscientos tal como elucubró Advis en esta obra y que la
historiografía hasta el día de hoy no puede confirmar.
Bibliografía
Friedman, J., (2009) “Las vicisitudes del sistema mundial y la aparición de los
movimientos sociales” en Wieviorka, M. (ed.), Otro mundo... Discrepancias, sorpresas y
derivas en la antimundialización. México, Fondo de Cultura Económica.
Moretti, F., (2005) “World-Systems Analysis, Evolutionary Theory, Weltliteratur” en
Review. Vol. XXVIII, número 3, pp. 217-228.
Wallerstein, I., (2004) “Las ondas largas como procesos capitalistas” en Capitalismo
histórico y movimientos antisistémicos: Un Análisis de sistemas-mundo. España, Akal
ediciones.
Wallerstein, I., (2007) Geopolítica y geocultura: ensayos sobre el moderno sistema
mundial. Bacelona, Editorial Kairos.
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