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LO QUE SE SACO MANOLIN` (Cuento de Navidad.) Manolín Paz

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LO QUE SE SACO MANOLIN` (Cuento de Navidad.) Manolín Paz
LO QUE SE SACO MANOLIN'
(Cuento de Navidad .)
Manolín Paz era el hombre más feliz del universo . Bonito
como una mujer bonita, rico como un Rostchild y bruto como una
ostra, reunía Monolín Paz todas las circunstancias para ser la envidia
de cualquier individuo con seso . Con decirles que era bonito, rico y
bruto, queda dicho que las mujeres se lo rifaban, y claro, Manolito se
hacía rogar y seleccionaba . . . Para él era una merluza cualquier mujer que á los demás mortales nos hubiera resultado una Fornarina,
pongo por caso .
Los amigos lo envidiaban francamente y para desquitarse le
tomaban el pelo de lo lindo, lo peloteaban, se burlaban cruelmente
de él, que no se daba cuenta de nada nunca, porque era tan estúpido
Manolín Paz que no había podido ser ni sportman, que es el grado
que alcanzan todos los brutos de última hora . Y él seguía por la vida,
imperturbable, haciendo papeles ridículos á todas horas, muy entallado, muy perfumado, muy empolvado, malgastando un dinero que
nunca se acababa, porque era inagotable la riqueza que sus padres y
tíos testaron en su favor .
Pero como nadie es completamente feliz, Manolín Paz tenía
una preocupación, una honda preocupación que no le dejaba vivir,
que le amargaba la vida gota á gota, minuto á minuto .
El nunca se había sacado nada en ninguna rifa, ni en ninguna
lotería . . . Y era lo que Manolín se preguntaba : Por qué no me saco
nada nunca? . . . Y los amigos le decían :
—Pero tonto, no ves que siendo afortunado en amores tienes
que ser desgraciado en asuntos de juego? . . .
Pero cá ; aquello no lo convencía, y aquella terquedad de su
mala suerte tenía que ser domada por él . Y apostó con sus amigos á
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que él se sacaría algo en la próxima Navidad . . .Vaya si se sacaría
algo . Aunque se arruinara y tuviera que gastar una millonada él tenía
que sacarse algo, algo, aunque fuera un mal reloj de una caja de
sorpresas .
Y los amigos se pusieron de acuerdo para hacerle una mala
pasada . Le dijeron que en determinada calle existía una mujer, gran
adivinadora, mitad sibila, mitad bruja, pero infalible en sus conclusiones . Había que probar, había que ir donde la nigromántica aunque
fuera por curiosidad, Y el más serio de la Peña se encargó de llevarlo .
Fué una tarde, casi ya al anochecer, cuando se pusieron en
camino hacia la casa de la tía .
--Y tú crees, preguntaba nerviosamente Manolín, tú crees que
esa mujer sepa algo extraordinario?
-Hombre claro, figúrate que una vecina mía, casada, deseaba
tener un chiquillo y tenía diez años de andar de médico en médico
sin ningún resultado . Le avisaron de la bruja ésta, fué donde ella, le
hizo una cruz en la barriga, y saz . . . á los siete meses un par de
mellizos .
-Córcholis . . De modo que si me hace a mí una cruz . . .
-También tienes otro par de mellizos . . .
-No, hombre ; que si me cambia mi mala suerte?
-Pues claro que sí, chico .
Y así llegaron á la casa de la brígida aquella, bien aleccionada
ya .
Al llamar a la puerta salió toda desengreñada, con una cotorra
en la mano y una cabra pequeña detrás, atada con una cadena .
Manolín quiso escapar, pero el amigo lo detuvo . No temas, porque
entonces todo se perderá . Y entraron .
Era una habitación al parecer grande, anegada en sombras . La
luz de una lámpara roja ponía un filo sangriento sobre las personas,
apenas dibujándolas en la oscuridad . La vieja se acercó, arrastrando
unos grandes zuecos .
Venid, joven, venid, dijo dirigiéndose á Manolín . Quiero
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examinaros la mano .
Manolín se acercó temeroso y asqueando, y le tendió la mano
á la vieja . Ella la examinó largo rato, mientras murmuraba palabras
extrañas y de pronto dijo :
-Oh, usted es guapo, qué guapo . Y rico, Dios Santo, qué
rico . . . Su padre , su madre, sus tíos, sus abuelos, todos, todos murieron . . . Qué rico es usted, pero qué rico, qué millonada . . . Las
mujeres se desmayan por usted . . .Una, dos, tres, diez, quince . . .
Cómo lo quieren . . . Una rubia guapa, muy guapa . . . Una morena que
da el opio . . . Una, dos, tres, la pata, usted tiene mala pata . . . esta
raya . . . No veo ya . . . ya no veo, se borró . . .
Y la vieja dobló la cabeza sobre el pecho, mientas, Manolín,
aterrado, buscó á su amigo que á lo lejos, en la sombra se había
metido un pañuelo en la boca para no reir y dañar la comedia tan
bien comenzada por la alcahueta .
--Has oído, has oído . Qué extraño . . . qué extraño . . todo . . .
todo . . . Como si lo viera . . .
La vieja habló : Tiene usted una mala suerte que lo mortifica
mucho .
Una raya, una sola rayita, se la da . . . Qué desgracia . . . qué
desgracia . . . Y la vieja se quedó pensativa, con la frente apoyada en
las manos .
-Oiga usted, señora, dijo Manolín y no se podría borrar esa
rayita de la mala suerte?
-Es difícil, muy difícil y muy caro, muy caro, dijo la vieja
suspirando . . .
-Pero se puede?
-Es difícil . . .caro . . .muy caro .
-No importa, no importa .
que quiera, pero quítemela . . .
Pida usted y bórremela . . . Pida lo
-Bien he de estudiar . . . Vuelva usted mañana . Pero ha de
venir solo : Los fluidos extraños perjudican .
Y salieron los dos amigos muy satisfechos y contentos cada uno
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con satisfacción distinta .
Al siguiente día cuando por la noche llegó Manolín al Café
dónde se reunían, los ojos le brillaban de contento y de satisfacción .
-Qué tal preguntaron en coro todos . . .
-Arreglado, contestó radiante .
-Bravo, hombre, bravo . . .Antes te hubiéramos llevado .
-Y qué te ha hecho, qué te ha dicho? . . .
-Pues me ha asegurado que en Navidad me sacaré algo . . .
-Diablos . . .
-Pues si ella lo aseguró, puedes creerlo .
-Y cuanto te ha costado la broma .
-Oh, nada : dos mil pesetas . . .
-Phsch . . .
Manolín Paz no cesaba de comprar billetes de loterías y de
rifas .
La apuntación más miserable y más insignificante quedaba
entre su cartera . Era una colección enorme la que tenía en su casa .
Había invertido un capital en billetes, pero, que importaba si al fin se
iba á sacar algo y se acabaría esa mortificación suya? . . . Y de que se
sacaba, se sacaba, porque la bruja lo había dicho muy claramente .
Y llegó el día 22 con todo su séquito de sorteos y juegos . Las
gentes andaban por las calles en espera de noticias, con lápices y
papeles para llevar apuntes en forma . Al fin en las pizarras comenzaron á aparecer los primeros números de la lotería de Navidad . Manolín tenía en la manó su lista, una enorme lista de rifas y sorteos
combinados con la Lotería . Y salían los números unos detrás de
otros pasaban las horas y nada ; á Manolín no le tocaba nada . Por
fin apareció el Gordo y, maldición nada ; Manolín no se había
sacado el Gordo . Se marchó nervioso, irritado, pero un cuarto de
hora después regresaba, pendiente del teléfono que comunicaba el
sorteo . Una hora más tarde apareció el numero premiado con el
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tercero, y nada . . . Tampoco era ese para Manolín . . . Pero bueno,
aún faltaba el segundo . Indudablemente era el segundo el que se
sacaría él . . . Y subió inquieto al Café donde se reunía con los amigos
porque era hora del Vermouth .
Al verlo llegar los amigos rieron burlonamente .
-Qué hay, que te has sacado? . . .
-Nada, hombre, nada . Ya he perdido las esperanzas .
--Por qué? . . . Ten fe . Ella dijo que te sacarías algo, y algo te
sacarás . Ya lo verás . . . Y todos reían de tal modo que Manolín se
marchó .
Y bajó de nuevo á interrogar las pizarras de los periódicos .
Nada, nada y nada . Pero faltaba el segundo premio y no había que
perder esperanza . De pronto hubo un gran murmullo y el número
premiado con el segundo salió y no era el de Manolín . Lo vió largamente, lo examinó línea por línea número á número y no era .
Y arrancó nervioso atropellando gentes sin fijarse en nada ni
ver nada . Pero qué Diablos me voy á sacar yo, se preguntaba él? .
. . Qué Diablos me sacaré . . . Y doblaba nerviosamente la cañita con
puño de plata que llevaba en la mano, y entre sus manos nerviosas la
caña se doblaba, se retorcía y crujía .
-Pero qué Diablos me voy á sacar, se repetía
indignado .
Y de pronto la caña se rompió y Manolín, con su propia mano
y con su propio bastón se sacó un ojo .
La vieja no se había equivocado . Manolín se había sacado algo .
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LO IMPREVISTO
- Buenas tardes, caballero . He tardado . Perdóneme. El taller . . .
Hoy es Sábado y tuvimos tarea . Hubiera querido ser puntual, pero
fue imposible . Yo no tuve la culpa . . .Perdóneme haberlo hecho
esperar .
Roberto cerró el libro que leía y se quedó atónito, escuchando a
la joven . Era una modistilla de unos veinte años fragantes y primaverales, mórbida, escultural, cálida, ondulante, una de esas modistillas
de grandes talleres que adquieren la elegancia y la desenvoltura de las
altas damas aristocráticas y de las grandes cocotas parisinas, cuyo
trato frecuentan a diario .
- Usted se equivoca, señorita, - dijo, sonriendo benévolamente .
- No, yo no me equivoco . No es usted americano?
Y la modistilla sacó de su portamonedas de terciopelo bordado
un periódico que tendió al joven .
Roberto leyó : - "Joven americano, simpático, distinguido y
rico, desea señorita guapa y bien formada para protegerla . Escribir a
lista de correos, billete de cien pesetas número 10,865" . Acabada la
lectura del anuncio, sonrió con su sonrisa de benevolencia, e iba a
hablar, pero la joven le interrumpió .
- Y usted también ha escrito esta carta, y eso no lo puede
negar . - Y sacó nuevamente del portamonedas una esquela escrita en
fino papel de hilo y se la dio .
"He recibido tu carta . Es preciso que hablemos y que nos
conozcamos previamente . La espero esta tarde, a las seis y media, en
el Parque . Cenaremos juntos . Me encontrará detrás de la glorieta,
cerca del puente del estanque" .
Y la joven continuó :
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- Usted es americano, simpático y distinguido, y está sentado
detrás de la glorieta y cerca del puente del estanque, no es as¡?
- Efectivamente, hay algunos puntos de contacto . Pero yo no
he puesto ese anuncio, ni he escrito esa carta, - dijo con su imperturbable sonrisa .
- Y cómo se encuentra aquí entonces?
- Vengo todas las tardes a leer . Me gusta la tranquilidad de
estos lugares .
- No, no me convence . Usted lo niega todo porque se figuró
que yo sería guapa y elegante . . .que sería una señorita distinguida . . .
y se ha desengañado . . .- y el rostro de la modistilla se tiñó de grana
y sus ojos se llenaron de lágrimas .
Para Roberto Alvarez, poco avezado a conquistas y amoríos,
aquella aventura era desagradable porque lo ponía en una situación
difícil, cuya salida no adivinaba, no obstante lo cual se resolvió a
decir algo .
- Señorita : mi caballerosidad me impide engañarla . Yo no he
escrito ni el anuncio ni la carta que usted me ha dado a leer . Si yo
hubiera creído que por ese medio había de tener amistad con una
chiquilla tan guapa como usted, lo habría hecho ; pero no sé . . .no me
agradan esas cosas . . .
Ella lo miró con los grandes ojos aterciopelados, llenos de
lágrimas que le bañaban el rostro, y dijo :
- Qué vergüenza . . . Usted se pensará que soy una mujer vulgar,
una de esas . . . Si supiera usted . . . Es triste, horrible . . .- Y escondió el
rostro entre las manos, aristocráticas y pulidas .
Roberto la miró largamente . Era hermosa aquella muchacha que
lloraba a su lado y tenía unas divinas manos de marquesa galante, que
nunca supo de la mordedura de las agujas, ni del calor de la plancha .
- Yo siento - dijo- haberle dado esa pena ; pero si usted
quiere, podemos ser amigos . Usted buscaba un protector y yo lo seré,
sin que usted adquiera ninguna clase de compromiso conmigo . Y en
prueba de que no pienso mal de usted, me permito invitarla a que
acepte, hecha por mí, la invitación que le hacían en la carta para
cenar esta noche .
- Usted me convida?
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-Sí .
Y no pensará mal de mi?
- Por qué voy a pensar mal de usted? Usted tiene ojos llenos de
bondad, y no puede ser mala .
-Gracias . Es usted muy amable . Sois todos los americanos
amables .
Hubo un silencio embarazoso de las personas que no saben qué
decirse . Roberto sonreía pensativo y ella rompió :
- Qué vergüenza! . . . Las cosas que pensará usted de mí . . .Una
mujer de anuncio . . .
- Pienso en la hermosa casualidad que me ha proporcionado el
placer de ser su amigo .
- Una casualidad . . .- repitió la joven ensimismada .
- Y qué más da? . . .La casualidad es la gran zurcidora de las vidas .
-iOh, pero yo le conocía a usted mucho!
- Me conocía usted, dice?
- Si, le he visto a usted muchas noches en el Salón Doré .
Además, no vive usted en la calle de Louria?
- Efectivamente, vivo allí .
- Yo también vivo por allí y muchas veces, al verle pasar . . .
-Y la modistilla bajó la cabeza avergonzada .
- Que muchas veces qué? Diga usted, no tenga vergüenza .
- Usted va a pensar cosas malas de mi y me despreciará luego .
Si usted supiera todo . . .- Y nuevamente los ojos de la joven se
humedecieron en llanto, y se apretó contra Roberto como poniéndose bajo su amparo, bajo su perdón .
Roberto tomó una de las aristocráticas manos de la modistilla y
la oprimió suavemente .
- Hable usted - dijo- hable usted . No le de pena . Si usted
quiere seremos buenos amigos . . .Seremos novios . . .
Ella fijó en Roberto sus grandes ojos soñadores en una larga
mirada indefinible, y suspiró .
- Hace tiempo que le conozco - dijo blandamente- Muchas
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veces me decía que habría de ser una gran felicidad tener un novio
como usted, guapo y elegante, para hacer rabiar a las amigas . En
ocasiones fui tras usted, como un hombre va tras una mujer ; pero
usted nunca se fijó en mí, y yo, al fin, tuve vergüenza . Cuando leí ese
anuncio, el corazón me latió y algo secreto me dijo que usted lo ponía y por eso yo contesté, y por eso he venido aquí . . .
Roberto la oía embelezado y le acariciaba las sienes y las orejas,
pequeñitas y sonrosadas .
-Hoy -continuó ella- le ví a usted cuando entraba al Crédit
Lyonais . Yo pasaba por la Rambla .
- Si, fui a sacar dinero . Mañana me marcho a París .
- Se va usted mañana? .
dijo ella, dolorosamente sorprendida .
--Si, pero apenas por un mes .
- Oh, un mes . . .Y conocerlo hoy . . . Mejor no haberlo conocido
así . Quieres venir conmigo a París?
- A Paríslos ojos de la modistilla se abrieron, atónitos .
- Si, vienes a París, estamos un mes juntos, te divertirás mucho
y haces allá tu ropa de invierno .
- Y después que regresemos de París?
Oh, entonces ya nos querremos mucho y no podremos
separarnos .
-iQué bueno es usted!- Y los dos jóvenes se vieron largamente
a los ojos, enlazadas las manos .
-Y tu madre? . . .Qué dirá tu madre? . . .
- Ah, cierto . . .- dijo la joven con voz compungida ; y después
de un rato de meditación sus ojos se iluminaron y tomando entre sus
manos una de las de Roberto, exclamó gozosa :
- Ya sé, ya sé : le diré que de la Casa me han encargado de ir a
París a buscar las nuevas telas de la temporada y las cosas de la
estación, ves?, y mamá se quedará contenta . . .
- Eres pillina tú - dijo él paternalmente,
- Porque te quiero, tontín .
- Bueno, vámonos, que yo tengo que ir a comprar los pasajes .
- No, aún es temprano . Por
hasta que sean las siete y media?
solitos, sin que nadie nos mire . - Y
que Roberto no pudo resistirse por
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qué no damos una vuelta por ahí
Tomamos un coche y allí iremos
la joven lo dijo tan mimosamente
más tiempo .
- Bien, vamos .
El coche se arrastraba pesadamente con su carga de amor . Los
cocheros de las ciudades populosas son grandes psicólogos que
adivinan al primer golpe de vista cuando no hay necesidad de reventar el caballo para ganarse un duro . Además, el señorito al subir
con su novia le había dicho : "Tire usted por donde quiera", y eso era
suficiente para que él comprendiera que debía ir por las calles más
oscuras, por las de menos tránsito,
Por las ventanillas de la berlina se colaba un airecillo fresco que
ponía crispaciones en el cuerpo . La modistilla se apretaba a Roberto
mimosamente, con voluptuosidades de gata, y lo palpaba y lo besuqueaba en una explosión de ternura . Ante lo imprevisto de la aventura y ante la escultural belleza de su compañera, que podía apreciarse bien en aquel reducido y móvil nido de amor, el joven se dejaba
querer, entornados los ojos, fingiéndose todo aquello como un sueño
hermoso que podía acabarse, romperse, al menor movimiento suyo .
La modistilla lo sacó de su encanto :
No me quieres - suspiró- no me quieres como yo a tí .
- Si te quiero ; pero no sé, no puedo, no quiero hablar . . .
- Dame un beso . . .
Y las bocas de los dos se juntaron en un beso hondo, largo,
silencioso .
El coche se detuvo en la Gran Vía, esquina del Paseo de Gracia,
y la modistilla descendió de él .
- Bien, nos veremos en la Plaza Real, para cenar en El Suizo o
en el Lión D'Or, no?
-Sí, a las nueve estaré allí
- Bueno, yo iré a comprar nuestros pasajes . Adiós .
- Hasta luego .
Y el carruaje partió, camino de las Ramblas, y la modistilla
subió a uno de los mil coches del tranvía que hacia distintos puntos
de la ciudad pasan por aquel sitio .
Ya solo, Roberto se entregó a dulces pensamientos . Indudablemente, la casualidad era la gran zurcidora de enredos y aventuras .
El, que siempre llevó una vida apacible, libre de líos amorosos, que
siempre traen disgustos y complicaciones más o menos graves, verse
comprometido en una historia tan extraña, tan llena de coincidencias
que parecía cosa de novela . Y francamente había para contentarse,
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porque Consuelo, la modistilla, tenía un dulce nombre, unos bellísimos ojos, un cuerpo escultural y serpentino y un candor y una
ingenuidad infantiles . . . iY tan enamorada que estaba de él, y desde
tanto tiempo . . .y él sin saber nada!
En la Compañía Internacional de Vagones el coche se detuvo y
Roberto entró .
- Deme dos billetes de primera para París - dijo .
El empleado respectivo lleno dos carnets los selló y los extendió
al joven .
- Qué valen?- preguntó Roberto .
Doscientas cuarenta pesetas .
Roberto se llevó la mano al bolsillo interior del chaqué y
palideció de ira y de vergüenza .
- Perdóneme, caballero - dijo-Ya volveré por la mañana . Me
han robado la cartera .
NOTA BIBLIOGRAFICA :- Lo Imprevisto aparece por primera vez en la revista Nuevos
Ritos, Año VI, número 128 ; la revista estaba entonces dirigida por Enrique Geenzier y se
editaba en la Imprenta del Diario de Panamá . - Corresponde al 15 de junio de 1913 . Páginas
41 a45 .
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SANGRE TORERA
Manolillo erguía su cuerpo ágil y serpentino mientras el mozo
de estoques le apretaba fuertemente en torno de la femenina cintura
la faja de un vivo color de sangre . Ni un músculo alterado, ni un
ademán de impaciencia denotaban en él el nerviosismo propio de
aquel día trascendental en la historia de su vida torera . Estaba
impasible, con aquella serenidad que le había valido tan estruendosas
ovaciones y tantas cartas perfumadas . Al frente, arrellanados en dos
poltronas, don Pepe y el padre de Manolillo, fumando dos puros,
hablaban de cosas viejas, rememorando hechos que quizás ellos solos
recordaban .
Era aquella una familia de toreros valientes y pundonorosos,
que había dado días de gloria al genuino arte español . Don Pepe
había sido picador de Frascuelo, y don Rafael, el padre de Manolillo,
fue banderillero de confianza del Califa, el más grande de todos
los Rafaeles .
Hoy, viejos y solos, recordaban aquellos tiempos en que los
toreros tenían menos pretensiones y más vergüenza .
De vez en vez, don Rafael miraba a su hijo, y una sonrisa de
satisfacción le llenaba la boca y le encendía los ojos . Indudablemente, su hijo llegaría porque tenía lo principal : valor y serenidad ;
además, el chavalillo sabía pa qué servía el capote y lo que hay que
hacer con la muleta y con el estoque .
- Te aseguro, Rafaé, que los óleos y la alternativa no los he
tomao nunca, pero yo no estaría tan tranquilo como está er nene
éste .
-En después de too, qué? . . .Lo mismo da toreá Veraguas que
miuras de seis años . . .A la hora de diñala . . .
- Si no es por los toros, hombre, es por el público, por la
ceremonia .
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- Y es que te has pensao que er chico se va a casá? . . .
- Lo que estoy pensando es que ahora que me he ido de los
toros es que me he venío a tomó asco . . .
-- Pues yo no, ya ves ; si tuviera piernas entoavia, me verías
llame con los toros a pescozones, como antes .
-Y el primer día te llevaban ar cementerio .
- Créeme, Pepe : er que se va a morí, se muere . Te acuerdas de
Nini, que no quiso matá aquer toro tuerto de don Eduardo, y que
por eso se lo llevaron a la Cárcel y que estando en la cárcel se puso a
fumá un puro y se le atragantó er humo y se murió? . . .Pus, bueno,
era que se tenía que morí aquer día, créeme .
- Pus si no hubiera fumao er puro . . .
Entonces le da la difteria o er cólera y se hubiera muerto de
toos modos .
- Qué hora tiene usted, padre? - interrumpió Manolillo, que
llegó montera en mano, completamente vestido .
- Las cuatro menos veinte minutos . . .Tienes tiempo .
- No ; me voy de una vez, porque quiero ir a buscar a don
Vicente al hotel .
- Entonces, pues, andando .
Y el joven, que debía doctorarse en tauromaquia aquella tarde,
salió seguido de los dos viejos toreros encanecidos .
- En la puerta de la calle se despidieron .
- Hasta luego, pues . En er patio nos veremos antes del paseo .
- Adiós .
La plaza estaba deslumbrante en aquella hermosa tarde de julio .
La alegría y la transparencia cristalina de aquel cielo andaluz
parecía haberse comunicado a los espíritus, y por todas partes
se veían caras risueñas, y se oían carcajadas y gritos que se mezclaban con el vocear de los vendedores de dulces y manzanilla . Ni una
localidad vacía, ni un hueco en los tendidos, como si todo Sevilla se
hubiera dado cita para presenciar la alternativa de Manolillo, el torero
más gitano, más elegante y de más coraje que había dado la tierra de
María Santísima . El reloj marcó las cuatro y millares de pitos y
cencerros recordaron al Presidente que había llegado la hora . La
autoridad salió al palco y agitó en el aire el tradicional pañuelo . A los
sones de una alegre marcha, la deslumbrante cuadrilla apareció en el
ruedo . Manolillo iba más sereno,más guapo, más elegante que nunca,
luciendo un riquísimo traje azul y oro . A su lado, la figura desgarbada del enorme Vicente Pastor se gravaba, dolorosamente antiestética . Y la gente aplaudía, frenética al ver juntos, por primera vez, al
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colosal matador
Barrio de Triana .
madrileño con el finísimo y valiente torero del
Al saludar ante la Presidencia, la cuadrilla se deshizo y los
matadores fueron obligados a dar la vuelta al ruedo, en medio de una
ovación delirante . La calma se hizo cuando sonó el clarín y apareció
en la arena, como una tempestad, el primer miura de la tarde .
De salida se arrancó al primero de tanda y le hirió el caballo en
la mitad del pecho . La sangre brotó tumultuosamente como si se
rompiese un tonel, y el caballo, después de tambalearse como ebrio,
cayó inmóvil, muerto . Siguió sobre el segundo y, con una feroz
acometida, lanzó caballo y picador dentro del callejón, con una
voltereta inverosímil . Las gentes aplaudían la bravura de aquel
hermoso ejemplar de don Eduardo, y en medio de la ovación y tras
un capotazo para fijar el toro, Manolillo se arrodilló, aguantó valientemente, y en una bellísima larga cambiada, sacó el hermoso bruto,
loco, hambriento, detrás de los pliegues de su maravilloso capote . La
ovación recrudeció y en medio de un ruido ensordecedor, el bravo
muchacho se levantó y dibujó una serie de verónicas, navarras, lances
de frente, por detrás, ceñido, estirando los brazos sin mover los pies,
cuadrado en un palmo de terreno, volviendo sólo la cara sonriente y
la serpentina cintura, y terminó con un recorte, echado el capote
hacia atrás y presentando, en un arranque lleno de coraje su cuerpo
desnudo al toro que había quedado deshecho, asombrado, jadeante . . .
La ovación fue enorme . No se recordaba haber visto nunca rada
igual en arte, en elegancia, en valentía ; y los puros y las flores llovían
desde los tendidos, borrachos de luz, de sangre, de miedo, de alegría .
Y se pasó a varas . El segundo tercio fue emocionante . El toro
era potente y certero, y a cada acometida dejaba en tierra un jaco
listo para el arrastre . Vicente y Manolillo se lucían en quites porque
el miura era noble a más no poder y acudía siempre a los capotes,
yéndose entre los vuelos del percal como hipnotizado por la viveza de
los colores .
Se pasó a banderillas sin ningún incidente y vino la hora suprema . Vicente empuñó muleta y estoques, saludó a la Presidencia, y
llevando a Manolillo hasta el centro de la plaza, montera en mano,
después de las faenas de rúbrica, le entregó los trastos que le daban el
codiciado título . La gente aplaudió frenéticamente, y Manolillo
fuese en busca de su enemigo .
Llegó con serenidad y se cuadró delante del toro, llevando
muleta y estoque preparados para un pase ayudado, pero el toro
no se arrancó . Tras una oportuna vuelta que hizo dar al cornúpedo
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un peón, enmendó y tomó la muleta en la derecha para dar un pase
natural . El toro no se arrancó . Tras una oportuna vuelta que hizo dar
al cornúpedo un peón, enmendó y tomó la muleta en la derecha
para dar un pase natural . El toro se arrancó y la muleta barrió el
lomo del animal . Manolillo se confió, entonces, y la faena de la
muleta fue magistral, llena de valentía y de arte, hasta que el muchacho, perfilándose, entró derecho, cruzando a maravilla, y dejó
media estocada lagartijera colocada en las propias agujas . El toro dió
una vuelta, quedóse inmóvil, mirando a su enemigo, y repentinamente
cayó al suelo, muerto .
Blusas, gorras, abanicos y flores llenaron la arena y el arrastre se
hizo sin intervención del puntillero, porque Manolillo le había
partido el corazón al toro .
Salió el segundo de los miuras, grande, astifino, color jabonero .
Vicente quiso torearlo y tras la primera verónica el toro se fue suelto .
Intervinieron los peones para fijar el bruto, pero el toro no hacía
caso de capotes y se arrancaba caprichosamente hacia cualquier
punto . Entre una bronca espantosa, el toro recibió dos puyasos y, al
fin, el Presidente tuvo que ordenar que el miura fuese fogueado . La
tarea se hizo difícil porque el toro desarmaba, y con dos pares de
banderillas fue terminado el segundo tercio y se pasó a la suerte
suprema .
Vicente Pastor requirió espada y muleta y previo saludo de
rúbrica fue en busca del toro . Un silencio solemne caía de las gradas,
llenas de gentes angustiadas con el presagio de la tragedia . El toro se
defendía, arrimado a los tableros, en la querencia de un caballo
muerto .
Hasta allá fue el bravo madrileño, serenamente, tranquilamente,
con esa impasibilidad de excelso y divino Pastor, y abrió la muleta
ante la cabeza del toro, a un metro de los pitones, clavado en la
tierra como una estatua .
El toro arrancó de pronto, y al verse burlado tornó de nuevo a
su querencia . Vicente, entonces, comenzó una serie de hábiles y
valientes pases de latiguillo y sacó al toro de las tablas, entre una
delirante ovación hecha a su valor y su talento . Ya en los medios,
abrió las muletas para dar un pase natural con la mano izquierda,
pero el toro se colocó horriblemente, atropellando al torero y llevándose los alamares de la chaquetilla y la pechera de la camisa, y volvió
a su sitio de defensa . Pastor se llenó entonces de coraje . En el grave
silencio de
aquel momento supremo podía oirse el jadear de su
respiración y el resoplar del toro sediento de hacer presa . Le dió unos
228
cuantos talonazos en que se adivinaba la rabia que poseía y se perfiló
de matar ; pero la fiera se arrancó, saliendo con la espada en los
cuernos y arrojándolo lejos . Un grito inmenso, de espanto, llenó la
plaza ; los peones intervinieron con sus capotes y lleváronse el toro,
que Manolillo le había quitado a Vicente con un gran quite .
Pastor se incorporó, quiso tomar de nuevo espada y muleta,
pero Manolillo y los peones se opusieron y fue llevado a la enfermería . El joven doctorado tenía, pues, que demostrar que era digno
del honor que acababa de serle concedido, y tirando majamente el
capote, requirió espada y muleta y se fue al toro .
Al abrir la muleta, el toro se arrancó desparramado y se fue tras
de un banderillero que se echó de cabeza al callejón .
El pánico reinaba en el ruedo y todo era confusión . Sólo había
dos hombres serenos : Manolillo, en medio de la arena, y don Rafael,
su padre, en el tendido, siguiendo todas las peripecias de la lid .
El muchacho buscó nuevamente a su enemigo y, confiándose
indeciblemente, con una tranquilidad pasmosa, abrió la muleta y
provocó al toro, golpeando en la arena con el pie . El animal se
arrancó de nuevo y alcanzó al torero, zarandeándolo en el aire
horriblemente y tirándolo en tierra, lejos, Manolillo se puso de pies,
sin verse la pechera rota y ensangrentada, recogió los trastos rápidamente y buscó al toro .
De las gradas bajaban gritos de espanto y de protesta .
- No lo mates . . . No lo mates . . .- gritaban de todas partes .
Señor Presidente . . .-eso no es toro . . . Al corral .
Pero Manolillo no oía y peleaba con el toro, librándose hábilmente de las tarascadas de la fiera que se colocaba en cada pase que
intentaba el muchacho .
-¡No lo mates! . . .- insisía la gente .
El vocerío tomó proporciones de bronca, y el Presidente, al fin,
agitó el pañuelo, y los clarines sonaron para retirar el toro al corral .
Manolillo bajó la frente y dos lágrimas surcaron sus mejillas ; pero
entonces oyó una voz estentórea y clara que gritó :
- Manolillo : ¡mátalo! . . . ¡Mátalo o que te mate, Manolillo! . . .
El muchacho alzó la cabeza, buscó y se encontró con los ojos de
su padre, y una sonrisa de satisfacción, una sonrisa de no verse tan
229
sólo, le iluminó el rostro, mientras el viejo gritaba, enloquecido :
-iMáatalo, Manolillo! . . .Máatalo ó que te mate! . . .
Manolillo se fue al toro nuevamente y la bronca, que se había
apaciguado, recrudeció ensordecedora y amenazante . Era una protesta unánime lanzada al viento por quince mil gargantas roncas de espantó ; pero Manolillo estaba impasible, desplegaba la muleta en el
hocico ensangrentado del animal . Comenzaron a caer almohadillas y
frutas, y en algunos lugares de la plaza se hacían hogueras . El Presidente hizo una señal y los guardianes civiles comenzaron a llenar el
callejón . Manolillo miró por última vez a su padre y lo oyó gritar desaforadamente, los brazos en alto y la cana cabeza descubierta :
-iMáatalo, Manolillo! . . . iMáatalo o que te mate! . . .
Y se perfiló y entró a matar resueltamente . Un sólo grito
inmenso llenó los aires y por un momento hombre y fiera formaron
un grupo confuso ante los ojos aterrados de los espectadores . Por fin,
Manolillo cayó en tierra, inmóvil, pálido . El toro vino tras él para
recogerlo, pero le faltó la vida y se echó mansamente, para morir al
lado de su matador y de su víctima .
Un silenció sombrío cayó sobre los tendidos, mientras las
gentes, consternadas, huían de las gradas buscando una salida más
rápida que las librara de aquella horrenda visión de sangre, y en lo
alto de la asta de la fachada la bandera española tremolaba indiferente sobre el fondo del cielo azul, napólitanamente azul .
-Tú has tenido la culpa, Rafaé . . .Hiciste mal . . .Hiciste mal . . .
Don Rafael se enjugó las lágrimas y soltándose de los brazos de
su primo, le gritó :
-Que hice mal, dices? . . .
--Sí, hiciste mal, Rafaé . . .
- No, no hice mal . . .El debía matá al toro ó er toro lo debía
matá a él . . .Eso manda la vergüenza torera . . . la vergüenza que
nosotros conocemos .
- Pero si allí en la plaza no había nadie que supiera de toros .
- Cómo que no había nadie? . . . ¡Estabas tú, estaba él y estaba
yo! . . .
NOTA BIBLIOGRAFICA :- SANGRE Torera aparece por primera vez en la revista Nuevos
Ritos, Año VI, número 138, correspondiente al 15 de Noviembre de 1913 .
230
LA MAJA
- Se puede, señorita?
- Pase usted, Pepita, pase usted .
- ¡Uy . . .qué guapa! Yo que usted no me marcharía a América . Mire usté que con esa cara tan gitana y ese cuerpecito serrano
atreverse a pasar el charco cuando aquí no habría de faltarle a usté
nada?
- Y no ves que mi madre se ha empeñado en que nos marchemos?
- Es que la señá Rafaela dice que usté es muy tosuda y que el
aire de la mar le quitará ese capricho que tiene con el nene de la
guantería .
-Y tú crees que se me quitará?
Ya lo verá usté, señorita, ya lo verá usté . Para acabar amores
y borracheras, no hay como el agua del mar, créame usté .
- Ya veremos, Pepita .
- Y a que no se ha figurado usté a lo que he venido, señorita?
- Pues si no lo dices . . .
- El Capitán Alfonso que se ha empeñado en que le traiga esta
tarjeta .
- Y no te he dicho que no quiero más bromas con ese pelmazo?
- No le digo a usté que se ha empeñado?
- Pues dile que no puede ser, que no voy a cenar hoy, que
tengo mucho dolor de cabeza, y que apenas acabe de cantar, me voy
al vapor sin cambiarme de ropa . -Y esto lo dijo La Maja después de
haber tirado sobre el tocador la tarjeta del Capitán Alfonso, que le
entregara la florista .
-Sí que se va a enfadar el Capitán!
Es que te ha nombrado a tí su albacea?
Es que está chalao por usté, señorita .
Pues que se bañe .
231
- Pero oiga usté, señorita : si él dice que sólo quiere hablar con
usté diez minutos, para despedirse como Dios lo manda .
- Que no quiero, ea! Y tú haz el favor de marcharte, que
tengo poco tiempo que perder .
- No se enfade usté, señorita, que ya me marcho . .
-
- Quede usté con Dios .
- Buena brisa .
La Maja era una muchacha de veinte primaveras como veinte
claveles andaluces . En el gran alero de sus pestañas negrísimas muchos corazones quisieron hacer nido, pero la muchacha reía, incrédula y burlona, con aquella locuacidad ingenua y trivial de las mujeres que aún no se han dado cuenta de que es ineludible amar . Su vida,
desde los catorce años, se había deslizado sobre los escenarios de los
cafés cantantes de todas las ciudades españolas, y la sociedad de
gentes cultas y bien nacidas le había dado cierto barniz, cierta
distinción que sentaba muy bien a su esbelta, a su clásica y aristocrática belleza castellana . Y con todo el rodar de la chiquilla, nadie pudo
jamás vanagloriarse de una concesión suya, porque era ella de esas
mujeres incapaces de claudicaciones, en las cuales parece haberse
concentrado toda la altivez, todo el orgullo ancestral de la raza . Y así
iba por esos trigales de Dios, convertida en una estrella de café,
alegrándolo todo con la gloria de sus grandes ojos y con la elástica
morbidez de su cintura goyezca y chulesca, porque La Maja era una
de esas hembras de tronío que en España alegran los tendidos de las
Plazas de Toros, más que una, que diez botas de manzanilla .
La estrella aflojó las cintas del corsé, soltó los broches, desató
el precioso calzonario celeste con grandes encajes de la India, sacudió, en un hábil movimiento de mujer acostumbrada a desnudarse, la
finísima camisa de seda, llena de indiscretas trencillas, y quedó
soberbia, impecable en la corrección maravillosa de su belleza de
estatua, cubierta apenas por una malla finísima de seda color rosa
que se adhería mimosamente a su carne dura, intocada y perfumada .
Ante la gran luna viselada del espejo, La Maja se miró atentamente y sonrió con una encantadora sonrisa de mujer joven que,
frente a sí misma, se reconoce hermosa, y repiqueteando con los
altos y finos tacones, levantó los brazos, se empinó en la punta de
los pies, pequeños y monísimos, y acabó en una contorsión de
serpiente, mientras los ojos le brillaban y los labios se entreabrían en
23 2
una gran sonrisa de satisfacción .
Se tendió luego, indolentemente sobre el ancho diván de
terciopelo verde obscuro y se tornó pensativa . Las cejas contraídas
denotaban que la estrella era presa de honda preocupación . Suspiró y
sus ojos se nublaron ; pero se quedó abstraída mirando, sin ver,
lejos, muy lejos, como si quisiera penetrar con el espíritu los horizontes desconocidos que el azar ponía ante la proa del barco que debía
llevarla hacia las remotas costas de América .
De pronto se incorporó y se sentó, como si todos sus nervios
hubieran respondido a una fuerte conmoción espiritual, y el rostro
que la joven tenía apoyada en la palma de la mano, se le fue dulcificando, hasta que al final una franca sonrisa de paz le entreabrió
la boca pequeñita y roja . La crisis había pasado y La Maja se levantó
ligera y resuelta, y con movimientos seguros se dirigió a una percha,
tomó un riquísimo traje de baile y se lo echó por los hombros . . .
- Se puede, señorita?
- Pase usted, mujer .
- Precisamente tiene usté el traje que el señor Marqués le trajo
de Paris .
- Precisamente? Y por qué dices tú " precisamente?", - replicó la estrella, dándose los últimos toques frente al espejo .
- Porque el señor Marqués me envía a decirla que quiere
hablar dos palabras con usté al terminar la función .
Las cejas de La Maja se contrajeron nerviosamente . Aquel
hombre impertinente venía a desbaratarle todos sus planes tan
laboriamente combinados .
- Pero, y no se había marchado el Marqués a París?
Dice que estando en el tren se arrepintió y prefirió dejar el
viaje para mañana, solo por verla a usté hasta el último momento . Ya
ve usté si la quiere, señorita .
- Más valiera que no .
- Pero, por qué es usté así, hija? No ve usté que eso es tirar la
suerte por la ventana?
- Y a mí qué más me da . . .
- Es verdad . . . Como que está usté enamorada del alma mía
ese del almacén de guantes .
- Pues es muy cierto ; y es porque me da la gana, sabes?
Porque me sale de adentro de las entrañas, estamos? .
23 3
- Tiene usté razón, hija . Cada cual tiene su alma en su almario .
- Me alegró, pues, de que estés tan enterada y tan en razón .
--Y qué quiere usté que le diga al señor Marqués?
- Pues que compre un real de caramelos y que se distraiga .
- Pero cómo va a ser que usté no deje que él le hable esta
noche?
- Y qué voy a hacer yo? No ves tú que no puede ser?
- Pero el señor Marqués es distinto : el señor Marqués ha sido
muy bueno con ustedes .
-A mí . . .Prim!
- Maldito sea este pendón que me ha dado Dios por hija! . . .
- vociferó, entrando, la madre de La Maja . Y luego, cuadrándose delante de la muchacha, con las manos en jarra :
-- Y qué se ha creído Su Majestad la Princesa del Pingajo?
Que aquí tiene usté una negra cubana para que la rasque y la abanique, mientras usté está echada a la bartola?
- Cualquiera diría que la ha picado a usté una culebra .
-¡Lagarto!!! ¡Lagarto!!!
Era este un medio que La Maja tenía para cortar las explosiones de su biliosa madre .
- Oye tú- dijo la vieja, calmada- dónde están los mantones y
los trajes verdes?
- Pues, no los hice un lío y los puse ahí y usted los dejó
olvidados?
- Es que con este maldito viaje tengo una cabeza que yo
misma no entiendo .
-Y usted misma no lo ha combinado?
- Hasta para el Perú me hubiera ido yo con tal de perder de
vista a ese golfo de la guantería
- Pues, ya ve usté, señá Rafela : a ese, sabe uste?, a ése es al
que quiere la niña . . .- dijo la florista maliciosamente .
- Pues que se enjuague, porque desde Buenos Aires no se
distinguen los terrados de Barcelona .
- Y ya usté ve lo que son las cosas : el que más sufre por todo
esto es el pobre señor Marqués .
- Y tan bueno que es con nosotras, y esta mala sangre, mal
agradecida!
-- Ahí está jipiando por despedirse de ella, y ella dice que
nopis .
- Cómo que dice que no? Habráse visto bribona! . . .Conque
234
moñitos con el señor Marqués?
- Y qué quiere usted que haga, pues?
- Qué quiero que hagas, no es verdad? Pues ahora lo vas a ver .
Por un casual que yo me tengo que ir al vapor ahora mismo a llevar
con tu padre todos esos chismes y los que faltan, y no sabía a qué
persona recomendarte para que te llevara .
- Pues lo que es con el Marqués, no voy .
Que no vas tú con el señor Marqués?
- No .
- Pero, so desastrada, quién eres tú para que te dé vergüenza
irte a embarcar acompañada de un señor Marqués?
La Maja se había quedado silenciosa y pensativa . Sus grandes
ojos negros habían vuelto a nublarse y se mordía los labios nerviosamente . Hubo un largo silencio, interrumpido únicamente por el ir y
venir de la señora Rafaela, que recogía todas esas cosillas que no nos
sirven para nada, pero que es lo primero que guardamos en los
viajes .
-Están en el lío los mantones y los trajes?
-Sí .
Y las prendas están aquí en el cofre?
-Sí .
- Todas? .
- Todas ;
- Sólo queda aquí ese traje conque vas a trabajar ahora?
-Sí
- Y cómo lo vas a llevar?
- En la maleta, ya la trajeron .
- Bueno, conque ¡refréscate! , y ya sabes que ahora le voy a
decir al señor Marqués que venga para que te acompañe al vapor .
- Haga usted lo que quiera, señora .
El escenario del aristocrático Café Concert estaba aquella
noche adornado como en los días de grandes acontecimientos . Las
butacas y los corredores se veían llenos de gente alegre que traía en
continuo ir y venir a los camareros, y en los discretos palcos las
blancas pecheras de los hombres del gran mundo alternaban con las
fabulosas plumas de los sombreros de las cocotas más en boga . Y
era que La Maja había atraído sobre sí la curiosidad general por el
ruido de sus conquistas inconscientes, curiosidad que se trocaba en
23 5
simpatía cuando de todas las bocas no salían sino alabanzas para la
bondad y para la prodigalidad de aquella hermosa bailarina mimada
por la fortuna .
Y por fin una mano misteriosa asomó una tablilla donde estaba
escrito el nombre de la estrella y La Maja apareció, entre una estruendosa ovación, puesta una montera y ceñido un rico capote de
paseo al cuerpo gallardísimo, que se contoneaba a los alegres acordes
de un enloquecedor paso - doble torero . Y era de ver cómo en cada
gesto, en cada orgullosa actitud, cantaba el ritmo de aquella carne
joven toda la alegría, toda la música y toda la voluptuosidad trasmitidas por el alma gitana, soñadora y apasionada de muchas generaciones, por el alma melancólicamente enferma de una raza galante,
cargada de recuerdos y esperanzas .
Después cantó, cantó llorando uno de esos aires flamencos
llenos de lágrimas que son como la despedida de un alma que se está
muriendo, y que se hubiera dicho escrito para aquella linda muchacha que parecía mordida por quién sabe qué maldita pena, por quién
sabe qué bendito amor que ahora se le desbordaba por el cuerpo y se
le salía a flor de boca .
La ovación fue frenética . Las flores cubrieron el escenario y las
palomas cruzaron el salón en todas direcciones, azoradas por la
algarabía y la luz, y La Maja, llenos de los radiantes ojos de lágrimas
de agradecimiento y de emoción, se perdió por última vez, con un
gracioso mohín, por entre los cortinones de la escena .
- Señorita, señorita, por Dios, no llore usté ; ya ve usté como
la queremos, ya ve como todos lloramos .
- Lloro de alegria, lloro . . . i no sé por qué lloro! . . . pero
siento una cosa que me sale tan de adentro . . .que ¡yo no sé qué me
pasa!
- Es el corazón que le está diciendo que no se marche usté,
señorita .
- Puede ser que así sea . . .
- Se puede?
- El señor Marqués -dijo sonriendo la florista .
-! Caramba, qué imprudencia!
La Maja se levantó del canapé, se alisó los cabellos, se enjugó
los ojos y le dijo a la florista .
236
- Que pase .
- Rosario : perdóneme usted, pero ya ve, ya ve como aquí
todos la queremos . . .Pero, llora usted?
- Sí, lloraba de agradecimiento . . .de emoción . . i Son tan
buenos todos! . . .
- Y así nos abandona usted? . . .
- Mi madre lo ha querido .
- Pero es que usted no desea marcharse, Rosario?
- Ya es indispensable .
- No, no, todavía no es tarde . . . No se vaya usted, Rosario, no
se marcha usted, yo se lo suplico .
- Y qué haría yo aquí, señor Marqués?
- Que haría usted? Yo le ofrezco todo lo que tengo, todo lo
que soy ; pero no se mache usted, Rosario .
- No puede ser, señor Marqués, no puede ser .
- Le ofrezco un Palacio, Rosario .
-iUn palacio! . . .Y qué iba yo a hacer dentro de un palacio si
me hacía falta lo principal?
- Tiene usted razón . . .Se me había olvidado que ya antes me
había dicho usted que no me podía amar . . . pero es usted cruel
conmigo .
- Y puede usted creer que me duele mucho y que si en mi
mano estuviera darle la felicidad, se la daría ; pero hay cosas que yo
no puedo hacer .
- Bendita sea usted y Dios que la hizo tan buena .
Los cuarenta y cinco años del Marqués se quedaron absortos
ante la resistencia de aquella virtud que él, hombre pervertido y
crapuloso, no podía entender . Después, resignado y variando de
tono, dijo :
- Como usted no se ha cambiado de ropa todavía, la esperaré
fuera, en el foyer .
- Que me va a esperar, dice usted?
- Si . . . Su madre me dijo que la acompañara a usted al vapor .
- Mi madre hace muchas tonterías que no debía hacer . Ya le
237
dije que no lo molestara a usted .
- Pero si eso para mí es un placer, Rosario .
- Sin embargo, no quiero molestarlo . . . Yo me iré con la
florista .
- De ningún modo : yo la acompañaré a usted .
- Vamos, señor Marqués : no se empeñe usted en que a última
hora se borren todos los buenos recuerdos suyos que llevo .
-Como usted quiera, Rosario . . .Perdóneme y . . .
Nada, hombre, si está usted perdonado .
- Pues, adiós, buen viaje y que se acuerde usted de los amigos .
- No lo olvidaré nunca, Marqués .
-Gracias . . . ¡Adiós, Rosario! . .
-Adiós, señor Marqués .
La Maja con un movimiento rápido tiró de los broches del
traje, que cayó al suelo .
- Oye tú : méteme eso en la maleta, pronto, junto con la
montera y el capote .
Y mientras la florista cumplía lo ordenado, La Maja se vistió
un sencillo traje imperio azul obscuro y se cubrió la cabeza con un
sombrero de Panamá que apuntó con una gran aguja rematada por un
rosetón de oro de Toledo . Luego tomó el portamonedas y lo abrió .
- Toma- le dijo a la florista dándole un billete de cincuenta
pesetas - para que le hagas un traje a la Nena .
- Mil gracias, señorita, mil gracias y que Dios se lo pague .
- No, si me lo vas a pagar tú misma : vete abajo y dile a Pepe
que me espere en un coche en la puerta de atrás para que me acompañe al vapor .
- Corriendo, señorita, corriendo .
Y La Maja tomó la maleta y salió por la puerta que conducía a
la escalera de salida posterior del Café . Poco tardó en esperar allí
porque un coche se detuvo y de él se bajaron Pepe y la florista . . .
-¡Rosario! . . .
- ¡Pepe! . . .
238
-Creí que no te iba a ver más . .
Cómo que no me quieres! . . .
-¡Alma mía!
Subieron a la berlina, dijeron "adiós" a la florista y el coche
comenzó a andar .
-¡Adiós, señorita! .
.
.¡Que escriba usted de la Argentina!
--Ya sabrás de mi pronto . . . ¡Adiós!
Y cuando el coche volvió la esquina, La Maja sacó la cabeza
fuera de la portezuela y dijo al auriga :
- A Niza, entiendes?, el restaurante del Astillero .
-Sí, señorita .
Y el caballo partió al trote largo .
Desde la alta terraza del restaurante, el mar se perdía en el
horizonte como una bruñida lámina de acero . Ni una bocanada de
humo, ni un mástil, ni una vela ponían en la serenidad del horizonte
la inquietud de una silueta .
La bailarina y el dependiente de la guantería aparecieron en la
terraza, sola en aquellos momentos, y se sentaron frente a una
mesa, cerca de la baranda, sobre el mar . Un camarero vino a atenderlos .
- Va usted de viaje, señorita? - interrogó al ver a La Maja con
la maleta donde llevaba el traje, la montera y el capote .
- Así parece, Luis .
- Qué vamos a comer, Rosario? - preguntó Pepe .
- Oiga usted, Luis tráiganos langostinos, ensalada y una botella
de champán Cordón Rouge .
Los ojos de Pepe se inquietaron ante la perspectiva de la cuenta
que pudiera arrojar al final aquella cena algo impertinente para
un modesto empleado de comercio como él ; pero Rosario lo calmó :
- Hoy es un día trascendental en la historia de nuestras vidas y
239
yo quiero que tú me des el placer de dejarme pagar .
Pepe suspiró, mientras Rosario le oprimía la mano ; y en el
silencio de la noche se oyó el ronco pitar de un trasatlántico .
- Oyes? . . .- dijo el aterrado dependiente . - Es el vapor que da
la señal .
- Déjalo estar . . Ya dará otras . . .
- Es una pena tener que separarnos así, quizás para siempre .
- Y es cierto que tú me quieres mucho, Pepe?
- Con toda mi alma, Nena mía, y mi única pena es no poder
ofrecerte nada, porque nada tengo .
- Y qué más que tu cariño? Te parece poco para llenar a una
mujer como yo?
- Una mujer como tú, que todos quieren, necesita algo más que
el cariño que yo le puedo ofrecer .
- Una mujer como yo lo que necesita, cuando quiere a un
desaborío como tú, es que arrime su silla un poco más porque el aire
de la mañanita está fresco .
Pepe sonrió y acercó su silla, mientras le besaba las manos a la
encantadora muchacha .
- Vamos a ver : y desde cuándo me quisiste tú?
- Pues, toma, desde que te ví entrar por la puerta de la guantería ; pero como no me fío mucho de las mujeres muy guapas, me puse
a pensar mal, hasta que tú te sentaste frente al mostrador y me
pediste que te pusiera los guantes, y oí tu voz y vi tus ojos, y como
me hablaste y me viste de una manera tan extraña, comprendí que no
eras mala y que nos habíamos encontrado para querernos mucho .
para estarnos viendo siempre las niñas de los ojos . . .
- Pero, mira : aquel día yo no necesitaba guantes, y al pasar
frente a la puerta de la guantería, sentí una cosa que me empujaba
hacia adentro y entré, y cuando te ví me dieron ganas de hablarte, te
pedí unos guantes y yo, que nunca dejé que nadie me tocara nada, te
dí las manos para que me pusieras los guantes y me dio pena cuando
ví que me los ponías tan a prisa, porque yo hubiera querido que te
24 0
hubieras quedado jugando con mis manos toda la vida .
Y las cabezas de los dos jóvenes se fueron acercando hasta
confundirse en un beso silencioso y castísimo, mientras en el silencio
de la madrugada se oyó nuevamente el pitar del trasatlántico .
--Oye : el vapor que llama!
--i Déjalo que llame! . . i Ya volverá a llamar! . . .
El camarero apareció con las viandas pedidas y con la botella de
champaña . La Maja tomó una de las dos copas que trajo el camarero
y la arrojó lejos, sobre la terraza .
-- Es para que nos dé buena suerte . . . Nosotros tenemos suficiente con una sola copa .
iEl vapor se ha marchado! . . .- clamó Pepe, poniéndose en
pié, lívido .
En efecto, el trasatlántico apareció tras el rompe olas, sobre la
noche azul, como un altar en marcha .
- Pues toma, por eso - dijo la bailarina llenándole la copa .
- Qué has hecho, Rosario?
- Quedarme - respondió ella riendo .
- Pero eso es una locura .
- Una locura? - inquirió ella con los ojos arrasados en lágrimas . - Hasta tú me recriminas el que te quiera más que a mi madre! . . .
-Y terminó en un sollozo :-Si no me querías, has debido ser
franco, Pepe .
Pepe tomó entre sus manos la hermosísima cabeza de la muchacha y le secó las lágrimas con besos .
- Si te quiero hasta morir, tontina - le dijo- pero es que ni tú
ni yo tenemos derecho a comprometer tu porvenir .
Maja le
montera
naba el
Mi porvenir? Mi porvenir está aquí dentro, hombre . - Y La
dio con la punta del pié a la maleta que contenía el traje, la
y el capote, mientras una gran sonrisa de triunfo le ilumirostro húmedo de llanto .
241
- Y qué vamos a hacer ahora?
- Por lo pronto, comer, para ver al vapor ese perderse de vista . . .
- Pero . . .y después? . . .
- Después . . .Lo que tú quieras . . . Tú verás a dónde me llevas .
NOTA BIBLIOGRAFICA :- La Maja aparece por primera vez en la revista Nuevos Ritos,
Año VII, número 148, correspondiente al 31 de Diciembre de 1914, páginas sin número . La
dirigía el mismo Miró y se editaba en la Imprenta del Diario de Panamá .
24 2
EL JESUS MALO
El motor del bote se desataba en ecos que se desvanecían misteriosamente por rutas invisibles, a través de la espesa vegetación de
las riberas vírgenes del río . De rato en rato, alguna garza asustadiza
ponía su fugitiva blancura como una nota de luz sobre el lila sombrío del paisaje crepuscular . Ni una choza, ni un ladrido lejano, ni
una columna de humo que dijera de vida sobre las márgenes lujuriosamente verdes . De pronto, en una revuelta del río, Roberto divisó
una piragua que remontaba las aguas, procediéndole al borde de la
ribera opuesta . El bote subía rápidamente entre encajes de espumas
que le lamían los costados, y pronto Roberto pasó frente a la piragua . La tripulaban un hombre y dos mujeres, y ante la velocidad del
bote automóvil, parecía bajar arrastrada por la corriente . Roberto tuvo lástima y cruzó el río hasta quedar al habla con ellas . Eran un matrimonio y una hija .
-Buenas tardes, amigo--, saludó Roberto .
-Buenas tardes, señor--, respondió el campesino .
-Van ustedes muy lejos?
- -A Río de Jesús, a la fiesta .
-Yo también voy para allá . Quieren ustedes venir conmigo?
Hubo un largo silencio durante el cual los campesinos se miraron unos a otros, sin hallar respuesta . El respeto al señor y el miedo
hacia esa embarcación que se movía sin velas y sin remos los contuvo,
pero Roberto insistió :
-Vengan conmigo y sin ninguna pena . La piragua la amarraremos atrás y ya verán como dentro de una hora estaremos en el puerto .
-Pero ese es mucho trabajo . . .- insinuó tímidamente el hombre .
-No crea usted, no crea . Al contrario, me harán un favor acompañándome- . Y Roberto atracó el bote al lado de la piragua .
243
El trasbordo se hizo con rapidez ya que la familia no portaba
como equipaje más que un lío atado a la punta de una rama seca .
La piragua fue amarrada a la popa del bote y el motor funcionó de
nuevo, con gran extrañeza de los nuevos pasajeros .
Instalados todos, Roberto echó una mirada de curiosidad sobre sus improvisados amigos y quedó encantado, porque mientras
el hombre era uno de aquellos campesinos que en el corazón de
nuestras montañas han conservado intacto, a despecho de los años,
el puro tipo de los conquistadores, y su mujer era una chola como
cualquiera de las nativas de nuestros campos, la hija era un preciosísimo ejemplar de esas mujeres andaluzas que nos deslumbran y nos
cautivan desde las rejas de sus viviendas cuando pasamos por las calles de Granada, de Málaga o de Sevilla . Morena ligeramente, con
unos ojos grandes, serenos, tropicalmente soñadores y defendidos
por unas largas pestañas negras, imposible de haber sido adivinada
bajo las alas de su ancho sombrero campesino que había dejado a
sus pies para arreglar y sacudir su larga cabellera negra . Y al erguirse y echar la cabeza hacia atrás, había mostrado un busto firme, mórbido y una cintura elástica, como torneado todo frente a la dura
piedra de moler maíz, en los largos y aburridores días de la montaña . . .
-La señorita es hija de ustedes?-, preguntó Roberto respetuosamente .
-Sí, señor .
-Pues lo felicito, porque tiene usted una hija muy bonita .
-Es un favor que usted le hace, señor, -musitó el hombre,
mientras la muchacha se encendió en granas de rubor .
--De qué pueblo son ustedes?
-Del Guarumal de la Montaña .
-Y bajan con frecuencia a Río de Jesús?
--Sí : yo bajo todos los años, para la fiesta ; pero Rosalía viene
al pueblo por primera vez .
-Vamos a beber un trago a la salud de Rosalía . -- Y Roberto
sacó de una pequeña alacena dos vasos y una botella de whiski .
El campesino se sirvió con su propia mano un trago que compartió con su esposa .
-Rosalía no bebe? -inquirió Roberto sonriendo .
--Todavía no -respondió ella, roja de vergüenza .
--Entonces, qué te regalo a tí?
--A mi . . .Nada -w al pronunciar esta palabra Rosalía fijó sus
grandes ojos en un hermoso pañuelo de seda roja que Roberto llevaba
244
atado a la garganta .
-Te gustaría este pañuelo como recuerdo de nuestra amistad?
Roberto lo desató de su cuello y lo puso en las manos de la hermosa muchacha diciéndole :
-Dile a tu novio que te lo regaló un amigo de tu papá .
-Yo no tengo novio -rectificó ella azorada .
-Que no tienes novio tú, siendo tan linda?
---No tengo novio . . . Nunca he tenido novio . . No le gusto a
nadie .
Roberto sonrió maliciosamente y dirigió al descuido una mirada
sobre los padres de la muchacha . El campesino parecía dormir, ligeramente reclinado sobre la borda del bote, v la chola se mantenía
impertérrita, hierática, con esa actitud única de la gente del campo
cuando se halla en sociedad de personas que juzga de uña clase superior, y Roberto, entonces, acercándose a Rosalía, con mimo, con dulzura, muy suavemente, le preguntó :
-Y si yo quisiera ser tu novio?
-Usted?
--Sí, yo . . . No me aceptarías? . . .
-Yo no sé . . .Usted sabe . . .
A lo lejos, sobre la margen izquierda del río, aparecieron unas
cuantas casas de paja : era el puerto .
Envuelto entre la plata de aquella maravillosa noche de luna en
que las estrellas parecían haber padecido de anemia,
zRaoberptlvnc- apsofemniatvolupsdecablo
del Rimac . Entre las bocanadas de humo de aromático tabaco palmeño, veía el rostro radiante de Rosalía cuando al separarse, en la
tarde, había venido hacia él toda turbada y ruborosa y le había dicho :
--Este mango se lo manda mama, éste papa y éste otro - un
mango pequeñín, sonrosado como una manzana y fresco y perfumado como una rosa en el amanecer- este otro, se lo regalo yo .
-Gracias, Rosalía-- había dicho Roberto, mientras le oprimía
una mano fría de emoción . Y había agregado :
--Te veré esta noche, Rosalía?
-Si usted quiere . . .
--Y qué me prometes?
--No sé . . .Lo que usted quiera . . .
24 5
Y lo nuevo de aquella rústica ingenuidad encantadora impresionó al joven ingeniero, acostumbrado a tratar a mujeres de mundo,
artistas y bailarinas, profesoras de engaño y de coquetería .
Poco a poco se fue haciendo perceptible la voz de los tamboriles que llamaban al baile, y al fin, tras una revuelta del camino, Roberto divisó las primeras luces del pueblo . Azuzó la cabalgadura y un
momento después echaba pie a tierra ante el portal de la casa donde
se hospedaba .
-Buenas noches, don Goyo . Dónde está la gente de la casa?
-Bien, don Roberto, buena hora de venir a comer, eh?
-Que quiere usted, abuelo : me encontré una muchacha lindísima y usted sabe que donde tropiezo con una mujer, me varo .
-Hasta que te quedes varado para siempre, como yo .
-Por eso, por eso hay que aprovechar el tiempo, don Goyo .
-Tienes razón, hijo . Yo también hice lo que pude, mientras
pude .
-Y si viera usted la pollita que me encontré hoy .
-Sabes lo que te digo? . . . Que cuando uno tiene mi edad llega
a la conclusión de que dentro de una relatividad inteligentemente usada, todas las mujeres valen lo mismo . Todo depende del momento
de nuestra vida en que encontramos a unas y a otras . Pero mientras
a tí te llega la época en que puedas apreciar esto, vente a comer, que,
en resumen, es lo único que al final de todo nos queda como verdadera felicidad, cuando no echamos a perder nuestro estómago .
-Me gusta su filosofía ; pero mientras hay ocasión de discutirla,
vamos a comer .
-Mientras yo viví en España, nunca comí . Cené a las once o doce de la noche, generalmente bien acompañado ; pero desde que me
vine a América y me metí en este pueblo, aprendí a comer a las cinco
de la tarde .
-En fin, me acompañará usted y hablaremos de Rosalía .
Y viejo y joven se sentaron a la mesa, el uno frente al otro .
-Es el único vicio que no he olvidado -comenzó don Goyo,
sirviéndose un vaso de vino .
--No sé qué me gusta más, si el vino o las mujeres .
-Eso está bueno para tí que puedes escoger .
-Si viera usted a Rosalía . . .
246
--Vamos a ver : de qué campo es la muchacha?
-Del Guarumal de la Montaña .
-Del Guarumal . . .Del Guarumal . . .-repitió don Goyo, haciendo memoria .
-El padre es blanco, de ojos de color de acero y barba de Jesús
de Nazareno .
-Barba de Jesús Nazareno y del Guarumal? . . .
-Sí . . .Y qué tiene eso? . . .De qué se sorprende usted? . . .
-Mira, que creo que lo mejor que puedes hacer es olvidarte de
que has visto a Rosalía .
-Olvidarme de Rosalía yo . . .Qué fácilmente dice eso usted,
amigo .
-Pues, peor para tí, porque eso te traerá un serio disgusto .
-No me explico por qué . . .
-Oyeme . El padre de Rosalía, ese que tú has hallado parecido al
Nazareno, es el hombre más temido de estas regiones . Ha matado de
mala manera a dos hombres y no ha matado más porque ellos no se
han querido morir, pero él ha hecho todo lo posible por conseguirlo .
Hace dos años, para la fiesta, le cortó las orejas a un individuo porque
dijo que lo había oído decir no sé qué cosa :
-Para que más nunca oiga lo que no le importa- dijo . Y echó
las dos orejas ensangrentadas a su perro . Conque . . . ya sabes . . .
Roberto se palpó instintivamente la oreja derecha y se quedó
pensativo un rato .
-A ver? Qué resuelves?
-Esto-dijo Roberto, apurando el vaso de vino y llenándolo
nuevamente hasta el borde . Y agregó :- Cuando yo tengo en la cabeza una idea, entre pecho y espalda un poco de vino y en la cintura un revólver colt con seis cápsulas calibre 44, realizo lo que quiero .
Me gusta Rosalía y ella parece que gusta de mí . Sí eso es verdad, ya
veremos quién gana . - Y Roberto apuró nuevamente el contenido
del vaso .
-Mi café, -reclamó .- Es tarde y hay que divertirse un rato .
--Así es que vas a buscar a Rosalía?
-Naturalmente .
-Entonces, si quieres oír un buen consejo, haz antes tu testamento .
24 7
-Ya veremos, don Goyo, ya veremos si es tan fiero el león .
-Y poniéndose en pie, agregó sonriente :- Y ahora, a hacerme la
toilet .
La taberna estaba llena de gente campesina, hombres y mujeres, que se divertían . El vaso de aguardiente corría de mano en mano y de boca en boca hasta quedar concluido y los "socabones"
lanzaban al viento el melancólico gemido de sus cuerdas de tripa .
De pronto, sobre la vocinglería de la gente ebria, se alzó una voz
masculina para cantar una copla improvisada . Era El Jesús Malo,
el padre de Rosalía, que gozaba fama de buen cantador :
Tengo un cielo, una montaña,
un caballo, un perro, un río .
Yo no sé cómo lo tuve,
sólo sé que todo es mío .
Un mocetón fornido y repugnante se cuadró delante de El Jesús Malo . Los ojos sangrientos y el rostro hinchado del sujeto denunciaban su afición a las bebidas alcohólicas . Le llamaban El Ñato
y era famoso por sus fechorías en la comarca . En la tarde había
tenido un pequeño roce con Jesús por Rosalía . Y el Ñato cantó :
Yo no grito ni hago bulla
ni tengo casa ni nada .
Apenas tengo una puya
muy buena y muy afilada .
El Jesús Malo clavó en el Ñato una mirada de odio, y el incidente quedó cortado por la aparición de un nuevo vaso de aguardiente
que corría de boca en boca .
-Que cante Rosal (a!, . . -gritó uno .
-iQue cante, que cante! . . .-repitió el coro .
Y Rosalía se levantó del sitio que ocupaba, con los ojos un poco
brillantes, aunque tristes, y las mejillas y los labios encendidos . Su
padre se cuadró frente a ella y registró la vihuela para dar el tono a la
muchacha . Y Rosalía, con una voz dulcísima y tierna, con una voz de
paloma torcaza, llena de melancolía montañesa, cantó :
Queréis que cante y responde
a vuestra voz un lamento . . .
Yo tenía un pensamiento
248
y hoy se me fue no se adonde. . .
No tengo calor ni frío,
ni un anhelo ni un dolor. . .
Me siento como una flor
arrastrada por un río . . .
Aclamaciones y aplausos apagaron el eco de la voz dulcísima de
Rosalía que acabó el último verso casi sollozando, casi suspirando al
oído de los campesinos, locos de entusiasmo . El Ñato brindó por ella,
mientras la veía con una mirada ávida y asustadora, de gato montés .
-¡Que repita, que repita! . . .
Y Rosalía cantó de nuevo :
Qué extraño lo que yo siento :
un dolor, una alegría,
una honda melancolía,
mezcla de pena y contento ;
y no sé sí esto es gozar
o si esto será sufrir,
porque tengo que reír
por no romper a llorar . . .
Por sobre la explosión unánime de entusiasmo, se oyó la voz del
Ñato que vociferó :
--Eso es una cosa linda, amigo -mientras que su áspera mano
oprimió entre los dedos la preciosa barbilla de Rosalía .
Rápido como un relámpago, el machete de El Jesús Malo describió en el aire un círculo de luz y fue a caer de plano, furiosamente,
en la espalda de El Ñato, que rodó en tierra como un fardo . El Jesús
Malo se avalanzó sobre su presa, pero una docena de brazos intervinieron, mientras El Ñato se levantó prestamente y se puso en fuga .
Cuando El Malo logró desacirse de las manos que lo sujetaban,
se encontró frente a frente de Roberto, que lo miraba pálido de emoción . Hacía rato que desde la sombra del portal se deleitaba viendo
y oyendo a Rosalía, y ante el insolente ultraje que le infirió El Ñato,
saltó como movido por un resorte para vengarlo él, personalmente ;
pero la rapidez con que procedió el Jesús Malo y la proximidad de la,
tragedia, lo dejaron paralizado en el centro de la sala . El Malo, al
verle, exclamó regocijado :
24 9
-iViva el blanco decente! . . .
Y luego, como pudiera hacerlo un gallo que triunfa sobre su
contendor, gritó :
Me quito ante usted el sombrero
y hasta doblego la frente,
porque es unté caballero
y simpático y valiente .
Y continuó :
--Vamos a beber ahora un trago con Rosalía, porque quiero corresponder a usted lo que hoy hizo conmigo . Y sepa usted que al que
lo mire a usted mal, le corto una oreja, porque yo soy agradecido!- .
Y golpeando fuertemente de plano sobre el mostrador, ordenó con
imperio :
-Aguardiente! . . .
--Lo que yo hice hoy no vale la pena -dijo Roberto, por decir
algo, mientras sonreía nerviosamente .
-Que no vale nada? Usted no sabe que a mí nadie me puede
ver? Usted es la única persona que me ha hecho un favor hace muchos años ; pero yo también me sacó el clavó con el que me quede a
manó . A ese perro cobarde que le acabó de dar un planazo, le prestó
la mano hasta mañana . . .Porque vea, don Roberto, la única cosa que
yo quiero en el mundo es Rosalía, y al que le pone la manó encima,
se la corto .
Roberto palideció ligeramente, mientras El Jesús Malo se
volvió :
-Rosalía, venga usted acá .
Trémula de emoción y encendida de vergüenza, la linda muchacha llegó hasta el lado de su padre, sin levantar los ojos .
---Ya lo ves, Rosalía : ahí está él, ahí está . . .Salúdalo .
.
Rosalía murmuró algunas palabras imperceptibles, sin levantar
los ojos :
-Está usted triste, Rosalía? - inquirió Roberto .
250
--Triste? . . . Si, triste- replicó El Malo ; y luego, cambiando
de tono, continuó :
-Vea, blanco, voy a ser franco con usted : esa muchacha no
ha sido triste nunca ; pero desde que lo vió a usted, no hace más que
estar pensando y suspirando y . . , hasta llorando, blanco . ¡Qué diablos! Yo no he criado a mi hija para estos perros, pero . . usted es
hombre decente y yo lo quiero .
Hubo un breve momento de meditación y El Malo continuó :
--Vea, don Roberto, oiga lo que le digo : llévese a la muchacha,
pero me la devuelve mañana temprano, porque la necesito para que
me muela el maíz.
NOTA BIBLIOGRAFICA :- El Jesús Malo fue publicado por primera vez en la Revista
Nuevos Ritos, Año VII, número 148, correspondiente al 1 de Febrero de 1915 .
25 1
EL GRAN PESO
Los recuerdos más risueños de mi niñez están enredados en torno de la inolvidable figura de Pepe, el dulcero español, quien me llamaba cariñosamente Candelilla, sin que yo hubiera podido nunca explicarme la razón de aquel apodo . Con su bandeja colocada horizontalmente sobre el vientre y sujeta al cogote con una correa de cuero,
con su corneta en una mano, su plumero espantamoscas en la otra y
su birrete blanco, echado hacia atrás, tenía cierto aíre marcial de Napoleón de pastelería, muy del agrado infantil, Y aquella tesa arrogancia, obligada por la bandeja, y cierta naciente obesidad, habíanle conquistadoelp Barig,quesconvrtió dspenabl
aditamento de su nombre, Y Pepe Barriga era el hombre más popular
de la ciudad por aquellos lejanos y felices tiempos del caramelo y la
cometa .
De medio día abajo, la familiar corneta de Pepe Barriga atronaba las calles de la población entre el ruidoso saludo de su infantil
clientela que asomaba en jubilosa recepción a ventanas, balcones y
zaguanes en demanda de la siempre bien presentada y sabrosa golosina . Pepe Barriga tenía para todos una palabra de cariño o una
caricia paternal ; y cuando notaba que algún diario cliente se quedaba
mohino, a la zaga, mirándolo con ojos tristes desde la acera, Pepe,
que adivinaba la momentánea quiebra de su favorecedor, lo llamaba,
lo mimaba, lo obsequiaba con un dulce, que apuntaba al capítulo de
ganancias y pérdidas . Y de ahí, que como la niñez es agradecida por
instinto, aunque muchos quisiesen hacerle competencia, nadie pudo
reinar como Pepe en el corazón de su larga clientela . Y Pepe Barriga
comenzó a prosperar .
Un día la corneta de Pepe sonó más alegremente que nunca y
la bandeja de dulces vino mejor surtida y adornada con banderas :
Pepe se despedía ; en adelante no ambularía por las calles, sino que
ofrecería sus servicios en la pastelería que iba a abrir en un lugar
céntrico de la ciudad . Y para despedirse como correspondía a un
dulcero de su fuste, esa tarde los dulces eran gratis . Y aquél día fue
253
memorable para nosotros, porque la bulliciosa clientela infantil fue
sumando cola detrás de Pepe hasta dejarlo en su nueva casa, como un
tributo de cariño al simpático amigo .
Con humilde moblaje de confección nacional, Pepe abrió su
pastelería en una pieza de una sola lumbre . Además de los acreditados dulces, vendía ahora salchichón de Vich y vinos españoles, entre
los cuales pronto se hizo popular un amontillado que era vino de
gloria si se rociaba sobre los leves y esponjosos bizcochos, especialidad de la casa .
Y a la infantil clientela que antes de llegar al colegio hacía
obligada escala en la pastelería, se había agregado ahora otro grupo
grave, obeso y parsimonioso, formado por hombres de la industria,
del comercio y de la política, que, al caer de la tarde y en la noche, se
congregaba allí a comentar los sucesos del día, mientras entre bizcocho y bizcocho y chiste y chiste, las botellas de amontillado se
sucedían con gran satisfacción de Pepe, a quien los buenos señorones
daban, de cuando en cuando, vela en el entierro .
El negocio marchaba tan bien que a poco de abierta la pastelería hubo necesidad de ensancharla y de buscar sirvientes, y ya Pepe
pudo dedicarse con más frecuencia a atender a su distinguida clientela y hasta a departir con ella cuando se lo permitían sus quehaceres .
Y un día uno de sus amigos propuso a Pepe un negocio . Cada uno de
los dos aportaría un capital de dos mil pesos que se invertirían en la
compra de nóminas y de cuentas contra el Tesoro Nacional, a un
módico interés de setenta y cinco o setenta por ciento de descuento .
Pepe compraría los documentos y su amigo, el señorón, los haría
pagar . Luego, todos los días, se repartirían el producto .
Así fue . Y cuatro años después don Pepe Baldó y Martorell se
despedía a sus amigos para efectuar un viaje de recreo y descanso
por tierras de su Patria . Llevaba en la cartera letras contra el "Credit
Lyonaís" por valor de ciento cincuenta mil dólares .
Un día la loca fortuna me llevó a tierras españolas con un
cargo diplomático, y una brumosa mañana de Diciembre me encontré
instalado en un Hotel de Barcelona . Tras asearme y cambiarme de
ropa salí con la impaciencia propia de quien hace mucho tiempo
no sabe de la Patria ni habla con un compatriota sobre cosas del
terruño, y me fuí en busca de mi Cónsul .
Pasadas las naturales exclamaciones de sorpresa y alegría y con
la ingenuidad de un americano recién llegado a Europa, le pregunté :
2 54
-Dime, chico : qué es de Pepe Barriga?
-Mira : si quieres que el Gobierno español no pida su retiro por
impertinente, antipático y non grato, no repitas ese nombre más
nunca . Pepe Barriga se llama don José Baldó y Martorell, es millonario y vive en un palacio en la Rambla de Cataluña .
-Mejor . . .Voy a verlo .
-Y si no te recibe?
--No me importa ; pero voy a verlo porque tendría un grandísimo placer en charlar con él .
-Bien, mucho cuidado .
-Veremos . . .-Y salí, camino del palacio de José Baldó y
Martorell .
Cuando el coche se detuvo frente a la casa, comprendí que el
Cónsul no había exagerado, porque aquello era un palacio auténtico :
la gran fuente de mármol del atrio, el bellísimo Antineo de bronce
que servía de candelabro al comienzo de la escalera, las cariátides que
sustentaban el arco de entrada, todo decía allí de riqueza y de lujo .
El portero se adelantó a mí, gorra en mano :
-En qué puedo servir al señorito?
-Está en casa don José Baldó y Martorell?
-Sí, señorito : piso principal .
Y mientras subía yo la escalera, el Portero anunció mi llegada
por medio de un timbre, y un nuevo criado salió a recibirme :
-En qué puedo servir al señorito?
-Deseo ver a don Pepe .
El criado mostró un poco de extrañeza y rectificó, respetuosamente :
-Usted dirá a don José Baldó y Martorell? . . .
--Precisamente : a don José Baldó y Martorell .
-El señor está en este momento ocupado con el barbero .
Vacilé un momento, recordando lo que me había dicho mi
compatriota ; pero ya estaba allí y, después de todo, no podía ser
que dada nuestra amistad, Pepe hubiera cambiado al punto de no
recibirme, de cerrar las puertas a su amigo Candelilla .
-Hágame usted el favor de llevarle mi tarjeta, -pedí gravemente .
El criado tomó la tarjeta, hizo una reverencia y se fue . Unos
segundos después, la gran puerta del salón crujió y el criado, con una
255
exagerada reverencia acompañada de una significativa sonrisa familiar, me invitó a que lo siguiera . Don Pepe, en chaleco, se había
adelantado hasta la puerta del tocador, con los brazos abiertos .
..- . ¡Chiquillo! . . .Pero, ¡qué barbaridad! . . . i Si eres un coloso,
chiquillo! . . .---Y me oprimió paternalmente entre sus brazos .
-Pero usted está muy remozado y muy elegante y muy bien de
salud, Don Pepe .
--Ya ves, chiquillo, la vida, la vida . . . Y tú, todo un señor
diplomático . . . Vamos ; vamos . . .que hay que convenir que la vida es
buena .
--Sí que lo es --, afirmé yo, mientras admiraba la riqueza y el
gusto que había en todo lo que rodeaba a don Pepe .
--Pues casi no me encuentras y me hubiera apenado mucho .
Figúrate que ayer me han hecho Presidente de la Asociación de
Exportadores de España y necesitan mi clisé para la Revista de la
sociedad . Y me voy a retratar ; pero te vendrás conmigo y daremos un
paseo en coche .
Yo observaba atentamente a don Pepe . En mi tierra hubiera sido
poco fácil encontrar quien reconociera a Pepe, al primer golpe de
vista, en aquel caballero pulcramente vestido con los bigotes enhiestos por el uso del kaíserizador y con aquel aíre general de Presidente
del Consejo de Ministros, que emanaba de toda su figura prócer ; pero
yo, enfermo de la manía de las disecciones, quitaba a Pepe la levita,
el chaleco y los bigotes y volvía a encontrarme, como diez años
atrás, frente a frente de Pepe Barriga, mi inolvidable y generoso
amigo, con su bandeja delante, su plumero en una mano y la corneta
de cartón en la otra . Porque don Pepe había conservado aquel aíre
marcial que necesariamente se derivaba de la correa que, pasando por
el cogote, sujetaba la bandeja afirmada horizontalmente sobre su
barriga . Y de estos recuerdos me sacó un golpecito de don Pepe,
invitándome a seguirlo .
Al llegar a la calle, el coche de don Pepe nos esperaba . Era una
linda berlina, tirada por un hermoso tronco de piafantes caballos
negros . El lacayo, de levita azul, pantalón de franela y botas vueltas
de charol, nos esperaba y, después de tomar la dirección, cerró la
portezuela y subió al pescante . El látigo restalló y los caballos arrancaron estrepitosamente, entre la curiosidad de los transeúntes, que se
detenían para vernos pasar .
2 56
El fotógrafo corría solícito del enfocador hacia don Pepe, con
aquella amabilidad casi servil del hombre que vive luchando a brazo
partido con la competencia y se encuentra de pronto con que la
fortuna le depara un cliente de dinero y de alta posición . Y arreglaba
con amor los pliegues de la levita, temeroso de no agradar e imprimía
a la marcial apostura de su distinguido parroquiano cierta dejadez
que eliminara aquel estiramiento un tanto militar y retador, y hacía,
en fin, todo lo humanamente posible por dejar satisfecho a Su
Excelencia, como él decía ; pero era inútil : tan pronto como el
fotógrafo tornaba al enfocador y se cubría la cabeza para sorprender
bajo el paño cualquier imperfección de detalle o de luz, don Pepe se
echaba insensiblemente hacia atrás y presentaba el abdomen, aquel
conocidísimo abdomen que le había valido, años atrás, el apodo de
Pepe Barriga .
El fotógrafo repitió :
-Su Excelencia me perdonará, pero . . .no eche hacia atrás la
espalda . . Así, así, recto . . .Eso es . . .Permítame . .
Y el buen hombre corría al enfocador, y don Pepe, sin darse
cuenta de lo que hacía, se echaba nuevamente hacia atrás, como en
sus buenos tiempos . . .
El fotógrafo estaba nervioso y gruesas gotas de sudor le llenaban
la frente . Suavizó por última vez la postura de don Pepe, arregló de
nuevo los pliegues de la levita y se fue al buscador, y don Pepe volvió
a echarse hacia atrás . Entonces, el pobre, para ser gráfico, advirtió,
suplicante :
-Si Su Excelencia se echa hacia atrás, parecerá que lleva una
bandeja delante! . . .
Yo, a dos metros de don Pepe, debí enrojecer, porque la cara
me ardió ; y don Pepe, entre una estruendosa carcajada de hombre
que se divierte, me dijo :
-Qué opinas, Candelilla? . . .
¡Terrible ojo clínico, eh! . . .
NOTA BIBLIOGRAFICA . -El Gran Peso fue publicado por primera vez en la revista
Estudios, número 1, correspondiente a Julio • Agosto de 1922 .
25 7
LA PALOMA QUE VOLO
Aquella noche estaba yo contento . Tenía salud, tenía dinero y
tenía luna . Y les digo que "tenía luna" porque yo no salgo a la calle
sino de noche y no ando precisamente por el Parque Catedral ni por la
Avenida Central, y la luna me resulta un elemento de primera necesidad para evitar romperme parte de la personalidad contra alguna
cosa o alguna persona . . . Porque como no veo, a lo mejor, agarro a
un Policía creyendo que es una señorita .
Además -y este era el verdadero motivo de mi alegría- ella, mi
novia, como decimos los españoles, me había ofrecido para esa noche
" cambiarme" el primer beso . . .
iY qué novia, compadre, qué novia! . . .Con una boquita fresca
y roja, de esas que cuando quieren, al hablar acarician y al reír
cantan ; con unos ojos castaños de esos que no se ven todos los
domingos y que nos están confesando lo que su dueña nos quiere
ocultar ; con un busto número uno, y unas caderas cero-cero, y
unas pantorrillas sin número, y unos pies 33 de esos que tienen flaco
al señor Homero Ayala . . . ¡Conque si había yo de estar contento! . . .
Y como el tiempo parecía haberse detenido y yo estaba impaciente, me metí en el "Puerto de Oro" de Carmelo Guaragna a beber
algo y pagarle mi cuenta, porque yo estaba dispuesto a gastar hasta
donde alcanzara la peseta .
-Qué pasa? - interrógome Carmelo al verme entrar .-Estánuedmyalgrsetnoch
-Una hecatombe, Carmelo, una hecatombe!
-E dónde es la "catacombe"? . . .A la Plaza de Toros?
-Después te digo . Por lo pronto, dáme un trago .
-E que quieres, señor Domingo?
-Dame Agua de Colonia .
2 59
-Estás loco, don Domingo? . . .Tú crees que es la botica?
-Sí, hombres : estoy loco y no quiero oler a cantina . . . Dame
un Jerez . --Y busqué un rincón del café para que no me molestaran .
A poco tornó Carmelo con lo pedido y tomó asiento frente a
mí .
-Y qué hay de nuevo? Buen negocio, verdad? . . .-interrogué .
-Buen negocio? . . . ¡Por la Madona! . . Sube el impuesto, baja
el sueldo e botan a la gente . . . La Cantina paga, ma arriba el Hotele
no . Tute el cuarto esta desocupato e tres o cuatro no pagan .
Recordé que iba a pagarle y le pedí el valor de mi cuenta .
--Ma usted no importa, señor Domingo, usted no importa .
-Ya lo sé ; pero ahora tengo dinero y te quiero pagar .
-Son nueve dólares nada más .
Le dí un billete de diez y se levantó para cambiar ; pero de la
Caja se dirigió a la Oficina, se sentó en el escritorio y comenzó
a escribir . Poco después regresó y me alargó un papel .
-Esto qué es? - inquirí
--Un recibo por la plata .
-No importaba-agregué-mientras quitaba con el papel, distraídamente, la ceniza del cigarrillo . Después, como llegaba el momento
solemne, me metí el recibo en el bolsillo y salí camino de la casa de
mi linda y generosa amiga, cantando aquello de
"Señores : no han visto
la paloma que se fue del palomar . . ."
Al llegar a la casa de mi dulce titibúa, ella, que me conoce en el
andar y que me respira en el viento, saltó a la escalera a recibirme
efusivamente, mientras vi flamear el ruedo de la falda de mi presunta
suegra, que hacía mutis por la puerta de la alcoba . Y en ese momento, y en nuestra soledad, casi se precipitan los acontecimientos . . .
Debo decirles que la mamá de mi paloma no gustaba -ni gusta
de mí, cosa corriente . Ninguna suegra gusta de primeras a nuevas del
intruso que quiere arrebatarle el fruto de sus entrañas, después de
criado, salvo el caso que el "moscón" tenga lo que vulgarme se
llama "mergolla" . Y como yo estoy limpio de pelotilla . . .
Cuando una de esas viejas que andan sin oficio recogiendo
chismes para cambiarlos de casa en casa, la informó de que Nena te260
nía amores conmigo y que nos veíamos en el " cinematógrafo", y
que la gente decía unas cosas . . . doña Matea se sulfuró, esperó que
llegara Nena y le echó una reprimenda ; pero Nena se encogió de
hombros por única respuesta . Y siguió yendo al "cinematógrafo"
La señora optó, después, por lo de siempre : decirle que yo era
un vago, un borracho y . . . ¡que tenía tres mujeres!
--Quién dice eso?- gritó Nena poniéndose de pies .
-No sé . . .Por ahí . . .La gente . . .
Nena se encogió de hombros, se sentó y . . .siguió yendo al "cinematógrafo" .
Y cuando la señora Matea vió que todo era inútil, un día le dijo
a Nena que para andar por las calles como una cualquiera y baílando
en la lengua de todo el mundo, mejor era que yo la visitara, porque
ella tenía casa . . . ¡Eso sí : no quería ni verme ni hablarme! Y cuando
Nena, muy apenada, me comunicó aquello, tuve que hacer esfuerzos
por no demostrar mi júbilo : la vieja se eliminaba voluntariamente y
nosotros quedábamos solos, solos, solos . . . Y aquella noche nos
regocijamos en nuestro rinconcito del balcón, lleno de enredaderas
cómplices y de flores deliciosamente instigadoras .
-Caramba, Domingo, sí que has tardado hoy -dijo oprimiéndome la
mano .
-Ya ves, hija : ocupado, ocupadísimo . ¡Esos aguaceros! .
-Aguaceros, no? . . .Aguaceros? . . .Mira Domingo, -dijo alterando la voz :- el día en que yo sepa que tienes una mujer, ese día . . .
-y los ojos de Nena, que es terriblemente celosa, relampaguearon
siniestramente en la sombra .
-No seas tonta, Nenita mía . Yo te quiero a ti solita, a mi gatita
-mientras le oprimía la pequeña mano perfumada . Y
bonita .
agregué : - Bueno, y lo prometido? . . .
--No, ya no : has venido tarde y eso quiere decir que no te
importa . . .
-No me mortifiques, Nena, no me mortifiques . . . Ve : ponme la
mano en el corazón para que veas el daño que me has hecho . -Mi
corazón, en efecto, palpitaba aceleradamente, porque Nena tenía
unos ojos tan lánguidos, tan prometedores, tan . . .
26 1
-Bueno, espérate . -Y me dijo ese "espérate" de un modo que
delataba bien claramente que ella no quería esperar más tampoco, y
le tomé una mano y se la acaricié blandamente, sin saber qué decir en
aquel momento de suprema felicidad . Y ella, maquinalmente, inconscientemente, se fue acercando y me ofreció la frente, los ojos y los
labios, mientras se llenaba toda en un hondo suspiro .
Retiró lentamente la hermosa cabeza e inquirió :
-Ahora estás satisfecho ya? . . .
-Si y no . . .
-Cómo si y no?
-Claro, porque . . .uno nada más?
-Y qué te has figurado tú, que de una vez? . . .
Y como soy muy tímido en estos trances, para ocultar mi
turbación saqué un cigarrillo y al sacarlo extraje también la figurita
que viene dentro de la cajetilla . Era nuestra catedral .
-Qué es eso? . . .- dijo ella, curiosa . - Muéstramela .
-Ni por nada en el mundo . Si usted quiere, señorita Nena, se la
cambio por un beso .
-Y usted cree que yo cambio besos por figuritas?
-Muéstramela, hombre ; no seas malo -dijo mimosamente .
- Dando y dando .
-Bueno ; tengamos la figurita los dos y dando y dando .
Y yo extendí la mano y ella me ofreció la boca, y fue un beso
largo porque Nena se olvidó de la figurita y yo también . . .
-Bueno . . .Ahora si estás contento?
-No, porque he tenido que darte una Catedral para que me
dieras un beso . Y nada menos que de la Época Colonial .
-Y no tienes más figuritas?
-Sí ; pero si tú tienes más besos .
-¡Malo!
--¡Corazón!
Y comenzó el canje, a beso por figurita, hasta que se me acabaron . Y conste que siempre tengo los bolsillos llenos de figuritas . Y
cuando le declaré que se había acabado, no me creyó y pidió una
requisa de mi bolsillo . Se me acercó, se echó deliciosamente sobre
mí, llenándome del tibio perfume de su cuerpo juvenil, introdujo la
mano en mi bolsillo y extrajo un papel . Lo vio, lo examinó, se puso
en pies y se dirigió a la luz . De pronto abrió los ojos iracundos,
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alzó los brazos y dió un grito .
-¡Bandido! . . . ¡Sinvergüenza! . . . ¡Infame, infame, infame! . . .
-Qué pasa, hija mía? . . .-saltó la vieja- Qué pasa? . . .
-¡Ay, mamacita, ay! . . .¡Este bandido me engañaba, me
engañaba! . . . ¡Y tiene una mujer! . . .
-¡Pero, oye, Nena, Nena mía! . . .
--¡Márchate, bandido, perro-gritó la vieja, que apareció con
una leña . -¡Márchate, márchate! . . .
Hice un quite a un manducazo que me tiró la vieja, cogí el
terrible papel, causante de la tragedia y alcancé la escalera .
-i Canalla, bandido, perro! . . .
-¡Tírame mi sombrero! . . .- gritaba yo, mientras la gente
llegaba al ruido . Un policía me preguntó qué pasaba .
-Suba allí : una vieja que se ha emborrachado y está medio
loca -y aproveché el momento y cogí el tranvía que pasaba .
Ya lejos de todo peligro, instalado en un reservado y temblando
todavía de emoción, saqué el trágico papel, para averiguar qué
decía : ¡Por Cristo e por la Madona! El bueno de Carmelo Guaragna
me había extendido el recibo de mi cuenta en un talón de alquiler de
cuarto de su hotel y lo que mi "dulce encanto" había leído era lo
siguiente :
"Recibí del señor Domingo la suma de dieciocho pesos, por el
alquiler de un cuarto de mi propiedad" .
Qué tal agua fiestas este Carmelo, eh? . . . ¡Porque la paloma
voló! . . .
NOTA BIBLIOGRAFICA :- La Paloma que Voló, firmado con el seudónimo de julio de
Santodomingo y fechado en julio de 1929, aparecía por primera vez en El Mosquito, semanrioplítc,dgioprelmsMióydtaoenlImprtaEHeldo,Añ1
número 1, correspondiente al sábado, 10 de agosto de 1929 .
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