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EL EMPRENDEDOR y LA EMPRESA

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EL EMPRENDEDOR y LA EMPRESA
El emprendedor y la empresa
Por Julio César Morales Cruz (QEPD)
Alejandro Zacarías ‹‹‹ Casa que rueda
Introducción
Durante las últimas décadas la operación de micro y pequeñas empresas en un país o una región ha
sido un tema que ha ganado relevancia debido a su aportación a la dinámica de la economía, en términos de empleo y de producto (Busenitz, Gómez y Spencer, 2000). Por ello, el proceso de creación
de empresas, definida con el término emprendimiento (Entrepreneurship), se reconoce como el motor que impulsa la innovación y genera el desarrollo económico (Busenitz, Gómez y Spencer, 2000).
Como tema de estudio el emprendimiento se ha abordado de una forma general como el proceso
por medio del cual se da inicio y se desarrollan empresas pequeñas y medianas. Por otra parte y
desde una perspectiva particular se observa como la fundación y el crecimiento de las empresas que
generan nuevos productos para los mercados. En ambos casos el argumento principal tras estos
enfoques es que la operación de las empresas es el factor que promueve el crecimiento económico
(Busenitz, Gómez y Spencer, 2000). En el primer caso por la formación de nuevas empresas y en el
segundo además por la innovación que genera. Ambos argumentos han servido para que varios países hayan implementado programas dirigidos a apoyar este proceso de emprendimiento, entre los
programas más consolidados se encuentran los de Gran Bretaña, Francia, Bélgica y Holanda (Evans
y Leighton, 1989).
Con base en estos argumentos resulta evidente la importancia que tiene el análisis del papel y las
características que posee el individuo que inicia una empresa o bien que inicia una nueva forma de
disponer de los recursos a su alcance y que se conoce como emprendedor. Por ello el objetivo de
este documento es avanzar en la discusión acerca de las características que, en la literatura se han
identificado, posee un emprendedor y las implicaciones que esto tiene para los programas de emprendimiento.
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El emprendedor
En general, un emprendedor es caracterizado como
el individuo que inicia una empresa y aun cuando la
abandone pronto es responsable por el concepto
básico del producto, por contratar al equipo inicial
y por obtener al menos algún financiamiento inicial
(Lazear, 2002).
Si bien esta caracterización es útil y ampliamente
aceptada, se debe señalar que un emprendedor no
sólo es quien inicia una empresa sino también quien
genera una nueva forma de desplegar los recursos.
Por ello y para los fines de este trabajo debemos
distinguir dos tipos de emprendimiento, entendido
como la actividad del emprendedor, el Emprendimiento Individual que está asociado a la creación
de nuevas empresas y el Emprendimiento Corporativo el cual se da hacia el interior de las empresas
(Stopford, y Baden-Fuller, 1994).
El origen del interés en el emprendedor, como sujeto de estudio, se relaciona con la respuesta a una
pregunta importante en la ciencia económica: ¿cuál
es origen de la empresa? Existen varios planteamientos para responder a esta pregunta; por ejemplo, Ronald Coase (1937) argumenta que en ocasiones el mercado no es la solución más efectiva para
producir un bien o servicio.
El sistema de precios no es la única forma de asignar los recursos necesarios para producir un bien
o servicio. De hecho, establece que existen dos
mecanismos de asignación de recursos: a través
del sistema de precios y a través de un emprendedor. Ambos mecanismos poseen dos características
importantes: integran y coordinan los procesos de
creación de valor (Coase, 1937).
Para sustituir los mecanismos de mercado, la actividad del emprendedor es dirigir y coordinar las actividades de los propietarios de los recursos, que dan
origen a un bien o servicio, este hecho es el que da
origen a una organización. Lo anterior implica que
la empresa, como organización, no es propietaria
de los recursos que despliega y carece de poder y
autoridad para asignarlos. En este sentido, un emprendedor está continuamente involucrado en la
renegociación de contratos con los propietarios de
los recursos, en términos aceptables para las partes
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involucradas y que le permiten hacer uso de dichos
recursos (Alchian y Demsetz, 1972:777).
Esta renegociación involucra un conjunto de derechos los cuales están ligados con frecuencia a un
bien físico o un servicio, y es el valor de estos derechos el que determina el valor de lo que es intercambiado (Demsetz, 1967). De esta manera existen
dos condiciones necesarias para la emergencia de
la empresa: 1) es posible incrementar la productividad a través de la orientación de la producción en
equipo; 2) es económico estimar la productividad
marginal observando o especificando el comportamiento del insumo.
Una organización es un medio de lograr beneficios
de una acción colectiva en situaciones en las cuales
el sistema de precios falla. Por lo tanto los propietarios de recursos incrementan su productividad a
través de la especialización cooperativa, es decir, de
la implementación de mecanismos que permiten la
coordinación entre los propietarios de los recursos
(Alchian y Demsetz, 1972: 777).
Además, el desarrollo de estos mecanismos en las
organizaciones les proporcionan algunas capacidades particulares para crear y compartir conocimientos, lo cual les dan una ventaja distintiva sobre otras
estructuras institucionales tales como los mercados
(Naphiet y Ghosal, 1998).
Se puede argumentar que una empresa tiene su
origen a partir de la acción del emprendedor que
coordina la actividad de los propietarios de los recursos para producir un bien o servicio. Debido a
esta implicación y a los efectos que la creación de
empresas tiene en una economía es relevante el papel de un emprendedor en la actividad económica.
Distintas disciplinas han definido el término Emprendedor e incluso se identifican varios tipos de
Emprendedores; sin embargo, se ha llegado a reconocer que hay elementos semejantes en todas estas
definiciones y por lo tanto en las clasificaciones de
los tipos de emprendedores. Estas semejanzas son:
la capacidad de innovación que se requiere para
realizar cambios en los patrones de empleo de los
recursos, y la creación de nuevas capacidades que
brindan nuevas oportunidades para posicionarse en
los mercados (Stopford y Baden-Fuller, 1994). Po-
demos definir emprendedor como el individuo con
la capacidad de innovación y de creación de nuevas
capacidades que le permiten realizar cambios en los
patrones de empleo de recursos y encontrar nuevas
oportunidades para posicionarse en los mercados,
además de poseer las habilidades que le permitan
combinar talentos y dirigir a otros.
Con base en esta definición se pueden identificar
un conjunto de cinco atributos comunes en todos
estos tipos de emprendimiento: proactividad; aspiraciones superiores a los recursos actuales, orientación al trabajo en equipo, habilidad para resolver
dilemas y capacidad para el aprendizaje (Stopford y
Baden-Fuller, 1994).
Si bien la actividad del emprendedor se ha analizado con más detalle en términos de la creación de
nuevas empresas, existe también lo que se denomina el Emprendedor corporativo el cual puede ser
de tres tipos: el primero está asociado a la creación
de nuevos negocios dentro de una organización ya
existente; el segundo se refiere a la transformación
o la renovación de una organización ya existente.
El tercero es cuando la empresa cambia las reglas
de competencia imperantes en una industria en la
forma como lo ha sugerido Schumpeter (1934) (Stopford y Baden-Fuller, 1994). A partir de esta diferenciación es conveniente analizar en que casos pueden presentarse estos dos tipos de emprendedor,
el individual y el corporativo.
Autoempleado y emprendedor
Es ampliamente aceptado que todo emprendedor
es un autoempleado, es decir, genera su propio empleo; sin embargo, no todos los autoempleados son
emprendedores, la razón para argumentar esto es
que, de acuerdo con la definición que se ha establecido en los párrafos anteriores, un emprendedor
debe poseer las habilidades para dirigir a otros, es
decir, debe establecer los mecanismos de coordinación entre los diferentes propietarios de los recursos
que permiten la producción de un bien o servicio.
Los autoempleados que trabajan solos no pueden
ser considerados emprendedores; un empresario
difiere de un autoempleado ya que este último no
tiene otros empleados ni la combinación de habilidades que tiene el primero (Lazear, 2002).
¿Cuáles son las consideraciones que pueden llevar
a un individuo al autoempleo y a ser emprendedor?
Un argumento que explica esta situación es que las
personas que cambian del trabajo asalariado al autoempleo tienden a ser aquellos con bajos salarios,
desempleados y quienes han cambiado con frecuencia de trabajo (Evans y Leighton, 1989). Este
argumento señala que el autoempleado es un individuo que no ha sido exitoso en sus empleos anteriores, lo cual le obliga a buscar su propia fuente de
ingresos.
Lo anterior puede ser explicado en términos de las
características del emprendedor ya que, como lo
hemos mencionado, debe poseer la habilidad para
lograr la coordinación de los propietarios de los recursos. Esta habilidad implica que debe poseer un
conocimiento general del conjunto de actividades
que deben realizarse al interior de la organización
lo cual marca una diferencia con aquellos individuos
que serán empleados en una organización debido
al conocimiento que tienen de una función específica de la empresa; es decir, el emprendedor es
un individuo con habilidades balaceadas en distintas áreas, no un especialista que domina en particular un tema, además cuando estudiantes logran
calificaciones más uniformes en todas las áreas que
aquellos que son especialistas y trabajan para otros
(Lazear, 2002).
También puede ser que un empresario difiera de
un especialista ya que tiene una desventaja comparativa en una habilidad determinada, pero tiene
un mejor balance de talentos que abarcan una gran
variedad de habilidades (Lazear, 2002).
Aunado a este conocimiento de varias áreas se ha
documentado como un elemento importante la
influencia de los padres en las actividades de auto-empleo y emprendimiento de los hijos (Dunn y
Holtz-Eakin, 1996). Si bien se ha documentado que
existen restricciones de liquidez para ingresar al autoempleo y al emprendimiento (Evans y Leighton,
1989), estos estudios no presentan pruebas concluyentes. Por otra parte, hay más evidencias en términos del efecto positivo que tiene la transmisión de
activos financieros y de experiencias en el mercado
de trabajo de padres a hijos en el proceso de generar emprendedores.
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El mayor efecto es sobre todo en la transmisión intergeneracional de las habilidades, que incluyen un
mayor locus de control interno (Evans y Leighton,
1989), y que le permiten a un individuo convertirse en emprendedor a este conjunto de habilidades
se le conoce como capital humano o como capital
social (Dunn y Holtz-Eakin, 1996; Baron y Markman,
2000).
El emprendedor y el sistema educativo
Con base en la definición que hemos señalado de
emprendedor y a las características que a partir de
esta definición se han mencionado, podemos argumentar que el sistema educativo influye para desarrollar algunas de las habilidades necesarias para el
emprendedor. Puesto que el emprendimiento es un
fenómeno multidimensional, esta intervención del
sistema educativo no asegura el éxito de un emprendedor.
Un elemento importante en la adecuación del sistema educativo es la posibilidad de trazar los antecedentes familiares del futuro emprendedor, esto
dada la importancia que tiene la historia familiar en
las actividades futuras del individuo. En términos
de los programas de estudio, es necesario avanzar
en áreas que fomenten el desarrollo de la proactividad y el trabajo en equipo. Además debe limitarse,
siempre en la medida de lo posible la especialización curricular, y fomentarse el balance en el dominio de las áreas de conocimiento fundamentales en
la operación de la empresa.
Con base en lo anterior se pueden delinear algunas
características que debe tener un sistema educativo
que pretenda fomentar el desarrollo de emprendedores: un diseño curricular lo suficientemente flexible que permita el balance en los conocimientos de
las áreas de la empresa, que permita el desarrollo
de la creatividad, la proactividad y el trabajo en
equipo, pero fundamentalmente que pueda identificar y darle seguimiento a la historia familiar, ya que
como han demostrado Dunn y Holtz-Eakin (1996)
es un elemento fundamental en el desarrollo de un
emprendedor.
El emprendedor corporativo
El cada vez más intenso ambiente competitivo que
enfrentan las empresas les ha llevado a buscar so-
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luciones que les permitan aumentar su competitividad o bien propiciar su entrada a nuevos mercados.
Una de estas soluciones es la creación de organizaciones ambidiestras (ambidextrous) (Henderson y
Kaplan, 2005).
Para el desarrollo de este tipo de empresas se emplean unidades cuyo objetivo es la entrada a un nuevo mercado, el lanzamiento de un nuevo producto o
la mejora de un proceso y que son independientes
de la organización original. Algunas de las razones
para la creación de estas unidades es eliminar los
problemas de inercia y motivar la respuesta rápida.
(Henderson y Kaplan, 2005). Es en la formación de
estas unidades donde es útil para las organizaciones
identificar emprendedores ya que son ellos quienes
pueden llevar, con mayores probabilidades de éxito
estos proyectos.
Hay tres tipos de emprendimiento corporativo: El
primero es la creación de nuevos negocios dentro
de una organización ya existente, el segundo está
asociado con la transformación y la renovación de
las organizaciones, y el tercero requiere la transformación de la organización y también del ambiente
competitivo de la industria en la que encuentra la
organización en algo diferente a lo que es ahora
(Stopford y Baden-Fuller, 1994).
Estos tipos de emprendimiento comparten un conjunto de características que son: orientación a trabajar en equipo, tener aspiraciones superiores a los
recursos con los que se cuentan, proactividad, capacidad de aprendizaje y capacidad para resolver
dilemas (Stopford y Baden-Fuller, 1994).
Identificar estas características en los individuos a
cargo de proyectos cuyo objetivo es generar una
unidad que permita una empresa ambidiestra le daría mayor probabilidad de éxito a la unidad recién
creada y por lo tanto una ventaja a la organización.
A manera de conclusión
Si bien para el crecimiento de la economía el papel
del emprendedor es importante, es necesario avanzar no sólo en la adecuación del sistema educativo
sino también en el marco regulatorio e institucional,
el cual merece un trabajo por sí solo. Además es importante considerar la importancia de los empren-
dedores corporativos. Las empresas deben ajustar
sus mecanismos de operación para permitir que estos emprendedores puedan llevar a cabo proyectos
que le beneficien. Para ello, es necesaria la revisión
de los sistemas de incentivos.
La creación de unidades de emprendimiento en las
empresas puede provocar la ruptura de los marcos
institucionales en los que opera la empresa, principalmente aquellos que proporcionan recompensas
por las actividades realizadas (Henderson y Kaplan,
2005). La creación de estas unidades al interior de
una organización debe principiar por una revisión
de las formas de operar de toda la organización en
general y de los sistemas de incentivos en particular. Como lo han demostrado Henderson y Kaplan
(2005) los sistemas de incentivos están imbricados
en el conocimiento de “las actividades que se recompensan” y lo que se “debe hacer”; es decir, un
marco institucional que valida el comportamiento
organizacional. Es importante que para aprovechar
en todo su potencial la presencia de emprendedores corporativos las organizaciones necesitan primero analizar la lógica del sistema de incentivos en
particular y de la organización en general, con la
finalidad de generar coherencia en sus actividades.
Como elemento final de esta reflexión debemos señalar que es necesario un análisis más profundo de
los motivos que llevan a una persona a convertirse
en empresario y del efecto que el sistema educativo
tiene en esta vocación.
Referencias
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