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Confesión de un ministro eucarístico

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Confesión de un ministro eucarístico
Confesión de un ministro eucarístico
Un antiguo ministro eucarístico, por la gracia de Dios, se arrepiente de su participación en el
acto sacrílego de dar la Comunión en la mano. Él nos da aquí un testimonio personal para
hablar de este tema, y con el Centro de Fátima, afirmar que dar la Comunión en la mano es
una falta total de respeto a Dios Hijo, y un acto sacrílego. El escritor pide perdón por su
pecado y el levantamiento de la excomunión. Publicamos aquí extractos de su investigación y
hallazgos.
Por Charles St. George
Carta a Su Santidad, el Papa
Juan Pablo II
Yo, Charles Andre St. George, me acuso de cometer y participar en lamentables y
numerosos ultrajes contra el Santísimo Sacramento desde más o menos 1980 a 1991. Por
favor, escuche mi súplica y conceda mi pedido.
Primero, he sabido apenas recientemente por el Catecismo Romano, página 233
“que en este Sacramento están contenidos no sólo el verdadero Cuerpo de Cristo y todos los
constituyentes de un verdadero cuerpo, tales como huesos y nervios, pero también Cristo,
todo e íntegro” y más que eso, página 239 “el Cuerpo de Nuestro Señor está contenido todo
e íntegro en la menor partícula de pan”.
Segundo, y también he sabido apenas recientemente que de acuerdo a The Catholic
Concise Encyclopedia, página 153, “La Excomunión es impuesta de acuerdo a la reserva
como sigue:
(a) “Actos reservados a la Santa Sede de manera muy especial: arrojar, tomar o
retener con malos propósitos las especies consagradas”.
Confieso que arrojé o causé que fueran arrojadas aproximadamente 60.000 hostias
consagradas desde 1980 a 1991 y que causé que esas hostias fueran pisadas repetidamente
con los pies o de otra manera profanadas. Estos graves pecados no fueron motivados por
odio formal a Dios, sino por un motivo más banal – estaba indiferente. Esto es lo que
hice: fui un Ministro Extraordinario de la Eucaristía y a menudo también recibí a Nuestro
Señor en la mano, en lugar de recibirlo en la lengua. Como muchos comulgantes quisieron
recibirlo en la mano, ponía suavemente la hostia en sus palmas. Como está probado en mi
análisis científico adjunto, realizado con mi joven hijo Joseph…
Cuando uno recibe la Comunión en la mano, hay, en promedio, unas cuatro Partículas
visibles, separadas de esa misma hostia.
Por esta observación, compré en Catholic Supply of St. Louis, Missouri, hostias
publicitadas como: “Nos complacemos en ofrecer, de manera especial el mejor pan de altar.
Todos nuestros panes han sido cuidadosamente moldeados con caras selladas que impiden
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http://www.fatima.org/span/crusader/cr83/cr83pg8.pdf
Partículas”. Usamos “lo mejor” y el resultado obtenido fue un promedio de 3.68 Partículas
por Comunión.
Creo haber distribuido tal vez 15.000 Hostias a los comulgantes. Es razonable
asumir que eso generó unas 60.000 visibles, aunque en pequeñas Partículas. Cuando yo
recibía la Comunión en la mano, observaba la palma y a menudo encontraba uno o dos, o
aun más, fragmentos de las Sagradas Especies. Si bien trataba de consumirlas
inmediatamente tomándolas con la punta de mi dedo índice derecho. Estoy convencido que
no todas las Partículas fueran siempre consumidas con seguridad. Como Ministro
Eucarístico, de muchos miles de Hostias colocadas en las palmas, ni una vez observé a
nadie más examinar su palma o la punta de sus dedos para ver si había allí alguna Partícula
restante.
Así, ¿qué pasó con estas 60.000 Partículas conteniendo a Nuestro Señor y Dios de
las cuales tengo responsabilidad? Muy simplemente, estas serían eventualmente soltadas de
las palmas y de la punta de los dedos de estos comulgantes cuando cambiaban de posición
para cerrar las manos y las Partículas caerían al suelo, o serían cepilladas de las ropas y
descartadas, o seguirían camino a un destino desconocido. Se puede asumir que la mayor
parte de las Partículas cayeron al piso mientras el comulgante estaba en la iglesia. ¡La
doctrina señalada arriba afirma que estas Partículas contienen la plenitud de Jesús Nuestro
Dios tal como seguramente está en la hostia grande que el sacerdote consagra para su
propia comunión!
Igual que yo, ¡cualquier católico que ha ido a Misa a una iglesia donde dan la
Comunión en la mano encuentra un verdadero campo minado donde repetidamente,
inconscientemente, ha puesto sus pies sobre la Santa Faz del mismo Jesucristo!
El pensamiento de esto ahora me HORRORIZA. Algunos, yo mismo incluido, no
nos preocupamos por saber lo que estaban haciendo. Sin embargo, ¿no se aleja Nuestro
Señor mismo lleno de angustia, de los que hacen estas cosas sin cuidado? ¿Qué pensaría la
Santísima Virgen de este tratamiento dado a su Hijo Crucificado?
No por mí, sino por el amor que usted ofrece a la Virgen Madre de Dios, ruego a Su
Santidad dos cosas: por favor, levánteme esta excomunión muy especialmente reservada y
perdóneme estos muy graves pecados cometidos, aun con indiferencia, contra la misma
Persona de Nuestro Señor.
Estudio de las Partículas del 17 de abril de 2002,
Fiesta de San Aniceto
Joseph, mi hijo adolescente, fue mi ayudante en este estudio, actuando la parte de
comulgante mientras yo actué la de Ministro Eucarístico. Para el propósito de esta prueba,
compré en Catholic Supply of St. Louis, Missouri, una caja con 1000 hostias de 1-1/8
pulgadas de diámetro, producto nº 57212, publicitadas en su sitio web como sigue: “Nos
complacemos en ofrecer, de manera especial el mejor pan de altar. Todos nuestros panes
han sido cuidadosamente moldeados con caras selladas que impiden Partículas”. La
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http://www.fatima.org/span/crusader/cr83/cr83pg8.pdf
cuestionada veracidad de esta conclusión crítica, creída ingenuamente por muchos, es una
razón por qué decidí hacer esta prueba.
Para este efecto, Joseph y yo, preparados muy cuidadosamente, lavamos nuestras
manos y dedos y los secamos con toallas sin pelusa. Luego examinamos la punta de
nuestros dedos y la palma de la mano de Joseph que haría contacto con la hostia, para
asegurarnos que no contenía ninguna materia extraña que pudiera ser confundida con una
partícula de pan. Determiné que deberíamos buscar partículas después de todas y cada
‘comunión’ individualmente en tres áreas – la punta de mis dedos, y la palma de la mano y
la punta de los dedos de Joseph. Luego determiné que contaríamos los resultados de 25
‘comuniones’ y registrar cuantas partículas se encontraban y donde. Contaríamos sólo las
partículas visibles al ojo sin ayuda de una lupa que ambos pudimos observar.
El contenido de un paquete de hostias fue cuidadosamente vaciado en una pequeña
copa de plástico. Recordando mi entrenamiento como Ministro Eucarístico (pueda Dios
perdonarme), tomaba cuidadosamente una hostia entre mi dedo índice derecho y el pulgar y
la colocaba en la palma derecha de Joseph con apenas suficiente firmeza para asegurar la
transferencia. Joseph comentó que los Ministros Eucarísticos en las Misas a las que él
asistía eran menos cuidadosos al colocar la hostia en su mano. Él luego tomaba la hostia
entre su dedo índice derecho y el pulgar y la colocaba en su lengua, sin que los dedos
tocaran la lengua. Joseph luego cerraba su dedo índice derecho contra el pulgar y sostenía
su palma hacia arriba mientras ambos inspeccionábamos: primero mi dedo índice derecho,
luego mi pulgar derecho, luego su palma izquierda, luego su dedo índice derecho, y
finalmente su pulgar derecho por cualquier partícula de pan separada de la hostia y adherida
a nosotros como resultado de esta múltiple manipulación y contacto. Con cuidado
removimos cualquier partícula (antes de la siguiente ‘comunión’) con la hoja de un cuchillo
afilado para asegurarnos de no contar ninguna partícula dos veces.
¿Cuál fue el resultado de nuestros hallazgos? ¿Hubo partículas de hostias
fracturadas de esas 25, sacadas una por una de un vaso y puestas en la palma de la mano de
Joseph y tomadas de su mano y llevadas a la boca? Ambos quedamos perturbados por la
gran cantidad de partículas:
De 25 “comuniones”, encontramos un total de 92 partículas individuales visibles sin
ayuda de una lupa, con un promedio de 3.68 partículas por “comunión”.
Como surgió de la información estadística (ver más abajo), contamos 27 partículas
en la punta de mis dedos, 47 partículas en la palma de Joseph y otras 18 partículas en la
punta de los dedos de Joseph. Es de esperar que esta prueba sirva al honor de Nuestro
Señor y ayude a aquellos que aún se preocupan por El.
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http://www.fatima.org/span/crusader/cr83/cr83pg8.pdf
Estudio de las partículas
Ese día emprendimos una breve prueba científica para verificar con certeza
cuantas, si había alguna, Partículas consagradas de las Sagradas Especies que
habitualmente se desprenden de las Hostias, y consecuentemente son
arrojadas, profanadas y abusadas específicamente como consecuencia de la
práctica de la Comunión en la mano en la Iglesia católica de hoy.
USTED, lector de esta carta, está llamado, por lo tanto, a hacer todo cuanto esté a su
alcance para poner fin a este gran mal que presume tratar al mismo Dios de la manera más
degradante. Dios no acogerá en las Puertas del Cielo a aquellos que arrojan y pisotean su
propia Persona. Se envía esta advertencia para que usted NO TENGA EXCUSAS en el
Juicio. Un emperador japonés, que condenó a muerte a verdaderos católicos hace centurias,
les ofreció la posibilidad de renunciar a la Fe y salvar sus pellejos. Todo lo que ellos
tuvieron que hacer para renunciar a su Fe y negar a Cristo era pisar una cruz colocada en la
tierra y podrían ser libres. Ni siquiera ese emperador fue tan demoníaco y malvado como
para tentar a estos mártires a pisar una Hostia consagrada – el mismo Dios Altísimo –; pero
la mayoría de los Obispos católicos están ahora ordenándonos de facto hacer esa misma
cosa y que eso se repita cada vez que uno entra a una de esas execrables iglesias.
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http://www.fatima.org/span/crusader/cr83/cr83pg8.pdf
Cualquiera que entre en una iglesia donde haya sido dada la Comunión en la mano
sin que tales manos ser purificadas respetuosamente de estas Partículas de Dios, entra en un
verdadero campo minado de estas “mínimas Partículas” esparcidas a lo largo del suelo
donde ellos, con certeza moral, están moliendo con sus talones la Santa Faz de Jesús. Que
usted no lo vea ahora en los suelos de esas iglesias es perfectamente comprensible – si su
corazón no está lleno de un total amor abrasador de Dios y de devoción a Su Santa Madre,
como magníficamente lo explicó San Luis María Grignion de Montfort en el Tratado de la
Verdadera devoción a la Santísima Virgen. Jesús se ve Él mismo en esos suelos mil veces,
¡tal como seguramente Él ve los pecados de usted cometidos todas las veces que usted
creyó que Él no lo vio! Si usted no lo ve allí es porque usted no desea verlo, y aquellos que
no desean verlo tendrán ese deseo otorgado irrevocablemente para toda la eternidad. Amen.
Amen.
Quiera la Virgen Santísima Madre de Dios sea siempre misericordiosa con quienes
pelean contra este ultraje contra Su Hijo Crucificado, pero quiera Su talón aplastar las
cabezas réprobas de los que ríen con satanás cuando Su Hijo Divino es abusado con tal
desprecio tan vil.
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http://www.fatima.org/span/crusader/cr83/cr83pg8.pdf
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