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Ibas corriendo a la deriva

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Ibas corriendo a la deriva
Ibas corriendo a la deriva
Montevideo es más violento que San Pablo o Buenos Aires. Hay más asesinatos
cada 100.000 habitantes en Uruguay que en Brasil o Estados Unidos. Hubo más
asesinatos en todo el país en el primer semestre de 2013, que en Nueva York con
sus 8 millones de personas. De 2.500 rapiñas en 1990, se pasó a más de 6.000
denunciadas, solo en Montevideo, y solo en el primer semestre de 2013. Al menos
un joven menor de 30 años es asesinado todas las semanas en barrios periféricos
de Montevideo en lo que se ha dado en llamar "ajustes de cuentas".
Los resultados del censo de 1996 mostraron que del total de la población menor a
14 años, un 47,5% sufría al menos una carencia crítica para su desarrollo vital. Los
resultados de 2011 muestran que esa proporción se mantuvo: 44,3% del total. La
población menor a 6 años bajo la línea de pobreza ha sido, siempre, superior al
promedio: en 1986, 63%; en 1994, 30%; en 2005, 54%; en 2011, cuando la
población total bajo la línea de pobreza fue 13,7%, la proporción en la población de
niños menores de 6 años fue casi el doble: uno de cada cuatro pobres (26,1%).
En los resultados de las pruebas PISA 2009, siete de cada diez estudiantes de
contextos socioculturales desfavorables no llegó al umbral de competencia en la
prueba de lectura. En los casos de los de contexto muy favorable, fueron solo 8 de
cada 100. De forma general, esa prueba mostró que 4 de cada 10 estudiantes de
15 años no cuentan con las habilidades necesarias para insertarse en el mercado
laboral en forma eficiente. Los resultados fueron similares a los de las pruebas
PISA de 2003 y de 2006.
Hoy hay más de 10.000 presos. La mayoría son menores de 30 años. Se sabe,
vivimos una emergencia carcelaria por las condiciones infrahumanas de
hacinamiento: faltan al menos 1.500 plazas para que cada preso tenga su lugar. Si
se tuviera la proporción de encarcelamiento que tienen Argentina o Brasil,
debiéramos de tener entre 6.500 y 7.000 presos. Casi nadie sale recuperado. Más
de la mitad del total, incluso, son reincidentes. La ley de humanización de cárceles
de la administración Vázquez liberó a más de 800 presos; de ellos, más de 300
reincidieron.
Todos estos son datos de la realidad. Nuestra bonanza se sostuvo por precios
internacionales de nuestros productos de exportación que, en estos meses ya,
están bajando. Al final de estos años excepcionales, los gruesos trazos de
exclusión social, geográfica y cultural de las nuevas generaciones, se mantuvieron.
La barra se acomodó en el Estado; los salarios mejoraron. Pero nada estructural
emprendimos, con decisión, para cambiar la cruda realidad de los más pobres de
la sociedad.
Petisos, soberbios en la comparación latinoamericana, creímos que las mejoras
habrían de ir llegando porque el nosotros frenteamplista, como un dios bueno,
desde su superioridad moral, las iría desparramando, con el cansino paso del
funcionario público, y protegido por el muro de yerba del discurso
autocomplaciente izquierdista que nos impide entender hacia dónde va el mundo.
Ya estamos socialmente fracturados. Ya somos irreconocibles, enhebrados por el
odio al diferente y forjados por el miedo cotidiano. Pero en vez de cambiar,
seguimos mayoritariamente aferrados a este gobierno malo y conocido, porque los
anteojos de Galeano nos impiden siquiera prestar atención a lo no-frenteamplista.
Seguiremos pues, corriendo a la deriva.
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