...

LOS PUEBLOS INDIOS EN MÉXICO EN EL SIGLO XIX

by user

on
Category: Documents
4

views

Report

Comments

Transcript

LOS PUEBLOS INDIOS EN MÉXICO EN EL SIGLO XIX
231
DICCIONARIO TEMÁTICO CIESAS
L OS
PUEBLOS INDIOS EN
M ÉXICO
EN EL SIGLO XIX
En las últimas décadas del siglo XX se han incrementado los estudios en torno
al papel de los pueblos indios en la conformación del Estado-nación mexicano, así como la idea de un nacionalismo sustentado y recreado a partir de las
propuestas de los grupos de poder locales, regionales y nacionales. De esta
manera, cuando México logró obtener la independencia política de España,
los hombres públicos se enfrentaron a un territorio sin una clara delimitación, así como a una población dispersa en ciudades, haciendas, ranchos,
pueblos indios, barrios, etcétera, y que además contaban con características
lingüísticas y culturales diversas que se acentuaron durante el período colonial, es decir, existían muchos Méxicos, como se puede leer en distintas obras
escritas sobre el siglo XIX por quien suscribe esto (39-1, 39-2, 39-4, 39-11,
39-12).
Sin embargo, los hombres públicos de dicho siglo no partieron de la nada,
se respaldaron en la legislación construida durante el período colonial por la
corona española y en la constitución de gaditana de 1812; ésta contenía importantes ideas liberales, que en mucho, en combinación con la influencia
estadounidense y francesa, influyeron en el pensamiento y la acción de los
gobiernos postindependentistas. De esta manera, en el México independiente se retomó mucho de la discusión en torno a la igualdad jurídica de todos
los nacidos en el “nuevo” país. La igualdad no implicaba solamente que de un
plumazo se realizara “tabla rasa del pasado” y que las estructuras socioétnicas
construidas durante casi 300 años de dominio español desaparecieran a través
de la palabra escrita y de los discursos de los primeros diputados. Considerar
a la población en términos igualitarios permitía tomar mucho del discurso
criollo colonial e insurgente en torno a lo que implicaba hablar de una nación, en el sentido de contar con una población homogénea en varios aspectos (racial, cultural, ideológico, etc.); de esta manera la igualación permitiría
DICCIONARIO TEMÁTICO CIESAS
232
ir demoliendo de manera paulatina el edificio colonial. Sin los llamados privilegios coloniales de un sector de la población se tendrían las suficientes
herramientas para tener acceso a mejores escalones dentro de una sociedad
que se pensaba más en términos de clases sociales que en estratos.
Retomar parte del espíritu gaditano no solamente implicaría la construcción de la idea de nación, sino también igualar a la población en términos
fiscales; quizá fue en este aspecto donde la soñada igualdad se plasmó en una
realidad mucho más compleja que la que pensaban los propios grupos de
poder nacional. El que todo mayor de 18 años, sin importar origen étnico,
participara en el fortalecimiento de las arcas gubernamentales muestra hasta
qué punto se consideraba a la población como un elemento que fortalecería al
Estado en formación durante el siglo XIX.
La igualdad jurídica y la fiscal no podrían ser comprendidas si no se considera uno de los legados más importantes de la constitución gaditana: la ciudadanía, la cual no solamente otorgaba la capacidad de votar y ser votado,
sino el observar que es el individuo, en muchos casos como cabeza de familia,
quien dará el sustento a la sociedad política y por ende al Estado. Pero si la
igualdad dio por resultado la ciudadanía, también habría que reparar en que
ambas se dan en término de los individuos y no de las corporaciones, aun
cuando seguimos observando, durante gran parte del siglo XIX, la existencia
de relaciones contractuales y corporativas. De esta manera, siendo uno de los
objetivos del liberalismo el papel del individuo en la sociedad, era necesario,
desde la perspectiva de los hombres públicos, que al considerar al indígena
igual a los demás en términos económicos, políticos y sociales, se le tendría
que dotar de propiedad privada, en términos de que los ciudadanos debían
ser propietarios “privados” y que las corporaciones dejaban de ser el sustento
social y político (aun cuando se crearon algunas y se fortalecieron otras, por
ejemplo, el ejército, los ayuntamientos, la Iglesia y los gremios, entre otros).
Con base en lo anterior, la igualdad y la ciudadanía llevaban en sí mismas
la paulatina desaparición de los pueblos indios, no solamente en el sentido de
su particularidad histórica y cultural, sino también en torno a las institucio-
233
DICCIONARIO TEMÁTICO CIESAS
nes apropiadas durante el período colonial y los bienes materiales que fueron
atesorando a través de los siglos, a través de las cofradías, las mayordomías, las
cajas y los bienes de comunidad.
Sin duda, los intentos de división y repartición de bienes comunales que se
plasman en las diversas legislaciones estatales desde el principio de la vida
independiente y que se concretan en la nación con la ley del 25 de junio de
1856 en mucho pretendían poner en circulación la fuerza de trabajo y que las
propiedades de los pueblos indios ingresaran a un mercado de tierras.
Sin embargo, aun cuando lo anterior parecería presentar un visión donde
los indígenas parecen haber mantenido una posición pasiva, en sí fueron bastante activos, no solamente a través de las rebeliones que se dieron en casi
toda la república desde la década de los treinta (muchas de las cuales se han
considerado resultado de la pérdida de tierras, sea por la expansión de propiedades privadas o por las leyes de repartición), sino también a través de los
pleitos legales, los amparos, la compras de tierrasy las invasiones o mediante
formas alternativas como el condueñazgo.
En la discusión y análisis historiográfico ha corrido mucha tinta en torno a
las propiedades colectivas de los pueblos indígenas, si muchos de ellos ocultaron las tierras seculares como propiedad de los santos o vicerversa. Sin embargo, poco se ha visto la manera en que la desamortización de terrenos comunales
se vio plasmada en la realidad de muchos de los pueblos; lo que parece haber
sucedido, es que muchas tierras habían sido ya apropiadas de manera legal o
ilegal desde antes de la ley de 1856. Sin embargo, el Imperio de Maximiliano,
que si bien reconoció en toda su extensión la ley desamortizadora, creó instancias intermediadoras con el fin de defender los derechos territoriales de los
pueblos, como fue el caso de la Junta Protectora de las Clases Menesterosas.
Si bien la modificación del artículo 27 constitucional en 1992 le dio un
nuevo impulso a los estudios sobre “lo agrario”, donde el objetivo central es
observar hasta qué punto los pueblos serían afectados por esta nueva legislación, es importante considerar que no se ha cuestionado y analizado totalmente los cambios que están teniendo los patrones de la tenencia de la tierra,
DICCIONARIO TEMÁTICO CIESAS
234
ni la organización social en el campo. Hasta ahora la discusión entre los detractores y los que avalaron la reforma al artículo, se ha centrado en si el efecto
“modernizador” iba a llevar a una “pauperización” del campesinado. Aunque
se ha confirmado que ha llegado a su fin la Reforma Agraria revolucionaria, la
evolución e impacto que tuvo en las estructuras del campo se han centrado en
los agentes externos al medio rural. En esta discusión el historiador poco ha
aportado, sobre todo cuando cuenta con las herramientas precisas para mostrar que los procesos no son nuevos, pero sí con diferente nombre, basta recordar la Ley Lerdo de 1856 o las leyes de Maximiliano para introducir reformas
al campo mexicano en la década de los sesenta del siglo pasado. Creo que no
tenemos que esperar que los procesos se desarrollen y los comencemos a analizar varios años después, cuando, supuestamente, contemos con la información pertinente.
Finalmente, no sólo el papel que tuvieron los pueblos indios en el pasado
nos permiten realizar investigaciones, sino los mismos documentos que se
generan actualmente pueden tener una “historia llena de esfuerzo y de intención por dotar a los historiadores de una brújula”, y porque no, a la sociedad
en su conjunto.
ANTONIO ESCOBAR OHMSTEDE
Fly UP