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vida,musica, amor es un buen tipo mi viejo sin

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vida,musica, amor es un buen tipo mi viejo sin
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07/14/2007
10:01 p.m.
Page 2
2B |EL SIGLO DE DURANGO | DOMINGO 15 DE JULIO DE 2007
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Responsable: ANGÉLICA MARTÍNEZ MENA
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Diseño gráfico: ABIU SANTAELLA
SIN SONRISA
POR VIDA
aces bien en tratarme así, porque dejas claro lo que significo
en tu vida.
Porque estamparme contra tu aspereza es el mejor asesino de este amor sin
sentido.
Pues la dulzura que te ofrezco es recibida a bofetadas por tu indiferencia.
Y te busco como un perro vagabundo
a la comida pero recibo el rechazo de tu
mano.
Mi boca ansiosa de ti se encuentra
seca. Tu humedad sólo llega pocas veces,
casi siempre cuando el impulso te obliga
a besarme.
El corazón ansía latir a tu compás.
¡Sueño estúpido!, sé muy bien cuál es tu
juego.
Soy la cama que te espera, el calor
que te protege, la paz que te da sosiego.
Por eso me toleras, por eso me utilizas.
Pues lejos de mí hay incertidumbre.
Te vas, valiente viajero y pruebas nuevas
tierras pero luego, cuando fracasa tu intento, regresas al puerto, a aquel que no
se mueve pese a tus múltiples traiciones.
Por eso sigues aquí. Tan infeliz, tan
desdichado, hundiéndome contigo en la
miseria. Y me veo el rostro que es
muestra del deshonor, de la pérdida de
la dignidad.
Te has encargado, día tras día de destruirme, de hacerme añicos la existencia.
Esta es la maldición de tenerte a
cuestas. De saber que esperas el momento para irte otra vez.
Sin embargo, corazón mío, esto es
cuestión de tiempo.
Las cosas han quedado claras...
Haces bien en tratarme así. Lo haces
tan bien, que pronto, comenzaré a odiarte.
H
VIDA, MUSICA,
AMOR
POR CHOROX
A
Fernando Botero es un pintor, escultor y dibujante colombiano nacido el 19 de
abril de 1932 en Medellín, (Antioquia). Considerado el artista vivo originario de
latinoamérica más reconocido y cotizado actualmente en el mundo. Icono universal del arte, su extensa obra es reconocida por niños y adultos de todas partes por igual. Su original estilo ha sido llamado Boterismo, que dentro del panorama artístico podría denominarse expresionismo figurativo “desproporcionado”, una especie de genial surrealismo.
ES UN BUEN TIPO MI VIEJO
Para don Jesús Marín Montenegro porque el Día del Padre es todos
los días, no un día en el calendario.
aray, es uno de esos días
de festejar. De comprar
un chorro de cosas inútiles y disparatadas, y todo para
no parecer malos hijos. El Día
del Padre, del papá, del jefe, del
jefito, de nuestro apá pues, y en
un pueblo como el nuestro, netamente matriarcal, pues como
que ese día no checa mucho.
Nos sentimos incómodos en
manifestar el cariño a nuestro
progenitor, pues entre hombres
no nos debemos andar con esa
clase de sentimentalismos, dignos del viejerío. Chale, aquí puro machito, probado o no, pero
machín del bueno, ¿qué no? O
cuándo han visto que en las escuelas se les organicen festivales y se les canten “Las mañanitas” o ya de perdis, que reciban
un ramo de flores, parece ser
que los hombres no sentimos ni
tenemos sensibilidad, total conque cumplan con llevar el “chivo” y estar listos para la fajillada a la hora de las quejas de
nuestras mamás.
Sí, nuestro padre ese ser oscuro, a veces anónimo, que se
va desde tempranito, apenas
alumbra el sol, a darle a la
chamba, a sacar los centavos
para la tragazón del día y pa’
que no andes en cueros por la
vida; regresa ya oscureciendo,
cansado y gruñón, ajetreado y
fastidiado, y se conforma con tener tiempo para echarle un ojo
al noticiario y escuchar la retahíla de quejas y quejas sobre
nuestro mal comportamiento.
Sí, ese señor, que se convierte en monstruo cuando nos
niega la lana para ir a la disco o
llevar a la morra al cine. El se-
C
maneció y otra vez fui un escritor petulante. Casi no hay palabras claves, sólo
las que la noche me presta. Un mareo
también ayuda. La soledad deja tiempo para
crear, la música acompaña donde no se aceptan
ruidos, es muy inteligente, se filtra con sagacidad, le agrada a todos los recuerdos húmedos y
temblorosos de nuestra vida, que mandan al
rincón más escombroso los virus malignos,
mentales o físicos.
Una mirada al desconocido me hace mirar
al frente preguntándome porqué estoy aquí,
¿en qué momento tomé la decisión de hacer
semejante cosa con mi cacho de vida?, ¿alguien sabe para qué es la vida? Ya lo cantó
Vicentico y sus Fabulosos, “La vida es para
vivirla mejor”, pero nadie absorbe la filosofía
de las calles, ¿Por qué creemos que sólo nosotros sabemos la verdad?
La tierra nos nutre el optimismo con fantasías que nos hacen vagar entre tres pensamientos a la vez, que compiten por ser reales
aunque sea por un momento.
¿Porqué nadie nos enseña a disfrutar
nuestros ratos de autismo creativo? No sirve
darle gusto a los demás, si uno mismo sigue
esperando noche tras noche que un foquito
rojo nos cuente la verdadera realidad del ser.
¿Quién no ha sufrido una sobredosis de
crepúsculos? Yo sí, lo pienso y sólo necesito
un vaso de leche para calmar las ansias de
querer caminar por el tapete anaranjado de
los ángeles. Malditos todos, ¿porqué se siguen riendo de nosotros?, a de ser porque nadie nos dijo cómo tocar los sueños y vivir dentro de la mente de los demás, a las orillas de
un orgasmo desbordado que termina saturándonos de imágenes bellas, a veces en blanco y negro, pero al fin brillantes.
¿Qué más se puede pedir para vivir mejor?, ¿que el humo se vaya? Sí, eso es, que se
vaya para dentro o para afuera, pero que no
estorbe. Que se vaya al cuarto donde vive feliz la cucaracha de Kafka, para que tenga con
quién platicar, para que el humo sea su mascota y le mueva el rabo.
¿Qué más es la vida? ¿Un libro prestado
que no volvió, pero que recordamos nostálgicamente como la mujer sensual que nos abandonó? ¿Acaso la mejor canción de blues que
un músico tímido no nos quiso tocar en una
borrachera? La canción también goza al no
ser interpretada, ella sabe que es deseada y
que nos hace falta para poder hacer polvo
nuestras tristezas o nuestras falsas alegrías.
¿Sabían que la música y el amor fueron
creados por un dios que se volvió loco y que
no alcanzó a ponerle conclusión a su obra?
Sí, siempre se enamoran los dioses, y las
diosas negras, que son las más bellas les agarran la cabeza y no los dejan mirarlas, porque
de tan bellas pueden matar, aunque seas el
mejor y más grande dios.
Las Diosas Negras sólo aman una vez y
mueren con su amante. Desaparecen al final del
orgasmo, por eso pasan la vida coqueteando en
la oscuridad, para no quedar incompletas al momento de partir a la tierra del amor, donde no
existe nadie, sólo el placer de morir amado.
Los que nunca aprendieron a amar se van
al mundo de los colores sin brillo, donde todo
lo que tocan quema, y se derrite si lo tocan
dos veces. Los malos amantes caminan por
en medio de las calles, para que vean los demás que siguen sin nada qué ofrecer, ni un
cuerpo, ni una caricia, sólo cabellos rebeldes
que igual que lo demás nunca brillan. En esta región el vandalismo es de lo más grotesco, los jóvenes pubertos viajan en bicicletas
gritando desafinados bellas canciones para
enamorados. Los demás no dicen nada, sólo
huyen llorando, esperando encontrar una sábana de seda que los oculte de su pobreza, pero saben que la seda no los toca a ellos, sólo a
los que saben amar y que se encuentran ocultos dentro de las paredes blancas que circundan la serena oscuridad.
ñor a quien nadie le ha compuesto un brindis del bohemio
ni lo llama cabecita blanca. Pero que ha dejado su vida, su juventud en darnos la mano, en
darnos el aventón para que
precisamente nosotros sí tengamos lo que él careció de chavo. Para que nosotros sí andemos con zapatos todo el año y
con la barriga rebosante.
Nuestro jefe, al que vemos
como solamente como fuente de
ingresos en nuestra adolescencia; al que ya un poco mayores
lo sentimos como alguien que
se quedó atrasado en sus ideas
tan sólo porque no sabe usar la
compu, y nos da un rollo sobre
hay que comportarse bien y
que el trabajo honrado enaltece, caray, el ruco, sí que está
chocheando, como que ya dio el
rucazo. Pero conforme pasa el
tiempo vamos entendiendo que
nuestro viejo, a su modo, con
sus carencias y defectos, es un
hombre sabio, y el día que nos
toca estar del otro lado del ruedo, es decir lidiar con nuestras
propias “criaturas”, híjole,
cuanta razón tenía el viejo.
Pero mientras ese día llega,
pues le caeremos con el mismo
regalo de cada año, uno escogido por puritito compromiso: El
par de calcetines horrorosos, o
la corbatita chillona de tres por
una. O una botella de alcoholito,
pues según nosotros, el viejo
siempre ha sido un borracho de
primera. Y el padre en cuestión
se lo tendrá que tragar con una
sonrisa de beatificación y depositará en el cajón esos calcetines
horrorosos, donde se acumularán por otro año, hasta que de
POR JESÚS MARÍN
nuevo se repita la ceremonia. Y
estaremos con el nudo en la garganta, con los brazos pegaditos
al cuerpo para evitarnos el
abrazote. Hablaremos de futbol, mirando la TV, con las palabras atragantadas, con las ganas de darle un abrazo fuerte al
viejo, al querido y bendito viejo. Sentados, congelados, con la
mirada fija en ese recuadro,
vernos a los ojos. Después vendrá la comida en honor al festejado. Y ahí estaremos, padre,
hijo y nieto, los hombres de la
casa, incapaces de darnos ese
abrazo postergado por no sé
cuántas generaciones, mientras las mujeres, con su infinita ternura, nos dicen lo que nosotros no somos capaces de traducir más que en gruñidos y sopapos en la espalda, en manifestaciones meramente hombriles,
en gritos gorilescos: Como el
beber cerveza, hablar de política o compartir ese momento de
echarle una manita de gato al
carro.
Caray, pues sí que está difícil mantener la postura de hombre, de esos que decían nuestras abuelas que deberíamos
ser. Ese de las tres “F”, feo,
fuerte y formal, nunca nos dijeron cómo festejar el Día del Padre. Con nuestra madre, no se
batalla, llevas el “gallo”, el ramote de rosas, la plancha y a
ella sí le puedes dar de abrazos
y besos y hasta dejar salir las de
cocodrilo. Oye, es nuestra santa
madre, el mayor tesoro de un
mexicano que se digne de serlo:
Madre, Virgen de Guadalupe y
la Selección de Futbol, en ese
orden de idolatría. Pero caray,
con el “Don”, pos cómo llegarle,
como no sea con el six de cheve,
ya que el día lo merece, y no sé,
hablar de cosas inútiles. De
hombres pues. Y vemos pasar
los años, mientras vamos tomando su lugar, asumimos el
control y nunca hemos de encontrar esa oportunidad para
decirle lo importante que ha sido en nuestra vida, que si somos
hombres de bien se le debemos
a él, que si tenemos una profesión o un rumbo por esta vida,
bien o mal, es por su esfuerzo,
por sobarse el lomo toda su vida, y que ahora de viejo nos hace más falta que nunca.
Que necesitamos su palabra
sabia y su guía por el tiempo.
Que es algo más que una sombra o un dolor de cabeza con sus
sermones y regaños. Que es
nuestro padre, sangre de nuestra sangre. Que somos su prolongación y su orgullo. Y no debe sentirse como un estorbo y si
a veces no lo escuchamos o casi
ya no platicamos con él, no es
por falta de amor, ni de atención, simplemente es la vida, es
la absorción de nuestro nuevo
rol, y creedme, que él lo comprenderá cuando le digamos: Es
por los chavos, pá.
Bien lo sabe él, pues, caray,
él también es un padre. Y lo sabemos, siempre estará ahí en
nuestro corazón, aunque nunca
encontremos las palabras ni el
abrazo, además entre hombres
no necesitamos decirnos las cosas: Lo sabemos simplemente
con mirarnos. Con simplemente cumplir con lo que él nos enseñó de lo que debía ser la vida. De ser unos buenos hombres. Cabales y cumplidores.
Trabajar sin rajarse para dar a
nuestros hijos, sus nietos, la
misma dotación de esperanza
que nos heredó.
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